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Author: P. Ricardo Sada F.
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Pláticas de contenido espiritual, también llamadas “meditaciones”. Pueden ser una ayuda para tu trato con Dios. Estas meditaciones han sido predicadas por el Pbro. Ricardo Sada Fernández y han sido tomadas de la página http://medita.cc
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Jesús curaba toda dolencia y toda enfermedad. Merece, como nadie, el título de médico. También ahora cuida y sana, comenzando por nuestra capacidad visual, miope muchas veces; deformada otras. Y nos curará también de los males del corazón, insuficiencia cardíaca que no bombea fuego de amor. O nuestro psiquismo, por ejemplo, el déficit de atención. María nos lleva al Médico en cada dolencia y nos ayuda a seguir el tratamiento.
Jesús obra milagros no solo con las realidades terrenales sino también con los habitantes de las tinieblas. Expulsa al demonio mudo, que impedía al poseído confesar la verdad. Cuando el lobo quiere matar una oveja, no le muerde las patas porque llamaría al pastor; le muerde la garganta. Es la táctica del demonio, especialmente cuando busca hacer perder a alguien la vocación.
Dios se ha lucido en la creación de Santa María, la más hermosa no solo de todas las mujeres sino de todas las creaturas. Dios es poeta (de poesis, creación). El sueño de Dios, su obra maestra, es su Madre. Cuando pensamos en Ella nos ilusionamos y nos sentimos invitados a lo más bello, a hacer también nosotros muchas obras del arte del amor en nuestra vida.
Cuatro detalles que aparecen de relieve en la escena de la curación del paralítico: 1) Es llevado (imagen del pecador que no puede ir a Dios por sí mismo). 2) El agrado de Jesús al ver la fe de los amigos. 3) Que lo llevan entre cuatro: la Iglesia es comunión. 4) Que antes que la salud del cuerpo, Jesús atiende la del alma. Aplicaciones al apostolado.
¿Por qué parece que Dios actúa contra sí mismo? ¿Por qué no arranca de nuestros corazones la mala hierba que nos acompaña de continuo? ¿Por qué dejarla que conviva con el trigo? Porque Él tiene un enorme interés en que seamos muy conscientes de nuestra miseria. Así nos invita de continuo a valorar el son de la humildad.
En las semanas previas a la Solemnidad de San José, la Iglesia nos invita a prepararla a lo largo de los siete domingos anteriores. Hoy, que es miércoles, celebraremos la votiva de san José. A él acudimos porque no sabemos orar, y él es el maestro consumado del trato doméstico, cotidiano, continuo y familiar con Jesús y María.
Jesús advierte el ansia de los invitados a una boda para ocupar los primeros puestos. Indica que procedamos al revés, para que en la vida eterna tengamos los lugares principales. El que se ensalza será humillado. Revisemos indicios de falta de humildad, como el protagonismo, la envidia y los juicios críticos.
María, con Jesús en brazos, sale de su ocultamiento de 40 días previsto por la ley mosaica. Va al Templo, y se le anuncia que una espada traspasará su corazón en el ofrecimiento de su Hijo. La pureza se purifica, como para invitarnos a vigilar la propia pureza de nuestro corazón. Más que atender a las virtudes aisladas, monitoreemos nuestro corazón, del que procede todo lo bueno y lo malo.
Es preciso pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de los Cielos, dijo san Pablo a los primeros cristianos. También nuestra historia es una secuencia de penas y de alegrías, aprendiendo de san José a santificarnos con sus siete dolores y sus siete gozos.
Las parábolas de Jesús no son mitos, como la caída de Ícaro o de Narciso, sino relatos de hechos posibles y aún cotidianos. En la parábola del grano de mostaza Jesús nos invita a la esperanza. Invitados a ser hombres de futuro con esta virtud, confiados en la promesa de Dios de hacernos eternamente felices. Si no hay confianza, deja de haber esa condición favorable para que se desarrolle el amor.
¿Cómo nos interpela a nosotros el misterio de la Transfiguración del Señor? San Juan Pablo II enseña que como “icono de la contemplación”. En nuestro trato con Dios hemos de buscar cada vez mayor profundidad, como enseña santa Teresa en las Moradas. Evitar la permanencia en las primeras tres, las de la ascética, y lanzarnos a la cuarta, que es donde actúan más intensamente los dones contemplativos del Espíritu Santo.
La “tienda de la reunión” era el sitio al que Dios bajaba para conversar con Moisés durante el Éxodo. Ahora tenemos una “tienda de reunión” en nuestro interior, pues ahí podemos, como Moisés, conversar con Dios “como un amigo conversa con su amigo”. Para eso es preciso mantener el tendido de la corriente espiritual sostenido por los postes, que son las normas.
Al asomarnos, en el Magníficat, al corazón de María, descubrimos su gozo en Dios, su salvador. La cercanía amorosa de Dios es fuente inagotable de alegría, aun en medio de las penas. Dios se alegra con nuestra alegría. Procuremos darle más motivos de alegría alegrándonos ante las cosas pequeñas que nos depara la vida
Veni creator Spiritus, se pide en los momentos importantes. El Espíritu creador, o, más bien, re-creador, porque hace surgir en nosotros una nueva vida. Nada puede el hombre en lo sobrenatural sin su acción recreadora: evitemos el naturalismo en sus múltiples manifestaciones.
Jesús nos ha revelado el mayor de los secretos de Dios: cómo es en su interior. Es amor incesante entre las Personas divinas. Y que este prodigio es nuestro, porque la Trinidad vive en nuestro interior. Podemos unirnos a la oración de santa Isabel de la Trinidad que recoge el Catecismo para ejercitarnos en la contemplación trinitaria.
¿Qué alcance tiene decir Dies Dómini, día del Señor? Dios se lo reservó para Sí y la Iglesia nos dice que estamos invitados a “gozar de la alegría propia” de este día (CIC 1247). Lo lograremos siguiendo su invitación de “estar con Él” (Mc 3, 13-19), coincidiendo corazones.
Esta pregunta, que hicieron a Jesús los discípulos del Bautista, nos interpela a cada instante de nuestra vida. ¿Qué, o a quién, espero? Ojalá contestemos que en todos los momentos de nuestra vida ya no necesitamos esperar nada, porque tenemos a Jesús. No como el que ha dejado unas palabras y se ha ido, sino la persona con la que comparto mi existencia.
“Dame, hijo mío tu corazón”, dice el oráculo del libro de los Proverbios. El corazón es la fuente de los pensamientos, de los sentimientos, de las acciones. Al corazón debo atender para que nada manchado se asiente en él: pureza de intenciones, pureza de pensamientos, pureza de afectos. Solo los de corazón puro ven a Dios.
El papa Benedicto explicó que eligió ese nombra para su pontificado en atención al patrono de Europa, san Benito de Nursia. Este gran santo insistía en no anteponer nada al amor de Cristo. Explorar esa invitación variando la preposición: nada se antepone al amor que Cristo me tiene a mí porque nada es más gozoso, y nada debe anteponerse al amor que yo le debo dar a Cristo.
La primera predicación de Jesús invita a hacer penitencia porque está cerca el reino de los cielos. Esa invitación podemos entenderla tanto en lo referente a la virtud de la penitencia como a las obras de penitencia. La virtud es el dolor del alma por los pecados cometidos, la contrición, el reconocimiento de que somos pecadores. Los actos de penitencia no solo nos purifican, sino que también son remedios aplicables a las necesidades de otros por la comunión de los santos.




