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Apóstol German Ponce
Apóstol German Ponce
Author: Ebenezer Honduras
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© Ebenezer Honduras
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Nuestro objetivo es que a través de la palabra de Dios, cada uno de los hogares de Honduras y a nivel mundial puedan ser llenos del Espíritu Santo y así poder restaurar hogares y por ende países enteros, presentando no una religión sino un estilo de vida en el Señor Jesucristo.
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La revelación de la voz no es simplemente escuchar un sonido, es discernir la intención y el peso espiritual detrás de lo que Dios comunica. Su voz no solo informa, transforma; no solo instruye, alinea el corazón y redefine el rumbo. Cuando la voz es revelada, el temor se disipa, la confusión se ordena y el propósito cobra claridad, porque donde Dios habla, algo se activa y algo cambia en el interior.
Buscando la unidad implica dejar de lado el orgullo, las diferencias mal manejadas y las divisiones innecesarias para abrazar el diseño de Dios para Su pueblo. La unidad no es automática, se construye con madurez, diálogo y un corazón dispuesto a ceder por el bien común. Allí donde hay unidad, hay fortaleza espiritual, crecimiento y una manifestación más profunda de la gloria de Dios.
Malas compañías no siempre se presentan como algo evidente o peligroso; muchas veces llegan disfrazadas de afinidad, diversión o apoyo momentáneo, pero con el tiempo comienzan a moldear pensamientos, decisiones y prioridades lejos del propósito de Dios. Las relaciones influyen en la dirección del corazón, y aquello que toleramos en nuestro entorno termina afectando nuestra fe, nuestro carácter y nuestra identidad. Reconocer la influencia incorrecta no es orgullo ni rechazo, es discernimiento espiritual para proteger el llamado y preservar el diseño que Dios estableció.
Buscad lo primero no es solo una instrucción, es una invitación a vivir con enfoque eterno. Cuando decidimos poner a Dios antes que las preocupaciones, las urgencias y los temores, nuestro interior se ordena y la fe se fortalece. En ese lugar de prioridad, aprendemos a confiar en que Dios cuida cada detalle de nuestra vida.
La pausa sacerdotal no es retroceso ni pérdida de tiempo, es un acto de sabiduría espiritual. Es detener la prisa para volver a la presencia, silenciar el ruido exterior y permitir que Dios alinee el corazón antes de seguir avanzando. En esa pausa, el alma se ordena, la voz de Dios se vuelve clara y el servicio deja de ser carga para convertirse nuevamente en deleite.
Activar el deleite es volver a colocar a Dios en el centro del corazón y permitir que Su presencia gobierne nuestros deseos, decisiones y pensamientos. El deleite no se activa por emociones momentáneas, sino por una relación viva con el Padre, donde la obediencia se convierte en gozo y la comunión en una fuente constante de vida. Cuando el deleite se activa, el alma descansa, la fe se fortalece y el caminar adquiere dirección y propósito.
La ruta del arca nos muestra que la presencia de Dios no permanece donde no es valorada. Desde el desierto hasta los tiempos de reyes, el arca marcó etapas de dependencia, gobierno espiritual y orden divino. Cada traslado habló de un pueblo aprendiendo a entender que la gloria de Dios no acompaña la desobediencia, pero sí reposa donde hay corazones rendidos y dispuestos a caminar conforme a Su voluntad.
En el Edén devorado se revela cómo el enemigo no siempre destruye de inmediato, sino que primero seduce, confunde y desgasta el deleite que Dios diseñó para el hombre. Cuando el corazón se distrae de la voz de Dios, el Edén comienza a ser consumido silenciosamente, perdiendo pureza, orden y comunión. Sin embargo, Dios sigue llamando al hombre a volver, a reconocer la pérdida y a permitir que Su gracia restaure lo que fue devorado.
Ser llamado a vivir como un hombre es asumir el diseño de Dios con responsabilidad y humildad. No es ausencia de lucha, sino presencia de convicción; no es dureza del corazón, sino firmeza en la fe. Dios forma hombres que saben escuchar, obedecer y actuar con sabiduría, entendiendo que el liderazgo comienza en el interior.
Los deleites prohibidos nacen cuando el corazón busca llenar vacíos fuera de Dios. Lo que comienza como algo pequeño y aparentemente inofensivo puede terminar robando la paz, enfriando la comunión y debilitando la fe. El Señor nos llama a discernir qué placeres edifican y cuáles nos desvían, recordándonos que Su deleite es santo, pleno y eterno.
El bozal espiritual actúa cuando dejamos que las circunstancias gobiernen nuestra confesión. En lugar de declarar lo que Dios dice, comenzamos a repetir lo que sentimos o vemos, apagando la fe y debilitando el espíritu. Quitar ese bozal es volver a confiar en la Palabra, entendiendo que lo que confesamos tiene poder para afirmar procesos y abrir camino a la obra de Dios.
El poder de la gratitud no depende de las circunstancias, sino de una decisión espiritual. Dar gracias en todo nos guarda de la queja, sana el corazón y nos recuerda que Dios está presente incluso cuando no entendemos el proceso. Un corazón agradecido se vuelve sensible a la voz de Dios y aprende a confiar en Su propósito eterno.
El poder de la gratitud transforma la manera en que miramos la vida y la forma en que caminamos con Dios. Cuando agradecemos, aun en medio de procesos difíciles, nuestro corazón se alinea con la voluntad del Padre y reconoce que Él sigue siendo bueno y fiel. La gratitud abre nuestros ojos a Su obrar constante, fortalece la fe y nos permite descansar en la certeza de que todo está en Sus manos.
El deleite de Jehová no está en lo externo ni en la apariencia, sino en un corazón que se rinde con sinceridad delante de Él. Dios se goza cuando caminamos en obediencia, cuando confiamos aun sin entender y cuando decidimos agradarle más que agradarnos a nosotros mismos. En ese deleite nace una relación viva, donde Su presencia nos transforma, nos afirma y nos conduce por sendas de paz y propósito.
Aviva el fuego que sembraste en nosotros desde el primer encuentro contigo. Quita toda frialdad, rutina o conformismo espiritual, y vuelve a encender el deseo profundo de buscarte, escucharte y servirte. Que no perdamos el asombro por Tu gracia ni la dependencia de Tu Espíritu, sino que vivamos cada día con fe activa y expectante.
Dar no siempre es abundancia material, muchas veces es obediencia. De lo que tenemos en las manos, Dios nos invita a entregar con un corazón dispuesto, confiando en que cuando damos desde la fe, Él se encarga de multiplicar lo que rendimos.
En la cruz se encontraron la justicia y la gracia. Lo que el hombre no podía resolver, Cristo lo consumó con Su entrega perfecta, pagando el precio completo por nuestra redención. Allí la condena fue anulada, la esperanza restaurada y la vida nueva puesta al alcance de todo el que cree.
No todo lo que dejamos es pérdida; hay pasos que se sueltan para producir vida y otros que se dejan para no volver a ellos. Caminar con Dios es aprender a discernir qué permanece y qué termina, confiando en que Su dirección siempre nos guía con amor hacia una mayor libertad.
Las decisiones espirituales determinan la dirección de nuestra vida. Cada vez que elegimos obedecer a Cristo, aun cuando no es fácil, alineamos el corazón con Su voluntad. No se trata solo de escoger bien, sino de depender de Dios para discernir, caminar en fe y permanecer firmes en el propósito que Él estableció.
Las incapacidades espirituales no siempre se notan por fuera, pero afectan profundamente el caminar con Dios. Surgen cuando el corazón se desconecta de Cristo, cuando la falta de obediencia, gratitud o dependencia debilita la fe. Sin embargo, Dios no señala para condenar, sino que revela para restaurar. En Él encontramos la gracia que capacita, sana y vuelve a levantar al creyente para vivir conforme a Su propósito.













Dios bendiga grandemente y nos permita seguir llevando su palabra por todo el mundo.
Bendiciones gracias por subir nuevas prédicas.