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Un Mensaje a la Conciencia
Un Mensaje a la Conciencia
Author: Hermano Pablo y Carlos Rey
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Populares programas de 4 minutos que comienzan con una anécdota o historia y terminan con una aplicación moral y espiritual. Se han transmitido de lunes a sábado durante más de 40 años. Actualmente se difunden más de 4 mil veces al día en 30 países en la radio, la televisión y la prensa, y ahora via Internet en Conciencia.net.
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(Aniversario de la Muerte de José Ferrer)
José Vicente Ferrer de Otero y Cintrón nació en Santurce, Puerto Rico, el 8 de enero de 1912. A los seis años se trasladó con su padre a la ciudad de Nueva York. De ahí que en 1934 obtuviera su Licenciatura en Humanidades de la Universidad de Princeton, donde se apasionó por el arte dramático, y que posteriormente estudiara literatura francesa en la Universidad de Columbia.
En 1943, su interpretación de Yago en la obra «Otelo» lo lanzó a la fama en el mundo artístico. En 1947, cuando se otorgaron por primera vez los premios Tony, recibió el primero de cinco premios Tony de teatro por interpretar por primera vez el personaje Cyrano de Bergerac. Un año más tarde obtuvo la primera de tres nominaciones al Óscar por su actuación como el Delfín en la película «Juana de Arco» protagonizada por Íngrid Bergman.
En 1950, José Ferrer recibió la prestigiosa estatuilla por la versión fílmica de «Cyrano de Bergerac», llegando a ser el primer actor en ganar un Óscar por la recreación de un papel teatral en una película. Ese codiciado Óscar lo donó al Teatro de la Universidad de Puerto Rico para que les sirviera de estímulo a los futuros aspirantes a carreras teatrales. Su tercera y última nominación la logró en 1952 por su actuación en la versión original de la película «Moulin Rouge».
Entre las obras teatrales que hizo, se destaca «El hombre de la Mancha», en la que encarnó al célebre Don Quijote. Ese mismo año, la Organización de Estados Americanos le rindió homenaje por ser vínculo de excelencia entre la cultura latina y la anglosajona.
En total, Ferrer actuó en setenta películas y dirigió trece producciones de Broadway y siete películas. Entre los muchos reconocimientos que recibió durante su carrera como actor, director, escritor, productor, cantante y compositor, se destacan su propia estrella en el Paseo de Estrellas de Hollywood, la primera Medalla Nacional de Arte en 1985 (que le otorgó el ex presidente Ronald Reagan), y su selección en 1981 al Paseo de la Fama del Teatro. Con sobrada razón se le dedicó, en 1990, el Festival de Teatro Latinoamericano.
En lo personal, José Ferrer se casó cuatro veces y tuvo seis hijos, uno de ellos el también actor Miguel Ferrer. Quienes no saben que José Ferrer fue tío del actor George Clooney y suegro de la cantante Debby Boone, tal vez tampoco sepan que hablaba cinco idiomas —español, inglés, francés, italiano y alemán— y que los dominaba a tal grado que durante una conferencia de prensa se dirigió a todos los periodistas en sus respectivos idiomas.1
«Un autor puede escribir algo que perdure trescientos años después de su muerte —observó José Ferrer durante una entrevista en 1986—, pero cinco minutos después de mi muerte, ya no puedo actuar ni dirigir más.»2 Quiera Dios que esas palabras, que pronunció el reconocido actor unos seis años antes de su muerte el 26 de enero de 1992, nos lleven a reflexionar que, antes de afrontar nuestra propia muerte, debemos pedirle a Dios que desempeñe el papel de Director de la obra sin igual que es nuestra vida, en la que nosotros somos los actores principales. Porque una vez que muramos, ya será demasiado tarde. Y lo cierto es que cinco minutos después de nuestra muerte, Dios, que es el Guionista que inspiró la Biblia, que ha perdurado miles de años, será el único capacitado para dirigir nuestra actuación eterna.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Clarissa Santiago Toro, «José Ferrer», Biografías, Fundación Nacional para la Cultura Popular <http://www.prpop.org/biografias/j_bios/jose_ferrer.shtml> En línea 27 noviembre 2007; Constance Clark, <http://www.filmreference.com/Actors‑and‑Actresses‑El‑Ga/Ferrer‑Jos.html> En línea 28 julio 2008; «José Ferrer: Perfil», Puerto Rico Herald, 14 julio 1999 <http://www.puertorico‑herald.org/issues/vol3n29/ProfileFerrer‑es.html> En línea 27 noviembre 2007; Wikipedia, s.v. «José Ferrer» <http://en.wikipedia.org/wiki/Jose_Ferrer> En línea 14 noviembre 2007.
2
«José Ferrer: Perfil», Puerto Rico Herald.
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:
«Hace poco más de un año, un hombre de sesenta y cinco años que ya conocía me invitó a un café, y pensé que era un gesto de amistad.... [Pero] cuando íbamos caminando hacia la cafetería, me tomó a la fuerza y me metió en su auto.... Me llevó a su casa..., donde me drogó y me violó....
Ante esta situación, lo denuncié.... Pero he recibido llamadas insultándome y diciendo que yo soy la culpable de todo. No sé qué hacer: si retirar la denuncia y perdonar a este hombre, o continuar con el procedimiento y esperar que se haga justicia.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimada amiga:
»¡Cuánto sentimos lo que usted sufrió! Su caso es aterrador para toda mujer. Gracias a Dios, el violador no le quitó también la vida.
»Él no la mató porque pensaba que usted no le iba a decir a nadie lo que le sucedió. Eso sin duda se debe a que muchas mujeres sienten tanta vergüenza por lo que les ocurrió que no lo denuncian. ¡Pero usted no tiene nada de que avergonzarse! Usted no hizo nada malo. Este fue un delito perpetrado en contra suya, ¡y usted no tiene la culpa!
»Comprendemos que las llamadas telefónicas son perturbadoras. Y podemos ver por qué está atemorizada, considerando retirar la denuncia. ¡Pero le rogamos que no la retire! ¡No deje que este hombre salga impune luego de haberla violado! ...
»Los sistemas judiciales de muchos países hacen que sea sumamente difícil que se ejerza justicia en los casos de víctimas de violación sexual. Muchas de las autoridades las tratan tan mal que las víctimas creen que no vale la pena denunciar al violador....
»La Biblia cuenta un caso de violación sexual que encierra lecciones para todos. La víctima de la violación era Tamar, la hija del rey David. En vez de ocultar lo que sufrió, ella se echó ceniza en la cabeza y se rasgó el vestido que llevaba puesto, llorando a gritos por todo el camino de vuelta a su casa. Esa fue su manera de demostrar que un terrible delito se había cometido contra ella. Fue tan obvio para su hermano que, cuando le pidió a ella que confirmara que el perpetrador había sido el hombre de quien él sospechaba, no hubo ninguna razón para que ella dejara de divulgarlo. Ella sabía que no era la culpable.1
»Nosotros creemos que lo que más le conviene a usted es contar su caso y nombrar al violador. En definitiva, usted hizo lo correcto con el primer paso de informar a las autoridades y denunciar al violador. Pero ahora, lo mismo que si hubiera sido víctima de cualquier otro tipo de delito, no lo mantenga en secreto. Cuantas más personas estén enteradas de su caso, mayor será la seguridad de la que disfruten usted y otras mujeres inocentes.»
Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo se puede leer si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 759.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
2S 13:1-20
—¡Feliz cumpleaños, querida! —dijo el esposo.
—Muchas gracias, amor —respondió la esposa.
El regalo era un auto Ferrari Testarossa, que vale una fortuna. Y eso no era todo. Dentro de la guantera había un diamante de un valor fabuloso. La fiesta se hacía en un hotel de increíble lujo, en la ciudad de Melbourne, Australia, con ciento diez invitados, todos amigos de la pareja.
El Ferrari Testarossa se sumó a otros dos Ferrari, cinco Mercedes Benz, tres Rolls-Royce, un Jaguar, un Aston Martin y un Porsche. Danilo Ortiz, de cuarenta y cinco años de edad, y su esposa Sara, de cuarenta y tres, parecían nadar en dinero.
Sin embargo, había un problema. Ese dinero provenía de transferencias ilegales que Danilo había hecho durante diez años en una compañía de metales preciosos donde era empleado. El total del desfalco era siete millones, novecientos mil dólares.
Esa pareja se enriqueció demasiado rápido. Hacían grandes obras de caridad. Poseían muchas casas lujosas. Viajaban por todo el mundo. Sara compró, en un solo año, cuatrocientos mil dólares en joyas y adornos. Pero todo era falso.
Habían hallado la manera de derivar dinero de la empresa a sus propias cuentas, y de ahí el enriquecimiento súbito que tenía asombrados a todos. «Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males» (1 Timoteo 6:10).
La sociedad presente vive fascinada con el dinero. Como que hay una atracción seductora hacia las cosas materiales. Por dinero las mujeres venden su honra. Por dinero los hombres hacen caso omiso de su conciencia. Por dinero se fraguan grandes delitos, e incluso, por dinero gobernantes, servidores públicos y aun clérigos entierran sus convicciones. La utilidad momentánea vale más que el honor, y la conveniencia más que la integridad.
Hubo días en que estrecharse la mano sellaba el negocio más complejo. Hoy hay que firmar contratos complicados hasta para comprar un perro.
«Más vale lo poco de un justo que lo mucho de innumerables malvados», dice la Biblia (Salmo 37:16).
¿Dónde está el antídoto contra ese veneno de las almas? En Jesucristo. Él perdona el pecado de ambición, pone en nuestro corazón los verdaderos valores de la vida, despierta nuestro anhelo por las cosas del espíritu, nos sana de fiebres enfermizas y nos da el verdadero sentido de la vida. Cristo es el antídoto contra ese veneno.
Hermano PabloUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:
«Cometí el peor error de mi vida de ser infiel a mi amada esposa, no una sino varias veces, y ella me descubrió. Por eso, hace ya casi dos meses, estamos separados. En ese lapso de tiempo, busqué el perdón de Dios y encontré gracia en Él.... Ahora mi hijo de siete años está conmigo porque mi esposa lo empezó a descuidar por el dolor que le causó mi infidelidad....
»Recientemente tuve una charla con ella, y me dijo que nunca me había amado, que sólo se casó conmigo porque se embarazó de mí fuera del matrimonio. Eso me dolió.... Mi pregunta es la siguiente: ¿Dios quiere que luche por mi matrimonio o no? Yo quiero seguir luchando.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimado amigo:
»Nos alegra que le haya pedido perdón a Dios y que haya hallado la gracia y el perdón que Él ofrece.... Será muy provechoso para usted y su hijo formar parte de una comunidad de seguidores de Cristo donde los dos puedan crecer en su compresión de la Biblia y del infinito amor que Dios les tiene.
»Sin embargo, el hijo suyo debe de estar muy confundido como resultado de la crisis en su vida familiar. No se sorprenda si él comienza a desahogar esa confusión causando problemas en la escuela o manifestando rebeldía contra usted y su esposa. Es que, a causa de su corta edad, le es imposible comprender lo que está pasando en su vida, y él necesita que le reafirmen constantemente que los dos lo aman y que él no tiene la culpa de que ya no estén viviendo juntos.
»En cuanto a la declaración de su esposa de que ella nunca lo ha amado a usted, tal vez sea verdad, pero pudiera también ser su manera de vengarse por su infidelidad. Usted la hirió, así que ahora ella bien pudiera estar tratando de herirlo igualmente.
»Dice usted que su esposa está sufriendo mucho como resultado del engaño suyo.... Eso la ha herido profundamente, y le llevará mucho tiempo sanarse. No espere que ella sepa si alguna vez podrá volver a tenerle suficiente confianza como para reanudar el matrimonio.
»Usted pregunta si Dios quiere que luche por su matrimonio. Nosotros creemos que la respuesta es sí debido a que Jesucristo enseñó que los lazos del matrimonio unen a un hombre y a una mujer de modo que los dos llegan a ser uno solo.1 A pesar de que la infidelidad suya rompió esos lazos en dos, usted de todos modos tiene la responsabilidad de tratar de repararlos. De ahí que usted deba renovar sus votos de fidelidad a su esposa y esforzarse por llegar a ser un hombre en quien ella pueda confiar. Si ella se divorciara de usted y volviera a casarse, entonces ya no habría razón para que usted siguiera intentándolo.»
Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo se puede leer si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 878.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Mt 19:5
Alguien tocó a la puerta. La señora de la casa fue y vio que eran dos agentes del departamento de salud pública. Los hombres anunciaron que venían a inspeccionar el agua potable. Pero una vez adentro, sacaron una pistola, amarraron a la mujer, que estaba sola, y saquearon la casa.
¿Por qué les dio entrada a esos maleantes aquella mujer? Porque creyó que el uniforme garantizaba que eran agentes de la salud pública. Cuando ella abrió la puerta, le mostraron su tarjeta que los acreditaba como dichos funcionarios, así que los dejó entrar.
¡Por algo será que les enseñamos a nuestros hijos, desde que comienzan a tener uso de razón, a ser desconfiados! Todos sabemos que si nos descuidamos, tenemos la misma experiencia que el Chapulín Colorado, y tarde o temprano llega el momento en que bien podemos decir, como acostumbraba decir el popular humorista mexicano: «Se aprovechan de mi nobleza.» Lo que necesitamos es aprender de las experiencias de los demás a fin de evitar tales incidentes. Así podremos, también como el Chapulín, decir con sinceridad: «Lo sospeché desde un principio...» Y después de salir bien librados de la trampa que nos han tendido los tales cazadores de personas ingenuas, estaremos en condiciones de exclamar triunfantes: «¡No contaban con mi astucia!»
Pasando del humor a la sabiduría popular que encierra el refrán que dice: «Hombre precavido vale por dos», entonces vale por cuatro el hombre que prevé dos peligros y no sólo uno. Ese es el caso del hombre que previene tanto el peligro físico como el espiritual. Si tal hombre vale por cuatro, es porque lamentablemente por lo general los demás aceptan que los dos peligros existen, pero no le dan la misma importancia al peligro espiritual que le dan al peligro físico. Ven lo físico como cercano y presente, y lo espiritual como lejano y futuro. Lo irónico es que le dan más importancia al peligro menor, que es físico, que al peligro mayor, que es espiritual, porque no reconocen que lo espiritual, a diferencia de lo físico, tiene consecuencias eternas.
A los que se aprovechan de la credulidad del prójimo, en el Sermón del Monte Jesucristo los trata de lobos disfrazados de ovejas y los califica de falsos profetas. Después de advertirles a sus discípulos que «surgirá un gran número de falsos profetas que engañarán a muchos»,1 y que por eso deben cuidarse de que nadie los engañe, Cristo les enseña cómo reconocer a esos lobos: por sus frutos. Esa es la prueba decisiva. «Por sus frutos los conocerán.»2
Así que la clave es no comprometernos con nadie ni poner toda nuestra confianza en nadie hasta ver sus frutos. Juzguemos con prudencia y hagamos preguntas. Hay que conocer a fondo a una persona para saber si es digna de confianza. Si no examinamos los frutos, nos arriesgamos a perder hasta el alma. Seamos, pues, sabios inspectores de frutos, no sea que nos devore uno de esos lobos disfrazados de ovejas.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Mt 24:4,11
2
Mt 7:16,20
En este mensaje tratamos el caso de una adolescente que «descargó su conciencia» en nuestro sitio www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que la citáramos, como sigue:
«¡Hola! Soy una quinceañera, y les pido que me den un consejo acerca de lo siguiente: Al parecer, mi padre prefiere estar trabajando en vez de pasar tiempo con su familia. Este problema ha existido siempre, según mi abuelita. Yo sé que tiene que trabajar, pero él es demasiado entregado a su trabajo. A veces ha trabajado el domingo sin necesidad de hacerlo. Mi punto es que actúa como si viviera únicamente para trabajar. Lo peor es que en varias ocasiones ha discutido con mi mamá por simples cosas, y en mi opinión es porque viene estresado del trabajo.
»Hace algunos días se enojó tanto con mi hermano que lo golpeó con una correa tres veces y le dejó marcas. Yo sé que estuvo mal meterme en esa discusión, pero estaba tan enojada que le dije la verdad: que no pasa tiempo con su familia. Lamentablemente pienso que alimentando la mentira de “yo trabajo por mi familia” le hace creer que si trabaja más, más nos quiere. ¿Qué debo hacer?... Quiero tener un padre, no un hombre adulto que se hace llamar papá.»
Este es el consejo que le dimos:
«Estimada amiga:
»... Tu papá es el producto de la cultura y del medio ambiente en que se crió. Tal vez él haya tenido pocas posesiones materiales desde la niñez. Es posible que se haya hecho el propósito de que, cuando fuera adulto, sus hijos no carecerían de esas cosas de las que careció él.... ¿Por qué no le muestras este consejo y le preguntas cuáles son sus razones?
»Hay también una razón biológica detrás del comportamiento de tu papá. Es probable que él sea el tipo de persona que quiere alcanzar el éxito y ser respetado por lo bien que se gana el sustento para su familia. En realidad, la mayoría de los hombres son así, al igual que lo son también muchas mujeres. No tiene nada de malo el proponerse grandes metas. Sin embargo, es probable que a tu papá nadie le haya enseñado que es igual de importante pasar tiempo con sus hijos como lo es proveer para su sustento. Sin duda, el padre de él no pasó tiempo con él tampoco, de modo que realmente tu papá no comprende los beneficios que tiene el hacerlo.
»Trata de ver la situación desde el punto de vista de tu papá. Es importante que le pidas que cambie su comportamiento sin que juzgues sus motivos o el amor que te tiene. Sé respetuosa con él cuando le hables acerca de este tema. Pídele que se pongan de acuerdo los dos y fijen determinada cantidad de tiempo para pasar juntos cada semana. Planea cada actividad por adelantado y anótala en un calendario muy visible para que él lo vea todos los días. Puede ser un paseo prolongado, o una excursión, o un juego familiar. Acepta el hecho de que él tal vez no cambie de la noche a la mañana, pero que, si eres paciente, él comenzará a comprender la importancia que tiene pasar tiempo con su familia.
»Te deseamos lo mejor,
»Linda y Carlos Rey.»
El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa el enlace que dice: «Caso 142» dentro del enlace en www.conciencia.net que dice: «Casos».
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
Bruno Ríos, de veintinueve años, y su esposa Silvia, de veinte, ambos uruguayos, estaban pasando la luna de miel en Nueva York. Acababan de casarse en su país y se habían dado el lujo de viajar a la llamada Gran Manzana para celebrar los primeros días de su vida como pareja.
Silvia era una joven alegre, expresiva y entusiasta. Radiante de felicidad como estaba, se puso a dar brincos en la cama del hotel de cuatro estrellas en que estaban hospedados, en una habitación que se encontraba en el vigésimo piso.
De pronto dio un salto demasiado alto, perdió el equilibrio, pasó por la ventana abierta y cayó en la calle desde una altura de sesenta metros. Allí, sobre el pavimento neoyorquino, su luna de miel se convirtió en luna de hiel: una luna de sangre, dolor, espanto y muerte. Pocos días antes, cuando sus familiares y amigos brindaban por ellos y les deseaban dicha eterna y una vida pletórica de amor, no se imaginaban que esa luna nueva que se vislumbraba en el cielo conyugal iba a menguar en un instante y a cubrirse de luto, como en un eclipse lunar.
En realidad, nadie sabe lo que le espera a la vuelta de la esquina, porque nadie tiene el dominio de su seguridad. Los accidentes y los desastres ocurren cuando menos los esperamos. Podemos salir de mañana llenos de vida y de salud para realizar negocios prometedores, y por la noche encontrarnos tendidos en una funeraria.
En cambio, lo que sí tiene dominio de nosotros es la inseguridad, y aun más si vivimos en una metrópoli nerviosa y atormentada, saturada de violencia y contaminada de maldad. Hoy más que nunca prevalecen las condiciones de vida que describió Moisés en el Pentateuco, cuando dijo: «Noche y día vivirás en constante zozobra, lleno de terror y nunca seguro de tu vida. Debido a las visiones que tendrás y al terror que se apoderará de ti, dirás en la mañana: “¡Si tan sólo fuera de noche!”, y en la noche: “¡Si tan sólo fuera de día!”»1
La incertidumbre no deja de ser la nota tónica de la vida. En este momento todo marcha a las mil maravillas; pero en un instante podemos despeñarnos por un precipicio, y despertar en el lugar donde hemos de pasar la eternidad. Por eso nos urge vivir con seguridad espiritual. Y esa seguridad la tenemos solamente en Jesucristo.
Cuando Cristo llena nuestra vida, tenemos una noción de la eternidad, y todos los riesgos de la vida carecen de importancia. Así como al apóstol Pablo, nos da lo mismo vivir que morir,2 porque Cristo llega a ser nuestra Luna creciente que despeja todas las tinieblas, alumbra nuestro camino y nos guía hasta la Ciudad que Él mismo iluminará para siempre con su gloria.3
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Dt 28:66-67
2
Fil 1:21
3
Ap 21:23; 22:5
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:
«Soy un hombre casado desde hace siete años... pero me he sentido tentado muchas veces por otras mujeres... y me he vuelto adúltero. Por más que trato, no puedo desear sólo a mi esposa, [y eso me impide estar bien con Dios]. ¡Ayúdenme!»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimado amigo:
»... Algunas personas creen que el adulterio es inevitable. Están convencidas de que es demasiado difícil serle fiel a un solo cónyuge. Los hombres en particular a veces se jactan del número de mujeres con las que tienen aventuras sexuales. Creen que esa actividad sexual prueba su hombría, o que es un tipo de competencia en la que pueden destacarse.
»Sin embargo, esta manera de pensar corta los lazos entre el sexo y el amor. Cuando la palabra “amor” se emplea como una herramienta para seducir, el verdadero amor es sólo un concepto que no se valora. Por el contrario, el amor con compromiso, que es un tesoro incomparable, se pierde a cambio del placer físico pasajero producido por tener parejas sexuales en serie.
»Cuando usted se entrega a la tentación y participa en una relación sexual fuera del matrimonio, su cerebro produce sustancias químicas que son adictivas. Por eso piensa que no puede dejar de hacerlo. Cuanto más cede, mayores son los deseos que siente. Puede compararse a la adicción a las drogas o al alcohol. La diferencia consiste en que, si bien nadie se jacta de ser adicto a esas sustancias dañinas, muchos se sienten orgullosos de sus hazañas sexuales.
»La única manera de superar esta adicción es permitir que su esposa participe en todo aspecto de su vida. Muéstrele a ella sus contraseñas e invítela a que vea a diario lo que usted les está diciendo a otros en su computadora o en su teléfono móvil. Infórmele dónde estará cada momento del día, y hable con ella por teléfono en cada oportunidad que se presente, no dejando así de rendirle cuentas. Deje de mentirle a ella acerca de dónde y con quién se encuentra usted. E invítela a que lo acompañe en todas sus actividades de tiempo libre.
»Estamos seguros de que esto le parecerá exagerado debido a que lo obligará a cambiar por completo la vida que ha estado llevando. ¿Puede usted hacerlo? ¡Claro que sí! Todo depende más bien de que de veras quiera cambiar.
»Usted cree que sus aventuras le están impidiendo estar bien con Dios, y estamos de acuerdo. Los Diez Mandamientos expresamente prohíben el adulterio.1 Sin embargo, Dios está dispuesto a perdonar el adulterio al igual que cualquier otro pecado.2 Pero no basta con sólo decir que lo siente y pedir perdón. Si usted sigue quebrantando el mandamiento, las palabras “Lo siento” carecen de sentido alguno. Es fácil decir esas palabras, pero Dios sabe perfectamente si usted las dice en serio.»3
Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo se puede leer si se ingresa en el sitio www.conciencia.net y se pulsa la pestaña que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 758.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Éx 20:14
2
1Jn 1:9
3
1S 16:7; Sal 139:2,23-24; Pr 17:3; Lc 16:15; Ro 8:27
Con un seco y sonoro ¡clic! se cerró la trampa. Era una trampa de acero, silenciosa y traicionera, oculta en la nieve por hojas de pino. Serge Cherblinko, cazador de osos en los bosques de Siberia, andaba de cacería. Sin darse cuenta, pisó donde no debió haberlo hecho, y la trampa clavó en él sus dientes de acero.
Serge sabía que por sí solo le sería imposible librarse de la trampa. El dolor era intenso, y la noche se aproximaba, con sus fríos, sus lobos y sus osos. Ahí mismo, solo y en medio del bosque, tomó una decisión drástica. Con su cuchillo de monte, se amputó el pie y, renqueando y arrastrándose como pudo, regando sangre por el camino, cubrió los dos kilómetros hasta llegar al refugio. Perdió un pie, pero se salvó la vida.
Esa noticia en la prensa internacional, aunque muy triste, nos deja una tremenda y clara lección. Es mucho mejor perder un miembro del cuerpo que perder toda la vida. Si la opción es perder un pie, o un ojo, o un miembro cualquiera del cuerpo, o perder la vida, cualquiera cedería uno de sus miembros antes que entregarse a la muerte.
¡Cuántas no han sido las veces que el cirujano se acerca a la cama del paciente y le dice: «Para salvarle la vida tenemos que amputarle la pierna»! Y como más vale la vida que una pierna, el paciente se somete. La vida misma siempre vale más que cualquier miembro del cuerpo.
Así mismo sucede con la vida espiritual, la vida eterna. Jesucristo conocía el incalculable valor de la vida eterna, así que un día, al predicarles a las multitudes, dijo: «...si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtatela y arrójala. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él vaya al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno» (Mateo 5:29‑30).
Si la vida física vale más que cualquier miembro de nuestro cuerpo, con mayor razón la vida espiritual, que es eterna, vale más que cualquier cosa en esta vida. Y sin embargo, ¡qué fácil nos es apegarnos a nuestros antojos injustos e inmorales aunque así perdamos la vida eterna! Jesús lo expresó con una claridad diáfana al decir que si ganamos el mundo entero, pero perdemos nuestra alma, lo hemos perdido todo. No cedamos lo eterno por lo efímero. Ni cedamos la gloria celestial por la vanagloria de este mundo. Al contrario, pidámosle a Cristo que sea el Señor y Dueño de nuestra vida.
Hermano PabloUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:
«Tengo una hermana que empezó a salir con un hombre que no comparte nuestra fe.... Ese hombre se ganó nuestra confianza, se presentó a mis padres y pidió la mano de mi hermana. Después nos enteramos de que estaba embarazada.
»Tuvieron desacuerdos... y se suspendió la boda con las invitaciones ya entregadas. Siento rabia contra ese hombre. Nos engañó a todos.
»Ahora mi hermana volvió con él como si nada hubiera pasado, y sigue viviendo con nosotros.... Ella sigue yendo a la iglesia, y por una extraña razón yo no quiero ir con ella.... No le digo nada a mi hermana porque terminaré gritándole, y no quiero afectar su embarazo.... Ayúdeme, por favor.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimada amiga:
»¡El solo hecho de leer su caso nos hace sentir la agitación de emociones en conflicto que está experimentando! Usted quiere proteger a como dé lugar el honor de su familia y la integridad de la fe y las convicciones que valora. Al mismo tiempo, ama fervientemente a su hermana y al bebé, y les desea lo mejor a pesar de que su hermana sigue tomando decisiones con las que usted no está de acuerdo. Usted intuye que el compañero de ella representa una amenaza contra todo lo que usted valora, pero está frustrada y enojada porque no hay nada que puede hacer para librar a su familia de esa amenaza.
»A pesar de sus altibajos emocionales, usted ama a su hermana y al bebé lo suficiente como para evitar hablarle con palabras hirientes de la manera en que quisiera hacerlo respecto a las decisiones pasadas y futuras de ella. Eso comprueba que, por encima de todo, le está dando prioridad a lo que más le conviene a ella y al bebé. Es usted una hermana amorosa y cariñosa que tiene las mejores intenciones a pesar del enojo y la frustración que siente....
»Gracias a Dios, es usted una seguidora de Cristo, así que tiene un recurso a su disposición que no tienen otras personas. Usted ha cultivado una estrecha relación con Aquel que comprende sus emociones en conflicto mejor que nadie. Se trata de Dios, nuestro Padre celestial, quien nos ama a todos y quiere protegernos de todo mal, pero que no interviene debido a que respeta nuestro libre albedrío. Él nos observa con tristeza cuando tomamos decisiones insensatas y luego sufrimos las consecuencias.
»Pídale a Dios que la ayude a dejar de sentir la necesidad de proteger a su hermana, a su familia, y su fe. Entréguele todas sus preocupaciones y permita que sean sus manos divinas las que protejan lo que necesita protegerse. Pídale que le muestre su amor divino en cada circunstancia, y que le dé sabiduría para manejar sus emociones de manera saludable.»
Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo se puede leer si se ingresa en el sitio www.conciencia.net y se pulsa la pestaña que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 877.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
Aquel gusano del pueblo de los mosetenes apenas tenía el tamaño del dedo meñique cuando comenzó a comer corazones de pájaros. Si no hubiera sido porque era hijo del mejor cazador del pueblo, habría sido muy difícil satisfacer su hambre, porque cuantos más corazones comía, tantos más exigía. Y cada vez crecía más, hasta que tuvo el tamaño de un brazo. Su padre se pasaba días enteros en la selva cazando pájaros a fin de satisfacerlo.
Llegó el día en que no quedó ni un solo pájaro vivo en la selva, de modo que el padre, Flecha Certera, comenzó a ofrecerle corazones de jaguar a esa serpiente suya que ya no cabía en la choza. La serpiente devoraba a los infortunados felinos y crecía más aún, hasta que acabó con todos los jaguares de la selva.
—Quiero corazones humanos —le exigió a su padre.
El diestro cazador no tuvo más remedio que ir matando a los habitantes de su aldea y de las comarcas vecinas hasta dejarlas sin gente. Pero un día, en una aldea lejana, lo sorprendieron en la rama de un árbol y lo mataron.
La serpiente ya no soportaba el hambre y la nostalgia, así que salió a buscarlo. Cuando llegó a la aldea que había matado a su padre, enroscó el cuerpo en torno a todos los habitantes que quedaban para que nadie pudiera escapar. Los guerreros le ensartaron todas sus flechas a aquel anillo gigante que los había cercado, pero aun así la serpiente no dejaba de crecer.
Nadie logró salvarse salvo la serpiente, que rescató el cuerpo de su padre y siguió creciendo hacia arriba. Ahora se ve, ondulante, erizada de flechas refulgentes, atravesando el cielo nocturno.1
Esta leyenda indoamericana sobre el origen de la Vía Láctea nos recuerda que los indígenas de aquellos remotos tiempos, que no disfrutaban del telescopio para poder divisar con mayor claridad la multitud de estrellas de la que está compuesta, eran geniales en el uso de su imaginación para llenar los vacíos de su conocimiento científico. Además evoca imágenes mentales de la serpiente bíblica que hizo caer a nuestros primeros padres en el huerto del Edén,2 que se describe como el lucero de la mañana en el libro del profeta Isaías,3 y que vuelve a manifestarse al final de los tiempos, según el Apocalipsis de San Juan. Pero lo que debiera preocuparnos a nosotros es lo que está haciendo en la actualidad «aquella serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás»,4 como la identifica San Juan. Porque al igual que la serpiente de la leyenda de los mosetenes, nuestro enemigo el diablo no tiene mayor satisfacción que la de comer corazones humanos, y por eso día y noche anda buscando a quien devorar.5
Cristo, archienemigo y vencedor del diablo,6 está llamando a la puerta de nuestro corazón. Más vale que le demos entrada para que cene con nosotros, que es lo que desea,7 y no que le demos cabida a Satanás, de modo que nuestro corazón llegue a ser la entrada principal de su cena.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Eduardo Galeano, Memoria del fuego I: Los nacimientos, 18a ed. (Madrid: Siglo XXI Editores, 1991), pp. 11,12.
2
Gn 3:1‑23
3
Is 14:12
4
Ap 12:9
5
1P 5:8
6
Ap 12:7‑12
7
Ap 3:20
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» en nuestro sitio www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:
«Hace quince años tuve una [novia]... [durante el lapso de] siete años. Después de que terminé con ella, estando ya casado y teniendo mis dos hijos, yo sigo pensando en ella. Sueño [con ella] en las noches, a veces continuamente, y me deja un poco consternado y pensativo al día siguiente, y me [pregunto si] estaré siendo infiel en pensamiento con mi esposa a pesar de que la quiero con todo mi corazón.»
Este es el consejo que le dimos:
«Estimado amigo:
»Es muy importante lo que usted se está preguntado. La respuesta consta de dos partes. Tenemos que separar lo que sucede en su mente cuando está durmiendo de lo que sucede cuando está despierto. Como seres humanos, no tenemos control alguno sobre lo que sucede en nuestros sueños, así que usted no tiene ninguna responsabilidad moral por nada de lo que sueña. Al dormirse cada noche, haga una lista mental de todo lo que le gusta de su esposa. Trate de repetir esa lista todas las noches, añadiendo algo más a la lista. Cuando usted concentra sus pensamientos en su esposa antes de dormirse, es menos probable que sueñe con la otra mujer.
»Ahora bien, la situación es muy diferente con relación a los pensamientos que tiene cuando está despierto. Si de veras quiere hacerlo, usted puede controlar esos pensamientos, pero requiere disciplina. Por supuesto, al principio los pensamientos indeseados seguirán invadiendo su cerebro, sobre todo si soñó con la otra mujer la noche anterior. Si usted entonces se siente culpable por el sueño que tuvo y lo recrea mentalmente, la otra mujer seguirá en sus pensamientos. Acepte, más bien, el hecho de que usted no tiene la culpa de lo que sueña y resuelva no recrearlos. No hay razón alguna para preocuparse por lo que ha soñado. Tan pronto como se dé cuenta de que está pensando en el sueño o en la otra mujer, debe reemplazar ese pensamiento con otro que hará que cambie el tema en su mente. Pueda ser que comience a pensar en su equipo deportivo favorito, o posiblemente en algún problema que está afrontando en el trabajo. O tal vez tenga un pasatiempo o un proyecto que está pendiente, y pueda pensar en los pasos a seguir.
»¿Dónde está usted y que está haciendo usted cuando lo invaden esos pensamientos? Cambie sus patrones de conducta y sus costumbres a fin de restarle al tiempo que tiene para pensar en lo que no debe. Mantenga la mente tan ocupada que no le quede tiempo para tener malos pensamientos.
»Usted dijo que le preocupa que pudiera estar siéndole infiel a su esposa. Jesucristo sostuvo que lo que pensamos es tan importante como lo que hacemos, así que tiene usted razón al querer cambiar sus actuales patrones de pensamiento con relación a la otra mujer. Al enseñar acerca de este tema, Cristo dijo: “Ustedes han oído que se dijo: “No cometas adulterio.” Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón.”1
»Le deseamos lo mejor,
»Linda y Carlos Rey.»
Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa el enlace en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego el enlace que dice: «Caso 141».
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Mt 5:27-28
Había que deslumbrar a todos los invitados a la gran fiesta que iba a celebrarse en el lago Titicaca. ¿Acaso no era eso lo que esperaban de uno de la talla de él?
Por eso, con bastante anticipación, se había puesto a tejer la fina trama de un manto digno de su posición social. Sería un manto tan elegante que los mantos de sus pobres rivales parecerían paños de cocina.
El zorro lo vio trabajando y no pudo contener las ganas de entrometerse.
—¿Estás de mal humor? —le preguntó.
—No me distraigas —le contestó secamente—. Estoy ocupado.
—¿Para qué es eso? —insistió el zorro.
Así que le tocó explicárselo.
—¡Ah! —dijo el zorro, regodeándose con las palabras—. ¿Para la fiesta de esta noche?
—¿Cómo que esta noche? —respondió incrédulo, pues nunca había sido bueno para calcular el tiempo—. ¡Y yo con mi manto a medio hacer!
Mientras el zorro reía entre dientes y se alejaba, el descorazonado sastre resolvió que, de una manera u otra, terminaría su manto antes de la fiesta de esa noche. No había tiempo que perder, así que abandonó su acostumbrada delicadeza y empleó hilos más gruesos, y la trama, a todo tejer, le quedó más extendida. A eso se debe que el armadillo tenga caparazón de urdimbre apretada en el cuello y abierta en la espalda.1
Afortunadamente, a los armadillos de los mitos indígenas como éste les perdonamos sus malos cálculos. En cambio, no somos tan caritativos con los seres humanos. «Supongamos que alguno de ustedes quiere construir una torre — les contó Jesucristo a sus discípulos—. ¿Acaso no se sienta primero a calcular el costo, para ver si tiene suficiente dinero para terminarla? Si echa los cimientos y no puede terminarla, todos los que la vean comenzarán a burlarse de él, y dirán: “Este hombre ya no pudo terminar lo que comenzó a construir.”»2
Cristo empleó esa parábola para ilustrar lo que cuesta ser verdaderos discípulos suyos, pero también sirve para ilustrar la importancia de no descuidar a nuestros hijos. ¿Acaso no somos los padres de familia los responsables de la formación del carácter de ellos? ¿Y no son ellos nuestros bienes raíces más valiosos? ¿Cómo vamos a quedar si comenzamos esa formación y la malogramos «a medio hacer», como hizo el mitológico armadillo? Eso sucede cuando calculamos mal el tiempo que ellos requieren de nosotros para su buena formación. Si vamos a cumplir el encargo de San Pablo de criarlos con la disciplina y la instrucción que quiere el Señor,3 tendremos que dedicarles el tiempo que se merecen. Eso nos obligará a darles más prioridad de la acostumbrada en nuestro calendario, no sea que nos salgan con un carácter apretado en el cuello y abierto en la espalda.
A Dios gracias que Él, como Padre nuestro, sí les dedica tiempo a sus hijos, y que si es costoso ser discípulo en calidad de hijo, será porque es tan valioso ser hijo del Padre celestial. Para llegar a serlo, no tenemos que hacer más que recibirlo y creer en el poder que tiene para hacernos hijos suyos.4 No calculemos mal. Hagámoslo hoy mismo, antes de la fiesta eterna en el cielo.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Eduardo Galeano, Memoria del fuego I: Los nacimientos, 18a ed. (Madrid: Siglo XXI Editores, 1991), p. 27.
2
Lc 14:28-30 (NVI)
3
Ef 6:4 (DHH)
4
Jn 1:12
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:
«Tengo una relación... con un hombre desde hace siete años. (Antes de estar con él, estuve casada.) Él es un buen hombre y buen padre... pero con frecuencia menciona mi pasado haciendo [insinuaciones de] acciones incorrectas que él supone que cometí.... Yo me siento ofendida y me defiendo; [pero él] dice que, si no es verdad, no debo ofenderme....
»Eso me hace preguntarme si realmente me estima, ama y respeta.... Aclaro que nada de lo que él insinúa que yo hice es verdad....
»¿Es sano estar en una relación así? ¿Puedo hacer algo para remediarla? Me siento irrespetada.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimada amiga:
»Es obvio que este hombre trata de hacer que usted se sienta mal a fin de sentirse mejor él mismo. Él se siente amenazado de alguna forma, y se vale de como un arma en contra suya para que también usted se sienta incómoda y pierda la calma. Cuando manipula sus sentimientos con esas insinuaciones, él siente que ejerce poder sobre usted, y ese poder oculta la inseguridad de él.
»Estamos de acuerdo en que las palabras de él crean una dinámica que no es sana. Tal vez la ame, pero la manera como él manipula con crueldad los sentimientos de usted no es la forma de mostrar amor. Es posible que él justifique esa burla al creer que sólo está jugando con usted. Sin duda se convence de que usted se está dejando llevar por las emociones y que tal experiencia le enseñará a ser más resistente....
»Nosotros en realidad no comprendemos por qué elige vivir con un hombre a quien poco o nada le importa cómo se siente usted. El apóstol Pablo enseñó: “El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”1
»Dios diseñó la intimidad sentimental de modo que se disfrutara dentro de los límites de la seguridad y del compromiso del matrimonio. Cuando un hombre y una mujer toman la decisión de unirse en matrimonio, con eso protegen sus propios intereses al cuidarse y valorarse mutuamente. Ya no pueden herir al otro o a la otra sin herirse a sí mismos.
»El hecho de que muchas personas no cumplen sus votos nupciales no debilita la intención o el plan de Dios. Y el hecho de que muchos matrimonios terminan en divorcio no hace dudar de la institución del matrimonio sino más bien de las dos personas que incumplieron sus votos.
»Nosotros creemos que usted no debe vivir con ningún hombre con quien no esté casada. Por eso le aconsejamos que busque consejería profesional con la intención de resolver este problema para que pueda casarse o ponerle fin a la relación. No debe considerar el seguir adelante si nada cambia.»
Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 757.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
1Co 13:6-7 (NVI)
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:
«Yo servía a Dios con mucho anhelo desde muy pequeña, pero cuando ingresé a la universidad mi relación con Dios se fue acabando poco a poco. Entre otras cosas, cometí inmoralidad sexual.
»Hace poco regresé a los caminos de Dios y le pedí perdón de corazón, pero lo que hice me persigue.... Siento una gran culpa y que no soy digna de ir a la iglesia o decir que soy seguidora de Cristo.... No sé qué hacer. Nunca he hablado de este tema con nadie. Espero que pueda darme un consejo.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimada amiga:
»Como usted probablemente sabe, muchos jóvenes toman decisiones imprudentes durante sus años de estudio universitario. Es una etapa en la que por fin han dejado de estar bajo la supervisión de sus padres y pueden tomar algunas decisiones por su propia cuenta. Sin embargo, también es la etapa en la que su cerebro no está completamente desarrollado, por lo que no están del todo preparados para considerar las consecuencias que resultarán de las decisiones que toman.
»Los estudiantes universitarios que bien pudieron haber sido seguidores de Cristo por muchos años se ven confrontados... con diversas filosofías y estilos de vida.... Con frecuencia la enseñanza de los profesores consiste de sus propias opiniones y puntos de vista, incluso cuando éstos no forman parte de la materia.
»El hecho de que usted se desvió del camino y dejó de seguir a Cristo es lamentable, pero lo cierto es que ¡regresó! ¡Estaba perdida, pero ahora está a salvo! El apóstol Pablo enseñó que “todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!”1
»Usted no es la misma joven que tomó ese desvío. Cuando pidió perdón en el nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios, Él no sólo la perdonó sino que la limpió de todo pecado. Ha sido borrado tal como se borra lo escrito en una pizarra.
»Todos somos pecadores. Ninguno de nosotros merece ser llamado seguidor o seguidora de Cristo. No hay ninguna diferencia entre usted y yo. ¡Ambos hemos sido perdonados! No malgaste ni un solo momento más tratando de examinar lo que estaba escrito pero luego fue borrado de la pizarra.
»Cuando usted asista a la iglesia o se encuentre con otros seguidores de Cristo, no dude en reconocer que se desvió del camino por un tiempo. Lo que importa de su historia no es lo perdida que se encontraba, sino el hecho de que Dios la encontró, la perdonó y la convirtió en una persona nueva.»
Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 876.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
2Co 5:17
(Natalicio de Alfredo Espino)
«Alfredo Edgardo Espino Najarro nació... el ocho de enero de 1900... en Ahuachapán, ciudad del occidente salvadoreño, [donde] pasó su niñez e hizo sus estudios primarios en escuelas de la localidad.... [Su] obra poética..., [Jícaras tristes, publicada] por primera vez en 1936, ocho años después de [su] muerte [prematura... llegaría a ser] lectura necesaria para los escolares urbanos y rurales»,1 afirma el prologuista Francisco Andrés Escobar.
«No hay escuelita en El Salvador donde no se declamen sus poemas con halagadora complacencia»,2 dijo el poeta José Luis Silva. He aquí uno de esos bellos poemas de Espino acerca del campo salvadoreño que tanto amaba:
Un día —¡primero Dios!—
Has de quererme un poquito.
Yo levantaré el ranchito
en que vivamos los dos.
¿Qué más pedir? Con tu amor,
mi rancho, un árbol, un perro,
y enfrente el cielo y el cerro
y el cafetalito en flor...
Y entre aroma de saúcos,
un zenzontle que cantara
y una poza que copiara
pajaritos y bejucos.
Lo que los pobres queremos,
lo que los pobres amamos,
eso que tanto adoramos
porque es lo que no tenemos...
Con sólo eso, vida mía;
con sólo eso:
con mi verso, con tu beso,
lo demás nos sobraría...
Porque no hay nada mejor
que un monte, un rancho, un lucero,
cuando se tiene un «te quiero»
y huele a sendas en flor...3
«Cuando al final de [su] vida... [Alfredo Espino] quiso afirmarse con independencia en el plano del amor... perdió la partida. Se enamoró de Blanca Vanegas... una muchacha de condición humilde. La madre del poeta... se opuso resueltamente al noviazgo y al matrimonio... por razones de orden social —diferencia de clases— o de orden emocional —[estaba] dispuesta a organizar los máximos y los mínimos detalles en la vida del hijo—.... Esto golpeó con fuerza al poeta»,4 comenta Escobar.
No es de extrañar que Alfredo haya sufrido una gran desilusión debido a eso: admiraba la sencillez de la vida del campo, y en poemas como este, titulado «Un rancho y un lucero», lograba de manera envidiable ponerse en el lugar del modesto campesino que no concibe nada mejor en esta vida que la felicidad que produce el amor sin pretensiones.
Menos mal que, a diferencia de la madre de Espino, el Padre celestial no se opuso a que su Hijo Jesucristo viniera al mundo para establecer una relación estrecha con todo el que quisiera ser hijo de Dios, cualquiera que fuera su condición social. Más bien, Dios envió a su único Hijo al mundo precisamente con ese fin. Y lo hizo por la misma razón que movió a Alfredo Espino: un «te quiero». Fue un amor tan profundo que lo llevó hasta la cruz a morir por nuestros pecados, a resucitar al tercer día, y a ascender al cielo, donde nos ha preparado una vivienda como ninguna otra, con un jardín como el del Edén que «huele a sendas en flor», en el que algún día podamos participar en la cena de las bodas del Cordero y vivir eternamente con ese Cordero de Dios, Jesucristo mismo, que es el brillante lucero de la mañana.5
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Francisco Andrés Escobar, «Con el alma descalza»: Introducción a Jícaras tristes (Santa Tecla, El Salvador: Clásicos Roxsil, 2001), pp. 8,9,13,41.
2
José Luis Silva, Jícaras tristes (Santa Tecla, El Salvador: Clásicos Roxsil, 2001), contraportada.
3
Alfredo Espino, Jícaras tristes (Santa Tecla, El Salvador: Clásicos Roxsil, 2001), p. 75.
4
Escobar, pp. 19,20.
5
Jn 1:12; 3:16; 14:2-3; 1Co 15:3-4; 2Co 11:2; Ap 19:7,9; 22:16
Cuentan que trabajaba en la oficina de correos, y le tocaba procesar las cartas en las que no era legible la dirección escrita en el sobre. Un día se topó con una carta escrita con mano temblorosa, y que iba dirigida a Dios, pero no tenía dirección alguna. Como esa carta no se habría de entregar a nadie, decidió abrirla para ver de qué trataba.
«Querido Dios —decía—: Soy una viuda de ochenta y cuatro años que vive de una pequeña pensión. Ayer alguien robó mi bolsa, que tenía diez mil pesos. Era lo que me quedaba de la quincena, y ahora voy a tener que esperar hasta mi próximo cheque. No sé qué hacer.
»El próximo domingo es Navidad. Por eso invité a dos amigas mías a cenar; pero sin dinero, no tendré qué ofrecerles. No tengo comida ni para mí misma, ni tampoco tengo familia. ¡Eres todo lo que tengo, mi única esperanza!
»¿Podrías ayudarme? ¡Por favor!
»Atentamente, María.»
Fue tal el efecto que hizo la carta en aquel empleado del correo que decidió mostrársela a sus compañeros de trabajo. Todos quedaron sorprendidos, y comenzaron a donar de lo que tenían en sus bolsillos y carteras. Al final de la tarde, habían aportado entre todos ocho mil ochocientos pesos. Así que los pusieron en un sobre, forrados de papel aluminio, y los enviaron a la dirección de María, la remitente. Esa tarde todos los empleados que habían participado en la colecta sintieron un rico calorcito en el ambiente y una sensación de satisfacción que no habían experimentado hacía mucho tiempo, de sólo pensar en lo que habían hecho por María y sus amigas.
Algunos días después de la Navidad, llegó a la misma oficina de correos otra carta de María. La reconocieron de inmediato por la escritura y porque iba dirigida a Dios. Así que la abrieron, y todos, con mucha curiosidad, escucharon lo que decía:
«Querido Dios: Con lágrimas en los ojos y con toda la gratitud de mi corazón te escribo estas líneas para decirte que hemos pasado, mis amigas y yo, una de las mejores Navidades de la vida, y todo por tu maravilloso regalo.
»Debes saber que siempre hemos sido fieles a tu Palabra y hemos seguido todos tus mandamientos. Tal vez esa sea la razón de tu benevolencia con nosotras y en especial conmigo. ¡Gracias, Señor!
»Por cierto, faltaban mil doscientos pesos, nada importante; ¡seguramente se los robaron esos ladrones del correo!»
¡Qué graciosa y a la vez injusta suposición la de aquella anciana! ¡Es el colmo que se imaginara que el dinero faltante se lo hubieran robado precisamente las personas que con tanta generosidad se habían esforzado por suplir lo que ella necesitaba para pasar la Navidad! Así lo juzgamos todos los que escuchamos la historia, y sin embargo con frecuencia somos culpables de lo mismo, aunque a la inversa. ¿Acaso no es eso lo que hacemos cuando culpamos a Dios de darnos una vida insoportable, siendo que Él ha hecho todo lo contrario? Él dio a su Hijo Jesucristo, quien entregó su vida misma para que cada uno de nosotros pueda disfrutar de vida plena y eterna.1 Más vale que nos aseguremos de reconocer debidamente ese incomparable acto de caridad divina.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Jn 3:16; 10:10
(Día de los Reyes)
Era el año 1902 y la ciencia no estaba tan avanzada como para que recibieran previo aviso. De repente los ensordeció un estallido pavoroso y quedaron sepultados bajo la lava del volcán. Sintieron que el mundo se les venía encima, pero no tuvieron tiempo para protegerse. La inmensa nube roja que la montaña Pelée escupió sobre la tierra aniquiló en un instante a los treinta y cuatro mil habitantes de Saint Pierre en la isla Martinica... a todos menos uno.
El que sobrevivió se llamaba Ludger Sylbaris. Era el único preso de la ciudad, y las paredes de la cárcel en que estaba recluido habían sido construidas a prueba de fugas. De modo que el único que se salvó fue el condenado.1
Hay quienes, al oír un caso insólito como este, investigarían a ver si aquel preso nació de pie. Para ellos, eso explicaría su buena suerte porque, según la antigua superstición popular, los que nacen con los pies por delante, y no de cabeza, como es más habitual, tienen una vida mucho más afortunada que la de los demás.2 En el caso del preso, el hecho de salir con vida lo calificó de afortunado. Tal vez no le haya ido bien antes de ser encarcelado, pero en última instancia eso es lo de menos.
Hay un refrán bastante conocido que es afín al modismo «nacer de pie». El refrán dice: «Unos nacen con estrella, y otros nacen estrellados.» Si bien a todos nos da a entender la distinta suerte de las personas, a muchos nos recuerda el nacimiento del niño Jesús, el Hijo de Dios. Pudiera pensarse que la estrella que guió a los reyes magos a Belén auguraba un futuro brillante para el niño. ¿Acaso no la seguían aquellos sabios del Oriente porque se trataba del futuro rey de los judíos?3 Pero ¿cómo podemos calificar de brillante el futuro del tal «afortunado» si lo que le aguardaba era malentendidos, traiciones y abandono por parte de sus amigos, y por parte suya, la abnegación, el sacrificio y la entrega total hasta la muerte más cruel en plena juventud?4
El destino de Jesucristo, desde el día en que nació, era morir clavado en una cruz por los pecados de todas las personas de todas las épocas.5 De modo que, en sentido figurado, Él no nació ni de pie ni con estrella ni estrellado, sino destinado a morir por nosotros, y eso no tiene nada que ver ni con la buena ni con la mala fortuna... a no ser la buena fortuna nuestra. Porque a raíz de su muerte premeditada, cada uno de nosotros puede ahora alcanzar su propio destino divino, que es llegar a ser transformados según la imagen de ese niño de Belén.6 Y lo irónico del caso es que, si nos proponemos lograrlo, en vez de ser como aquel condenado que, sin merecerlo, fue el único que se salvó cuando los demás murieron, seremos como el Único que murió, sin merecerlo, para que los demás podamos salvarnos.
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Eduardo Galeano, Memoria del fuego III: El siglo del viento, 5a ed. (Madrid: Siglo XXI Editores, 1987), p. 8.
2
Gregorio Doval, Del hecho al dicho (Madrid: Ediciones del Prado, 1995), p. 145.
3
Mt 2:1-12
4
Lc 18:31-34
5
Mr 8:31
6
Ro 8:29
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» en nuestro sitio www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:
«Tengo veintiocho años de edad. Me enamoré de una mujer soltera... de cuarenta y siete años de edad. Nuestra relación ha sido muy firme. Hemos estado muy felices [y] nos hemos casado... Pero tengo un problema: Mi familia no lo sabe... porque pienso que sería tropiezo para nuestra relación.
»Cada vez que hablo con mi familia, les miento y les digo que estoy solo. Pero mi conciencia no está tranquila.… ¿Qué hago?»
Este es el consejo que le dimos:
«Estimado amigo:
»¡Lo felicitamos por su feliz matrimonio! Ojalá que más personas de nuestra audiencia tuvieran matrimonios felices.
»Usted piensa que, si su familia se enterara, sería perjudicial para la relación que tienen. Al parecer, cree que miembros de su familia harían o dirían cosas que pudieran interponerse entre los dos. Como no nos dio más información al respecto, es evidente que usted piensa que su familia no aprobará la diferencia de edades entre usted y su esposa, y que en realidad tratarán de lograr que se separen. Tal vez tenga miedo de que lastimen a su esposa emocionalmente y de que ella lo culpe a usted por lo que digan ellos, o de que ella espere que usted esté de parte suya en contra de ellos, y usted no está seguro si tiene la fuerza de voluntad para hacerlo. Quizá sus padres aún lo traten a usted como un niño, a pesar de que ya tiene veintiocho años y vive a cierta distancia de donde viven ellos.
»Cualquiera que sea la verdad acerca de la relación complicada que usted tiene con sus padres, eso no tiene tanta importancia como el reconocer que el mentir no sólo hará que le remuerda la conciencia, sino que también empeorará lo que sienten de parte y parte el día en que sus padres al fin se enteren de que está casado. Es probable que se sientan mucho más decepcionados por sus mentiras y su vida secreta que por la edad de su esposa. Cada día que usted siga mintiéndoles sólo contribuirá a empeorar la situación.
»Tanto Jesucristo como el apóstol Pablo citaron el pasaje del libro de Génesis que dice que, cuando un hombre se casa, ha de dejar a su padre y a su madre y de unirse a su esposa.1 En este caso, el dejarlos indica no sólo distancia física sino también distanciamiento emocional. El momento en que un hombre toma a su esposa como tal, su mayor lealtad (que pudo haber antes reservado para sus padres) se la debe ahora a su esposa. Sigue amando a sus padres y los honra, pero para que tenga un matrimonio feliz, su esposa siempre tiene que ocupar el primer lugar. Cuando un hombre permite que su familia se interponga entre él y su esposa, desintegra la unidad matrimonial que Dios dispuso que experimentaran como pareja. El vínculo afectivo entre los dos se debilita, y casi siempre resultan otros problemas. Ya es hora de que usted muestre madurez emocional y acepte la responsabilidad de su propia vida, aunque sus padres no estén de acuerdo....
»Le deseamos lo mejor,
»Linda y Carlos Rey.»
El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa el enlace en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego el enlace que dice: «Caso 140».
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
1
Gn 2:24; Mt 19:5; Mr 10:7; Ef 5:31
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:
«Vivo con mi esposa y mi hijo de cinco años.... Mi esposa está embarazada. También viven con nosotros tres niñas [a quienes sus padres abandonaron a su suerte]. Nosotros les damos posada y comida....
»Una de ellas salió embarazada, pero no ama ni conoce bien al muchacho [con quien concibió] al bebé. Ella no quiere darlo a luz, y él no se hace responsable [como padre biológico que es]. Nosotros le decimos que no lo aborte, sino que al nacer lo dé en adopción.... Yo no cuento con los recursos económicos para mantener a dos bebés.... A la niña le digo que yo no soy su padre, pero que sí la cuidaré como un padre, y que puede contar conmigo y con mi esposa. No la dejaré sola en este proceso tan duro.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimado amigo:
»¡Es usted un hombre muy sabio! Y tanto usted como su esposa son compasivos, generosos y clementes. Sabemos que Dios los bendecirá por el cariño que les han mostrado a esas tres niñas. De hecho, Jesucristo mismo enseñó acerca de lo que ustedes están haciendo, al concluir una de sus parábolas como sigue:
»“Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: ‘Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron....’
»”Y le contestarán los justos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos?’ ... El Rey les responderá: ‘Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí.’”1
»Por medio de esta enseñanza, ¡Cristo dejó en claro que lo que usted está haciendo por esas niñas, amigo mío, es como si lo estuviera haciendo directamente por Él! Y como usted está siguiendo la enseñanza de Él, sabemos que Dios suplirá los fondos que necesite. Él no sólo le dará una recompensa cuando llegue al cielo, sino que también le proveerá de lo que necesite ahora.2
»... Lo felicitamos, junto con su esposa, por... haber hecho lo posible por salvar del aborto a la criatura no deseada. Un esposo y una esposa amorosos podrán así recibir con los brazos abiertos a esa criatura como sus padres adoptivos.
»Este es el momento de buscar a Dios y permitir que Él intervenga para proveer los recursos económicos que usted necesita.... ¿Será usted el líder espiritual de toda su familia de modo que la lleve a seguir a Cristo y a depender de Él? Puede contar con que Él ha de cuidarlo a usted, tal como las tres niñas pueden contar con que usted ha de cuidarlas a ellas.»
Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo puede leerse con sólo ingresar en el sitio www.conciencia.net y pulsar la pestaña que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 756.
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1
Mt 25:34-38,40
2
Fil 4:19




un abrazo fuerte desde puerto rico. les amamos ptofundamente. escuchando su pod cast