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Qué Conoces de Misiones, tu provincia.

Author: Rolo Capaccio

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“Qué conocés de Misiones, tu provincia”, es un breve espacio radial
creado por el profesor Nicolás “Rolo” Capaccio, para FM Show, con el
propósito de recordar y descubrir cosas de esta provincia nuestra,
poseedora de una cultura tan particular por lo variado de sus
manifestaciones, siempre con el propósito de que al escucharlo, el
misionero vuelva a emocionarse con lo que le resulta conocido, o se
sorprenda con algo nuevo de ella y acreciente, siempre, su sentido de
pertenencia.
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Hoy en este espacio sobre lo que conocés de misiones. Vamos a comentar algo acerca de esa costumbre misionera que se expandiera desde hace siglos por buena parte de la América del Sur y del mundo, como es el hábito del mate. Pero en particular comentaremos sobre un elemento de ese ritual cotidiano como es el uso de la bombilla. ¿Cómo sabemos a la mayor parte de los extranjeros les causaba repulsión ver a los criollos tomar mate compartiendo la bombilla? Pero la bombilla es un elemento creado mucho después de que existiera el mate ya el jesuita Antonio Sepp cuenta que a él le causaba repulsión beber de la misma calabaza que usaban los indígenas y que se iban pasando por turno hasta acabar el contenido. Y otro jesuita, Florián Paucke, describe cómo la gente humilde tomaba la infusión con una calabaza cortada al medio, mientras que con el labio superior impedían que la hierba pasara a la boca, sorbiendo la entre los dientes. Fueron entonces los españoles adictos al mate desde que llegaran y para sortear esta incomodidad, los que introdujeron primero una especie de cuchara llamada apartador, con la cual contenía la yerba mientras ingerían el agua. Hablamos del agua fría, o sea. El primitivo Mateo tereré y más tarde comenzó a popularizarse. Entre la gente más acomodada, pero ya aficionada al hábito del mate.Una especie de vaso de barro cocido llamado bernegal alargado y ancho, con un pico ligeramente ondulado que filtraba la yerba con el tiempo, especialmente en los centros urbanos ocurren dos cambios en la práctica de esta costumbre comienza a tomarse el mate. Caliente y se. Introduce el uso de la calabaza pequeña, lo que dio lugar a que el apartador fuese sustituido por un elemento. A través del cual pudiera absorberse la infusión y que a la vez filtrada la yerba y es el padre Florián Paucke, quien justamente lo describe así, se valían, dice, de un cañito de plata de un Gene de largo llamado bombilla, que tiene abajo un botón redondo hueco perforado por completo por pequeños agujeritos, aunque según el jesuita dobrizhoffer llegaba también a usarse para la succión. Seguramente entre los menos pudientes, un cañito de madera o alguna caña, según investigadores como el santafesino.Sí.La patagonian tanto el apartador como el bernegal se siguieron usando aún cuando ya era generalizado el uso de la bombilla. Pero sin duda la practicidad de esta hizo que se impusiera con el tiempo y se convirtiera muchas veces en un objeto preciado y valioso, confeccionado muchas veces con plata y oro, aunque seguirán conviviendo con aquellas otras dilata. Pero más allá de la calidad de las bombillas, lo que terminó imponiéndose en el hábito del mate fue el ritual de compartirlo la del cebador, siguiendo la rueda de tomadores, sorbiendo todos del mismo pico, venciendo de ese modo los prejuicios que acompañaron a esta costumbre. Y así ve en las mis. La costumbre del mate tan propicia para reforzar los vínculos sociales y afectivos y un tema para recordar cuando te toque a ir a comprar una nueva bombilla.
SANTIAGO DE LINIERS

SANTIAGO DE LINIERS

2025-03-1705:09

Hoy en este espacio dedicado a qué sabés de Misiones, vamos referirnos a un personaje cuyo nombre lleva una localidad misionera: Santiago de Liniers. Un municipio en el departamento de Eldorado.Por lo general asociamos el nombre de Liniers con un barrio populoso de la ciudad de Buenos Aires, o lo vinculamos con las invasiones inglesas de 1806 y 1807, ya que en esas jornadas Liniers fue el héroe que rechazó a los ingleses, pero aquí, en nuestra provincia, la localidad que lleva su nombre lo hace porque Santiago de Liniers ocupó el cargo de Gobernador Político y Militar de las Misiones entre 1802 y 1804.Pero veamos un poco quién fue este personaje de tanta trascendencia en la historia argentina.Santiago de Liniers nació en Francia, en 1753 en el seno de la nobleza de ese país, y siendo muy joven ingresó en la carrera militar. Pero, por acuerdos de aquella época, los franceses podían participar en las campañas militares de España en igualdad de derechos y obligaciones que los españoles, de modo que por el resto de su vida profesional habría de estar, no obstante ser francés, al servicio de la corona española.Es así que en 1776 llega por primera vez al recién creado Virreinato del Río de la Plata y participa en algunas acciones militares contra los portugueses. Luego regresa a España, donde prosigue su carrera militar y doce años más tarde, en 1788 es enviado nuevamente a Buenos Aires para organizar una escuadra. Llega acompañado por su esposa y un hijo, pero a poco fallece su mujer y tres años más tarde contrae matrimonio nuevamente con una criolla de la sociedad porteña. Cabe recordar que por ese entonces, a comienzos del siglo XIX, la región misionera se hallaba convulsionada por los ataques portugueses a los pueblos de fronteras, y ocurre que el gobernador de las Misiones renuncia a su cargo para ir a organizar un regimiento en Montevideo. Entonces, el Virrey del Pino le solicita a Liniers, en 1802, hacerse cargo de esta gobernación. Cargo que acepta en calidad de Gobernador interino de las Misiones de Guaraníes y Tapes, y para lo cual viaja a Candelaria, capital de las Misiones por entonces, acompañado por su familia, con un sueldo de capitán de navío, que era el que tenía y que se le mantiene ya que era superior al de gobernador interino.Dos años permanece Liniers como Gobernador de las Misiones y en el regreso a Buenos Aires, posiblemente a causa de una epidemia a bordo de la embarcación que los lleva, fallece su esposa en el momento de dar a luz una criatura que logra sobrevivir.Con esto se cierra el capítulo de Santiago de Liniers vinculado a las Misiones. Luego, como dijimos, su carrera militar tendrá un notable protagonismo durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807, después de las cuales será nombrado por el pueblo Virrey de Buenos Aires. Pero, luego de 1810, prisionero en Córdoba por no adherir al gobierno revolucionario de Buenos Aires y permanecer fiel a la corona española, será fusilado junto con otros contrarrevolucionarios.Hoy su nombre perdura, honrado, en esta localidad Misionera.
Hoy, en este espacio acerca de lo que conocés de Misiones, vamos a referirnos al Primer Concejo Municipal de la ciudad de Posadas, cuando todavía no llevaba este nombre y era una pequeña población levantada sobre un sitio en la costa del Paraná conocido, desde la época jesuítica, como Itapuá, con una fuerte presencia del Paraguay, al punto de ser conocido el lugar como… Trinchera de los Paraguayos. Pero, una vez terminada la Guerra de la Triple Alianza, en 1870, el gobierno de Corrientes, provincia a la cual se encontraba anexada Misiones, decide crear el departamento de Candelaria con capital en ese pequeño poblado conocido como Trinchera de San José, y donde habrían de residir sus autoridades.Ya el año anterior, en 1869, los vecinos de Trincheras de San José le habían solicitado al gobierno de Corrientes se hiciera el deslinde y la mensura de este sitio, y de ello se ocupó el agrimensor Lorenzo Lezcano, que trabajó hasta 1871, cobrando quinientos pesos fuertes para delinear y amojonar lo que era Trincheras de San José y sus ejidos. El pueblo quedo así dividido en manzanas de cien varas de frente, separadas por calles de veinte varas de ancho. Se destinaron los lugares convenientes para las plazas públicas, las chacras, de cuatrocientas varas cada una, separadas por calles de treinta varas, y se dejó sobre la ribera del Paraná, en toda la extensión del pueblo, una vía pública de sesenta varas de ancho.Lo que sería con el tiempo la ciudad capital quedó entonces mensurada, con una activa vida comercial y dos escuelas, una para varones, dirigida por don José Montero que falleciera al poco tiempo, siendo reemplazado por Ramón García, y otra de niñas, a cargo de Amalia Vera.En 1872 el gobierno de Corrientes convocó a elecciones para designar las autoridades comunales de Trinchera de San José, y ese mismo año quedó constituido el primer cuerpo municipal, resultado como Presidente Don Francisco Lezcano (ausente en ese momento ) y como vice Don Alfonso de Arrechea. También se organizaron las diversas comisiones, con Ramón García como Síndico Procurador; Leonardo Troassi para higiene, para instrucción Pública don Eugenio Ramírez y para Tesorero, Alfonzo de Arrechea (hijo)Ese primer Gobierno Municipal tomó las medidas iniciales referidas al reparto de tierras, el abastecimiento de carne en la población y la prohibición de portar armas ofensivas dentro del perímetro de Trincheras de San José.Algunos años después, en 1879, fue presentado un proyecto a la Legislatura de Corrientes para cambiar el nombre de Trincheras de San José por el de “Manuel Belgrano”, pero esto ocasionó una discusión entre los diputados hasta que se propuso el de “Posadas”, en reconocimiento al Director Supremo que, 1814, había dispuesto, por decreto, la creación de la provincia de Corrientes.Es así que en el Acta Municipal del 13 de octubre de 1879, aparece por primera vez la denominación de “Posadas” para la ciudad, un cambio que sin embargo tardó en imponerse en las costumbres de sus habitantes, ya que por largo tiempo siguieron denominándola como Trincheras de San José cuando, en realidad, ya se llamaba Posadas.
AMADEO BONPLAND

AMADEO BONPLAND

2025-01-2705:15

Hoy, en estos temas acerca de lo que conocés de Misiones, vamos a referirnos a una personalidad cuyo nombre lleva una localidad de larga historia. Nos referimos a Bonpland, un municipio  en el departamento de Candelaria que fuera creado allá por 1929. Esta localidad lleva el nombre de uno de los  naturalistas más importantes del siglo XIX y que mucho tuvo que ver con Misiones. Amado Bonpland nació en Francia, en 1773, y siendo joven, en su condición de médico y botánico, acompañó al sabio Humboldt en un viaje a Sudamérica donde juntos realizaron exploraciones científicas del más grande valor y reconocimiento. Luego, hacia 1816, conoció en Europa a Bernardino Rivadavia, que lo entusiasmó con el porvenir de los países del Río de la Plata, que en esos momentos estaban luchando por su independencia,  y se embarcó para estas tierras  en las que  permanecería hasta su muerte, en 1858. Pero veamos qué sucedió con Bonpland una vez llegado a Buenos Aires. En esa ciudad permaneció un tiempo, pero su intención era viajar al Paraguay, atraído por la selva, en su condición de naturalista y especialmente de botánico, de modo que se embarcó para Corrientes donde mantuvo una entrevista con el caudillo entrerriano Francisco Ramírez, creador en esos momentos de la efímera “República Entrerriana” a la que perteneció Misiones, y el Supremo Enterriano le pide que desde Corrientes se llegue hasta los antiguos pueblos jesuíticos  con el objeto de explorar los antiguos yerbales para ver cómo recuperarlos y determinar la cantidad de yerba que aún se podía extraer, ya que la yerba constituía un rentable negocio en ese tiempo.  A cambio de esto lo autoriza a establecerse en el lugar que más le gustara y desarrollar su propio emprendimiento. Es así que Bonpland viaja de Corrientes a Misiones y  deja testimonio, por ejemplo, en Candelaria, del gran partido que se puede sacar todavía por la abundancia de naranjos, durazneros, maderas y piedras buenas para edificar, así como de los yerbales plantados por los jesuitas. Luego visitará Loreto, también San Ignacio, pueblos de los que dejará un invalorable testimonio con las detalladas descripciones de cómo los encuentra, pero, es en Santa Ana donde decidirá quedarse para residir e iniciar allí el proyecto de una colonia agrícola. Pero cuando  comienza a trabajar en esto ocurre algo inesperado: Por orden del Dictador Supremo del Paraguay, Gaspar Rodríguez de Francia es tomado prisionero, allí en Santa Ana, ya que se lo presuponía un espía, y es trasladado a cercanías de Asunción en calidad de preso, permaneciendo en esa condición cerca de diez años. Una prisión vigilada en un pequeño pueblo que le permite, no obstante, continuar con sus investigaciones científicas. Liberado al cabo de ese tiempo, pero ya no tan joven, regresará a Corrientes, donde el gobernador de aquel entonces le concederá una propiedad cercana a lo que es hoy Paso de los Libres, en la pequeña localidad de Santa Ana (hoy Bonpland) donde se afincará hasta el fin de sus días, pero sin dejar su pasión por investigar y clasificar las especies sudamericanas. Hoy, esa localidad correntina, lo mismo que la misionera, llevan el nombre de Bonpland en homenaje al célebre naturalista.      
Hoy en este espacio referido a lo que conocés de Misiones, vamos a nombrar algunas especies naturales que por su valor, son considerados Monumentos Nacionales. Esta categoría de Monumento Nacional no sólo abarca especies animales y vegetales, sino que se extiende también a otros elementos, como determinados lugares, que han adquirido esa categoría por su trascendencia geológica, arqueológica, paleontológica o de valor histórico, estético o simbólico, y están protegidos por Ley. El listado de Monumentos Naturales es extenso, pero, en este caso, sólo mencionaremos algunas especies animales, habitantes de lo que resta de la selva misionera, esa selva que antaño se extendiera ampliamente por Brasil, Argentina y Paraguay y que hoy, por el desmonte a lo largo de años, corren serio peligro de extinción y que es preciso proteger. En primer lugar tenemos el yaguateré, que es el felino más grande de América, nombrado vulgarmente como “el tigre” o “el bicho”. Animal que puede llegar a más de 140 kilos y comportarse como un caminador incansable del monte, predador de especies como el anta, las corzuelas, carpinchos y otras especies incluyendo peces, ya que es buen nadador y gusta de meterse en el agua. El anta o tapir, el mboreví en guaraní, mamífero de gran peso y tamaño con su nariz que se prolonga en forma de trompa, alimentándose de plantas y frutos del monte. El Oso hormiguero o tamandúa, con su pelaje duro y trompa alargada de la que emerge una larguísima lengua con la cual atrapa las hormigas y termitas que son su sustento. El Carayá pitá o mono aullador, que se alimenta de hojas y frutos como el pindó y que en grupo suele aullar hasta ser sentido a gran distancia. El Aguila harpía, de hábitos nocturnos, que es una de las águilas más poderosas que existen. El Lobo Gargantilla, o lobito de río, esa nutria de gran tamaño que habita los ríos y arroyos alimentándose de pescado. El Zorro Pitoco o zorro vinagre, por su color rojizo, recorredor del monte en grupos cerca del crepúsculo. El Charao o loro de cara roja, habitante de los bosques de pino Paraná así como el Maracaná afeitado o loro de lomo rojo que en pequeños grupos vive cerca de los arroyos. El Pato serrucho, con su característico pico largo y aserrado volando a ras del agua y el Tucán Grande, con su colorido pico que es el ave emblemática del monte misionero. Todas estas especies abundaron en la selva altoparanaense. Sus vidas estuvieron ligadas a la selva, pero algunos hombres, como depredadores fueron dañando para su provecho el ecosistema y hoy apenas si queda, para las futuras generaciones, una muestra de estas especies animales en serio riesgo de desaparecer. Por supuesto están también las especies vegetales en peligro y a ellas haremos referencia en otra ocasión. Todo conformó un conjunto natural que es necesario salvaguardar ahora antes de que se extingan para siempre, y esto de declararlas Monumento Natural, aunque en forma tardía, es al menos un paso.Ojalá puedan preservarse éstas y algunas otras de tantas especies del monte nativo, y antes que de que sea demasiado tarde.
LA TIERRA PROMETIDA

LA TIERRA PROMETIDA

2025-01-1305:00

Hoy en este espacio acerca de lo que conocés de misiones, vamos a ilustrar sobre una expresión que se escucha con mucha frecuencia en la provincia y es aquella, mi familia es de origen alemán brasilero, por supuesto, con ello se hace referencia a aquellos inmigrantes europeos que se radicaron primero en Brasil, pero que luego ya asimilados a la cultura de ese país, por algúna razón por lo general política o económica, debieron a volver a emigrar para radicarse en Misiones. Y para esto nada mejor que basarnos en un ejemplo concreto de cómo ocurrieron esos traslados, como lo es la experiencia de Lidia Bischoff de Puerto Rico, narrada en su libro La tierra elegida. Bischoff cuenta que hacia 1918 su familia radicada en San Leopoldo, Brasil, ante la incertidumbre de la situación política vivida en aquel país. Y, en contacto con Carlos Culmey que trabajaba para una empresa colonizadora, decidieron trasladarse a misiones en busca de un futuro mejor. Y continúa la historia….
LA LLEGADA A POSADAS

LA LLEGADA A POSADAS

2024-12-1604:47

Mucho antes de que se establecieran los sistemas de carreteras que hoy surcan la provincia y de que existiera el aeropuerto de Iguazú, que permite el arribo de viajeros de cualquier parte del mundo a ese punto tan particular y tan famoso de misiones. La puerta de entrada a este territorio era la ciudad de Posadas, a la que se arriba indefectiblemente por el río Paraná y a partir de 1912 en ferrocarril, pero ni siquiera el acceso por el río era sencillo, ya que una vez establecidas las líneas regulares de navegación. Los barcos remontaban el río hasta la ciudad de corriente. Es. Allí se trasbordaba otra nave de menor calado hasta Posadas y desde esta ciudad, cuando las cataratas comenzaron a ser visitadas a otro vapor que remontaba el último tramo del trayecto. Lo que alteraba la regularidad de los arribos de las naves eran las crecidas o bajantes del río, pero en especial un punto resultaba decisivo. Los altos de a p algo más arriba de la ciudad de Ituzaingó, donde ahora está instalada la represa de jazz. Cuando el río estaba en bajante, las embarcaciones solo llegaban hasta Ituzaingó. Allí debían esperar sin saber cuánto tiempo y los pasajeros que tenían apuro debían proseguir el viaje por tierra. Para eso, un español residente en ese lugar disponía de un servicio de diligencias con las cuales traía hasta Posadas a los viajeros. Pero escuchemos lo que nos dice de este servicio. Alejo Peyret, hacia el año 1880, enviado por la oficina de tierras y colonias para informar sobre las localidades más convenientes para la colonización de esta zona y cuando Posadas era todavía la trinchera de San José, este viajero nos cuenta careciéndose de fuerza motora suficiente para la navegación de esos parajes que no se atreven a pasar la corredera de apipé. Los barcos fondean en el Arenal de Ituzaingó. Tengo hay pues que subirse luego a la diligencia de colmeiro, un español bizarro y de muy buena voluntad con el que simpatizan todos los pasajeros, pero que con toda su buena voluntad colmeiro no puede hacer que los caminos no sean abominables en la arena, el barro y los bañados de la gran Laguna, donde hay forzosamente que caminar al tranco para no irse a pique en las zanjas, los arroyos pedregosos y en todos los accidentes de esa naturaleza primitiva. Luego hay que llevar provisiones de boca porque en el camino no se encuentra dónde comer, ni aún con dinero y hay que dormir a mitad de camino en un rancho de mala muerte y fastidiarse luego en las postas mientras vienen o no vienen los caballos. En resumidas cuentas, hay que gastar 2 días para andar 22 leguas. Y con la llegada a la trinchera de San José, concluyen para el viajero las comodidades y el confort de la vida civilizada. Desde allí en adelante ya no hay siquiera diligencias ni coches, solo carretas de bueyes y qué caminos, porque si llueve, todo se vuelve intransitable. Testimonios de otras épocas para recordar en estos tiempos de viajes confortables, con horarios de salida y arribo y dificultades allanadas.
ARISTBULO DEL VALLE

ARISTBULO DEL VALLE

2024-11-0405:12

Hay en este espacio. Sobre lo que conoces de misiones. Vamos a referirnos al personaje cuyo nombre lleva una importante localidad misionera, Aristóbulo del Valle, un municipio en el departamento Cangas, en la intersección de las rutas Nacional 14 y la Provincial siete. Conocido ya por ese nombre desde al menos 1921, cuando comienzan a subdividirse las tierras de la Colonia. Pero lo que nos interesa es saber acerca de Aristóbulo del Valle, un personaje del siglo 19 que se desempeñará a lo largo de los 50 años, que vivió como abogado político y profesor universitario de Derecho Constitucional. Aristóbulo del Valle nació en la ciudad de Dolores, provincia de Buenos Aires en 1845, pero radicado desde niño en Buenos Aires, pudo así estudiar hasta ingresar en la Facultad de Derecho, donde tuvo como compañero de facultad y luego como compañero de toda la vida a Leandro N. Alem. La conjunción de estos dos personajes no sería casual, ya que ambos se potenciaron a lo largo de sus vidas en sus capacidades de oratoria, de interés político, con vistas a transformar la realidad de aquellos tiempos en lucha contra el régimen conservador y en proponer salidas políticas democráticas y populares que los llevaron a la fundación del Partido Republicano en 1877. Precursor de lo que sería más tarde la Unión Cívica y luego Unión Cívica Radical. Pero volviendo a la vida de Aristóbulo del Valle, digamos que fue adherente al Partido Autonomista que lideraba Adolfo Alsina en 1868 y a los 25 años elegido diputado constituyente de la provincia de Buenos Aires en 1873, diputado nacional junto con Leandro Alem, y poco después renunciaría a la Diputación para asumir el cargo de ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires. Mientras tanto, paralelamente a su intensa actividad política, seguirá siendo profesor universitario y sus clases en la Cátedra de Derecho Constitucional. Por sus dotes de oratoria y lo brillante de sus exposiciones, serán tan famosas que, aparte de los alumnos, reunirán en ellas al público en general que acudía para oír sus exposiciones. Por supuesto, cuando ocurren los sucesos de 1008 90, es decir, la revolución de ese año contra el presidente Juárez Elman del Valle, tendrá un protagonismo intenso en aquellos sucesos y en el gran acto de inauguración de la Unión Cívica de la Juventud, el 1 de septiembre de 1008 90 será uno de los principales oradores. Si bien este levantamiento de 1008 90 conocido como la revolución del Parque, fracasó. Las cosas ya no volverían a ser como antes, porque el presidente conservador Juárez Gelman, renunció y Del Valle actuó integrando la Junta revolucionaria que presidía Leandro Alem, impulsando una postura moderada de negociación con Carlos Pellegrini, algo que lo distanciada de Alem, su compañero de lucha. No obstante, su participación política seguirá siendo de la mayor intensidad, lo mismo que su producción intelectual, ya que Público varias obras de derecho constitucional finalmente fallece en 1896, despedido por las más grandes personalidades de la época y hoy su nombre, vinculado para siempre a los valores de la democracia, lo perpetúa esta próspera localidad misionera.
Hoy, en este espacio acerca de lo que conoces de misiones, vamos a referirlos a una gran fábrica que existió en este territorio en las últimas décadas del siglo XIX y que fuera, tal vez, el primer gran emprendimiento industrial de la región. Se trata del ingenio azucarero levantado por el gobernador del territorio, Rudecindo Roca, en la desembocadura del arroyo San Juan, próximo a Santa Ana. En un documentado libro sobre la colonización suiza en misiones, el historiador Luis Carlos Ortiz hace referencia a este emprendimiento basándose en los testimonios que, en aquella época, dejaran los viajeros Holmer y Ambrosetti y nos cuenta que esta fábrica, de la que en la actualidad quedó sólo la antigua chimenea sobre la margen izquierda del Paraná y muy cerca de la desembocadura del arroyo San Juan, estaba preparada para producir grandes cantidades de azúcar, aguardiente y alcohol. Para ello se habían plantado 300 hectáreas con caña de azúcar y la inversión monetaria hecha para levantar las instalaciones, montar las máquinas traídas de Francia e instalar una locomotora docavil de trocha angosta con 40 vagones, superaba cualquier otra inversión que en aquellos tiempos, hablamos de 1883, se hubiese hecho en las misiones. La fábrica era muy moderna, pero la mano de obra empleada para las más rudas tareas estaba a cargo de indígenas pampas, de huelches, tobas y matacos, tomados como prisioneros en las expediciones punitivas llevadas a cabo por el ejército en aquellos tiempos en diversas zonas del país y, por supuesto, todos estos indígenas trabajaban sin remuneración alguna en este establecimiento. Era un total de 300 indígenas que trabajaban allí en condiciones de prisioneros de guerra, algunos con mujeres e hijos. Nos cuento Ortizque, cerca del Ingeño Azucarero, en dirección a la Ribera del Paraná, se encontraba el Barrio de Viviente, obilla de la peonada, aledaño a la fábrica y en lugar cercano se levantaban las chozas de los índios tobas, matacos y pampas que trabajaban en la cosecha de la caña de azúcar y los visitantes se acercaban a ellos para conocer sus costumbres y tomar algunas fotografías. También entre la fábrica y los ranchos de los peones, paraguayos y criollos de la zona, estaba la cantina donde se abastecía el personal del ingenio de víveres, utensilios, alimentos y ropa y esta industria azucarera promovió la instalación de comercio en Santa Ana donde crecía día a día el número de habitantes. La safra comenzaba en el mes de mayo y terminaba en octubre y la fábrica producía hasta 500 mil kilos de azúcar y 400 mil litros de alcohol al año superando hacia el año 1887 las producciones de Santiago del Estelo y Tucumán. Por supuesto la condición de sometimiento en la que vivían los índios dio lugar a varias rebeliones y al menos cinco veces, entre 1884 y 1888, se produjeron levantamientos en los cuales incendiaron embarcaciones y huyeron los que pudieron al Paraguay. Hoy tan solo quedan algunas ruinas de aquel establecimiento que produjo en su momento una reactivación comercial de la zona, pero que, lamentablemente, para funcionar, se basaba en un sistema de esclavitud y su ametimiento aceptado por aquella época.
Hoy en este espacio sobre lo que sabés de Misiones, vamos a referirnos a una vieja costumbre de la región y a un antecedente que tiene esta práctica, un antecedente más antiguo de lo que muchos imaginan. Nos referimos a la costumbre de salir a cortar vegetales con determinadas propiedades medicinales o aromáticas, como la marcela, por ejemplo, en cierta época del año, y otros yuyos, o bien a comprarlos en puestos de ferias. Y el antecedente, es un libro, muy completo sobre estas cuestiones, escrito por un jesuita, el hermano Pedro Montenegro, hace más de 300 años aquí en las Misiones. Ya hemos mencionado en otro momento este libro, titulado Materia Médica Misionera, cuando contamos sobre las propiedades de la yerba, pero hoy veremos las indicaciones que Pedro de Montenegro daba, allá por 1710, acerca del mejor momento para recoger las hierbas medicinales y en qué lugares, así como la mejor forma de conservarlas: Nos dice Montenegro: -Se han de recoger las plantas en tiempo sereno, mejor que en tiempo seco o húmedo, y con la luna en menguante. -Son de mucha más virtud las recogidas en serranías o tierras altas que la de los llanos, regiones montuosas o lugares acuosos. Porque las de las serranías son criadas por vientos fríos y secos por lo que mantienen sus virtudes. -Conviene a quien las recoja para usarlas o venderlas que las vea, luego de nacer, y luego cuando florecen y cuando semillan, porque si solo las ve al nacer después pude confundirlas con otras que son parecidas. -Las yerbas que extienden sus ramos por la tierra deben recogerse cuando están cargadas de flores. Las demás, que crecen en alto, se recogerán cuando estén con sus frutos y semillas sazonados antes de caer a tierra. -Las de palos leñosos se recogerán en invierno y con luna en menguante. -Al guardar las yerbas deben estar limpias de polvo y tierra y deben secarse a la sombra, pero antes de guardarlas ponerlas dos horas al sol para quitar la humedad. Solo las flores deben secarse al sol para que no agarren la polilla. -Las raíces se deben sacar cuando las plantas se han despojado de sus hojas y luego de haber dado los frutos. Pero las lágrimas o gomas se deberán recoger cuando el árbol está en todo su vigor, cuando va vistiendo hojas y flores, sajando las cortezas o hiriendo el tronco. -Por último, todas estas cosas de estas tierras se deben guardar en vasijas que no sean porosas, porque en ollas de barro sin vidriar, se pierden, y siempre que se pudiere envolver en hojas de papel, que se envuelvan o se guarden en calabazos gruesos, y duros de corteza, secándolos primero muy bien al sol, y cuanto más usados estén, mejor. O en cajón de palo, o caja, bien tapadas. Sin duda esta práctica de recoger plantas medicinales y conservarlas es común a muchas regiones del país. Pero con seguridad no en todas partes se ha dispuesto de un tratado tan completo como esta “Materia Médica Misionera” que nos habla del desarrollo intelectual alcanzado en las antiguas Misiones.
Jules Huret y el mate

Jules Huret y el mate

2024-09-0204:49

Hoy en este espacio dedicado a lo que sabés de Misiones, vamos a referirnos a las impresiones de viaje que dejara, sobre una costumbre nuestra, un periodista muy famoso. Hoy estamos acostumbrados a las notas de viaje realizadas en cualquier parte del mundo, pero este periodista, muy famoso en Europa hacia comienzos del siglo XX, nos contará acerca del hábito del mate en un viaje que emprendiera hacia las cataratas del Iguazú en 1909, cuando vino a recorrer nuestro país. Es el francés Jules Huret, famoso entonces por sus publicaciones en las que dejaba retratos de las tierras que recorría, en tiempos en que la industria turística recién comenzaba en el mundo, y en esta oportunidad, Huret emprende el viaje hacia Iguazú en las primeras líneas de navegación regulares de la época y nos dice que: “una de las cosas que más sorprenden al viajero cuando sale de Buenos Aires, es ver a los hijos del país, hombres, mujeres y niños, entretenidos en las puertas de sus casas aspirando un canuto de unos 20 centímetros, cuya extremidad más gruesa y agujereada, se introduce en una calabaza seca del tamaño de una pera mediana. Ese canuto se llama bombilla y la calabaza tiene el mismo nombre que la planta: mate. Esta se llena de polvo en sus dos terceras partes y luego se echa agua caliente a fin de extraer el perfume y el aroma de la planta, aspirándose la infusión. Los verdaderos aficionados lo toman al natural, y esto se llama mate amargo. La calabaza queda sin agua cuando se aspira una pocas veces, pero el verdadero criollo debe llenarla unas diez o quince veces seguidas. Si se entra a una estancia y nos presentan la bombilla, para corresponder a la atención del dueño hay que chupar de ella después de haberlo hecho Dios sabe cuántos. El uso de esa bombilla colectiva fue seguramente un obstáculo para la difusión del mate entre las clases acomodadas. Ahora bien, sería fácil preparar el mate como el té o emplear canutillos de paja que podrían cambiarse. De todas formas el argentino es en la actualidad el mayor consumidor de mate en toda la América del Sur. Esa infusión, más tónica que el té, parece reunir a la vez la virtud reconstituyente de la coca y la refrescante del ruibarbo.” Y hace Huret una acotación interesante que tiene que ver, no ya con el mate, tomado en la forma tradicional, sino con el mate cocido, cuando destaca que los obreros, especialmente italianos, y en las ciudades, al no tener tiempo -dice- como el criollo de aspirar todo el día de la bombilla, hierven el mate en una lata y mojan en ella el pan, en un procedimiento que parece “bárbaro” a los hijos del país, porque para estos, es decir los nativos de la tierra, el alimento fundamental es la carne y el mate, pudiendo prescindir del pan, pero no del mate. Testimonios de un viajero de hace más de cien años sobre un producto de esta tierra misionera que el tiempo se encargó de demostrar cómo fue afianzándose, por sus virtudes, en nuestro país y otras partes del mundo.
Hoy, en este espacio acerca de lo que sabés sobre Misiones, tu provincia, vamos a referirnos al nombre de una localidad: Olegario V. Andrade, un municipio situado en el Departamento de Leandro N. Alem y existente como localidad desde 1924. Olegario V. Andrade, como se la conoce, hace referencia a Olegario Víctor Andrade, un legislador, diplomático, periodista y poeta del siglo XIX que tuvo a lo largo de su corta vida, sólo 43 años, una intensa participación política y social. Andrade había nacido en Alegrete, Río Grande del Sur, en 1939, hijo de padres argentinos exiliados por los enfrentamientos políticos de la época y criado en Gualeguaichú, Entre Ríos, donde quedó huérfano a los ocho años. Luego, asistido por sus familia estudió en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay destacándose, por sobre todo, por su afición a la literatura y sus dotes de polemista, rasgos que conservará a lo largo de toda su vida, marcada por su posición de hombre del interior, en oposición a los intereses porteños en aquellos momentos de lucha entre, justamente, Buenos Aires y la Confederación que establece la capital en Paraná. En 1857, cuando termina sus estudios, se casa con María Eloísa González Quiñones, una uruguaya con quien tuvo cinco hijos, entre ellos Agustina Andrade, que heredará de su padre la vocación por la poesía y es considerada la principal poetisa entrerriana del siglo XIX. Al dejar sus estudios se dedicó enteramente al periodismo. Se trasladó a Buenos Aires y colaboró en diversos periódicos de la capital, pero luego regresó a Entre Ríos, donde continuó ejerciendo el periodismo. Inclusive Urquiza, siendo gobernador de esa provincia le ofreció viajar a Europa para completar su formación, junto a Juan Bautista Alberdi, pero Andrade rechazó la oferta y siguió dedicándose a esa actividad en Entre Ríos, trabajando en varios periódicos de la ápoca, como “El Mercantil” y “El Paraná”, hasta que pudo fundar su propio diario, “El Porvenir”, 1864, manifestándose siempre crítico con la política porteña, sobre todo, contrario a las políticas de la triple Alianza que llevaba en aquellos días la guerra contra el Paraguay. Además de periodista, Andrade fue diputado provincial por Santa Fe, sufrió luego una persecución política que lo destituyó como legislador provincial. Antes, los 21 años, había sido nombrado secretario personal del presidente de la Nación, Santiago Derqui, llegó a enseñar historia clásica en el Colegio Nacional Buenos Aires y en 1878 fue electo diputado nacional y reelecto tres años más tarde. Tuvo una intensa pero a la vez, discontinua trayectoria que lo llevó por las más diversas coyunturas políticas y por períodos de situaciones económicas adversas, pero en todo momento dejó su testimonio periodístico y literario y sería este aspecto, justamente, por el que se lo recuerda, porque muchísimos libros de lectura en el siglo pasado incluyeron aquel, su poema más famoso alusivo a San Martin: “El nido de cóndores”: En la negra tiniebla se destaca Como un brazo extendido hacia el vacío Para imponer silencio a sus rumores, Un peñasco sombrío… Recitado en cientos de escuelas en cada fiesta patria. Hoy, su memoria es honrada por la localidad misionera que lleva su nombre.
Hoy, en este espacio dedicado a lo que sabés de Misiones, tu provincia, vamos a referirnos a un hecho político muy singular, un episodio que pone de relieve la trascendencia que esta región tenía ya desde los albores de la historia del país. Se trata de que Misiones contó con la primera Constitución, cuando el país como tal no era aún la Argentina, ni estaban definidos los límites de su territorio. Esta primera constitución es la que redacta nada menos que Manuel Belgrano, el 30 de diciembre de 1810, en el campamento de Tacuarí, dentro de este territorio misionero, en el transcurso de su campaña militar al Paraguay. Como sabemos, vendrán luego otros intentos constitucionales hasta que entre en vigencia la Constitución Argentina de 1853, que con variantes y actualizaciones es la que rige hasta la actualidad y es la base sobre la que se organiza el país, pero este adelanto de Belgrano, este Reglamento dictado para los pueblos de las Misiones, es un antecedente de gran valor por los principios que expone. ¿Y qué exponía este primer Reglamento que puede ser considerado como la primera Constitución Argentina? Nada menos que la restitución, para los misioneros, de sus derechos de libertad, propiedad y seguridad, de los que habían sido privados por las autoridades coloniales. Belgrano entonces es un militar en campaña, pero también ejerce el cargo de Vocal representante de la Junta de las Provincias Unidas del Río de la Plata, constituida luego del 25 de mayo de 1810, de modo que dispone: Primero: que todos los naturales de Misiones sean libres y gocen de sus propiedades, pudiendo disponer de ellas como mejor le acomode. Segundo: liberar del tributo, a todos los 30 pueblos y exceptuarlos de todo impuesto por el espacio de diez años. Como puede entenderse, medidas sin dudas liberadoras para súbditos que, hasta ese momento, estaban sujetos a una corona extranjera y vivían presionados constantemente por unas autoridades abusivas. ¿Y qué más proponía aquel Reglamento anticipatorio en sus treinta artículos? Por ejemplo: el comercio libre de todas las producciones; dejar a los nativos habilitados para ocupar empleos civiles, cargos políticos, militares y eclesiásticos; determinar la ocupación de la tierra laborable y el trazado de los futuros pueblos; establecer un sistema de pesos y medidas justo, ya que, como dice, “el robo había arreglado los pesos y medidas para sacrificar aún más a los infelices naturales”; procurar anticipos para que quienes se dediquen a la agricultura y la ganadería cuenten con las herramientas necesarias; organizar la administración pública a partir de los cabildos y el sistema de Justicia, la organización de cuerpos de milicias para velar por la seguridad, establecer la prohibición de talar todo árbol de yerba mate, y aquí cabe reproducir textualmente el por qué de esta medida: “Por hallarme cerciorado de los excesos horrorosos que cometen los beneficiarios de la yerba, no solo talando los árboles, sino también con los naturales, de cuyo trabajo se aprovechan sin pagárselo.” Principios de justicia y visión de futuro en este Reglamento misionero de Belgrano que se anticipó en más de cuarenta años a la Constitución Nacional.
Hoy, en estas referencias acerca de lo que conocés de Misiones, tu provincia, vamos a mencionar un episodio ocurrido durante aquellas navegaciones que se realizaban por el alto Paraná, en épocas de los pioneros de esta tierra, en la primera mitad del siglo XX, y que fuera narrada por dos protagonistas, Ladislao Ziman y Alfonso Scherer en un libro editado ya hace años y que lleva por título: La selva vencida/ Crónicas del departamento de Iguazú. El episodio hace referencia a uno de los tantos barcos, de nombre Cuañataí, que navegaban por el Alto Paraná y que en ese momento transportaba, además de algunos pasajeros, a un colono que llevaba para su chacra una cantidad de cerdos vivos en la bodega. Pero escuchemos como lo cuentan sus autores: “La noche prometía ser calurosa y nuestro colono, don Werner, inspeccionaba de cuando en cuando con su linterna el lugar donde estaban los chanchos. Estos respiraban con dificultad en la calurosa bodega, en la cual no entraba ni un hálito de brisa fresca para su alivio, y más penosa resultaba la situación por estar con las patas atadas y sin poder moverse. Temiendo por la vida de sus cerdos nuestro amigo, sin decir palabra, les cortó las ataduras para que pudieran por lo menos moverse libremente dentro de la bodega y salió luego de aquella covacha para seguir durmiendo en cubierta.” “Pero ocurría que cuando el barco navegaba con carga se utilizaba la bodega para depositar en ella bolsas de papas, poroto, maíz o mandioca, pero como iba vacía y sólo estaban los animales, nadie se ocupó de limpiarla.” “Entonces, una vez liberados, los chanchos empezaron a remover y escarbar entre la basura para procurarse alimento, encontrando restos de mandioca, papa y maíz. Y así, cavando con sus patas y dientes llegaron a la madera del casco, que era bastante viejo, y estaba podrido en distintas partes.” “Mientras tanto el Cuñataí navegaba tranquilamente río arriba. La noche estaba estrellada, hasta que en un determinado momento el timonel tuvo la sensación de que en la proa ocurría algo anormal: el barco no se deslizaba con suavidad y su marcha se hacía más lenta. Mandó entonces a un muchacho a ver qué ocurría y al cabo de un momento éste regresó con la alarmante noticia de que en la bodega de proa había agua. Con el movimiento se despertó don Werner y salió corriendo con su linterna para interiorizarse del estado de sus cerdos, pero cuál no sería su sorpresa al ver los chanchos nadando con dificultad en el depósito semi anegado. Estalló la alarma: “¡Nos hundimos”… ¡Nos hundimos!” Por suerte el pasaje constaba de pocos pasajeros y el experto capitán sabía qué hacer en aquellos casos. Buscó con el reflector un banco de arena de la costa y con las máquinas a toda marcha lo embistió, encallando firmemente para no moverse más, pero había salvado del naufragio el buque, los pasajeros y la carga”. Un episodio auténtico de aquellas épocas de trabajo en una Misiones que se iba forjando y en las que el río era el gran protagonista en el traslado de personas y de cargas.-
Hoy en este espacio dedicado a las cosas que sabés de Misiones, vamos a rememorar un tratado médico, que no todo el mundo conoce, elaborado en épocas de las Misiones Jesuíticas y que sienta un precedente en la utilización popular que se hace, hasta nuestros días, de las plantas curativas. Ese tratado se denomina “Materia Médica Misionera” y fue elaborado por el jesuita Pedro de Montenegro hacia el año 1711 en estas tierras. Este jesuita, Pedro Montenegro, había nacido en Galicia y estudiado medicina en el Hospital General de Madrid, de modo que al emigrar al Río de la Plata venía ya con un amplio bagaje de los conocimientos médicos propios de la época, en los que mucho se recurría a las virtudes de las plantas para sanar diferentes males, y justamente Montenegro se había especializado, además de hacerlo en cirugía, con el estudio de la botánica medicinal, de modo que en estas tierras, en las que permanece hasta su muerte, en 1728, tiene oportunidad de tomar contacto con la medicina indígena y de clasificar una enorme cantidad de vegetales con virtudes curativas, y de elaborar este libro, en guaraní y español, denominado: “Materia Médica Misionera”, un extenso tratado en el que se incluyen numerosas plantas, la descripción de ellas y para la cura de qué males sirve cada una. Seguramente volveremos sobre este tema, muy extenso e interesante, por eso hoy sólo habremos de referirnos a las virtudes que le atribuye Montenegro a una planta emblemática: la yerba mate, y dar una idea de la forma en que está redactado ese extenso tratado de la época jesuítica. Dice Montenegro: “…Vemos que en estas tierras muy calientes y húmedas se suda en exceso, lo que produce aspersión de los poros y no es remedio el vino, ni las cosas cálidas, pero la yerba sí, tomada en tiempo de calor con agua fría, como la usan los indios, y en tiempo frío o templado con agua caliente, pero las que la usan con agua muy caliente y en mucha cantidad le erran y no les hará provecho. Conviene en poca cantidad, cuatro o cinco sorbos porque así se conforta el estómago, porque el agua muy caliente seca las partes astringentes y comprime las vías, causando obstrucciones y ventosidades molestosísimas, ansiedades al corazón, falta de sueño, movimientos de lujuria, cólera y melancolía. Y todo ello proviene de estar tapadas las vías por lo astringente de la yerba. Llaman en esta Provincia mal de ansias, y muchos lo padecen por esta causa. La yerba verde o seca, hecha polvo sutil, cura las recientes heridas y socorre a los nervios contusos no dejándoles entrar en pasmo. Sus hojas verdes, machacadas, arraigan los dientes y muelas que se mueven y mitiga el dolor. También socorre a los asoleados. Para ello póngase yerba en un mate grande con agua lo más fresca que se hallare y désele de beber al paciente. La yerba mojada que quedare en el mate, se le aplicará en la frente y en las sienes y se atará con un paño. Y de este modo continúa, con sus prescripciones, este primer tratado médico elaborado en las Misiones.-
Hoy, en este espacio acerca de lo que sabés sobre Misiones, vamos a comentar acerca del nombre de otra localidad de la provincia: Florentino Ameghino, un municipio situado en el departamento de San Javier. Este pintoresco pueblo misionero ostenta el nombre de uno de los más grandes científicos argentinos. Un pionero de la ciencia en el país, pero, por sobre todo, un ejemplo de ser humano, de aquellos que habiendo nacido en un hogar sin recursos alcanzara, a fuerza de tesón y de inteligencia, llegar en su momento a lo más alto del conocimiento científico mundial. Florentino Ameghino nación en Luján, provincia de Buenos Aires en 1854, en un humilde hogar de inmigrantes italianos y ya desde muy chico se sintió atraído por el misterio que encerraban aquellos huesos fósiles de animales extinguidos que abundaban en las orillas del río de su pueblo. Es así como comenzó a formar colecciones de huesos de esa fauna ya inexistente y lo siguió haciendo sobre ese mismo río, el Luján, cuando se trasladó a Mercedes, un pueblo cercano, para desempeñarse como maestro y elaborar las primeras teorías sobre el desarrollo y evolución de esas especies extinguidas lo mismo que sobre los seres humanos. En 1878, cuando Ameghino contaba sólo con 24 años, se llevó a cabo en París el Congreso Internacional de Ciencias Antropológicas, y el joven sintió que debía concurrir allí a exponer sus teorías sobre la evolución, así que con la venta de una colección de fósiles y la ayuda de algunos amigos pudo estar presente en esa capital para deslumbrar con sus exposiciones a los más grandes científicos de aquel momento. En Francia se vinculó al mundo de la ciencia más avanzada, pero también halló el amor, la francesa Leontine Poirier con la que se casó y vino a la Argentina para comprobar que, pese a todo su éxito como científico e investigador, y su reconocimiento mundial, acá se hallaba sin trabajo y debía recomenzar de cero. Abrió entonces una librería en Buenos Aires, llamada “El Gliptodón” y con lo que allí ganaba, que siempre fue poco, y la invalorable ayuda de su hermano Carlos, que viajaba a la Patagonia para seguir extrayendo especies fósiles que le remitía en cajones a Buenos Aires, fue perfeccionando sus teorías paleontológicas. Al mismo tiempo publicaba libros fundamentales vinculados con la evolución de las especies como “Filogenia”, que es una reconstrucción del pasado de las especies animales, o “La antigüedad del hombre en el Plata” en la que expone su idea de que el hombre era oriundo de América, refutada luego por otros científicos que determinaron el poblamiento de América a partir de migraciones desde el Asia, pero que en su momento fue una teoría que muchos sabios aceptaron y que contribuyó a la discusión científica. Ameghino fue luego profesor en las Universidades de Córdoba, Buenos Aires y La Plata y Director del Museo de Historia Natural de Buenos Aires, desempeñando una brillante carrera científica y conservando siempre, hasta su muerte, en 1911, su perfil de persona humilde. Hoy, por suerte, para Misiones, ese municipio ostenta y valora llevar el nombre de aquel sabio.-
La Leyenda del Emboré

La Leyenda del Emboré

2024-08-1204:56

Hoy, en este espacio sobre lo que conocés de Misiones, tu provincia, vamos a referirnos a una leyenda. Una leyenda generada a partir de la expulsión de los jesuitas de este territorio, en 1768, pero que por el tema que trata ha persistido diríamos… hasta nuestro días, y es aquella que dice que los jesuitas al irse dejaron enterrados grandes tesoros en los pueblos. Juan Bautista Ambrosetti, fundador de la ciencia folclórica argentina, a su paso por Misiones hacia el año 1892, ya recogió de los pobladores esta leyenda, pero con la variante de que los tesoros no estarían dispersos en cada pueblo, sino en una sola población secreta, llamada Emboré, que tenía sus casas sin puertas ni ventanas y sólo podía accederse a ella por subterráneos cuyas bocas estaba ocultas. Dice Ambrosetti: “los que transportaron los tesoros, que según las gentes de Misiones sobrepasaban en valor y cantidad a todos los que se refieren las Mil y un Noches, desaparecieron a su vez, y con ellos los rastros que conducían al famoso Emboré, perdido entonces entre las sombras de la selva impenetrable y las densa nubes de la leyenda. A pesar de lo inverosímil de todo esto –dice- no faltan personas que afirman su existencia, y algunos han llegado costear expediciones volantes de peones, que se han pasado dos o tres meses batiendo la selva, naturalmente sin dar con el codiciado Emboré. Una de estas expediciones volvió después de una larga peregrinación con la noticia de haberlo hallado, pero no habían podido entrar en las casas herméticamente cerradas, y luego, al volver, había perdido el rumbo. También un antiguo vecino –nos cuenta-, tenía cavados más de treinta pozos en las ruinas de la iglesia y el colegio de una reducción, y todo su afán se reducía a querer encontrar los instrumentos con los que habían sido talladas las piedras, y sobre todo los cinceles que sirvieron para fabricar los adornos, pues no podía creer hubiesen sido de hierro, por la dureza de las piedras, y por eso infería que sólo con puntas de brillantes podrían haber hecho este trabajo y el hombre buscaba los diamantes. También -nos relata Ambrosetti- llegó cierta vez un cura que se dirigió al monte y no volvió a aparecer, y otro cura que hizo la misma operación pero con un papel en el que tenía unos signos marcados y que luego, al tiempo, bajó el río con unas canoas cargadas, seguramente de tesoros. En cada reducción jesuítica –nos dice- el afán de encontrar tesoros tiene una enorme difusión y hay centenares de cuentos por el estilo y otros tantos pozos que la codicia ha hecho cavar a esos cándidos cuyo tiempo perdido y sudor derramado, si lo hubieran empleado en sombrar maíz, habríales producido más de un tesoro, y son raras las ruinas que no se hallen llenas de pozos y socavones hechos con el propósito de extraer esos tesoros ocultos” Esto es lo que escribió Ambrosetti, hace más de cien años, pero muchos misioneros saben de la persistencia de ese mito y cómo, hasta épocas recientes, se siguió cavando en las ruinas para hallar aquellas supuestas riquezas escondidas.-
Hoy, en este espacio acerca de lo que sabés de Misiones, tu provincia, vamos a referirnos a una localidad, como lo hemos hecho en otras oportunidades. En este caso, a una localidad pequeña, Almafuerte, creada en 1932 y situada actualmente en el departamento de Leandro N. Alem. Para saber por qué lleva ese nombre mencionaremos lo que dice al respecto Miguel Ángel Stefañuk en su Diccionario Geográfico Toponímico de Misiones: Aparentemente un colono de apellido Warchofer, mencionaba siempre el trabajo realizado en la zona por “un hombre de alma forte”, refiriéndose a don Bernardino Bertolotti, maestro de escuela. Y este Bertolotti admiraba al poeta Pedro B. Palacios, “Almafuerte”, con lo cual contribuyó a identificar la localidad con ese nombre. Por eso vale la pena referirse brevemente a quien fuera Almafuerte, seudónimo de Pedro Bonifacio Palacios, nacido en San Justo, en el actual gran Buenos Aires en 1854, y que fuera uno de los poetas más populares de la Argentina hacia fines del siglo XIX y buena parte del XX. ¿Por qué decimos un poeta popular? Porque su poesía, cargada de humanidad, de protesta social y de inconformismo, tuvo la virtud de llegar a todas las clases sociales y de ser recitada y difundida, conocida y aprendida de memoria aún por gente que no frecuentara la literatura, tal como ocurriera con aquel famoso soneto titulado “Piú Avanti”, que dice en su primera estrofa: No te des por vencido, ni aun vencido, no te sientas esclavo, ni aun esclavo; trémulo de pavor, piénsate bravo, y arremete feroz, ya mal herido. Almafuerte se dedicó durante gran parte de su vida a la docencia, iniciándose como maestro desde muy joven, lo mismo que al periodismo, en varios pueblos de la provincia de Buenos Aires, y mantuvo siempre su prédica de aliento a los jóvenes y de superación del individuo, pero la pasión de su existencia fue la poesía y tuvo la fortuna de que sus versos, cargados de fuerza y expresividad, sensibles al dolor humano, se difundieran masivamente hasta llegar a tener entidad propia, repetidos muchas veces sin que se tuviese en cuenta a su autor, como en el caso de ese poema que hemos mencionado y que sigue diciendo: Ten el tesón del clavo enmohecido que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo; no la cobarde intrepidez del pavo que amaina su plumaje al menor ruido. Procede como Dios que nunca llora; o como Lucifer, que nunca reza; o como el robledal, cuya grandeza necesita del agua y no la implora… Que muerda y vocifere vengadora, ya rodando en el polvo, tu cabeza! Pedro B. Palacio falleció en La Plata, en 1917, a los 62 años, pobre como viviera siempre, pero rodeado de un inmenso prestigio, seguramente sin imaginar que un pueblo misionero llevaría y eternizaría su seudónimo. Ese tan popular y resonante como es el de… “Almafuerte”, que nos remite a la perseverancia, al tesón, a la virtud de mantener vivas las esperanzas pese a todas las contingencias. Virtudes que sin duda se mantienen en la población del interior y que ese pequeño pueblo misionero, denominado así, ostenta con orgullo.-
Léonie Mathisse

Léonie Mathisse

2024-08-1205:03

Con frecuencia las imágenes del pasado histórico que guardamos en nuestra memoria son las que ha imaginado algún pintor o dibujante y que nosotros hemos incorporado por haberlas visto repetidas en libros de lectura, en revistas o diarios. Así ocurre con los retratos de los próceres, con episodios como el del 25 de mayo frente al cabildo de Buenos Aires, aquel día lluvioso, o el General San Martín cruzando los Andes con su ejército. Algún artista imaginó la escena de esos tiempos en que todavía no existía la fotografía, y nuestra idea del episodio histórico se basa en esa imagen. Hoy, en este espacio referido a lo que conocés de Misiones, vamos a referirnos a una artista que tiene mucho que ver con la imagen de cómo era la vida en los pueblos jesuíticos cuando estos estaban habitados y en su esplendor. Esta artista fue la pintora francesa Léonie Mathisse y que dejara en el país pintadas numerosas escenas del pasado colonial, tanto de Buenos Aires como de Córdoba y de las misiones jesuíticas, que es lo que nos interesa.  Léonie Matthis Nació en Francia, en 1883, y a los quince años ingresó a Escuela de Bellas Artes de París, como una de las primeras mujeres admitidas en esa Academia en la que estudió diez años. Casada luego con un retratista español se radicó en Argentina en 1912 y desde entonces, atraída por el paisaje y la historia de nuestro país, hizo muchos viajes al interior pintando en cada lugar cuadros que testimonian la arquitectura y las costumbres de la gente. Para poder hacer sus pinturas contó con el asesoramiento de historiadores como Ricardo Levene y Enrique Udaondo,  pero también de figuras como la del escritor Leopoldo Lugones, que en 1903 había hecho una expedición a las misiones jesuíticas, así como del principal historiador de ese período, el sacerdote Guillermo Furlong, autor de un libro clásico como es “Misiones y sus pueblos jesuíticos”. Con el asesoramientos de estos especialistas, Mathisse logró pintar cuadros que nos transportan a aquella época de los pueblos jesuíticos habitados, y vemos así, por ejemplo, una panorámica del titulado “La visita del gobernador” con un enfoque aéreo de la plaza de San Ignacio cuando llega el gobernador con su séquito de hombres a caballo. O los casamientos colectivos de jóvenes guaraníes frente al pórtico de San Ignacio, con las parejas en fila esperando la bendición del sacerdote, o escenas de la imprenta en las misiones, donde se puede ver al cura encargado y los ayudantes indígenas imprimiendo los primeros libros en la primea imprenta del país, mientras otros ayudantes preparan el papel. Todo dentro de esos claustros que ahora son solo ruinas, pero que a partir de esas imágenes nos llevan de manera vívida a aquellos momentos que sin lugar a dudas ocurrieron de esa misma manera. No todos los acontecimientos del pasado han encontrado quien los represente fielmente. Pero sin duda para nosotros, en Misiones, fue una suerte que esta pintora francesa, que murió en 1952, supiera captar con tanta fidelidad y calidad artística aquellos momentos y legarnos esos testimonios únicos que enriquecen nuestra historia.
Leyenda del cabureí

Leyenda del cabureí

2024-07-1104:50

Hoy en este espacio acerca de lo que sabés de Misiones, vamos a referirnos a una leyenda de gran arraigo popular cuyo personaje central, por sus atributos, ha trascendido la región desde hace mucho tiempo y popularizado en el resto del país. Es la leyenda del cabureí, que tiene como protagonista a ese pequeño búho del monte, fuerte y voraz, capaz de ejercer con su chillido, sobre las otras aves, un poder de atracción que les significa, al final, la muerte. En un testimonio de Mauricio Cardoso Ocampo recopilado por Olga Zamboni y Rosita Escalada para su antología de Leyendas Misioneras, el músico dice: “en realidad su chillido no es más que la imitación del piar de pichones en peligro. Esta oportunidad la aprovecha el pequeño demonio de la selva para ejercer su poder embrujante y atrapar así a sus víctimas con sus poderosas garras. Las aves son incapaces de ensayar una defensa y él aprovecha para asirlas del cuello y de esta forma ahogarlas”. El poder del caburé se atribuye al embelesamiento que provoca su canto y la leyenda cuenta que Tupá, el Dios Supremo, creó a Caburé, un ave de apariencia deslumbrante y canto maravilloso para que los otros animales del mundo anhelaran alcanzar su belleza. Como muy pronto Caburé hechizó con su canto a todos los animales de la selva, Añá, el diablo, buscó su punto débil que consistía en que era fácil de dominar cuando estaba dormido, entonces aprovechó cuando dormía para convertirlo en un ave de rapiña, fea y de canto triste. Pero, como el bien siempre sale triunfante, el canto del caburé continuó ejerciendo su poder magnético y mágico, por lo que poseer una de sus plumas es tener un talismán poderoso. El asunto es que esta capacidad de atracción que ejerce el ave ha hecho que se fabule sobre ese poder, centrado, según la creencia popular, en una pequeña piedra que poseería entre los sesos o, según otros, que esconde en el fondo del nido, y hará que quien se apodere de ella sea afortunado en el amor y en el dinero, pues tiene un poderoso payé. Además de esta supuesta piedra, son codiciadas también las plumas del ave, a las que se le otorgan poderes mágicos relacionados con la eterna lucha del bien contra el mal, pero, por sobre todo, para usarlas como instrumento de atracción sobre aquellas personas que se desean seducir en el amor. Entre otros atributos de este payé, está el que dice que para que la prosperidad llegue al hogar se debe fabricar un amuleto con las plumas del ala del caburé, pero si lo que se quiere es fortuna, entonces hay que recoger los nidos que caen al suelo y juntarlos con las plumas para obtener el amuleto. Pero una cosa es importante: las plumas nunca deben ser robadas a un caburé vivo, o peor aún, matarlo para obtenerlas, porque si esto ocurre todos los deseos pedidos al caburé se tornarán en contra. Una polca paraguaya y un viejo tango, nos hablan también de la difusión que alcanzara esta leyenda generada en medio de la selva guaraní.
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