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Poesía suelta
Poesía suelta
Author: J. Oscar Ramírez V.
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© J. Oscar Ramírez V.
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Poesía suelta es un proyecto de cultura que tiene la intención de promover las bellas artes con colaboraciones nacionales e internacionales. Destacando a literatos, dramaturgos, actores y actrices de renombre. Sin embargo, también ofrece la oportunidad a nuevos talentos.
Ponte comodx para que disfrutemos de Jaime Sabines, Mario Benedetti, Elvira Sastre, Edgar Allan Poe, Gabriela Mistral, Walt Whiteman, Sor Juana Inés, Marwan, y más.
Yo soy Oscar Ramírez, sígueme en @poesia.suelta , en Instagram y Facebook. ¡Hasta el próximo poema!
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Yo lloro de Juan Rulfo
Yo lloro, sabes,lloro a veces por tu amor.Y beso pedacito a pedazocada parte de tu caray nunca acabo de quererte.
Bajo la lluvia de Juana de Ibarbourou
¡Cómo resbala el agua por mi espalda!¡Cómo moja mi falda,y pone en mis mejillas su frescura de nieve!Llueve, llueve, llueve,y voy, senda adelante,con el alma ligera y la cara radiante,sin sentir, sin soñar,llena de la voluptuosidad de no pensar.
Un pájaro se bañaen una charca turbia. Mi presencia le extraña,se detiene… me mira… nos sentimos amigos…¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!Después es el asombrode un labriego que pasa con su azada al hombroy la lluvia me cubre de todas las fraganciasde los setos de octubre.Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapadocomo un maravilloso y estupendo tocadode gotas cristalinas, de flores deshojadasque vuelcan a mi paso las plantas asombradas.Y siento, en la vacuidaddel cerebro sin sueño, la voluptuosidaddel placer infinito, dulce y desconocido,de un minuto de olvido.Llueve, llueve, llueve,y tengo en alma y carne, como un frescor de nieve.
A mi padre de Ramón López Velarde
Nunca, señor, pensé que el verso míocuando te hablara en él por vez primerala música filial de los veinte años,del huérfano infelice la voz fuera.Nada valió la familiar plegaria;moriste en plena vida, y ¡qué contrastetocóles a los tuyos, muerto amado,en la noche fatal que agonizaste!Noche con paz de luna; también fuistenoche más que ninguna tormentosa;tus horas de martirio florecieronen mi jardín, como sangrienta rosa.Todo lo evoco, Padre: tus quejidos;tus palabras postreras; la voz tristecon que te habló tu hermano sacerdote;la mañana de otoño en que moriste;los cirios -compañeros de velada-;la madre y los hermanos, todos juntos;el ataúd que sale de la casa;el sollozante oficio de difuntos;y ¡oh infinita bondad la de los padres!los ojos muertos de tu faz piadosaque me vieron por último con lástimaen las orillas de la negra fosa.Supe después lo enormemente tristeque es la trsiteza del hogar vacíoy lloré con la marcha de la madrepara tierras del norte. Mas confíoque te he de ver, oh Padre, para siemprecon mis pupilas de resucitado.Aquel buen ángel que guardó el sepulcrode Jesucristo, y que miró extasiadola tierra redimida, y a las santasmujeres que buscaban al Amado,las consoló, verá concluir su oficiocuando el último Adán encuentre abiertoslos eternos lugares de victoriay no haya quien pregunte por sus muertos.
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Me estás vedada tú de Ramón López Velarde
¿Imaginas acaso la amarguraque hay en no convivirlos episodios de tu vida pura?Me está vedado conseguir que el vientoy la llovizna sean comedidoscon tu pelo castaño.
Me está vedado oír en los latidosde tu paciente corazón (sagrariode dolor y clemencia),la fórmula escondidade mi propia existencia.
Me está vedado, cuando te fatigasy se fatiga hasta tu mismo traje,tomarte en brazos, como quien levantaa su propia ilusión incorruptiblehecha fantasma que renuncia al viaje.
Despertarás una mañana grisy verás, en la luna de tu armario,desdibujarse un puñoesquelético, y ante el funerarioaviso, gritarás las cinco letrasde mi nombre, con voz pávida y floja,¡Y yo me hallaré ausentede tu final congoja!
¿Imaginas acasomi amargura impotente?
Me estás vedada tú... Soy un fracasode confesor y médico que sienteperder a la mejor de sus enfermasy a su más efusiva penitente.
Cartas a Clara
Méx. D. F. 31 de Feb. de 1945
Criatura:
Ayer no me divertí, ni antier, ni antes de antier, ni ningún día, así que no fue por eso que no te escribí, sino porque soy muy flojo, el tipo más flojo que tú hayas conocido. Además de flojo que soy, tengo el corazón malo, pues cuando sintió que pasaban los días y no veía a Kiko se puso enfermo de todo a todo. Y una cosa así, desesperada, no tiene juicio, ni logra entender por qué lo tratan de ese modo, separándolo tan de repente de lo que él más quiere.
Ahora te voy a decir otra cosa: no te enojes conmigo porque no escribí luego luego, pues cuando te pones corajuda te ves muy bonita, y yo no quiero que te veas bonita no estando yo ahí para mirarte.
Ojalá no te hayas enfermado de catarro ni de nada. Yo no quiero que te enfermes nunca; lo que sí quisiera es conseguir que permanecieras siempre con la sonrisita que tienes y con los ojos que tienes, así de alegres, que a veces me da miedo pensar que alguien, nomás de ver eso, se enamore de ti. No, no me gustaría que sucediera. Yo solo quiero ser el único enamorado de esa cosa que Dios puso mucho cuidado en hacer hermosa y, para acabar, darle permiso para andar sobre la tierra, con el fin de volver loco a este loco muchacho que tú conoces.
Mujercita:
Ayer pensé en ti y antier y antes de antier y todos estos días. Además, pensé lo bueno que sería yo si encontrara el camino hacia el durazno de tu corazón; lo pronto que se le acabaría la maldad a mi alma y lo despiadado. ¿No te he contado alguna vez lo despiadado que soy? Pues sí, Kiko, yo odio mucho al mundo y mi odio es constante. Quizá por esto el mundo me ha tratado mal y me ha hecho desafortunado. ¿Pero soy desafortunado, Kiko? ¿Verdad que no lo soy? ¿Acaso tú no eres para mí toda la riqueza junta y un rinconcito de suave tranquilidad? Algún día lo sabré, ¿no, Kiko?
Por lo pronto, me puse a medir el tamaño de mi cariño y dio 685 kilómetros por la carretera. Es decir, de aquí a donde tú estás. Ahí se acabó. Y es que tú eres el principio y fin de todas las cosas. No te me vayas a enojar por la letra colorada con que escribí esta carta, ni por ninguna nada, ¿eh? Espera hasta el lunes que yo esté ahí para verte la carita corajuda, Kiko, vida mía.
Juan
Cartas a Clara
Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que están junto a nosotros, se oye. Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba. Se respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua. Clara: corazón, rosa, amor… Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña. Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se va la muerte de la vida. Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad esclarecida. Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se rebelara. No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba. Y un corazón que sabe y que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada. ¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara? He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada. Lo han aprendido ya el árbol y la tarde... y el viento lo ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. Y lo murmura el río...
Clara: Hoy he sembrado un hueso de durazno en tu nombre.
Guadalajara.
Oct/44
Juan Rulfo
Nocturno de Gabriela Mistral
Padre Nuestro, que estás en los cielos,¡por qué te has olvidado de mí!Te acordaste del fruto en febrero,al llagarse su pulpa rubí.¡Llevo abierto también mi costado,y no quieres mirar hacia mí!Te acordaste del negro racimo,y lo diste al lagar carmesí;y aventaste las hojas del álamo,con tu aliento, en el aire sutil.¡Y en el ancho lagar de la muerteaun no quieres mi pecho oprimir!Caminando vi abrir las violetas;el falerno del viento bebí,y he bajado, amarillos, mis párpados,por no ver más enero ni abril.Y he apretado la boca, anegadade la estrofa que no he de exprimir.¡Has herido la nube de otoñoy quieres volverte hacia mí!Me vendió el que besó mi mejilla;me negó por la túnica ruin.Yo en mis versos el rostro con sangre,como Tú sobre el paño, le di,y en mi noche del Huerto, me han sidoJuan cobarde y el Ángel hostil.Ha venido el cansancio infinitoa clavarse en mis ojos, al fin:el cansancio del día que muerey el del alba que debe venir;¡el cansancio del cielo de estañoy el cansancio del cielo de añil!Ahora suelto la mártir sandaliay las trenzas pidiendo dormir.Y perdida en la noche, levantoel clamor aprendido deTi:¡Padre Nuestro, que estás en los cielos,por qué te has olvidado de mí!
Besos de Gabriela Mistral
Hay besos que pronuncian por sí solosla sentencia de amor condenatoria,hay besos que se dan con la miradahay besos que se dan con la memoria.
Hay besos silenciosos, besos nobleshay besos enigmáticos, sinceroshay besos que se dan sólo las almashay besos por prohibidos, verdaderos.
Hay besos que calcinan y que hieren,hay besos que arrebatan los sentidos,hay besos misteriosos que han dejadomil sueños errantes y perdidos.
Hay besos problemáticos que encierranuna clave que nadie ha descifrado,hay besos que engendran la tragediacuantas rosas en broche han deshojado.
Hay besos perfumados, besos tibiosque palpitan en íntimos anhelos,hay besos que en los labios dejan huellascomo un campo de sol entre dos hielos.
Hay besos que parecen azucenaspor sublimes, ingenuos y por puros,hay besos traicioneros y cobardes,hay besos maldecidos y perjuros.
Judas besa a Jesús y deja impresaen su rostro de Dios la felonía,mientras la Magdalena con sus besosfortifica piadosa su agonía.
Desde entonces en los besos palpitael amor, la traición y los dolores,en las bodas humanas se parecena la brisa que juega con las flores.
Hay besos que producen desvaríosde amorosa pasión ardiente y loca,tú los conoces bien, son besos míosinventados por mí, para tu boca.
Besos de llama que en rastro impresollevan los surcos de un amor vedado,besos de tempestad, salvajes besosque solo nuestros labios han probado.
¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;cubrió tu faz de cárdenos sonrojosy en los espasmos de emoción terrible,llenáronse de lágrimas tus ojos.
¿Te acuerdas que una tarde en loco excesote vi celoso imaginando agravios,te suspendí en mis brazos... vibró un beso,y qué viste después...? Sangre en mis labios.
Yo te enseñé a besar: los besos fríosson de impasible corazón de roca,yo te enseñé a besar con besos míosinventados por mí, para tu boca.
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Que el amor no admite cuerdas reflexiones de Rubén Darío
Señora, Amor es violento,y cuando nos transfiguranos enciende el pensamientola locura.
No pidas paz a mis brazosque a los tuyos tienen presos:son de guerra mis abrazosy son de incendio mis besos;y sería vano intentoel tornar mi mente obscurasi me enciende el pensamientola locura.
Clara está la mente míade llamas de amor, señora,como la tienda del díao el palacio de la aurora.Y el perfume de tu ungüentote persigue mi ventura,y me enciende el pensamientola locura.
Mi gozo tu paladarrico panal conceptúa,como en el santo Cantar:Mel et lac sub lingua tua*.La delicia de tu alientoen tan fino vaso apura,y me enciende el pensamientola locura.
(*) Miel y leche bajo tu lengua (frase tomada del texto bíblico Cantar de los cantares)
12 de noviembre de Patricia Ortiz Lozano
No podrás con mi silencio
con la furia de mis pasos
con el luto de mi cuerpo
lleno de sal que arde.
Abismarme no podrás
mi nombre no será tu calma
no el vacío de los lechos rotos
de los lugares derribados por el viento.
La sed se ha detenido
y el agua no eres tú.
Hoy de Ángel González
Hoy todo me conduce a su contrario:
el olor de la rosa me entierra en sus raíces,
el despertar me arroja a un sueño diferente,
existo, luego muero.
Todo sucede ahora en un orden estricto:
los alacranes comen en mis manos,
las palomas me muerden las entrañas,
los vientos más helados me encienden las mejillas.
Hoy es así mi vida.
Me alimento del hambre.
Odio a quien amo.
Cuando me duermo, un sol recién nacido
me manche de amarillo los párpados por dentro.
Bajo su luz, cogidos de la mano,
tú y yo retrocedemos desandando los días
hasta que al fin logramos perdernos en la nada.
Beso de Manuel Altolaguirre
¡Qué sola estabas por dentro!
Cuando me asomé a tus labios
un rojo túnel de sangre,
oscuro y triste, se hundía
hasta el final de tu alma.
Cuando penetró mi beso,
su calor y su luz daban
temblores y sobresaltos
a tu carne sorprendida.
Desde entonces los caminos
que conducen a tu alma
no quieres que estén desiertos.
¡Cuántas flechas, peces, pájaros,
cuántas caricias y besos!
¿Qué se ama cuando se ama? de Gonzalo Rojas
¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes, o este sol colorado que es mi sangre furiosa cuando entro en ella hasta las últimas raíces?
¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo, repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces de eternidad visible?
Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una, a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.
Happy New Year de Julio Cortázar
Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas. Entonces
la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo, como
si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.
Canción de febrero de Jorge Valdés Díaz-Vélez
Leve y triste la tarde se retira
contigo hacia el crepúsculo y las horas
empiezan a doler en los distantes
repliegues de la sábana. De pronto
la noche ha regresado y es difícil
no pensar en tu boca momentánea
o en las altas comarcas de tu cuerpo
en lienzos de algodón en alabanza.
Ahora que no estás, vuelvo a mirar
el rayo que dividen tus pestañas
y el estremecimiento de tu espalda
moldeándome los brazos, la sonrisa
de tu sxo en los vértigos del labio,
el instante fluvial de tu alegría.
A lo lejos respira el mar, asciende
la blanda superficie su clausura
bajo un raso de líquidos cristales.
La noche sin tu piel crece más honda
por las calles donde asperjas la lluvia.
En silencio te recuerdo, muchacha,
con las últimas brasas que se apagan
contra el pecho del cielo, palpitando.
Detente sombra de Sor Juana Inés de la Cruz
Detente, sombra de mi bien esquivo
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.
Si al imán de tus gracias atractivo
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero,
si has de burlarme luego fugitivo?
Mas blasonar no puedes satisfecho
de que triunfa de mí tu tiranía;
que aunque dejas burlado el lazo estrecho
que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.
Pequeña del Amor de Jaime Sabines
Pequeña del amor, tú no lo sabes,
tú no puedes saberlo todavía,
no me conmueve tu voz
ni el ángel de tu boca fría,
ni tus reacciones de sándalo
en que perfumas y expiras,
ni tu mirada de virgen
crucificada y ardida.
No me conmueve tu angustia
tan bien dicha,
ni tu sollozar callado
y sin salida.
No me conmueven tus gestos
de melancolía,
ni tu anhelar, ni tu espera,
ni la herida
de que me hablas afligida.
Me conmueves toda tú
representando tu vida
con esa pasión tan torpe
y tan limpia,
como el que quiere matarse
para contar: soy suicida.
Hoja que apenas se mueve
ya se siente desprendida:
voy a seguirte queriendo
todo el día.
VOLVER A CASA ES HORRIBLE de Eva Haralambidis-Doherty
Volver a casa es horrible,
ya sea que los perros te laman la cara o no.
Ya sea que tengas una esposa o una soledad en forma de esposa esperando por ti.
Llegar a casa es terriblemente solitario,
tanto así que añoras con ternura aquella opresiva presión barométrica de donde acabas de volver,
porque todo es peor una vez que estás en casa.
Piensas, con nostalgia,
en las alimañas que se aferran a los tallos de la hierba,
las largas horas de camino, la asistencia en carretera,
los helados y las formas peculiares de ciertas nubes y silencios, porque no querías volver.
Regresar a casa es espantoso.
Y los silencios domésticos y sus nubes hogareñas no contribuyen en nada más que a todo el malestar.
Miras con sospecha las nubes como son,
hechas de una materia distinta de aquellas que dejaste atrás.
Tú mismo estás cortado de una tela diferente,
turbia.
Devuelto,
repudiado,
mal recibido por la luz de luna,
infeliz de regresar,
holgado en todos los puntos equivocados,
como un traje lleno de costuras,
un trapo andrajoso de cocina,
usado.
Llegas a casa como a otro planeta, ajeno.
El tirón gravitacional de la Tierra,
un esfuerzo ahora redoblado,
suelta los cordones de tus zapatos y hace que arrastres los hombros,
grabando aún más profunda la estrofa de la angustia en tu frente.
Vuelves a casa hundido, como un pozo sin agua ligado al mañana por una frágil hebra de “qué más da”.
Suspiras frente a la avalancha de días idénticos,
bien podrían ser uno solo,
y uno a la vez.
Bueno,
qué más da, volviste.
El sol sube y baja como una puta cansada,
el clima inmóvil como un miembro roto mientras envejeces.
Todo permanece inmóvil,
menos las mareas cambiantes de sal en tu cuerpo.
Tu visión se nubla,
llevas encima tu clima contigo; una gran ballena azul,
una oscuridad hecha esqueleto.
Vuelves a casa con visión de rayos X,
tus ojos convertidos en hambre.
Y así,
regresas con tus dones mutantes a una casa de hueso.
Todo lo que ves ahora,
todo,
es hueso.
Carta a Antonio de César Moro
Te quiero con tu gran crueldad, porque apareces en medio de mi sueño y me levantas y como un dios, como un auténtico dios, como el único y verdadero, con la injusticia de los dioses, todo negro dios nocturno, todo de obsidiana con tu cabeza de diamante, como un potro salvaje, con tus manos salvajes y tus pies de oro que sostienen tu cuerpo negro, me arrastras y me arrojas al mar de las torturas y de las suposiciones.
Nada existe fuera de ti, sólo el silencio y el espacio. Pero tú eres el espacio y la noche, el aire y el agua que bebo, el silencioso veneno y el volcán en cuyo abismo caí hace tiempo, hace siglos, desde antes de nacer, para que de los cabellos me arrastres hasta mi muerte.
Inútilmente me debato, inútilmente pregunto. Los dioses son mudos; como un muro que se aleja, así respondes a mis preguntas, a la sed quemante de mi vida.
¿Para qué resistir a tu poder? Para qué luchar con tu fuerza de rayo, contra tus brazos de torrente; si así ha de ser, si eres el punto, el polo que imanta mi vida.
Tu historia es la historia del hombre. El gran drama en que mi existencia es el zarzal ardiendo, el objeto de tu venganza cósmica, de tu rencor de acero.
Todo sexo y todo fuego, así eres. Todo hielo y todo sombra, así eres: hermoso demonio de la noche, tigre implacable de testículos de estrella, gran tigre negro de semen inagotable de nubes inundando el mundo. Guárdame junto a ti, cerca de tu ombligo en que principia el aire; cerca de tus axilas donde se acaba el aire. Cerca de tus pies y cerca de tus manos. Guárdame junto a ti.
Seré tu sombra y el agua de tu sed, con ojos; en tu sueño seré aquel punto luminoso que se agranda y lo convierte todo en lumbre; en tu lecho al dormir oirás como un murmullo y un calor a tus pies se anudará e irá subiendo y lentamente se apoderará de tus miembros y un gran descanso tomará tu cuerpo y al extender tu mano sentirás un cuerpo extraño, helado: seré yo. Me llevas en tu sangre y en tu aliento, nada podrá borrarme. inútil tu fuerza para ahuyentarme, tu rabia es menos fuerte que mi amor; ya tú y yo unidos para siempre, a pesar tuyo, vamos juntos.
En el placer que tomas lejos de mi hay un sollozo y tu nombre.
Frente a tus ojos el fuego inextinguible.
La noche quedo atrás de Victor Manuel Otero
La noche quedo atrás
un nuevo dia se asoma en tu horizonte de ventura.
En lo que fuera llanto, hay alegría
en lo que fue rencor, hoy, hay ternura.
Ya eres otro
bajo el conjuro de la palabra amor
te has superado.
Todo es mas noble en ti
Todo es mas puro
porque todo de amor se te ha llenado.
Amar, y solo amar,
esa es la clave que mueve al universo, a la vida,
lo duro de la senda es mas suave
si tu puedes decir ama y olvida.
Amar a Dios, a ti
al mundo entero
a los que tu conoces,
al extraño, al rico, al poderoso, al pordiosero,
al que te da la paz o te hace daño.
Tu ya eres otro,
porque has podido arrancar la cadena que te ataba
a tu eterno imposible
y has sabido trasponer el dolor que te agobiaba.
Llena tu mente de las cosas buenas,
de las cosas positivas, que construyen
y deja en el ayer todas tus penas,
las negaciones que todo lo destruyen,
tu hogar será de dicha.
En los tuyos hallaras el porque de tu camino
y todo para ti será de orgullo
y tus hijos tendrán otro destino.
Y tu que eres soltera,
buscaras no al hombre que halague tus sentidos
sino al alma que te comprenda mas
porque el alma hace al hombre, no el destino.
La noche quedo atrás,
un nuevo día se anuncia en el lintero de tu ventana
y ya no dejes que escape tu alegría
ni que vuelva el ocaso a tu mañana.
Ya no vivas de ayeres, de lamentos,
ya no suenes tu nota discordante,
piensa siempre en todos tus momentos
que la vida comienza a cada instante.
























Me encantó.