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Los 25 programas más recientes de CIENCIAES.COM en un solo podcast. Aquí tienen reunidos a: Hablando con Científicos, Ciencia y Genios, Ulises y la Ciencia, La Ciencia Nuestra de Cada Día, Zoo de Fósiles, Vanguardia de la Ciencia, Seis patas tiene la vida, Océanos de Ciencia, Quilo de Ciencia, Ciencia Extrema, El Neutrino, Ciencia Fresca y Cierta Ciencia.
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Hoy, Jorge Laborda explica el funcionamiento de los anticuerpos y su importancia en el sistema inmunitario, comparándolos con unas tenazas: poseen una “cabeza” que se une al microorganismo o toxina y un “mango” que activa mecanismos defensivos del organismo. Los anticuerpos han evolucionado para funcionar fuera de las células, ya que en el interior celular el ambiente químico destruye los enlaces que mantienen su estructura. Sin embargo, los científicos buscan introducir anticuerpos dentro de las células —los llamados “intracuerpos”— para investigar procesos celulares o desarrollar herramientas diagnósticas y terapéuticas. Recientemente, mediante bioinformática e inteligencia artificial, investigadores han diseñado anticuerpos estables sin esos enlaces sensibles, logrando que muchos funcionen dentro de células vivas. Esto abre nuevas posibilidades para estudiar la regulación genética, la epigenética y el diagnóstico o tratamiento de enfermedades.
En el corazón de la Vía Láctea, a unos 26.000 años luz de la Tierra, se encuentra una de las regiones más turbulentas y fascinantes de nuestra galaxia. Allí, en las proximidades del agujero negro supermasivo Sagitario A*, enormes nubes de gas y polvo se entrelazan formando una compleja red. Un equipo internacional de científicos, entre los que se encuentra nuestra invitada, Laura Colzi, investigadora del Centro de Astrobiología (CAB), ha logrado obtener con el radiotelescopio ALMA el mapa más grande y detallado de la química de esta región. La imagen, construida con un gigantesco mosaico de miles de observaciones, revela una intrincada maraña de filamentos de gas frío —auténticos “espaguetis cósmicos”— en los que tienen lugar procesos que se esconden en el corazón de nuestra galaxia.
En este episodio de Ciencia Fresca, Ángel Rodríguez Lozano habla de HoloRadar, una tecnología desarrollada por ingenieros de la Universidad de Pensilvania que permite a robots y vehículos autónomos “ver” lo que hay oculto tras las esquinas. El sistema utiliza ondas de radio que rebotan en paredes y superficies, combinadas con inteligencia artificial capaz de reconstruir escenas tridimensionales ocultas.
En la segunda parte, Jorge Laborda comenta un hallazgo en biomedicina: ciertos neutrófilos, células defensivas del sistema inmunitario, pueden convertirse en aliados de los tumores. En bastantes cánceres se observa una asociación inquietante: cuantos más neutrófilos hay en el tumor, peor es el pronóstico. Un estudio revela que muchos de estos neutrófilos convergen hacia un estado terminal lo que abre nuevas posibilidades para el diagnóstico y el tratamiento del cáncer.
Hace unos tres mil años llegaron a Nueva Caledonia los primeros seres humanos. La fauna que encontraron allí era mucho más diversa que la actual, y la extinción de muchas de aquellas especies puede atribuirse a la colonización humana. Las aves, en particular, presentaban una gran diversidad. Sin contar los pájaros —un grupo todavía poco estudiado—, entre las aves endémicas que desaparecieron había dos especies de azores de distinto tamaño, dos especies de palomas, un calamón de gran tamaño —probablemente incapaz de volar—, una lechuza y un megapodio, la mayor especie conocida de este grupo.
Nuestra protagonista de hoy es Sylviornis, un ave no voladora de gran tamaño que alcanzaba 1,70 metros desde la punta del pico hasta el extremo de la cola, medía entre 80 centímetros y 1,60 metros de altura y pesaba alrededor de 30 o 40 kilos.
Imagina que tienes 40 o 50 años. Trabajas, haces algo de deporte, tienes familia y nunca has tenido problemas importantes de salud. Un día te hacen una ecografía por un cólico o en una revisión rutinaria… y el médico te dice que tus riñones están llenos de quistes. Que tienes una enfermedad cuyo nombre te pone los pelos de punta: poliquistosis renal autosómica dominante. ¿Cómo es posible, si nunca has notado nada? La explicación es que se trata de una enfermedad genética que puede avanzar en silencio durante décadas. Los quistes aparecen poco a poco y los riñones, aunque aumentan de tamaño, mantienen su función durante muchos años. Entonces surgen las preguntas inevitables: ¿es cáncer? No. ¿Se puede heredar? Sí. ¿Hay tratamiento? Comprender mejor esta enfermedad y buscar nuevas terapias es el objetivo de equipos como el de la investigadora Mónica Furlano, nuestra invitada en Hablando con Científicos.
El aceite de oliva es mucho más que un ingrediente tradicional: es uno de los alimentos mejor respaldados por la ciencia nutricional. Hoy, Jorge Laborda presenta una nueva entrega del Quilo in Memoriam en el que el Dr. Francisco Grande Covián habla, con su propia voz y estilo, recuperados por inteligencia artificial, del aceite de oliva y de su importancia para la alimentación humana.
Grande Covián ya mostró hace décadas que no todas las grasas actúan igual. El aceite de oliva, rico en ácido oleico, ayuda a reducir el colesterol LDL —asociado al riesgo coronario— sin disminuir el HDL, que cumple una función protectora. Además, contiene antioxidantes como polifenoles y vitamina E.
El mensaje no es que sea un producto “milagroso”, sino que resulta beneficioso cuando sustituye a grasas saturadas dentro de un patrón saludable como la dieta mediterránea.
¿Podemos saber con antelación que un volcán está a punto de entrar en erupción? No hablamos de adivinar la hora exacta, sino de detectar el momento en que el proceso ya no tiene marcha atrás. Un equipo del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) ha desarrollado una metodología pionera capaz de identificar ese “punto de no retorno” hasta 48 horas antes del inicio eruptivo. El trabajo, liderado por nuestro invitado en Hablando con Científicos, Raúl Pérez López, se apoya en herramientas inspiradas en la teoría del caos para analizar los miles de terremotos que precedieron a la erupción del Tajogaite, en La Palma. El resultado sugiere que el sistema volcánico “tiene memoria” y que esa memoria puede ayudarnos a anticiparnos a la erupción antes de que la lava surja y empiece a arrasar su entorno. La propuesta ha despertado el interés de la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, que la ha destacado por su utilidad en la gestión de emergencias.
En este episodio de Quilo de Ciencia, Jorge Laborda nos invita a mirar los pezones con otros ojos… evolutivos. ¿Cuándo surgieron la leche y las glándulas mamarias? ¿Qué apareció antes: la lactancia o el pezón? A partir de pistas paleontológicas y biológicas, el programa recorre más de 300 millones de años de evolución, desde los sinápsidos primitivos hasta los mamíferos actuales.
La hipótesis más aceptada propone que la leche comenzó como una secreción cutánea destinada a hidratar y proteger huevos con cáscara blanda. Con el tiempo, aquella sustancia se enriqueció en nutrientes y defensas inmunológicas, convirtiéndose en una innovación clave para el éxito evolutivo de los mamíferos.
Una historia científica fascinante que demuestra que, en evolución, la leche fue verdaderamente “la leche”.
La historia del agua en Marte es, en buena medida, la historia de cómo un planeta potencialmente habitable se convirtió en el mundo frío y seco que observamos hoy. Sabemos, por las huellas geológicas, que hace más de 3.000 millones de años ríos, lagos e incluso mares modelaron su superficie. Pero ¿cómo desapareció toda esa agua? ¿Fue un proceso lento y continuo o hubo episodios que aceleraron la pérdida?
Una investigación liderada por Adrián Brines, nuestro invitado en Hablando con Científicos, aporta una pieza inesperada a ese puzle. El estudio demuestra que una intensa tormenta de polvo localizada, durante el verano del hemisferio norte marciano, fue capaz de impulsar vapor de agua hasta grandes altitudes y aumentar el escape de hidrógeno —y, por tanto, de agua— al espacio.
Los metriorrínquidos fueron cocodrilomorfos marinos que vivieron entre el Jurásico medio y el Cretácico inferior, hace entre 165 y 136 millones de años. A diferencia de los cocodrilos actuales, eran completamente acuáticos: tenían extremidades transformadas en aletas, cola con aleta en media luna y piel lisa, lo que los hacía altamente hidrodinámicos. Probablemente eran vivíparos y de sangre fría. Sus adaptaciones incluían glándulas salinas para expulsar el exceso de sal y orificios nasales en el extremo del hocico para respirar sin sacar la cabeza del agua. Sus fósiles se han hallado en Europa y América. La competencia con tiburones y pliosaurios, junto al enfriamiento global y el descenso del nivel del mar a inicios del Cretácico, provocó su declive y extinción.
Hoy, Jorge Laborda habla de un tipo de daño poco conocido pero muy peligroso: cuando el ADN queda “pegado” a proteínas. Estas lesiones no solo bloquean procesos esenciales de la célula, sino que también pueden activar alarmas del sistema inmunitario, provocar inflamación crónica y desencadenar envejecimiento prematuro. Por su parte, Ángel Rodrtíguez Lozano no lleva al pasado profundo de la Tierra para descubrir cómo el progresivo frenado de su rotación ha influido en la circulación de océanos y atmósfera, mejorando el reciclaje de nutrientes y la oxigenación marina, y favoreciendo la vida compleja. Dos estudios punteros, una misma idea: pequeños cambios pueden tener consecuencias enormes.
¿Puede una bacteria recordar lo que le ha pasado? Hoy, en Hablando con Científicos, el investigador Iago López Grobas nos lleva al interior —y al exterior— de la bacteria E. coli para contarnos un descubrimiento sorprendente: algunas bacterias guardan una memoria mecánica. Cuando se enfrentan a antibióticos, estas bacterias cambian de forma, se alargan como espaguetis y se doblan. Pero lo más interesante viene después: cuando el peligro desaparece, recuerdan dónde se doblaron y usan esa información para decidir por dónde dividirse. En la charla con Ángel Rodríguez Lozano, Iago L. Grobas se habla de antibióticos, biofilms, proteínas que se mueven como pelotas de tenis, modelos matemáticos hechos con “muelles” y de cómo la forma puede decidir el destino de una célula.
¿Qué animal elegiría picar un mosquito hembra en plena selva tropical? La respuesta, hoy, puede resultarnos inquietantemente familiar. La expansión humana está transformando la selva atlántica brasileña y, con ella, el menú de los mosquitos hembra, que cada vez recurren más a la sangre humana. Un estudio basado en técnicas de biología molecular revela cómo este cambio no es casual, sino una consecuencia directa de nuestra presencia. Y no se trata solo de mosquitos: hablamos de evolución, de virus y de enfermedades emergentes. Porque cuando alteramos los ecosistemas, la ciencia nos recuerda que las consecuencias, tarde o temprano, también nos pican a nosotros.
¿Cómo corrían los dinosaurios? ¿Lo hacían siempre de la misma forma o podían cambiar su manera de correr según la situación? ¿Es posible reconstruir esos comportamientos a partir de huellas fosilizadas de hace más de 120 millones de años? Hoy nos adentramos en una investigación que demuestra que las huellas de dinosaurio aún tienen mucho que contar, incluso cuando creemos que ya las conocemos bien. El estudio, liderado por Ignacio Díaz Martínez, nuestro invitado hoy en Hablando con Científicos, explica cómo unas huellas fósiles extraordinarias, conservadas en un yacimiento de La Rioja, están cambiando nuestra forma de entender la locomoción de los dinosaurios. Las huellas corresponden a terópodos que corrían a velocidades cercanas a los 40 km/h. Pero lo más sorprendente no es lo rápido que iban, sino cómo corrían.
¿Qué pasa cuando el mar sube… pero el suelo bajo tus pies baja aún más rápido? Muchos de los lugares más poblados del planeta viven esta doble amenaza silenciosa. Un estudio publicado en Nature revela que todos los grandes deltas del mundo se están hundiendo, en muchos casos a mayor velocidad que la subida del nivel del mar. Ángel Rodríguez Lozano explica qué está ocurriendo en regiones clave y por qué la actividad humana está acelerando este proceso. Por su parte, Jorge Laborda nos habla de hidrógeno verde y de un avance sorprendente que permite producirlo sin platino, un metal caro y escaso que suele emplearse para separar el hidrógeno del agua utilizando luz solar. En su lugar, una investigación propone el uso de “plásticos” activados por la luz y la vitamina C, una alternativa prometedora que podría abaratar y hacer más sostenible la producción de este combustible limpio.
Cuando pensamos en una erupción volcánica, solemos imaginar ríos de lava avanzando lentamente por la superficie, arrasando todo a su paso. Sin embargo, buena parte de lo que ocurre durante una erupción permanece oculta bajo una costra aparentemente sólida. Eso es precisamente lo que sucedió durante la erupción del volcán Tajogaite, en la isla de La Palma, en 2021. Un complejo entramado de tubos de lava actuó como una red de “cañerías naturales”, transportando magma a gran distancia del cono eruptivo y aumentando notablemente la peligrosidad del fenómeno. David Sanz Mangas (IGME-CSIC) y uno de los autores del estudio que analiza en detalle cómo se formó y creció este campo de coladas alimentado por tubos durante los casi tres meses que duró la erupción.
En este episodio de Quilo de Ciencia “in memoriam”, Francisco Grande Covián nos enseña que las vitaminas fueron uno de los grandes descubrimientos médicos del siglo XX, al permitir identificar y prevenir enfermedades causadas por su carencia. Sin embargo, ese éxito llevó a pensar erróneamente que podían usarse como medicamentos universales. En realidad, su función terapéutica es muy concreta: corregir déficits nutricionales. En personas bien alimentadas, añadir más vitaminas no mejora la salud. Ahora, Jorge Laborda confirma que esta visión sigue siendo válida, aunque introduce matices importantes que os invitamos a escuchar. La conclusión es clara: las vitaminas son esenciales, pero no milagrosas. Una dieta variada y equilibrada sigue siendo la mejor receta para la salud.
Aunque no lo notemos, la Tierra se mueve constantemente bajo nuestros pies. No hablamos solo de terremotos espectaculares, sino de desplazamientos lentísimos —milímetros al año— que deforman la corteza terrestre de manera continua. Uno de los mejores lugares del mundo para investigar estos procesos es la península ibérica y su entorno. Allí confluyen grandes placas tectónicas, pequeños bloques intermedios y una historia geológica extraordinariamente compleja. Precisamente en esta región se centra el trabajo reciente de Asier Madarieta-Txurruka, nuestro invitado en Hablando con Científicos. A partir de su estudio, publicado en Gondwana Research, hablamos de la compleja interacción entre las placas tectónicas de Eurasia y África, del papel del mar de Alborán como laboratorio natural y de cómo la información que proporcionan los terremotos y los satélites nos permite comprender los procesos que suceden en esta zona de colisión.
Hoy, Jorge Laborda explica que el proteasoma, conocido como la “máquina de reciclaje” celular, no solo degrada proteínas y genera los péptidos que permiten al sistema inmunitario reconocer células infectadas, sino que también puede producir péptidos con actividad antimicrobiana. Un mecanismo que conecta de forma elegante la inmunidad innata con la adaptativa y proporciona conocimientos para crear nuevos antibióticos.
Por otro lado, Ángel Rodríguez Lozano analiza por qué esos días de bochorno insoportable suelen terminar en tormentas violentas. A partir de un estudio publicado en Science Advances, explica cómo la acumulación de calor y humedad bajo una inversión térmica actúa como una olla a presión atmosférica que, al romperse, libera la energía en forma de tormentas intensas que pueden provocar grandes daños en lugares aislados.
Cuando pensamos en fósiles humanos, solemos imaginar cráneos, mandíbulas o grandes huesos largos. Pero ¿y si una parte clave de nuestra historia evolutiva estuviera escondida en detalles mucho más pequeños? ¿Y si los huesos conservaran, grabadas en su superficie, las huellas de músculos y ligamentos desaparecidos hace millones de años? Aroa Casado es investigadora en la Universidad de Barcelona y en el Instituto de Arqueología, y acaba de publicar un trabajo que propone algo tan sugerente como revolucionario: reconstruir cómo se movían y utilizaban las manos nuestros antepasados a partir de las marcas que dejaron los ligamentos de la muñeca en los huesos. Aroa nos lo cuenta hoy en Hablando con Científicos.






¡Interesantísimo!
Mala ciencia
Mira q m molaba ste programa pero post como este me desaniman. No creo q la inteligencia sea algo tan facilmente cuantificable. En fin! Una estupidez d post. Masculino, claro.
Eres bueno tío
Hace mucho que no me descargan sus episodios, por favorecer solucionenlo
sigo el programa cada semana desde Colombia, ciudad de Manizales. Muy bueno. Les agradezco todo el conocimiento que nos comparten
Guau! y que será lo que marca la diferencia en la activación de uno de los tipos de neuronas en nosotros los humanos?
me ha encantado el episodio, super bien narrado con aportes musicales que transmiten bien las sensaciones, un saludo.
El fascinante viaje de la ciencia contado de una forma especial.
de lo mejor que hay para escuchar ciencia actual
excelente programa