DiscoverHistorias de Galicia que nadie te había contado
Historias de Galicia que nadie te había contado
Claim Ownership

Historias de Galicia que nadie te había contado

Author: Iván Fernández Amil

Subscribed: 21Played: 509
Share

Description

Cada semana podrás escuchar aquí mis Historias de Galicia contadas en La Ventana de la Cadena Ser
191 Episodes
Reverse
El 18 de mayo de 1565 tenía lugar una de las batallas más trascendentales de todos los tiempos: el sitio de Malta. Esta isla, situada al sur de Sicilia, controlaba las rutas comerciales del mar Mediterráneo, además de las que unían la Península Itálica y el Norte de África, lo que provocó el interés del Imperio Otomano, que se disputaba el control de la zona con el Imperio Español de Felipe II. Una flota de 193 naves y 48.000 hombres desembarcó en Malta esperando invadirla en pocos días, pero el Gran Maestre de la Orden de Malta decidió ponérselo difícil con una pequeña guarnición de menos de 2.000 soldados, caballeros y reclutas, mientras esperaban la ayuda internacional. Tras varios improductivos asaltos, los otomanos decidieron abandonar la isla, dejando tras de sí más de 30.000 bajas y el orgullo por los suelos. Un año más tarde, el rey Felipe II envió, en agradecimiento por su valor, una espada y una daga de acero toledano con fornituras de oro y pedrería al Gran Maestre de la Orden de Malta, objetos que, desde entonces, cada 8 de septiembre desfilan por las calles de la capital de la isla. 60 años después de aquella hazaña, una pequeña fortaleza de Pontevedra se enfrentó a piratas otomanos, pero esta pequeña fortaleza no era una instalación militar, ni estaba al cargo de caballeros y soldados. Se trataba de un monasterio repleto de monjes a quienes el rey les había encomendado defender las costas de Galicia con cañones de artillería. Esta es la historia de la gesta de los monjes artilleros del Real e Imperial Monasterio de Santa María de Oia, un lugar que lleva más de 1.000 años protegiendo Galicia.
En la mitología griega, Poseidón, dios del mar, creó las ostras como un regalo para los mortales. Estas criaturas, cerradas como cofres secretos, guardan en su interior una perla nacida de un grano de arena transformado por el tiempo, un tesoro que los antiguos romanos valoraban como delicia en sus banquetes y que los griegos asociaban con Afrodita, diosa del amor nacida de la espuma marina. Poseidón, con su tridente, aseguraba que las ostras fueran un manjar reservado a quienes se atrevieran a abrir el mar, un recordatorio de que la verdadera riqueza se esconde en las profundidades. Los griegos, que cultivaban ostras en estanques naturales, veían en ellas un tesoro que el mar ofrecía a quien supiera esperar. Muchos siglos después de que aquellos dioses fueran olvidados, en las rías gallegas otro tesoro emergió de las olas: las bateas, plataformas flotantes que transformaron el cultivo de mejillones y ostras en un arte. No nacieron en Grecia, sino en lejanas costas asiáticas, pero en Galicia encontraron su hogar perfecto, como si Poseidón hubiera susurrado su secreto a nuestras olas. Esta es la historia del origen de las bateas, cómo llegaron a Galicia y su evolución.
En 1955, un alfarero de Mondoñedo llamado Tito Freire estaba dándole vueltas a un problema que le habían planteado algunos de sus clientes. Necesitaban un recipiente especial para quemar aguardiente en reuniones familiares, algo que aguantara el fuego y tuviera buena presencia. Tito, hombre práctico y con experiencia, diseñó una especie de tartera de barro cocido con patas, pensando que serviría para esa moda que empezaba a extenderse entre algunos nostálgicos emigrantes gallegos. Lo que Tito no podía imaginar era que su sencilla creación se convertiría en el altar de uno de los rituales más famosos de Galicia, conocido en el mundo entero. Doce años después, en 1967, en un barco decomisado del puerto de Vigo, un empleado del Banco Pastor recitaría por primera vez unos versos que empezaban así: "Mouchos, coruxas, sapos e bruxas...". Entre el pote de Tito y las palabras de Mariano, entre un barco abandonado y la retranca gallega, nació la queimada moderna, ese ritual que durante décadas hizo creer a todo el mundo que era el eco de antiquísimos conjuros celtas transmitidos de generación en generación. Pero la queimada, tal y como la conocemos hoy, no es una tradición milenaria, es una invención reciente que logró algo extraordinario: convencer a todo un pueblo de que siempre había existido. Y su inventor se llamaba Mariano Marcos Abalo.
En 1513, un funcionario florentino escribió un libro que iba a cambiar la historia de la política y la diplomacia. Se titulaba “El Príncipe” y su autor, Niccolò Maquiavelo, planteaba algo que escandalizó a Europa: que el poder no se gobierna con moral, sino con astucia, y que los reinos se mantienen con estrategia, no con virtud. Aquel tratado fue prohibido, censurado y condenado por la Iglesia, pero leído por todos los que querían mandar. Desde entonces, el adjetivo maquiavélico se convirtió en sinónimo de habilidad política sin escrúpulos. Lo curioso es que, poco más de un siglo después, en la corte de Inglaterra apareció un hombre que fue considerado la reencarnación de aquel príncipe. Era culto, discreto y brillante, hablaba varios idiomas, citaba a Cicerón, regalaba libros a sus enemigos y convencía con palabras donde otros fracasaban con cañones. Se ganó la confianza del rey Jacobo I, desarmó la propaganda anticatólica y desactivó complots angloholandeses con una sonrisa y una pluma. Los ingleses lo llamaban “el Maquiavelo español” y era conde de una importante villa gallega, pero su verdadero nombre era Diego Sarmiento de Acuña, el conde de Gondomar.
En la religión de los pueblos celtas un dios ocupaba lo más alto del escalafón. Los galos le llamaban Lugus, los irlandeses Lugh y los galeses Lleu. En la ciudad de Lugdunum (actual Lyon), llamada así en su honor, se celebraba el Lugnasah, un festival que celebraba el matrimonio sagrado entre este dios y la Tierra. Al bosque sagrado de Lugh acudían druidas y devotos de los pueblos celtas desde lugares de toda Europa, convirtiendo aquellas reuniones en uno de los eventos más importantes de la religión celta. El emperador Augusto estableció que aquella fiesta, que se celebraba en la capital de la Galia romana, fuera un festival del imperio, dirigiendo hacia su persona el rito sagrado con la intención de usurpar la figura del dios celta en sí mismo y asegurarse la fidelidad de sus súbditos. Por eso a nadie le puede sorprender que en el año 12 a.C., Roma decidiera fundar en la Gallaecia una importante ciudad con la que sellar la paz con los galaicos y proteger el Bosque Sagrado de Augusto. Con el tiempo, este lugar llegaría a convertirse en la capital de toda Hispania Superior y en el asentamiento urbano más antiguo de la Galicia actual: Lucus Augusti. Lugo.
Filón de Bizancio fue un ingeniero, inventor y escritor griego del siglo III a.n.e cuyas obras trataron sobre campos como la mecánica, las matemáticas, la hidráulica o la neumática. De su privilegiada mente salieron infinidad de ideas y conceptos nunca vistos sobre construcción de puertos, máquinas de guerra ofensivas y defensivas, dispositivos que funcionaban por presión del aire o del agua e incluso juguetes mecánicos. Filón inventó la cadena, el muelle, una ballesta automática, un precursor del termómetro e incluso el primer molino de agua de la historia. Este “protomolino” realmente era un artilugio conocido como la rueda de Perachora, de donde partiría el concepto para los molinos de agua, un invento revolucionario que cambiaría para siempre la historia de la humanidad y que se empleaba no solo para la molienda del grano, sino también para fraguas y trabajos agrícolas, aunque no se popularizaría hasta la baja Edad Media. La importancia de los molinos llegó a ser tan extraordinaria que se creaban industrias a su alrededor y eran protegidos y promovidos por reyes y Estados. Por ese motivo, en el siglo XVIII, un francés que se había enamorado de Ferrol vio en los molinos una gran oportunidad de negocio y creó, junto a otro compatriota, la mayor fábrica de harinas de España, la Real fábrica de harinas de Xuvia, un lugar que se convirtió en la capital harinera del país. El nombre de aquel emprendedor era: Juan de Lestache Nugos.
En 1937, mientras en España ardían los frentes de la Guerra Civil, el régimen de Franco empezaba a diseñar su nuevo orden moral nacional y católico. Uno de sus primeros objetivos no fue un ejército ni un partido, sino una fiesta. Ese año, el Carnaval fue oficialmente prohibido en las zonas bajo control franquista y las máscaras, los disfraces y las comparsas fueron reducidas al silencio. Las celebraciones paganas eran consideradas peligrosas, subversivas y contrarias a la "seriedad" del nuevo Estado. En Italia, Mussolini había hecho lo mismo, al igual que Hitler en la Alemania nazi. Pero en Galicia, el Entroido tenía raíces más profundas que cualquier decreto y, aunque muchos pueblos guardaron los trajes, las caretas y los antifaces bajo llave, otros los sacaron a la calle disfrazados, literalmente, de procesión militar. Así nació, mejor dicho, así se transformó, una de las celebraciones más singulares del país, una comedia vestida de ritual, una sátira política a lomos de caballo, un carnaval que sobrevivió disfrazado de procesión, la Procesión do Entroido dos Xenerais da Ulla.
En 1810, un confitero francés llamado Nicolas Appert revolucionó la historia de la alimentación respondiendo a un desafío de Napoleón, que ofrecía 12.000 francos a quien ideara un método para conservar alimentos durante largo tiempo. Appert descubrió que calentando comida en frascos de vidrio sellados herméticamente podía preservarla sin que se echara a perder. Su invento, precursor de las conservas modernas, no solo alimentó a los ejércitos franceses, sino que cruzó fronteras y océanos, transformando la manera en que el mundo guardaba sus cosechas y capturas. Mientras los frascos de Appert se extendían por Europa, en un rincón del Atlántico, una ciudad gallega comenzaba a escribir su propia historia con el mar. En A Coruña, en 1836, nacía una fábrica que, según algunas fuentes, podría ser la primera de España en enlatar los tesoros del océano. Esta es la historia de cómo una empresa pionera llevó el sabor de Galicia a mesas lejanas, tejiendo una red que unió la calidad y tradición de la costa con el mundo: La Coruñesa.
En la Edad Media, los monasterios no eran solo lugares de oración, también eran centros de poder, de producción, de almacenamiento y de redistribución. Mientras las iglesias controlaban el alma, los monasterios controlaban la tierra y no era raro que los campesinos pagaran sus tributos con vino, harina, huevos, manteca, animales vivos y, en las zonas costeras, también con pescado. Pero el pescado fresco no podía viajar largas distancias, así que lo hacía el seco, el curado, el que resistía el tiempo y los viajes. Así fue como nació una historia que une el mar con la montaña, una historia de calzadas medievales, de redes eclesiásticas y de un noble que cambió el curso de la gastronomía gallega sin saberlo. Su nombre era Diego Arias y, en 1112, donó el coto de Marín, una villa marinera, al Monasterio de Oseira. Ese piadoso acto abrió una ruta de tributos que llevó el pulpo seco desde la costa hasta el interior. Diego no podía imaginar que, con el tiempo, ese gesto devoto se convirtió en un rito profano que dio origen a uno de los platos más icónicos de Galicia. Porque el polbo á feira no nació al borde del mar, sino a fuego lento en las tierras del interior. Y esta es su historia.
En 2022, una empresa brasileña pagó casi 800.000 dólares por el 50 % de la propiedad de “Viatina-19 FIV Mara Movéis”. Un año después, otra compañía adquirió otro 33 % por 1,3 millones de dólares. Te preguntarás qué es “Viatina-19 FIV Mara Movéis”… ¿Una nueva vacuna? ¿Una nueva IA? ¿Una criptomoneda? No, Viatina-19 FIV Mara Movéis es una vaca. Pero no una cualquiera, sino la más perfecta y cara del mundo, tras ser vendida en una subasta en 2024 por 4 millones de dólares, una cifra que la llevó al Libro Guinness de los Récords. Esta vaca tiene casi seis años, pesa 1.100 kilos y vive en una granja de Brasil, rodeada de cámaras de seguridad y vigilantes las 24 horas. Pero, ¿por qué es tan valiosa? La razón está en su excepcional ganancia muscular, su fertilidad y su capacidad para transmitir estas cualidades a sus descendientes, lo que la convierte en lo más cercano a la perfección que ha conseguido la industria ganadera. En Galicia no tenemos una vaca perfecta, pero sí tenemos una milenaria raza de bovinos con una calidad impresionante que ha conseguido unir en una misma ecuación a Hollywood y Galicia. El valor de esta raza es tan descomunal que ha llamado la atención de una de las grandes estrellas del cine actual, que se paseó por Galicia para hacerse con varios ejemplares y llevárselos a su granja de Londres. Esta es la historia de Superman y la Rubia Gallega.
En 1839, el empresario John Nix fundó una empresa dedicada a la venta de fruta y verdura en la ciudad de Nueva York. Años después decidió ampliar su negocio y comenzar a importar frutas y verduras de países lejanos, provocando que sus productos tuvieran que pagar las tasas aduaneras correspondientes, un 10 % sobre las verduras, pero no sobre las frutas. En 1886, uno de esos cargamentos llegó al puerto de Nueva York cargado de tomates, motivo por el cual la Aduana le reclamó el pago del impuesto del 10 % correspondiente. John Nix alegó que el tomate no es una verdura, sino una fruta, lo que le eximía de ese gravamen. El caso llegó al Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América, que celebró, en 1893, varias audiencias al respecto, durante las que reconoció que biológicamente el tomate era una fruta, pero que, para fines prácticos y sobre todo de impuestos, se decretaba, en una sentencia histórica, que el tomate es una verdura. John Nix nunca pudo recuperar su dinero, y en los Estados Unidos el tomate sigue siendo clasificado como una verdura, al contrario que en la Unión Europea donde, en el año 2001, se le catalogó como una fruta. Lo que sí tenemos claro en Galicia es que una milenaria verdura no solo es la más icónica de nuestra comunidad, sino que es un producto de la huerta tan arraigado en la cultura gastronómica que lleva alimentando a los gallegos desde hace más de 5.000 años: los grelos.
El 2 de febrero de 1974 se realizaba en China uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de todos los tiempos: El legendario ejército de terracota, enterrado para proteger la tumba de Qin Shi Huang, unificador y “Primer Emperador” de China. Durante su gobierno, Huang ordenó la edificación de una gran fortificación a lo largo de su frontera. Pero para financiar este proyecto necesitaba ingentes recursos de los que no disponía. La leyenda cuenta que usó un juego de azar, el keno, considerado la primera lotería de la historia, para financiar su monumental obra: la Gran Muralla China. En España, otro juego de azar fue también instaurado para financiar al Estado, la Lotería Nacional. Cada 22 de diciembre se celebra el Sorteo de Navidad, el Gordo, que ha hecho millonarios a miles de personas a lo largo y ancho de todo el mundo. Pero en una ocasión, el “azar” quiso que el premio completo cayera en una sola persona, uno de los mayores empresarios y banqueros de la historia de España, un gallego que tuvo la “suerte” de su lado, y quizá también una mano amiga. El “afortunado” Pedro Barrié de La Maza.
A principios del siglo XX, la búsqueda de Tartessos se convirtió en una obsesión para un joven historiador y arqueólogo alemán comprometido en descubrir el origen de Europa. Adolf Schulten se empeñó en excavar las arenas del actual parque nacional de Doñana en busca de su Troya particular, un reino perdido al que muchos consideran la Atlántida. Tartessos es el nombre por el que los griegos conocían a la que creían que había sido la primera civilización de Occidente, que se desarrolló alrededor del siglo IX antes de nuestra era, en un área formada por las actuales provincias de Huelva, Sevilla, Cádiz y Badajoz, en la primera Edad del Hierro. Encontrar los vestigios de esta mítica ciudad acabó convirtiéndose en una verdadera obsesión para Schulten, algo que no logró pese a todos sus intentos, llegando a acarrearle importantes conflictos diplomáticos. Este arqueólogo, célebre por su dedicación a España, también buscó encontrar la ubicación original de una de las mayores y más épicas batallas de la historia de la península ibérica, la del Monte Medulio. Y aunque tampoco llegó a encontrarla, siempre creyó que se encontraba en un legendario y mágico lugar, el monte de Santa Tecla, una elevación de 341 m de altitud situada en el extremo más sudoccidental de Galicia (España), en el municipio de A Guarda. Según él, allí se habían enfrentado en el año 22, antes de nuestra era, las legiones romanas contra las “bárbaras” tribus galaicas, quienes, ante su inevitable derrota, decidieron morir como héroes antes que vivir como esclavos de Roma.
La obsesión por la pureza racial en la Alemania nazi alcanzó macabros y tristemente célebres extremos hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Solo unos meses después de la llegada de Adolf Hitler al poder, se promulgó una ley que facultaba al gobierno para esterilizar a todas aquellas personas que padecieran trastornos mentales, malformaciones, alcoholismo, drogadicción… dejando a unas 400.000 personas sin derecho a tener descendencia. Los nazis practicaban la eugenesia, una disciplina que busca modificar las características genéticas de los humanos para que nazcan personas más sanas, más inteligentes o sin ciertas dolencias hereditarias. La eugenesia se convirtió en la base de todo su pensamiento y dedicación, pues la ansiada raza aria significaba la purificación y perfección de la especie humana y todo aquel que no cumpliese con esas características quedaba excluido de su ideal de pureza. Los científicos nazis, movidos por el miedo ante el deterioro y el declive de la raza, acabaron determinando que la esterilización no era suficiente y que realmente esos “impuros” no deberían haber nacido, provocando un exterminio que, en 1940, ya había acabado con la vida de 70.000 enfermos psiquiátricos en cámaras de gas. Hoy en día, esta filosofía se usa para prevenir los nacimientos de bebés con enfermedades hereditarias o sin esperanza de vida, pero antes de los nazis, una gallega decidió emplearla para poner en práctica un experimento: diseñar una mujer perfecta e ideal que debía representar a la mujer del futuro. De esta manera nació Hildegart Rodríguez Carballeira, una niña prodigio que fue asesinada por su madre para evitar ver a su proyecto fracasar.
El 19 de octubre de 1944, cuando la Wehrmacht alemana ya había sido expulsada del sur de Francia, entre 4000 y 7000 guerrilleros cruzaban la frontera con España dando inicio a la denominada Operación Reconquista. La recién creada División 204.ª entró en la península por el Valle de Arán y otras zonas del Pirineo para conquistar parte del territorio español para el gobierno de la República, por entonces en el exilio. Su objetivo era provocar un levantamiento contra Franco obligando a los aliados a liberar España, al igual que estaban haciendo con el resto de Europa. Pero la ofensiva fue repelida por el gran número de efectivos que el gobierno de Franco había trasladado a la zona, entre guardias civiles, policía armada y batallones del ejército de toda la región. El ejército guerrillero logró conquistar varios pueblos y aldeas, alzando la bandera republicana, llevando a cabo mítines antifranquistas en las plazas y controlando durante días parte de la frontera por donde entraron camiones con material y refuerzos. Sin embargo, desbordados por la desventaja numérica y material, nunca llegaron a ser una verdadera amenaza, por lo que finalmente se retiraron. El repliegue concluyó el 28 de octubre, cuando los últimos combatientes atravesaron la frontera francesa sin haber llegado a ver el ansiado levantamiento. Pero muchos guerrilleros siguieron en España luchando por un gobierno legítimo que ya no les apoyaba. Uno de ellos fue un lucense que estuvo 20 años en el monte y que acabó sus días siendo el último guerrillero antifranquista de España en morir con las botas puestas: Jose Luis Castro Veiga, O Piloto.
El 4 de julio de 1776, los representantes de las 13 colonias británicas en Norteamérica firmaban la Declaración de Independencia, un documento que reconocía a Estados Unidos como nación. Pero 83 años después, todavía existían algunas zonas fronterizas donde los límites no estaban del todo claros. Uno de estos puntos conflictivos se encontraba frente a Vancouver, en un pequeño archipiélago que ambas naciones consideraban suyo. En 1859, soldados británicos tomaron las islas para usarlas como rancho de ovejas y poco después un grupo de colonos estadounidenses también se instalaron allí. El 15 de junio, uno de los colonos mató a un cerdo de los británicos, lo que acabó provocando que solicitaran protección militar ante el temor a la venganza inglesa. El 10 de agosto de 1859, 461 estadounidenses con 14 cañones se atrincheraron sitiados por cinco buques de guerra británicos con más de 2.000 hombres. Y aunque el gobernador británico dio la orden de asaltar la isla, fue desobedecida por el almirante de la flota, asegurando que sería estúpido que dos grandes naciones comenzasen una guerra por un maldito cerdo. A lo largo de la historia encontramos multitud de estúpidos y ridículos motivos por los que las guerras se inician, pero quizá uno de los más idiotas fue el que inició la conocida como Guerra del Asiento: una oreja cortada por un gallego a un indeseable y despreciable contrabandista.
El 31 de marzo de 1808 una espada era sacada de su lugar de reposo en la Armería del Palacio Real de Madrid. Su portador la situó sobre una bandeja de plata y la cubrió con un paño de seda rojo con flecos de oro. Acompañada por una amplia escolta armada, fue trasladada al alojamiento donde se encontraba Joaquín Murat, gran duque de Berg, mariscal de Francia y futuro rey de Nápoles, un noble y militar francés al servicio de su cuñado, Napoleón Bonaparte, quien había pedido al rey de España, Fernando VII, la entrega de esta legendaria arma. Se trataba de una espada ceremonial rematada en oro y esmalte que había permanecido en la colección real española durante 283 años y que era parte del botín de guerra de una de las batallas más épicas del imperio español, la batalla de Pavía, en la que un gallego había capturado al mismísimo rey de Francia, Francisco I, motivo por el cual tenía un significado tan especial para Napoleón Bonaparte. Hoy os cuento la historia de aquel caballero gallego, que hace 500 años, capturó al rey de Francia para el emperador Carlos I: Alonso Pita da Veiga.
El 3 de julio del año 997, Abu Amil Muhammad ben Amir al-Ma Afiri, un nombre que aterrorizó a toda una civilización y que quedaría grabado para siempre en la historia universal, Almanzor, iniciaba su expedición contra Santiago de Compostela, dispuesto a acabar de una vez por todas con la osadía de los cristianos atacando el corazón de todos los reinos ibéricos y el mayor santuario de la cristiandad en Europa. El 10 de agosto llegó a Santiago de Compostela, una ciudad sin habitantes, vacía y abandonada ante el pánico por las noticias de su llegada. La ciudad fue saqueada sin resistencia alguna durante una semana, arrasada hasta los cimientos e incluso Almanzor dio de beber a sus caballos en la pila bautismal de la iglesia del Santo Sepulcro. Nada quedó en pie excepto una cosa: la tumba del apóstol. Cuando el musulmán llegó al sepulcro, se encontró allí con un viejo monje custodiándolo, el único cristiano que había permanecido en Compostela para proteger los restos del apóstol y cuya fe y valentía fueron respetadas por el caudillo. Aquel viejo monje era nada más y nada menos que el obispo de Santiago de Compostela, un personaje histórico de extraordinario valor para toda la cristiandad. San Pedro de Mezonzo.
El 7 de agosto de 1959, la NASA lanzaba al espacio desde cabo Cañaveral el satélite Explorer 6. Su misión principal era la de monitorizar la radiación de la atmósfera terrestre, pero tenía otros objetivos, entre ellos, tratar de obtener la primera fotografía de la Tierra desde el espacio exterior. El 14 de agosto obtuvo una instantánea de una estación de la NASA en Hawái mientras se encontraba a unos 27.000 kilómetros de altura sobre México, en uno de los grandes hitos en la historia de la exploración espacial. Aquella fotografía, que tardó 40 minutos en llegar a la Tierra, sería la primera de muchas que se necesitarían para cartografiar casi todos los rincones del planeta con una exactitud milimétrica. 125 años antes, un gallego junto a un caballo, un cuaderno, unos cuantos instrumentos y 17 años de su vida, logró realizar el primer mapa topográfico científico de la historia de España utilizando métodos y mediciones matemáticas. Este gallego dibujó un mapa con una precisión que no conseguiría superarse hasta que el ser humano comenzó a enviar satélites al espacio como el Explorer 6. Esta es la historia de Domingo Fontán, el matemático que logró redactar, hace casi 200 años, una obra adelantada a su tiempo: la Carta Geométrica de Galicia.
La Gran Depresión se originó en Estados Unidos a partir de la caída de la bolsa de valores de Nueva York, el martes 29 de octubre de 1929, y rápidamente se extendió por todos los países del mundo trasmitiendo la inseguridad y el miedo, provocando la caída de la renta nacional, los ingresos fiscales, los beneficios empresariales y los precios. El comercio internacional descendió más de un 50 % y el desempleo en los Estados Unidos aumentó hasta el 25%. Esta situación provocó que los ciudadanos cambiaran sus hábitos de gasto y ahorro, algo de lo que se percató el tendero neoyorquino Michael Cullen. Los compradores acudían a las tiendas de barrio para conseguir los mejores precios; sin embargo, se trataba de locales muy pequeños en los que eran atendidos uno a uno por los comerciantes, formándose colas que duraban varias horas. Fue así como se le ocurrió la idea de abrir una tienda mucho más grande donde poder vender cualquier tipo de producto, ofrecer mayores descuentos al poder almacenar grandes cantidades y que los clientes se sirvieran ellos mismos, creando el concepto de autoservicio. De esta manera, el 4 de agosto de 1930 abrió sus puertas en Queens, Nueva York, el primer supermercado del mundo: “King Kullen”. Seis años después ya contaba con 17 supermercados y facturaba alrededor de seis millones de dólares anuales. Unos años más tarde, un hombre decidió que podía salvar un ruinoso supermercado de Pontevedra en el que trabajaba como carnicero, a pesar de que no tenía ni idea de cómo cortar un filete. No solo lo consiguió, sino que su legado sería uno de los mayores imperios de la alimentación tanto en Galicia como en España: Supermercados Froiz.
loading
Comments