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El Repaso de Alfonso Rojo
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El trilero Sánchez ya tiene cortina de humo para un par de días.El marido de Begoña, huyendo de la corrupción socialista, de las saunas familiares y del caos en trenes y carreteras, se zampó en avión oficial la friolera de 11.000 kilómetros para ir a Dubái.Y allí, ante los atónitos representantes de Botswana, Burundi, Sierra Leona y Bután, anunció solemne su propósito de prohibir el acceso a las redes sociales de los menores de 16 años.
Estamos a menos de cinco días de las elecciones autonómicas en Aragón y, en medio de la vorágine de las encuestas —opacado por la impresión de que el PSOE se va a pegar un batacazo antológico—, ha pasado desapercibido un detalle estridente: Zapatero se ha borrado de la campaña.
Les voy a invitar hoy otra vez a una reflexión conjunta.A un ejercicio para evaluar hasta qué punto se han deteriorado las cosas en España.Cierto que la nostalgia de la juventud, de los años dorados e irresponsables de la adolescencia, te puede llevar a pensar que todo tiempo pasado fue mejor, pero olvídense de esas zarandajas.
Cierren los ojos, damas y caballeros, y reflexionen conmigo.¿Cómo es posible que una banda integrada por un portero de puticlub, un viciosillo aparatchik socialista aficionado a las ‘pilinguis’, un electricista ambicioso con la mano tan larga como dura y una recua de paniaguados, dirigidos por el amoral yerno de una familia de proxenetas, se hayan hecho con España?
Tengo 74 años y las pelotas negras del humo de mil combates.A lo largo de mi existencia, dedicada en su mayor parte a esto tan divertido y desventurado que es el periodismo, he visto pasar a 8 Papas, a una docena de presidentes de EE.UU. y a 9 mandamases en Rusia.Además de ver en blanco y negro la Guerra de Vietnam y en colores una veintena más —incluyendo desde las de Irak hasta las de Yugoslavia o Chechenia—, he sido testigo directo de la Caída del Muro de Berlín, del final del Apartheid y de todo tipo de desastres causados por la estupidez humana.Prácticamente conozco todos los países del mundo y les juro que nunca he estado en uno donde el socialismo haya creado riqueza y bienestar para sus ciudadanos. Ni siquiera para los más necesitados.
No se me ocurre nada más apropiado para calificar a los mendrugos que han decidido montar un ‘Homenaje de Estado’ en memoria de las 45 víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, que el sketch de José Mota.Aquel en el que decía: «¡Tonto, que eres tonto del 'to', pero no 'pa' un rato, no… tonto del 'to' 'pa' siempre!».
De todo lo que farfulló Óscar Puente en las dos horas y 19 minutos que duró su rueda de prensa, lo único que me quedó meridianamente claro es que el ministro bocachancla, el socialista Sánchez y este Gobierno infame, que padecemos desde hace más de siete años, se limitarán a ganar tiempo y a echar tierra sobre la tragedia de Adamuz.Tiene lógica que Puente se hiciera escoltar por el director de Tráfico de Adif y por el de Operaciones de Renfe, para intentar teñir de tecnicismos su comparecencia y distraer al personal.
Hasta aquí hemos llegado.Intentarán culpar al maquinista y, si no lo consiguen, harán responsable al vagón, al Cambio Climático, a Franco o a María Santísima.En cualquier caso, aquí no sabremos nunca a ciencia cierta —como con el apagón— qué ha pasado.Pero da igual.Es irrelevante que técnicamente sea un perno, un manguito o la soldadura.Los responsables, los culpables de las 43 muertes, son ellos: los que llevan más de siete años pillando comisiones millonarias y gastando el dinero público en furgones de putas, juergas y chiringuitos.
Hay que politizar el dolor. Y a fondo, porque son políticos —en este caso del PSOE, el partido más corrupto y putero de Occidente— los responsables de los 43 muertos de Adamuz y de la sobrecogedora pena de sus familiares y amigos.
Son una peste.El Gran Apagón, el volcán, Filomena, la DANA, el COVID, los trenes…Llevamos unos años que no ganamos para disgustos.La mezcla entre putrefacción socialista, mal fario, puteros, mangantes, gafes y ladrones lo impregna todo.
Coincidirán conmigo en que lo de Sánchez es ridículo, patético, chusco.Que un Gobierno, incapaz de poner coto al trasiego de narcolanchas por el Guadalquivir, o de frenar el salto de ilegales en la valla de Melilla, proponga desplegar tropas españolas en Ucrania para asustar a los rusos, parece un chiste.
Todavía estás a tiempo, Feijóo.Espera al fin de semana y anuncia de sopetón que te has puesto malito, que has pillado un virus como el que te obligó el pasado 17 de diciembre a suspender un viaje a Bruselas y la tradicional copa de Navidad con periodistas.O échale pelotas y di simplemente que lo has pensado mejor, que no te apetece ver a Sánchez ni en pintura y que cancelas la cita.
Les ha salido el tiro por la culata.A los gurús del PSOE y a los pichaflojas que llevan meses pontificando que cada voto a VOX era un balón de oxígeno para Sánchez.Es significativo, curioso y hasta chocante, que quienes más odian a Abascal salgan hoy titulando a toda página que VOX se dispara en las encuestas por encima de los 60 diputados y sigue creciendo entre los jóvenes y los obreros españoles.
Vomitivo.Lo de Pedro Sánchez, el que este jueves 8 de enero agasajó sumiso en La Moncloa al golpista Junqueras, para suplicar el apoyo de los separatistas catalanes, a cambio de 4.700 millones que los socialistas quitan a andaluces, aragoneses y castellanos.
Llevo unos días difundiendo el bulo de que Zapatero va a diario al Monte del Pardo, pero no a dar carreritas ni a maquinar a escondidas con los estafadores de Plus Ultra, sino a implorar al Cristo que le proteja y evite que la chavista Delcy cante y dé munición a los jueces para que lo empitonen.Ya he dicho que es una bola, una simple gracieta, porque la única fe de Zapatero, desde hace mucho, es el dinero.
De vergüenza ajena.Y no me refiero sólo a los cuatro mamarrachos y las tres fieras corruptas que han salido a la calle a protestar por la captura de Maduro.Están todos esos tontos de baba, de Podemos, Sumar, ERC, Bildu y aledaños que han aparecido compungidos en X, a los que unas cuantas chavalas venezolanas —de bastante buen ver por cierto— les han dado ya lo suyo en redes sociales.
Rompiendo una tradición popular bastante casposa, les confieso que entre mis propósitos para el Año Nuevo no está adelgazar, portarme bien o aprender idiomas.
Supongo que ya se han percatado en que suelo referirme a Sánchez y socios como ‘cuadrilla de maleantes’, lo que enerva a Patxi López y explica la vesania con la que presionan a la claudicante Asociación de la Prensa para que nos exilie y maniobran, a veces con éxito, para que grandes empresas nos retiren la publicidad.
La corrupción del PSOE no es un ‘garbanzo negro’ o una ‘manzana podrida’.
Apesta el cocido completo y está descompuesto el cesto entero. De arriba a abajo.
Hoy nos hemos enterado de que Koldo se reunió con el ex ministro José Blanco al menos ocho veces. Que lo hicieron en un hotel y en la propia sede de Fomento, durante los tres años en que Ábalos fue ministro.
Nos dio el otro día, a cuenta del Rey de España y de la infame Ley de Amnistía, un fuerte tirón de orejas Federico Jiménez Losantos.
¿Y saben una cosa?
Tenía razón el puñetero Federico.
En contra de mi naturaleza, en lugar de cortar en seco a Bertrand Ndongo y resto de la banda, por eso de parecer un jefe comprensivo y tolerante, les deje soltar unas cuantas barbaridades sobre el Monarca.
Y al final, en ‘El Pentagrama’, que es un programa estupendo, dimos la impresión de sumarnos a esa inquina contra la Monarquía, que practican el PSOE y sus colegas de la Coalición Frankenstein.
Mi padre, que tuvo 9 hijos y era un tipo tan estricto como inteligente, solía decir que ha salvado más vidas una hostia a tiempo que le penicilina.
Es verdad.
Toca hoy hablar de la nueva tropelía que el socialista Sánchez alista en Cataluña, pero no me resisto a disertar en voz alta, antes, sobre la tremenda zurra que Alvise ha sacudido a un periodista panoli de El País, a quien Pepa Bueno, su sectaria directora, encargó montarle una emboscada.
He revisado la entrevista, con la meticulosidad con que el entomólogo analiza las entrañas del mosquito anopheles, y les aseguro que, durante los 75 minutos, no hay un instante en que el inventor de ‘Se Acabó la Fiesta’ no deje a Miguel González en evidencia, en ridículo o patas arriba.
Conociendo a Gonzalez, que lleva en este oficio cuatro décadas, cuesta entender que acudiera al encuentro tan mal preparado y pareciera tan torpe.




