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Los 25 programas más recientes de CIENCIAES.COM en un solo podcast. Aquí tienen reunidos a: Hablando con Científicos, Ciencia y Genios, Ulises y la Ciencia, La Ciencia Nuestra de Cada Día, Zoo de Fósiles, Vanguardia de la Ciencia, Seis patas tiene la vida, Océanos de Ciencia, Quilo de Ciencia, Ciencia Extrema, El Neutrino, Ciencia Fresca y Cierta Ciencia.
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Imagina que tienes 40 o 50 años. Trabajas, haces algo de deporte, tienes familia y nunca has tenido problemas importantes de salud. Un día te hacen una ecografía por un cólico o en una revisión rutinaria… y el médico te dice que tus riñones están llenos de quistes. Que tienes una enfermedad cuyo nombre te pone los pelos de punta: poliquistosis renal autosómica dominante. ¿Cómo es posible, si nunca has notado nada? La explicación es que se trata de una enfermedad genética que puede avanzar en silencio durante décadas. Los quistes aparecen poco a poco y los riñones, aunque aumentan de tamaño, mantienen su función durante muchos años. Entonces surgen las preguntas inevitables: ¿es cáncer? No. ¿Se puede heredar? Sí. ¿Hay tratamiento? Comprender mejor esta enfermedad y buscar nuevas terapias es el objetivo de equipos como el de la investigadora Mónica Furlano, nuestra invitada en Hablando con Científicos.
El aceite de oliva es mucho más que un ingrediente tradicional: es uno de los alimentos mejor respaldados por la ciencia nutricional. Hoy, Jorge Laborda presenta una nueva entrega del Quilo in Memoriam en el que el Dr. Francisco Grande Covián habla, con su propia voz y estilo, recuperados por inteligencia artificial, del aceite de oliva y de su importancia para la alimentación humana. Grande Covián ya mostró hace décadas que no todas las grasas actúan igual. El aceite de oliva, rico en ácido oleico, ayuda a reducir el colesterol LDL —asociado al riesgo coronario— sin disminuir el HDL, que cumple una función protectora. Además, contiene antioxidantes como polifenoles y vitamina E. El mensaje no es que sea un producto “milagroso”, sino que resulta beneficioso cuando sustituye a grasas saturadas dentro de un patrón saludable como la dieta mediterránea.
¿Podemos saber con antelación que un volcán está a punto de entrar en erupción? No hablamos de adivinar la hora exacta, sino de detectar el momento en que el proceso ya no tiene marcha atrás. Un equipo del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) ha desarrollado una metodología pionera capaz de identificar ese “punto de no retorno” hasta 48 horas antes del inicio eruptivo. El trabajo, liderado por nuestro invitado en Hablando con Científicos, Raúl Pérez López, se apoya en herramientas inspiradas en la teoría del caos para analizar los miles de terremotos que precedieron a la erupción del Tajogaite, en La Palma. El resultado sugiere que el sistema volcánico “tiene memoria” y que esa memoria puede ayudarnos a anticiparnos a la erupción antes de que la lava surja y empiece a arrasar su entorno. La propuesta ha despertado el interés de la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, que la ha destacado por su utilidad en la gestión de emergencias.
En este episodio de Quilo de Ciencia, Jorge Laborda nos invita a mirar los pezones con otros ojos… evolutivos. ¿Cuándo surgieron la leche y las glándulas mamarias? ¿Qué apareció antes: la lactancia o el pezón? A partir de pistas paleontológicas y biológicas, el programa recorre más de 300 millones de años de evolución, desde los sinápsidos primitivos hasta los mamíferos actuales. La hipótesis más aceptada propone que la leche comenzó como una secreción cutánea destinada a hidratar y proteger huevos con cáscara blanda. Con el tiempo, aquella sustancia se enriqueció en nutrientes y defensas inmunológicas, convirtiéndose en una innovación clave para el éxito evolutivo de los mamíferos. Una historia científica fascinante que demuestra que, en evolución, la leche fue verdaderamente “la leche”.
La historia del agua en Marte es, en buena medida, la historia de cómo un planeta potencialmente habitable se convirtió en el mundo frío y seco que observamos hoy. Sabemos, por las huellas geológicas, que hace más de 3.000 millones de años ríos, lagos e incluso mares modelaron su superficie. Pero ¿cómo desapareció toda esa agua? ¿Fue un proceso lento y continuo o hubo episodios que aceleraron la pérdida? Una investigación liderada por Adrián Brines, nuestro invitado en Hablando con Científicos, aporta una pieza inesperada a ese puzle. El estudio demuestra que una intensa tormenta de polvo localizada, durante el verano del hemisferio norte marciano, fue capaz de impulsar vapor de agua hasta grandes altitudes y aumentar el escape de hidrógeno —y, por tanto, de agua— al espacio.
Los metriorrínquidos fueron cocodrilomorfos marinos que vivieron entre el Jurásico medio y el Cretácico inferior, hace entre 165 y 136 millones de años. A diferencia de los cocodrilos actuales, eran completamente acuáticos: tenían extremidades transformadas en aletas, cola con aleta en media luna y piel lisa, lo que los hacía altamente hidrodinámicos. Probablemente eran vivíparos y de sangre fría. Sus adaptaciones incluían glándulas salinas para expulsar el exceso de sal y orificios nasales en el extremo del hocico para respirar sin sacar la cabeza del agua. Sus fósiles se han hallado en Europa y América. La competencia con tiburones y pliosaurios, junto al enfriamiento global y el descenso del nivel del mar a inicios del Cretácico, provocó su declive y extinción.
Hoy, Jorge Laborda habla de un tipo de daño poco conocido pero muy peligroso: cuando el ADN queda “pegado” a proteínas. Estas lesiones no solo bloquean procesos esenciales de la célula, sino que también pueden activar alarmas del sistema inmunitario, provocar inflamación crónica y desencadenar envejecimiento prematuro. Por su parte, Ángel Rodrtíguez Lozano no lleva al pasado profundo de la Tierra para descubrir cómo el progresivo frenado de su rotación ha influido en la circulación de océanos y atmósfera, mejorando el reciclaje de nutrientes y la oxigenación marina, y favoreciendo la vida compleja. Dos estudios punteros, una misma idea: pequeños cambios pueden tener consecuencias enormes.
¿Puede una bacteria recordar lo que le ha pasado? Hoy, en Hablando con Científicos, el investigador Iago López Grobas nos lleva al interior —y al exterior— de la bacteria E. coli para contarnos un descubrimiento sorprendente: algunas bacterias guardan una memoria mecánica. Cuando se enfrentan a antibióticos, estas bacterias cambian de forma, se alargan como espaguetis y se doblan. Pero lo más interesante viene después: cuando el peligro desaparece, recuerdan dónde se doblaron y usan esa información para decidir por dónde dividirse. En la charla con Ángel Rodríguez Lozano, Iago L. Grobas se habla de antibióticos, biofilms, proteínas que se mueven como pelotas de tenis, modelos matemáticos hechos con “muelles” y de cómo la forma puede decidir el destino de una célula.
¿Qué animal elegiría picar un mosquito hembra en plena selva tropical? La respuesta, hoy, puede resultarnos inquietantemente familiar. La expansión humana está transformando la selva atlántica brasileña y, con ella, el menú de los mosquitos hembra, que cada vez recurren más a la sangre humana. Un estudio basado en técnicas de biología molecular revela cómo este cambio no es casual, sino una consecuencia directa de nuestra presencia. Y no se trata solo de mosquitos: hablamos de evolución, de virus y de enfermedades emergentes. Porque cuando alteramos los ecosistemas, la ciencia nos recuerda que las consecuencias, tarde o temprano, también nos pican a nosotros.
¿Cómo corrían los dinosaurios? ¿Lo hacían siempre de la misma forma o podían cambiar su manera de correr según la situación? ¿Es posible reconstruir esos comportamientos a partir de huellas fosilizadas de hace más de 120 millones de años? Hoy nos adentramos en una investigación que demuestra que las huellas de dinosaurio aún tienen mucho que contar, incluso cuando creemos que ya las conocemos bien. El estudio, liderado por Ignacio Díaz Martínez, nuestro invitado hoy en Hablando con Científicos, explica cómo unas huellas fósiles extraordinarias, conservadas en un yacimiento de La Rioja, están cambiando nuestra forma de entender la locomoción de los dinosaurios. Las huellas corresponden a terópodos que corrían a velocidades cercanas a los 40 km/h. Pero lo más sorprendente no es lo rápido que iban, sino cómo corrían.
¿Qué pasa cuando el mar sube… pero el suelo bajo tus pies baja aún más rápido? Muchos de los lugares más poblados del planeta viven esta doble amenaza silenciosa. Un estudio publicado en Nature revela que todos los grandes deltas del mundo se están hundiendo, en muchos casos a mayor velocidad que la subida del nivel del mar. Ángel Rodríguez Lozano explica qué está ocurriendo en regiones clave y por qué la actividad humana está acelerando este proceso. Por su parte, Jorge Laborda nos habla de hidrógeno verde y de un avance sorprendente que permite producirlo sin platino, un metal caro y escaso que suele emplearse para separar el hidrógeno del agua utilizando luz solar. En su lugar, una investigación propone el uso de “plásticos” activados por la luz y la vitamina C, una alternativa prometedora que podría abaratar y hacer más sostenible la producción de este combustible limpio.
Cuando pensamos en una erupción volcánica, solemos imaginar ríos de lava avanzando lentamente por la superficie, arrasando todo a su paso. Sin embargo, buena parte de lo que ocurre durante una erupción permanece oculta bajo una costra aparentemente sólida. Eso es precisamente lo que sucedió durante la erupción del volcán Tajogaite, en la isla de La Palma, en 2021. Un complejo entramado de tubos de lava actuó como una red de “cañerías naturales”, transportando magma a gran distancia del cono eruptivo y aumentando notablemente la peligrosidad del fenómeno. David Sanz Mangas (IGME-CSIC) y uno de los autores del estudio que analiza en detalle cómo se formó y creció este campo de coladas alimentado por tubos durante los casi tres meses que duró la erupción.
En este episodio de Quilo de Ciencia “in memoriam”, Francisco Grande Covián nos enseña que las vitaminas fueron uno de los grandes descubrimientos médicos del siglo XX, al permitir identificar y prevenir enfermedades causadas por su carencia. Sin embargo, ese éxito llevó a pensar erróneamente que podían usarse como medicamentos universales. En realidad, su función terapéutica es muy concreta: corregir déficits nutricionales. En personas bien alimentadas, añadir más vitaminas no mejora la salud. Ahora, Jorge Laborda confirma que esta visión sigue siendo válida, aunque introduce matices importantes que os invitamos a escuchar. La conclusión es clara: las vitaminas son esenciales, pero no milagrosas. Una dieta variada y equilibrada sigue siendo la mejor receta para la salud.
Aunque no lo notemos, la Tierra se mueve constantemente bajo nuestros pies. No hablamos solo de terremotos espectaculares, sino de desplazamientos lentísimos —milímetros al año— que deforman la corteza terrestre de manera continua. Uno de los mejores lugares del mundo para investigar estos procesos es la península ibérica y su entorno. Allí confluyen grandes placas tectónicas, pequeños bloques intermedios y una historia geológica extraordinariamente compleja. Precisamente en esta región se centra el trabajo reciente de Asier Madarieta-Txurruka, nuestro invitado en Hablando con Científicos. A partir de su estudio, publicado en Gondwana Research, hablamos de la compleja interacción entre las placas tectónicas de Eurasia y África, del papel del mar de Alborán como laboratorio natural y de cómo la información que proporcionan los terremotos y los satélites nos permite comprender los procesos que suceden en esta zona de colisión.
Hoy, Jorge Laborda explica que el proteasoma, conocido como la “máquina de reciclaje” celular, no solo degrada proteínas y genera los péptidos que permiten al sistema inmunitario reconocer células infectadas, sino que también puede producir péptidos con actividad antimicrobiana. Un mecanismo que conecta de forma elegante la inmunidad innata con la adaptativa y proporciona conocimientos para crear nuevos antibióticos. Por otro lado, Ángel Rodríguez Lozano analiza por qué esos días de bochorno insoportable suelen terminar en tormentas violentas. A partir de un estudio publicado en Science Advances, explica cómo la acumulación de calor y humedad bajo una inversión térmica actúa como una olla a presión atmosférica que, al romperse, libera la energía en forma de tormentas intensas que pueden provocar grandes daños en lugares aislados.
Cuando pensamos en fósiles humanos, solemos imaginar cráneos, mandíbulas o grandes huesos largos. Pero ¿y si una parte clave de nuestra historia evolutiva estuviera escondida en detalles mucho más pequeños? ¿Y si los huesos conservaran, grabadas en su superficie, las huellas de músculos y ligamentos desaparecidos hace millones de años? Aroa Casado es investigadora en la Universidad de Barcelona y en el Instituto de Arqueología, y acaba de publicar un trabajo que propone algo tan sugerente como revolucionario: reconstruir cómo se movían y utilizaban las manos nuestros antepasados a partir de las marcas que dejaron los ligamentos de la muñeca en los huesos. Aroa nos lo cuenta hoy en Hablando con Científicos.
La fiebre sigue teniendo esa injusta reputación de alerta roja frente a una infección. Como si la fiebre fuese el humo y no el extintor del fuego. Y, sin embargo, la fiebre suele ser, ante todo, una defensa fisiológica, una medida tomada por el organismo en casos de seria amenaza. Una decisión costosa, pero que debe ser ejecutada por el sistema inmunitario con la frialdad de un James Bond: Muere otro día. La fiebre cuesta energía, y no carece de peligros, pero en muchas ocasiones es imprescindible para sobrevivir.
En este nuevo capítulo de Ciencia Fresca se exploran dos investigaciones punteras que muestran cómo la ciencia amplía fronteras tanto en el espacio como en la medicina. Por un lado, Ángel Rodríguez Lozano analiza una nueva perspectiva sobre la minería espacial: el aprovechamiento de asteroides primitivos ricos en carbono. Aunque tradicionalmente se ha priorizado la explotación de asteroides metálicos, un estudio reciente demuestra que estos cuerpos no diferenciados —auténticos fósiles del origen del Sistema Solar— también contienen metales estratégicos y tierras raras con un notable interés científico y potencial aplicación en futuras actividades mineras en el espacio. En la segunda parte, Jorge Laborda aborda una auténtica revolución en oncología: el uso de células T CAR editadas mediante cambio de bases para tratar leucemias T especialmente agresivas. Esta técnica permite reprogramar linfocitos con una precisión genética sin precedentes, evitando el “fratricidio” celular y logrando remisiones profundas en pacientes que hasta ahora carecían de alternativas terapéuticas.
Cuando se habla de aceleradores de partículas, la imaginación suele llevarnos a enormes túneles subterráneos, experimentos abstractos y preguntas lejanas sobre el origen del universo. Sin embargo, están mucho más cerca de nosotros de lo que podemos imaginar, como explican nuestros invitados en Hablando con Científicos, Núria Fuster y Daniel Esperante, autores del libro Aceleradores de partículas. Del laboratorio a la sociedad. Ambos entrevistados nos enseñan que, aunque estos dispositivos nacieron para responder a grandes preguntas sobre el universo, hoy en día la mayoría se utilizan fuera de los laboratorios. Gracias a los aceleradores se tratan tumores mediante radioterapia y protonterapia, se fabrican los microchips que permiten el funcionamiento de nuestros teléfonos móviles y ordenadores, y se desarrollan nuevas tecnologías médicas e industriales. Incluso estuvieron presentes en las casas de nuestros padres y abuelos hasta hace muy poco, en el interior de antiguos y voluminosos televisores.
Los astrónomos descubrieron la expansión acelerada del universo gracias al estudio de una clase especial de supernovas, conocidas como supernovas de tipo Ia, las cuales se creía que tenían un brillo intrínseco bien determinado. Sin embargo, investigadores del Departamento de Astronomía y del Centro para la Investigación de la Evolución Galáctica de la Universidad Yonsei, en Seúl, Corea del Sur, han puesto de manifiesto que, al analizar nuevos datos obtenidos por el proyecto DESI (siglas en inglés de Dark Energy Spectroscopic Instrument), se observa que las supernovas de tipo Ia no son todas iguales y que su brillo depende de la época en la que se formaron sus estrellas progenitoras. Estos resultados cuestionan seriamente el modelo cosmológico actual y favorecen aquellos modelos en los que la energía oscura varía con el tiempo a medida que el universo evoluciona, lo que conduciría a una conclusión errónea sobre la velocidad de expansión del universo.
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Comments (11)

Pelegrín Samblás

¡Interesantísimo!

Jun 5th
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Bole Romero

Mala ciencia

Feb 5th
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Bole Romero

Mira q m molaba ste programa pero post como este me desaniman. No creo q la inteligencia sea algo tan facilmente cuantificable. En fin! Una estupidez d post. Masculino, claro.

Feb 5th
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Bole Romero

Eres bueno tío

Nov 3rd
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Ivan Alexis Nocua Benitez

Hace mucho que no me descargan sus episodios, por favorecer solucionenlo

Feb 14th
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Fernando Présiga

sigo el programa cada semana desde Colombia, ciudad de Manizales. Muy bueno. Les agradezco todo el conocimiento que nos comparten

Dec 18th
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Mario Santos Puentedura

Guau! y que será lo que marca la diferencia en la activación de uno de los tipos de neuronas en nosotros los humanos?

Oct 29th
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esteban martinez

me ha encantado el episodio, super bien narrado con aportes musicales que transmiten bien las sensaciones, un saludo.

Sep 30th
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Luis Santiago S. F.

El fascinante viaje de la ciencia contado de una forma especial.

Feb 28th
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esteban martinez

de lo mejor que hay para escuchar ciencia actual

Jan 4th
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Alejandro Leone

excelente programa

Nov 16th
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