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Comunidad PAS
Comunidad PAS
Author: Comunidad PAS
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© Asociación de los Perdonados para Amar y Servir
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Somos Comunidad PAS. Una iglesia cristocéntrica, moderna, creativa y de espíritu joven, cuyo valor principal es conocer a Jesús y entregarse a los demás para cumplir la misión de llevar la palabra de Dios a todo
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Las últimas cuatro iglesias del Apocalipsis nos muestran que podemos tener una apariencia espiritual sin tener un corazón rendido a Jesús.
Tiatira nos recuerda que el amor verdadero no compromete la verdad ni tolera el pecado.
Sardis nos advierte que una buena reputación religiosa no significa una vida espiritualmente viva.
Filadelfia nos enseña que nuestra esperanza no está en nuestra fuerza, sino en la fidelidad de Cristo.
Laodicea revela el peligro de creer que tenemos todo, cuando en realidad hemos dejado de depender de Dios.
El evangelio nos confronta, pero también nos ofrece gracia: Jesús no solo señala nuestra condición, sino que nos llama a volver a Él.
La pregunta no es qué tan viva parece nuestra iglesia, sino si Jesús sigue siendo el centro de nuestra vida.
En la prédica “Espejos de cuerpo entero, parte 1”, aprendemos que Jesús examina el corazón de su iglesia y nos invita a mirar nuestra vida espiritual con honestidad.
A través de los mensajes a las primeras tres iglesias de Apocalipsis, descubrimos que Dios conoce nuestras obras, motivaciones y luchas.
Éfeso nos recuerda que podemos servir a Dios y hacer muchas cosas bien, pero olvidar nuestro primer amor por Jesús.
Esmirna nos enseña a permanecer fieles en medio del sufrimiento y las dificultades.
Pérgamo nos advierte sobre el peligro de comprometer nuestra fe y adaptarnos a los valores del mundo.
Estos mensajes funcionan como un espejo que revela lo que necesitamos reconocer y cambiar en nuestro corazón.
Jesús nos llama a arrepentirnos, volver a Él y vivir una fe auténtica, fiel y centrada en su amor.
A veces pensamos que el agotamiento significa que hemos perdido nuestro propósito, pero la historia de Elías nos recuerda que nuestra debilidad no cancela la fidelidad de Dios. En la cueva, Dios no solo atendió su cansancio, también volvió a dirigir sus pasos.
Dios no siempre nos saca de nuestros momentos difíciles con respuestas inmediatas, sino enseñándonos a escuchar su voz y confiar de nuevo.
La cueva podía ser un lugar de refugio, pero no estaba destinada a convertirse en su hogar.
Elías necesitaba descansar, pero también necesitaba volver a caminar.
Porque la gracia de Dios no solo nos sostiene cuando ya no podemos más, también nos capacita para continuar.
Tu temporada de agotamiento no tiene que ser el final de tu historia; Dios todavía puede llevarte hacia algo nuevo.
No todas las batallas llegan de frente; algunas comienzan con una pequeña puerta que dejamos abierta.
Las pequeñas zorras parecen inofensivas, pero pueden entrar en silencio y terminar robando el fruto de una temporada.
El enemigo busca oportunidades, y muchas veces lo que necesita no es una gran entrada, sino una pequeña grieta.
Por eso tenemos que estar atentos a lo que permitimos en nuestra mente, nuestro corazón, nuestras relaciones y nuestra casa.
No todo lo que parece pequeño merece nuestra atención, pero sí merece nuestro discernimiento.
Cerrá la puerta, cuidá lo que Dios te dio y no le des al enemigo acceso a lo que Dios está haciendo crecer en vos.
Origen nos invita a volver al diseño original de Dios y recordar aquello para lo que fuimos creados.
En Génesis, Dios no solamente crea; también entrega al ser humano un jardín para cultivar y cuidar.
Esto nos muestra que nuestra vida no consiste únicamente en descubrir un propósito, sino en cultivar fielmente lo que Dios ya puso delante de nosotros.
Hay semillas, dones, relaciones, responsabilidades y espacios que requieren tiempo, paciencia y cuidado.
El problema muchas veces no es que nos falte propósito, sino que hemos dejado de cultivar aquello que Dios nos confió.
El evangelio nos devuelve a una vida donde no tenemos que producir nuestro valor, sino vivir desde el valor que ya recibimos de Dios.
Volver al origen significa aprender nuevamente a trabajar, descansar, amar y crear desde esa identidad, cultivando en lugar de simplemente consumir.
Porque el diseño original no se trata solamente de recordar quiénes fuimos creados para ser, sino de cultivar fielmente aquello que Dios puso en nuestras manos.



