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Capilla Calvario Podcast
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Author: Capilla Calvario Chihuahua
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Esto es el podcast de Capilla Calvario Chihuahua, una iglesia cristiana unida por la fe en Jesús y comprometida a la enseñanza de la Palabra de Dios. Este podcast tiene el propósito de extender la vida de la iglesia a través de los medios digitales mediante pláticas y contenido que gire alrededor de la Biblia. Te invitamos a ser parte de nuestra comunidad en línea.
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En este episodio hablamos del ayuno, no como una meta espiritual ni como una forma de impresionar o manipular a Dios, sino como una herramienta práctica que puede ayudarnos a sensibilizar nuestro espíritu y fortalecer nuestra relación con Él. Las disciplinas cristianas, como memorizar la Palabra, orar o ayuna, dejan de ser saludables cuando se convierten en el centro de nuestra fe y no en un medio para vivir en Cristo.También aclaramos ideas erróneas tanto espirituales como físicas sobre el ayuno, revisando lo que la Biblia realmente enseña (Isaías 58) y diferenciando el ayuno bíblico de prácticas religiosas vacías. La vida cristiana no se trata de medirnos por disciplinas, sino de una relación viva, real y centrada en Cristo.
En este episodio hablamos de cómo Dios nos habla a nuestra vida por medio de Su Palabra. No solo necesitamos leer la Biblia, sino guardarla en el corazón, porque es ahí donde el Espíritu Santo puede traerla a nuestra mente y usarla para aconsejarnos, fortalecernos, corregirnos y guiarnos en los momentos clave.También vemos por qué memorizar la Palabra es vital. En medio del caos, la tentación o la presión, no siempre hay tiempo para estudiar, pero sí para creer y responder con lo que ya está dentro de nosotros. Así lo hizo Jesús al enfrentar al tentador, y así nos enseña la Escritura: guardar la verdad en el corazón para vivir por fe y no caer en las mentiras que el mundo, la carne y el enemigo intentan sembrar.
En este episodio hablamos de los verdaderos propósitos de la oración. Orar no es intentar convencer a Dios de hacer nuestra voluntad, sino ser capacitados para entrar y aceptar Sus propósitos en nuestra vida. A través de la oración, Dios despierta nuestro espíritu, nos sensibiliza para discernir Su voluntad y nos prepara para vivir de acuerdo con lo que Él ya ha determinado.También exploramos por qué debemos orar para que se cumpla la voluntad de Dios y no la nuestra. Dios es más sabio, soberano y conoce todas las cosas, incluso aquello que nosotros no vemos. Por medio de la oración, Él fortalece nuestra fe, trae paz, dirección y nos enseña a depender completamente de Él, confiando en que Su voluntad es buena, agradable y perfecta.
En este episodio analizamos Santiago 4:2–4 y confrontamos una realidad incómoda: muchas veces no recibimos porque pedimos desde el deseo y no desde la fe. La oración presupone que nuestras peticiones están alineadas con lo que Dios ha prometido, pero con frecuencia pedimos cosas temporales, sin valor eterno, revelando más nuestro corazón que nuestra confianza en la voluntad de Dios.También exploramos por qué nos cuesta aceptar un “no” como respuesta divina. No creer que el “no” de Dios revela Su voluntad evidencia nuestra desconfianza en Su carácter. Terminamos reconociendo una oración que pocas veces verbalizamos, pero que muchas veces practicamos: “Señor, que se haga mi voluntad”. Este episodio nos invita a rendir nuestros deseos y aprender a pedir desde la fe, no desde la carne.
En este episodio nos detenemos a replantear algo que muchos damos por hecho: qué es realmente la oración. Con frecuencia la reducimos a una herramienta para pedir cosas, satisfacer deseos o intentar que Dios haga nuestra voluntad. Pero cuando la oración nace desde la carne, inevitablemente se frustra, se cansa y termina abandonándose. No porque Dios no escuche, sino porque estamos pidiendo cosas que Él nunca prometió.La Escritura nos muestra que la oración es un espacio de comunión con el Espíritu, no un mecanismo para torcer el brazo de Dios. Perseverar en la oración no es insistir hasta ganar, sino permanecer atentos, despiertos y sensibles a Su voz. En este episodio confrontamos por qué oramos tan poco, por qué perdemos el interés cuando no obtenemos lo que queremos y cómo la carne, que no desea las cosas de Dios, termina saboteando una vida de oración genuina.
Una de las preguntas más comunes en la vida cristiana es: ¿cómo puedo estar seguro de que es Dios quien me está hablando? En este episodio abordamos esta inquietud desde una perspectiva bíblica y equilibrada, lejos del misticismo y también lejos de la autosuficiencia religiosa. Dios habla, pero no de manera caótica ni contradictoria. El Espíritu Santo guía a los hijos de Dios a toda verdad, y esa guía siempre camina en perfecta armonía con la Palabra escrita.Exploramos las formas claras y bíblicas mediante las cuales Dios se comunica con nosotros: por medio de Su Palabra, a través de la predicación, mediante la exhortación y el ánimo de otros creyentes, y dentro de una vida constante de oración. No se trata de fórmulas ni técnicas, sino de una relación viva con Cristo. La pregunta final no es solo si Dios habla, sino si estamos dispuestos a escucharle dentro del marco que Él mismo estableció.
Muchos creyentes dicen querer escuchar a Dios, pero en el fondo están esperando una zarza ardiente, una voz audible, un sueño espectacular o una experiencia sobrenatural imposible de ignorar. En este episodio hablamos de cómo Dios sí puede usar esos medios, pero casi siempre como excepción y no como norma. La Escritura deja claro que Dios se comunica con Sus ovejas, que espera que escuchemos Su voz, y que esa voz jamás contradice Su Palabra escrita ni pretende añadirle algo. El problema no es si Dios habla, sino cómo esperamos que lo haga.El mayor peligro no es ignorar la Biblia, sino usarla como un sistema de estándares que sustituye una relación viva con Cristo. Tal como ocurrió con los fariseos, es posible estudiar, memorizar y defender la Escritura, y aun así resistir venir a Jesús para tener vida. Dios desea una relación real, íntima y continua con Sus hijos, donde Su Espíritu nos guía a toda verdad. La pregunta que queda abierta es inevitable: ¿estamos escuchando la voz del Hijo… o solo viviendo bajo un sistema religioso que no requiere fe?
Conocer la Biblia a nivel académico no garantiza que sepamos escuchar la voz de Dios. Los fariseos dominaban las Escrituras, las memorizaban y las defendían con celo, pero Jesús los confrontó porque su corazón estaba lejos. En este episodio hablamos del peligro de conocer el corazón de Dios respecto a Su Palabra… sin conocer realmente a Dios. Cuando la Escritura se convierte en un sistema de estándares, cargas y reglas, deja de guiarnos a una relación viva con Cristo y comienza a producir distancia, culpa y ceguera espiritual.Hoy el mismo patrón se repite. Somos salvos por fe, pero muchos intentan vivir la vida cristiana bajo el sistema del bien y del mal, reemplazando la relación con Cristo por normas, actividades y desempeño espiritual. Dios desea hablarnos en lo profundo de nuestro espíritu, nunca en contradicción con Su Palabra, sino confirmándola y llevándonos a una relación íntima, continua y real. La pregunta es inevitable: ¿estamos usando la Biblia para venir a Cristo… o para evitarlo?
Creer una mentira o creer la verdad es una elección. En este episodio hablamos de esa resistencia interna, a veces silenciosa, a veces descarada, que nos lleva a rechazar lo que Dios afirma sobre nosotros: que podemos ser santos, que Él nunca nos abandona, que sus hijos sí escuchan su voz. La duda puede convertirse en oposición activa a la verdad, así como le pasó a Moisés cuando rehusaba creer aun frente a los milagros. Y lo mismo nos pasa cuando pensamos que Dios solo hablará si aparece una zarza ardiente, un ángel o una visión espectacular.Pero Jesús fue claro: sus ovejas oyen su voz. Dios habla, principalmente por su Palabra, y el Espíritu Santo nos guía a toda verdad. Memorizar la Biblia no garantiza comunión, pero ignorarla sí la destruye. En este episodio confrontamos por qué muchos no escuchan, no creen y no avanzan; y vemos cómo los héroes de la fe tuvieron en común una relación íntima con Dios, no una vida de excusas. Dios sigue hablando… la pregunta es: ¿vas a seguir eligiendo creer lo que no es verdad?
Dios afirma la verdad una y otra vez… pero nosotros seguimos dudando. En este episodio hablamos de cómo el Señor nos empuja constantemente hacia la fe, incluso cuando nuestras excusas parecen más razonables que sus promesas. Vemos a Moisés frente a la zarza, resistiéndose a creer, como un reflejo de nuestra propia incredulidad y de esas ideas que muchos cristianos adoptan sin pensarlo: “nadie cambia”, “solo estamos cubiertos”, “Dios no espera mucho de nosotros”.Pero la Escritura dice algo completamente distinto. Desde Ezequiel hasta el Evangelio, Dios ha declarado que nos da un corazón nuevo, una naturaleza transformada y una vida que sí puede vivir en santidad. Este episodio confronta las mentiras que bloquean nuestra fe y nos invita a creer lo que Dios ya afirmó: Él mismo es quien nos transforma. ¿Creerás en tus límites… o en lo que Dios dijo?
El corazón del reposo prometido nunca fue un territorio, sino una Persona. En este episodio hablamos de cómo todo el Antiguo Testamento apunta a una misma verdad: Cristo es la vida, y vivir por fe es entrar en ese descanso que Dios siempre quiso para Su pueblo. Desde el clamor del salmista en el Salmo 42 hasta la declaración en Habacuc de que “el justo por la fe vivirá”, vemos que nuestra alma está diseñada para anhelar a Cristo.Exploramos lo que significa que le pertenecemos a Dios y que la verdadera meta del caminar cristiano no es mejorar, esforzarse o cambiar por voluntad propia, sino relacionarnos con Cristo como nuestra vida. Si Él está en ti, tienes la vida; si caminas por fe, experimentas Su reposo. Este episodio es una invitación a reconocer que todo lo que buscas, lo que tu alma añora y lo que tu espíritu necesita, ya está en Él.
A lo largo de toda la historia bíblica, Dios ha estado contando la misma historia: la relación con Él siempre ha sido por fe, no por esfuerzo. Desde Abraham hasta el pueblo de Israel frente al Mar Rojo, Dios repite un mismo patrón: lleva a Su pueblo a lugares donde las fuerzas humanas no sirven, para enseñarles a creerle solo a Él.En este episodio hablamos de ese hilo invisible que une toda la Biblia —la fe como la verdadera base de nuestra relación con Dios— y de cómo ese mismo proceso sigue ocurriendo hoy, cuando Dios nos lleva al límite para mostrarnos que no busca nuestro desempeño, sino nuestra confianza.
¿Por qué Dios no quitó de nosotros la carne al salvarnos? ¿Por qué seguimos enfrentando debilidad, tentación y prueba? Este episodio explora cómo el Señor usa precisamente esas luchas para ejercitar nuestra fe y revelarnos quién es Él.Así como Israel fue liberado de Egipto, cruzó el Mar Rojo y caminó rumbo a la Tierra Prometida, el creyente también es llamado a salir del sistema del mundo, confiar en el poder de Dios y vivir en el descanso de Cristo. Pero muchos, aunque fueron salvos, siguen vagando en el desierto: creyentes que fueron liberados, pero que nunca aprendieron a vivir por fe.
Muchos creyentes enfrentan la vida cristiana como una lista interminable de deberes, buscando sentirse bien por “hacer lo correcto”. Pero eso no es fe, es legalismo disfrazado. En este episodio hablamos de cómo incluso nuestras mejores intenciones —servir, perdonar, portarnos bien— pueden ser guiadas por la carne si no brotan de nuestra unión con Cristo.La verdadera libertad no está en cumplir estándares, sino en vivir desde la vida de Cristo en nosotros. Cuando entendemos que no se trata de “lo que debo hacer”, sino de “quién soy en Él”, dejamos de reaccionar desde la carne y comenzamos a responder desde el Espíritu.
Muchos cristianos confunden andar en el Espíritu con hacer buenas obras. Pero no siempre son lo mismo. En este episodio hablamos de cómo incluso el servicio puede convertirse en una trampa de orgullo o legalismo cuando no fluye desde una verdadera relación con Dios.Jesús le dijo a Marta que su hermana María había escogido la mejor parte. No porque no hiciera nada, sino porque entendió que todo comienza en la comunión con Él. Cuando la obra nace del Espíritu, no es solo productiva: es eterna.
Muchos creyentes siguen intentando cambiar lo que Dios ya transformó. En este episodio descubrimos la verdad sobre nuestra nueva identidad en Cristo: ya no somos lo que fuimos, sino nuevas criaturas que desean lo que Dios desea. ¿Y si el secreto no está en vencer la carne, sino en caminar por el Espíritu?
La fe cristiana no se trata de mejorar lo que fuimos, sino de reconocer lo que ya somos en Cristo. La Biblia no dice que estamos en proceso de “hacernos santos”, sino que ya fuimos hechos nuevos, regenerados, adoptados, sellados y vivificados en Él. Nuestro viejo hombre fue crucificado y ahora nuestra vida está escondida con Cristo en Dios.En este episodio hablamos de cómo la verdadera batalla no es entre “el bien y el mal”, sino entre creerle a lo que Dios declara sobre nosotros o seguir dudando de nuestra identidad. Si en Cristo ya eres santo, hijo de Dios, inseparable de Él y más que vencedor, entonces la pregunta es: ¿te atreves a creerlo y vivir desde esa nueva naturaleza?
Cada persona nacida en la descendencia de Adán hereda la carne: egoísta, orgullosa, engañosa y siempre en contra de Dios. Aunque podemos moldear o reprimir sus patrones, la raíz nunca cambia. La buena noticia es que la obra de Cristo no busca santificar nuestra carne, sino separarnos de ella y darnos una nueva identidad en Él.En este episodio hablamos de cómo el Espíritu Santo en nosotros se opone a la carne, de por qué no debemos confundirnos creyendo que somos lo que sentimos o pensamos desde la carne, y de la verdad liberadora: no somos la carne, sino uno con Cristo.
¡Llegamos al episodio 100! Lo celebramos con una grabación en vivo junto a amigos y oyentes, con preguntas, respuestas y mucha participación de la comunidad. No hubo un tema central, sino una conversación abierta y espontánea donde compartimos ideas, dudas y reflexiones en el momento.
Muchos cristianos creen que deben luchar contra la carne, resistirla o incluso “corregirla”, pero la Biblia nunca enseña eso. De hecho, Pablo en Romanos 7 y 8 nos muestra algo mucho más profundo: nuestra carne no es corregible, y tratar de hacerlo solo nos lleva al sistema de bien y mal. Pero si hemos nacido de nuevo, nuestra identidad no está en la carne, sino en el Espíritu.En este episodio estudiamos Romanos 7:15-20 y Romanos 8:1-9 para descubrir la verdadera diferencia entre estar en la carne y caminar conforme a la carne. Aprendemos que nuestra identidad en Cristo es completamente distinta a lo que sentimos, y que el camino no es pelear con la carne, sino andar en el Espíritu.




