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Hablando con Científicos - Cienciaes.com
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Author: cienciaes.com
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El conocimiento científico crece gracias a la labor de miles de personas que se esfuerzan por encontrar respuestas a los enigmas que plantea la Naturaleza. En cada programa un científico conversa con Angel Rodríguez Lozano y abre para nosotros las puertas de un campo del conocimiento.
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¿Puede una bacteria recordar lo que le ha pasado? Hoy, en Hablando con Científicos, el investigador Iago López Grobas nos lleva al interior —y al exterior— de la bacteria E. coli para contarnos un descubrimiento sorprendente: algunas bacterias guardan una memoria mecánica. Cuando se enfrentan a antibióticos, estas bacterias cambian de forma, se alargan como espaguetis y se doblan. Pero lo más interesante viene después: cuando el peligro desaparece, recuerdan dónde se doblaron y usan esa información para decidir por dónde dividirse. En la charla con Ángel Rodríguez Lozano, Iago L. Grobas se habla de antibióticos, biofilms, proteínas que se mueven como pelotas de tenis, modelos matemáticos hechos con “muelles” y de cómo la forma puede decidir el destino de una célula.
¿Cómo corrían los dinosaurios? ¿Lo hacían siempre de la misma forma o podían cambiar su manera de correr según la situación? ¿Es posible reconstruir esos comportamientos a partir de huellas fosilizadas de hace más de 120 millones de años? Hoy nos adentramos en una investigación que demuestra que las huellas de dinosaurio aún tienen mucho que contar, incluso cuando creemos que ya las conocemos bien. El estudio, liderado por Ignacio Díaz Martínez, nuestro invitado hoy en Hablando con Científicos, explica cómo unas huellas fósiles extraordinarias, conservadas en un yacimiento de La Rioja, están cambiando nuestra forma de entender la locomoción de los dinosaurios. Las huellas corresponden a terópodos que corrían a velocidades cercanas a los 40 km/h. Pero lo más sorprendente no es lo rápido que iban, sino cómo corrían.
Cuando pensamos en una erupción volcánica, solemos imaginar ríos de lava avanzando lentamente por la superficie, arrasando todo a su paso. Sin embargo, buena parte de lo que ocurre durante una erupción permanece oculta bajo una costra aparentemente sólida. Eso es precisamente lo que sucedió durante la erupción del volcán Tajogaite, en la isla de La Palma, en 2021. Un complejo entramado de tubos de lava actuó como una red de “cañerías naturales”, transportando magma a gran distancia del cono eruptivo y aumentando notablemente la peligrosidad del fenómeno. David Sanz Mangas (IGME-CSIC) y uno de los autores del estudio que analiza en detalle cómo se formó y creció este campo de coladas alimentado por tubos durante los casi tres meses que duró la erupción.
Aunque no lo notemos, la Tierra se mueve constantemente bajo nuestros pies. No hablamos solo de terremotos espectaculares, sino de desplazamientos lentísimos —milímetros al año— que deforman la corteza terrestre de manera continua. Uno de los mejores lugares del mundo para investigar estos procesos es la península ibérica y su entorno. Allí confluyen grandes placas tectónicas, pequeños bloques intermedios y una historia geológica extraordinariamente compleja. Precisamente en esta región se centra el trabajo reciente de Asier Madarieta-Txurruka, nuestro invitado en Hablando con Científicos. A partir de su estudio, publicado en Gondwana Research, hablamos de la compleja interacción entre las placas tectónicas de Eurasia y África, del papel del mar de Alborán como laboratorio natural y de cómo la información que proporcionan los terremotos y los satélites nos permite comprender los procesos que suceden en esta zona de colisión.
Cuando pensamos en fósiles humanos, solemos imaginar cráneos, mandíbulas o grandes huesos largos. Pero ¿y si una parte clave de nuestra historia evolutiva estuviera escondida en detalles mucho más pequeños? ¿Y si los huesos conservaran, grabadas en su superficie, las huellas de músculos y ligamentos desaparecidos hace millones de años? Aroa Casado es investigadora en la Universidad de Barcelona y en el Instituto de Arqueología, y acaba de publicar un trabajo que propone algo tan sugerente como revolucionario: reconstruir cómo se movían y utilizaban las manos nuestros antepasados a partir de las marcas que dejaron los ligamentos de la muñeca en los huesos. Aroa nos lo cuenta hoy en Hablando con Científicos.
Cuando se habla de aceleradores de partículas, la imaginación suele llevarnos a enormes túneles subterráneos, experimentos abstractos y preguntas lejanas sobre el origen del universo. Sin embargo, están mucho más cerca de nosotros de lo que podemos imaginar, como explican nuestros invitados en Hablando con Científicos, Núria Fuster y Daniel Esperante, autores del libro Aceleradores de partículas. Del laboratorio a la sociedad.
Ambos entrevistados nos enseñan que, aunque estos dispositivos nacieron para responder a grandes preguntas sobre el universo, hoy en día la mayoría se utilizan fuera de los laboratorios. Gracias a los aceleradores se tratan tumores mediante radioterapia y protonterapia, se fabrican los microchips que permiten el funcionamiento de nuestros teléfonos móviles y ordenadores, y se desarrollan nuevas tecnologías médicas e industriales. Incluso estuvieron presentes en las casas de nuestros padres y abuelos hasta hace muy poco, en el interior de antiguos y voluminosos televisores.
Charlamos con Elena Héliz, oncóloga e investigadora, y Patricia Nieto, de la Fundación Científica de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), para hablar claro sobre un tema que nos toca a todos: cómo prevenir el cáncer antes de que aparezca. Descubrimos qué es la biología de la prevención, por qué muchos tumores tardan años en desarrollarse y cómo hasta la mitad de los casos podrían evitarse cambiando hábitos como dejar de fumar, comer mejor o movernos más. También hablamos de cribados, vacunas, microbioma, ejercicio, inmunoterapia y del enorme trabajo que se realiza para acompañar a pacientes y familias cuando más lo necesitan. Además, la AECC pone la mirada en el futuro con una nueva convocatoria de ayudas a la investigación en biología de la prevención, impulsando estudios que buscan adelantarse al cáncer y combatirlo antes de que llegue a aparecer.
Hace entre 420.000 y 240.000 años, en plena sierra de Atapuerca (Burgos), grupos humanos preneandertales protagonizaron una de las formas de caza mejor documentadas del Pleistoceno. Hoy, el investigador de la Universidad Complutense de Madrid, Guillermo Rodríguez Gómez, explica cómo el análisis de los restos hallados en la Gran Dolina revela una actividad humana extraordinaria: en uno de los niveles del yacimiento, más del 90 % de los restos pertenecen a bisontes cazados y procesados con herramientas de piedra. El estudio de al menos 60 animales demuestra que estos pobladores no seleccionaban únicamente presas débiles o enfermas, sino que abatían rebaños completos, probablemente guiándolos hacia zonas peligrosas para capturarlos en grupo. Se trataba de una auténtica estrategia colectiva de supervivencia, que refleja un notable conocimiento del entorno y una organización social capaz de coordinar grandes acciones de caza.
Lo más sorprendente es que estas cacerías no agotaban las poblaciones de bisontes. Los estudios muestran que se trataba de una explotación ecológicamente sostenible, compatible con la recuperación anual de los rebaños.
Una muestra de que, ya en la Prehistoria, aquellos pobladores comprendían su entorno y sabían aprovechar los recursos sin destruirlos.
No sabemos si existe vida más allá de la Tierra, pero, si la hubo o aún persiste en algún rincón del Sistema Solar, uno de los lugares más prometedores para buscarla es Marte. A lo largo de las últimas décadas, numerosas misiones han descendido sobre su superficie y, en la actualidad, dos rovers —Curiosity y Perseverance— exploran regiones donde, en tiempos remotos, abundó el agua líquida, un ingrediente esencial para la vida. Curiosity ha detectado carbono y moléculas orgánicas simples en rocas sedimentarias en el cráter Gale. Sin embargo, estos compuestos no bastan para demostrar un origen biológico. Los análisis indican que esas rocas permanecieron enterradas durante casi toda su historia y solo quedaron expuestas a la radiación cósmica en los últimos 78 millones de años. A partir de esta observación, un equipo de investigadores liderado por María Paz Zorzano (CAB), se planteó una cuestión fundamental: ¿podría el ADN — que es considerado un biomarcador inequívoco de la existencia de vida— resistir las duras condiciones marcianas? Escuchad la respuesta en este nuevo episodio de Hablando con Científicos.
El Premio Nobel de Medicina de 2025 reconoce el descubrimiento de cómo el sistema inmunitario evita atacarnos a nosotros mismos. En este programa de Hablando con Científicos, Jorge Laborda explica que los linfocitos, las células defensivas del organismo, se generan de modo que cada uno posee un “detector” o receptor único capaz de reconocer moléculas. Esto ofrece una ventaja enorme: entre todos esos receptores siempre habrá alguno capaz de detectar cualquier virus o bacteria. Pero también implica un riesgo: a veces, por puro azar, aparece un linfocito cuyos detectores reconocen moléculas del propio cuerpo, lo que podría desencadenar una enfermedad autoinmune. Para evitarlo existen las células T reguladoras, descubiertas por Shimon Sakaguchi, que actúan como una “policía inmunitaria”. Su funcionamiento depende del gen FOXP3, identificado por Mary Brunkow y Fred Ramsdell. Estos hallazgos revelan el delicado equilibrio que mantiene sana nuestra respuesta inmune.
El radón es un gas radiactivo invisible y sin olor que sale de las rocas del suelo y puede colarse en nuestras casas sin que nos demos cuenta. Parece inofensivo, pero no lo es: al respirarlo, libera pequeñas partículas que chocan con nuestras células y rompen sus moléculas, un daño que en algunos casos puede provocar la aparición de cáncer de pulmón. Por esa razón es importante conocerlo a fondo y buscar formas eficaces de eliminarlo antes de que pueda producir daño. Investigadores como Raúl Pérez López, nuestro invitado en Hablando con Científicos, se esfuerzan por estudiar el radón y las formas de evitar recopilar información sobre la geología urbana, es decir, el tipo de roca, la estructura del suelo o fallas tectónicas para elaborar de mapas de riesgo que permitan proteger la salud de las personas de este enemigo invisible.
Jane Goodall fue la mujer que nos enseñó a mirarnos en el espejo de los chimpancés y nos ayudó a reconocernos su reflejo. Gracias a sus investigaciones, hoy sabemos que no solo compartimos con los chimpancés un ancestro común, sino también una cultura, habilidades en el uso y la fabricación de herramientas, y una profunda capacidad de empatía que nos une dentro del mismo tejido de la vida. Los grandes descubrimientos de Goodall tuvieron lugar en Gombe, Tanzania. Gracias a ella, ese lugar es hoy el Parque Nacional Gombe Stream, uno de los espacios más emblemáticos del planeta para el estudio del comportamiento animal y la conservación de los grandes simios. Nuestra invitada, la primatóloga Alejandra Pascual Garrido, trabajó en Gombe con los mismos chimpancés que convivieron con Jane Goodall y compartió con ella —y con ellos— sus investigaciones y experiencias. Hoy, Alejandra Pascual Garrido nos habla de la vida de Jane Goodall.
El protagonista de hoy en Hablando con Científicos es un viejo conocido de todos vosotros: Jorge Laborda. Le hemos pedido que, con su habitual habilidad para comunicar, nos indique el camino para adentrarnos en los secretos de la molécula más fascinante de la vida: el DNA —o ADN, si preferís el término en español —. Tenemos un motivo claro: comentar el contenido del libro más reciente de Jorge: DNA desencadenado. Un libro fascinante en el que nos guía por la historia, la estructura y el sentido universal de esta molécula que almacena la información genética de todos los seres vivos con un alfabeto de solo cuatro letras. Cuatro letras químicas gracias a las cuales es capaz de escribir la infinita diversidad de la vida en la Tierra… y quizá fuera de ella.
Las abejas, mariposas y otros insectos polinizadores son esenciales para nuestra alimentación y para la salud del planeta. ¿Cuánto espacio natural necesita un paisaje agrícola para mantenerlos vivos? Ignasi Bartomeus, investigador del CSIC en la Estación Biológica de Doñana, participa en un estudio internacional publicado en Science que ofrece una respuesta basada en datos de 19 países. En esta entrevista, Bartomeus explica cómo han identificado los umbrales mínimos de hábitat natural que deben conservarse para que los polinizadores sigan cumpliendo su papel vital. Una conversación que muestra que proteger la biodiversidad no está reñido con producir alimentos, sino que es la única forma sostenible de hacerlo.
¿Qué pensarías si, unos segundos antes de que un terremoto sacudiera la tierra bajo tus pies, un sistema de alerta te avisara de lo que está a punto de suceder? En Hablando con Científicos charlamos con Lucía Escudero, estudiante de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, sobre QuakeUp, un innovador sistema de alerta sísmica temprana capaz de anticiparse hasta 62 segundos a la llegada de las ondas más destructivas de un seísmo. Este margen puede parecer breve, pero es suficiente para que algunas personas puedan buscar refugio, detener servicios críticos o alertar a los equipos de emergencia. A diferencia de los sistemas tradicionales, QuakeUp no solo detecta el epicentro, sino que predice en tiempo real las zonas donde el temblor será más intenso, generando mapas dinámicos que evolucionan segundo a segundo.
El universo que vemos, las estrellas, planetas y galaxias representa solo un 5% de todo lo que existe. El resto está formado por materia y energía oscuras, componentes misteriosos que los científicos intentan comprender. Para enfrentarse a este reto, el consorcio que agrupa a centenares de investigadores alrededor de la misión espacial Euclid de la Agencia Espacial Europea ha creado el mayor catálogo de galaxias simuladas de la historia: 3.400 millones de galaxias virtuales, con cientos de propiedades cada una. Este “universo digital” servirá como banco de pruebas para interpretar los datos que Euclid ya está recogiendo desde su órbita situada a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. El proyecto ha sido liderado por el Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC) donde investiga Pablo Fosalba , nuestro invitado en Hablando con Científicos. Os invitamos a escucharle.
La materia oscura constituye la mayor parte de la materia del universo, pero no emite ni refleja luz, por lo que permanece invisible a nuestros ojos. Solo podemos inferir su existencia por los efectos gravitatorios que provoca. En este episodio de Hablando con Científicos, entrevistamos a José Francisco Zurita, físico teórico e investigador del Instituto de Física Corpuscular (IFIC, CSIC-UV), que nos habla de una nueva estrategia para detectarla. Su estudio propone utilizar un colisionador de muones para buscar un tipo de partículas muy difíciles de detectar, mediante unas señales diminutas llamadas soft tracks (huellas suaves). Se trata de una forma innovadora de explorar modelos como el de la materia oscura mínima y detectar posibles candidatos como el Higgsino. Una conversación apasionante sobre los límites actuales de la física de partículas y cómo la tecnología del futuro podría ayudarnos a resolver uno de los mayores misterios del cosmos.
En el corazón del Neolítico europeo, hace unos 6.000 años, comunidades de agricultores vivieron episodios de violencia extrema que hoy nos resultan tan inquietantes como reveladores. En los yacimientos de Achenheim y Bergheim, en Alsacia (Francia), los arqueólogos han encontrado cuerpos con múltiples fracturas mortales y, de forma aún más sorprendente, brazos izquierdos seccionados que parecen haber sido utilizados como trofeos de guerra. Un estudio reciente, en el que participa el arqueólogo Javier Ordoño, nuestro invitado en Hablando con Científicos, ha combinado técnicas de análisis isotópico en huesos y dientes para reconstruir la vida de aquellas personas: qué comían, de dónde venían y cómo crecieron. Los resultados muestran que muchas víctimas no eran locales, sino enemigos capturados y ejecutados en rituales de celebración de la victoria.
Entre todas las teorías científicas, ninguna ha transformado tanto nuestra visión del mundo como la teoría de la evolución. No solo explica cómo funcionan los seres vivos, sino también nuestro propio origen. Desde las primeras intuiciones de naturalistas como Buffon o Lamarck hasta la obra revolucionaria de Darwin con El origen de las especies, la evolución ha estado en constante debate y renovación. El rechazo inicial a la selección natural dio paso, en el siglo XX, a la teoría sintética que unió genética, paleontología y biología, y más tarde a nuevas propuestas como los equilibrios puntuados de Eldredge y Gould. Hoy, la biología molecular, la genética y la teoría de sistemas complejos siguen ampliando sus horizontes. El paleontólogo Jordi Agustí recorre esta apasionante historia en su libro “Las edades de la evolución”. Descubre sus claves y reflexiones en Hablando con Científicos.
El plástico usado en botellas y envases (PET) tarda siglos en degradarse y contamina mares, ríos y suelos. Pero, ¿y si unas bacterias pudieran comérselo? Manuel Ferrer, nuestro invitado en Hablando con Científicos, es uno de los investigadores del CSIC que, junto a colegas del Barcelona Supercomputing Center, ha logrado enseñar a la bacteria E. coli, muy común en los laboratorios, a degradar plástico. La clave es GenRewire, una técnica que combina inteligencia artificial, supercomputadores y CRISPR, el famoso “corta y pega” genético. En lugar de añadir genes de otras especies, los científicos reprogramaron las propias proteínas de E. coli para que aprendiera a romper el PET. ¿El resultado? La bacteria consiguió deshacer nanopartículas de plástico y transformarlas en compuestos que incluso pueden reutilizarse. Por ahora es solo una prueba de concepto, pero abre un camino fascinante: crear microbios “recicladores” capaces de convertir montañas de residuos en nuevos recursos.






hay un paper donde hablan sobre este tema. John P.A. Ioannidis "why most published research findings are false".
Cierta ciencia es uno de mis podcast favoritos de los de ciencia.es
no se entiende nada cuando habla el invitado, una lastima por qué el tema estaba intersante
Excelente programa
Buen canal lo veré manana sin falta