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Reflejos de su gloria
Reflejos de su gloria
Author: David y Maribel
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Reflejos de su gloria es un programa que tiene como objetivo compartir las enseñanzas de las Escrituras, celebrando la gloria de Dios, con el deseo de reflejar su carácter con cada enseñanza.
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El valor del evangelio (el tesoro enterrado, la perla)Mateo 13:44-46El Señor Jesús compartió dos parábolas que ilustran el reino de los cielos. Son muy cortas, pero el mensaje es precioso. Ambas nos hablan del valor intrínseco que tiene el evangelio. Tanto, que como el Señor dice en Mateo 16:26, “¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”Sin duda, el destino de tu alma tiene mucha más importancia que cualquier otro asunto aquí en la Tierra, y por lo tanto, el evangelio de las buenas nuevas de Jesucristo tiene más valor que cualquier otra cosa que se pueda desear. Dijo así Jesús: “el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.”El Señor Jesús presenta a un hombre que va caminando por un campo y encuentra un tesoro, pero como el campo donde lo encontró no le pertenece, lo entierra donde estaba. Va entonces y busca al dueño del terreno, y le pregunta cuánto quiere por el campo. El precio que el dueño pide es mucho, pero este hombre sabe el tesoro que este campo esconde. Así que pone en venta todas sus posesiones para poder recoger el dinero suficiente para comprar el terreno. Y cuando lo compra, puede disfrutar del tesoro que ahora sí le pertenece. Todo aquello de lo que ha tenido que desprenderse vale la pena, porque lo que ha ganado es mucho más valioso que cualquier cosa que hubiera podido tener anteriormente. Por si los oyentes no habían comprendido bien la idea, Jesús les contó también otra parábola, hablando de una perla de gran precio. Dijo así:“También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas,que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.”Este mercader en la historia es capaz de identificar el valor de esta perla preciosa, y sabe que aunque tenga que cambiar todo lo que tiene por conseguir esta perla, cualquier cambio vale la pena, porque nada de lo que tiene supera el valor de esta. Ambas historias tratan de un tesoro; en la primera, la persona no anda buscando; sin embargo lo encuentra, y cambia su vida. En la segunda, el protagonista anda buscando el tesoro hasta que lo encuentra. Pasa así con el reino de Dios. Hay personas que van por su propio camino, y Dios se les presenta a través de circunstancias o personas, y una vez conocen a Cristo, sus vidas cambian.En otros casos, Dios pone una sed de Él en el corazón de la persona y eso inicia una búsqueda de la verdad. Puede que pase por diferentes lugares donde no se halle la verdad de Cristo, mas Dios promete que el que busca hallará, y aquel que desea conocer a Dios llegará a su encuentro. En ambas ocasiones, el evangelio hallado no tiene precio. La vida de gozo y paz que Cristo ofrece para la eternidad no se puede comparar con nada, material o inmaterial.Es por eso que el que halla a Dios halla el mayor tesoro. Qué bendición haber conocido a Cristo y poder disfrutar de ese tesoro incalculable. En los versículos 51-52 del capítulo 13 de Mateo, el Señor “Jesús les dijo: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos respondieron: Sí, Señor. El les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.”Así es el día a día en el camino del Señor. Podemos encontrar tesoros antiguos ya descubiertos, y nuevos tesoros que Dios nos muestra día a día. ¿Cómo llevamos eso? ¿Somos como ese padre de familia? ¿Estudiamos Su Palabra para sacar tesoros nuevos de su Palabra y disfrutar de los que ya hemos descubierto con anterioridad? Como el salmista dice en el Salmo 119:162, “Es tal la alegría que me causa tu palabra que es como hallar un gran tesoro.” (RVC)Indaguemos en la Palabra cada día para disfrutar de los tesoros que nos ofrece el Señor.
La influencia del evangelio (semilla de mostaza, levadura)Mateo 13:31-33; Mr. 4.30-32; Lc. 13.18-21Muchas veces vemos como algo muy pequeño puede llegar a crecer inmensamente. Un ejemplo de esto son las semillas. Lo que empieza como algo que podemos coger con dos dedos, plantado en un lugar apropiado y con buen cuidado, puede llegar a crecer alto y fuerte. Jesús contó una parábola que utilizaba esta ilustración para explicar que Dios puede tomar algo insignificante y puede transformarlo en algo formidable. Usó para ilustrarlo el ejemplo de la semilla de mostaza, diciendo:“El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.”De todas las hortalizas, esta es una que sobresale por su tamaño, por lo que Jesús dijo que “se hace árbol”, y muchos son los que se refieren a esta como a un árbol. En otra parábola Jesús les dijo: “El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.”Aquí vemos a una panadera que pone un poco de levadura, y de la mezcla hace tres panes, y la levadura leuda toda la masa.Si has hecho pan alguna vez, sabrás que la levadura se compone de hongos diminutos que viajan por toda la masa hasta influenciar cada gramo de la mezcla fermentando toda la masa. En esta parábola podemos ver el poder que algo puede tener en su ambiente. Así es el reino de Dios. En Mateo 17:20 el Señor dijo a sus discípulos que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, podrían mover montes. Y es que Dios puede hacer maravillas de lo muy poco. Creó el mundo de la nada, ¿habría algo que Él no podría hacer? Como la semilla de mostaza se transforma en árbol, como la levadura afecta toda la masa, Dios es poderoso, y su evangelio puede cambiar una vida, y puede cambiar el mundo entero. Que sus buenas noticias lleguen a todos los confines de la tierra, y su gracia a lo profundo de cada corazón.
ESPECIAL DÍA DE LA MUJER“Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien.” Salmo 139:13-14 Mujer, has sido creada con propósito, y cuando encuentras tu propósito, la vida toma sentido y te permite vivirla al máximo. Lo cierto es que como sociedad estamos muy lejos de entender y aceptar el propósito para el que estamos aquí. ¿El quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Son las preguntas que se han hecho a través de los años, las que llamamos existenciales. Cuando nos conforman el cerebro para creer que somos seres que estamos aquí por casualidad, que no sabemos muy bien de dónde venimos, o que venimos de seres aún más primitivos que nosotros, y que somos nosotras las que marcamos nuestro destino, un destino incierto e inseguro, por cierto, acabamos viviendo la vida a la defensiva y sin rumbo. Con una existencia así, solo quedaría luchar por tantos derechos como pueda mientras viva, intentando disfrutar el momento. Pero debemos admitir que, con esta filosofía, aún el que más y mejor viva la vida, llega igual al final con una sensación de vacío. Y esta es la existencia que nos han marcado aquellos que rechazando la existencia de Dios, han marcado el ritmo del mundo como nosotras lo conocemos ahora. El sabio Rey Salomón ya lo dijo hace miles de años. La vida es vanidad, viento que se desvanece. Otros la han descrito como un suspiro. Permíteme que hoy te introduzca a la realidad, descrita por Dios a través de Su Palabra. Porque Dios nos dice que nos creó a su imagen y con propósito. En Isaías 43:7 dice Dios: “para gloria mía los he creado, los formé y los hice.” Génesis 1:27 nos dice “creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” Génesis 2:18-23 nos narra cómo ocurrió en el principio: “dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen, pero nos narra el texto que primeramente creó a Adán ¿Te has preguntado si a Dios le pilló por sorpresa la ausencia de la mujer en la creación? Yo creo firmemente que no. El que tenía que notar la falta de la mujer era Adán. Al Dios omnisciente no se le escaparía esto. Piénsalo. Dios crea las plantas y los animales (macho y hembra), te recuerdo. Y entonces le pide a Adán que nombre a los animales. Esta tarea le haría ver que él era el único ser creado que no tenía pareja. Y entonces Dios creó a la mujer, y solo entonces, consideró la creación completa. Dios JAMÁS ha quitado valor a la mujer. Al contrario; nos ha dado mucho valor. Él demanda que sea tratada como un jarrón preciado. Es parte de la sociedad la que quiere teñir las palabras del Señor para hacernos pensar que la culpa de la opresión que pueda sufrir una mujer proviene de Dios. Vemos en la historia cómo el hombre ha abusado de su liderazgo, oprimiendo a la mujer. Pero una afirmación así es como decir que los ricos oprimen a los pobres, o que los altos oprimen a los bajos. Es una generalización que coloca a todos los hombres en una caja y los etiqueta como opresores. Ha habido muchos tipos de personas que en un momento u otro, en un lugar u otro, se han proclamado superiores y han querido considerar a otros “inferiores”. Pero eso no es el plan de Dios. Podemos observar en la historia de la humanidad opresión por causa de sexo, opresión por color, opresión por etnia, opresión por clase social, opresión por religión; todas estas se ven aún, aunque pensemos que vivimos en un mundo moderno y civilizado. Cualquier opresión y desprecio es resultado directo del pecado, y Dios lo detesta. El pecado de orgullo, el pecado de odio, el pecado de avaricia. Estos son la causa. Que no nos engañen haciéndonos pensar que somos desfavorecidas por ser mujeres, y que eso es un diseño divino. No lo es. Cuando una persona es oprimida de cualquier modo, el opresor o la opresora es considerada culpable por Dios, y Dios es un juez justo. Lo triste es que las mujeres que se sienten dominadas por el hombre son a menudo las mismas que quieren el derecho de dominar, legalizando la opresión por edad, por ejemplo. ¿O si no, qué es el aborto? Es la idea de que un bebé en el útero no es una persona tan valiosa como la madre que lo lleva. ¿No es eso opresión en base a la edad? ¿Y qué me dices de la eutanasia, o muerte digna? ¿No es opresión basada en la edad o las capacidades físicas o psíquicas de una persona? ¿Quién decide entonces quien puede ser opresor y quien puede ser oprimido? Nadie debe. El plan de Dios es uno de amor y respeto mutuo. Pero a estas personas, hombres o mujeres, que luchan por dominar, no les interesa el plan de Dios. Cualquier hombre o mujer que se exalta bajando a otro es considerado por Dios como transgresor de la ley natural, transgresora de la ley moral, transgresor de la ley divina. Transgresor, o transgresora, tú sabes quién eres. El plan de Dios para el hombre y la mujer era que se complementaran. Esa es la idea de una ayuda idónea, dos piezas de un mismo set. El plan de Dios era que el hombre amara y protegiera a su mujer, pero la mujer ha rechazado este plan. Muchas no quieren ser cuidadas, ni quieren ser protegidas. Lo triste es que al apartarnos del plan de Dios, el hombre ha pasado de proteger a abusar. Es triste y escandalizador. No tiene sentido natural ni moral. Dice el Señor en Efesios 5:28-30: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.” El amor de un hombre hacia su esposa debería mostrar el amor de Cristo hacia su iglesia. Un hombre que sigue los preceptos de Dios ama a su esposa como a su propio cuerpo. ¿Quién haría daño a su propio cuerpo? pregunta el Señor. Sería ilógico e inhumano. Pero como siempre, cuando el ser humano rechaza el plan de Dios, no llega a una mejor posición. Al contrario, rebaja el valor del ser humano y muestra la peor cara, sean hombres o mujeres. Vez tras vez en las Escrituras, vemos el aprecio de Dios hacia la mujer. Vemos que Jesús tenía sus discípulos, pero tenía un grupo central de mujeres que fueron esenciales en la propagación del evangelio, siendo ellas pilares de oración y fe. En medio de la sociedad romana, cuando el testimonio de una mujer valía poco legalmente, vemos que Jesús, cuando resucita, aparece primeramente a las mujeres, siendo estas las que irían a relatarlo a los discípulos. El apóstol Pablo recuerda tanto a los cristianos de la época como a nosotros que somos todos iguales ante el Señor, mereciendo la muerte por nuestro pecado, pero salvados por la obra redentora de Cristo en la cruz. Gálatas 3:28 “No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos (somos) uno en Cristo Jesús” Así que, dejando asentada la verdad de que Dios ama al hombre y a la mujer por igual, habiendo enviado a Su Hijo a la tierra para morir en nuestro lugar y darnos salvación, no olvidemos las bendiciones que tenemos como mujeres. Manifiéstate hoy ante Dios, pero primeramente para darle las gracias por crearte, por amarte, por salvarte. Vayamos también ante Su presencia para pedirle hoy y cada día por aquellas mujeres que no pueden disfrutar de la paz que nosotras disfrutamos, pero pidamos también por aquellos hombres, mujeres, niñas y niños, nacidos y por nacer, que por culpa del pecado de alguno o alguna son oprimidos a día de hoy. Dios, que es justo y santo ha dicho: “Tarde o temprano, el malo será castigado; Mas la descendencia de los justos será librada.” Feliz día de la mujer.
Mateo 13:24-30, 36-43, 47-50Después de haber hablado de las diferentes reacciones a la Palabra de Dios, Jesús, “Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.”He leido que en los tiempos de los romanos, echar cizaña en los sembrados estaba prohibido. La cizaña es una planta que se asemeja a la planta del trigo, pero que no produce nada útil para el ser humano. Cuando se echaba en el campo, solía ser en campo ajeno y para perjudicar. Jesús siguió contando lo que sucedió después. “Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?”Como podemos leer, los siervos se daban cuenta que la cizaña haría difícil la labor de recoger el fruto, ya que a primera vista, estas dos eran muy parecidas, pero estaban dispuestos a ir planta por planta intentando identificarlas y arrancar las que no eran provechosas. Mas el jefe dijo: “No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.” Su plan era bueno. Había suficientes nutrientes y suficiente tierra para que todo creciera. Cuando llegara el tiempo de la siega, recogerían el trigo y aquellas plantas sin el grano de trigo serían claramente identificadas como cizaña. Una vez más, el fruto sería el elemento distintivo entre ambas. Los discípulos, cuando la gente ya se había marchado, se acercaron a Jesús y le pidieron: “Explícanos la parábola de la cizaña del campo.”Y “Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.”Palabras claras y muy fuertes. El Señor está advirtiendo a través de los siglos que viene una siega final, donde quedarán claramente identificados aquellos que son de Dios y aquellos que no lo han aceptado como Señor y Salvador. Jesús entonces compartió otra parábola similar, hablando de “una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces; y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera.” Y concluye el Señor la parábola diciendo: “Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.”Nos gustaría pensar que el final es feliz para todos, pero hasta en nuestras historias comprendemos que si el mal triunfa, el final no es feliz; un Dios de justicia ha de castigar el mal. No obstante, Dios está dando oportunidad de una conversión. La cizaña no se puede convertir en trigo en ninguna etapa de su crecimiento por sí sola, pero Dios puede transformar a un pecador en justo por el milagro de la salvación, como ha hecho con cada uno de los que hemos creído en Él. Es una preciosa realidad.Que en el día del fin del siglo, pueda el sembrador identificarnos como suyos. Entonces resplandeceremos como el sol en el reino del Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.
Mt. 13.1-23; Marcos 4 Lc. 8.4-15Una buena mañana desde una barca a la orilla del mar de Galilea, contó Jesús una historia sobre un sembrador que salió con un capazo lleno de semilla a sembrarla en sus campos. La semilla era toda una, buena semilla que después de un tiempo debería producir fruto. Sin embargo, al ir esparciéndola por el terreno, parte de la semilla “cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Otra “parte cayó entre las piedras, donde no había mucha tierra; esta semilla brotó pronto superficialmente, porque no tenía profundidad de tierra; pero salió el sol, los brotes se quemaron y se secaron, “porque no tenía raíz.” Otra parte de la semilla esparcida cayó entre los matorrales; y las malas hierbas crecieron, y la ahogaron.”Pero parte de la semilla que el sembrador echaba cayó en buena tierra, y dio mucho fruto, treinta, sesenta, y hasta cien por una.Jesús, al acabar de contar esta parábola dijo a toda la gente que estaba en la playa escuchándolo: “El que tiene oídos para oír, oiga.”Marcos 4 nos dice que “Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola.” Y Jesús les contestó: “¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?” Mas para ayudarlos a comprender lo que estaba intentando enseñarles, Jesús les dijo: “El sembrador es el que siembra la palabra” Es decir, cada persona que comparte lo que Dios enseña en su Palabra está representada por el sembrador. Dios es el mismo hoy, ayer y por los siglos, y Su Palabra no cambia. Es tan actual y eficaz hoy como hace dos mil años.Entonces, ¿Qué marca la diferencia entre aquellos que al oírla atienden su voz y aquellos en los que la Palabra no tiene ningún efecto? Jesús lo explicó así:“Los de junto al camino son los que oyen la Palabra, pero, en seguida viene el maligno, y quita la palabra que se sembró en sus corazones.” Nosotros diríamos aquellos que por un oído les entra, y por el otro les sale, y no retienen el mensaje de Dios.Aquella semilla que cayó en pedregales representa a “los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo; pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan.”Es decir, escuchan lo que Dios ha dicho en su palabra, pero no lo interiorizan; no hay un cambio en su vida por lo que han escuchado, y por lo tanto, cuando vienen las aflicciones, así como el que edificó la casa en la arena, todo lo “aprendido” se olvida, dejando evidencia nula de que la semilla estaba ahí. Los que fueron sembrados entre espinos son los que oyen la palabra, “pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.” Estos parece que sí han recibido la Palabra; puede que asistan a una iglesia, y que se consideren cristianos; sin embargo, no tienen fruto en su vida. Van siempre liados por los quehaceres diarios, les preocupa más tener éxito en sus propios negocios que hacer la voluntad de Dios, y el sistema de este mundo los tiene tan ocupados que no hay evidencia de Cristo en sus vidas. Estos que Jesús describía eran como árboles sin evidencia de vida. Jesús había enseñado que lo que identificaba un árbol sano era su fruto, y ninguno de estos llevaba buen fruto. Mas Jesús describió un cuarto grupo; “éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.”Vale la pena repartir la semilla, compartir la palabra, porque esta no tiene desperdicio. Si parece que no cambia una vida, no es porque la semilla sea mala. La Palabra de Dios es viva y eficaz, nos dice Hebreos 4:12. Cuando la Palabra de Dios no produce una transformación para bien, debemos examinar el terreno, quitar cualquier dureza que impida que la semilla brote, arrancar cualquier espino que la pueda ahogar, y asegurarnos que nuestro corazón es tierra fértil. Oremos para que el Espíritu Santo prepare el terreno donde la semilla será sembrada. Así veremos fruto que brota en abundancia.
Jesús a menudo enseñó por medio de parábolas. Estas son historias diseñadas para transmitir una lección. Podemos distinguir una parábola de un relato en el texto bíblico en que los personajes de las parábolas no tienen nombre, y queda claro que ilustran situaciones posibles pero no reales. Cuando sus discípulos preguntaron sobre el uso de las parábolas, Jesús les dio en Mateo 13:10-17 dos propósitos de enseñar a través de parábolas.En primer lugar, les dijo que las utilizaba para que entendieran el mensaje mejor, pudiendo conectar conceptos con ejemplos.Y en segundo lugar, enseñaba a través de parábolas para que aquellos que no querían creer no entendieran el mensaje. Los dos motivos parecen contradictorios a primera vista, pero son complementarios. Vemos que Jesús nunca manipuló a nadie para creer. Su enseñanza era clara para el que buscaba a Dios, y sin embargo la mantenía escondida para aquellos que no lo querían encontrar. De este modo, no estaba añadiendo más culpa en el juicio de aquellos que lo estaban rechazando. De las parábolas de Jesús nos quedan expresiones que muchos, incluso aquellos que no conocen las Escrituras, reconocen o utilizan en sus conversaciones. Entre ellas está la idea de amar al prójimo o ser un buen samaritano. Comenzaremos el estudio de las parábolas con la parábola del buen samaritano.Leemos en Lucas 10: “Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?” Siendo este hombre un estudioso de la ley de Dios, debía saber lo que esta decía. “Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? (Lucas 10:25-28)Jesús le contestó a su pregunta con esta parábola: Un judío que viajaba a Jerusalén fue asaltado por unos ladrones y dejado malherido al lado del camino. A continuación y sucesivamente, pasaron tres personas. La primera era un sacerdote que iba camino a Jerusalén también. Nos dice el texto que pasó de largo. Probablemente iba a ejercer su función religiosa y no quería ni llegar tarde ni contaminarse de ningún modo. Por la razón que fuera, dejó al pobre tirado y siguió su camino. Más tarde pasó un levita. De igual modo, los levitas participaban en los sacrificios en Jerusalén. No nos dice sus motivos, pero este no se complicó la vida y también pasó de largo. Un tercer personaje se aproximaba en la distancia. Era un samaritano. Puedo imaginar a los que estaban escuchando la historia que contaba Jesús en estos momentos. ¡Un samaritano! ¡Este seguro que no pararía! Los judíos y los samaritanos no se llevaban bien. Sin embargo, Jesús prosiguió: “Este fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.” Incluso nos dice el texto que cuando el samaritano tuvo que marcharse para continuar su camino, le dió un dinero al mesonero para los gastos que este tuviera en el cuidado del herido, añadiendo además: “todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.”Jesús le preguntó al que había venido a tentarlo: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.”Claro que con solo hacer misericordia a nuestro prójimo no heredamos la vida eterna. El que vino a probar a Jesús había confirmado que era necesario para heredar la vida eterna “amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a uno mismo.” En 1 de Juan 4:20 leemos: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” Cuando no amamos primero a Dios no podemos amar a los que nos rodean.Podemos amar a aquellos que son amables con nosotros, cuando es conveniente, si no nos incomoda, y si no altera nuestros planes. Pero mostrar misericordia hacia el prójimo cuando cuesta, ahí es donde podemos mostrar verdaderamente el amor de Dios. Si amamos a Dios, su amor nos da la fuerza para mostrar misericordia. Por lo que 1 de Juan 4 resume este concepto con esta afirmación: El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. Que Dios nos ayude a mostrar Su amor a nuestro prójimo.
Mateo 12:43-45; Lc. 11.24-26Hemos entrado en el periodo de cuaresma, y mucha gente decide privarse de algo en preparación para la celebración de la Semana Santa. No es una celebración que Dios pida en Su palabra. No voy a entrar a juzgar si es buena práctica o no, pero desde luego, no es algo que nos dé más favor ante Dios. Sabemos que Dios mira el corazón más que nuestros sacrificios, y a Él le agrada que vivamos en armonía con su voluntad. Así que, si te privas o no, es entre tú y Dios, y tus motivos por hacerlo también. Ahora bien, vale la pena notar en Mateo 12:43-45 y en Lucas 11:24-26 unos versículos que nos enseñan del peligro que hay en quitar vicios de nuestra vida sin añadir buenos hábitos.Jesús presenta el caso hablando de un “espíritu inmundo que sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.”No se nos da explicación de este corto relato, pero la lección que Jesús estaba compartiendo queda clara. Una persona puede trabajar por sí misma para quitar malos hábitos, puede limpiar su vida, quitando aquellas cosas que no le convienen, pero si hace esto sin llenar su vida de aquello que en realidad necesita, se puede comparar con esta casa que Jesús describe, desocupada, barrida y adornada. Cuando este espíritu inmundo, representación de esos malos hábitos que ha quitado de su vida se da cuenta de lo bien que está la casa, llama a siete amigos más y se instala ahí, haciendo que el postrer estado sea mucho peor que el inicial. Podemos encontrar ilustraciones de esto en muchos ámbitos. En la alimentación, las dietas restrictivas que tienen alimentos prohibidos, si no se sustituyen estos por alimentos sanos que sacien y nutran, acabará fallando, estropeando la salud del individuo. En el ámbito social, si alguien decide dejar amigos tóxicos para mejorar su vida, pero no busca buenos amigos para sustituir a estos y formar un círculo de amistades saludable, llegará a sentirse solo y volverá a encontrarse rodeado de amistades peligrosas. Puedo pensar en el ámbito de la educación, donde se busca sustituir valores negativos por aquellos que edifican a la persona. En todos los ámbitos, cuando se vacía por un lado, se debe reemplazar con algo mejor que lo que has desechado. Si no, no hay crecimiento positivo. Pero Jesús no vino a esta Tierra con el propósito de enseñarnos sentido común. Este tenía en mente algo mucho más grande que una lección sobre el cambio de hábitos en la vida. Jesús vino a salvar a los perdidos, a quitar el pecado del mundo, y esto lo hace persona a persona. Cuando Jesús compartió esta enseñanza, quería que los que estaban escuchando entendieran que la salvación no consiste solamente en despojarnos de aquello que nos impide seguirle. El arrepentimiento es requisito indispensable para la salvación; sin embargo, una vez dejamos nuestros pecados a los pies de Cristo, debemos llenar nuestra vida de Dios. Cuando Cristo ocupa cada rincón de nuestra vida, no hay lugar para aquellas cosas que van en contra de su voluntad. En Filipenses 1:21 el apóstol Pablo dice: “Para mí el vivir es Cristo.” Este, como veremos más adelante, había cambiado el tema de su vida; ya no vivía para la religión que antes lo consumía; ahora vivía para Cristo. Todavía vivía su vida, pero la vivía de forma diferente, porque el propósito principal de su existencia era agradar a Cristo. Igual no has tomado esa decisión que Pablo tomó, de sustituir el tema principal de tu vida. Cristo te invita a hacerlo hoy, a dejar de ser llevado por el sistema establecido del mal y ser llena de Cristo, el Rey de reyes. Si ya has elegido el tema de tu nuevo hogar interior, es probable que notes cosas que no pertenecen a esta nueva vida. Ahora comienza una nueva reorganización, permitiendo que el Espíritu de Dios te guíe a dejar aquello que no es digno de un cristiano, y sustituirlo por lo que a Dios le agrada. Las epístolas están llenas de referencias a “dejar” unas cosas y “tomar” otras. Te animo a leer las listas que aparecen en Gálatas 4, Efesios 4 y Colosenses 3 y ver aquellas cosas que deberían desaparecer en tu vida y esas otras que deben ir apareciendo en tu andar diario con Dios.
Mateo 12:46-50; Mr. 3.31-35; Lc. 8Jesús escogió a doce discípulos que constantemente estaban con Él, aprendiendo del Maestro y ayudando a otros. Como leemos en el versículo 1 de Lucas 8, estos doce iban con él por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios. Pero además de los doce, Jesús tuvo a otros que eran cercanos a Él. Por supuesto, podríamos nombrar a su madre, María. Podemos deducir por la falta de referencias a José durante los años del ministerio de Jesús que su padre José ya había fallecido. María siempre estuvo ahí, confiando en su Salvador, recordando la preciosa bendición que se le había otorgado de tener y criar al mismo Hijo de Dios. Sabemos por Juan 7 que algunos de sus hermanos no creían en él durante su ministerio. Juan 7 narra que estos le animaban a salir más públicamente si se quería dar a conocer, no entendiendo que el propósito de Jesús no era adquirir fama; Él había venido para cumplir la voluntad del Padre cuando llegara el momento, y no tenía que “venderse” a sí mismo. En Mateo 12 y Lucas 8 vemos que María y los hermanos de Jesús vinieron hasta donde este estaba, aunque no nos dice para qué. Marcos 3 nos aporta más información dejándonos saber que sus hermanos estaban preocupados por su estado de salud y por el bienestar familiar; estos habían dicho que parecía que estaba fuera de sí. Su madre y sus hermanos no pudieron llegar hasta donde estaba enseñando, y pidieron que este saliera fuera para hablar con él en privado. Jesús les hizo esperar, contestando al recadero: “todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.” Esto no era para despreciar a su familia, aunque Jesús si sabría el verdadero motivo de esta interrupción. Con esta afirmación Jesús estaba más bien confirmando la importancia que Dios da a cada uno de los que buscan hacer Su voluntad. Nos narran los primeros versículos de Lucas 8 que había también mujeres piadosas que estaban dedicando su vida al evangelio. Estas mujeres habían sido rescatadas de enfermedades o de una vida desordenada, y ahora dedicaban sus vidas al servicio de Dios. Estas no dejaban de hacer su vida diaria; atendían a sus quehaceres, continuaban trabajando para cuidar a sus familias, pero todas servían. El evangelista menciona por nombre a María Magdalena, a Juana, mujer de Chuza, un hombre que era alto funcionario de la corte de Herodes, y a Susana. Sin embargo nos dice que había muchas otras que le servían de sus bienes. Estas no seguían a Jesús porque no tenían otra cosa que hacer. Todos estos íntimos de Jesús, hombres y mujeres tenían algo en común: organizaban sus vidas para poder seguir y servir al Maestro. Nos dice Lucas 8:16-18 que “No hay nada oculto que no haya de ser manifestado” y nos recuerda en los versículos que le siguen que “los que oyen la palabra de Dios y la hacen” son verdaderamente sus íntimos. Siglos más tarde, aún podemos leer de aquellos que pusieron el servicio a Dios en un lugar privilegiado en su vida. Y nosotros podemos también ser fieles íntimos de Dios. ¿Nos considerará el Señor como uno de sus íntimos? ¿Somos conscientes de que lo que hagamos en secreto será manifestado un día? Busquemos una relación íntima y verdadera con el Dios verdadero.
Mateo 12:38-42; Lc. 11.29-32Mateo 16:1-4; Mr. 8.11-13; Lc. 12.54-56En diversas ocasiones encontramos a personas que tras recibir un encargo de parte de Dios, dudaron, y Dios les dio una señal. Podemos mencionar a Moisés, al que Dios le pidió que tirara la vara al suelo para mostrarle el poder con el que se presentaría ante faraón; o Gedeón, el cual pidió dos señales diferentes antes de enfrentarse al inmenso ejército enemigo con tan solo 300 soldados. Y Dios les dio señal, y esto sirvió de afirmación de que lo que Dios les estaba prometiendo era fiable. Sin embargo, en los evangelio encontramos a personas que a pesar de ver las señales milagrosas de Jesús, seguían sin querer creer en este. Mateo 12 nos narra que “vinieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal.”Curiosamente lo llaman Maestro, pero no quieren someterse a su autoridad y enseñanza, no hasta que este les muestre señal. ¿Pero no les bastaba todo lo que estaban viendo? Estos hombres habían estudiado las Escrituras. Deberían ser los primeros en reconocer al Hijo del Hombre enviado a la Tierra. Deberían estar reconociendo lo que los profetas habían anunciado del Mesías y ser los primeros en seguirlo. Sin embargo estaban eligiendo dudar, y demandar señal. La contestación de Jesús no fue lo que buscaban, seguramente. Este dijo: “La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás.”Una respuesta similar recibirían otros como estos que unos capítulos más tarde pedían señal del cielo. Jesús los amonestó diciéndoles básicamente: Estudiais el cielo para predecir el tiempo, sin embargo no sois capaces de estudiar los tiempos para reconocer al Mesías. No tendréis más señal de la que ya os ha sido dada; la del profeta Jonás (Mateo 16:4). ¿Cuál era la señal del profeta?Cuando leemos la historia de Jonás, no pensamos que sería una señal profética sobre lo que acontecería al Mesías. Dice el Señor: “Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.” Jesús les estaba dando una señal que no podrían identificar hasta después de muerto Jesús, y al llegar el momento de su resurrección. Mas el Señor sabía que la incredulidad de estos hombres no les permitiría ver la realidad, porque cuando uno decide no creer, sus ojos están cegados a la verdad. Estos que demandaban señal para poder creer recibieron esta reprimenda: “Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar.La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar.”Jesús los compara a los habitantes de Nínive y a la reina del Sur. Los de Nínive, al recibir palabra del profeta, creyeron y se arrepintieron. La reina del Sur, habiendo oído del Dios Verdadero, dejó sus dioses falsos y viajó larga distancia para oír de Dios por boca del rey Salomón. Jesús dice que en el día del juicio, cuando estos escribas y fariseos dieran excusas de que no sabían, de que no lo habían entendido bien, de que no habían tenido señal, el ejemplo de los de Nínive y de la reina del Sur, figuras que estos considerarían paganos, los condenarían. Y es que ahora estos tenían delante a uno mucho mayor que Jonás y Salomón. Y sin embargo, en lugar de creer, demandaban señal. ¿Qué te haría falta a ti para creer a Cristo? ¿Qué señal sería suficiente para que, dejando los dioses falsos de esta época, te volvieras a Dios? Nos han sido dadas señales El señor Jesús resucitó, y fueron muchos los que lo vieron. Hay evidencia suficiente para creer en el Verdadero Dios, por lo cual, como nos dice Romanos 1:20, no tenemos excusa. Tenemos como señal la Palabra escrita de Dios, tenemos como señal la evidencia plasmada en la creación. Tenemos como evidencia el poder de Dios en la vida de aquellos que a Él se acercan. Creamos con confianza; no hay motivo alguno para dudar que Dios es, y que es fiel, como leemos en Hebreos 11:6. “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”
Mateo 12:22-37; Mr. 3.20-30; Lc. 11.14-23 ¿Crees en el Espíritu Santo? Algunos no tienen idea de quién es, y otros ponen tanto énfasis en este que basan su fe en emociones que creen sentir más que en la Palabra revelada de Dios. La Biblia nos muestra a Dios en tres personas diferentes, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres presentan la esencia de la Deidad, y una no es más Dios que la otra. Aunque la palabra Trinidad no aparece en la Biblia, el concepto en sí está presente desde la creación en Génesis hasta las últimas palabras del Apocalipsis. A Dios Padre lo vemos a través de las Escrituras, a Dios Hijo ya hemos enfatizado que también lo encontramos de principio a fin, pero no olvidemos que el Espíritu Santo también está claramente presente en las páginas de las Escrituras. El Espíritu de Jehová aparece vez tras vez, hablando a los profetas y guiando al ser humano hacia el conocimiento de Dios. Muchos pasajes bíblicos presentan la obra del Espíritu Santo. En primer lugar, es Él el que convence del pecado, paso imprescindible para la salvación por fe (Juan 16:8). Pero su obra no termina allí. También produce un cambio positivo en la vida del creyente, manifestando su fruto: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22-23). También las Escrituras nos dicen que intercede por nosotros en la oración cuando no sabemos cómo pedir (Romanos 8:26). Veremos más adelante que cuando Jesús ascendió al cielo, prometió a sus discípulos que con ellos se quedaba “El Consolador”. Este es el Espíritu Santo de Dios, el cual mora en el corazón de cada creyente. En Mateo 12, los fariseos acusaron a Jesús de echar fuera demonios por el poder de Beelzebú, esto es Satanás. Claro, que esta práctica de echar fuera espíritus la practicaban los fariseos igualmente, Por lo que Jesús les cuestionó su acusación: “Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.” Mateo 12:27Jesús explicó que no tenía sentido que Satanás echara fuera a Satanás, porque su reino estaría dividido. Este tema nos puede parecer un tanto extraño, pero quiero que veamos cómo Jesús aprovechó la ocasión para presentales la realidad de Dios. Les dijo:“Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.” Jesús obraba con el poder del Espíritu de Dios. Cuando estos fariseos dudaban del Espíritu Santo de Dios, estaban blasfemando contra este. Cuando el Espíritu Santo está amonestando a una persona, haciéndole sentir la necesidad de arrepentimiento, y esta no responde a este llamado, su oportunidad de perdón se desvanece, y por esto no hay perdón, porque el perdón viene después de escuchar y atender la obra del Espíritu Santo de Dios. Podemos dudar por un tiempo, y por la gracia de Dios reconocer nuestra necesidad de Dios que nos muestra el Espíritu, y recibir la obra del Hijo en la cruz para tener acceso al Padre. Pero si contínuamente ignoramos al Espíritu, pecando contra Él, la perdición del alma es inevitable. Así vemos que las tres personas de la Trinidad están involucradas en el proceso de la salvación de un alma. Dios Padre ha ideado el plan por el que podemos ser reconciliados con Él, el Espíritu Santo nos convence de pecado para que podamos arrepentirnos, y en Cristo Dios cargó el pecado de todos nosotros para que por fe podamos ser salvos y tener acceso directo al Padre. Gracias a Dios que Él es mucho más grande que nuestra mente. Puede que no entendamos todos los detalles de su esencia, pero podemos confiar en el Trino Dios para la salvación de nuestra alma.
En ocasiones comento la bendición que es ser usada por Dios, y cada vez que lo hago, me pregunto si alguien pensará en el concepto de ser “usada” como algo negativo. Vemos con indignación cómo algunas personas con influencia usan a otros para que hagan el trabajo que ellos no quieren hacer, o para llegar a brillar ellos a expensas de otros. Estos abusos reflejan la manera en la que Satanás usa a muchos. El maligno usa a quien se ponga a su disposición para sus propios beneficios y luego los deja tirados. Muchos jóvenes que flirteaban con vicios y placeres prohibidos acaban siendo esclavos a los vicios que al principio venían camuflados en placer. Muchos se encuentran con sus vidas destrozadas después de haber abandonado el buen camino y haber servido a los deleites de este mundo. Esos placeres que tanto prometían resultan ser cepos que aprisionan.Pero esto no se asemeja en absoluto a la forma en que Dios obra. Cuando Dios invita a alguien a seguir en sus caminos, es siempre para el beneficio de la persona que lo sigue. Digamos que Dios no necesita siervos ni seguidores. Dios es autosuficiente. Sin embargo, en su bondad, nos permite ser parte de su precioso ministerio, usando nuestras vidas para hacer Su perfecta y agradable voluntad, como nos dice Romanos 12:2.En Mateo 12:15-21 leemos que tras sanar Jesús a un hombre en el día de reposo, los fariseos querían destruirlo. “Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha gente, y sanaba a todos.” Curiosamente, los que lo seguían buscando sanación, la recibieron; sin embargo, esto no lo hizo Jesús para ganar fama. Nos dice el texto que Él “les encargaba rigurosamente que no le descubriesen.”No necesitaba que fueran por ahí proclamando que Jesús los había sanado. Jesús no había venido para comenzar un movimiento de sanación. Esto lo hacía para proclamar su deidad. En su bondad sanó al que se le acercaba, y en humildad, les pidió que no lo fueran anunciando por ahí. Nos explica Mateo que Jesús hizo esto “para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:“He aquí mi siervo, a quien he escogido; Mi Amado, en quien se agrada mi alma; Pondré mi Espíritu sobre él, Y a los gentiles anunciará juicio. No contenderá, ni voceará, Ni nadie oirá en las calles su voz.”Esta poesía de Isaías nos presenta al Mesías. Jesús vino en humildad, como un siervo. Dios lo enviaba como el Escogido, su Amado. Vino a anunciar juicio, y vino a dar su vida por nosotros, los pecadores. Filipenses 2 nos explica que Cristo, siendo Dios, vino en forma de hombre para vivir con las limitaciones de un ser humano durante su tiempo aquí. Pagó con su propia vida el precio del perdón para aquellos que ni siquiera lo habían buscado. Nos dice Juan que Cristo nos amó primero, antes de que nosotros lo amáramos a Él. Mas a todos los que creen en Su nombre, nos ha dado vida que dura para siempre. Aquellos que le sirven, siguen su ejemplo, porque Cristo es el siervo Amado, el siervo por excelencia. Mas cuando ponemos nuestra vida a Su servicio, lo podemos hacer en confianza, porque Él no es un Señor que se aproveche de los que le sirven. Cuando Jesús anduvo en la tierra, lavó los pies de sus seguidores. No hay mejor jefe que aquel que se presta a suplir las necesidades de sus trabajadores. Y no hay mejor Señor que aquel que da de sí por el bienestar de sus siervos. Con ganas quiero servir al que se ha dado por mí, porque además sé que sirviéndolo a Él saldré mil veces mejor que sirviendo mis propios deseos. Es un honor ser sierva de Dios, útil a Su servicio.Gracias, Dios por permitirme ser uno de tus utensilios. Gracias por usarme en amor para proclamar tu gloria.
En el capítulo 12 de Mateo encontramos el relato de dos incidentes en los que se acusó a Jesús de realizar trabajo en el día de reposo de los judíos. El cuarto mandamiento de los 10 que Dios dio a su pueblo era que guardaran el día de reposo. En la explicación de la ley, se especificaba que debían tener todo preparado al anochecer del viernes para que el sábado, en el día de reposo observado por los judíos no se tuviera que realizar ningún trabajo, ni siquiera cocinar. Pudimos experimentar esta práctica cuando al estar visitando Israel, nos fuimos a ver el anochecer al Monte del Precipicio, en Nazaret sobre las 5 de la tarde. Cuando terminamos de contemplar la bella puesta de sol, descendimos del monte para descubrir que todos los comercios habían cerrado y no teníamos un lugar donde comer o comprar comida. En los días de Jesús, especialmente los fariseos, tomaban muy en serio el día de reposo. Sin embargo, Jesús, que decía ser el Mesías, parecía estar desafiando la ley de Moisés. Nos dice el texto que...“En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo; y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer.Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo.”Jesús tomó esta oportunidad para enseñarles la esencia de la ordenanza sobre este día que debían guardar relatándoles cómo David, mientras huía del rey Saúl, cuando tuvo hambre, había comido de los panes sacrificados a Dios en el altar. También aludió Jesús al hecho de que en el día de reposo, los sacerdotes del templo trabajaban para cumplir los ritos establecidos, y esto se podría considerar como una profanación del día de reposo según ellos. Mas Jesús concluye su defensa con una rotunda afirmación sobre sí mismo y el día de reposo (12:6-8): “Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí.” Aquí Jesús declara su deidad, y continúa diciéndoles: “Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes; porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.” ¿Qué quería decir Jesús con esto? Este principio de “misericordia quiero y no sacrificio” venía del Antiguo Testamento. La encontramos tal cual en Oseas 6:6, una de las ocasiones en las que Dios recuerda a su pueblo que lo que quiere de ellos no son sacrificios y holocaustos, sino que lo conozcan a Él y hagan lo que le agrada. Dios había afirmado esto a Saúl en 1 de Samuel 15, cuando este lo había desobedecido para ofrecerle sacrificios que a él no le correspondía hacer. Una vez más Jesús enseña que el secreto no está en guardar ritos y tradiciones, sino en vivir una vida de obediencia a Dios. El mismo día de reposo, y llegando a la sinagoga, nos narra Mateo que ocurrió otro incidente: “He aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?”Y Jesús “les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante?”Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo.”Estos estaban intentando encontrar algo de qué acusar a Jesús según sus leyes, pero Jesús usó la ley para mostrarles que así como se podía sacar a un animal de un hoyo en el día de reposo si este caía, mucho más justo sería sacar a un ser humano de una aflicción como la que este hombre sufría. La idea no era ser completamente inactivo o inútil en el día de reposo, sino mostrar por sus actividades durante el día de reposo que respetaban al Creador del día.Dios creó el mundo en seis días, y el séptimo, nos dice que descansó. Dios no estaba cansado, pero tomó un día para contemplar la belleza de lo que había creado. Desde el principio, el Creador ha querido que paremos sistemáticamente a contemplar lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Ante este mandamiento, podemos seguir rituales de forma dogmática, causando más tensión que reposo, y juzgando a otros por sus acciones, o podemos, como Jesús hizo, disfrutar de un día de descanso atendiendo a aquellas cosas que agradan a Dios y disfrutando de la compañía de otros creyentes. Debemos hacer el bien todos los días, pero debemos buscar sistemáticamente el tiempo para contemplar aquellas cosas que Dios está haciendo, y darle gracias por el descanso que podemos disfrutar en Él.
(Lucas 7:36-50)Nos cuenta Lucas un encuentro de Jesús con un fariseo llamado Simón. Recordemos que los fariseos eran religiosos judíos muy dedicados al estudio y cumplimiento de la ley y las tradiciones del pueblo judío. Estos se creían mejores que el resto de los judíos, y la mayoría de ellos estaban en contra de Jesús, porque este se estaba presentando a sí mismo como el Mesías, el enviado que los judíos esperaban durante siglos. Simón invitó a Jesús a comer en su casa, y Jesús aceptó la invitación. Nos dice el texto que “Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.” El texto continúa diciendo: “Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.” Este Simón fariseo sabía quién era la mujer, probablemente una prostituta ¿Cómo conocía Simón a esta mujer? ¿Por qué pudo esta entrar en su casa?, me pregunto.Simón estaba juzgando a Jesús por dejarle que esta le ungiera los pies con perfume y con las lágrimas de su corazón compungido. Este pensaba que si Jesús era Dios como Él proclamaba, debería saber que esta mujer que estaba ahí no era, según los de alrededor, digna de acercarse a Jesús. Pero por supuesto que Jesús sabía quien era ella y lo que habría hecho. Recordemos que Jesús es el que conoce los corazones. Por ese motivo, porque sabía lo que él estaba pensando, se volvió a Simón y le dijo: le dijo: “Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.”La pregunta era sencilla. Dos personas tenían una deuda y el cobrador había venido a hablar con ellos. Cuando este perdonó las deudas porque ellos no podían pagar, perdonó más a aquel que más debía, y ambos llegaron a estar en paz, sin deber nada. Ambos deberían estar agradecidos por haber sido librados de la deuda, pero el más agradecido era aquel que debía más, porque se le había perdonado más. Jesús dijo a Simón: “¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.”Jesús enseñó a Simón, que esta mujer estaba mostrando gratitud por el perdón de Dios a un nivel que él no había estado dispuesto a demostrar. Esta mujer sabía que era pecadora, y que Jesús podía perdonarla y librarla de sus ataduras. Simón sin embargo se creía más justo que ella, y por lo tanto no parecía darse cuenta de su necesidad de Dios. Así que no había mostrado el mismo amor hacia Cristo. Pero Dios ve a cada ser humano como pecador, ya que ninguno es libre de falta. Sin embargo, a diferencia de como nosotros juzgamos los pecados según nos parecen más o menos respetables o aceptables, Dios ve todo pecado como inaceptable, aquellos que nosotros clasificamos como pequeños y los que vemos como aberrantes. Y Él ofrece perdón y liberación de todos ellos. Aquel que reconoce su pecado y es perdonado, amará mucho, y mostrará agradecimiento por esta liberación. Y aquel que no lo reconoce, no tendrá la oportunidad de disfrutar el perdón, y la paz y el gozo que vienen de haberlo experimentado. Jesús le dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado, ve en paz.” No la habían salvado sus lágrimas, ni el perfume, sino la fe con la que había llegado a los pies de Jesús. Había pecado mucho, y Jesús había perdonado todo, porque su perdón es proporcional a nuestro pecado, dejando siempre saldada la deuda. Y a la que mucho se le había perdonado, mucho amó.
Mateo 11:25-30El descanso viene definido en el diccionario de la Real Academia Española como “Quietud, reposo o pausa en el trabajo o fatiga. Y también como: “causa de alivio en la fatiga y en las dificultades físicas o morales.” Cuando hablamos de descanso, podemos referirnos a una pausa en actividad física o a un alivio emocional. Quizás estás pensando en este momento que podrías beneficiarte de un descanso que incluyera ambos ámbitos, el físico y el emocional. El Señor Jesús dice en Mateo 11:28“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”¿En qué consiste este descanso que Jesús estaba ofreciendo? ¿Podemos beneficiarnos nosotras de este descanso?La invitación de Jesús es para aquellos que están trabajados y cargados. Alguien que está trabajado estará experimentando un cansancio físico. Quizás ha ido demasiado tiempo sin dormir bien, o sin tomar descansos para reponer fuerzas, puede que no esté alimentándose bien, o por un motivo u otro, su cuerpo está agotado. Nuestro cuerpo tiene maneras de dejarnos saber que está cansado, pero muchas veces hacemos oídos sordos y continuamos con la faena. Jesús también llama a los cargados. El concepto de cargados parece comunicar el cansancio emocional, mental o espiritual. Nos podemos cargar con preocupaciones, pecados, problemas personales, o incluso cuestiones ajenas, situaciones que nos parecen injustas o complicadas, o quizás un cúmulo de diferentes causas de ansiedad. Cuando nos cargamos emocionalmente, es muy probable que lo veamos manifestarse en nuestro cuerpo físico, llegando a estar cargadas, y trabajadas a la vez.Jesús, dice “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. El Salmo 55:22 exhorta: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará”Y 1 Pedro nos dice que echemos nuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de nosotros. Para echar nuestras cargas y ansiedades sobre Dios, debemos primero llegar a aceptar que no somos todopoderosas, que tenemos límites, y por lo tanto necesitamos ayuda externa. Cuando hacemos esto, reconocemos nuestra debilidad, y podemos parar y pedirle a Dios que nos renueve las fuerzas. Isaías 40:29 nos dice que “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” Eso es un milagro que solo Dios puede hacer.El señor completa su invitación en el texto de Mateo diciendo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.”Jesús nos ofrece entrar en el yugo con él. Un yugo es lo que se coloca sobre dos bueyes para poder llevar el arado. Cuando aceptamos el yugo del Señor, nos dice este que la carga se hace ligera. Hace fácil el trabajo. Cuando somos mansos y humildes, y buscamos la ayuda de Dios en lugar de intentar llevar las cargas en nuestras propias fuerzas, entonces podemos descansar en sus fuerzas.Nuestra alma puede descansar en Dios cuando hemos dejado nuestras cargas a sus pies y las hemos sustituido por la vida que Él quiere compartir con nosotros. Es entonces cuando podemos experimentar el verdadero descanso.¿Te atreves a dejarle llevar tus cargas y unirte con Él en su yugo? Verás que merece la pena.
(Mateo 10:26-33; Lucas 12:2-9)No se habla muy abiertamente del temor, pero lo cierto es que muchas sufrimos de esto. Miedo a lo desconocido, temores a aquello que no podamos controlar, temor del qué dirán, qué pensarán de nosotras o cómo se resolverá una situación concreta. Jesús, después de avisar a sus discípulos de la persecución que se les acercaba a causa de su fe, les dijo claramente en Mateo 10:26:“no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.”Aquello que ocurre en lo secreto, será manifestado un día. Lo que aún desconoces, se resolverá un día. Jesús está diciendo en este texto, aquel mal que te puedan hacer sin que parezca recibir justa retribución, saldrá a la vista un día. Y todo el bien que hagas sin experimentar los resultados de tus actos será conocido en su momento. Los tiempos de Dios no son los nuestros, pero podemos descansar en su perfecta justicia. Por este motivo podemos vivir una vida tranquila, en confianza, sin experimentar el temor a lo que nos rodea o lo que no sabemos si vendrá. Mas Jesús les dice en el versículo 28: “no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”Una fuerte afirmación se esconde en este texto. Hay muchas circunstancias que nos podrían hacer sentir que nuestro cuerpo físico peligra, mas Dios dice que así como Él cuida de las aves y las plantas, no hay nada de nuestra vida que se escape de su cuidado. Nos dice incluso que sabe el número de cabellos en nuestra cabeza, y eso que varía diariamente. Mas Jesús advierte que hay alguien que merece nuestro temor; este tiene poder de salvar y de destruir. Nos puede parecer fuerte notar que está hablando de Dios. Dios da vida y la quita. Muchos pueden destruir el cuerpo, mas solo uno tiene la última palabra sobre nuestra alma. Dios es el único que puede destruir el alma. ¿Pero cómo puede ser? Mi idea de Dios no puede concebir un Dios que destruye! En Mateo 10:32-33 Jesús dice: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”Y Juan 3:36 nos avisa: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”Recordemos que Dios es Santo. A través de la historia bíblica hemos visto que Dios odia el pecado. Dios no puede coexistir con el pecado, y no hay mayor pecado que rechazar la gracia de Dios. Solo el alma de aquellos que rechazan a Dios será destruída en el lago de fuego, como menciona el texto en Mateo. Dios puede perdonar el pecado del que viene a Él arrepentido, pero si alguien rechaza ese perdón, ¿cómo puede reconciliarse con Dios?La Biblia habla mucho del temor de Dios, y este temor es el principio de la sabiduría. Salomón el sabio concluyó su libro de sabiduría con estas palabras: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.”Y el señor Jesús siglos más tarde repite este mensaje, recordándonos que si tememos a Dios y elegimos caminar de su lado, no hay nada a lo que debamos temer, porque nuestro cuerpo y alma están seguros en Él. Salmo 62:5-8 “Alma mía, en Dios solamente reposa,Porque de él es mi esperanza.El solamente es mi roca y mi salvación.Es mi refugio, no resbalaré.En Dios está mi salvación y mi gloria;En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio.Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos;Derramad delante de él vuestro corazón;Dios es nuestro refugio.”
El Señor Jesús sabía que venían tiempos revueltos para sus seguidores. Sabía que lo matarían a Él, y que tras su resurrección y ascensión al Padre, perseguirían a los cristianos por su fe. Ha ocurrido otras veces en la historia. Por desgracia, los cristianos verdaderos han tenido que sufrir a través de la historia a manos de ambos polos, aquellos que se denominan ateos y aquellos que se creen muy religiosos. En muchos lugares incluso hoy en día, aquellos que se declaran enemigos de Dios afligen a los que abiertamente lo siguen. Y por otro lado, la religión, que erróneamente conectamos a Dios muchas veces, no ha ido de la mano de la enseñanza Bíblica, sino que ha sido usada como pretexto para extorsionar y dominar a otros. Lo hemos visto en la historia, y lo seguiremos viendo. Tanto en los tiempos de Cristo como ahora, habrá situaciones difíciles para aquellos que deciden seguir al Señor fiel y abiertamente. Puede que te preguntes: ¿pero aquí y ahora también? Puede ser. Y la Biblia dice que llegarán peores tiempos. No debemos esperar aceptación de parte de todos. ¿Habrá personas que te odien por ser cristiana? Tal vez. ¿Habrá quien se ría de ti? Puede ser, pero Jesús dijo que eso era normal. Si tanto los que se llamaban religiosos como los ateos lo trataron mal a Él, ¿por qué esperaríamos nosotros mejor trato? Nos dice Mateo 10:24-25. Jesús quería que sus seguidores supieran que no sería fácil llevar el nombre de Cristo, y por eso los equipó con su divino consejo. Jesús les dijo que no se preocuparan por lo que deberían decir, porque el Espíritu Santo mismo hablaría por ellos. Mas les dijo también cómo debían conducirse dondequiera que fueran: “Sed prudentes como serpientes y sencillos como palomas.”Tomó dos animales muy distintos y los puso como ejemplo para sus discípulos. La serpiente, desde el principio ha sido identificada como un animal astuto. En el jardín del Edén, cuando se le acercó a Eva para tentarla, nos dice Génesis 3:1 que “la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho.”La astucia no tiene que ser una característica negativa. La astucia puede ser usada maléficamente para engañar, como hizo la serpiente en el huerto, o puede usarse para ver el engaño y evitarlo. Es ese el significado que Jesús quiere comunicar a sus discípulos. La persona astuta será prudente, sabia y perspicaz, para poder discernir aquello que es dañino y evitarlo. Y a modo de equilibrio, el Señor también les dijo que debían ser similares a una paloma. No sé qué es lo primero que te viene a la mente cuando piensas en una paloma. Pensamos en una paloma blanca como símbolo de la paz. No son animales que atacan; más bien, pensamos en ellas como inocentes, dóciles y sencillas. No muestran la astucia de la serpiente, sino que tienen una cierta ingenuidad. Ahora bien, con un sentido de astucia muy elevado, uno puede llegar a desconfiar de las personas y no ser capaz de disfrutar las relaciones personales que Dios nos pone en nuestro camino. Con un sentido demasiado elevado de sencillez, uno puede ser susceptible al abuso, dejando que otros se aprovechen de su inocencia; esto tampoco lleva a relaciones sanas. Por eso nuestro sabio Dios nos pide que busquemos un buen equilibrio entre la astucia y la sencillez de corazón. Sé sabia, pero sencilla a la vez; sé prudente y precavida, pero dócil y humilde; sé astuta, pero inocente. De este modo podrás discernir entre lo malo y lo bueno, evitando uno y disfrutando el otro. Y ante todo, recordando que el Señor está con los que somos suyos para protegernos y guardarnos hasta que estemos con Él en gloria.
Leemos en Mateo 9:35-37 que “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.”Vemos a través de este texto la actitud que Jesús tenía hacia aquellas multitudes que encontraba en ciudades y aldeas. La mayoría no eran personas interesadas en el evangelio que Jesús ofrecía. Venían a Jesús a ver si este les daría pan para comer o les sanaría sus dolencias. Y muchos otros, ni para eso. No querían saber nada de Jesús ni su mensaje. Mas Jesús jamás muestra desprecio hacia ellos, ni lo vemos con una actitud negativa. Nos dice claramente el versículo 36 que “tuvo compasión de ellas.” No tuvo compasión porque estuvieran enfermos, que algunos lo estaban. No tuvo compasión porque no tuvieran qué comer; algunos no tendrían. Dice que tuvo compasión de ellos “porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.”Sin duda, entre las multitudes en esas ciudades y aldeas había muchos que aparentemente no necesitaban nada de lo que parecía que Jesús podía ofrecer. Muchos estarían bien, contentos con las cosas materiales que poseían y disfrutando de buena salud. Mas Jesús, el que ve más allá de lo que ve el ojo, que ve el corazón de las personas, sabía que todos estos, los sanos, los enfermos, los ricos y los pobres, tenían algo en común: andaban por su cuenta, dispersos y desamparados, como las ovejas que no tienen pastor. El Buen Pastor caminaba entre ellos, y ahora tenían la oportunidad de formar parte de su rebaño. Jesús se dirigió a sus discípulos, porque quería que ellos también vieran a la gente a su alrededor del mismo modo compasivo con que Él las veía. Les dijo “la mies es mucha,” haciendo ahora alusión a los campos llenos de cultivo, “mas los obreros pocos; Rogad pues al Señor de la mies que envíe obreros a Su mies.” Jesucristo era Señor de la mies. Él podía recogerla toda él mismo o enviar a quien quisiera a segar todo ese fruto listo para ser recogido. Pero creo que quería que los discípulos vieran a las multitudes de manera positiva. Quería que los vieran con compasión y ellos también sintieran la urgencia de presentarles al Señor de la mies, de guiarles al Buen Pastor que podía darles el amor y la dirección que estos necesitaban, aún si estos aún no se habían dado cuenta.Es fácil mirar a nuestro alrededor; observar cómo la gente va de aquí para allá, envueltos en los quehaceres de la vida, liados en los afanes diarios, y desanimarnos al ver que no hay interés en la eternidad. Pero debemos ver a la gente como Jesús nos vio a nosotros, y sentir lo que Jesús sintió, compasión por las almas desamparadas y dispersas. Los seres humanos somos propensos a ir a menudo como ovejas que no tienen pastor, sin una dirección fija, sin un propósito de vida. Cristo invita a cada uno a fijarlo a Él como nuestro propósito de vida. El apóstol Pablo dijo en Filipenses 1:21 “para mí el vivir es Cristo.” No es que no hiciera otra cosa en esta vida. Vivía, trabajaba, tenía una vida social, metas que alcanzar, pero el enfoque de su vida era el Buen Pastor, y eso era lo que daba dirección y sentido a su vida. Yo no entiendo mucho de ganado, pero imagino que cuando una oveja pertenece a un redil, está confiada en que tiene un pastor que vela por ella y tiene buenos planes para ella. Entiendo más de seres humanos, y cuando por ejemplo una niña sabe que tiene a alguien que vela por ella, desea lo mejor para ella y daría lo que fuera por protegerla y cuidarla, puede vivir la vida confiadamente y realizar sus sueños con una seguridad que le da las fuerzas necesarias para enfrentarse a lo que venga.Cuando sabemos que el omnipotente y amoroso Dios es nuestro Pastor, que ha dado su vida para salvarnos, y vive para guardarnos, que se interesa por nuestro bienestar presente y eterno, podemos vivir esta vida con dirección y confiadamente. Y podemos ver a otros con el deseo de que ellos también tengan a Jesús como su Pastor. Ten compasión y ruega al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
Al acabar el gran sermón del monte, donde Jesús había estado compartiendo toda esta enseñanza que hemos estado viendo, Jesús se encontró con diversas personas que necesitaban atención. Los que no habían subido al monte para escuchar la Palabra, venían a buscarle. Recordemos que Jesús no había venido para sanar al mundo de sus dolencias, pero leemos en Isaías 53:8 que el Mesías llevaría nuestras enfermedades, y sufriría nuestros dolores. A través de las sanaciones, Jesús mostró su identidad divina y su amor por la humanidad en términos que la gente podía entender. En el capítulo 8 de Mateo leemos que Jesús sanó a muchos enfermos y endemoniados que eran atormentados por espíritus malignos, para que esta profecía se cumpliera. Nos cuenta con más detalle su encuentro con un leproso, un centurión romano que vino a pedir ayuda para su siervo y la suegra de Pedro que se había enfermado y estaba en cama.Con estas historias podemos observar que Jesús no vino a alcanzar a una parte de la sociedad, sino a todas. Del leproso no sabemos mucho. En las sociedad judía, la inmundicia se evitaba, y un leproso representaba lo más inmundo. La ley establecía que si un leproso sanaba de su enfermedad, debía ir a ofrecer sacrificio al templo. Jesús se acercó a él, lo tocó, aun siendo inmundo, y después de sanarlo lo envió al sacerdote, pidiéndole que no dijera nada del encuentro con Jesús. Pero aún así, la voz se extendería, y muchos vinieron a Jesús a ser sanados. Al entrar en Capernaum, ciudad donde vivían Pedro y Andrés, se le acercó un centurión. Este romano junto con otros centuriones que vemos aparecer en los evangelios, había oído de Jesús y sabía de su poder. Su siervo, el cual sería judío, había sufrido alguna desgracia, ya que se encontraba en la casa paralizado y gravemente atormentado de dolor. Jesús se ofreció a ir a la casa y sanarlo, mas el centurión, mostrando su fe y respeto hacia el Señor Jesús, le dijo que no era necesario que fuera hasta allá. “Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará.Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.” Mateo 8:8-10 Este centurión entendía bien la autoridad de Jesús, y por eso le sobraba con que este diera la orden de sanación. Jesús lo puso de ejemplo de fe, mucho mayor que la fe que había visto en el pueblo judío. El tercer caso que encontramos en el capítulo 8 es la suegra de Pedro. Jesús se iba a hospedar ahí, y la pobre mujer, en lugar de poder atender a Jesús, estaba en cama, enferma. Me encanta la imagen, porque cuando ella quería hacer algo por Jesús, Jesús le mostró que Él estaba ahí para hacer algo por ella. Esta se sanó, y pudo atender a los invitados como ella había deseado. Jesús estuvo ahí para atender a judíos, a gentiles, a hombres y a mujeres. Lo vemos más adelante en la tierra de los gadarenos, sanando a un extranjero (Mateo 8, Marcos 5, Lucas 8), dando vida a la hija de un principal de la sinagoga, y una mujer afligida por flujo de sangre durante años. Estos, más importante que ver la mano sanadora de Jesús, tuvieron la oportunidad de conocer al Mesías salvador de pecados. Y es que el evangelio no es solo para algunos; el evangelio es para todos, y todos tenemos necesidad de Cristo. Estas personas sanadas, tiempo después de esta experiencia, todavía tuvieron que llegar al momento de la muerte, pero la salvación del alma por la fe depositada en Cristo es eterna. El evangelio aún es eficaz, y funciona para todo aquel que se acerque a Dios por fe. ¿Vendrás a Cristo para salvación?
Jesús enfatizó en su enseñanza la importancia de la evidencia de una pertenencia a Cristo. Como ya hemos visto, a diferencia de lo que podríamos haber concluido según nuestra propia lógica, la Palabra de Dios enseña que no todo el que profesa conocer a Dios es en realidad hijo de Dios. Un verdadero hijo de Dios es aquel que, aceptando los términos de Dios, ha entrado al reino de Dios a través de la única puerta, el único camino, la única verdad, Jesucristo. Cualquier otra forma de entrada Jesús la calificó como asalto o usurpación. (Juan 10:9)Jesús, que conocía los corazones, sabía que el ser humano puede engañarse a sí mismo y establecer una base errónea para su fe. Entre las comparaciones que Jesús compartió para que aquellos que escuchaban pudieran entender esta enseñanza. Jesús contó la historia de dos hombres que edificaron sobre dos cimientos diferentes. (Mateo 7:24-29 y Lucas 6:46-49)En el texto de Lucas leemos que Jesús les dijo: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.”Jesús estaba presentando dos tipos de persona, representados por dos tipos de edificación. Dos personas habían edificado casas, aparentemente de características similares, pero sobre dos tipos diferentes de cimiento. Uno había edificado cimiento sobre la roca. Este había cavado hondo, hasta llegar a piedra firme, y ahí había anclado su casa. Probablemente llevó esfuerzo, determinación y horas de constancia, y todo esto antes de poder dedicar tiempo a lo que realmente se vería, su proyecto de vida, su casa. Pero la seguridad de que la casa estaría firme traería paz y tranquilidad en el descanso. La segunda persona probablemente llegó a construir su casa mucho antes que el primero, ya que no tomó el tiempo de cavar hondo para llegar a la roca firme bajo el suelo donde construiría. Mientras su vecino construía los cimientos que nadie vería, él estaba avanzando en sus proyectos, construyendo una preciosa casa que todos podrían admirar. Recordemos que las casas, una vez construidas, parecían de las mismas características, pero este último se había ahorrado el tiempo y esfuerzo en aquello que al fin y al cabo nadie podría ver, los cimientos.Cuando llegó la época de las lluvias, ambas casas fueron puestas a prueba. La lluvia cayó sobre ellas, con la tormenta que las trajo. El río creció, llegando a pegar a las casas con ímpetu, nos dice el texto. Y fue en esos momentos, los momentos de dificultad cuando la diferencia entre estas dos casas se hizo patente. Ante los ojos de los que pasaban, ambas casas eran iguales, pero la casa que no estaba cimentada sobre la roca no pudo aguantar los azotes de los desastres naturales, esos desastres que le vienen a uno y a otro sin excepción. La casa cayó, nos narra el texto, y fue grande su ruina.El mismo desastre azotó la casa del vecino, pero esta no se movió. Nos dice el texto que la tempestad “no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.”Esas horas buscando la roca y cimentando en ella ahora se hacían evidentes. La diferencia entre el gran desastre de una casa y la resistencia de la otra no tenía otra explicación que la diferencia de cimientos. La roca salvó la casa. En múltiples textos en la Biblia Dios se identifica como La Roca, y el salmista escribe en el Salmo 73: “Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.” Cuando estaba pasando por dificultades, Dios era la roca que lo mantenía firme. La enseñanza de Cristo está claramente basada en la obediencia a la Palabra de Dios. La diferencia entre estos dos hombres era que uno oía la Palabra pero no la ponía en práctica. Este no pudo resistir la prueba; todos sus esfuerzos en edificar fueron derribados por las tormentas de la vida. Mas el que oía la Palabra y hacía aquello que Dios le indicaba, anclando su vida en la Roca, este pudo disfrutar del fruto de su trabajo, porque estaba anclado en Cristo, la Roca de la Salvación. Que Él sea nuestra Roca; que nuestra vida esté anclada en Cristo.
El Señor Jesús enseñó que no todo el que profesa el nombre del Señor lo conoce de verdad. Con la alusión al fruto natural de los árboles nos mostró cómo identificar si en realidad hay vida o no. Y es que es posible que alguien piense que conoce a Dios, pero que se haya creado su propio concepto de Dios. La pregunta importante sería: ¿Te conoce Dios a ti? Claro, decimos que Dios lo sabe todo y conoce a todos, pero la pregunta es: ¿Te reconoce Dios como suyo? Mateo 7:22-23 nos narra un evento futuro muy triste. Dice el Señor:“Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”¿Recuerdas la enseñanza sobre los milagros? Aquí dice Jesús que algunos están basando su confianza en obras que estos hacen. Algunos incluso hablan y profetizan, pero como dijo Jesús, muchos vendrán con su currículum ante Dios para recibir una triste respuesta: “nunca os conocí”. El pastor conoce sus ovejas, nos dice Juan 10:14-15: Dijo Jesús “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.”Jesús afirma: “yo conozco al Padre, y el Padre me conoce” y de igual modo “yo conozco a los que son míos, y ellos me conocen” Es un reconocimiento y conocimiento mutuo. Es una relación bidireccional y activa. Cristo ha puesto su vida para que sus ovejas sean salvas, y no se olvida de ninguna de ellas. Las ovejas a su vez lo reconocen como su Pastor y le siguen. Aquellos que son de Dios hacen lo que a Dios le agrada. Mateo 7:21 afirma: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” Lucas 13:25-27 contrasta aquellos que quieren entrar por la puerta grande al cielo, y aquellos que pasan por la estrecha. Algunos se quejaban: “Señor, son pocos los que se salvan” Mas Jesús les dijo: entrad por la puerta estrecha. ¿Qué es esta puerta?En Juan 10:9 Jesús declara: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo” El versículo 1 de Juan 10 dice “El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.”No todos los caminos llevan al cielo. En Juan 14:6 dice el Señor Jesús: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Sé que en este mundo de relativismo, es fácil condenar los absolutos y querer crear una realidad alternativa. Pero Dios se presenta en la Biblia como absoluto: Él dijo: “El camino, la verdad, la vida, la puerta,...” No es una de muchas. Él marca las condiciones de pertenencia, y solo aquellos que pasan por Cristo son ovejas de su redil. Asegúrate que no estás viniendo a Cristo en tus propios méritos. Asegúrate que vienes por medio de los méritos de Cristo, el Buen Pastor que “pone su vida por sus ovejas y conoce a sus ovejas.”























