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Un Mensaje a la Conciencia
Un Mensaje a la Conciencia
Author: Hermano Pablo y Carlos Rey (ahp@conciencia.net)
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© 2026 Asociación Hermano Pablo
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Populares programas de 4 minutos que comienzan con una anécdota o historia y terminan con una aplicación moral y espiritual. Se han transmitido de lunes a sábado durante más de 40 años. Actualmente se difunden más de 4 mil veces al día en 30 países en la radio, la televisión y la prensa, y ahora via Internet en Conciencia.net.
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En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:
«Hace cuatro años... tuve una relación sentimental con un hombre [mucho] mayor que yo.... Después de cinco meses de relación, descubrí... cosas impresionantes de él, entre ellas que había estado en la cárcel por tres años, le gustaba la mariguana, odiaba a su madre, era mujeriego, y tenía una relación muy unida con una [amante] anterior y sus hijos.... A la par, después de cinco meses resulté embarazada....
»Mi embarazo fue tristísimo: maltrato emocional y humillación. A pesar de eso, quería quedarme a su lado por mi hijita, que finalmente nació.... Cuando la niña tenía diez meses, él desapareció de la ciudad....
»Desde entonces nunca hemos hablado ni por correo electrónico, y mi hijita ya tiene tres años.... Me entristece porque leo mucho lo importante que es para un niño tener a su padre, y ella no lo tiene.... No sé si será bueno contactarlo a él....»
Este es el consejo que le dimos:
«Estimada amiga:
»¡Hágale caso a sus instintos! Cuando usted dice que no quiere causar problemas ni para usted ni para su hija, a nosotros nos parece que estuviera diciendo: “Estoy tratando de protegerme y de proteger a mi hija del dolor físico y emocional latentes de parte del padre biológico de ella.” Eso proviene de su instinto de supervivencia, y es un mensaje al que debe hacerle caso.
»Claro que sería mejor para su hija que tuviera un padre. Dios dispuso que la familia ideal estuviera formada por un padre y una madre que se comprometieran el uno con el otro de por vida en el sacramento del matrimonio, así como con los hijos que tuvieran.... Cuando optó por tener relaciones íntimas con un hombre con el que no estaba comprometida en matrimonio, en ese momento usted optó por tener a un hijo sin padre.
»... Pero no es demasiado tarde, amiga. Usted puede decidir hoy mismo que nunca volverá a arriesgarse emocionalmente con ningún hombre antes de llegar a conocerlo bien. Usted puede decidir que la próxima vez que tenga relaciones íntimas será con el hombre con quien esté casada y comprometida por el resto de su vida....
»No hay duda de que usted ha tomado algunas malas decisiones.... Pero su Padre celestial está dispuesto a perdonarla por haber hecho caso omiso de sus mandamientos y desobedecerlos. Basta con que le pida a Él que la perdone en el nombre de Jesucristo su Hijo, quien al morir en la cruz pagó el castigo por todos los pecados que usted ha cometido. Luego pídale a su Padre celestial que la ayude a aprender y a obedecer los mandamientos que le ha dado para su protección. Recuerde cada día que Dios la acompañará en su empeño de ser modelo de conducta para su hija. Usted no está sola.»
Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 144.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
En Valparaíso, república de Chile, un hombre de apenas veintiocho años de edad, debido al rechazo de parte de la mujer a la que amaba, decidió quitarse la vida. El hecho no hubiera sido notable de no haber sido por una oferta que hizo el hombre. «Quiero que mi muerte no sea en vano —anunció—. Quiero dar mi corazón a una enferma que lo necesite.»
Había, por cierto, una mujer enferma del corazón que se encontraba en esos momentos al borde de la muerte, y un nuevo corazón podía haberle salvado la vida. Pero los médicos que la atendían rechazaron la oferta del decepcionado hombre y ordenaron que se le pusiera bajo vigilancia por tratarse de un posible suicida.
El hombre le había ofrecido a su amada el corazón, como lo hace todo hombre enamorado, pero decepcionado al no ser correspondido, se lo había ofrecido luego a otra. La oferta que le había hecho a su amada era, por supuesto, simbólica. «Mi corazón es tuyo», le había dicho. Sin embargo, para la enferma desconocida la oferta del corazón era física y por lo tanto real.
Es importante reconocer que este suceso fue noticia por la reacción desproporcionada del romántico hombre, ya que desde tiempos antiguos ha habido innumerables casos de rechazo por parte de una mujer hacia su enamorado. El hombre común y corriente, frente al rechazo de su amada, quiere mostrarle a ella que ha cometido un tremendo error. Pero en vez de determinar que será un hombre ejemplar de tanto éxito que ella, a la larga, se lamentará de haberlo rechazado, por lo general se deprime o se enoja y decide darle una lección.
En casos excepcionales parecidos al del hombre de Valparaíso, el hombre rechazado se hiere él mismo, al extremo de procurar suicidarse. En el peor de los casos hiere física, verbal o emocionalmente a la mujer que no lo acepta, al extremo de querer matarla. Pero en la mayoría de los casos el hombre rechazado, al igual que el hombre de Valparaíso, busca a otra mujer para ofrecerle su corazón quebrantado en un acto físico y no simbólico, sólo que a diferencia de aquel hombre chileno, no busca a una mujer enferma en lo físico sino en lo moral. Y lo hace para que su amada se dé cuenta de cómo lo ha obligado a lanzarse a los brazos de una mujer mil veces menos digna de su amor que ella.
Es precisamente a tal hombre al que le dirige la palabra el sabio maestro del libro de los Proverbios. «Dame, hijo mío, tu corazón y no pierdas de vista mis caminos —le aconseja—. Porque fosa profunda es la prostituta, y estrecho pozo, la mujer ajena.... No desvíes tu corazón hacia sus sendas, ni te extravíes por sus caminos, pues muchos han muerto por su causa; sus víctimas han sido innumerables. Su casa lleva derecho al sepulcro; ¡conduce al reino de la muerte!... Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida.»1
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
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Pr 23:26‑27; 7:25‑27; 4:23
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:
«Desde su juventud mi esposo ha tenido problemas con las drogas, la delincuencia y el alcohol.... Después de que nació nuestra hija, él se internó en un centro y dejó las drogas. Pero, cuando nació nuestro hijo, volvió a caer en las drogas y estuvo con otra mujer, con la que tuvo una hija.... Él volvió arrepentido, y lo perdoné. Hasta hace un tiempo estuvo bien, pero [luego cayó de nuevo en las drogas y, aunque] dijo que las iba a dejar, veo que no es así.
»Ahora [estoy en] la casa de mi hermana porque no aguanto la situación.... Estoy pensando en separarme, pero... por mis hijos sigo adelante, siempre con ese miedo a que mi esposo caiga. ¡Es horrible vivir así!»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimada amiga:
»Al parecer, usted y su familia han estado sujetas a una montaña rusa emocional de la que no pueden bajarse. Su esposo mejora, y eso parece ser motivo para animarse, pero él luego empeora, y eso hace que usted caiga en el desánimo. Su familia ha tenido que seguir aguantando los altibajos de ese tren desenfrenado, y ahora usted quiere saber si debe bajarse con sus hijos y dejar atrás al padre y esposo.
»Lo más prudente sería que consultara a un abogado. Usted necesita saber qué derechos paternos tendrá su esposo si decide separarse de él. ¿Podrá él llevarse a los hijos para una visita no supervisada a un hogar ajeno donde usted no podrá protegerlos de lo que pudieran presenciar o sufrir? ¿Se le exigirá a él que sustente a los hijos económicamente a pesar de que ya no vivan con él? Un abogado puede ayudarle a resolver esos asuntos importantes.
»Debido a que su esposo le fue infiel, creemos que usted tiene una justificación bíblica para separarse de él.1 Además, la drogadicción de él constituye un pésimo ejemplo para sus hijos. Sin embargo, los estudios que se han hecho al respecto han demostrado repetidamente que a los niños les conviene más tener una relación estrecha con el padre. Por eso no hay manera alguna de que sepamos si sus hijos disfrutarían de mejor salud emocional con sus padres juntos o separados.
»La voluntad perfecta de Dios para cada niño es que tenga padre y madre que sean sabios y amorosos, que estén felizmente casados y que no sean adictos a ninguna droga. Sin embargo, todos sabemos que muchos niños no gozan de las ventajas de vivir en un hogar intacto y estable.
»Cualquiera que sea la decisión que tome, usted puede hacer que sean mínimos los efectos negativos que sufran sus hijos al no hablarles mal de su padre. No trate de convencerlos de que usted tiene razón y él no la tiene.... Tenga cuidado de que no le oigan hablar con nadie acerca de esta situación, y asegúrese de mantener en privado y en secreto las conversaciones con su esposo al respecto.»
Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 762.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
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Mt 5:31-32; 19:9
«Eran inocentes porque eran chicos....
»Corrían, jugaban, y sus risas eran inconscientes vibraciones de vida en los jardines.... Sentábanse... sobre el rústico banco de la glorieta, y él contaba historias que le habían leído, mientras jugaba con los deditos de su compañera atenta.
»Eran cuentos como todos los juegos infantiles, en que sucedían cosas fantásticas, en que había príncipes y princesitas que se amaban desesperadamente al través de un impedimento, hasta el episodio final, producido a tiempo para hacerlos felices, felices en un amor sin contrariedades....
»Ya tenía él el orgullo viril de ver colgada de sus palabras la atención de esa mujercita, digna de todos los altares. Y cuando su voz se empañaba de emoción al finalizar un cuento, se estrechaban cerca, muy cerca, en busca de felicidad....
»Estaban un día ajenos a todo. El cuento de la princesa rubia había puesto entre ellos la ascendencia de su fantasía. Ella se arrebujaba contra él desparramando en hilachas de oro sus bucles sobre el hombro amigo; él la había atraído lo más posible y besaba, como estampas sagradas, sus ojos, trémulos de promesas ignotas.»1
Así nos describe Ricardo Güiraldes, en su cuento titulado «Sexto», el primer amor con el que los más jóvenes sueñan y los menos jóvenes se identifican. ¡Qué bien logradas esas imágenes del muchacho que le cuenta historias a su atenta compañera «colgada de sus palabras» mientras juega con sus delicados dedos, y de «esa mujercita, digna de todos los altares», cuyos ojos él besa «como estampas sagradas»! No persiguen más que lo que parecen encontrar los protagonistas de sus cuentos fantásticos: el ser «felices en un amor sin contrariedades».
Este es uno de una colección de cuentos que Güiraldes comenzó a escribir en su adolescencia, pero terminó en París, lejos de su patria argentina, entre 1911 y 1912.2 Unos mil ochocientos años antes, el apóstol Juan había abordado el mismo tema del primer amor al escribirle a la Iglesia de Éfeso, desde donde había sido desterrado a la isla de Patmos. Allí, en el Apocalipsis, le escribió: «Tengo en tu contra que has abandonado tu primer amor».3 Sin embargo, a diferencia de Güiraldes, el primer amor al que se refería San Juan no era físico sino espiritual. Era el amor que al principio los efesios le habían manifestado a su Señor y Salvador Jesucristo.
Al primer amor físico sólo podemos volver mediante remembranzas del ayer como las que evoca Güiraldes, porque en lo físico las dos partes han cambiado para siempre. En cambio, al primer amor espiritual sí podemos volver porque una de las dos partes, Dios, no ha cambiado en absoluto4 desde que primero lo amamos. Así como los efesios, sólo tenemos que arrepentirnos y amarlo como al principio.5 Dios nos espera con brazos abiertos, y quiere rodearnos estrechamente con los lazos de su amor eterno.6
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Ricardo Güiraldes, Cuentos de muerte y de sangre (Buenos Aires: Editorial Losada, 1978), pp. 111-112.
2
Ibíd., p. 11.
3
Ap 2:4
4
Stg 1:17
5
Ap 2:5
6
Jer 31:3
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:
«Soy una mujer divorciada desde hace diez años. Me quedé con tres niñas, a las que crie con mucha dedicación y esfuerzo, llevándolas a la iglesia desde pequeñas....
»Hace tres años mi hija mayor se ganó una beca de estudios en una ciudad lejos de mí. La he apoyado en todo, y en su carrera le ha ido muy bien. Hace tres meses me escribió y me contó que tiene un enamorado. Pero ahora me dice que se va a vivir con su novio, a quien no conozco.... Eso me ha dejado consternada y tan angustiada que no sé qué hacer. Me gustaría su sabio consejo.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimada amiga:
»Sentimos mucho la situación en que se encuentra. Comprendemos la angustia que siente debido a que su hija no está viviendo conforme a las normas bíblicas y morales que usted le ha enseñado desde su niñez.
»Cuando los jóvenes adultos dejan su hogar para asistir a la universidad, tienen la oportunidad de poner a prueba lo que se les ha enseñado en casa. Si tienen duda alguna acerca de Dios, o curiosidad acerca de otros estilos de vida, esos años universitarios les proveen un entorno en el que pueden explorar sus propias creencias y aprender acerca de las creencias de los demás. Nosotros, como padres, quisiéramos protegerlos y guiarlos, pero ellos bien pudieran rechazar nuestra protección y guía.
»Cuando los hijos adultos se mudan del hogar mientras asisten a la universidad, los padres tienen que enfrentar el hecho de que sus hijos ahora pueden... vivir conforme a sus propias creencias. Los hijos adultos ya saben lo que creen sus padres, así que de nada les sirve a los padres tratar de convencerlos de que están tomando decisiones incorrectas. Los padres que insisten en confrontar a sus hijos adultos en cada oportunidad que se presenta, pueden causar que sus hijos dejen de tener contacto con ellos.
»Sin embargo, los padres no tienen que aprobar o aceptar lo que hacen sus hijos adultos. Deben reconocer más bien que esos hijos tienen el derecho y el poder de tomar sus propias decisiones. Y deben hallar la manera de amar y apoyar a sus hijos a la vez que aceptan estar en desacuerdo.
»Su hija es una joven adulta que está viviendo por su propia cuenta y tomando sus propias decisiones. Ya que no hay ninguna manera de que usted la obligue o manipule para que viva conforme a las normas suyas, le recomendamos que se enfoque en mantener una relación positiva con ella a pesar de no aprobar esas decisiones.
»Jesucristo es nuestro modelo de cómo mostrar amor sin aprobar un comportamiento pecaminoso. Cuando Él anduvo en esta tierra, tuvo encuentros frecuentes con pecadores, ofreciéndoles su amor sin insistir en echarles en cara sus pecados. Usted puede hacer lo mismo.»
Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 881.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
Guaimaral, hijo del cacique llamado Mara que gobernaba por los lados del lago de Coquivacoa o Maracaibo, le pidió permiso a su padre para ir a Cúcuta. Allí el cacique Cúcuta le entregó en matrimonio a una de sus hijas. Trágicamente, al año murió la recién casada, pero el joven viudo decidió quedarse de todos modos a vivir en la región, y su ex suegro decidió a su vez adoptarlo como hijo.
Tiempo después llegó a esas tierras el conquistador español Diego de Montes con la intención de arrasar con cuanta comunidad indígena encontrara. La tribu cercana de los Cíneras le hizo frente, pero eso dio como resultado que su cacique, Cínera, fuera ahorcado de un árbol, y que Zulia, la hija de Cínera, se dedicara ella misma a formar un ejército que luchara contra Diego de Montes.
Una vez que organizó a los suyos, Zulia convocó a las tribus vecinas, y el cacique Cúcuta, por su parte, respondió enviando a sus guerreros bajo el mando de su hijo adoptivo Guaimaral. El ejército indígena tomó por sorpresa el campamento de Montes, y exterminó al español y a sus hombres.
Después de la victoria, Guaimaral y Zulia quedaron perdidamente enamorados. Pero «aún estaban comiendo perdices cuando apareció otro Diego español, Diego de Parada, resuelto a vengar a su tocayo —relata el historiador colombiano Gustavo Gómez Ardila en su obra titulada Cúcuta para reírla (Escenas de su historia)—. Los ejércitos indígenas habían regresado a sus respectivas tribus, por lo que los Cúcutas y los Cíneras debieron enfrentar en inferioridad de condiciones al invasor.
»El desastre criollo fue total. Zulia murió en pleno combate, no sin antes haberle exigido a Guaimaral... que no volviera a casarse....
»—Júramelo —le dijo ella, con voz entrecortada.
»Guaimaral [no] tuvo tiempo... para jurarle fidelidad eterna. El enemigo le pisaba los talones. Sabiéndose reviudo, huyó despavorido.... [y] regresó a Coquivacoa donde, a la muerte de Mara, [su padre,] heredó la corona. [Pero no sabemos si volvió a casarse.]
»Queda demostrado —concluye Gómez Ardila— que los [conquistadores] españoles no sólo aniquilaron a los indígenas, despojándolos de su cultura y sus riquezas, sino que no los dejaron vivir sus historias de amor con final feliz.»1
Francamente, no parece justo que un cónyuge moribundo le pida al otro que no vuelva a casarse, y menos aún que se lo jure antes de tomar su último aliento. Tal vez pudiera justificar semejante petición pensando que su matrimonio ha sido insuperable, y que por lo tanto no quiere que el cónyuge se exponga a ser decepcionado la próxima vez. Pero por eso mismo pudiera razonarse que ese cónyuge reúne todos los requisitos necesarios para hacer feliz a otra persona, y que eso lo acredita para volver a casarse.
Gracias a Dios, todo viudo y toda viuda pueden hallar cierto consuelo en el hecho de que Él diseñó el matrimonio precisamente porque determinó que «no es bueno que el hombre esté solo».2 Pero, si vuelven a casarse, será mucho menor el riesgo de ser decepcionados si cumplen con la condición de San Pablo de que los dos sean auténticos seguidores de Cristo.3
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Gustavo Gómez Ardila, «Guaimaral y Zulia, ejemplo de integración colombo-venezolana», Cúcuta para reírla (Escenas de su historia) <https://www.cucutanuestra.com/temas/ libros_nortesantandereanos/cucuta_para_reirla/capitulo1.htm> En línea 6 julio 2019.
2
Gn 2:18
3
1Co 7:39
Ciertos indígenas —dice una leyenda— habitaban otro planeta. Pero lo deforestaron a tal grado que su dios, preocupado por la vida futura de sus hijos, decidió mudarlos a otro planeta donde hubiera mejores condiciones de vida. El que más le llamó la atención fue el planeta Tierra, debido a que le pareció todo un paraíso de selvas y animales, y tenía agua de sobra.
Para que pudieran bajar hasta la tierra, les ordenó que se cortaran (o, motilaran) su larga cabellera y que con ella tejieran una gran trenza que llegara hasta allá. Fue así como descendió la primera pareja y comenzó a habitar este planeta. Puestos los pies en una montaña, sin duda el Cerro Tasajero, el hombre y la mujer divisaron el valle, la vegetación, los ríos y los animales, y se quedaron tan encantados que tomaron la decisión de vivir allí y cultivar la tierra, pescar y procrear hijos.
Con el paso del tiempo, ya poblado el valle, un joven y su novia se propusieron escapar de la tribu a fin de vivir juntos donde nadie pudiera entrometerse en su vida de pareja. Así que fueron en busca de aquel árbol al que estaba atado el extremo de la cuerda de cabellos por la que había bajado la primera pareja. ¡Qué alegría la que sintieron cuando lo hallaron! Pero su dios les había prohibido trepar por ese árbol. Así que, al verlos comenzar a hacerlo, se enojó mucho y los castigó por su desobediencia convirtiendo al hombre en Sol y a la mujer en Luna.
Por eso en Cúcuta, Colombia, el sol alumbra con tanta intensidad. Es un guerrero «motilón», furioso porque su dios lo separó de su amante. Y por eso la luna llora con cada lágrima del rocío que cubre las flores al amanecer. Está afligida por haber sido separada del amor de su vida. El sol recorre el cielo cucuteño de día en busca de su amada, y la luna hace el mismo recorrido de noche, pero nunca se encuentran.
Esa es, según el historiador santandereano Gustavo Gómez Ardila, en su obra titulada Cúcuta para reírla (Escenas de su historia), una de las versiones del origen del nombre Motilón.1 A pesar de que es una leyenda y no una historia verídica, encierra dos moralejas valiosas. La primera es que, por lo general, no ganamos nada con tratar de alejarnos de la familia y de la comunidad en que nos hemos criado. Dios ha dispuesto que las dos nos sirvan de gran ayuda, y no de estorbo, en el hogar que formemos como adultos, ya sea casados o solteros. Por eso el apóstol Pedro nos enseña a la comunidad de seguidores de Cristo que no seamos entrometidos, sino que, sobre todo, nos amemos mucho unos a otros, porque el amor perdona las faltas ajenas.2
La segunda moraleja es que tampoco ganamos nada con tratar de volver a los viejos tiempos, convencidos de que «el pasto está más verde al otro lado de la cerca». Determinemos más bien, tal como el apóstol Pablo, aprender a estar satisfechos en cualquier situación en que nos encontremos.3 Sólo así podemos de veras ser felices.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Gustavo Gómez Ardila, «A motilar motilones», Cúcuta para reírla (Escenas de su historia) <https://www.cucutanuestra.com/temas/ libros_nortesantandereanos/cucuta_para_reirla/capitulo1.htm> En línea 6 julio 2019.
2
1P 4:8, 15-16
3
Fil 4:11
A principios del siglo dieciocho las jóvenes de Quito acostumbraban asomarse de continuo al balcón para corresponder al saludo y disfrutar de la admiración de los amigos que pasaban por la calle. Era extraordinario el afecto que sentían por su balcón, pues lo consideraban testigo, confidente y cómplice de hermosas ilusiones.
A los hombres también les encantaba el balcón de la novia. Cada pretendiente sabía que no había lugar como aquel espacio entre la calle y la ventana, sede de ese amor sentimental y romántico que disimulaba la timidez, temía ser sorprendido, y necesitaba de mayor esfuerzo y audacia en la conquista por expresarse desde abajo.
El noviazgo tenía que oficializarse para que se les permitiera a los jóvenes quiteños entrar en la casa de las señoritas y visitarlas, en presencia de toda la familia, desde luego. De modo que el sitio preferido de visita era aquel escenario entre el balcón y la calle. Allí, cuando comenzaban a apagarse las luces del cielo, los príncipes azules encendían el corazón de sus princesas con el fuego de sus galanterías, y se fijaban citas que por lo general se realizaban en los templos o en casa de familiares. Esas citas pocas veces culminaban en relaciones sexuales debido a las trabas sociales que se interponían. Por lo tanto, cuando los enamorados lograban vencer esos obstáculos, se desbordaba la represa de su pasión. Y por eso el historiador ecuatoriano Alfonso Rumazo González comenta que «nunca ha habido tantos hijos ilegítimos como entonces, ni nunca los pecados de amor fueron más gentilmente perdonados y olvidados».1
¡Qué triste es ese comentario de la sociedad colonial! No sólo procreó un sinnúmero de hijos ilegítimos, sino que creó un ambiente de tolerancia del pecado, en el que era fácil obtener la absolución social. La verdad es que se asemeja mucho a la sociedad actual. Al creciente índice de nacimientos ilegítimos se suma la desgracia de justificar una actitud tolerante frente al pecado pasional, a tal grado que a todo el que lo censura se le califica de intolerante. ¿Qué se logra con esa actitud? ¿Acaso menos niños que no conocen a su padre? ¿No será que la postura nuestra, la llamada «intolerante», contribuye a que haya más hogares con ambos padres presentes, mientras que la otra, la de excesiva «tolerancia», fomenta lo contrario y por eso sigue extendiéndose esa plaga familiar?
¡Cortemos de raíz este mal que nos está infestando! Cuando un balcón de la vida nos lleve a la impureza del pecado, acudamos a Dios en vez de escudarnos en la sociedad. No esperemos el perdón de la sociedad; más bien pidámosle a Dios perdón por la suciedad que hayamos cometido. Él es el único que trata tanto las causas como los efectos de la enfermedad que es nuestro pecado. Y está dispuesto no sólo a perdonar a quienes se lo pidamos, sino también a bendecir sin medida a quienes nos abstengamos de toda relación sexual fuera del matrimonio,2 que es la insuperable institución que Él estableció para que disfrutáramos del más satisfactorio placer humano.3
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Alfonso Rumazo González, Manuela Sáenz: la Libertadora del Libertador, 6a ed. (Caracas: Ediciones EDIME, 1962), pp. 60-62.
2
Hch 15:29
3
Mt 19:4‑9
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:
«Tengo cuarenta años. Hace casi tres años empecé a enfermar. Me vieron varios médicos y me hicieron muchos exámenes. Pero todos salieron normales, y nada cambió. Como resultado, caí en un estado de depresión y me sometí a un tratamiento horroroso con un psiquiatra. En mi gran desesperación, y por consejos de la gente, recurrí luego a un curandero o brujo. Pero no fue más que una estafa. Nada cambió tampoco.
»He bajado mucho de peso, y sigo muy preocupado.... ¿Será posible que Dios me perdone por haber buscado ayuda en la brujería? ¿Será que algún día Dios me sanará?»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimado amigo:
»¡Cuánto sentimos la enfermedad y todo lo demás que usted ha estado sufriendo!
»Tal como lo ha reconocido, hizo mal cuando acudió a un curandero. Si bien algunos presuntos brujos son embusteros que estafan a sus clientes, otros se valen de verdaderos poderes de Satanás para atraer y engañar a sus víctimas. Y como el objetivo principal de Satanás es lograr que las personas se vuelvan en contra de Dios, las que consultan a los brujos corren el riesgo de perder toda la fe en Dios que pudieran alguna vez haber tenido.
»Por eso, usted hizo algo malo y peligroso al consultar a un brujo, pero Dios está dispuesto a perdonar todo pecado. De hecho, “si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad”.1 No hay pecado alguno que se excluya; “toda maldad” incluye todo pecado. Así que en vez de estar preocupado por lo que ha hecho, pídale a Dios en oración que lo limpie del pecado y de toda maldad. Una vez que se lo pida, Él lo perdonará y limpiará, y ya no tendrá que preocuparse por eso, entre otras cosas.
»... La ciencia médica no deja de hacer nuevos descubrimientos acerca de cómo funciona nuestro cuerpo.... Uno de esos nuevos descubrimientos es cómo nuestro cerebro afecta todas las demás partes de nuestro cuerpo. Por ejemplo, en el caso suyo la depresión que usted atribuye a su incertidumbre en cuanto a su salud bien pudiera ser otro factor que lo afecta físicamente de manera negativa. El cerebro y el cuerpo están entrelazados a tal grado que es imposible saber con certeza si la enfermedad física causó la depresión, o si la depresión pudiera haber causado, al menos en parte, la enfermedad.
»Usted nos pregunta si algún día Dios lo sanará. Sí, creemos que Dios a veces sana las enfermedades sobrenaturalmente, y por eso le pedimos que nos sane. Pero reconocemos que la mayor parte del tiempo Dios se vale de los médicos para darnos sabios consejos médicos y medicinas a fin de controlar infecciones y malestares.»
Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo puede leerse con sólo ingresar en el sitio www.conciencia.net y pulsar la pestaña que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 761.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
1Jn 1:9 (TLA)
(Antevíspera del Día Mundial del Matrimonio)
«Arroz con leche,
me quiero casar,
con una señorita
de San Nicolás.
Que sepa coser,
que sepa bordar,
que sepa abrir la puerta
para ir a jugar.
»Yo soy la viudita
del barrio del rey.
Me quiero casar
y no sé con quién.
Con esta sí,
con esta no,
con esta señorita
me caso yo.
»Capitán de buque
me mandó un papel
a ver si quería
casarme con él.
Yo le contesté,
en otro papel,
que hombre sin dinero
no era menester.
»De tanto andar el joven
con ese papel,
hasta mi mamita
lo llegó a saber.
—Ven acá, mi hijita,
dime la verdad,
si con ese joven
te piensas casar.
—No, no, mi mamita,
no lo piense usted,
que con ese joven
no me casaré.»1
Estas populares rimas infantiles sobre los requisitos que debían cumplir los futuros cónyuges de niños y niñas fueron publicadas por Juan Alfonso Carrizo en su Cancionero de Catamarca en 1926 y en su Cancionero de Salta en 1933. Gracias a Dios, en el siglo veintiuno reconocemos mucho más que en los siglos anteriores los principios bíblicos que establecen la igualdad entre los hombres y las mujeres.
«Juan Alfonso Carrizo fue un estudioso argentino que... se dedicó... a... la búsqueda y el hallazgo de los cantares tradicionales del pueblo.... [Logró] recorrer personalmente, palmo a palmo, cinco provincias [argentinas], recolectar cerca de treinta mil cantares y publicarlos anotados con la mayor erudición», escribe la eminente doctora e investigadora argentina Olga Fernández Latour de Botas en 1995 con motivo del centenario del nacimiento de Carrizo.
«Recuerdo que mi padre, don Enrique Fernández Latour, decía haberlo conocido en las tardes en que, desde una mesa de la confitería más céntrica de la ciudad de San Miguel de Tucumán, recitaba a quien quisiera oírlo coplas y cantares que fluían de sus labios con toda la belleza, la gracia y la sabiduría de la tradición viva. Él los había descubierto, documentado y “salvado” del olvido....
»Con la Fe como guía
iba buscando
todo lo que las gentes
dicen cantando,
cuando cuentan, o ríen,
o están llorando.
»Me tocó a mí, por indicación [de Carrizo mismo] —alentada o tal vez inducida por mi maestro... el profesor [Bruno Cayetano] Jacovella... [que] ha sido el mejor biógrafo de Carrizo— proseguir con trabajos referidos al cancionero.
»... Había en Carrizo un atavismo luminoso que... lo conducía por el sendero de la fidelidad al Evangelio y de la permanente manifestación de su gracia....
»“En esta vida emprestada
el bien vivir es la llave.
Aquel que se salva, sabe,
y el que no, no sabe nada”.
»Esta cuarteta anotó
don Juan Alfonso Carrizo,
y con esa llave abrió
la puerta del paraíso.»2
Sólo nos queda aclarar que, según San Pablo, lo que sabe el que se salva es que la salvación no es por obras sino por la gracia de Dios, y que se obtiene mediante la fe como su regalo inmerecido.3
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Juan Alfonso Carrizo, «Rimas infantiles», Antiguos cantos populares argentinos (Cancionero de Catamarca) (Buenos Aires: Impresores Silla Hermanos, 1926), pp. 235-36 <https://www.cervantesvirtual.com/obra/antiguos-cantos-populares-argentinos-cancionero-de-catamarca--0/> En línea 15 agosto 2025; Juan Alfonso Carrizo, Cancionero popular de Salta (Buenos Aires: A. Baioco y Cia. Editores, 1933), p. 18 <https://www.cervantesvirtual.com/obra/cancionero-popular-de-salta--0> En línea 15 agosto 2025.
2
Olga Fernández Latour de Botas, «En el centenario de Juan Alfonso Carrizo», Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 545 (noviembre 1995), pp. 127-137 <https://www.cervantesvirtual.com/obra/en-el-centenario-de-juan-alfonso-carrizo> En línea 15 agosto 2025.
3
Ef 2:8-9
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:
«Desde hace nueve años, he venido arrastrando un pecado oculto que me ha traído graves consecuencias en los últimos cuatro meses. He gastado 28 mil dólares en páginas pornográficas, y ahora tengo esa deuda.... Me he arrepentido muchas veces.... Me siento muy mal, y en verdad quiero dejar ese vicio y no pecar más.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimado amigo:
»La enorme cantidad de dinero que ha gastado en pornografía pudiera parecerle la consecuencia más destructiva de su adicción. Sin embargo, aunque coincidimos en que es una asombrosa cantidad de dinero y de deuda, nosotros sostenemos que el daño producido en su cerebro es aún más grave.
»La pornografía presenta imágenes aparentemente perfectas. Cuántas más imágenes perfectas usted vea, menos podrá apreciar la belleza en personas normales e imperfectas. De hecho, la mayor parte de las personas adictas a la pornografía, a fin de alimentar su vicio en privado, se alejan de personas normales, tales como amigos y familiares. Pudiera resultarles algo placentero pasar tiempo con personas normales, pero ese placer no puede competir con el placer que sienten al ver pornografía. Han condicionado su cerebro para anhelar el placer que produce la pornografía y hacer lo que sea para volver a experimentar ese placer. Son capaces de abandonar prácticamente a sus seres queridos y de malgastar todo el dinero que poseen, aun cuando eso signifique no poder pagar el alquiler de la casa....
»Le rogamos que ingrese a www.conciencia.net, pulse la pestaña que dice «Casos» y busque el Caso 7. En el consejo describimos los cambios que se producen en el cerebro cuando se consume pornografía repetidamente, y también presentamos una lista de los pasos a seguir si se quiere superar la adicción.
»Sin embargo, el hecho de que usted sepa y comprenda esos pasos no es suficiente; es necesario que tome las medidas propuestas en la lista. Por ejemplo, si usted normalmente ve pornografía en su teléfono, cámbielo por un teléfono que no tenga acceso a la Internet. O, si generalmente ve pornografía en su computadora, compre e instale un software que bloquea sitios sólo para adultos....
»Jesucristo, el Hijo de Dios, les enseñó a sus seguidores acerca de la tentación. Con frecuencia empleó el recurso de la exageración en su enseñanza, y los oyentes de esa época comprendieron que era una figura retórica para hacer énfasis en algo en vez de ser una instrucción que debía interpretarse literalmente. Así que cuando Él enseñó: “Si tu ojo derecho te hace caer en pecado, es mejor que te lo saques y lo tires lejos”, ninguna de las personas que lo estaban escuchando pensó que debía en realidad sacarse su propio ojo y tirarlo lejos.1 Comprendieron más bien que Él les estaba enseñando que debían hacer todo cuanto fuera posible para apartarse de todo lo que les estaba impulsando a pecar. Ese es también nuestro consejo para usted.»
Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo puede leerse con sólo ingresar en el sitio www.conciencia.net y pulsar la pestaña que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 880.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Mt 5:29 (DHH/TLA)
A fines de 1996, un grupo de treinta y cuatro universitarios del estado de Washington en los Estados Unidos se internó en la selva amazónica del Ecuador donde los estaban esperando los Huaorani, conocidos también como los aucas. Éstos, por medio de su embajador extraoficial Esteban Saint, los habían invitado a que fueran a verlos para conocer su modo de vivir.
Esteban mismo los acompañó hasta el fin del camino, y luego se los entregó a tres de los Huaorani para que les sirvieran de guías en plena selva. Antes de volver a encontrarse con Esteban, de quien dependían como intérprete, caminaron en un solo día trece horas continuas por un sendero marcado con señales que los indígenas reconocían. El día siguiente abordaron canoas río abajo hasta llegar a un campamento selvático. Para entonces ya habían pasado tres días y medio de andar juntos.
A la puesta del sol estaban sentados a la orilla del río. La luna apenas comenzaba a asomarse sobre las copas de los árboles. Una de las jóvenes le dijo a Esteban:
—Todo lo que hemos leído acerca de los Huaorani es que son una tribu extremadamente violenta. ¿Será que éstos que nos acompañan son parientes lejanos de aquéllos?
—No, son estos mismos —le contestó Esteban—. ¿Por qué no le preguntas a uno de ellos dónde está su padre a ver qué te dice?
La incrédula joven escogió a una de las mujeres de la tribu, y ésta, valiéndose de Esteban como intérprete, contestó que hacía mucho tiempo que su padre había muerto atravesado con una lanza.
Acto seguido, una de las indígenas más apacibles señaló a un hombre al otro lado del círculo, y declaró:
—Él mató a mi padre, a mi madre, a mi hermano mayor, y a otros más de mi familia.
Por si eso fuera poco, Daua apuntó a Quimo, que estaba enfrente de ella, y reveló:
—Él mató a mi padre y a mi madre, y a mis dos hermanos mayores. A mi mamá la atravesó con una lanza mientras ella amamantaba a mi hermanita en una hamaca.
¡Y siguió mencionando a otros hasta completar diecisiete miembros de su familia a los que él había matado!
—¿Cómo es posible que ahora viva en paz con un hombre que mató a toda su familia? —inquirieron los jóvenes, pasmados.
Finalmente Esteban tomó del brazo al mismo indígena, el que se llamaba Quimo, y anunció:
—¡Él también mató a mi padre!
Una de las jóvenes, alarmada, preguntó:
—Señor Saint, ¿acaso no corremos peligro aquí?
A fin de tranquilizarla, Esteban le dijo a Daua:
—Esta joven quiere saber si después de dormirse, seguirá con vida.
Daua y los demás Huaorani se rieron a carcajadas, y por fin Daua se puso seria y respondió:
—Si nosotros no anduviéramos en el sendero de Dios, no volverías a despertar después de dormirte.
Y añadió:
—Ahora vivimos felizmente al andar en el sendero de Dios.
—¿Cómo es que ahora vives felizmente y con paz, cuando antes vivías tan mal? —le preguntó Esteban.
Durante las dos horas siguientes aquella analfabeta les echó un discurso a esos universitarios sobre el poder transformador de Dios. Al terminar, los miró como si fuera la abuela de cada uno, y les dijo:
—Escúchenme bien. En esta vida hay muchas sendas, pero hay una sola en la que Dios ha dejado marcadas las señales que conducen a su hogar. Si ustedes salen de aquí sin seguir la senda de Dios, jamás nos volveremos a ver; pero si viven como deben y siguen esa senda, entonces estaremos juntos con Dios algún día.1
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Grabación en casete de Esteban Saint, orador en la Trigésima Reunión Plenaria de los Socios del Instituto Lingüístico de Verano, Lancaster, PA, EE.UU., 14 junio 1997.
La idea consistía en construir una aldea típica, a la antigua, para que aventureros del exterior llegaran a pasar algún tiempo en ella. Se albergarían en chozas con tejado de paja, dormirían en hamacas, cocinarían al aire libre sobre una fogata, y cazarían animales con lanzas, cerbatanas y dardos que tienen puntas venenosas. A Esteban Saint, embajador extraoficial de la tribu, le dijeron: «Anúnciele a la gente que venga a vernos, y nosotros les mostraremos cómo vivimos.» Fue como resultado de ese plan de turismo que, por primera vez en la historia, abrieron una cuenta corriente en un banco ecuatoriano los Huaorani, conocidos también como los aucas.
A fines de 1996 un grupo de treinta y cuatro universitarios del estado de Washington, por medio de Esteban, hicieron los preparativos para internarse en la selva amazónica donde los indígenas los estaban esperando. Aquellos jóvenes extranjeros no se veían muy diferentes de los indígenas que serían sus guías y anfitriones, pues tenían tatuajes en todas partes del cuerpo, y aretes en las cejas, en la nariz y en la lengua, además de las orejas. Una de las jóvenes tenía un novio que se había jactado ante ella de haber desarrollado una nueva técnica de hacer agujeros en las orejas: estiraba el agujero a tal grado que la persona podía ponerse allí un tapón en vez de un simple arete. De todas partes del noroeste de los Estados Unidos la gente acudía a este ingenioso artista del tatuaje para que les hiciera tales agujeros en las orejas. Durante el viaje, cuando la novia les explicó la técnica a sus compañeros de turismo, se le acercó una de las mujeres de la tribu y le mostró su oreja con una perforación tan grande o mayor como las que ella acababa de describir. Ante esto, la ingenua gringa, decepcionada, exclamó: «¡Ese embustero de mi novio me dijo que fue él quien desarrolló esta técnica!»1
Esta anécdota nos lleva a hacer una pregunta común en ciertas adivinanzas: ¿En qué se parecen aquel joven artista del tatuaje y Don Quijote de la Mancha? En que tanto «el ingenioso hidalgo» de Miguel de Cervantes como el ingenioso artista de la anécdota eran a la vez ingenuos. Por una parte eran inventivos, y por la otra, inocentones.
Eso mismo les ocurre a las personas que se ingenian su propia salvación mediante las buenas obras, las penitencias y el no hacerle mal a nadie. Todo eso es muy bueno, pero no es lo que nos salva sino lo que Dios espera de quienes ya hemos sido salvados. Lo que nos salva sucedió hace unos dos mil años: Son los agujeros en las manos, los pies y el costado que padeció Jesucristo al morir en la cruz por nuestros pecados. Dejemos, pues, de ser ingenuos al pensar que nos ha de salvar nuestra noble conducta. En vez de ingeniarnos los medios para nuestra salvación, menospreciando así lo que el Hijo de Dios ya hizo por nosotros, aceptemos con plena gratitud aquel sacrificio que le costó su vida misma.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Grabación en casete de Esteban Saint, orador en la Trigésima Reunión Plenaria de los Socios del Instituto Lingüístico de Verano, Lancaster, PA, EE.UU., 14 junio 1997.
(2o. domingo de febrero: Día Mundial del Matrimonio)
«Adriana Moreno era hondureña de nacimiento. Sus padres eran hondureños también, pero que por caprichos de la suerte tuvieron que abandonar su patria y trasladarse a la vecina República de Guatemala, llevando a su hija....
»Poco tiempo después de haber llegado a Guatemala, los padres de Adriana murieron, y la joven quedó confiada [al cuidado del] padre de Julio, que hacía pocos años había dejado a Honduras para ir en busca de fortuna a la misma República....
»Un día, estando Adriana sola en el salón de la casa..., entró Julio y fue a sentarse en un sofá al lado de ella.
»—Vive Dios, [Adriana], que siempre estás deslumbradora —le dijo.
»—Y tú siempre galante....
»Julio la contemplaba en silencio, y aún se atrevió a tomar en las suyas la perfumada mano de la señorita Moreno, mano que la joven ni pensó en retirar....
»... Su amada... en aquel momento parecía ser la realización de un dulce sueño de amor: bella hasta el idealismo, casta y pura como la sonrisa de un ángel. Y Julio la miraba, y oprimía más y más la mano de [Adriana], hasta que [ella], como saliendo del arrobamiento en que estaba y volviendo a la realidad, la retiró bruscamente.
»Julio la miró asombrado. “¿Qué es esto?”, se dijo.
»Pues no, no era nada; capricho de mujer que quiere. Alguna justicia deben tener los hombres al decir que el corazón de la mujer es una cosa inexplicable. La mujer quiere, pero al mismo tiempo que daría su vida por el hombre al que ama, tiene no sé qué placer secreto en hacerlo padecer, siempre que en ello halla una nueva prueba de amor....
... Juega con el hombre... como el gato con el ratón; ya lo [agarra], ya lo suelta, y por último, si el ratón no anda listo, concluye... por atraparlo de veras....
»Julio... se quedó asombrado del repentino cambio de la joven, e inclinándose hacia ella, le dijo:
»—Adriana,... eres... la reina de mi corazón... a quien adoro.
»Y había vuelto a acercarse a la joven, y su rostro casi la acariciaba.
»—Te amo, Adriana —murmuró con el acento de la pasión más vehemente—.... ¿Me amas, Adriana?....
»Húmedos, llenos de amor, los ojos de la señorita Moreno se fijaron en los de Julio, prometiéndole un mundo de felicidad.
»—¿Pero consientes en ser mi esposa? ¿Me amas?....
»—Sí.
»—¡Oh, qué feliz me haces, mi adorada, mi prometida! —dijo Julio....
»Doce días después... celebrose el matrimonio de Adriana con Julio....»1
Así concluye la historia del romance entre Adriana y Julio en la obra titulada Adriana y Margarita, con la que la talentosa novelista hondureña Lucila Gamero de Medina se inicia en las letras. Reconocida como la primera novela hondureña, fue publicada en 1897, cuando Lucila Gamero Moncada tenía apenas dieciocho años. Ya a esa temprana edad, parece haber estado convencida de la verdad expresada en el proverbio del sabio Salomón que dice: «Quien halla esposa halla la felicidad.»2 De ahí que la joven Lucila se despidiera de sus lectores con el siguiente consejo:
«Vosotros tenéis el mundo donde escoger, y culpa vuestra será si no sabéis encontrar una Adriana.... Pero yo os digo: Tened mucho cuidado; escoged bien. Ved que el matrimonio es cosa seria....»3
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Lucila Gamero Moncada (de Medina), Adriana y Margarita (Tegucigalpa, Honduras: Editorial Universitaria [UNAH], 2007), pp. 102‑17.
2
Pr 18:22
3
Gamero Moncada (de Medina), p. 118-19.
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:
«Hace unos meses mi madre falleció, y no estoy segura si guardé luto por ella. Desde entonces he notado un gran cambio en mi personalidad.... Mi carácter y mi conducta han cambiado para mal al extremo de faltarle el respeto a mi familia.... Tengo miedo, tristeza y furia porque no sé cómo cambiar o deshacerme de esto que me ha hecho perder todo lo bueno que me enseñó mi mamá.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimada amiga:
»Sentimos mucho que haya perdido a su mamá. Usted no pensó que la iba a afectar como nos ha contado, así que está preocupada de que esos cambios pudieran ser permanentes.
»En primer lugar, queremos asegurarle que es muy común sentir enojo después de la pérdida de un ser querido. También es común manifestar ese enojo hacia personas que la aman y que forman parte de su círculo íntimo....
»Es obvio que eso daña las relaciones que tiene con los demás, y es posible que su familia se sienta herida emocionalmente, o esté enojada a su vez con usted, o tanto lo uno como lo otro. Usted ama a su familia y no quiere herirla, y eso hace que se sienta aún más frustrada consigo misma.
»Nada de esto quiere decir que haya olvidado las lecciones que le enseñó su mamá, ni que se haya convertido en la clase de persona que no quiere ser. Es más bien una etapa temporal en la que está procesando emocionalmente lo que significa vivir sin que su mamá forme parte de su vida.
»Lo que más le ayudará es pedir disculpas con humildad y de todo corazón. ¿Debe usted pedir perdón repetidamente cada vez que se deja llevar por el enojo? ¡En definitiva, sí!
»Si no lo ha hecho ya, hable con los miembros de su familia en algún momento en que no esté usted enojada. Una opción pudiera ser que les prepare una comida y les informe que tiene algo que decirles durante la cena. Muéstrese transparente, dando a conocer que siente vergüenza por la manera en que los ha tratado. Admita que ha estado desahogando la pena que siente mediante el enojo que les ha mostrado, y que quiere dejar de hacerlo.
»Si ellos responden emocionalmente, deje que le describan cómo los ha afectado ese enojo. No se defienda, ni justifique su conducta ni presente excusas. Reconozca que lo que ellos sienten es válido y que usted es responsable por lo que ha dicho.
»Cuando el apóstol Pedro le preguntó a Jesucristo cuántas veces debemos estar dispuestos a perdonar a alguien, Jesús le respondió dándole a entender que debemos estar dispuestos a perdonar innumerables veces.1 Esperamos que los miembros de la familia de usted estén dispuestos a perdonarla una y otra vez a medida que se vale de maneras más saludables de afrontar el enojo que siente.»
Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 760.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Mt 18:21-22
El primer día fue cuestión de chistes. La ciudad entera se rió del suceso. El segundo día siguieron los chistes, aunque menguaron. El tercer día y el cuarto el asunto comenzó a tomar otro cariz. Al sexto día los chistes dieron lugar al miedo. Y ya para el octavo día la situación era insoportable.
La ciudad de Bilbao, España, sufría una huelga de basureros. Los recolectores de desperdicios no daban su brazo a torcer, y miles de toneladas de basura comenzaban a heder y a difundir gérmenes letales. Parecía que la ciudad se ahogaría antes que surgiera alguna solución. Pero al fin las diferencias se resolvieron y Bilbao quedó limpia y sana otra vez.
Si hay una huelga que en verdad afecta una ciudad, es la huelga de recolectores de basura. Una huelga de choferes de autobuses paraliza por un tiempo la ciudad, pero no la asfixia. Si los obreros de una empresa de periódicos hacen huelga, no hay noticias, pero nadie se ahoga. En cambio, si los encargados de recoger los desperdicios se declaran en huelga, el resultado es desastroso. Recoger y quemar diariamente la basura es una labor imprescindible.
Así mismo sucede con nuestra alma. Si está llena de basura, tarde o temprano nos destruirá. Lo peor del caso es que nuestra alma puede acostumbrarse a la inmundicia a tal grado que ni cuenta se da del mal que en ella hay.
No nos damos cuenta, por ejemplo, del mal destructivo que produce la mentira. Hay personas que mienten con tanta facilidad que lo hacen aun cuando les es más provechoso decir la verdad. Por algo dice la Biblia que los mentirosos no entrarán en el reino de los cielos.
¿Y qué del adulterio? Manchar el matrimonio con el adulterio se ha hecho tan común que hay quien se extraña que eso se considere inmundicia. Pero por algo dice Dios que el adúltero tampoco entrará en el reino de los cielos.
Son muchas las inmundicias que fácilmente dejamos entrar en nuestra vida. La lista es larga, y las manchas, negras. ¿Qué del desfalco? ¿Qué del odio? ¿Qué de la ofensa? ¿Qué de la avaricia? Todo eso es basura que ahoga nuestro bienestar.
Ya es hora de que quememos esa basura. De otro modo nuestra vida entera tendrá un hedor tan fuerte que sólo otro sucio la podrá aguantar. La Biblia dice que la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). Sólo tenemos que aceptar su sacrificio y someternos a su señorío para ser limpios. Saquemos, pues, la basura de nuestra vida, y dejemos que entre y ocupe su lugar nuestro inmaculado Salvador.
Hermano PabloUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:
«Hace más de dos años estoy viviendo con mi pareja, después de casi cuatro años de relación. Y a pesar de que tenemos planes de... seguir compartiendo nuestra vida con nuestros hijos —uno de él y dos míos— no logro aceptar que sus compromisos con su exmujer y su hija... sean primero que con nosotros....
»Se lo he reclamado muchas veces, y ahora... él me oculta lo que hace por ellas para que yo no me enoje. Me entero buscando en su móvil.... ¡Me siento tan perdida! No me di cuenta de esto antes, y no sé cómo detenerlo o que cambie.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimada amiga:
»... Lamentablemente, creemos que usted no debe continuar esa relación con su pareja. Los desacuerdos en cuanto a prioridades económicas debieran bastar para ponerle fin a la relación. Y si a eso le suma la falta de confianza, creemos que no hay manera alguna de que la relación perdure. Cuanto más pronto acepte usted ese hecho, mejor será para usted y sus hijos. Nos entristece mucho la situación de todos los niños que se ven forzados a vivir con semejante conflicto en su hogar.
»Le rogamos que establezca un hogar para sus hijos en el que ellos puedan disfrutar de paz y estabilidad. Si usted se interesa de manera romántica por un hombre, el plan de Dios es que llegue a conocerlo bien antes de considerar una vida con él. ¿Cuáles son las prioridades económicas de él? ¿Cómo ayuda él a sus padres, a sus hermanos o a sus otros parientes? ¿Gasta dinero él en actividades y hábitos tales como juegos de azar o el trago, o en pasatiempos costosos? Las respuestas a esas preguntas deben ayudarle a saber si le conviene o no cultivar una relación con tal hombre.
»Sin embargo, es igual de importante que usted pueda confiar en él. ¿A veces miente, aunque sea sólo un poco? ¿Le oculta cosas o justifica su mala conducta? ... Esos comportamientos son señales de alarma para mostrarle que él no es el hombre indicado para usted.
»Por supuesto, cuando usted encuentre al hombre indicado, el plan de Dios es que espere hasta que se case con él para tener una relación física.1 La estabilidad que representa el matrimonio es lo que tanto usted como sus hijos necesitan.
»Por último, tenemos que decirle que creemos que su pareja tiene razón al darle prioridad a las necesidades económicas de la hija de él, que vive con la exesposa. Esa hija la tuvo él antes de la relación con usted, y es honorable de su parte que no la abandone ni sea irresponsable con ella. Usted está equivocada al creer que usted y su familia debieran tener prioridad sobre esa niña.»
Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo puede leerse con sólo ingresar en el sitio www.conciencia.net y pulsar la pestaña que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 879.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
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Heb 13:4
En el año 1701, los indios chiriguanos, del pueblo guaraní, navegaron el río Pilcomayo hasta llegar a la frontera del imperio de los incas. En el Valle de Salinas divisaron, maravillados, las primeras alturas de los Andes, y decidieron sentar bases.
Un día aparecieron en su comarca, también después de mucho andar, los frailes franciscanos de Chuquisaca. En sus alforjas llevaban objetos extraños y fascinantes. Afortunadamente, no se hicieron rogar los mensajeros de Dios antes de abrir y mostrarles aquellos objetos. Más bien, aprovecharon el visible interés que manifestaron para comunicarles, por medio de intérpretes, que eran libros sagrados. Como aquellos indígenas nunca antes habían visto el papel, ni se les había ocurrido que lo necesitaban, no tenían en su propio idioma ninguna palabra para llamarlo. Así que cuando se enteraron de que el papel servía para enviar mensajes a los amigos que estaban lejos, decidieron ponerle por nombre «piel de Dios».1
El hecho de que los chiriguanos relacionaran el papel con la piel no tiene mayor importancia, pues desde tiempos antiguos hasta hoy se escribe y se forran libros en pergamino, que procede precisamente de la piel de animales. Pero es muy significativo que esa piel fuera la de Dios, y que la razón fuera que el papel sirve para enviar mensajes a los amigos que están lejos. Porque lo cierto es que Dios el Padre, desde el cielo lejano, envió a la tierra a su Hijo Jesucristo como su mensaje encarnado, forrado con piel humana,2 a fin de dar la vida por nosotros y así identificarse como el amigo que más nos ama. Antes de morir, Cristo dijo que «nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos».3 Con eso nos dio a entender que su muerte serviría no sólo para salvarnos, sino también para demostrarnos que es nuestro mejor amigo.
Lo que Dios espera de nosotros es que correspondamos al supremo amor de Cristo aceptando su oferta de amistad. No tenemos que hacer nada para merecerla, pero sí tenemos que aceptarla para que se haga realidad en nuestra vida. De nada nos sirve que Cristo haya dado la vida por nosotros si no le entregamos la nuestra a Él. ¿Por qué no le enviamos un mensaje de vuelta al que nos ofrece la mejor amistad del mundo? Digámosle: «Querido Señor Jesucristo, gracias por tu amor y tu amistad. Los acepto consciente de que no he hecho, ni jamás podré hacer, nada para merecerlos. Perdona todo pecado que he cometido y toda infidelidad pasada de la que sea culpable. Toma posesión completa de mi vida. Ayúdame a servirte de todo corazón y a ser fiel amigo tuyo hasta la muerte. Gracias porque, lejos de estar distante, has querido estar conmigo hasta el fin del mundo.4 Y gracias porque un día te limitaste a piel humana como la mía, para que la mía pueda un día ser glorificada como la tuya.»
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Eduardo Galeano, Memoria del fuego II: Las caras y las máscaras, 17a ed. (Madrid: Siglo XXI Editores, 1995), p. 4.
2
Jn 1:14
3
Jn 15:13
4
Mt 28:20
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» en nuestro sitio www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:
«Hace treinta y un años, mi madre nos abandonó, siendo maltratada por mi padre por sus celos.... Nuestro hogar era un infierno, ya que el maltrato también lo sufrimos los tres hermanos mayores. Hace seis meses, encontré a mi madre después de tantos años.... No he querido decírselo a mi padre, ya que siempre nos prohibió mencionar a nuestra madre. No siento que lo esté traicionando u ocultándole algo, sino que es algo que puedo hoy disfrutar, ya que siempre conocí la situación de mi madre y todo lo que padeció. Aunque mis hermanas menores dicen que le estoy mintiendo a mi padre, yo no lo considero así. ¿Ustedes qué opinan?»
Este es el consejo que le dimos:
«Estimado amigo:
»... Aunque uno de los Diez Mandamientos es honrar al padre y a la madre, muchas personas están confundidas en cuanto a lo que significa en realidad. Durante los años en que el hijo está creciendo, significa obediencia a los padres y respeto a ellos. Pero una vez que el hijo llega a ser adulto, ya no tiene la obligación de obedecer a sus padres, aunque aún debe respetarlos. (Sin embargo, el hijo adulto que opte por vivir en casa con sus padres debe obedecer las reglas de la casa o mudarse si es que cree que las reglas son poco razonables.)
»Cuando el padre trata de controlar al hijo adulto haciendo que se sienta culpable o manipulándolo, el que procede mal es el padre, y el hijo adulto debe buscar la forma de mostrar su desacuerdo sin faltarle el respeto. Si el hijo adulto siente que debe ocultar de sus padres cualquier conducta normal, legal, ética o moral, entonces esos padres están tratando de controlar a su hijo adulto de algún modo. Ese padre o esa madre ha creado una relación disfuncional en la que el hijo adulto no tiene la libertad de tomar decisiones ni de pensar por sí mismo....
»Le recomendamos que se siente a conversar con su padre de hombre a hombre. Dígale que le agradece el que los haya sustentado y que haya mantenido intacta a la familia, pero que, como hombre adulto, usted tiene el deseo de conocer a su mamá antes que sea demasiado tarde. Luego pídale que respete esa decisión que usted ha tomado.
»Es probable que su padre se enoje. Al principio seguramente dirá cosas crueles, y luego se portará como si usted lo hubiera herido profundamente. Reconozca eso como lo que es: pura manipulación. Niéguese a discutir con él al respecto. Dígale, más bien, que lamenta que él no pueda aceptar el hecho de que usted es un hombre adulto y que tiene el derecho de cultivar una relación con cualquier persona que desee. Dígale además que nada ha cambiado en la relación entre ustedes dos y que quiere seguir como antes. Tal vez pasen semanas, meses o hasta años antes de que su padre llegue a respetarlo por haber adoptado esa postura, pero tarde o temprano ha de suceder.
»Le deseamos lo mejor,
»Linda y Carlos Rey.»
El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo pulsar el enlace en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego el enlace que dice: «Caso 143».
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
(Aniversario de la Muerte de José Ferrer)
José Vicente Ferrer de Otero y Cintrón nació en Santurce, Puerto Rico, el 8 de enero de 1912. A los seis años se trasladó con su padre a la ciudad de Nueva York. De ahí que en 1934 obtuviera su Licenciatura en Humanidades de la Universidad de Princeton, donde se apasionó por el arte dramático, y que posteriormente estudiara literatura francesa en la Universidad de Columbia.
En 1943, su interpretación de Yago en la obra «Otelo» lo lanzó a la fama en el mundo artístico. En 1947, cuando se otorgaron por primera vez los premios Tony, recibió el primero de cinco premios Tony de teatro por interpretar por primera vez el personaje Cyrano de Bergerac. Un año más tarde obtuvo la primera de tres nominaciones al Óscar por su actuación como el Delfín en la película «Juana de Arco» protagonizada por Íngrid Bergman.
En 1950, José Ferrer recibió la prestigiosa estatuilla por la versión fílmica de «Cyrano de Bergerac», llegando a ser el primer actor en ganar un Óscar por la recreación de un papel teatral en una película. Ese codiciado Óscar lo donó al Teatro de la Universidad de Puerto Rico para que les sirviera de estímulo a los futuros aspirantes a carreras teatrales. Su tercera y última nominación la logró en 1952 por su actuación en la versión original de la película «Moulin Rouge».
Entre las obras teatrales que hizo, se destaca «El hombre de la Mancha», en la que encarnó al célebre Don Quijote. Ese mismo año, la Organización de Estados Americanos le rindió homenaje por ser vínculo de excelencia entre la cultura latina y la anglosajona.
En total, Ferrer actuó en setenta películas y dirigió trece producciones de Broadway y siete películas. Entre los muchos reconocimientos que recibió durante su carrera como actor, director, escritor, productor, cantante y compositor, se destacan su propia estrella en el Paseo de Estrellas de Hollywood, la primera Medalla Nacional de Arte en 1985 (que le otorgó el ex presidente Ronald Reagan), y su selección en 1981 al Paseo de la Fama del Teatro. Con sobrada razón se le dedicó, en 1990, el Festival de Teatro Latinoamericano.
En lo personal, José Ferrer se casó cuatro veces y tuvo seis hijos, uno de ellos el también actor Miguel Ferrer. Quienes no saben que José Ferrer fue tío del actor George Clooney y suegro de la cantante Debby Boone, tal vez tampoco sepan que hablaba cinco idiomas —español, inglés, francés, italiano y alemán— y que los dominaba a tal grado que durante una conferencia de prensa se dirigió a todos los periodistas en sus respectivos idiomas.1
«Un autor puede escribir algo que perdure trescientos años después de su muerte —observó José Ferrer durante una entrevista en 1986—, pero cinco minutos después de mi muerte, ya no puedo actuar ni dirigir más.»2 Quiera Dios que esas palabras, que pronunció el reconocido actor unos seis años antes de su muerte el 26 de enero de 1992, nos lleven a reflexionar que, antes de afrontar nuestra propia muerte, debemos pedirle a Dios que desempeñe el papel de Director de la obra sin igual que es nuestra vida, en la que nosotros somos los actores principales. Porque una vez que muramos, ya será demasiado tarde. Y lo cierto es que cinco minutos después de nuestra muerte, Dios, que es el Guionista que inspiró la Biblia, que ha perdurado miles de años, será el único capacitado para dirigir nuestra actuación eterna.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
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Clarissa Santiago Toro, «José Ferrer», Biografías, Fundación Nacional para la Cultura Popular <http://www.prpop.org/biografias/j_bios/jose_ferrer.shtml> En línea 27 noviembre 2007; Constance Clark, <http://www.filmreference.com/Actors‑and‑Actresses‑El‑Ga/Ferrer‑Jos.html> En línea 28 julio 2008; «José Ferrer: Perfil», Puerto Rico Herald, 14 julio 1999 <http://www.puertorico‑herald.org/issues/vol3n29/ProfileFerrer‑es.html> En línea 27 noviembre 2007; Wikipedia, s.v. «José Ferrer» <http://en.wikipedia.org/wiki/Jose_Ferrer> En línea 14 noviembre 2007.
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«José Ferrer: Perfil», Puerto Rico Herald.




un abrazo fuerte desde puerto rico. les amamos ptofundamente. escuchando su pod cast