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Sexo, amor y parejas
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Sexo, amor y parejas

Author: Rogelio Castellanos

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Sexo, amor y parejas es el podcast donde tenemos conversaciones honestas, abiertas y explícitas sobre el amor, las relaciones de pareja y el placer sexual.
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Hoy vamos con una pregunta que muchas parejas viven, pero casi nadie habla sin culpa: “Sexo después de una discusión: ¿reconexión real o parche emocional?” Episodio 841 del Podcast “Sexo, amor y parejas” ÚNETE A MI COMUNIDAD PRIVADA DE TELEGRAM Directos exclusivos Contacto directo conmigo Eventos presenciales y online Información y publicaciones exclusivas Más sorpresas! Únete en el siguiente enlace! https://t.me/+5t_1YLejfvRmYzA5 ¡Este enlace estará disponible por un tiempo limitado! Gracias por hacer que esta comunidad crezca. Atentamente, Rogelio Castellanos. No me permiten monetizar el tema de sexualidad por lo que tu aportación será de gran ayuda! https://paypal.me/psicologorc Todos lo que realicen un aporte disfrutaran de ventajas exclusivas como parte de la comunidad Enlaces para proponer temas o solicitar un estudio de casos: https://psicologorc.com/proponer/ https://psicologorc.com/estudio-de-casos/ Redes Sociales Instagram: @psicologorc TikTok: @psicologorc Facebook: @psicologorc Escucha el podcast en IVOOX: https://go.ivoox.com/sq/1597917
Hoy vamos con un tema que confunde y desgasta: “Gaslighting emocional: cuando dudas de ti y ya no sabes si exageras o te manipulan”. Episodio 840 del Podcast “Sexo, amor y parejas” ÚNETE A MI COMUNIDAD PRIVADA DE TELEGRAM Directos exclusivos Contacto directo conmigo Eventos presenciales y online Información y publicaciones exclusivas Más sorpresas! Únete en el siguiente enlace! https://t.me/+5t_1YLejfvRmYzA5 ¡Este enlace estará disponible por un tiempo limitado! Gracias por hacer que esta comunidad crezca. Atentamente, Rogelio Castellanos. No me permiten monetizar el tema de sexualidad por lo que tu aportación será de gran ayuda! https://paypal.me/psicologorc Todos lo que realicen un aporte disfrutaran de ventajas exclusivas como parte de la comunidad Enlaces para proponer temas o solicitar un estudio de casos: https://psicologorc.com/proponer/ https://psicologorc.com/estudio-de-casos/ Redes Sociales Instagram: @psicologorc TikTok: @psicologorc Facebook: @psicologorc Escucha el podcast en IVOOX: https://go.ivoox.com/sq/1597917
“Pornografía en pareja: cómo hablar del tema sin vergüenza ni ataques”. Si este tema te incomoda, tiene sentido. La pornografía toca cosas muy sensibles: deseo, comparación, valores, inseguridad, culpa… y a veces se vuelve una pelea que no es solo por “videos”, sino por confianza y conexión. Episodio 836 del Podcast “Sexo, amor y parejas” ÚNETE A MI COMUNIDAD PRIVADA DE TELEGRAM Directos exclusivos Contacto directo conmigo Eventos presenciales y online Información y publicaciones exclusivas Más sorpresas! Únete en el siguiente enlace! https://t.me/+5t_1YLejfvRmYzA5 ¡Este enlace estará disponible por un tiempo limitado! Gracias por hacer que esta comunidad crezca. Atentamente, Rogelio Castellanos. No me permiten monetizar el tema de sexualidad por lo que tu aportación será de gran ayuda! https://paypal.me/psicologorc Todos lo que realicen un aporte disfrutaran de ventajas exclusivas como parte de la comunidad Enlaces para proponer temas o solicitar un estudio de casos: https://psicologorc.com/proponer/ https://psicologorc.com/estudio-de-casos/ Redes Sociales Instagram: @psicologorc TikTok: @psicologorc Facebook: @psicologorc Escucha el podcast en IVOOX: https://go.ivoox.com/sq/1597917
Esto es Sexo, amor y parejas. Hoy: “Microinfidelidades y límites: ¿coqueteo, likes y DMs cuentan cómo traición?” Si alguna vez pensaste “no pasó nada… pero se siente como algo”, quédate. Episodio 836 del Podcast “Sexo, amor y parejas” ÚNETE A MI COMUNIDAD PRIVADA DE TELEGRAM Directos exclusivos Contacto directo conmigo Eventos presenciales y online Información y publicaciones exclusivas Más sorpresas! Únete en el siguiente enlace! https://t.me/+5t_1YLejfvRmYzA5 ¡Este enlace estará disponible por un tiempo limitado! Gracias por hacer que esta comunidad crezca. Atentamente, Rogelio Castellanos. No me permiten monetizar el tema de sexualidad por lo que tu aportación será de gran ayuda! https://paypal.me/psicologorc Todos lo que realicen un aporte disfrutaran de ventajas exclusivas como parte de la comunidad Enlaces para proponer temas o solicitar un estudio de casos: https://psicologorc.com/proponer/ https://psicologorc.com/estudio-de-casos/ Redes Sociales Instagram: @psicologorc TikTok: @psicologorc Facebook: @psicologorc Escucha el podcast en IVOOX: https://go.ivoox.com/sq/1597917
Hoy vamos a hablar de algo que duele en silencio: “Quiero… pero mi cuerpo no responde. Deseo, excitación, y el mito de “deberías tener ganas”. Episodio 836 del Podcast “Sexo, amor y parejas” ÚNETE A MI COMUNIDAD PRIVADA DE TELEGRAM Directos exclusivos Contacto directo conmigo Eventos presenciales y online Información y publicaciones exclusivas Más sorpresas! Únete en el siguiente enlace! https://t.me/+5t_1YLejfvRmYzA5 ¡Este enlace estará disponible por un tiempo limitado! Gracias por hacer que esta comunidad crezca. Atentamente, Rogelio Castellanos. No me permiten monetizar el tema de sexualidad por lo que tu aportación será de gran ayuda! https://paypal.me/psicologorc Todos lo que realicen un aporte disfrutaran de ventajas exclusivas como parte de la comunidad Enlaces para proponer temas o solicitar un estudio de casos: https://psicologorc.com/proponer/ https://psicologorc.com/estudio-de-casos/ Redes Sociales Instagram: @psicologorc TikTok: @psicologorc Facebook: @psicologorc Escucha el podcast en IVOOX: https://go.ivoox.com/sq/1597917
Si hoy sientes que tú y tu pareja se quieren… pero igual terminan discutiendo, este episodio es para ti. Episodio 836 del Podcast “Sexo, amor y parejas” ÚNETE A MI COMUNIDAD PRIVADA DE TELEGRAM Directos exclusivos Contacto directo conmigo Eventos presenciales y online Información y publicaciones exclusivas Más sorpresas! Únete en el siguiente enlace! https://t.me/+5t_1YLejfvRmYzA5 ¡Este enlace estará disponible por un tiempo limitado! Gracias por hacer que esta comunidad crezca. Atentamente, Rogelio Castellanos. No me permiten monetizar el tema de sexualidad por lo que tu aportación será de gran ayuda! https://paypal.me/psicologorc Todos lo que realicen un aporte disfrutaran de ventajas exclusivas como parte de la comunidad Enlaces para proponer temas o solicitar un estudio de casos: https://psicologorc.com/proponer/ https://psicologorc.com/estudio-de-casos/ Redes Sociales Instagram: @psicologorc TikTok: @psicologorc Facebook: @psicologorc Escucha el podcast en IVOOX: https://go.ivoox.com/sq/1597917
Ella se miró al espejo una mañana cualquiera y notó que su cuerpo ya no respondía como antes: sensaciones distintas, ritmos nuevos, una piel que pedía más tiempo y más cuidado; él la observó en silencio, deseándola, pero sin saber muy bien cómo acercarse sin incomodarla, sin herirla, sin decir algo que sonara a presión. Y así, sin que nadie lo explicara, ellos empezaron a preguntarse cosas en voz baja: “¿Y ahora cómo se vive el sexo?”, “¿Se acaba el deseo?”, “¿Sigo siendo una mujer deseable?”, “¿Sigo siendo su pareja erótica o solo su compañero?” El climaterio y la menopausia llegaron no como un final, sino como un territorio desconocido, lleno de cambios físicos, emocionales y de identidad que pocas veces se hablan con honestidad. Kingsberg y otros investigadores lo dicen con claridad: esta etapa no cancela la sexualidad, la transforma. Hoy vamos a hablar de eso: de cómo ella puede redescubrir su placer sin compararse con quien fue, de cómo él puede acompañar sin presionar y sin desaparecer, y de cómo ellos pueden construir una intimidad más consciente, más libre y más alineada con el cuerpo y el deseo de hoy. La sexualidad no termina con la menopausia… solo cambia de forma, y puede volverse más auténtica y placentera que nunca.
Ella se despertó temprano y lo encontró ya en modo “día productivo”: café en mano, laptop abierta, lista mental de pendientes, como si el reloj le respirara en la nuca; él la vio quedarse unos minutos más en la cama, estirarse despacio, respirar, y sintió esa mezcla conocida de incomodidad y juicio que no quiere admitir: “¿Cómo puede estar tan tranquila?” Ella, en cambio, lo miró y pensó lo suyo: “¿Cómo puede vivir así, como si descansar fuera perder?” Y sin que haya una pelea grande, ellos empiezan a chocar en lo cotidiano: él quiere avanzar, ella quiere pausar; él planifica, ella necesita aire; él interpreta su calma como flojera, ella interpreta su urgencia como control. No es que uno ame menos: es que viven el tiempo con relojes internos distintos. Zimbardo y Boyd hablan de esto como perspectivas del tiempo, y cuando ustedes no lo entienden, la diferencia se vuelve moral —“mi forma es la correcta”— y ahí empieza el desgaste: críticas, resentimientos, distancia, incluso menos intimidad porque nunca coinciden en energía. Hoy vamos a hablar de cómo sincronizar sin imponer, de cómo ella puede sentirse respetada en su necesidad de descanso, de cómo él puede sentirse acompañado en su necesidad de estructura, y de cómo ellos pueden construir un ritmo de pareja donde el tiempo deje de ser un campo de batalla y se convierta en un aliado del vínculo. Yo soy [tu nombre], y esto es “Entre tú, yo y nosotros”, un episodio para aprender a vivir juntos sin obligarse a latir al mismo tempo.
Ella pasó por la cocina y, casi sin pensar, le rozó el hombro a él mientras tomaba un vaso; fue un gesto mínimo, pero a él se le aflojó algo por dentro, como si el cuerpo recordara un idioma que habían dejado de hablar. En los últimos meses, ellos se habían tocado cada vez menos: los abrazos se volvieron rápidos, los besos parecían tener siempre una intención, y cuando uno acariciaba al otro, aparecía esa pregunta silenciosa que enfría el momento: “¿Esto va a terminar en sexo?” Entonces ella, a veces cansada o saturada, evitaba el contacto para no sentirse presionada; y él, para no ser rechazado, empezaba a tocar menos, como si el cariño también pudiera “fallar”. Y sin darse cuenta, la ternura cotidiana fue desapareciendo, justo esa que no exige nada, la que calma, sostiene y mantiene viva la conexión, aunque no haya ganas de ir a la cama. Hoy vamos a hablar de eso: de las caricias como alimento diario de la intimidad, de tocar sin objetivos, de cómo el deseo también nace en lo suave, en lo seguro, en lo repetido; de cómo ella puede volver a recibir contacto sin temor a deber algo, de cómo él puede tocar sin convertirlo en demanda, y de cómo ellos pueden reconstruir un lenguaje corporal que no sea solo sexual, sino profundamente humano.
Ella lo vio entrar por la puerta con la misma rutina de siempre: dejar las llaves, soltar el aire, ir directo a cambiarse; él la vio a ella resolviendo mil cosas al mismo tiempo, como si su capacidad de sostenerlo todo fuera “normal” y no extraordinaria. Ellos se aman, pero a veces el amor se vuelve automático, y lo valioso empieza a volverse invisible: lo que antes provocaba orgullo ahora se da por hecho, lo que antes se celebraba ahora apenas se nota. Ella piensa en silencio: “¿Todavía me mira con esos ojos?” Él se pregunta: “¿Sabe lo mucho que la admiro si casi no lo digo?” Y así, sin conflictos grandes, la relación puede enfriarse por una ausencia pequeña pero constante: la falta de reconocimiento. Gottman lo explica con claridad: construir cariño y admiración no es un detalle romántico, es una base que protege a la pareja del desgaste y del desprecio. Hoy vamos a hablar de eso: de la admiración mutua como alimento diario, de cómo admirar no es idolatrar sino ver con honestidad lo bueno del otro, de cómo ellos pueden volver a decir “me encanta esto de ti” sin pena, y de cómo pueden recuperar esa sensación de orgullo compartido que hace que el vínculo se sienta vivo.
Ella estaba sentada en el borde de la cama, acariciándose la barriga que ya empezaba a notarse, cuando él entró en la habitación y se quedó un segundo mirándola: la amaba, la deseaba, la admiraba… pero también tenía miedo. Miedo de tocar demasiado, de lastimar, de equivocarse. Ella lo sintió como distancia; no sabía si era su cuerpo el que había cambiado o la forma en que él la miraba. A veces ella tenía más deseo que antes, otras no tenía ninguno. A veces él quería acercarse, otras se contenía “por si acaso”. Y así, sin que nadie lo explicara, comenzaron a dar rodeos alrededor de la intimidad: queriéndose, cuidándose, pero llenos de dudas silenciosas. ¿Se puede? ¿Hasta cuándo? ¿Y si le hago daño al bebé? ¿Y si piensa que ya no me atrae? ¿Y si mi cuerpo ya no es “sexy”, sino solo “maternal”? Bartellas y otros investigadores muestran que la mayoría de las parejas vive este torbellino de preguntas sin guía, como si el embarazo congelara la vida erótica o la volviera un terreno prohibido. Hoy vamos a hablar justamente de eso: de los mitos, los miedos y las realidades del sexo en el embarazo; de cómo ella puede seguir sintiéndose deseada y segura, de cómo él puede acercarse sin temor, y de cómo ambos pueden navegar esta etapa con más información, más ternura y más verdad.
Ella miró el estado de cuenta en el celular y tragó saliva: ahí estaba, negro sobre blanco, el sueldo de él entrando cada mes… y el suyo, mucho más pequeño, casi simbólico desde que decidió reducir horas para cuidar a los hijos; no se lo decía, pero a veces sentía que estaba gastando “dinero de él”, que debía justificar cada cosa que compraba, desde un café hasta una blusa. Él, por su parte, llegaba cansado y con la presión de sentir que, si algo fallaba económicamente, sería “su culpa”; a veces pensaba, sin querer, que como él ganaba más, tenía más derecho a decidir en qué se gastaba, y al mismo tiempo se resentía cuando ella compraba algo “extra” sin avisar. Ellos se aman, pero el dinero se ha ido convirtiendo en un tercer personaje silencioso: discusiones por gastos, chistes que en realidad duelen, cuentas que uno ve y el otro no, frases como “es que yo soy el que mantiene” o “yo no puedo opinar porque no pongo nada”. Y no es tan cierto: ella sostiene el hogar, él sostiene con su ingreso, los dos sostienen la vida que comparten. Dew y otros investigadores muestran que no es solo cuánto gana cada uno, sino cómo se reparte el poder cuando hay desigualdad económica, lo que fortalece o hiere la relación. Hoy vamos a hablar de eso: de qué pasa cuando uno gana mucho más que el otro, o cuando uno no trabaja remuneradamente; de cómo evitar que el dinero se vuelva un arma o una forma de medir quién vale más; de cómo construir acuerdos donde ellos se sientan equipo, con voz, con dignidad y con claridad.
Ella miró el reloj sin querer, como si el tiempo también estuviera invitado a la cama; él, casi de forma automática, pensó en “hacerlo bien”, en no tardar demasiado, en que todo “funcione”, en que el encuentro “salga” como debería. Y ahí estaban ustedes, desnudos… pero con la cabeza llena de pendientes invisibles: rendir, responder, cumplir, no defraudar. Entre besos apresurados y caricias que parecían ir directo a “lo importante”, algo se quedaba afuera: el silencio, la pausa, el juego, el simple hecho de sentir sin prisa. Ella se preguntaba en secreto cómo sería un encuentro donde pudiera quedarse más tiempo en los besos, en las manos sobre la piel, sin tener que pensar si ya “toca” pasar a lo siguiente; él fantaseaba con, por una vez, no estar preocupado por la erección, por el orgasmo, por el resultado, sino dejarse llevar, escuchar su propio cuerpo y el de ella. McCarthy y Wald hablan de esto cuando proponen una sexualidad más consciente: un sexo con lentitud, que no obedece a la lógica de la hiperproductividad, donde el objetivo no es cumplir una meta sino explorar, saborear, desacelerar. Hoy vamos a hablar de eso: de cómo ella, él y ustedes pueden bajarse del modo “performance” en la cama; de cómo recuperar el placer de ir despacio, de quedarse un poco más en cada sensación; de cómo transformar el sexo en un lugar donde el tiempo no apure, sino acompañe. Yo soy [tu nombre], y esto es “Entre tú, yo y nosotros”, un episodio para recordar que, a veces, el mejor ritmo para el deseo no es el del mundo de afuera… sino el de dos cuerpos que, por fin, se permiten ir a su propio paso.
Ella estaba sentada en la mesa del comedor, viendo fotos viejas: la de cuando se mudaron juntos, la del primer viaje, la de su hijo recién nacido… y mientras las miraba, pensó en cómo habían sido tantas versiones distintas de sí mismos: la pareja que salía a cenar sin preocuparse por nada, la pareja que dormía a ratos entre pañales, la pareja que un día se encontró mirando una casa silenciosa cuando los hijos se fueron. Él pasó detrás de ella, miró también las fotos y sonrió con nostalgia, pero también con sorpresa: “No éramos los mismos… y tampoco lo somos ahora.” Y aunque se aman, en cada etapa han tenido que renegociar acuerdos, ritmos, prioridades, formas de cuidarse. Porque lo que funcionaba cuando eran dos enamorados no sirve igual cuando llegan hijos; lo que necesitaban cuando los hijos eran pequeños no es lo mismo que necesitan ahora; lo que dolía antes quizá hoy ni importa, y lo que hoy pesa antes ni existía. Carter y McGoldrick lo explican bien: cada fase del ciclo de vida familiar exige nuevas tareas, nuevos ajustes, nuevas maneras de encontrarse. Hoy vamos a hablar de eso: de cómo ella, él y ustedes han ido cambiando con cada transición; de cómo el amor no es una línea recta, sino un mapa que se redibuja; de cómo sostener la relación cuando la vida cambia de etapa sin pedir permiso; y de cómo pueden seguir creciendo juntos sin pretender que sean los mismos de siempre.
Ella estaba lavando los platos cuando él se acercó por detrás y le puso una mano en la cintura; no con prisa, no con intención sexual, solo con ese gesto suave que dice “aquí estoy”, pero antes de que pudiera disfrutarlo, su cuerpo se tensó por costumbre: “¿Y si después espera algo más?” Y él lo notó, porque hacía tiempo que cada vez que intentaba un abrazo, un roce, un contacto cualquiera, ella parecía prepararse para un guion que no siempre quería interpretar. Él también sentía: que si la tocaba, debía justificarlo con deseo; que si la abrazaba en el sofá, quizá ella lo interpretaría como una propuesta, aunque él solo quisiera tenerla cerca. Y así, sin mala intención de ninguno, habían empezado a perder esas caricias que antes aparecían sin explicación: los abrazos al pasar por el pasillo, la mano sobre la pierna en el auto, los dedos que rozaban la espalda mientras cocinaban juntos. Pequeños gestos que, según muestra la investigación de Hertenstein, nutren la relación tanto como las palabras. Hoy vamos a hablar de esto: de cómo el tacto puede volverse un lenguaje atrapado entre expectativas sexuales, de cómo ella puede volver a recibir caricias sin miedo a lo que sigue, de cómo se pueden tocar sin sentir que deben “avanzar”, y de cómo los dos, como pareja, pueden crear un espacio donde el cuerpo sea también refugio, no solo preludio de sexo.
Ella empezó hablando despacio, intentando explicar lo que sentía, pero él ya tenía el ceño fruncido; en cuestión de segundos, ambos estaban elevando la voz, diciendo frases que no querían decir, lanzando palabras que dolían más por el tono que por el contenido. Y ahí estaban ellos, dos personas que se aman, atrapadas en una discusión donde el objetivo dejó de ser resolver algo y pasó a ser defenderse, ganar y proteger el orgullo. Ella pensó: “¿Por qué me habla así si me quiere?” Él pensó: “¿Por qué siempre terminamos en esto?” No es falta de amor… es falta de herramientas en medio del incendio. Porque cuando las emociones suben, es fácil olvidar el respeto, ese hilo delicado que sostiene la dignidad del otro aun en pleno conflicto. Markman y su equipo lo dicen claro: las parejas que duran no son las que no pelean, sino las que saben cómo pelear sin destruirse. Hoy vamos a hablar de eso: de cómo sostener el respeto mutuo cuando el desacuerdo es fuerte, de cómo discutir sin atacar, sin humillar, sin usar las palabras como arma; de cómo ella puede expresar dolor sin lastimar, de cómo él puede defender su punto sin aplastar, de cómo ambos pueden convertir una pelea en una conversación difícil… pero segura.
Ella se dio cuenta una noche, casi por accidente: mientras él decía estar cansado para tener intimidad, notó en el historial del navegador algo que no esperaba; no era una traición, no era que él quisiera a otra persona… pero algo dentro de ella sintió un pequeño quiebre, una pregunta que no sabía cómo formular: “¿Es que ya no me desea a mí?” Y él, por su parte, llevaba meses sin decirlo en voz alta: a veces le resultaba más fácil abrir una pestaña que abrir una conversación, más simple encender la pantalla que enfrentar la incomodidad del encuentro real, sus inseguridades, sus miedos, sus dudas. Ninguno de los dos era el villano; ustedes simplemente habían empezado a reemplazar, sin darse cuenta, la intimidad viva por una intimidad rápida, silenciosa, inmediata. No era maldad, era evitación. No era desamor, era vergüenza y miedo a no saber cómo volver a encontrarse. Hoy vamos a hablar de eso: de cuando el porno deja de ser un recurso erótico y empieza a convertirse en un sustituto de la cercanía, de cuando ella se siente desplazada sin que él lo sepa, de cuando él se esconde en la pantalla porque teme fallar, de cómo ustedes pueden recuperar la conversación, el deseo, el cuerpo y la presencia, sin culpas ni demonizaciones, pero también sin negar lo que está pasando. Yo soy [tu nombre], y esto es “Entre tú, yo y nosotros”, un espacio para comprender que la intimidad real no se pierde por accidente… pero sí puede recuperarse con honestidad, paciencia y mucha humanidad.
Ella ve que él ríe mientras mira el celular, y algo en el estómago se le revuelve sin avisar; no ha visto ningún mensaje sospechoso, no hay señales claras de engaño, pero el corazón recuerda otras historias, otras conversaciones borradas, otras risas que terminaron en traición. Él, por su parte, nota que cuando ella sale con amigos o tarda en contestar, una voz vieja le susurra al oído: “Cuidado, ya te hicieron esto antes”, y de pronto se sorprende a sí mismo revisando la hora, el doble check, los detalles, como si estuvieran reviviendo una película que no les pertenece. Y ahí están: una relación nueva, con reglas distintas, con más cuidado, con más verdad… pero habitada por fantasmas de antes. Celos que no nacen de lo que ella hace hoy, ni de lo que se está mostrando ahora, sino de heridas que vienen de otra persona, de otra etapa, de otra versión de ustedes mismos que todavía no ha terminado de sanar. Hoy vamos a hablar de eso: de cuando los celos vienen del pasado y no del presente; de cómo se siente amar a alguien que no ha fallado, pero que paga las consecuencias de quien sí lo hizo; de cómo ella puede decir “me duele, pero sé que no eres tú”; de cómo él puede decir “tengo miedo, pero quiero aprender a no tratarte como a quien me lastimó”; y de cómo ustedes, como pareja, pueden dejar de vivir a la defensiva para empezar a construir una confianza que se base en lo que realmente está pasando hoy, no en lo que un día rompió su corazón. quédate, porque este episodio es una invitación a mirar de frente esos celos que traen historia… para que el pasado deje de dirigir la película de su presente.
Ella lo mira de reojo en el sofá. Él está metido en su mundo, con los audífonos puestos, viendo videos de algo que a ella no le interesa demasiado. Ella piensa: “Antes hacíamos todo juntos… ¿será que ya no le importo igual?” Unos días después, él la ve salir con una amiga. Se arregló más de lo usual, se rió fuerte mientras se maquillaba, mandó notas de voz, hizo planes. Él siente un pequeño nudo en el estómago y piensa: “¿Y si cada vez necesita menos estar conmigo?” Ustedes quizá se han visto en esta escena de alguna forma. Momentos en los que uno busca su propio espacio, y el otro lo vive como distancia, desinterés o señal de que “algo se está enfriando”. Durante mucho tiempo nos han contado que el amor es fusión: hacer todo juntos, pensarlo todo juntos, sentirlo todo al mismo tiempo. Pero lo que no siempre se dice es que, cuando una pareja se convierte en una sola cosa, poco a poco cada quien empieza a perderse de sí mismo. David Schnarch, un terapeuta que ha trabajado durante años con parejas, habla de algo muy importante: la diferenciación. Esa capacidad de estar cerca sin dejar de ser tú. De decir “nosotros” sin borrar el “yo”. Porque sí: amar a alguien no significa dejar de tener tus propios deseos, silencios, hobbies, amistades, tiempos a solas. Y tampoco significa que, si tu pareja necesita un rato para sí misma, te quiera menos. Hoy vamos a hablar de eso. De los espacios individuales dentro de la relación. De por qué tener tiempo para ti no rompe el vínculo, sino que lo puede fortalecer. De cómo ella puede seguir siendo ella, cómo él puede seguir siendo él, y cómo ustedes pueden construir un “nosotros” que no asfixie, sino que sostenga. Vamos a explorar por qué, cuando una persona renuncia a su propia vida interna “por la relación”, al principio parece romántico… pero con el tiempo se convierte en cansancio, resentimiento y pérdida de deseo. Y también vamos a ver lo contrario: cómo cuando cada uno crece, se cuida, se conoce, se alimenta como individuo, la pareja gana profundidad, admiración y nuevas razones para seguir eligiéndose. Quédate, porque hoy vamos a descubrir cómo los espacios individuales no separan a la pareja… sino que pueden ser justo lo que ustedes necesitan para estar más cerca, de forma más libre y más auténtica.
Ella estaba recostada sobre el pecho de él, respirando despacio. No había prisa. No había meta. No había ese cálculo silencioso sobre “Que viene ahora”. Solo dos cuerpos quietos, explorándose con los ojos cerrados, como si recordaran que el placer puede empezar —y terminar— en cualquier parte del cuerpo. Él deslizó los dedos por su espalda, suave, lento, como si la piel tuviera memoria. Ella sonrió… esa sonrisa que aparece cuando el cuerpo se siente visto, no usado; acompañado, no presionado. Y mientras él la acariciaba sin intención de llevarla a ningún lugar, ella pensó: “¿Cuándo fue la última vez que estuvimos así, sin correr, sin expectativas, sin obligación?” A veces, como pareja, se cree que el sexo tiene un guion fijo: besos, caricias, oral, penetración, orgasmo, final. Un guion que no escribieron ustedes… pero que repiten casi sin darse cuenta. Sin embargo, el cuerpo cuenta otra historia. Una historia que Emily Nagoski —una de las investigadoras más importantes en deseo y placer— ha explicado con claridad: cuando quitamos la presión de la penetración, aparece otro tipo de erotismo. Más lento. Más sensorial. Más íntimo. Más de ustedes. Hoy vamos a hablar de ese tipo de encuentros: del sexo sin penetración, de las prácticas que olvidamos y de los placeres que vale la pena recuperar. De cómo besar, rozar, masajear, respirar juntos, puede ser más profundo que cualquier coito. De cómo el erotismo se expande cuando deja de ser un examen y vuelve a ser un juego.
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Comments (2)

Augusto Menna Barreto

Si tienes un problema con las identidades de las personas, búscalo, no son las personas no binarias o de género fluido las que tienen el problema, ¡sino tú! Deberías estudiar más, leer a Foucault, Judith Butler, Donna Haraway, etc. en lugar de disfrazar tu odio y prejuicios bajo mantos científicos. Lo que hiciste en este episodio no tiene nada que ver con la ciencia, sólo tiene que ver con el odio, los prejuicios y la falta de información.

Jul 12th
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Augusto Menna Barreto

Me doy de baja del podcast. Por el conservadurismo y la homotransfobia de este discurso. Dantesco es prejuicio, falta de empatía y odio. Que triste que un profesional de la psicología tenga una visión tan retrógrada y prejuiciosa.

Jul 12th
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