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Ciencia y Saber
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Author: Abbcast
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Descubre un mundo de curiosidades gracias a Ciencia y Saber. Ciencia, Historia, Arqueología, Inventos y descubrimientos... Todas las mañanas de Lunes a Viernes un nuevo episodio en formato rápido, no más de 6 o 7 minutos.
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La naturaleza es la mejor ingeniera que existe. Durante millones de años ha perfeccionado estructuras, materiales y mecanismos que hoy, gracias a la biotecnología, empezamos no solo a comprender, sino también a replicar con precisión sorprendente. Entre todos los milagros biológicos que el mundo natural ha creado, uno destaca por reunir propiedades prácticamente imposibles en cualquier material sintético conocido: la seda de araña.
Durante décadas, hemos escuchado un mensaje sencillo, casi poético: “Un yogur al día te hará vivir más”. Suena a consejo de abuela, a refrán antiguo, a esa sabiduría popular que atraviesa generaciones sin perder fuerza. Pero, ¿de dónde surge realmente esta idea? ¿Es un mito amable que se repite por inercia o tiene alguna base en la ciencia moderna? ¿Es posible que un alimento tan humilde haya adquirido fama de elixir de longevidad?
Es uno de esos cambios del envejecimiento que todos hemos visto en padres, abuelos o incluso en nosotros mismos: la pérdida progresiva de altura. Ocurre despacio, casi en silencio, y muchas veces no somos conscientes hasta que alguien nos dice que “estamos un poco más bajitos” o hasta que lo vemos reflejado en una fotografía de hace años.
En los últimos años, el mundo de la obesidad, la nutrición y la medicina metabólica ha entrado en una fase revolucionaria gracias a una nueva generación de fármacos adelgazantes que actúan directamente sobre el cerebro. Ya no se trata solo de reducir el apetito o acelerar el metabolismo: estos medicamentos, como los agonistas de GLP-1 y sus nuevas versiones combinadas, modifican la percepción del placer asociado a la comida.
Durante la mayor parte de la historia humana, formar pareja no fue una elección romántica ni un ideal cultural, sino una necesidad económica, social y biológica profundamente arraigada. Antes de que existieran anticonceptivos modernos y fiables, la maternidad llegaba sin posibilidad real de planificación, y criar a un hijo sin el apoyo de un compañero era prácticamente imposible para la mayoría de mujeres. El matrimonio —o al menos la pareja estable— funcionaba como unidad económica básica, como red de apoyo para la supervivencia y como estructura sobre la que se organizaba la vida cotidiana.
Durante gran parte del siglo XX, el envejecimiento parecía una especie de fuerza misteriosa e inevitable. Pero en las últimas dos décadas, la biología molecular ha desmantelado ese halo de misterio y nos ha mostrado que envejecer es un proceso multifactorial, identificable y, en gran parte, manipulable.
En los últimos veinte años, la hipertensión infantil —una condición históricamente asociada a adultos de mediana edad— ha experimentado un aumento alarmante. Un estudio global publicado recientemente revela que la tasa de niños y adolescentes con hipertensión casi se ha duplicado, alcanzando cifras que los expertos consideran una señal de alerta inequívoca. Esta tendencia, que afecta a países de todos los continentes, plantea un problema de salud pública de magnitud creciente: ¿por qué los menores están desarrollando una condición que antes solo aparecía tras décadas de malos hábitos y envejecimiento?
En los últimos meses, una noticia tecnológica ha empezado a circular con cada vez más fuerza entre ingenieros, expertos en eficiencia energética y amantes de la cocina: el lanzamiento del primer horno doméstico que no necesita precalentamiento, gracias a un tubo de calefacción basado en grafeno.
La fuerza humana ha fascinado a nuestra especie desde que empezamos a contar historias. Los héroes mitológicos, desde Heracles hasta los gigantes nórdicos, ya reflejaban un deseo muy antiguo: entender hasta dónde puede llegar el cuerpo humano cuando se exprime al máximo. Aquellas narraciones no solo servían como fantasía, sino como metáforas de algo profundamente humano: la búsqueda constante de superación.
Hoy, miles de años después, seguimos sin tener una respuesta definitiva. ¿Hay un límite biológico infranqueable? ¿Podemos seguir aumentando la fuerza humana indefinidamente con entrenamiento, nutrición y tecnología? ¿O existe un punto en el que el cuerpo simplemente dice “hasta aquí”?
El trabajo, desarrollado por investigadores de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) y la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), se ha publicado recientemente en la revista Journal of Archaeological Science. Bajo el nombre de Digital Atlas of the Roman Empire (DARE), el proyecto reúne datos de miles de excavaciones, mapas antiguos, textos clásicos y estudios topográficos, con el objetivo de ofrecer una representación interactiva y precisa de la infraestructura viaria romana, capaz de mostrar cómo se movía, comerciaba y comunicaba una de las civilizaciones más influyentes de la historia.
A más de 600 metros bajo la superficie del océano, donde la luz del sol nunca llega y la presión es suficiente para aplastar un submarino, los científicos han encontrado una nueva especie de tiburón que parece salida de una película de ciencia ficción. Es el tiburón linterna australiano, el primer ejemplar de su tipo descubierto en esas aguas, y un fascinante ejemplo de cómo la vida se abre paso incluso en los rincones más oscuros del planeta.
Durante años, la melatonina ha sido vista como un remedio natural, seguro y casi milagroso para combatir el insomnio. Se vende sin receta en la mayoría de países, se promociona como suplemento alimenticio y millones de personas —incluidos niños— la toman a diario para conciliar el sueño o recuperarse del jet lag. Pero un nuevo estudio presentado en las jornadas de la Asociación Americana del Corazón ha encendido todas las alarmas: el uso continuado de melatonina podría estar relacionado con un riesgo significativamente mayor de padecer insuficiencia cardíaca.
La ciencia ha vuelto a cruzar una frontera que, hasta hace poco, parecía reservada a la ciencia ficción. En un estudio reciente publicado en la prestigiosa revista ACS Sensors, un grupo de investigadores consiguió cultivar con éxito un diminuto “mini-cerebro” tridimensional en una placa de Petri. Este organoide, desarrollado a partir de células nerviosas humanas, no solo sobrevivió durante dos años en el laboratorio, sino que también se organizó espontáneamente y comenzó a generar impulsos eléctricos, recreando una actividad neuronal sorprendentemente similar a la de un cerebro real.
Durante más de un siglo, el Tyrannosaurus rex ha sido el rey indiscutible del mundo prehistórico: un depredador formidable, símbolo de poder, fuerza y dominio en el Cretácico superior. Sin embargo, en los últimos años, un pequeño fósil ha venido a cuestionar esa soberanía. El Nanotyrannus lancensis —literalmente, “pequeño tirano”— ha dividido a la comunidad científica durante décadas. ¿Estamos ante un dinosaurio completamente distinto, un cazador más ágil y veloz que su primo gigante? ¿O se trata, como muchos afirman, de un simple T. rex adolescente, aún en proceso de alcanzar su tamaño colosal?
En la historia del cine, pocas tecnologías han provocado tanta expectación, miedo y fascinación como la inteligencia artificial. Lo que comenzó como una herramienta para agilizar procesos técnicos se ha convertido en un auténtico catalizador de cambio que está reconfigurando la manera de escribir, filmar, editar y distribuir historias. Desde los primeros experimentos con guiones generados por máquinas hasta la creación de actores digitales que parecen de carne y hueso, el impacto de la IA ya es innegable. Pero la pregunta es inevitable: ¿cómo será el cine dentro de una década? ¿Existirán aún los directores y guionistas humanos? ¿Serán los actores reemplazados por réplicas digitales? ¿Y qué papel tendrá el espectador, cuando la tecnología sea capaz de adaptar una historia a sus emociones en tiempo real?
Durante mucho tiempo se creyó que ganar masa muscular después de los 40 era una batalla perdida, un proceso fisiológicamente imposible o, al menos, extremadamente limitado. Sin embargo, la ciencia moderna del ejercicio, la nutrición y la endocrinología ha desmentido de forma contundente esa idea. Hoy sabemos que sí es posible aumentar el músculo más allá de los 40 años, siempre que se combine un plan estructurado de entrenamiento de fuerza, una nutrición adecuada y una gestión inteligente del descanso y la recuperación.
El dinero está tan presente en nuestras vidas que raramente nos detenemos a reflexionar sobre su origen. Pagamos el café, el transporte o la vivienda con naturalidad, sin pensar que ese papel, metal o número en una pantalla representa uno de los inventos más revolucionarios de la historia humana. El dinero no nació de una mente brillante ni de un decreto imperial. Surgió de forma espontánea, a lo largo de miles de años, como una invención colectiva, fruto de la necesidad humana de intercambiar, confiar y organizar la vida social.
Durante siglos, la soledad se consideró una cuestión emocional o social, un sentimiento ligado al aislamiento o la tristeza. Pero en las últimas décadas, la ciencia ha comenzado a revelar algo mucho más profundo: la soledad también tiene efectos físicos reales sobre el cuerpo humano. No se trata solo de una sensación mental, sino de un estado biológico que puede alterar el funcionamiento del corazón, el cerebro e incluso de nuestro sistema inmunitario.
Vivimos en una época paradójica. Nunca hemos estado tan conectados tecnológicamente, y sin embargo, nunca nos hemos sentido tan solos. Según la Organización Mundial de la Salud, la soledad es ya considerada una “epidemia global silenciosa”. Y la razón es que el aislamiento social no solo afecta la mente: reconfigura la biología.
Silvio Garattini tiene 96 años, sigue trabajando cada día y no toma ninguna medicina. Este oncólogo y farmacólogo italiano, fundador del Instituto Mario Negri de Milán, se ha convertido en un símbolo de longevidad activa, coherencia y sabiduría científica. Su secreto, lejos de fórmulas milagrosas o suplementos de moda, es tan simple como contundente: comer menos, moverse más y mantener viva la curiosidad. Pero detrás de esa aparente simplicidad hay una filosofía de vida profundamente humana y racional, que desafía las costumbres del siglo XXI.
El ajo ha acompañado a la humanidad desde los albores de la civilización. En el Antiguo Egipto, los constructores de las pirámides lo comían para ganar fuerza y resistencia; en Grecia, los atletas olímpicos lo tomaban antes de competir; y durante siglos, ha sido considerado un remedio natural para casi todo. Hoy, la ciencia moderna confirma lo que la sabiduría popular siempre sospechó: el ajo no solo da sabor a nuestros platos, sino que transforma el cuerpo desde dentro.
























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