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¿Qué diferencia hace el evangelio en estos tiempos de pandemia?
El poder del evangelio aminora la gravedad de las circunstancias, magnifica la esperanza de los creyentes y demanda diligencia en testificar de Cristo al mundo.
En estos días hay gente que le tiene pavor al CORONAVIRUS pero no tiene preocupación alguna por su eternidad. Las personas toman todas las medidas posibles y necesarias para evitar el contagio pero bueno sería que así mismo tomáramos todas las medidas necesarias para huir de la condenación.
¿De qué le sirve al hombre si se librare de este virus pero aun así va camino al infierno?
¿De qué aprovechará esta cuarentena en casa si no asegura su lugar en la casa de Dios?
¿Qué diferencia hará si encuentra maneras creativas de pasarla bien en esta tierra si terminará en el lloro y crujir de dientes?
¿Por qué habría de preocuparse tanto por un virus que sólo puede dañar el cuerpo pero se preocupa tan poco de la ira venidera?
Es necesario que aclaremos algunas cosas:
1) Es importante lavarnos las manos con agua y jabón, pero sólo la sangre de Cristo nos puede lavar de nuestra inmundicia.
2) Es bueno protegernos con una mascarilla o cubrebocas pero sólo la justicia de Cristo nos puede proteger de la condenación y el furor del lago de fuego.
3) Es conveniente guardar la sana distancia, pero no aplica para Cristo; acerquémonos a Él ahora que hay tiempo.
4) Es natural preocuparnos por tener comida suficiente ¿Pero dónde hallaremos el pan que sacia el alma y asegura la vida eterna?
Disfrutemos el tiempo en casa, cuidemos tanto como se pueda la salud, pero no dejemos que lo temporal nos distraiga de lo eterno, no basemos nuestra esperanza en la salud temporal, ni hagamos de lo superficial y sin valor nuestro tesoro. Los cristianos vivimos bajo este credo: Vivir es Cristo, morir es GANANCIA.
En medio de las adversidades y los peligros que enfrentamos:
{1} Valoremos que somos afortunados de tener COMUNIÓN con Dios.
{2} Consideremos que la SEVERIDAD del juicio de Dios es terrible (más que cualquier calamidad terrenal)
{3} Confiemos en la PROMESA de galardón y victoria para todo aquel que se rinde y es fiel a Jesucristo.
{4} Atesoremos y Anunciemos el EVANGELIO de Cristo, el Rey de reyes.
Y todo esto será PRINCIPIO de dolores… Mas el que PERSEVERE hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este EVANGELIO del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el FIN. (Mat 24:8-14)
Tribulación, guerras, pestes, hambre, terremotos, catástrofes. ¿Se supone que Mateo 24 es un pasaje alentador o atemorizador? ¿Es la pandemia causada por el coronavirus un evento que la biblia predijo? ¿Estamos viendo el fin del mundo?
La escatología bíblica, el estudio acerca de las “últimas cosas”, se centra en la venida del REINO de Dios, por medio de su HIJO, Jesucristo. El plan de Dios es que su Hijo traiga salvación y juicio, NO en un solo evento, sino diferidos – La primera venida del GRAN REY introdujo el tiempo de GRACIA y salvación. La segunda venida de Jesucristo traerá JUICIO.
Cada día estamos más cerca del DÍA FINAL – pero el fin del mundo NO ocurre por una guerra, o un cataclismo, o una pandemia. El evento que marca el fin de los tiempos es la reaparición de Jesucristo, para juzgar a los vivos y a los muertos.
Los cristianos vivimos entre las dos venidas de Cristo; la primera, en que se ofreció como sacrificio sustitutorio y resucitó de entre los muertos. Y la segunda en que juzgará a los pueblos y hará nuevas todas las cosas. Hasta entonces, cada cristiano debe perseverar en el evangelio de la gracia de Jesucristo.
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”
Desde la cuarentena, estamos estudiando Mateo, capítulo 24 en esta miniserie titulada “PERO AÚN NO ES EL FIN”
EN ESTA PRIMERA PARTE, consideraremos las palabras previas a Mateo 24, como preámbulo para entender ¿Por qué Jesús habló con palabras tan cargadas de reclamo y frustración?
Tres lamentables aspectos de la condición de Israel delante de su Señor: (1) La palabra de Dios ha sido resistida. (2) La bondad de Dios ha sido ignorara, y (3) La presencia de Dios ha sido menospreciada. ¿La iglesia actual será muy diferente a estos pollitos necios?
Sólo hay dos formas de responder al Evangelio; Jesucristo será el objeto de tu mayor aprecio o le ignorarás con tu ruin desprecio. María procedió con aprecio, pero Judas traicionó con desprecio. ¿A quién te vas a perecer? ¿Serás de los que aprecian a Cristo o de los que lo desprecian?
En este episodio hablaremos de:
* ¿Por qué los evangelios no cuentan la historia de Jesús de la misma manera?
* ¿Podemos confiar en el relato de los evangelios a pesar de sus diferencias?
* ¿El ungimiento de Jesús en Bethania ocurrió realmente el miércoles de semana santa?
Además:
* Mateo 26; la historia de la enamorada, el tonto y el Redentor.
* El tesoro escondido y la perla de gran precio.
* Cuatro beneficios que adquirimos por el sacrificio de Cristo: {1} Reconciliación con Dios, {2} Condonación de nuestra deuda, {3} Limpieza de pecado y {4} Bienvenida en el Reino de Dios.
En este episodio hablaremos de:
{1}¿Por qué Jesús se indignó tanto al ver a los mercaderes en el templo?
{2}Qué importancia deberían tener nuestros templos para la devoción cristiana.
{3}¿Transmitimos el sermón desde casa o desde el templo?
{4}El contraste entre la corrupción y la fe cristiana.
{5} ¿Qué dice Dios acerca de la corrupción?
Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.
1 Pedro 2:9
En este episodio presentamos:
*¿Las tradiciones son buenas o malas?
*¿Qué ocurrió en la última semana de Jesús?
*¿Qué significa Hosanna?
*¿Por qué la gente que gritaba ¡Hosanna! terminó gritando ¡Crucifícale!
*Tres realidades que debemos recordar cuando nuestras expectativas NO son cumplidas.
{1] Cristo no está improvisando, él tiene un plan y es perfecto.
{2} Cristo está asegurando nuestra dicha eterna, más que nuestra comodidad temporal.
{3} Cristo es el Rey, su proceder no depende de una consulta popular.
La celebración de SEMANA SANTA este 2020 es particularmente especial ya que nos ha tocado celebrarla en casa, en el aislamiento preventivo debido a la pandemia ocasionada por el virus COVID19. Nos tocará hablar de esto a nuestros hijos y nietos, y sin embargo, no es el evento que marcará la historia, ese mérito le corresponde a otro evento, a una persona; el Hijo de Dios - encarnado, muerto y resucitado para salvarnos y redimir nuestra vida. ESTA ES LA HISTORIA DEL GRAN REY.
Hay 4 realidades que debemos considerar:
1) Estamos viviendo un momento histórico.
2) Nuestra agenda ha sido frustrada.
3) Dios es el Señor y protagonista central de la historia.
4) Esta historia se acerca a su fin.
En medio de la adversidad y a pesar de la precariedad, Dios se mantiene como el fiel proveedor de sus hijos. Tener cada día qué comer es motivo de gratitud y recordatorio constante de la misericordia de nuestro Dios para con su pueblo.
¿Hay pan en tu mesa? ¿Hay gratitud en tu alma?
¡Comer es una experiencia religiosa! Cada bocado será un acto de adoración o un desplante de indiferencia ante el gran Dios.
Una de las principales evidencias de que somos hijos de Dios es el sometimiento a su voluntad.
Romanos 6:22 dice: Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.
La santificación consiste en someternos a Dios para vivir en obediencia y dependencia a SU voluntad.
"Venga tu reino" es el clamor de la creación, es la esperanza de la iglesia y es el terror de los incrédulos.
Cada día que pasa, conforme avanza la historia, se acerca el día final, la consumación de la agenda de Dios, su hijo será exaltado ante toda la creación como el gran REY y toda rodilla se doblará ante Él. Los gobiernos acaban, los imperios colapsan y las fortunas se pierden pero EL REINO de Cristo NO tendrá fin.
Al clamar "Santificado sea tu nombre" estamos renunciando a toda pretensión de grandeza, a toda vanagloria y a toda visión que nos coloque a nosotros mismos en el centro de las cosas, porque reconocemos que toda la gloria sólo la merece nuestro Señor y pedimos que nuestro Padre manifieste su santidad y poder entre los hombres, de manera que todos lo reconozcan como Dios.
Cuando decimos que nuestro Padre Dios "Está en los cielos", estamos hablando de su SUPREMACÍA, su grandeza, su majestad, su soberanía y su magnificencia.
Su GRANDEZA nos llama al asombro, a la dependencia, a la confianza y a la adoración; gente frágil, vulnerable y limitada como nosotros está segura en las manos de un Dios SUPREMO como sólo nuestro Dios lo es.
La expresión "Padre NUESTRO que estás en los cielos" no sólo es la primera parte de esta gran oración, sino el fundamento de nuestra relación con Dios; Él es supremo, poderoso, santo, majestuoso - pero lo sorprendente, y la razón por la que nuestra oración tiene sentido, es que él es NUESTRO.
Belén no fue un accidente, ni un evento improvisado - sino el escenario soberano donde la majestad eterna se vistió de carne sin dejar de ser Dios. Allí, el Altísimo aprendió a balbucear sin perder su autoridad sobre los cielos; allí, el Señor de los ejércitos fue contado entre los pobres para rescatar a los pecadores. En la sencillez de su cuna, Cristo nos revela la inmensidad de Su gracia”.El mundo busca reyes con coronas de oro; Dios nos dio un Rey con corona de espinas. Y ese Rey supremo vino a salvar a su pueblo de sus pecados (Mt 1:21). Navidad es la proclamación de que el Rey ha llegado, y su reino avanza por la gracia que redime y gobierna para siempre.“Un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro” (Is 9:6).
Adviento es tiempo de espera, de anhelo y de esperanza silenciosa. El corazón humano, aun sin saberlo, busca regresar a casa. Muchos suponen que cualquier sendero espiritual conduce a Dios, como si la eternidad fuera un lugar al que se llega por intuición o buena voluntad. Pero la Escritura nos habla con una claridad serena y consoladora.Jesucristo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Esta es una palabra misericordiosa, que nos anima a tomar este único camino, sabiendo que es seguro y suficiente. Dios no dejó a la humanidad perdida en la oscuridad del pecado, ni nos pidió que encontráramos el rumbo por nuestras propias fuerzas. En su amor, Él mismo vino a buscarnos. “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito” (Juan 3:16).La Navidad es la noticia de que el cielo se abrió y el Camino descendió. El Hijo eterno tomó carne para llevarnos al Padre, para restaurar la comunión rota y para introducirnos en su Reino de gracia. “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5). No llegamos a Dios por méritos, ritos o esfuerzos religiosos. Llegamos por Cristo, por su encarnación humilde, por su cruz redentora y por su victoria en la resurrección.Adviento nos recuerda que volver a casa es posible - El camino de vuelta a Dios está abierto. En el Niño del pesebre, Dios nos ofrece perdón, vida y comunión eterna. No hay otro camino, pero hay uno suficiente. Y ese Camino tiene nombre: Jesucristo, el Señor.
Cuando Juan confiesa que Cristo es el “Hijo unigénito” (Jn 1:14, 18), no está diciendo que Dios no tenga más hijos, sino que no tiene otro como Él.Porque, sí: Dios tiene muchos hijos. A los que creen, “les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn 1:12). Somos hijos por adopción, no por naturaleza. Hijos por gracia, no por esencia. Hijos hechos, no Hijo eterno. Y ahí está el punto que incomoda al orgullo religioso y al sentimentalismo teológico.Jesús es único en dignidad: “el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia” (Heb 1:3).Único en perfección: “santo, inocente, sin mancha” (Heb 7:26).Único en grandeza: “para que en todo tenga la preeminencia” (Col 1:18).Y, sobre todo, único en su oficio. Ningún redimido media; ninguno redime. “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Tim 2:5). Él no comparte ese cargo; no tiene suplentes ni aprendices. “No hay otro nombre bajo el cielo… en que podamos ser salvos” (Hch 4:12).
EN ESPERA DE UN SEGUNDO ADVIENTO“He aquí vengo pronto…” (Ap 22:12)La primera venida del Señor fue silenciosa, envuelta en pañales y recostada en un pesebre. La segunda no tendrá nada de silenciosa. Y gracias a Dios por ello. El mundo —con toda su fanfarronería secular— necesita un Rey que ponga las cosas en su sitio. Y la Iglesia —con toda su debilidad peregrina— anhela al Pastor que enjuga lágrimas, corrige al soberbio y afirma al humilde. El Adviento nos recuerda que Cristo vendrá otra vez. No “quizá”, no “si el mundo mejora”, no “si la humanidad está lista”. Vendrá porque lo prometió. Y cuando Él promete, cumple.CRISTO VOLVERÁ COMO REY VICTORIOSO “El Señor mismo… descenderá del cielo” (1 Ts 4:16). No es metáfora, ni poesía; es la certeza que sostiene a los santos. El Cordero que una vez fue desechado volverá como León. Su corona ya no será de espinas, sino de gloria. Los poderes que hoy se burlan de la verdad quedarán mudos ante su aparición. Como dijo Agustín, “el mismo Juez que fue juzgado volverá para juzgar”. Y sí, muchos tiemblan al pensar en ese día; los creyentes, en cambio, lo esperan como quien espera al ser amado que ha partido por un tiempo.El segundo Adviento no es el “final del mundo” como lo pinta Hollywood, sino el inicio del mundo que Dios siempre prometió. Es la irrupción gloriosa del Rey que viene a terminar su obra. Y aunque el secularismo trate de convencernos de que la historia se mueve sin rumbo, la Iglesia sabe que la historia tiene dirección, propósito y destino: Cristo sumará todas las cosas en Él (Ef 1:10).LA CREACIÓN SERÁ LIBERADA DE CORRUPCIÓNPablo nos recuerda que “la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción” (Ro 8:21). Eso significa que la naturaleza —esa misma que gime bajo terremotos, enfermedades, maldad y muerte— será transformada. No habrá más cardos ni espinas, ni la sombra de la muerte rondando cada rincón del mundo creado. Por fin veremos lo que debía ser desde el principio: una creación que canta al Creador sin disonancias ni fracturas.El humanismo secular sueña con “salvar el planeta”, pero no puede salvarse ni a sí mismo. Cristo, en cambio, no solo salvará a su pueblo: restaurará el escenario entero donde su pueblo vivirá. No es un “escape al cielo”, sino un cielo nuevo y una tierra nueva (Ap 21:1). La redención no es un plan de rescate improvisado; es el plan eterno donde Dios recupera lo suyo, rehace lo roto y embellece lo que siempre fue bueno.HABRÁ GOZO ETERNO Y ALIVIO EN CRISTOJuan oye al Señor declarar: “He aquí, hago nuevas todas las cosas” (Ap 21:5). No algunas, no la mayoría, sino todas. Y en ese todo estamos nosotros. El Adviento nos empuja a mirar más allá de nuestros cansancios, dolores, pérdidas y frustraciones. No porque debamos ignorarlos, sino porque Cristo los sanará definitivamente.No habrá más duelo, ni clamor, ni dolor (Ap 21:4). La tristeza dejará de ser compañera de vida. El pecado dejará de sabotear nuestros mejores deseos. La muerte dejará de reírse de nosotros. Y el gozo no será un relámpago pasajero, sino un sol permanente.La promesa es clara: estaremos “siempre con el Señor” (1 Ts 4:17). Esa es la dicha eterna. No la eternidad en abstracto, sino la eternidad con Él. Ningún filósofo antiguo ni moderno ha logrado construir una esperanza más sólida. Ningún sistema secular ha podido ofrecer una alegría que no se desvanezca. Cristo sí. Él no da placebos emocionales, da vida verdadera.Y así, mientras esperamos, vivimos EN CRISTO - no con ansiedad desordenada, sino con la expectación de quienes conocen el final de la historia. Somos como peregrinos que oyen, desde lejos, la voz del Maestro diciendo: “He aquí vengo pronto…”. Y nosotros respondemos: “Amén; sí, ven, Señor Jesús” (Ap 22:20).
¿Sabías que Apocalipsis nos narra el día final desde siete perspectivas? Es como si se hubiera grabado el día final desde siete cámaras; siendo cada una, un ángulo distinto del mismo evento - para unos será glorioso, para otros será espantoso; para Cristo será victoria, para el dragón será derrota - para los redimidos será reposo, para los no arrepentidos será tormento ¿Desde qué ángulo serás testigo del día final?
Hay escenas en la Escritura que destilan poesía, guerra y evangelio al mismo tiempo. Apocalipsis 12 es una de ellas. Allí vemos a una mujer luminosa, un dragón sediento de sangre y un niño que, para sorpresa del infierno entero, derrota sin espada, sin ejército y sin ruido… simplemente naciendo. El dragón esperaba un combate; Dios envió un bebé. Así es como el Señor suele humillar las arrogancias cósmicas: con ternura que desarma tiranos, con debilidad que pulveriza imperios, con vida que cancela la muerte.
Creo en DIOS, porque los cielos cuentan su gloria ¿Acaso hay otra explicación para tanta perfección y belleza en la creación?, Creo en DIOS, porque la Biblia testifica de Él ¿Existe otro libro que pueda infundir paz, gozo, certeza y fortaleza? Creo en DIOS pues la vida sin él está vacía, las noches sin él no tienen descanso, el alma sin él desfallece en hambre y sed. Pero creo en DIOS, quien da la vida, quien sirve el pan en mi mesa, quien guarda mis pasos, quien redime mi alma, el DIOS que no miente ni falta a sus promesas, el DIOS que perdona y otorga gracia, sin límite de horario, sin imposible que se le oponga, lleno de gloria, grande en misericordia, sublime en los cielos, presente en nuestras vidas, soberano sobre todo ¿No es acaso el Dios que necesitamos?























