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Un Minuto Con Dios
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Un Minuto Con Dios

Author: Dr. Rolando D. Aguirre

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Podcast by Dr. Rolando D. Aguirre
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Un corazón descuidado no se vuelve malo; se vuelve reactivo, cansado y desconfiado. Poco a poco se endurece, responde desde la herida y pierde sensibilidad espiritual. Por eso, guardar el corazón no es aislamiento emocional, es discernimiento profundo sobre lo que permitimos entrar y permanecer. Dios no llama a blindarse, sino a proteger lo valioso. El Señor Jesús habló del interior porque sabía que lo que se aloja en el corazón termina gobernando la vida. De modo que, cuidar el corazón implica filtrar voces, revisar motivaciones y atender heridas antes de que se conviertan en patrones. Un corazón guardado no ignora el dolor; lo lleva al lugar correcto. Quizá haya conversaciones que desgastan, pensamientos que se repiten o recuerdos que aún pesan. Preséntalos delante de Dios con sinceridad. Guardar el corazón no es negar lo que duele, sino entregarlo a Aquel que sana con verdad y gracia. Allí el corazón se ordena y la vida recupera dirección. Guarda tu corazón. De él depende el rumbo de tu vida. La Biblia dice en Proverbios 4:23: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. (RV1960).
La mayoría de las personas no abandona la fe; simplemente la vive sin intención. Se avanza por costumbre, se decide por inercia y se llena la agenda sin preguntarse si el corazón sigue alineado con Dios. Por eso, vivir con intención no es un lujo espiritual, es una necesidad para no perder el rumbo mientras seguimos ocupados. El Señor Jesús no vivió reaccionando a las circunstancias; caminó con dirección clara. Sabía cuándo avanzar, cuándo detenerse y cuándo decir no. De modo que, la intención no elimina los imprevistos, pero sí ordena las prioridades. Cuando se pierde la intención, se vive cansado; cuando se recupera, se vive enfocado. Un corazón intencional discierne mejor qué aceptar y qué soltar. Tal vez sea momento de revisar hábitos, compromisos o ritmos que ya no aportan vida. Con honestidad delante de Dios, vale la pena preguntar qué necesita ser ajustado. Vivir con intención no es rigidez, es fidelidad diaria. Cada decisión pequeña, cuando se toma con conciencia, se convierte en un acto de adoración. Vive con intención. Dios honra los pasos que se dan con propósito. La Biblia dice en Efesios 5:15–16: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis… aprovechando bien el tiempo”. (RV1960).
Vivir con propósito no significa tener todas las respuestas, sino saber hacia quién caminas. El propósito se afirma cuando las decisiones diarias se alinean con la voluntad de Dios. Por eso, caminar con propósito es vivir con intención, aun en lo pequeño. Cada paso importa cuando Dios dirige el rumbo. El Señor Jesús caminó con dirección clara, aunque muchos no la entendieran. De modo que, el propósito no elimina dudas, pero da sentido al esfuerzo. Cuando el propósito se pierde, la fe se debilita; cuando se recuerda, el ánimo se renueva y el camino se aclara. Tal vez sea necesario revisar prioridades, ajustar ritmos o soltar distracciones. Así que, sin culpa ni prisa, alinea tus decisiones con lo que dices creer. Caminar con propósito no es una meta lejana; es una práctica diaria que honra a Dios. Camina con propósito. Dios endereza los pasos que se le confían. La Biblia dice en Proverbios 16:9: “El corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos”. (RV1960).
Escuchar es una forma silenciosa de amar. En una cultura acelerada, donde todos quieren ser oídos, la escucha atenta se ha vuelto escasa. Por eso, aprender a escuchar antes de hablar protege relaciones y guarda el corazón de conflictos innecesarios. Además, Dios habla a quienes hacen espacio para oír. El Señor Jesús escuchó preguntas torpes, confesiones sinceras y silencios cargados de dolor. De modo que, escuchar va más allá de oír palabras; implica discernir lo que hay detrás. Cuando escuchas con atención, respondes con sabiduría y hieres menos. La escucha paciente abre puertas que las palabras apresuradas suelen cerrar. De modo que en las conversaciones de este día, elige escuchar sin interrumpir ni preparar respuestas anticipadas. Permite que el silencio también hable. Dios puede usar tu disposición para escuchar como instrumento de gracia y sanidad. Escucha con el corazón. Allí comienza la verdadera sabiduría. La Biblia dice en Santiago 1:19: “Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar…”. (RV1960).
La perseverancia pierde fuerza cuando se alimenta de ilusiones. Dios no nos llama a negar la realidad, sino a caminarla con verdad. Por eso, perseverar con verdad implica reconocer cansancio, admitir límites y aun así continuar confiando en la fidelidad de Dios. La verdad sostiene mejor que la apariencia. El Señor Jesús habló con claridad sobre el costo del discipulado. Él nunca prometió caminos fáciles, pero sí Su presencia constante. De modo que, perseverar con verdad es avanzar sin máscaras, llevando a Dios lo que realmente hay en el corazón. Allí la gracia actúa con profundidad y restaura la esperanza. Tal vez haya áreas donde seguir adelante se siente pesado. Por eso, nómbralas con honestidad delante de Dios. Así que, sin dramatizar ni minimizar, decide dar el siguiente paso, aunque sea pequeño. La perseverancia no se mide por velocidad, sino por fidelidad sostenida. Persevera con verdad. Recuerda que Dios honra la fe sincera. La Biblia dice en Juan 8:32: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. (RV1960).
El cansancio profundo no siempre viene del exceso de trabajo, sino de la falta de descanso interior. Muchos siguen avanzando con el cuerpo activo y el alma agotada. Por eso, el descanso no es debilidad; es una disciplina espiritual que reconoce límites y confía en Dios. El Señor Jesús se retiraba a lugares tranquilos, no por evasión, sino por obediencia. Sabía que el descanso restaura la perspectiva y renueva la fuerza. De modo que, descansar es soltar la ilusión de control y aceptar que Dios sigue obrando aun cuando tú te detienes. El descanso devuelve equilibrio a la fe. Quizá una preocupación constante, una agenda saturada o una expectativa irreal esté robando tu descanso. Entrégala a Dios sin negociar. Permite una pausa consciente: silencio, oración sencilla o gratitud deliberada. El descanso no soluciona todo, pero te coloca en mejor posición para seguir caminando con sabiduría. Descansa en Dios. Él sostiene lo que tú no puedes cargar. La Biblia dice en Mateo 11:28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. (RV1960).
El desorden interior no siempre se nota de inmediato, pero con el tiempo pesa. Pensamientos acumulados, emociones no atendidas y cargas silenciosas terminan afectando la claridad espiritual. Por eso, ordenar el corazón no es un ejercicio opcional; es una necesidad para caminar con integridad delante de Dios. Dios obra con mayor libertad cuando el interior se presenta sin máscaras. El Señor Jesús no evitó el caos humano; lo enfrentó con verdad y gracia. De modo que, antes de intentar resolver lo externo, es sabio permitir que Dios alinee lo interno. Un corazón ordenado escucha mejor, responde con menos ansiedad y discierne con mayor paz. Tal vez haya pensamientos que se repiten sin descanso o emociones que has postergado enfrentar. Preséntalas delante de Dios con honestidad, sin adornos ni defensas. Así que, en lugar de huir del desorden, entrégalo. Dios no exige perfección; pide verdad. Y donde hay verdad, comienza la sanidad. Ordena tu corazón. Dios trabaja con claridad donde hay sinceridad. La Biblia dice en Salmos 139:23–24: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón…”. (RV1960).
012026-Avanzar con paz

012026-Avanzar con paz

2026-01-2001:27

La paz no es la ausencia de problemas; es la presencia de Dios en medio del camino. Avanzar con paz significa confiar aun cuando no todo está resuelto. Por eso, la paz no nace del control, sino de la entrega. Cuando confías en Dios, el corazón aprende a descansar aun en medio de la incertidumbre. El Señor Jesús caminó con paz incluso hacia la cruz, porque sabía en manos de quién estaba Su vida. De modo que, avanzar con paz no es ignorar la realidad, sino enfrentarla sostenido por la gracia. La paz guarda el interior, ordena los pensamientos y dirige los pasos con firmeza. Por eso, hoy entrega a Dios aquello que te inquieta. Nómbralo en oración y permite que Su paz gobierne tu mente y tu corazón. Además, camina con pasos firmes y espíritu confiado. La paz de Dios no explica todo, pero sostiene en todo. Avanza con paz. Dios va contigo. La Biblia dice en Filipenses 4:7: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. (RV1960).
La fe no fue diseñada para vivirse en aislamiento. Caminar solo puede parecer más sencillo, pero con el tiempo debilita el corazón. Por eso, Dios nos llama a perseverar en comunidad, compartiendo cargas, oraciones y esperanza. La comunidad no elimina las luchas, pero evita que las enfrentemos solos. El Señor Jesús formó una comunidad imperfecta y aun así la eligió como espacio de formación. De modo que, caminar con otros requiere paciencia, gracia y compromiso. Perseverar en comunidad implica aprender a escuchar, a perdonar y a sostener, porque Dios usa la fe de otros para fortalecernos cuando la nuestra se debilita. Da un paso intencional hacia alguien. Llama, escribe, ora en compañía. No cargues solo lo que Dios diseñó para compartirse. La fe se afirma cuando es acompañada y la esperanza se renueva cuando se expresa en voz alta. No camines solo. Dios camina con Su pueblo. La Biblia dice en Hebreos 10:24–25: “Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras”. (RV1960).
La humildad no te hace menos; te coloca en el lugar correcto. Caminar con humildad es reconocer que necesitas a Dios y también a otros para avanzar bien. Por eso, la humildad nos mantiene enseñables y nos libra de la autosuficiencia que, aunque parezca fortaleza, termina agotando el alma. Dios no exalta la apariencia; Él honra el corazón sincero. El Señor Jesús vivió con autoridad sin perder la humildad. Nunca se impuso desde el orgullo, ni se escondió detrás del silencio. De modo que, la humildad no apaga la voz, al contrario, la afina. Nos permite escuchar antes de responder, aprender sin resistir y corregir el rumbo sin miedo; porque un corazón humilde reconoce límites y descansa en la gracia. De modo que, examina tu actitud interior y pregúntate: ¿Hay espacios donde te cuesta pedir ayuda?, ¿momentos donde prefieres tener la razón antes que cuidar la relación? Así que, presenta eso delante de Dios con honestidad. La humildad abre espacio para la paz y prepara el terreno para que Dios obre con libertad y profundidad. Por eso, camina con humildad. Allí la gracia encuentra lugar. La Biblia dice en Miqueas 6:8: “Y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”. (RV1960).
011726-Elegir gratitud

011726-Elegir gratitud

2026-01-1701:43

La gratitud no depende de que todo esté en orden; nace de una decisión interior. Agradecer cuando la vida fluye es natural, pero agradecer cuando el camino pesa es un acto profundo de fe. Por eso, la gratitud no niega el dolor, sino que impide que el dolor gobierne el corazón. Cuando eliges agradecer, reconoces que Dios sigue siendo bueno aun en medio de lo incompleto. La gratitud reordena la mirada. Nos enseña a identificar la gracia escondida en lo cotidiano y a recordar que no caminamos solos. El Señor Jesús dio gracias aun sabiendo lo que vendría después. De modo que, agradecer no siempre cambia la circunstancia, pero sí transforma a quien agradece. La queja endurece el alma, pero la gratitud la vuelve sensible a la obra de Dios. Detente un momento y nombra con intención aquello por lo que puedes dar gracias como una provisión recibida, una persona fiel, una lección aprendida o una fuerza que apareció cuando ya no la tenías. Practica la gratitud como disciplina diaria y no solo como emoción ocasional. Recuerda que donde hay gratitud, la fe respira y la esperanza se fortalece. Elige agradecer hoy. La gracia se multiplica cuando es reconocida. La Biblia dice en 1 Tesalonicenses 5:18: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. (RV1960).
Perseverar no es simplemente resistir; es avanzar sostenidos por la esperanza. Sin esperanza, la perseverancia se convierte en cansancio acumulado. Dios renueva las fuerzas cuando el corazón recuerda por qué y para quién camina. La esperanza mantiene vivo el propósito aun en medio del desgaste. Esperar no es cruzarse de brazos, sino sostener el paso con confianza. El Señor Jesús perseveró mirando el gozo puesto delante de Él. De modo que, hoy vuelve a recordar por qué comenzaste y a quién sigues. La esperanza reordena el esfuerzo y le da sentido al sacrificio cotidiano. De modo que, renueva tu esperanza con promesas, descanso y oración honesta. Persevera, pero no solo; persevera con Dios, porque aunque el camino parezca largo, sigue adelante confiando en que Él fortalece al cansado y acompaña al que no se rinde. Así que, sigue caminando. La esperanza sostiene más de lo que imaginas. La Biblia dice en Romanos 15:4: “Para que por la paciencia y la consolación… tengamos esperanza”. (RV1960).
011526-Decir “no”

011526-Decir “no”

2026-01-1501:29

Decir “no” también es un acto espiritual. No todo lo posible es saludable, ni todo lo bueno es necesario ahora. De modo que, aprender a decir no protege el llamado, cuida el alma y honra los límites que Dios estableció. Muchos se desgastan no por falta de fe, sino por falta de discernimiento. El Señor Jesús dijo no a expectativas indebidas, a demandas fuera del propósito y a caminos que no venían del Padre. Por lo tanto, decir no, no endurece el corazón, al contrario, lo ordena. Entonces, revisa dónde necesitas establecer un límite claro como una agenda saturada, una relación desequilibrada o una responsabilidad que no te corresponde cargar. Decir no a tiempo evita resentimientos futuros y por eso abre espacio para un sí mejor. Recuerda que la obediencia incluye renuncias que protegen lo esencial y preservan la paz interior. Así que, di no con paz. Dios cuida lo que tú respetas. La Biblia dice en Mateo 5:37: “Sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no…”. (RV1960).
011426-Cuidar la mente

011426-Cuidar la mente

2026-01-1401:33

La mente es un campo que necesita cuidado constante. Lo que permites entrar, tarde o temprano influye en lo que crees, decides y haces. Por eso, cuidar la mente no es evadir la realidad, sino filtrarla con la verdad de Dios. Una mente saturada se confunde, en cambio, una mente guardada discierne con claridad. Recuerda que los pensamientos repetidos forman hábitos y los hábitos moldean el carácter. El Señor Jesús enseñó a pensar con verdad, no con temor ni con mentira. Así que, identifica un pensamiento que te drena o te limita y confróntalo con la Palabra. Reemplazar no es negar; es sanar desde la verdad que libera. Además, practica un cuidado intencional. Es decir, limita lo que te inquieta, afirma lo que edifica y ora cuando la mente se acelera. De este modo, la paz no comienza en las circunstancias, sino en el pensamiento alineado con la verdad de Dios que guarda el corazón aun en medio de la incertidumbre. Finalmente, guarda tu mente porque allí se define la dirección de tu vida. La Biblia dice en Filipenses 4:8: “Todo lo verdadero, todo lo honesto… en esto pensad”. (RV1960).
No toda obediencia será visible, ni toda fidelidad será reconocida. Muchas de las decisiones más formativas ocurren lejos del aplauso y del escenario. Por eso, la obediencia discreta revela un corazón que responde a Dios por amor y no por aprobación. Allí se construye el carácter que sostiene la fe en temporadas difíciles. Obedecer en lo pequeño, cuando nadie observa, guarda el alma de la apariencia. El Señor Jesús habló del valor de lo secreto porque sabía que allí se define la integridad. De modo que, guardar una palabra, cumplir una promesa olvidada o elegir lo correcto sin testigos forma una obediencia sólida y sincera, capaz de resistir la prueba del tiempo. Hoy, elige una obediencia sencilla y concreta. No busques reconocimiento ni resultados inmediatos. Dios ve lo que otros no ven y por eso usa lo discreto para preparar lo que vendrá. La obediencia fiel no siempre produce aplausos, pero siempre produce fruto que permanece. Así que, sé fiel en lo oculto. Dios obra con paciencia y verdad. La Biblia dice en Mateo 6:4: “Tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. (RV1960).
Vivimos en una cultura que premia la rapidez, pero Dios forma el carácter en la calma. Muchas decisiones se toman desde la presión, el miedo o la urgencia, y luego se cargan con consecuencias innecesarias. Por eso, decidir con calma no es postergar por inseguridad; es honrar el proceso que Dios usa para traer claridad y dirección. La calma crea espacio para escuchar. Cuando el corazón se aquieta, la voluntad se ordena y la sabiduría encuentra lugar. El Señor Jesús nunca decidió desde la ansiedad; buscó al Padre, oró y obedeció con firmeza. Ese patrón sigue siendo válido hoy. Así que, no toda decisión necesita resolverse de inmediato, pero toda decisión necesita ser presentada delante de Dios con sinceridad. Si enfrentas una decisión importante, resiste la prisa. Ora con honestidad, revisa tus motivos, consulta la Palabra y busca consejo sabio. De este modo, la calma no retrasa el propósito; lo protege. Decidir desde la paz guarda el corazón, aun cuando el camino sea exigente y requiera valentía. De modo que, decide con calma. La sabiduría camina despacio, pero llega lejos. La Biblia dice en Santiago 1:5: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios…”. (RV1960).
Hay días en los que nada extraordinario ocurre y aun así son decisivos. La vida espiritual no se define solo por grandes momentos, sino por la atención diaria con la que caminamos. Permanecer atentos es una disciplina que protege el corazón del descuido y la fe de la rutina. Cuando dejamos de estar atentos, comenzamos a vivir en automático, reaccionando más de lo que discernimos. Estar atentos no significa vivir tensos, sino presentes. Por eso, implica escuchar antes de responder, observar el interior antes de decidir y reconocer la voz de Dios en lo sencillo. El Señor Jesús llamó a velar no desde el temor, sino desde el amor, porque quien ama cuida lo que se le ha confiado. De modo que la atención espiritual afina el oído, suaviza las palabras y ordena los pasos, permitiendo que nuestras decisiones nazcan de la sabiduría y no de la prisa. Hoy, practica una atención intencional. Haz una pausa antes de hablar; ora antes de elegir; examina tu interior con honestidad. Dios suele hablar en lo que damos por sentado. Así que, cuando vives atento, incluso lo cotidiano se convierte en terreno sagrado y el alma aprende a reconocer la presencia de Dios con mayor claridad. Permanece atento. Dios está obrando más cerca de lo que imaginas. La Biblia dice en Marcos 13:33: “Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”. (RV1960).
011026-No caminar solo

011026-No caminar solo

2026-01-1001:27

Dios nunca pensó en la fe para vivirse en aislamiento. El camino espiritual se vuelve pesado cuando se recorre en soledad. Por eso, este día es un recordatorio necesario: necesitas compañía. No para que caminen por ti, sino para que caminen contigo. La comunidad sana no presiona ni acelera; acompaña. Escucha, ora, anima y corrige con amor. Caminar con otros no te hace débil; te hace sabio. El Señor Jesús mismo formó una comunidad para enseñar que la fe se fortalece cuando se comparte. Aislarnos puede parecer protección, pero suele convertirse en carga. Hoy, da un paso intencional: busca consejo, ora con alguien, comparte lo que llevas. No cargues solo(a) lo que Dios diseñó para compartirse. La fe crece cuando es acompañada y la esperanza se renueva cuando se habla en voz alta. El camino es más firme cuando se recorre juntos. La Biblia dice en Eclesiastés 4:9: “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo”. (RV1960).
Perseverar no significa endurecerse. Es posible seguir adelante con el corazón cerrado, y eso desgasta. Dios no te llama a resistir la vida con rigidez, sino a caminarla con ternura. La perseverancia que agrada a Dios mantiene el rumbo sin perder la compasión. El cansancio prolongado puede volver áspera el alma si no se lleva a la presencia del Señor Jesús. Por eso, perseverar bien implica regresar a Dios una y otra vez. No te exijas más fuerza; entrégale más confianza. Él renueva sin romper, fortalece sin endurecer y sostiene sin aplastar. Este día, observa tu corazón mientras perseveras. ¿Sigues caminando con amor?, ¿has perdido la paciencia contigo o con otros?, ¿te has vuelto severo? Lleva eso a Dios. La gracia no solo impulsa; suaviza y una perseverancia acompañada de ternura produce fruto duradero. Sigue caminando, pero cuida tu interior. La Biblia dice en Isaías 40:29: “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas”. (RV1960).
010826-Fe visible

010826-Fe visible

2026-01-0801:30

La fe no siempre se anuncia; se nota. Se percibe en la forma de hablar, de reaccionar, de tratar a otros cuando nadie aplaude. Una fe viva no necesita escenario, necesita coherencia. Por eso, este día es una invitación a revisar no solo lo que crees, sino cómo lo vives. La fe visible se expresa en paciencia cuando hay presión, en mansedumbre cuando hay conflicto y en verdad cuando hay tentación de aparentar. No es perfección, es integridad. El Señor Jesús no busca demostraciones, busca corazones sinceros que vivan alineados con lo que profesan. Cuando la fe se encarna en la vida diaria, se convierte en refugio para otros. Hoy, permite que una decisión concreta refleje tu fe: una respuesta amable, una renuncia necesaria, un acto de obediencia discreto. La fe crece cuando se practica, y aunque nadie lo note, Dios sí lo ve. Él honra lo que se vive con honestidad. Vive de tal manera que tu fe sea reconocible. La Biblia dice en Santiago 2:17: “La fe, si no tiene obras, está muerta”. (RV1960).
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