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Hablando con Científicos - Cienciaes.com
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Author: cienciaes.com
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El conocimiento científico crece gracias a la labor de miles de personas que se esfuerzan por encontrar respuestas a los enigmas que plantea la Naturaleza. En cada programa un científico conversa con Angel Rodríguez Lozano y abre para nosotros las puertas de un campo del conocimiento.
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El estudio de nuestros orígenes evolutivos no se limita a los fósiles humanos o de nuestros antepasados más cercanos, como los australopitecos. Para entender realmente de dónde venimos, los científicos necesitan retroceder mucho más atrás en el tiempo, hasta los primeros simios que dieron lugar al grupo que incluye a gibones, grandes simios y humanos, conocidos como simios antropomorfos. Aunque sabemos que este linaje se separó de los monos del Viejo Mundo hace más de 25 millones de años, reconstruir con precisión su historia temprana es extremadamente complejo. Un reciente estudio publicado en Science y comentado en un artículo de perspectiva por David Alba, nuestro invitado en Hablando con Científicos, arroja nueva luz sobre esta cuestión, gracias al hallazgo de un fósil en Egipto que podría cambiar nuestra visión sobre dónde surgieron aquellos lejanos ancestros.
Hay preguntas científicas que parecen sencillas, casi ingenuas, cuyas respuestas esconden grandes controversias científicas. ¿Qué ocurre realmente cuando el agua entra en contacto con una superficie sólida? Durante décadas, esta cuestión ha generado resultados contradictorios y debates intensos en la comunidad científica. Ahora, un estudio coliderado por Ricardo García (ICMM-CSIC) ha investigado con un nivel de detalle nunca antes alcanzado la interacción entre el agua y el grafito, aportando una explicación sorprendente: en muchos casos, el agua ni siquiera llega a tocar directamente el material.
En esta entrevista, conversamos con el investigador para descubrir cómo una capa invisible de moléculas cambia por completo nuestra comprensión de este fenómeno y por qué este hallazgo puede tener aplicaciones en sensores biomédicos, energía o tratamiento de aguas.
Cuando un paciente recibe la noticia de que su tumor ha desaparecido tras la cirugía o la quimioterapia, siente que la pesadilla ha terminado y la vida vuelve a abrirse ante sus ojos. Sin embargo, en muchos casos la enfermedad regresa meses o años después. ¿Cómo es posible que el cáncer vuelva cuando aparentemente todas las células tumorales habían sido eliminadas? Una parte importante de la respuesta podría encontrarse en un pequeño grupo de células muy especiales: las llamadas células madre cancerosas. Estas células son el objeto de estudio del grupo de investigación dirigido por Carmen Ramírez Castillejo en el Centro de Tecnología Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid, un equipo que busca nuevas estrategias para evitar las recaídas y mejorar la eficacia de los tratamientos contra el cáncer.
En el corazón de la Vía Láctea, a unos 26.000 años luz de la Tierra, se encuentra una de las regiones más turbulentas y fascinantes de nuestra galaxia. Allí, en las proximidades del agujero negro supermasivo Sagitario A*, enormes nubes de gas y polvo se entrelazan formando una compleja red. Un equipo internacional de científicos, entre los que se encuentra nuestra invitada, Laura Colzi, investigadora del Centro de Astrobiología (CAB), ha logrado obtener con el radiotelescopio ALMA el mapa más grande y detallado de la química de esta región. La imagen, construida con un gigantesco mosaico de miles de observaciones, revela una intrincada maraña de filamentos de gas frío —auténticos “espaguetis cósmicos”— en los que tienen lugar procesos que se esconden en el corazón de nuestra galaxia.
Imagina que tienes 40 o 50 años. Trabajas, haces algo de deporte, tienes familia y nunca has tenido problemas importantes de salud. Un día te hacen una ecografía por un cólico o en una revisión rutinaria… y el médico te dice que tus riñones están llenos de quistes. Que tienes una enfermedad cuyo nombre te pone los pelos de punta: poliquistosis renal autosómica dominante. ¿Cómo es posible, si nunca has notado nada? La explicación es que se trata de una enfermedad genética que puede avanzar en silencio durante décadas. Los quistes aparecen poco a poco y los riñones, aunque aumentan de tamaño, mantienen su función durante muchos años. Entonces surgen las preguntas inevitables: ¿es cáncer? No. ¿Se puede heredar? Sí. ¿Hay tratamiento? Comprender mejor esta enfermedad y buscar nuevas terapias es el objetivo de equipos como el de la investigadora Mónica Furlano, nuestra invitada en Hablando con Científicos.
¿Podemos saber con antelación que un volcán está a punto de entrar en erupción? No hablamos de adivinar la hora exacta, sino de detectar el momento en que el proceso ya no tiene marcha atrás. Un equipo del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) ha desarrollado una metodología pionera capaz de identificar ese “punto de no retorno” hasta 48 horas antes del inicio eruptivo. El trabajo, liderado por nuestro invitado en Hablando con Científicos, Raúl Pérez López, se apoya en herramientas inspiradas en la teoría del caos para analizar los miles de terremotos que precedieron a la erupción del Tajogaite, en La Palma. El resultado sugiere que el sistema volcánico “tiene memoria” y que esa memoria puede ayudarnos a anticiparnos a la erupción antes de que la lava surja y empiece a arrasar su entorno. La propuesta ha despertado el interés de la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, que la ha destacado por su utilidad en la gestión de emergencias.
La historia del agua en Marte es, en buena medida, la historia de cómo un planeta potencialmente habitable se convirtió en el mundo frío y seco que observamos hoy. Sabemos, por las huellas geológicas, que hace más de 3.000 millones de años ríos, lagos e incluso mares modelaron su superficie. Pero ¿cómo desapareció toda esa agua? ¿Fue un proceso lento y continuo o hubo episodios que aceleraron la pérdida?
Una investigación liderada por Adrián Brines, nuestro invitado en Hablando con Científicos, aporta una pieza inesperada a ese puzle. El estudio demuestra que una intensa tormenta de polvo localizada, durante el verano del hemisferio norte marciano, fue capaz de impulsar vapor de agua hasta grandes altitudes y aumentar el escape de hidrógeno —y, por tanto, de agua— al espacio.
¿Puede una bacteria recordar lo que le ha pasado? Hoy, en Hablando con Científicos, el investigador Iago López Grobas nos lleva al interior —y al exterior— de la bacteria E. coli para contarnos un descubrimiento sorprendente: algunas bacterias guardan una memoria mecánica. Cuando se enfrentan a antibióticos, estas bacterias cambian de forma, se alargan como espaguetis y se doblan. Pero lo más interesante viene después: cuando el peligro desaparece, recuerdan dónde se doblaron y usan esa información para decidir por dónde dividirse. En la charla con Ángel Rodríguez Lozano, Iago L. Grobas se habla de antibióticos, biofilms, proteínas que se mueven como pelotas de tenis, modelos matemáticos hechos con “muelles” y de cómo la forma puede decidir el destino de una célula.
¿Cómo corrían los dinosaurios? ¿Lo hacían siempre de la misma forma o podían cambiar su manera de correr según la situación? ¿Es posible reconstruir esos comportamientos a partir de huellas fosilizadas de hace más de 120 millones de años? Hoy nos adentramos en una investigación que demuestra que las huellas de dinosaurio aún tienen mucho que contar, incluso cuando creemos que ya las conocemos bien. El estudio, liderado por Ignacio Díaz Martínez, nuestro invitado hoy en Hablando con Científicos, explica cómo unas huellas fósiles extraordinarias, conservadas en un yacimiento de La Rioja, están cambiando nuestra forma de entender la locomoción de los dinosaurios. Las huellas corresponden a terópodos que corrían a velocidades cercanas a los 40 km/h. Pero lo más sorprendente no es lo rápido que iban, sino cómo corrían.
Cuando pensamos en una erupción volcánica, solemos imaginar ríos de lava avanzando lentamente por la superficie, arrasando todo a su paso. Sin embargo, buena parte de lo que ocurre durante una erupción permanece oculta bajo una costra aparentemente sólida. Eso es precisamente lo que sucedió durante la erupción del volcán Tajogaite, en la isla de La Palma, en 2021. Un complejo entramado de tubos de lava actuó como una red de “cañerías naturales”, transportando magma a gran distancia del cono eruptivo y aumentando notablemente la peligrosidad del fenómeno. David Sanz Mangas (IGME-CSIC) y uno de los autores del estudio que analiza en detalle cómo se formó y creció este campo de coladas alimentado por tubos durante los casi tres meses que duró la erupción.
Aunque no lo notemos, la Tierra se mueve constantemente bajo nuestros pies. No hablamos solo de terremotos espectaculares, sino de desplazamientos lentísimos —milímetros al año— que deforman la corteza terrestre de manera continua. Uno de los mejores lugares del mundo para investigar estos procesos es la península ibérica y su entorno. Allí confluyen grandes placas tectónicas, pequeños bloques intermedios y una historia geológica extraordinariamente compleja. Precisamente en esta región se centra el trabajo reciente de Asier Madarieta-Txurruka, nuestro invitado en Hablando con Científicos. A partir de su estudio, publicado en Gondwana Research, hablamos de la compleja interacción entre las placas tectónicas de Eurasia y África, del papel del mar de Alborán como laboratorio natural y de cómo la información que proporcionan los terremotos y los satélites nos permite comprender los procesos que suceden en esta zona de colisión.
Cuando pensamos en fósiles humanos, solemos imaginar cráneos, mandíbulas o grandes huesos largos. Pero ¿y si una parte clave de nuestra historia evolutiva estuviera escondida en detalles mucho más pequeños? ¿Y si los huesos conservaran, grabadas en su superficie, las huellas de músculos y ligamentos desaparecidos hace millones de años? Aroa Casado es investigadora en la Universidad de Barcelona y en el Instituto de Arqueología, y acaba de publicar un trabajo que propone algo tan sugerente como revolucionario: reconstruir cómo se movían y utilizaban las manos nuestros antepasados a partir de las marcas que dejaron los ligamentos de la muñeca en los huesos. Aroa nos lo cuenta hoy en Hablando con Científicos.
Cuando se habla de aceleradores de partículas, la imaginación suele llevarnos a enormes túneles subterráneos, experimentos abstractos y preguntas lejanas sobre el origen del universo. Sin embargo, están mucho más cerca de nosotros de lo que podemos imaginar, como explican nuestros invitados en Hablando con Científicos, Núria Fuster y Daniel Esperante, autores del libro Aceleradores de partículas. Del laboratorio a la sociedad.
Ambos entrevistados nos enseñan que, aunque estos dispositivos nacieron para responder a grandes preguntas sobre el universo, hoy en día la mayoría se utilizan fuera de los laboratorios. Gracias a los aceleradores se tratan tumores mediante radioterapia y protonterapia, se fabrican los microchips que permiten el funcionamiento de nuestros teléfonos móviles y ordenadores, y se desarrollan nuevas tecnologías médicas e industriales. Incluso estuvieron presentes en las casas de nuestros padres y abuelos hasta hace muy poco, en el interior de antiguos y voluminosos televisores.
Charlamos con Elena Héliz, oncóloga e investigadora, y Patricia Nieto, de la Fundación Científica de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), para hablar claro sobre un tema que nos toca a todos: cómo prevenir el cáncer antes de que aparezca. Descubrimos qué es la biología de la prevención, por qué muchos tumores tardan años en desarrollarse y cómo hasta la mitad de los casos podrían evitarse cambiando hábitos como dejar de fumar, comer mejor o movernos más. También hablamos de cribados, vacunas, microbioma, ejercicio, inmunoterapia y del enorme trabajo que se realiza para acompañar a pacientes y familias cuando más lo necesitan. Además, la AECC pone la mirada en el futuro con una nueva convocatoria de ayudas a la investigación en biología de la prevención, impulsando estudios que buscan adelantarse al cáncer y combatirlo antes de que llegue a aparecer.
Hace entre 420.000 y 240.000 años, en plena sierra de Atapuerca (Burgos), grupos humanos preneandertales protagonizaron una de las formas de caza mejor documentadas del Pleistoceno. Hoy, el investigador de la Universidad Complutense de Madrid, Guillermo Rodríguez Gómez, explica cómo el análisis de los restos hallados en la Gran Dolina revela una actividad humana extraordinaria: en uno de los niveles del yacimiento, más del 90 % de los restos pertenecen a bisontes cazados y procesados con herramientas de piedra. El estudio de al menos 60 animales demuestra que estos pobladores no seleccionaban únicamente presas débiles o enfermas, sino que abatían rebaños completos, probablemente guiándolos hacia zonas peligrosas para capturarlos en grupo. Se trataba de una auténtica estrategia colectiva de supervivencia, que refleja un notable conocimiento del entorno y una organización social capaz de coordinar grandes acciones de caza.
Lo más sorprendente es que estas cacerías no agotaban las poblaciones de bisontes. Los estudios muestran que se trataba de una explotación ecológicamente sostenible, compatible con la recuperación anual de los rebaños.
Una muestra de que, ya en la Prehistoria, aquellos pobladores comprendían su entorno y sabían aprovechar los recursos sin destruirlos.
No sabemos si existe vida más allá de la Tierra, pero, si la hubo o aún persiste en algún rincón del Sistema Solar, uno de los lugares más prometedores para buscarla es Marte. A lo largo de las últimas décadas, numerosas misiones han descendido sobre su superficie y, en la actualidad, dos rovers —Curiosity y Perseverance— exploran regiones donde, en tiempos remotos, abundó el agua líquida, un ingrediente esencial para la vida. Curiosity ha detectado carbono y moléculas orgánicas simples en rocas sedimentarias en el cráter Gale. Sin embargo, estos compuestos no bastan para demostrar un origen biológico. Los análisis indican que esas rocas permanecieron enterradas durante casi toda su historia y solo quedaron expuestas a la radiación cósmica en los últimos 78 millones de años. A partir de esta observación, un equipo de investigadores liderado por María Paz Zorzano (CAB), se planteó una cuestión fundamental: ¿podría el ADN — que es considerado un biomarcador inequívoco de la existencia de vida— resistir las duras condiciones marcianas? Escuchad la respuesta en este nuevo episodio de Hablando con Científicos.
El Premio Nobel de Medicina de 2025 reconoce el descubrimiento de cómo el sistema inmunitario evita atacarnos a nosotros mismos. En este programa de Hablando con Científicos, Jorge Laborda explica que los linfocitos, las células defensivas del organismo, se generan de modo que cada uno posee un “detector” o receptor único capaz de reconocer moléculas. Esto ofrece una ventaja enorme: entre todos esos receptores siempre habrá alguno capaz de detectar cualquier virus o bacteria. Pero también implica un riesgo: a veces, por puro azar, aparece un linfocito cuyos detectores reconocen moléculas del propio cuerpo, lo que podría desencadenar una enfermedad autoinmune. Para evitarlo existen las células T reguladoras, descubiertas por Shimon Sakaguchi, que actúan como una “policía inmunitaria”. Su funcionamiento depende del gen FOXP3, identificado por Mary Brunkow y Fred Ramsdell. Estos hallazgos revelan el delicado equilibrio que mantiene sana nuestra respuesta inmune.
El radón es un gas radiactivo invisible y sin olor que sale de las rocas del suelo y puede colarse en nuestras casas sin que nos demos cuenta. Parece inofensivo, pero no lo es: al respirarlo, libera pequeñas partículas que chocan con nuestras células y rompen sus moléculas, un daño que en algunos casos puede provocar la aparición de cáncer de pulmón. Por esa razón es importante conocerlo a fondo y buscar formas eficaces de eliminarlo antes de que pueda producir daño. Investigadores como Raúl Pérez López, nuestro invitado en Hablando con Científicos, se esfuerzan por estudiar el radón y las formas de evitar recopilar información sobre la geología urbana, es decir, el tipo de roca, la estructura del suelo o fallas tectónicas para elaborar de mapas de riesgo que permitan proteger la salud de las personas de este enemigo invisible.
Jane Goodall fue la mujer que nos enseñó a mirarnos en el espejo de los chimpancés y nos ayudó a reconocernos su reflejo. Gracias a sus investigaciones, hoy sabemos que no solo compartimos con los chimpancés un ancestro común, sino también una cultura, habilidades en el uso y la fabricación de herramientas, y una profunda capacidad de empatía que nos une dentro del mismo tejido de la vida. Los grandes descubrimientos de Goodall tuvieron lugar en Gombe, Tanzania. Gracias a ella, ese lugar es hoy el Parque Nacional Gombe Stream, uno de los espacios más emblemáticos del planeta para el estudio del comportamiento animal y la conservación de los grandes simios. Nuestra invitada, la primatóloga Alejandra Pascual Garrido, trabajó en Gombe con los mismos chimpancés que convivieron con Jane Goodall y compartió con ella —y con ellos— sus investigaciones y experiencias. Hoy, Alejandra Pascual Garrido nos habla de la vida de Jane Goodall.
El protagonista de hoy en Hablando con Científicos es un viejo conocido de todos vosotros: Jorge Laborda. Le hemos pedido que, con su habitual habilidad para comunicar, nos indique el camino para adentrarnos en los secretos de la molécula más fascinante de la vida: el DNA —o ADN, si preferís el término en español —. Tenemos un motivo claro: comentar el contenido del libro más reciente de Jorge: DNA desencadenado. Un libro fascinante en el que nos guía por la historia, la estructura y el sentido universal de esta molécula que almacena la información genética de todos los seres vivos con un alfabeto de solo cuatro letras. Cuatro letras químicas gracias a las cuales es capaz de escribir la infinita diversidad de la vida en la Tierra… y quizá fuera de ella.






hay un paper donde hablan sobre este tema. John P.A. Ioannidis "why most published research findings are false".
Cierta ciencia es uno de mis podcast favoritos de los de ciencia.es
no se entiende nada cuando habla el invitado, una lastima por qué el tema estaba intersante
Excelente programa
Buen canal lo veré manana sin falta