Discover
30MilSomosTodxs | Voces Recuperadas
30MilSomosTodxs | Voces Recuperadas
Author: 30MilSomosTodos
Subscribed: 0Played: 0Subscribe
Share
© 30MilSomosTodos
Description
La idea de #30MilSomosTodxs, y también de Voces Recuperadas, es visibilizar a las víctimas del Terrorismo de Estado como una forma de seguir reclamando Verdad y Justicia por las compañeras y compañeros que fueron secuestrados, torturados, desaparecidos o asesinados. La dictadura cívico-militar no eligió al azar sus víctimas. Eligió personas comprometidas con un proyecto popular. Funcionarios, dirigentes, militantes, trabajadores, estudiantes, cada uno con una historia diferente y a la vez con un horizonte compartido.
#30MilSomosTodxs
#30MilSomosTodxs
36 Episodes
Reverse
Soy Julio Antonio Martín Martín. Nací en Madrid en el año 49, el mismo año en que mi padre fue contratado por la Ffacultad de Artes de Tucumán para enseñar metalistería artística. Unos años después mi madre viajó conmigo. Fui a la escuela Mitre en la primaria y egresé del secundario en el Instituto Técnico de la UNT. Me gustaba mucho dibujar, sobre todo autos y personas en diferentes posiciones. Quizás fue debido a este gusto por el dibujo que seguí la carrera de arquitectura.
Mi otro placer es la música. Junto a tres compañeros armamos una banda de Jazz. Saxo, trompeta, contrabajo y batería. El de la batería soy yo. Me enamoré de Marta Inés Gómez y nos casamos en enero de 1975. Comencé a trabajar como dibujante en la Maderera Lules mientras Marta terminaba sus estudios de bioquímica. En noviembre de 1975 nació Andrés, nuestro hijo.
Julio fue secuestrado el 27 de diciembre de su lugar de trabajo. Cuentan los testigos que fueron dos autos con personal policial armado a buscarlo. Lo subieron al auto y nunca más se tuvo certeza de lo que hicieron con él. La Escuelita de Famaillá y el Arsenal Miguel de Azcuénaga, son algunos lugares por donde posiblemente lo hayan tenido cautivo. Todas las fuerzas consultadas respecto a su paradero, cuando se presentó un habeas corpus, negaron haberlo visto. En 2017 el Equipo Argentino de Antropología Forense comunicó que algunos restos encontrados por el CAMIT en el Pozo de Vargas pertenecen a Julio Antonio Martín Martín.
Memoria, Verdad y Justicia.
#30MilSomosTodxs
#30MilSomosTodxs
Soy Ismael Salame, nací en Tucumán en febrero de 1947. Integré la Juventud Peronista de la IIIª Zona y alimentado por las lecturas del revisionismo histórico, fui parte de una generación que tomó profunda conciencia peronista y revolucionaria. Empecé mis estudios universitarios en la Facultad de Derecho, es ahí donde me sumé al Integralismo. En el ambiente estudiantil, participé activamente en los dos tucumanazos de 1969 y 1970.
Para todos mis compañeros, fui un referente en la campaña del “Luche y Vuelve” y ya en 1972 formé parte de la Mesa Nacional de Conducción de la Juventud Peronista. Como máximo exponente de la Regional V de J.P. (Salta, Tucumán, Jujuy), estuve en la comitiva que trajo al General Perón de vuelta a la Patria, luego de 17 años del injusto exilio.
Luego de la muerte del líder, en el año 1974, profundicé aún más mi compromiso político; asumiendo como responsable nacional de las relaciones montoneras con las Juventudes Políticas Argentinas. Nuestra lucha fue por una vida justa desde ideales libertarios, revolucionarios y de amor.
El 29 de Setiembre de 1976 fui asesinado resistiendo con mis compañeros, un brutal allanamiento en Villa Luro.
Memoria, Verdad y Justicia.
#30MilSomosTodxs
Soy Gustavo, tengo 17 años, soy militante de la Juventud Peronista y en pocos días comienzo el 4to año del bachillerato en una escuela nocturna de Ramos Mejía. Hice un curso de reparación de radio y TV y alquilo un pequeño espacio como taller para colaborar con mi familia y los compañeros que necesiten.
Cuando vinimos a vivir a Buenos Aires conocí otra realidad social y tantas injusticias despertaron mi sangre militante.
Hubo un golpe de estado. Están secuestrando a gente de todas las edades. Los que consiguieron escapar cuentan atrocidades que dan miedo.
La noche del 9 de febrero de 1977, cuando llegaron por mí, me entregue sin resistencia para que no lastimaran a mi mamá y mis hermanas menores. En esos días conversé con un compañero en la comisaría de Haedo. Él me vió muy lastimado. Le conté sobre mi abuelo enfermo, que tenía las manos atadas a mi espalda y pude pasarlas hacia adelante. Nada más supieron de mí…
Un día como hoy se detuvo el mundo: las peleas, la alegría, las canciones. Los libros, el mate, la guitarra. La ropa, el desorden, las medias sin par. El cariño, las rabietas, la complicidad. El futuro...
Un día como hoy cavaron un hoyo en la tierra y todos desaparecíamos.
Me llamo Roberto Gustavo Luis Lescano… el nombre de papá, el que quería mamá y el de mi abuelo. Tengo 17 años, nunca dejen de buscarme!
Memoria, Verdad y Justicia
30MilSomosTodxs
Mi nombre es Carlos Emilio Assales, pero me dicen “Tincho”. Tengo 29 años y una hija, soy militante de Montoneros. El 11 de febrero de 1977 me secuestró la patota de la ESMA. Fui al estudio de un compañero que había caído días antes, y ahí me estaban esperando. Mi compañera, supo que me sacaron del edificio en una camilla como si fuera un enfermo. En ese centro de exterminio me pusieron la pentotal y me subieron a un avión del que luego me bajaron diciéndome que ese día no me tocaba. Dormí un día entero, y cuando desperté pude contar a mis compañeros lo que estaba pasando. Algunos de ellos dicen algunos fui el descubridor involuntario de los vuelos de la muerte. Hoy, continuo desaparecido, pero sé que 44 años después me siguen buscando y exigiendo justicia…. y vivo volviendo, porque 30.000 somos todos.
Soy Eduardo Aníbal Serrano. Nací en Tucumán en 1953.
Egresé del Gymnasium Universitario y comencé las carreras de Historia y Filosofía, ambas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán en la cual me desempeñé como presidente del Centro de Estudiantes.
Me casé con Cristina Aráoz, y nuestra hija Carla nació en septiembre de 1976.
Ese año yo trabajaba en Buenos Aires, en el Instituto ILVEM de lectura veloz y bachillerato para adultos. Con el tiempo se supo que los dueños de este instituto, eran informantes de la Marina.
El 26 de Octubre, a media mañana recibo el llamado de un amigo y compañero de trabajo, Robert Boudet, quien me pide que nos encontremos a tomar un café en la Confitería El Molino, de Av. Callao y Rivadavia. Yo desconocía que Robert había sido secuestrado dos días antes, en la noche del 24 de Octubre. Fue una trampa aquel llamado.
Según testigos presenciales, fue un operativo conjunto de la Marina y el Ejército, había muchos hombres fuertemente armados y vestidos de civil. Al rato, otro compañero de ILVEM, me ve dentro de un Ford Falcon verde.
Tiempo después, mi familia supo que me llevaron al Centro de exterminio, el Arsenal Miguel de Azcuénaga de Tucumán. Allí fui torturado tanto que perdí un ojo y un brazo. Un médico del Ejército, Rodríguez, le hace saber a mi suegro que yo estaba vivo en esos tiempos.
En Julio de 1978, cuando todavía era el mundial de fútbol, un militar le comunica a un familiar de mi mujer que mi expediente había desaparecido... eso significaba que me podían haber trasladado a un centro de máxima seguridad. Mi familia no entendió que, en la jerga de los asesinos, aquello significaba la muerte.
Cristina, mi mujer; Carla, mi hija a la que disfruté sólo 42 días y demás familiares, aún siguen esperando que me encuentren.
Memoria, Verdad y Justicia.
#30MilSomosTodxs.
Soy Pedro Rondoletto, nací en Tucumán el 1 de noviembre de 1920.
Durante mi juventud, jugué al fútbol en los clubes Central Córdoba y San Martín.
Entre a trabajar a la editorial y librería La Raza y ahí conocí a María Cenador, hija del dueño de la imprenta, nos enamoramos y nos casamos en 1947. Tuvimos tres hijos: Marta, Silvia y Jorge.
La casa donde vivíamos tenía dos plantas; en la de abajo estábamos con mi hija Silvia y en la de arriba estaban Jorge y su esposa Azucena. Remodelamos un costado de la casa como un local en el que instalamos con mi socio Gramajo, una imprenta chica dedicada a papelería comercial y a la encuadernación, trabajo que hacía mi esposa, María, oficio que había estudiado en la universidad.
Mis tres hijos, además de trabajar y estudiar, militaban políticamente, lo cual para mí era medio sorprendente, pues nunca percibí la política como algo cercano a mi realidad. María y yo nunca hablábamos de política. Al que más lo ubicaba era a Celestino Gelsi, un gobernador radical que apareció con la caída del peronismo en el 55, y mi mujer se inclinaba por la Democracia Cristiana. Nunca entendí de dónde los chicos habían salido peronistas, tantos años después.
El 2 de noviembre de 1976, entre las 2 y 3 de la tarde, un grupo compuesto de más o menos 30 hombres armados pertenecientes a la V Brigada de Infantería bloquearon la cuadra y entraron a la imprenta. Los hombres vestían de civil, con medias de nylon cubriendo sus rostros, y portaban armas cortas y largas y todos tenían voz de mando como los del Ejército. Al identificarme, uno de ellos me golpea brutalmente y así me llevan al interior de la casa donde ya se encontraban mi esposa y mi hija Silvia, también rodeadas de militares. Simultáneamente, un tercer grupo de encapuchados trajo del departamento de arriba a mi hijo Jorge y a mi nuera Azucena Bermejo quien ya tenía un embarazo de cuatro meses.
Luego de aproximadamente 35 minutos, nos sacan de la casa, con los ojos vendados y bolsas sobre nuestras cabezas. A María y a mí nos metieron en un auto del estado, y a los chicos, en un auto negro. Antes de partir, uno de los hombres le dijo mi socio que tenía veinticuatro horas para cerrar la imprenta… o le pondrían una bomba.
Los secuestradores se apoderaron de todas las pertenencias que encontraron. Durante varios días la casa estuvo siendo saqueada, y se quedaba un hombre a custodiarla. También sustrajeron los dos automóviles de la familia, un AMI 8, de mi propiedad y un Citroën 3 CV propiedad de mi hijo Jorge. Mi auto fue entregado como gratificación por el Comisario Roberto ALBORNOZ a un Sargento que iba a jubilarse y que nos había custodiado en la Jefatura de Policía.
Luego nos pasaron a la cárcel de Villa Urquiza y finalmente al Arsenal Miguel de Azcuénaga, donde fui fusilado junto a mi hijo Jorge. Nos habían sacado del recinto de detención y entregados al Primer Alférez Roberto Barraza, quien junto al Teniente Coronel Cafarena y dos o tres gendarmes más, nos conducen al borde de una fosa. Cafarena da la orden de disparar y luego de caer, nos arrojan encima ramas, llantas, aceite y gasoil, y nos prenden fuego. Yo permanezco aún con vida cuando me arrojan otra rueda de tractor y le prenden fuego. El Ex gendarme Antonio Cruz pide a Barraza que me mate, pero éste se niega, dejándome morir quemado.
Cuarenta años después, en 2016, partes de los restos de mi familia fueron encontrados por el CAMIT, en el Pozo de Vargas e identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Un año después identificaron mis restos, también, extraídos del Pozo de Vargas.
Memoria, verdad, justicia.
#30MilSomosTodxs
Soy María Cenador, me dicen “Nena”. Nací en Tucumán y era hija de Andrés Cenador Aparicio y Ramona Barrasa. Mi padre tenía la imprenta y librería “La Raza”, que llegó a convertirse en una muy reconocida editorial en Tucumán.
Cuando tenía 16 años, mi madre falleció. Luego el amor llegó a mi vida: me enamoré de Pedro Rondoletto, un empleado de la imprenta al que todos querían mucho. Era un gran jugador de fútbol. Nos pusimos de novios, nos casamos en 1947 y tuvimos tres hijos: Marta, Silvia y Jorge. Formamos una familia unida y fuerte.
Cuando los chicos fueron más grandes, decidí comenzar a trabajar y luego me puse a estudiar encuadernación en la UNT. Con ese título, me sumé como encuadernadora en la imprenta de mi marido y un socio, la que funcionaba en un local delantero, en la propia vivienda familiar.
Mis tres hijos y mi nuera, Azucena, militaron en diferentes agrupaciones, discutían y hablaban mucho al respecto. También comencé a compartir ese otro universo del compromiso político, aunque mi marido no se involucraba en esas perspectivas. Yo era más abierta a escuchar y también a expresar mis opiniones. Era la que estaba más al tanto de las actividades de mis hijos, que tenían un fuerte compromiso con lo social y político.
El 2 de noviembre de 1976, alrededor de las 14, un grupo de tareas se presentó en nuestro domicilio y nos secuestraron a Pedro –que estaba trabajando en la imprenta–, a mi hija Silvia, a Jorge y a Azucena, que estaban en su casa en la planta alta, y a mí. Azucena estaba embarazada de cuatro meses en ese momento.
Los cinco fuimos llevados con los ojos vendados y las cabezas cubiertas con bolsas. Pedro y yo fuimos puestos en una rural y mis hijos y mi nuera en un auto negro. Antes de partir, le dijeron al socio de mi marido que tenía 24 horas para desmantelar la imprenta y, si no lo hacía, pondrían una bomba. Los días posteriores al secuestro mi casa continuó siendo saqueada.
Fueron los padres de Azucena los primeros que comenzaron a buscarnos…. en todos los casos la respuesta fue el silencio. Mi hija Marta, que ya por ese entonces vivía en Buenos Aires, se enteró de nuestro secuestro, quince días más tarde.
Fuimos llevados a la Jefatura de Policía, luego a la cárcel de Villa Urquiza y finalmente al Arsenal Miguel de Azcuénaga. Al parecer, Pedro y Jorge fueron fusilados en este último centro clandestino.
Cuarenta años después, en 2016, nuestros restos fueron encontrados por el CAMIT en el Pozo de Vargas e identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense.
El bebé que esperaba mi nuera y que debió nacer entre marzo y abril de 1977, continúa desaparecido.
Memoria, verdad y justicia.
#30MilSomosTodxs
Nota: CAMIT (Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán)
Soy Jorge Osvaldo Rondoletto. Soy un militante del peronismo montonero. Nací en San Miguel de Tucumán, el 11 de junio de 1952. Cursé la escuela primaria en la Escuela Manuel Belgrano y la secundaria en el Instituto Técnico de la UNT. Luego estudié Ingeniería en la Universidad Tecnológica Regional -donde milité en la Juventud Peronista- mientras trabajaba en la Dirección Provincial de la Vivienda. Todo esto en el mismo Tucumán.
Durante mi adolescencia me enamoré de Azucena Bermejo; una chica hermosa, dulce e inteligente. Ella iba al mismo colegio que mi hermana Marta, pero a otra división, y le enseñaba inglés. Fue durante alguna clase particular en mi casa cuando nació el amor. Nos pusimos de novios y nos casamos en enero de 1976. Éramos muy compañeros y formamos una pareja inseparable, nos amábamos profundamente. Antes de casarnos, construimos nuestra casa, arriba de la de mis viejos.
Me secuestraron el 2 de noviembre de 1976 en mi domicilio de San Lorenzo 1668, planta alta, junto a mi esposa Azucena Bermejo, embarazada de 4 meses. Simultáneamente, también secuestraron a mi hermana Silvia, a mi madre María Cenador y a mi padre Pedro Rondoletto, quienes vivían en la planta baja. A todos nos sacaron con los ojos vendados y bolsas cubriendo nuestras cabezas. Posteriormente los raptores saquearon nuestro domicilio y personal policial se apropió de nuestros vehículos.
Primero nos llevaron al centro clandestino de detención que funcionaba en la Jefatura de Policía. Posteriormente nos trasladaron a la Compañía de Arsenales Miguel de Azcuénaga, donde fuimos torturados. Entre marzo y mayo de 1977, mi viejo y yo fuimos fusilados y nuestros cuerpos fueron tirados a un pozo e incinerados.
Cuarenta años después, en 2016, nuestros restos fueron encontrados por el CAMIT en el Pozo de Vargas e identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense.
El bebé que esperábamos con mi esposa Azucena y que debió nacer entre marzo y abril de 1977, continúa desaparecido.
Memoria, verdad, justicia.
#30MilSomosTodxs
Nota: CAMIT (Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán)
Mi nombre es Azucena Bermejo. Nací en Salamanca, España, en 1953. Mi familia emigró a Argentina cuando yo era una niña pequeña, en busca de mejores perspectivas de vida. Nos instalamos en San Miguel de Tucumán, en el Norte Argentino. Cuando era una adolescente, conocí a Jorge Rondoletto a través de su hermana Marta, quien me daba clases particulares de inglés. Ambas familias vivíamos en el mismo barrio de Ciudadela. Jorge era un año mayor que yo. Él fue mi gran amor.
Después de recibirme de maestra, comencé a estudiar Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras. Para 1973, cuando Argentina volvió a la democracia, el país vivía un período de mucha convulsión política y con una importante participación del estudiantado en la lucha que atravesaban los sindicatos y las aulas universitarias. Yo militaba en la Juventud Universitaria Peronista (JUP), y fue así que pude colaborar en la propuesta de cambios y actualización de contenidos de mi carrera.
Jorge y yo nos casamos en enero de 1976, cuando terminamos de construir nuestro hogar, en la planta alta de la casa de mis suegros. Pero la tranquilidad de nuestra vida conyugal apenas duró unos meses. El 2 de noviembre de 1976, a las 14:00 horas, un grupo de hombres enmascarados y armados irrumpió en nuestro edificio, donde en la planta baja funcionaba una imprenta que pertenecía al padre de Jorge. Los asaltantes, que se identificaron como militares, apartaron a un lado a los empleados y nos llevaron a mí, a mis suegros, Pedro y María, a Jorge y a su hermana Silvia. Yo tenía 23 años y estaba embarazada de cuatro meses.
Nos llevaron a la Jefatura de Policía, y de ahí al Arsenal Miguel de Azcuénaga, un centro de exterminio. En aquel centro clandestino de detención, Pedro, mi suegro, y Jorge, mi marido, fueron fusilados.
En junio de 2016, un equipo de forenses pudo constatar que los restos óseos de María, Jorge y Silvia fueron enterrados en un siniestro paraje conocido como “el Pozo de Vargas”. Dos meses después también identificaron mis restos. Por último, en junio de 2016, hallaron los restos de Pedro. En ese pozo han sido extraídas piezas óseas pertenecientes a más de cien personas desaparecidas.
Yo fui la única española secuestrada durante la última dictadura argentina que se encontraba embarazada en el momento de su detención ilegal.
Memoria, verdad, justicia.
#30MilSomosTodxs
Mi abuela me llama Martín. Ya me acostumbré. Mi partida de nacimiento vieja ya no existe más. En mi DNI nuevo figuro como Diego Martín Ogando.
Me secuestraron con 8 meses de gestación, en la panza de mi madre, me hicieron nacer en la cocina de una celda toda sucia, sobreviví de casualidad. Mi madre me dio a luz esposada y con los ojos vendados arriba de una chapa, en un lugar asqueroso, mugriento. Me contaron que estuve con mi madre apenas tres días. Después me separaron de ella, me vendieron y durante 39 años me robaron mi identidad.
Crecí con Armando y Sofía, mis padres de adopción, por así decirlo, y con Lorena, mi hermana de crianza, digamos. Una familia de clase media. Yo siempre supe que no era hijo de Armando, siempre hablábamos de cómo había sido mi adopción, entre comillas. Fue en diciembre del ’76, plena dictadura, en el aire estaba que yo podía ser hijo de desaparecidos. Él no podía tener hijos y le dijeron: “Andá a tal clínica de la localidad de Wilde. Tenés que llevar bastante plata y ahí ves”. Él se presentó en la clínica clandestina y, bueno, le vendieron un bebé. Él pagó por mí. Yo le súper agradezco a Armando que me haya dicho siempre la verdad.
No es que yo esperé a que mis padres adoptivos murieran, sino que se dieron así las cosas. Ellos fallecieron y a partir de ahí empecé. Pero siempre crecí con eso de querer saber sobre mi identidad. Quería saber de dónde venía.
Pasaron más de cinco meses desde que me tomé la muestra de sangre. El 5 de noviembre de 2015 yo estaba trabajando y recibo un llamado de Claudia Carlotto, y pienso: “Ups, acá pasa algo” y me dice que el análisis había dado positivo. Me cuenta que mi papá se llamaba Jorge Oscar Ogando, mi mamá Stella Maris Montesano. Que ellos están desaparecidos y que yo nací en el Pozo de Banfield, un centro clandestino de detención. Me dicen que tengo una abuelita que me buscó toda su vida, durante 39 años, que se llama Delia, que es una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. Me dicen también que yo tenía una hermanita que participó un montón en mi búsqueda, que ansiaba mucho encontrarme pero en 2011 sufrió una depresión muy grande y se quitó la vida”.
Yo sentado en mi oficina intentaba procesar toda esa información. Pedí hablar con Delia que estaba ahí, fue la primera voz que me llamó Martín. La verdad es que mi abuela es un amor, es muy simpática.
Cuando me preguntan, yo digo que no es que cambié la identidad sino que agregué identidad. No es que borré todos los años que viví como Diego Berestycki, sino que a esos años ahora les estoy agregando años como Martín Ogando.
Si naciste entre 1975 y 1980 y tenés dudas de tu identidad, o no te sentís cómodo con quién te dicen que sos o si sentís que alguna de las historias que contamos en Voces Recuperadas puede ser la tuya, acercarte a Abuelas de Plaza de Mayo.
Memoria Verdad y Justicia.
30MilSomosTodxs.
30MilSomosTodxs
Soy Jorge Oscar Ogando, nací en 1947 en la ciudad de la Plata, a media cuadra de la escuela 11 donde hice el primario. Desde niño siempre fui una persona alegre y me encantaba hacerle los mandados a mi mamá. Ella era maestra, muy conocida y querida, también preparaba alumnos particulares. Así fue como conocí a Stella Maris Montesano aunque después se mudó y no la volví a ver hasta que tuve 17. Ella era amiga de la hermana de un amigo mío. Un año después del reencuentro nos pusimos de novios y nos casamos. Por intermedio de mi suegro entré a trabajar en el Banco Provincia donde hice muchos amigos y crecí laboralmente.
Durante algún tiempo compartimos departamento con un matrimonio de amigos (Edgardo Miguel Ángel Andreu y Norma Robert). Cuando “Vigo” (así le decíamos a Edgardo) terminó el servicio militar, salió a buscar departamento para mudarse con Norma pero no volvió más. Ante el temor que eso me generó, fui a hacer la denuncia de la desaparición a la Oficina de Inteligencia del Ejército en la Provincia de Buenos Aires que queda en la calle 54 de La Plata. Conté todo lo que sabía. A la tarde fue Stella a corroborar lo que había dicho yo.
El 16 de octubre del 76, a la madrugada entraron en mi casa un grupo de militares, era un operativo. Nos encapucharon y nos llevaron. Nos secuestraron. Mi hija de 3 años quedó sola en la casa.
Nos destinaron al Pozo de Banfield. Allí me separaron de Stella, ella estaba embarazada de 8 meses. No tenía contacto con ella, no me importaba lo que me pasara a mí, sólo podía pensar en Stella y el bebé. Supe que nació mi hijo Martín porque los compañeros detenidos me hicieron llegar un pedacito del cordón umbilical, eso fue como tenerlo en brazos y escucharlo llorar, fue un alivio en medio de toda esa pesadilla. Al tiempo nos trasladaron a otro centro de detención, La Armonía, era el casco de una Estancia de terrenos militares. Allí torturaban personas, mataban y enterraban los cuerpos en fosas comunes.
Mi mamá, Delia Giovanola, no entendía nada. Nos buscó incansablemente. Primero a nosotros y luego a Martín, temiendo lo peor. Ella y otras madres se organizaron para la búsqueda de sus nietos, se hicieron conocidas como las “Abuelas de Plaza de Mayo” y su búsqueda trascendió a nivel internacional. Un día llega a la CONADEP un mensaje anónimo de un militar arrepentido… así fue que mi mamá pudo saber que habíamos muerto y que estábamos enterrados en la Estancia La Armonía.
Memoria, verdad y Justicia.
30MilSomosTodxs
Soy Stella Maris Montesano, nací en 1949 con mi hermana melliza Liliana. Conocí a Jorge de niña pero al mudarme perdí contacto con él. A los 15 años me reencontré y a los 16 nos pusimos de novios. En el 72 me recibí de abogada y en el 73 nació Virginia. Yo ya trabajaba como abogada en algunos sindicatos, mi compromiso era con los trabajadores, un sector muy vulnerabilizado.
Era la madrugada del 16 de octubre del 1976, estábamos en casa cuando irrumpió un operativo del ejército llevándonos a la rastras a Jorge y a mí. Antes de irse, uno de ellos le golpea la puerta a una vecina avisándole que quedaba una nena sola en la casa. Pensar en volver a estar con Virginia me daba fuerzas en medio de esa siniestra incertidumbre, tantas veces me pregunté con quién estaría, quizás con Liliana, mi melliza o con Delia, mi suegra. Yo tenía 27 años y estaba embarazada de 8 meses. Nos llevaron al Pozo de Banfield.
El 5 de diciembre de 1976 cuando empecé con trabajo de parto me trasladaron a otro sector, me asistió una detenida estudiante de medicina. Di a luz sobre una chapa, esposada y con los ojos vendados. Guardé un pedacito del cordón umbilical que fue pasando de mano en manos hasta que pudo llegarle a Jorge. Fue como le hice saber que nuestro hijo había nacido. Estuve sólo 3 días con Martín, luego me devolvieron a la celda pero ya sin él. Tuve una crisis de llanto y pedía desesperada por mi hijo, un guardia se acercó y me dijo que no era un lugar adecuado para el bebé, que mejor estaba con la familia, cosa que nunca ocurrió.
Después fuimos trasladados al centro clandestino de detención en la estancia La Armonía. Allí se practicaban interrogatorios bajo tortura y se deshacían de los cuerpos enterrándolos en fosas comunes.
Alicia Carminati que estuvo detenida conmigo fue liberada. Ella le contó a mi familia todo lo que vivimos en el Pozo de Banfield.
Años después, mediante un anónimo que llega a la CONADEP, mi suegra, Delia Giovanola se enteraría que Jorge y yo estábamos enterrados en La Armonía.
Memoria verdad y justicia.
30MilSomosTodxs
Soy José Carlos Coronel, nací en 1944 en Jujuy. Soy poeta y militante.
Estoy casado con María Cristina Bustos y tenemos dos hijas: María y Lucía.
Escribo:
TOTALMENTE INCOMUNICADO
Totalmente incomunicado
la frase procesal se retuerce y avanza
como un gusano helado por mis huesos.
Tiemblo. Es el silencio.
La oscuridad.
El frío.
Las manos contra la pared las piernas bien abiertas
quiénes son sus compañeros dice una voz y los golpes
suenan en mi espalda como las tormentas
calientes del verano de Tucumán.
La sangre en los labios las calles inundadas
los barquitos de papel el jadeo entrecortado
(las risas de los torturadores me bañan
en un aceite grueso y asfixiante)
Totalmente incomunicado
se repiten unos a otros los soldados
que me guardan
sus ojos negros a veces inocentes
se clavan en mí con curiosidad
me apuntan con sus armas si me muevo
pero les hablo y se acercan a mí
y comprueban que somos idénticos
pero se hace otra vez la noche
y vienen a buscarme. ¿Tienes frío?
Preguntan y me desnudan a tirones.
El frío. Tiemblo. El frío atroz y amarillo
de sentirme impotente en un presente
constante y opresivo.
Este momento. Este golpe. Este sacudón
la pregunta lanzada como un ácido
sobre la piel
ellos y yo el aullido y el cuerpo
retorcido de dolor y asco
Totalmente incomunicado
¿de quién? ¿de vos? ¿de mis hermanos
oprimidos? Ilusos pequeños hombrecitos
juegan a que no saben nada de su muerte
como si mis muertos no vinieran
a darme aliento entre golpe y golpe
como si no escucharan los pasos decididos
de mis compañeros cuando el estallido blanco
de mi cerebro electrificado
y me alzan entre dos y me dejan
Totalmente incomunicado
¿de quién? ¿de Dios?
¿de la victoria inevitable?
Pobres hombrecitos temblorosos.
Hemos decidido anunciarles
que la obscena liturgia que practican
es estéril y también suicida
pues el tiempo vendrá como la lluvia
con el estallido verde de los límites finales.
El 29 de septiembre de 1976 fui asesinado resistiendo con mis compañeros un brutal allanamiento en Villa Luro.
Memoria, verdad, justicia
30mil somos todos
Soy Victor Jacobo Noé. Salteño y abogado. Me apasiona esta carrera porque me da las herramientas para luchar por un país más justo. Me afilié al centro de estudiantes, fui presidente y luché por el comedor universitario. Di clases a obreros en la FOTIA y en villas. Me recibí y volví a Salta con mis padres, Moisés y Alegre, y con mi novia Analía. Allí comienzo a atender casos de presos políticos. Me avisan que me buscan y mi hermana Perla me refugia en su casa en Tucumán.
Nos vamos con Analía a Bs As, me ofrecen irme del país pero no puedo. Hay mucho por hacer aquí. Doy clases de apoyo para ingreso en la Facultad.
Hoy es 26 de octubre de 1976. Tengo 27 años.
Me llaman por teléfono. "Ya vuelvo" digo y dejo mi portafolios con el libro de notas. En El Molino, el bar de la esquina, iba a ver a Analía. Nos casamos en una semana. Pero no la veo. Me llevan no sé dónde. No sé dónde.
Memoria, verdad, justicia
#30mil somos todos
Soy Ana Cristina Corral, tengo 15 años, vivo en Tucumán. En el año 1975 intentan secuestrar a mi novio, no lo encuentran en su casa. Con la ayuda de sus padres decide salir del país. Va a mi casa y le dice a mi madre que me saque de Tucumán. Vivo unos meses en la casa de mis tíos en Santiago del Estero. En 1976 cuando se inician las clases vuelvo a Tucumán.
Una noche, el 08/06/1976, rodean mi casa, rompen una ventana y mi padre tiene que abrir la puerta. Yo estoy durmiendo con mi hermana, me secuestran, hace mucho frío y mi hermana me da sus medias de llama. "Es muy chiquita", les dice a los secuestradores, pero me llevan.
Sigo desaparecida a pesar de los esfuerzos de mi familia para encontrarme.
Memoria, Verdad, Justicia
#30MilSomosTodos
Me llamo María Teresa Sánchez, pero todo el mundo me dice “Mory”. Soy maestra diferencial. Vivo en San Martín 1326, en San Miguel de Tucumán. De ahí me secuestraron el 2 de noviembre de 1976.
A las 2 de la mañana, golpearon la puerta del garaje de mi casa. Alguien gritó “Abra la puerta, señora, es la policía!”. Cinco o seis personas entraron en mi casa, todos usaban pañuelos que les cubrían la mitad del rostro. Le ordenaron a mi papá que se tirara boca abajo en un sillón y a mi mamá que se encerrara en el baño, mientras les preguntaban por mí, llamándome “Mory”. Mi papá les contestó que no estaba en mi casa y que no iba a ir esa noche. Después, los encerraron a los dos en su propia habitación, bajo llave, mientras un grupo se iba a las habitaciones de atrás y otros subían a los techos de la casa. Se quedaron ahí toda la noche.
Al día siguiente despertaron a la empleada doméstica y le pidieron que les hiciera mate cocido. Alrededor de las 10 de la mañana llegó mi hermana, que vivía a la vuelta. Los policías la hicieron entrar y la encerraron en una habitación. Al rato, mi hermana les pidió encarecidamente que la dejaran volver a su casa, ya que había dejado el horno prendido y a su pequeño hijo solo.
A eso de las 11 de la mañana llegó uno de mis hermanos. Lo hicieron entrar y lo encerraron junto con mis padres. Más tarde llegó mi otro hermano de su comercio y lo pusieron también ahí.
Finalmente, a las 13.30 llegué yo de la escuela. Al verlos, pegué un grito fuerte. Mis vecinos me escucharon. Los secuestradores se quedaron en mi casa hasta las siete de la tarde. A esa hora se fueron, llevándome con ellos al Centro Clandestino de Detención Arsenal de Tucumán.
En Junio de 2017, encontraron mis restos en el Pozo de Vargas.
Memoria, Verdad y Justicia.
30 Mil Somos Todos.
Me llamo Horacio Marcelo Ponce. Estudio derecho y milito en la Juventud Peronista. Un camino largo empieza para mí el 24 de junio de 1975 cuando un grupo de tareas me secuestra y me llevan a la jefatura de policía. El alojamiento dura unas horas, me trasladan a la escuelita de Famaillá. Después de varios interrogatorios insoportables que duraron dos días interminables, me liberan. En ese tiempo que va desde antes del golpe hasta uno de los años más terribles de la dictadura que fue el 77 continué con mi vida como pude. El 22 de abril de 1977, a la madrugada, sonó el timbre de mi casa, eran tiempos de alerta permanente y nos sobresaltamos; entraron varios hombres armados que se cubrían las caras con pañuelos. Que entregarían un paquete decían. Me llevaron, al llegar reconozco la Jefatura a pesar de la venda. Mi ejecución ya había sido decidida desde el operativo independencia; desde entonces figuraba en la lista de delincuentes subversivos, al lado de nombre podía leerse DF: disposición final.
Memoria Verdad Justicia.
30 mil Somos Todos.
Mi nombre es Jorge de la Cruz Agüero, el 13 de enero de 1976 alrededor de las 3 de la mañana, mientras mi familia y yo dormíamos fui secuestrado por un grupo de policías armados.
Después de romper la puerta de la casa, fueron hasta mi cuarto, me envolvieron con una sábana y me sacaron violentamente. En ese momento yo tenía 17 años, estudiaba en el Instituto Técnico y militaba en la Organización Comunista Poder Obrero.
Fue en el OCPO que conocí a mi compañera Silvia Sandoval, quien estaba embarazada de 3 meses. En julio de 1976 nacería nuestra hija Natalia Ariñez.
Me decían "El Negro", yo jugaba al rugby pero más me gustaba jugar a ser el poeta que mi pequeña hija quisiera leer.
El último registro que hubo de mi fue el que pudo dar mi compañero y amigo José Rendace, estando ambos cautivos en el CCD Jefatura de Policía, él escuchó mi voz, vio un charco de sangre y nunca más se supo nada de mi.
Al día de hoy continuó desaparecido.
MEMORIA, VERDAD, JUSTICIA
porque 30 MIL SOMOS TODOS























