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Los 25 programas más recientes de CIENCIAES.COM en un solo podcast. Aquí tienen reunidos a: Hablando con Científicos, Ciencia y Genios, Ulises y la Ciencia, La Ciencia Nuestra de Cada Día, Zoo de Fósiles, Vanguardia de la Ciencia, Seis patas tiene la vida, Océanos de Ciencia, Quilo de Ciencia, Ciencia Extrema, El Neutrino, Ciencia Fresca y Cierta Ciencia.
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Diversos estudios recientes sugieren que la interacción con sistemas de inteligencia artificial generativa puede disminuir la diversidad de la expresión humana y, además, influir en nuestras opiniones sobre asuntos social y políticamente delicados. No se trata de que la inteligencia artificial nos ayude a escribir mejor o más deprisa. El asunto es más profundo y mucho más capcioso: que, mientras creemos estar usando una cómoda herramienta, quizá la herramienta esté usándonos a nosotros para reescribir, aunque solo sea un poco, la manera en que pensamos.
El estudio de nuestros orígenes evolutivos no se limita a los fósiles humanos o de nuestros antepasados más cercanos, como los australopitecos. Para entender realmente de dónde venimos, los científicos necesitan retroceder mucho más atrás en el tiempo, hasta los primeros simios que dieron lugar al grupo que incluye a gibones, grandes simios y humanos, conocidos como simios antropomorfos. Aunque sabemos que este linaje se separó de los monos del Viejo Mundo hace más de 25 millones de años, reconstruir con precisión su historia temprana es extremadamente complejo. Un reciente estudio publicado en Science y comentado en un artículo de perspectiva por David Alba, nuestro invitado en Hablando con Científicos, arroja nueva luz sobre esta cuestión, gracias al hallazgo de un fósil en Egipto que podría cambiar nuestra visión sobre dónde surgieron aquellos lejanos ancestros.
Ángel Rodríguez Lozano nos invita a imaginar situaciones en las que el agua nos sorprende con comportamientos inesperados. Uno de ellos llevó a pensar que no existe una única forma de agua en estado líquido, sino dos. Algunos científicos lo habían predicho teóricamente, pero las dificultades para comprobarlo experimentalmente eran tan grandes que nadie había conseguido observarlo… hasta ahora. Gracias a un experimento ingenioso, un equipo de investigadores lo ha logrado. Por su parte, Jorge Laborda aborda otro problema crucial de nuestro tiempo: la dificultad para distinguir la verdad en un mundo saturado de información. Sus explicaciones revelan que no solo importan los datos, sino también nuestra identidad y sentido de pertenencia, que pueden sesgar nuestro juicio incluso sin que nos demos cuenta.
Hace unos 5,5 millones de años, la crisis salina del Mesiniense transformó el Mediterráneo en un paisaje casi seco, permitiendo que la fauna circulara entre Europa y África. Cuando el mar regresó, Cerdeña quedó aislada, convirtiéndose en un laboratorio natural de evolución. Allí surgieron ecosistemas únicos, con especies como la musaraña gigante Asoriculus, la pica sarda Prolagus sardus o el pequeño bóvido Nesogoral, adaptadas a un entorno insular lleno de depredadores como la veloz hiena Chasmoporthetes. Con el tiempo, nuevas especies llegaron y otras evolucionaron, dando lugar a faunas sucesivas marcadas por el gigantismo insular. Sin embargo, la llegada del ser humano hace unos 10.000 años cambió este equilibrio: la caza, la deforestación y la introducción de especies invasoras provocaron extinciones en cadena. Hoy, apenas queda un superviviente de aquel mundo perdido: el murciélago orejudo sardo, testigo de una historia evolutiva fascinante.
Hay preguntas científicas que parecen sencillas, casi ingenuas, cuyas respuestas esconden grandes controversias científicas. ¿Qué ocurre realmente cuando el agua entra en contacto con una superficie sólida? Durante décadas, esta cuestión ha generado resultados contradictorios y debates intensos en la comunidad científica. Ahora, un estudio coliderado por Ricardo García (ICMM-CSIC) ha investigado con un nivel de detalle nunca antes alcanzado la interacción entre el agua y el grafito, aportando una explicación sorprendente: en muchos casos, el agua ni siquiera llega a tocar directamente el material. En esta entrevista, conversamos con el investigador para descubrir cómo una capa invisible de moléculas cambia por completo nuestra comprensión de este fenómeno y por qué este hallazgo puede tener aplicaciones en sensores biomédicos, energía o tratamiento de aguas.
¿Es el vino un aliado de la salud o un riesgo innecesario? Esta pregunta, tan antigua como el propio consumo de alcohol, sigue generando debate científico. En una de sus conferncias, Francisco Grande Covián explicaba que el alcohol aporta energía, pero carece de nutrientes esenciales, por lo que un consumo elevado puede favorecer la malnutrición. Además, ya advertía de la necesidad de interpretar con cautela los estudios que sugerían posibles beneficios cardiovasculares del vino. Ahora, Jorge Laborda revisa estas ideas a la luz de la ciencia actual. Aunque algunos trabajos apuntan a efectos positivos del consumo moderado, hoy se sabe que incluso pequeñas cantidades de alcohol pueden aumentar el riesgo de enfermedades como el cáncer o las patologías cardiovasculares.
En el programa de hoy de Ciencia Fresca exploramos dos investigaciones que muestran cómo la ciencia avanza en direcciones sorprendentes. Por un lado, Jorge Laborda nos presenta una innovadora estrategia contra el infarto basada en ARN autorreplicante. Esta técnica permite que el propio organismo produzca moléculas protectoras del corazón durante semanas, mejorando su recuperación tras una lesión. Una aproximación que apunta a una nueva forma de medicina: no administrar fármacos, sino instrucciones. En la segunda parte, Ángel Rodríguez Lozano nos lleva hasta Titan, un mundo de metano y frío extremo donde se investiga si podría surgir una forma de vida diferente a la terrestre. Un experimento reciente cuestiona esta posibilidad, pero mantiene abierto el misterio.
Cuando un paciente recibe la noticia de que su tumor ha desaparecido tras la cirugía o la quimioterapia, siente que la pesadilla ha terminado y la vida vuelve a abrirse ante sus ojos. Sin embargo, en muchos casos la enfermedad regresa meses o años después. ¿Cómo es posible que el cáncer vuelva cuando aparentemente todas las células tumorales habían sido eliminadas? Una parte importante de la respuesta podría encontrarse en un pequeño grupo de células muy especiales: las llamadas células madre cancerosas. Estas células son el objeto de estudio del grupo de investigación dirigido por Carmen Ramírez Castillejo en el Centro de Tecnología Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid, un equipo que busca nuevas estrategias para evitar las recaídas y mejorar la eficacia de los tratamientos contra el cáncer.
Hoy, Jorge Laborda explica el funcionamiento de los anticuerpos y su importancia en el sistema inmunitario, comparándolos con unas tenazas: poseen una “cabeza” que se une al microorganismo o toxina y un “mango” que activa mecanismos defensivos del organismo. Los anticuerpos han evolucionado para funcionar fuera de las células, ya que en el interior celular el ambiente químico destruye los enlaces que mantienen su estructura. Sin embargo, los científicos buscan introducir anticuerpos dentro de las células —los llamados “intracuerpos”— para investigar procesos celulares o desarrollar herramientas diagnósticas y terapéuticas. Recientemente, mediante bioinformática e inteligencia artificial, investigadores han diseñado anticuerpos estables sin esos enlaces sensibles, logrando que muchos funcionen dentro de células vivas. Esto abre nuevas posibilidades para estudiar la regulación genética, la epigenética y el diagnóstico o tratamiento de enfermedades.
En el corazón de la Vía Láctea, a unos 26.000 años luz de la Tierra, se encuentra una de las regiones más turbulentas y fascinantes de nuestra galaxia. Allí, en las proximidades del agujero negro supermasivo Sagitario A*, enormes nubes de gas y polvo se entrelazan formando una compleja red. Un equipo internacional de científicos, entre los que se encuentra nuestra invitada, Laura Colzi, investigadora del Centro de Astrobiología (CAB), ha logrado obtener con el radiotelescopio ALMA el mapa más grande y detallado de la química de esta región. La imagen, construida con un gigantesco mosaico de miles de observaciones, revela una intrincada maraña de filamentos de gas frío —auténticos “espaguetis cósmicos”— en los que tienen lugar procesos que se esconden en el corazón de nuestra galaxia.
En este episodio de Ciencia Fresca, Ángel Rodríguez Lozano habla de HoloRadar, una tecnología desarrollada por ingenieros de la Universidad de Pensilvania que permite a robots y vehículos autónomos “ver” lo que hay oculto tras las esquinas. El sistema utiliza ondas de radio que rebotan en paredes y superficies, combinadas con inteligencia artificial capaz de reconstruir escenas tridimensionales ocultas. En la segunda parte, Jorge Laborda comenta un hallazgo en biomedicina: ciertos neutrófilos, células defensivas del sistema inmunitario, pueden convertirse en aliados de los tumores. En bastantes cánceres se observa una asociación inquietante: cuantos más neutrófilos hay en el tumor, peor es el pronóstico. Un estudio revela que muchos de estos neutrófilos convergen hacia un estado terminal lo que abre nuevas posibilidades para el diagnóstico y el tratamiento del cáncer.
Hace unos tres mil años llegaron a Nueva Caledonia los primeros seres humanos. La fauna que encontraron allí era mucho más diversa que la actual, y la extinción de muchas de aquellas especies puede atribuirse a la colonización humana. Las aves, en particular, presentaban una gran diversidad. Sin contar los pájaros —un grupo todavía poco estudiado—, entre las aves endémicas que desaparecieron había dos especies de azores de distinto tamaño, dos especies de palomas, un calamón de gran tamaño —probablemente incapaz de volar—, una lechuza y un megapodio, la mayor especie conocida de este grupo. Nuestra protagonista de hoy es Sylviornis, un ave no voladora de gran tamaño que alcanzaba 1,70 metros desde la punta del pico hasta el extremo de la cola, medía entre 80 centímetros y 1,60 metros de altura y pesaba alrededor de 30 o 40 kilos.
Imagina que tienes 40 o 50 años. Trabajas, haces algo de deporte, tienes familia y nunca has tenido problemas importantes de salud. Un día te hacen una ecografía por un cólico o en una revisión rutinaria… y el médico te dice que tus riñones están llenos de quistes. Que tienes una enfermedad cuyo nombre te pone los pelos de punta: poliquistosis renal autosómica dominante. ¿Cómo es posible, si nunca has notado nada? La explicación es que se trata de una enfermedad genética que puede avanzar en silencio durante décadas. Los quistes aparecen poco a poco y los riñones, aunque aumentan de tamaño, mantienen su función durante muchos años. Entonces surgen las preguntas inevitables: ¿es cáncer? No. ¿Se puede heredar? Sí. ¿Hay tratamiento? Comprender mejor esta enfermedad y buscar nuevas terapias es el objetivo de equipos como el de la investigadora Mónica Furlano, nuestra invitada en Hablando con Científicos.
El aceite de oliva es mucho más que un ingrediente tradicional: es uno de los alimentos mejor respaldados por la ciencia nutricional. Hoy, Jorge Laborda presenta una nueva entrega del Quilo in Memoriam en el que el Dr. Francisco Grande Covián habla, con su propia voz y estilo, recuperados por inteligencia artificial, del aceite de oliva y de su importancia para la alimentación humana. Grande Covián ya mostró hace décadas que no todas las grasas actúan igual. El aceite de oliva, rico en ácido oleico, ayuda a reducir el colesterol LDL —asociado al riesgo coronario— sin disminuir el HDL, que cumple una función protectora. Además, contiene antioxidantes como polifenoles y vitamina E. El mensaje no es que sea un producto “milagroso”, sino que resulta beneficioso cuando sustituye a grasas saturadas dentro de un patrón saludable como la dieta mediterránea.
¿Podemos saber con antelación que un volcán está a punto de entrar en erupción? No hablamos de adivinar la hora exacta, sino de detectar el momento en que el proceso ya no tiene marcha atrás. Un equipo del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) ha desarrollado una metodología pionera capaz de identificar ese “punto de no retorno” hasta 48 horas antes del inicio eruptivo. El trabajo, liderado por nuestro invitado en Hablando con Científicos, Raúl Pérez López, se apoya en herramientas inspiradas en la teoría del caos para analizar los miles de terremotos que precedieron a la erupción del Tajogaite, en La Palma. El resultado sugiere que el sistema volcánico “tiene memoria” y que esa memoria puede ayudarnos a anticiparnos a la erupción antes de que la lava surja y empiece a arrasar su entorno. La propuesta ha despertado el interés de la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, que la ha destacado por su utilidad en la gestión de emergencias.
En este episodio de Quilo de Ciencia, Jorge Laborda nos invita a mirar los pezones con otros ojos… evolutivos. ¿Cuándo surgieron la leche y las glándulas mamarias? ¿Qué apareció antes: la lactancia o el pezón? A partir de pistas paleontológicas y biológicas, el programa recorre más de 300 millones de años de evolución, desde los sinápsidos primitivos hasta los mamíferos actuales. La hipótesis más aceptada propone que la leche comenzó como una secreción cutánea destinada a hidratar y proteger huevos con cáscara blanda. Con el tiempo, aquella sustancia se enriqueció en nutrientes y defensas inmunológicas, convirtiéndose en una innovación clave para el éxito evolutivo de los mamíferos. Una historia científica fascinante que demuestra que, en evolución, la leche fue verdaderamente “la leche”.
La historia del agua en Marte es, en buena medida, la historia de cómo un planeta potencialmente habitable se convirtió en el mundo frío y seco que observamos hoy. Sabemos, por las huellas geológicas, que hace más de 3.000 millones de años ríos, lagos e incluso mares modelaron su superficie. Pero ¿cómo desapareció toda esa agua? ¿Fue un proceso lento y continuo o hubo episodios que aceleraron la pérdida? Una investigación liderada por Adrián Brines, nuestro invitado en Hablando con Científicos, aporta una pieza inesperada a ese puzle. El estudio demuestra que una intensa tormenta de polvo localizada, durante el verano del hemisferio norte marciano, fue capaz de impulsar vapor de agua hasta grandes altitudes y aumentar el escape de hidrógeno —y, por tanto, de agua— al espacio.
Los metriorrínquidos fueron cocodrilomorfos marinos que vivieron entre el Jurásico medio y el Cretácico inferior, hace entre 165 y 136 millones de años. A diferencia de los cocodrilos actuales, eran completamente acuáticos: tenían extremidades transformadas en aletas, cola con aleta en media luna y piel lisa, lo que los hacía altamente hidrodinámicos. Probablemente eran vivíparos y de sangre fría. Sus adaptaciones incluían glándulas salinas para expulsar el exceso de sal y orificios nasales en el extremo del hocico para respirar sin sacar la cabeza del agua. Sus fósiles se han hallado en Europa y América. La competencia con tiburones y pliosaurios, junto al enfriamiento global y el descenso del nivel del mar a inicios del Cretácico, provocó su declive y extinción.
Hoy, Jorge Laborda habla de un tipo de daño poco conocido pero muy peligroso: cuando el ADN queda “pegado” a proteínas. Estas lesiones no solo bloquean procesos esenciales de la célula, sino que también pueden activar alarmas del sistema inmunitario, provocar inflamación crónica y desencadenar envejecimiento prematuro. Por su parte, Ángel Rodrtíguez Lozano no lleva al pasado profundo de la Tierra para descubrir cómo el progresivo frenado de su rotación ha influido en la circulación de océanos y atmósfera, mejorando el reciclaje de nutrientes y la oxigenación marina, y favoreciendo la vida compleja. Dos estudios punteros, una misma idea: pequeños cambios pueden tener consecuencias enormes.
¿Puede una bacteria recordar lo que le ha pasado? Hoy, en Hablando con Científicos, el investigador Iago López Grobas nos lleva al interior —y al exterior— de la bacteria E. coli para contarnos un descubrimiento sorprendente: algunas bacterias guardan una memoria mecánica. Cuando se enfrentan a antibióticos, estas bacterias cambian de forma, se alargan como espaguetis y se doblan. Pero lo más interesante viene después: cuando el peligro desaparece, recuerdan dónde se doblaron y usan esa información para decidir por dónde dividirse. En la charla con Ángel Rodríguez Lozano, Iago L. Grobas se habla de antibióticos, biofilms, proteínas que se mueven como pelotas de tenis, modelos matemáticos hechos con “muelles” y de cómo la forma puede decidir el destino de una célula.
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Comments (11)

Pelegrín Samblás

¡Interesantísimo!

Jun 5th
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Bole Romero

Mala ciencia

Feb 5th
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Bole Romero

Mira q m molaba ste programa pero post como este me desaniman. No creo q la inteligencia sea algo tan facilmente cuantificable. En fin! Una estupidez d post. Masculino, claro.

Feb 5th
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Bole Romero

Eres bueno tío

Nov 3rd
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Ivan Alexis Nocua Benitez

Hace mucho que no me descargan sus episodios, por favorecer solucionenlo

Feb 14th
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Fernando Présiga

sigo el programa cada semana desde Colombia, ciudad de Manizales. Muy bueno. Les agradezco todo el conocimiento que nos comparten

Dec 18th
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Mario Santos Puentedura

Guau! y que será lo que marca la diferencia en la activación de uno de los tipos de neuronas en nosotros los humanos?

Oct 29th
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esteban martinez

me ha encantado el episodio, super bien narrado con aportes musicales que transmiten bien las sensaciones, un saludo.

Sep 30th
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Luis Santiago S. F.

El fascinante viaje de la ciencia contado de una forma especial.

Feb 28th
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esteban martinez

de lo mejor que hay para escuchar ciencia actual

Jan 4th
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Alejandro Leone

excelente programa

Nov 16th
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