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En casa con María
En casa con María
Author: María Leániz
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© María Leániz
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¿Te agobia el desorden? ¿Te gustaría llevar una vida organizada? ¿Tienes acumulación de cosas y te cuesta desapegarte de ellas y dejarlas ir? Por aquí charlamos de orden y organización, hogar, armonía en casa, limpieza, dejar atrás la acumulación, organizarse mejor, hábitos, gestión del tiempo, organización de menús semanales, orden en la empresa. Soy María Leániz, organizadora profesional y fundadora y CEO de Atelier del Orden. Me encantará que me acompañes en mi podcast En casa con María. ¡Sin ti, esto no es nada!
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Bienvenida, bienvenido a En casa con María. Septiembre no es un hito para agobiarse, es un tiempo para sentar bases. Y las bases no se construyen en dos días. A menos que tengas una guía, que es lo que pretendo dejarte hoy en este episodio del podcast. Luego, el ponerlo en práctica lo dejo en tus manos, si crees que te puede venir bien.Un dato para poner los pies en la tierra: formar un hábito estable tarda, de media, 66 días; puede ir de 18 hasta 254, según un estudio clásico de la University College London. Esto quiere decir que lo que empecemos ahora, ya mismo, va a cuajar hacia octubre/noviembre, no mañana. Pero para entonces va a estar integrado en tu día a día y te va a facilitar mucho tus rutinas diarias, esas que te aportan un suelo firme para que salgas segura a la vida y que, sobre ese suelo firme puedas bailar, improvisar y salirte del guión tanto como quieras, porque tienes un suelo firme que te acogerá cuando caigas de algún que otro salto.Otra clave: nuestra memoria de trabajo solo maneja bien entre 3 y 5 frentes a la vez. Si intentamos atender diez, perdemos foco y energía. Por eso, menos es más. Y el desorden visual no es neutro: compite por tu atención a nivel cerebral y nos fatiga antes. Mantener a raya el ruido alrededor ayuda a pensar y decidir mejor. En casa, el tiempo es oro: entre quienes trabajan, el grupo más frecuente de mujeres dedica en torno a 2 horas diarias a tareas domésticas y de cocina; en hombres, el grupo de media onda 1 hora diaria. Aunque sé que hay casos en que estos modelos no se cumplen o se dan a la inversa. Por eso, ajustar expectativas a realidades nos va a evitar siempre frustraciones. Te he dejado estas pinceladas para situarte, para que veas que esas expectativas tan grandes que aparecen en nuestra mente después del verano, cargadas de motivación, necesitan un aterrizaje para tener gasolina para el resto del año. Porque, si no, se irán como han venido.Y para eso, he preparado un decálogo de mínimos: lo esencial para arrancar septiembre con calma, sin perfeccionismo y con resultados que puedas mantener en el tiempo.Y, antes de contarte el decálogo, déjame que te dé un manual de instrucciones exprés para utilizarlo: elige solo 3 puntos para poner en práctica en septiembre. Cuando estén rodando, añade un cuarto durante una semana. Y así sucesivamente. Y, si sabes que te cuesta incorporar hábitos nuevos, ve paso a paso, uno cada semana. Nada de todo a la vez. Pero sé firme y constante en su aplicación. Se tarda varios meses en integrarlos, pero las primeras semanas son fundamentales.Ahora sí, te dejo en el podcast el Decálogo de Mínimos para septiembre.Quédate con esto: septiembre no es una carrera, es una puesta a punto. Elige tres mínimos, ponte un recordatorio y arranca.Si te apetece que te acompañe a implementar estos mínimos en tu casa y tus rutinas, en Atelier del Orden trabajo precisamente así: con procesos amables y sostenibles, pero muy eficaces en orden en tus espacios y en tu interior. Puedes escribirme a hola@atelierdelorden.com.Gracias por escuchar. Si este episodio te ha ayudado, dale a seguir en tu plataforma y compártelo con alguien a quien le haga bien empezar septiembre sin presiones.http://atelierdelorden.com/
Antes de empezar, déjame dar las gracias de corazón aquienes seguís ahí después de tantos años y más de 160 episodios compartidos. En esta nueva etapa, En casa con María pasa a tener un ritmo mensual: nos encontraremos el primer sábado de cada mes. Un formato que me permite seguir cuidando cada episodio y elegir muy bien los temas y las conversaciones que quiero traerte. Gracias por seguir acompañándome, independientemente de lafrecuencia, porque esa fidelidad es la verdadera razón de ser de este podcast.Y hoy arrancamos esta nueva etapa con un tema que me parece especialmente interesante.Cocinar acompañado triplica la emoción de alegría en nuestrocerebro. Es una de las conclusiones de un estudio reciente presentado por IKEA junto a investigadores de varias universidades. Hoy voy a charlar con representantes de las dos universidades implicadas y con IKEA.El estudio subraya que la calidad emocional de nuestra alimentación depende menos de los alimentos y mucho más de con quién compartimos la comida, de la desconexión digital y devivir el momento presente. Y, sin embargo, cada vez comemos más deprisa, más solos y más distraídos. Estudios de mercado en varios países europeos indican que cerca de un tercio de los consumidores comen habitualmente solos, también en España. IKEA ha presentado recientemente el estudio “La ciencia de lo que se cuece en la cocina”, fruto de dos investigaciones complementarias.Una de ellas, bajo el título “Identificando las emociones en los hábitos culinarios con IA y equipos biométricos”, ha sido liderada por la Sociedad Española de Neurología y la Universidad Rey Juan Carlos. En este episodio vamos a empezar hablando precisamente de esa parte del estudio con Ana Reyes, catedrática de Comercialización e Investigación deMercados en la Universidad Rey Juan Carlos.Desde los orígenes de las sociedades humanas, comer juntos ha sido mucho más que alimentarse. Compartir comida es uno de los rituales sociales más antiguos que conocemos. La antropología lo explica de una manera muy clara: cuando los seres humanos transforman los alimentos y los comparten alrededor de una mesa, ese acto deja de ser puramente biológico y se convierte en cultura.Durante siglos, comer solo fue algo poco habitual. La comida individual, rápida y en solitario, es un fenómeno relativamente reciente, ligado a la urbanización y a los ritmos laborales modernos.La segunda investigación se titula “Impacto de la Digitalización en losHábitos Alimentarios” y ha sido desarrollada por el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (el CIBEROBN), perteneciente al Instituto de Salud Carlos III, junto a IKEA. De la mano de este estudio, profundizamos en cómo las pantallas están cambiando nuestra manera de comer,nuestra forma de relacionarnos en torno a la mesa y también nuestra salud emocional.Para ello hablamos con Fernando Fernández-Aranda,subdirector del CIBER-OBN y coordinador del estudio.Y hay otro aspecto interesante que a veces pasa desapercibido: el propio diseño del hogar refleja cómo comemos. Durante mucho tiempo las casas tenían cocinas separadas y comedores formales. Hoy vemos cada vez más espacios abiertos, cocinas integradas en el salón y formas más flexibles de compartir la comida. IKEA incorpora esta mirada en el estudio, planteando cómo el diseño de los espacios puede favorecer o dificultar esos momentos de encuentro. De todo ello hemos hablado con Manuel Delgado,director de Diseño, Retail e Interiorismo de IKEA en España.
Hay una etapa de la vida, normalmente entre los cuarenta ytantos y los sesenta, en la que muchas personas empiezan a vivir con más perspectiva. Porque ya hay recorrido: experiencia, criterio y claridad. Empieza a producirse una toma de conciencia más real acerca de la finitud de la vida, yla idea de aportar o de construir un legado va tomando forma.Es un momento especialmente fértil: cuando ya no se tratatanto de acumular cosas materiales, conocimiento o experiencias, sino de elegir, de todo lo que hemos construido y probado, con qué queremos quedarnos, qué nos aporta más y dónde aportamos nosotros. Y aparece también en muchaspersonas la necesidad de dejar un mundo mejor a quienes vienen detrás. Ya no se trata de correr más, sino de dar dirección a nuestros pasos.Hoy vamos a hablar de generatividad como una oportunidadbrillante en la segunda mitad de la vida. Como la capacidad de vivir con propósito, de aportar valor y de contribuir al bienestar de las generaciones futuras.Para hablar sobre todo ello me acompaña en 'En casa con María' Feliciano Villar, catedrático de Psicología del Desarrollo en la Universidad de Barcelona.Me parece un episodio esencial para personas entre los 40 y 60 años, para no llegar a la vejez con la sensación de haber dejado sin preparar la etapa final de su vida.Y también para quienes ya se encuentran en la vejez y desean vivir esta etapa no como cierre, sino como una fase con sentido, experiencia y posibilidad de contribución.
Hoy hablamos de ese rechazo que aparece en casa cuando toca hacer las tareas domésticas: fregar, limpiar el baño, el horno, planchar, quitar el polvo. Y aparece no porque seamos vagos, sino porque tendemos a evitar aquello que nos resulta desagradable, repetitivo o poco gratificante.Las tareas de la casa no son infinitas, pero a veces loparecen. Todos los días deshacemos la cama, cocinamos, nos duchamos. Recogemos y, al día siguiente, vuelta a empezar. Esa sensación de ciclo continuo pesa más de lo que creemos.En Reino Unido, datos recientes de YouGov señalan queplanchar, limpiar el baño, quitar el polvo o sacar la basura están entre las tareas que menos gusta hacer, y la limpieza del horno aparece de forma recurrente entre las más evitadas.En España, el CIS, el Centro de Investigaciones Sociológicas, ha medido el tiempo diario dedicado a las tareas del hogar en días laborables, lo que confirma que el trabajo doméstico sigue siendo un factor relevante en la organización cotidiana de la vida.Hoy quiero entender qué hay detrás de esta resistenciacotidiana desde la psicología. Para ello me acompaña en En casa con María,Sergio García Gil, psicólogo sanitario fundador del gabinete INTROSPECTIA Psicología.Te dejo también el perfil de Instagram de INTROSPECTIA.
Hay personas que viven con la sensación permanente de ir tarde. Tarde a todo. A los plazos, a las decisiones, a su propia vida. Van apagando fuegos, respondiendo a lo urgente, con mil tareas inconclusas dando vueltas en la cabeza. Y luego las hay de otro tipo. Personas organizadas, con método, con sistemas, que saben lo que hay que hacer… y aun así se sienten mentalmente agotadas.Aparentemente son perfiles opuestos, pero comparten algo esencial: fatiga mental.Unas porque viven desbordadas por fuera. Otras porque están saturadas por dentro. En ambos casos, la cabeza nunca descansa del todo.Es una paradoja que veo constantemente en mi trabajo. Personas que sienten que no tienen el control de su vida y personas que sí lo tienen, pero que viven igual de cansadas mentalmente. No por las mismas razones, pero con el mismo resultado: dificultad para pensar con claridad, decidir bien y disfrutar del día a día.Hoy quiero detenerme en qué es realmente la fatiga mental, por qué se ha convertido en un mal tan extendido y qué decisiones prácticas pueden ayudarnos a reducirla, no de forma ideal, sino en la vida real.Espero que te resulte interesante. Dime en comentarios qué te ha parecido, o cuál es tu experiencia sobre el tema de la fatiga mental, si te ocurre o no y por qué crees que se produce.Si comparte este episodio con tus gruspos, me ayudas a crecer. También si te suscribes al podcast. Es gratuito y me ayud aa seguir creando contenidod e valor.Te dejo también el enlace al episodio 57 en el que hablaba con Esther Oliveros de fatiga de decisiones:https://atelierdelorden.com/podcast/ep57-fatiga-de-decisiones-que-es-y-como-impacta-en-tu-vida/Un abrazo y gracias por tu escucha.María LeánizAtelier del Orden
La inteligencia artificial ya no es algo futurista ni experimental. Está sentada a la mesa con nosotros. La usamos para planificar viajes, organizar tareas, transcribir reuniones, preparar propuestas o tomar decisiones más rápido. Para muchas personas forma parte del día a día, tanto en lo personal como en lo profesional.Muchas personas están utilizando hoy la inteligenciaartificial como una herramienta para organizarse mejor en lo cotidiano. Le piden que les ayude a ordenar el día, a hacer listas de tareas, a planificar la semana, a pensar cómo conciliar, a estructurar menús o simplemente a poner unpoco de orden mental cuando todo se acumula. En este uso, la IA no aparece como una herramienta técnica, sino como un apoyo para pensar mejor y tomar decisiones con más claridad.También se utiliza como un espacio de reflexión. No comoterapia, pero sí como un lugar donde poner en palabras una duda, un conflicto o una conversación difícil antes de afrontarla. Cómo decir algo, cómo gestionaruna situación con un hijo, con una pareja, con un jefe o con un cliente. La IA funciona aquí como un espejo que ayuda a ordenar ideas antes de actuar.Y en el ámbito profesional, muchas personas la usan paratrabajar sin sentirse desbordadas. Para preparar un texto, estructurar una presentación, resumir información o aclarar un pensamiento antes de escribir.No para delegar el trabajo, sino para desbloquearse y avanzar.El problema no está en ninguno de estos usos. Son usoslegítimos y, bien integrados, pueden ser muy útiles. El problema aparece cuando esta ayuda no se apoya en un sistema claro. Cuando se usa la IA para producirsin tener claro qué se necesita, qué calidad se espera o quién va a validar el resultado. Como ves, como pasa con todos los fenómenos nuevos, empiezan a verse los beneficios de utilizarla y también los inconvenientes que tiene.En el caso de la inteligencia artificial, uno de esos efectos empieza a ser evidente y tiene mucho que ver con la organización. Cada vez más personas perciben que, lejos de ahorrar tiempo,la IA está generando más trabajo del esperado. Correcciones constantes, revisiones, rehacer lo que parecía terminado. A este fenómeno se le empieza a llamar workslop. Un término anglosajón que viene de las palabras work, trabajoy slop, desperdicio, y que se interpreta como algo mal hecho o de poco valor. Se refiere a trabajo que parece válido en la forma pero aporta poco valor real yobliga a rehacer o corregir.Hoy quiero hablar de esto no desde la tecnología, sino desde la organización.Porque lo que está fallando no es la inteligencia artificial en sí, sino el sistema en el que la estamos integrando, tanto a nivel personal como profesional.Además de un problema organizativo, aquí hay también unaresponsabilidad personal que conviene no perder de vista. La inteligencia artificial puede ayudarnos a ordenar ideas, a estructurar tareas o a desbloquear un momento de saturación, pero no debería pensar por nosotros nivivir por nosotros. Hay una diferencia importante entre usarla como apoyo y delegarle decisiones que forman parte de nuestra identidad, de nuestra manera de relacionarnos y de nuestra voz personal. Poner límites a la herramienta esun acto de autocontrol y de priorización. Decidir en qué ámbitos nos ayuda y en cuáles no. Porque cuando dejamos que nos diga cómo sentirnos, cómo hablar conlas personas que queremos o cómo posicionarnos ante lo importante, el problema ya no es solo organizativo, es una pérdida de criterio propio.
Hoy hablamos de imagen, pero no desde la ropa ni desdela moda entendida como tendencia.Hablamos de imagen como relación con una misma, comoidentidad, como coherencia entre lo que somos por dentro y lo que mostramos porfuera.Porque muchas veces no es que no sepamos vestirnos. Es quenos miramos con dureza, con exigencia, con una voz interna que juzga más que guiarnos. Y desde ahí, la acumulación de ropa y el ‘no tengo que ponerme’ campan a sus anchas.Para esta conversación me acompaña Romi Méndez, asesora de imagen y creadora del proyecto “Que tu imagen cuente”. Con ella hablo de autoconocimiento, de cuerpo real, de cambios vitales, de armarios llenos que no nos representan, de compras impulsivas, de maletas imposibles… y también decómo usar la imagen como una herramienta que comunica quiénes somos.Una charla para dejar de pelearte con tu cuerpo, con tuarmario y contigo misma, y empezar a vestir desde un lugar mucho más amable y consciente.Un abrazo y gracias siempre por tu escucha.María
Hoy quiero que escuches una historia de superación que va más allá de lo que se ve desde fuera. Una historia que invita a mirar a una mujer conocida por muchos desde un ángulo distinto.Hoy me acompaña en En casa con María Paula Ordovás. Paula lleva bastante más de una década viviendo bajo la mirada pública: moda, deporte, emprendimiento, retos personales, maternidad. La hemos visto brillar, esforzarse, emocionarse, superar bloqueos y reinventarse como creadora de contenido, empresaria e influencer. Pero detrás de esa trayectoria con tanta exposición hay vivencias, decisiones y procesos que no siempre se cuentan, y que revelan una evolución personal mucho más profunda.Más allá de lo que pueda verse en las redes sociales, Paula lleva años buscando un equilibrio real entre todas las dimensiones de su vida: el trabajo, la exposición pública, la identidad personal, la vulnerabilidad y lo que significa estar bien de verdad. Ha escrito sobre ello con enorme sinceridad en su libro "La chica de los ojos marrones" y creo que su reflexión tiene un valor enorme.Tuve ocasión de trabajar con ella en su casa hace casi un año, cuando esperaba la llegada de su hija Manuela, y descubrí a una mujer cercana, amable, alegre, resolutiva y capaz de tomar decisiones con una claridad admirable incluso en medio de un ritmo de vida muy intenso.Le agradezco de corazón que me dedique este tiempo para charlar y que nos comparta una experiencia vital que, estoy segura, nos va a enriquecer.Te dejo enlace a su Instagram y a su libro: La chica de los ojos marrones.Gracias, como siempre, por tu escucha.María
¿Cómo estás? Bienvenida, bienvenido. ¡Feliz Año! ¿Qué tal, cómo vamos de ganas, de motivación, de mentalidad para empezar un nuevo año?Lo primero sería definir qué es para ti un año feliz, no? Estos días se nos llena la boca de desear feliz año a diestro y siniestro. Son buenos deseos y está muy bien expresarlos. Pero reflexionando sobre este feliz año, pensaba, ¿qué sería para mí un año feliz? Probablemente un año en el que haya disfrutado mucho con la gente que me importa, un año en el que todos estemos bien, no haya problemas graves de salud ni pérdida de algún ser querido. Un año en el que haya hecho cosas interesantes, a nivel profesional, y, a nivel personal, un año en el que haya vivido muchos pequeños momentos felices de esos que pasan como una ráfaga dejándote esa sensación de mmm qué bien he estado, qué a gusto, cómo he disfrutado esta experiencia, cómo me ha llenado esta conversación. Un año en el que haya sentido que ayudo a los demás, que contribuyo a mejorar sus vidas, sea en algo pequeño o grande. Y un año de risas, muchas risas. Me encanta que pasen cosas de esas muy tontas a las que les puedes sacar punta e hilar una risa con otra, me encanta cruzarme en la vida con personas con las que coincido en el sentido del humor, aunque a veces sea un humor simple o absurdo. Un año feliz también es un año en el que me haya retado a mí misma, en el que haya asumido retos que sienta hasta que me vienen un poco grandes porque generalmente tú eres más grande que cualquier reto que te propongas, pero hay que ponerse a ello. Y si sale bien, si consigo superar el reto con un buen resultado, mejor que mejor. Pero, si no sale tan bien como querría, he aprendido a sacar aprendizajes y lecciones de todo y a valorarlos como un regalo. A veces cuesta, pero siempre te hacen avanzar y superarte. Y eso siempre te hace mejor. Viéndolo así me doy cuenta de que todo esto que para mí supone un año feliz no son más que los típicos deseos de año nuevo: salud, amor, felicidad, éxito. Así que, aunque suene a tópico, no vamos tan mal encaminados cuando les deseamos todo esto a cada persona con la que nos cruzamos a la vuelta de las Navidades.Bueno, todo esto que esperamos de un año nuevo, tenemos que ir creándolo día a día, cada uno en su propio terreno de juego, con sus metas, sus obstáculos y sus prioridades. Eso es cosa tuya. En lo que quizá sí te puedo ayudar es en darte un marco que facilite el que tú misma, tú mismo, puedas dedicarte a construir el año que quieres, pequeñas rutinas que te den una base sobre la que empezar a construir lo que tú quieras. Y estas pequeñas claves te proporcionarán un activo que todos necesitamos para hacer cosas que merezcan la pena. Y es paz mental, paz interior o como te guste llamarlo. Pero seguro que sabes a qué me refiero, ¿verdad? Ese momento en el que el cuerpo solo hace una respiración lenta y profunda, sin que tú fuerces nada, como diciendo: ahora sí, menuda paz. Esto me gusta. Esto sé hacia dónde va. Aquí puedo ser yo y actuar desde la calma, no desde el piloto automático que me hace saltar primero y pensar después, cuando ya es tarde. Esa sensación de satisfacción personal, de serenidad, de mente clara, de energía disponible. Así que vamos a sentar las bases sobre la que construir este año nuevo. Y, si no son las que necesitas, puedes añadir las tuyas.En este primer capítulo del año, te propongo preparar ese suelo sobre el que empezar a construir tu nuevo año. Y lo vamos a hacer con 20 propósitos sencillos, concretos, de los que ordenan la casa y despejan la mente para que la vida pueda pasar sin tropezar con el ruido. ¡Cuéntame en comentarios cuáles te encajan o qué otros propósitos tienes para el nuevo año!
Hoy no vamos a hablar de mesas bonitas ni de frases zen para sobrevivir a la familia. Hoy hablamos de lo que de verdad condiciona el clima en una comida o cena en familia. Los roces nacen de lo de siempre: opiniones políticas opuestas, tensiones arrastradas con algún hermano o luchas verbales con ese cuñado que siempre quiere tener razón, o que necesita ganar cada debate. El caos doméstico que rodea la reunión no los provoca, pero los magnifica, les da altavoz y los complica aún más cuando se mezclan con ofensas antiguas y temas prácticos del día a día.El caos previo, la logística invisible y el desorden que sesienta a la mesa con nosotras y puede ser la mecha que encienda viejas peleas.Cada persona es un mundo, y en Navidad se mezclan voltajes:gente alegre y serena con otras más ariscas que parecen venir con la queja en el bolsillo; situaciones económicas holgadas conviviendo con quienes llegan con apuros a final de mes; desencuentros familiares por la educación de los hijos,herencias o verdades que dolieron, nunca se hablaron y se han quedado enquistadas.Hay quien adora las conversaciones profundas sobre emociones y crecimiento personal, y quien preferiría hablar de trabajo o de la actualidad sin bucear hacia dentro. Perfeccionistas del control absoluto compartiendo mesacon espíritus espontáneos, creativos, dispersos o de “vamos viendo sobre la marcha”.Demasiadas diferencias, sí. Y ahí está lo difícil… y lo bonito de vivir en comunidad: aprender a vernos, aceptarnos y querernos a pesar de todo. Intentar quedarnos con lo mejor del otro, lo que suma, lo que aporta, más que con lo que separa.Esto sobre el papel es fácil, pero en la cena de Nochebuenao en la comida de Reyes, tanto voltaje junto puede hacer saltar chispas y arruinar ese rato que ha costado tanto preparar.Y déjame contarte un secreto: las personas tenemos lacapacidad de cambiar ese ambiente y no con años de psicólogo, que también, sino con simples gestos cotidianos que permiten que, por unas horas, haya un ambiente de armonía y de compasión entre todos, que nos haga aceptar lo que no nos entusiasma del otro y quedarnos, al menos por ese día, con lo que sí valoramos de él o de ella. Al final, no se trata solo de esquivar temas. Se trata deordenar todo lo demás para que lo difícil no encuentre trampolín: ni el entorno, ni los tiempos, ni el caos logístico deberían dar impulso a lo que ya viene torcido. Porque, cuando organizas el espacio, el plan y el ritmo, laconversación respira distinto. Todos nos sentamos con más calma a la mesa. Y es entonces cuando pasa algo curioso: el fuego se queda sin oxígeno. Porque a veces, el orden de una casa, de una mesa, la relajación de tener un plan y unostiempos… ordena también la convivencia.
Hay una frase que me gusta especialmente y que se atribuye a los estoicos: “Simplicidad no es ausencia de riqueza, sino elección de lo esencial”. Y pienso mucho en ella cuando llega diciembre. Porque, aunque la Navidad tenga fama de época luminosa y emocionante, también tiene un lado menos amable: el exceso. Y hoy quiero hablar de ese otro lado. No para aguar las fiestas, ni para señalar culpables, sino para descubrir por qué hacemos lo que hacemos… y cómo podemos mejorar lo que esté en nuestra mano en estas fiestas.Los datos son contundentes. En España, hasta un 10 % de la comida que preparamos en Navidad acaba en la basura. Y tiramos más de 28 euros por persona en alimentos sin consumir solo durante estas fiestas. Según un estudio de Too Good To Go sobre hábitos de consumo en Navidad, en una familia de 4 personas, eso supone 112 € tirados a la basura en estas fechas.Y aparte de la comida, hay otro capítulo muy importante en el que deberíamos cambiar el enfoque o nuestras costumbres: el 69 % de los españoles recibe regalos que no desea ni necesita. Regalos que se quedan en cajones, que se regalan a otros o que, directamente, no aportan nada. Doy fe de ello porque en muchas de las casas que voy a organizar aparecen regalos de Navidad de hace años de la tía Carlota o del amigo invisible del colegio.La Navidad no tiene por qué ser una época de despilfarro. Puede ser una época de selección consciente. Menos ruido, más sentido. Menos cosas, más presencia. Menos por si acasos, más realidad. Porque la simplicidad, como decía esa frase del principio, no es pobreza. Es elegir lo esencial. Y quizá este año, lo esencial no sea la cantidad, sino la forma en la que queremos vivir estas fiestas.Y quizá, si quitas dos o tres regalos de la lista de compras y alguna receta cara y exótica del menú, te encuentres con que tienes más tiempo para compartir con los tuyos, que es lo que deberían ser estas fechas. Te deseo unas fiestas con más de lo esencial y menos de lo superfluo. Feliz Navidad.
Cada diciembre pasa lo mismo. Sentimos que toca hacer balance, revisar el año, sacar conclusiones. Pero muchas veces no estamos cerrando nada: estamos entrando en una trampa. Nos miramos con exigencia, nos comparamos con una versión ideal de nosotros mismos y revisamos el año como si hubiésemos vivido en condiciones perfectas. Y claro, así es complicado salir bien parado.Hoy quiero desactivar esa trampa y para eso tengo una invitada que nos puede ayudar.He invitado a Nuria González, coach especialista en la gestión del estrés, profesora de mindfulness y mediadora en comunicación no violenta, para hablar de ese mecanismo tan común que aparece en diciembre: medirnos con expectativas que no tuvieron en cuenta los imprevistos, el cansancio, las pérdidas, las pequeñas victorias que no apuntamos en ningún sitio… en definitiva, nuestra vida real.En esta conversación vamos a entender por qué diciembre nos coloca esa lupa tan dura, cómo podemos mirar nuestro año desde un lugar más justo y qué preguntas ayudan a cerrar el año sin culpa, sin autoengaños y con un poco más de claridad.Y quizá, mientras escuchas, te des cuenta de algo muy parecido a lo que vemos en casa cuando ordenamos: que el caos nunca viene solo de lo que hay, sino también de cómo lo miramos. A veces el desorden está en las expectativas, no en los objetos. Y poner orden —en casa y en la cabeza— empieza siempre por ajustar la mirada :)
Hay etapas en la vida en que necesitamos delegar el cuidado de la casa o de nuestros seres queridos a profesionales.Generalmente empezamos intentando hacerlo nosotros mismos, por una cuestión de afecto, valores, incluso de satisfacción personal. O simplemente económica, porque nodisponemos de recursos.Queremos pasar tiempo con esas personas que queremos, educarles en primera persona, si se trata de nuestros hijos; desde el cariño y los valores que queremos inculcarles. O devolverles todo lo que ellos nos han aportado y cuidado a lolargo de nuestra vida, en el caso de padres mayores, abuelos, tíos y otras figuras familiares de edad avanzada.Pero a veces el tiempo, las fuerzas o las habilidades prácticas o emocionales no alcanzan. Ese es el momento en el que nos planteamos contar con una ayuda extra.Hoy me acompaña en el podcast una persona que nos puede ayudar desde el momento en que empezamos a ver que no podemos con todo y que quizá tenemos que contar con una ayuda. O que nuestros padres empiezan a perder facultades, se empiezan a producir despistes, caídas y situaciones que pueden suponer un riesgo para ellos o derivar en un abandono no deseado, cuando en realidad lo que ocurre es que el día a día nos sobrepasa y no llegamos a todo.Se trata de Virginia Crespo, fundadora de Persohome, empresa dedicada a la contratación deempleadas de hogar y cuidadores. Con más de dos décadas de experiencia, Virginia ha escrito el libro “Elegir bien y vivir en paz. Guía para contratar la empleada del hogar y cuidadores que encajen contigo”.Con ella vamos a hablar de cómo detectar que necesitamos ayuda, qué tener en cuenta antes de empezar a buscar a la persona indicada, dónde encontrar posibles candidatos,cómo hacer la primera entrevista, factores legales, contratos, Seguridad Social, y otras muchas cuestiones prácticas y emocionales imprescindibles para que la contratación sea exitosa, es decir, que nuestros familiares estén biencuidados, que nosotras ganemos tranquilidad y que la relación laboral sea justa y respetuosa para ambas partes.Te agradezco, como siempre, tu escucha.Comparte este episodio con personas a las que creas que les pueda ayudar y suscríbete a "En casa con María" en tu plataforma habitual de podcasts. Es gratis, simplemente dale al botón de Seguir o Suscribirse. Me ayuda a seguir creciendo.Por cierto, este es el directo del que habla Virginia en un momento de la entrevista. Un abrazo,María LeánizOrganizadora profesionalAtelier del Orden
Este episodio te invita a mirar tu armario de una forma completamente distinta: como una pieza de tu historia personal y también como un espacio que debe acompañar la vida que tienes hoy. Viajamos a los orígenes del vestido, desde las primeras pieles curadas en la Prehistoria hasta el tejido en el Neolítico, para entender cómo la ropa pasó de ser pura protección a convertirse en identidad, expresión y memoria. Y si la historia no es lo tuyo, no te preocupes: también te llevarás pautas muy claras para organizar, doblar y perchar la ropa en tu armario.También hablamos del armario como contenedor emocional. Porque no solo guarda ropa: guarda versiones antiguas de nosotros, tallas pasadas, compras impulsivas, prendas que ya no encajan y recuerdos que a veces pesan más de lo que pensamos. Analizamos por qué se desordena tanto, qué papel juegan la culpa, los por si acasos y los famosos “peros”, y cómo funciona la categoría trampa de la ropa para estar en casa, que acumula todo lo que no queremos decidir.Entramos con profundidad en la parte más práctica: cómo organizar tu armario según tu estilo de vida. Si eres ejecutiva o ejecutivo con trajes de chaqueta diarios, si trabajas en casa, si haces mucho deporte, si te mueves entre actividades diferentes o si tienes vida social activa con vestidos delicados. En todos los casos, te explico cómo adaptar la estructura del armario a tu realidad. Cada estilo necesita decisiones distintas: desde la altura de las barras hasta la forma de guardar vestidos largos, la ropa técnica o los tejidos especiales.Dedicamos un bloque entero al perchado: hacia dónde deben mirar las prendas, cómo colgar camisas, chaquetas, abrigos y pantalones, cómo evitar deformaciones en hombros y solapas, y qué espacio necesitan realmente las prendas estructuradas para mantenerse en buen estado. También hablamos de qué hacer cuando no hay barra alta para vestidos largos y cómo manejarlos sin estropearlos.El doblado también tiene su espacio. Te explico principios fáciles de aplicar para doblar camisetas, jerséis, ropa interior, pijamas, ropa deportiva o piezas voluminosas sin necesidad de verlo. Son pautas simples, pensadas para que cualquiera pueda ponerlas en práctica solo escuchando, y que permiten mantener el orden a largo plazo.Cerramos la parte técnica con algo clave: el mantenimiento. Cada cuánto revisar, cómo hacer una rotación sana a lo largo del año, cómo gestionar lo que quieres vender, cómo decidir qué se queda y qué se va, y cómo crear un sistema que puedas mantener sin grandes operaciones de fondo de armario cada temporada. Porque la verdadera paz visual no viene de ordenar una vez; viene de entender cómo funcionan tus hábitos y diseñar tu armario de acuerdo con ellos.Y, por último, una reflexión necesaria: un armario medio vacío no es carencia, es claridad. Es poder ver, elegir y vestirte sin ruido mental. Es empezar el día desde un lugar de calma y no desde la frustración. Esa es la verdadera meta del orden: no la estética, sino la serenidad.
Hoy quiero hablar de algo que sucede a diario en los hogares; esas pequeñas fricciones que no parecen gran cosa, pero que te hacen salir de casa malhumorado o sentirte agotada cuando solo llevas una hora en pie. No son grandes discusiones, ni dramas monumentales; hablo de esos choques leves, a veces casi cómicos, que nos hacen fruncir el ceño, suspirar o levantar la voz sin plantearnos por qué.He recopilado veinticinco de esos conflictos domésticos que se repiten día tras día y, en algunos hogares, incluso durante años, por más que intentemos que todos remen en la misma dirección. Y veremos por qué pesan tanto, aunque parezcan “sólo” vasos, toallas y mandos perdidos.Ya me contarás cuántos de ellos se dan habitualmente en tu casa.
En muchos hogares empieza a verse una tendencia llamativa: cada vez más gente reduce el uso de la plancha o directamente deja de planchar. Esto sucede en gran medida entre personas jóvenes, que priorizan tejidos prácticos, estilos más informales y rutinas domésticas simplificadas. Pero también cala entre los adultos.Un estudio publicado por el diario británico The Guardian en 2023 señalaba que alrededor del 30 % de los adultos jóvenes de entre 18 y 34 años no posee plancha o no la utiliza nunca. Pero ese dato convive con otra realidad igual de clara: una parte muy amplia de la población adulta y la mayoría de las familias siguen planchando con regularidad, si no todas, sí muchas prendas, porque lo consideran parte del buen cuidado de la ropa, del hogar y de la imagen personal. Hoy vamos a repasar los argumentos de ambos bandos: los defensores de planchar y aquellos que apuestan por no hacerlo.¿Cuáles son los argumentos a favor de planchar? Para muchas personas, una prenda bien planchada transmite limpieza, cuidado personal, higiene y hasta profesionalidad en el entorno laboral. Una camisa sin arrugas, un pantalón con la línea marcada o un vestido impecable siguen teniendo un peso estético importante, en determinados ambientes laborales y en el ámbito personal en ocasiones especiales. ¿Por qué dejar de planchar o hacerlo mucho menos? La ropa actual ha cambiado. Muchos tejidos están diseñados para no necesitar plancha, o directamente se ven bien con su textura natural. El teletrabajo, la ropa casual y la reducción de la formalidad han suavizado la idea de que “todo debe ir perfectamente liso”. La moda también ha contribuido: cada vez se asume más la arruga como parte del estilo, especialmente en materiales como el lino o ciertos algodones. Para algunas personas, planchar se ha convertido en una tarea que consume tiempo y espacio y que no aporta un beneficio suficiente como para justificar el esfuerzo. Si a eso se suma que es una tarea que exige aparato, superficie libre y cierta dedicación, en muchos hogares se ha decidido priorizar otras responsabilidades. La conclusión es que la estética ha cambiado, los tejidos han evolucionado y los ritmos de vida también. Muchas personas prefieren invertir su tiempo en descansar o disfrutar viviendo experiencias antes que quitarse horas cada semana por llevar la ropa planchada.Un abrazo,María
Hay casas que están limpias, ordenadas, perfumadas incluso… y, sin embargo, se sienten pesadas. Lugares donde entras y notas algo, una especie de densidad en el aire que no se quita con la aspiradora ni con el incienso. Es una energía que no seve, pero que se percibe.Hoy quiero hablarte de esa otra limpieza, la que no tiene que ver con el trapo ni con el jabón, sino con la energía invisible que habita en los espacios y que influye directamente en cómo nos sentimos.Porque igual que acumulamos objetos, también acumulamos emociones. Las casas guardan memoria: de las discusiones, del cansancio, de las rutinas que repetimos sin presencia, en piloto automático. Y esa carga se nota, aunque no sepamosexplicarla.En este episodio vamos a descubrir qué significa realmente limpiar energéticamente un hogar: qué lo ensucia, cómo restablecer el equilibrio y qué prácticas puedenayudarnos a devolverle a la casa su calma natural.Y además hablaremos de algo aún más profundo: de cómo la energía empieza en nosotros. De cómo una actitud benevolente, una forma de mirar sin juicio ni agresividad,puede transformar tanto el espacio que habitamos como el que llevamos dentro.Me acompaña una invitada muy especial, que lleva años explorando el vínculo entre energía, emoción y entorno, y que nos invita a mirar la limpieza del hogar como unaforma de cuidado interior. Ella es Cristina Romero Miralles, escritora, maestra de educación especial, asesora de crianza y educación libre y terapeuta familiar, entre otras muchas cosas. La verdad es que Cristina es de esas personas que desborda cualquier definición porque siempre va un poco más allá.
A veces vivimos agotados sin saber por qué. Nos exigimos más estructura, más constancia, más productividad… pero quizá el problema no sea la falta de disciplina, sino que estamos viviendo a contracorriente de nuestra energía.Hay personas que funcionan bien con rutinas fijas, y otras que se bloquean con solo pensar en verse encosertadas en una estructura rutinaria. Personas que necesitan silencio y espacio, y otras que necesitan estímulo y movimiento. Sin embargo, casi todos intentamos organizarnos igual, como si hubiera una única forma correcta de hacerlo.Hoy vamos a hablar precisamente de eso: de cómo conocerte mejor puede cambiar la forma en que vives, trabajas y te organizas, incluso en lo más cotidiano.De cómo adaptar tus rutinas, tus tiempos y tus espacios a tu propia naturaleza, para dejar de forzarte y empezar a fluir con lo que eres.Y para hacerlo, me acompaña Susana Caralt, consultora de Diseño Humano, formadora y comunicadora. Susana ayuda a personas y empresas a descubrir su diseño energético, a entender cómo funcionan de manera natural y a tomar decisiones más alineadas con su esencia.Creo que este episodio puede ayudar a mucha gente a dejar de exigirse tanto y a empezar a observarse con más respeto, adaptarse a su energía y aprovecharla a su favor.Cuéntame qué te ha aprecido este tema, ¿conocías el diseño humano?, ¿qué te parece?Te dejo la web y el perfil de Instagramd e Susana Caralt por si quieres profundizar más:https://susanacaralt.com/https://www.instagram.com/susanacaralt/
El otoño llega y la casa se convierte en refugio: olores a calabaza, mantas, luz cálida, comidas que reconfortan. Hablamos de cómo adaptarnos a la estación, disfrutarla y encontrar calma en ella.Después del verano —que siempre es expansión, ruido y movimiento— el otoño nos recoloca. Nos devuelve a cierta calma, a un ritmo más estable, a rutinas que el cuerpo reconoce. Y si lo aprovechamos bien, es la estación perfecta para cuidar la casa y cuidarnos en ella.Volvemos a madrugar, a comer en casa, a necesitar estructura. El cuerpo lo nota: menos dispersión, más foco. Por eso este momento del año es ideal para revisar rutinas y hábitos. No hacen falta grandes propósitos, basta con pequeñas decisiones sostenidas: acostarte antes, ordenar la entrada, planificar los menús de la semana.La casa puede marcar el ritmo de ese cambio. La luz también cambia.Es más baja, más cálida, más escasa, y eso influye directamente en cómo nos sentimos. Conviene ajustar bombillas, añadir alguna lámpara auxiliar, bajar la intensidad. No solo se trata de ver, sino de crear atmósfera.Una luz cálida al caer la tarde puede ser el primer paso para sentir que llegas a tu refugio.El cuerpo, igual que la mente, también pide abrigo. Sacar las mantas, cambiar las fundas de cojines, colocar una alfombra donde antes no hacía falta. No se trata de decorar, sino de adaptar la casa a la sensación térmica y emocional de la estación. Materiales naturales, tejidos suaves, colores más hondos.El confort sensorial es parte del orden: un entorno que te acoge reduce el ruido mental.Y está el olor. Cada estación tiene su aroma. El otoño huele a castañas, a calabaza asada, a café recién hecho, a pan. Son olores que despiertan sensación de hogar.No hace falta recurrir a fragancias artificiales: basta con cocinar, ventilar, dejar que la casa respire. Los olores también ordenan. Te sitúan en el presente y te conectan con lo cotidiano.En otoño, la cocina se convierte en el corazón de la casa. Empiezan los guisos lentos, las legumbres, las cremas vegetales. Según datos del Ministerio de Agricultura, el consumo de calabaza, setas, legumbres y frutas de temporada como el membrillo o la granada crece notablemente entre octubre y diciembre.Y tiene sentido: el cuerpo necesita más energía, más tiempo alrededor de la mesa.Cocinar puede ser una forma de presencia, una rutina que da estructura al día.No solo alimenta, también calma.De todo ello y mucho más te hablo en este episodio. Te imagino paseando por el monte, rodeada de hojas amarillas por el suelo. O sentada en casa haciendo las tareas domésticas e impregnándote de las palabras, sabores, olores y sensaciones del otoño.Te agradezco mucho tu escucha y te animo a que te suscribas al podcast. Es gratis, tan fácil comod arle al botón de Seguir o Suscribirse, y eso me ayuda mucho a seguir ganando visibilidad, hacer crecer esta comundiad de personas que quieren detenerse a saborear los momentos de la vida y reflexionar sobre cómo avanzar. Así puedo seguir creando contenidos de calidad.Un abrazo grande y feliz y acogedor otoño para ti.
Hacer las cosas con mentalidad de artesano es hacerlas con cuidado, rigor y detalle. Significa detenerte un momento antes de actuar y preguntarte cómo puedes hacerlo mejor, en lugar de ir corriendo de una tarea a otra. En este episodio hablo de esa forma de trabajar y de vivir que va más allá del resultado: la que busca calidad, propósito y sentido en lo que hacemos. Una mentalidad que no tiene que ver con la perfección, sino con la atención, con la intención y con el compromiso de hacerlo bien, aunque nadie lo vea.Inspirada en el libro El artesano de Richard Sennett y en el enfoque de Cal Newport en Hazlo tan bien que no puedan ignorarte, reflexiono sobre el valor de hacer bien las cosas por el simple hecho de hacerlas bien. Por lo que te aporta a ti, y por lo que genera en quienes te rodean.Verás que esta forma de mirar el trabajo y la vida se puede aplicar en cualquier ámbito: en el profesional, cuando cuidas un proyecto más allá de lo que se espera y entregas algo que de verdad ayuda a tu cliente o equipo; en el personal, cuando escuchas con atención, practicas con intención o te comprometes con una mejora concreta; y en el doméstico, cuando pones orden y cuidado en tu entorno con pequeños gestos que cambian tu día y tu bienestar.También te cuento las siete ideas que definen esta mentalidad: orientarte al aporte y no al reconocimiento, buscar la mejora continua, practicar con intención, aceptar el error como parte del proceso, conectarte con tus herramientas, cuidar lo que haces y a quién va dirigido, y ganar autonomía a través del dominio.Una invitación a vivir con más atención, a disfrutar del proceso y a reconectar con el valor de hacer bien las cosas.Si este episodio te ha inspirado a mirar tu trabajo y tu vida con otra perspectiva, te invito a seguir el podcast En casa con María en tu plataforma habitual. Cada semana encontrarás nuevas ideas para vivir y trabajar con más orden, atención y equilibrio. Suscríbete (es gratis) y acompáñame en este camino de mejora continua.Un abrazoMaría























