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En las manos de Dios
En las manos de Dios
Author: Israel Meza
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© Israel Meza
Description
Somos un podcast enfocado en dar a conocer la palabra de Dios a través de reflexiones, devocionales y oraciones inspiradas en el amor y misericordia de nuestro creador, junto con versículos bíblicos que te pueden ayudar a encontrarte con nuestro maravilloso padre celestial, contenido creado con mucho cariño para un público especial.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Te invito cordialmente a seguirme en redes sociales como: @israelmezav
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Hay momentos en los que el alma se queda suspendida en una pausa interior, como si el tiempo se detuviera dentro de nosotros. No por falta de fe, sino por la intensidad de lo vivido. El corazón quiere hablar, pero las palabras se disuelven antes de llegar a la boca. Se quedan atrapadas en un nudo emocional, entre pensamientos que se cruzan como ráfagas de viento, entre emociones que no se dejan nombrar. Y en ese silencio, que a veces parece vacío, comienza una forma distinta de oración.Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Experimentar la alegría de Dios es aprender a mirar la vida con una profundidad distinta. Es reconocer que incluso en los días grises hay destellos de gracia, pequeñas señales que nos recuerdan que somos sostenidos, acompañados y amados. A veces la alegría llega como un susurro que calma, otras como un impulso que renueva, y otras como una certeza silenciosa que nos abraza desde dentro. No se trata de negar las dificultades, sino de descubrir que, aun en ellas, Dios sigue sembrando esperanza. Cuando abrimos el corazón a esa realidad, la vida adquiere un ritmo más suave, más humano, más lleno de propósito.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Hay momentos en los que el alma siente que ha llegado al límite, como si ciertos capítulos de nuestra historia se hubieran cerrado para siempre y ya no hubiera forma de recuperarlos. Caminamos con la sensación de que lo que dejamos atrás —una oportunidad, una relación, un sueño, una versión de nosotros mismos— se ha perdido sin remedio. Pero cuando levantamos la mirada hacia Dios, descubrimos que Él no observa nuestra vida desde la perspectiva de la pérdida, sino desde la eternidad. Él no se queda atrapado en lo que fue; Él ve lo que puede ser.Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
El gozo de la salvación no depende de las circunstancias, ni de los logros, ni de la estabilidad emocional. Es un gozo que nace de saber que nuestra historia tiene un antes y un después, que ya no caminamos solos, que nuestra vida tiene un rumbo eterno y un propósito divino. Es un gozo que brota incluso en medio de las pruebas, porque no está anclado en lo que vemos, sino en lo que Dios ha hecho y sigue haciendo en nosotros. Cuando recordamos de dónde nos sacó, hacia dónde nos lleva y quién camina a nuestro lado, el alma se llena de una alegría que no se puede explicar con palabras, pero que se siente como un fuego suave que ilumina desde adentro.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
La consagración diaria no se trata de perfección, sino de disposición. Es despertar con la conciencia de que no caminamos solos, de que cada decisión, cada palabra y cada pensamiento pueden convertirse en una oportunidad para reflejar la presencia de Dios en lo cotidiano. Es elegir, una y otra vez, rendir nuestras cargas, nuestros temores y nuestras expectativas, para abrazar la paz que solo surge cuando confiamos plenamente en Él. En esa entrega constante descubrimos que la gracia no es un evento aislado, sino un flujo continuo que nos sostiene y nos transforma.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
La transformación que el Espíritu Santo produce no es un cambio superficial ni pasajero. Es un proceso profundo, íntimo, que toca lo que somos en lo más hondo. A veces comienza con una inquietud, otras con un susurro de esperanza, y otras con una luz que se enciende en medio de nuestra oscuridad. Pero siempre nace del amor de Dios que desea renovarnos desde adentro.Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Orar sin palabras no es fallar en la oración; es entrar en un espacio más profundo de intimidad con Dios. Es permitir que Él lea lo que no podemos decir, que escuche lo que no sabemos expresar, que abrace lo que no logramos ordenar. En esos momentos, la oración deja de ser un discurso y se convierte en un acto de entrega. Un suspiro, una lágrima, un pensamiento que apenas se forma… todo eso también es oración. Porque Dios no necesita frases perfectas; necesita corazones sinceros. Y a veces, la sinceridad más pura es el silencio que brota cuando ya no podemos más.Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
La crisis tiene la capacidad de desnudar nuestras certezas, de mostrarnos lo que no controlamos, de confrontarnos con nuestra fragilidad. Pero también tiene el poder de llevarnos a un encuentro más profundo con Dios. Porque cuando todo alrededor se mueve, descubrimos que Él es el único que permanece. La fe en tiempos de crisis no es una fe que ignora el dolor, sino una fe que se atreve a confiar en medio de él. Es una fe que no niega la realidad, pero tampoco se rinde ante ella. Es una fe que aprende a descansar en la presencia de Dios aun cuando no entiende el proceso.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Hoy te invito a detenerte, a respirar, a mirar hacia adentro. A reconocer con humildad dónde has estado buscando la felicidad y a permitir que Dios te muestre un camino más profundo, más estable, más real. Una felicidad que no depende de lo que tienes, sino de quién te acompaña. Una felicidad que no se apaga con las tormentas, porque nace de una fuente que nunca se seca. Una felicidad que no se compra, no se negocia y no se pierde, porque está anclada en el amor de Aquel que te creó. Bienvenido a este espacio. Hoy abrimos el corazón para descubrir juntos dónde se encuentra la felicidad que realmente transforma.Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
El mundo nos ofrece una paz frágil, una paz que depende de que todo esté en orden, de que nada cambie, de que las circunstancias se mantengan bajo control. Es una paz que se sostiene mientras no haya malas noticias, mientras no haya pérdidas, mientras no haya incertidumbre. Pero en cuanto algo se mueve, esa paz se quiebra como vidrio delgado. Sin embargo, la Palabra nos recuerda que existe una paz diferente, una paz que no nace de lo externo, sino de lo eterno.Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Vivimos en un mundo que intenta definirnos desde afuera: por lo que hacemos, por lo que tenemos, por lo que otros opinan, por los resultados que alcanzamos o por los errores que cometemos. Cada día, sin darnos cuenta, absorbemos mensajes que buscan moldear nuestra identidad según estándares humanos que cambian constantemente. Pero cuando nos detenemos y miramos hacia adentro, descubrimos que ninguna de esas voces tiene la autoridad para decir quiénes somos realmente. La Palabra nos recuerda que nuestra identidad no nace del ruido del mundo, sino del corazón de Dios.Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Hay instantes en la vida en los que, sin darnos cuenta, dejamos de vivir y comenzamos simplemente a sobrevivir. Seguimos moviéndonos, seguimos cumpliendo responsabilidades, seguimos avanzando en apariencia… pero por dentro algo se apaga. La rutina se vuelve pesada, los días se sienten iguales, y el corazón empieza a funcionar en modo automático. Sobrevivir es respirar sin sentir, caminar sin propósito, avanzar sin dirección. Es vivir desde la obligación y no desde la plenitud. Y aunque desde afuera todo parezca normal, por dentro sabemos que algo falta, que algo se ha ido desgastando, que algo necesita despertar.
Vivir, en cambio, es otra cosa. Vivir es tener el alma despierta, es sentir que cada día tiene un sentido, es experimentar la paz incluso en medio de las tormentas. Vivir es caminar con propósito, con intención, con esperanza.Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
El resentimiento promete protección, pero en realidad encierra. Promete justicia, pero en realidad desgasta. Promete fuerza, pero en realidad debilita. Nos convence de que aferrarnos al dolor nos mantiene a salvo, cuando en realidad nos mantiene atrapados. Y lo más profundo es que, mientras guardamos resentimiento, la herida que lo originó sigue abierta. No sana, no se transforma, no se libera. El resentimiento no es un castigo para quien nos hirió; es una prisión para nosotros mismos. Y aunque a veces creemos que soltarlo es injusto, que perdonar es rendirse, que dejar ir es perder, la verdad es que el alma solo puede respirar cuando se libera de aquello que la aprisiona.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Cuando Dios toca la puerta, no lo hace para irrumpir ni para forzar. Él no empuja, no invade, no exige. Él espera. Espera a que el corazón se aquiete, a que la voluntad se abra, a que la vida haga espacio. Su toque es un acto de amor, un recordatorio de que Él sigue presente incluso cuando nosotros nos hemos alejado. A veces ese toque se manifiesta como una inquietud interior, como una necesidad de cambio, como un deseo de volver a lo esencial. Otras veces se presenta como una oportunidad inesperada, una conversación que nos mueve, una palabra que nos despierta. Dios toca la puerta de muchas maneras, pero siempre con la misma ternura.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Andar por el camino estrecho no significa vivir una vida sin luchas, sino aprender a caminar con propósito en medio de ellas. Significa reconocer que cada paso tiene un peso espiritual, que cada decisión abre o cierra puertas, que cada pensamiento puede acercarnos o alejarnos de la voz de Dios. Es un camino donde la fe se vuelve más que una palabra; se convierte en una brújula. Donde la esperanza no es un concepto; es un ancla. Donde el amor no es un sentimiento pasajero; es la fuerza que sostiene. En este camino, Dios no nos pide velocidad, nos pide constancia. No nos exige perfección, nos pide sinceridad. No nos llama a ser fuertes por nosotros mismos, sino a aprender a depender de Él en cada tramo del recorrido.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Intentar engañar a Dios no es un acto de maldad; muchas veces es un acto de miedo. Miedo a ser vistos tal como somos. Miedo a que nuestras fallas sean demasiado grandes, a que nuestras dudas sean demasiado profundas, a que nuestras heridas sean demasiado antiguas. Pensamos que si mostramos solo lo “correcto”, Dios nos aceptará más fácilmente. Pero la verdad es que Dios no se relaciona con la versión que fingimos ser; Él se relaciona con la persona real que somos. Con nuestras luces y nuestras sombras, con nuestras fortalezas y nuestras fragilidades, con nuestros aciertos y nuestros errores. Él no se escandaliza por nuestra verdad; la abraza. No se sorprende por nuestras luchas; las comprende. No se aleja de nuestras caídas; se acerca para levantarnos.Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
A veces pensamos que las bendiciones son solo cosas extraordinarias, momentos de celebración o respuestas inmediatas. Pero Dios también nos bendice en lo cotidiano: en la fuerza para levantarnos, en la paz que nos sostiene, en la esperanza que vuelve cuando creíamos haberla perdido. Nos bendice en las personas que nos acompañan, en las oportunidades que se abren, en las puertas que se cierran para protegernos, en los procesos que nos transforman. Recibir Sus bendiciones es abrir los ojos del corazón para ver más allá de lo evidente, para reconocer que incluso en los días difíciles, Él sigue siendo generoso. Es comprender que Su amor no se mide por lo que tenemos, sino por lo que Él hace dentro de nosotros.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Cuando miramos nuestra historia con honestidad, descubrimos que muchas de nuestras mayores transformaciones nacieron en momentos de quiebre. No fueron los días fáciles los que nos hicieron crecer, sino aquellos en los que tuvimos que detenernos, respirar y reconocer que no podíamos seguir solos. En la derrota aprendemos humildad, dependencia, sensibilidad. Aprendemos a escuchar la voz de Dios con más claridad, porque el ruido de nuestras propias fuerzas se apaga. Aprendemos a soltar lo que no nos sirve, a dejar ir lo que nos ata, a confiar en que Dios puede levantar algo hermoso incluso de las ruinas.Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
hay hábitos que se van formando en silencio, casi sin que nos demos cuenta. Se deslizan entre nuestros días como pequeñas grietas que parecen inofensivas, pero que con el tiempo comienzan a debilitar nuestra paz interior. A veces nacen del cansancio, otras del miedo, otras de heridas que nunca terminamos de mirar de frente. Y sin darnos cuenta, esos hábitos empiezan a moldear nuestra manera de pensar, de sentir, de reaccionar. Nos roban la calma, nos desconectan de nuestra esencia y nos alejan de la vida plena que Dios desea para nosotros.Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
El estancamiento espiritual suele aparecer cuando la rutina se vuelve más fuerte que la intención, cuando hacemos las cosas “por inercia” y no por convicción, o cuando las cargas emocionales nos pesan más de lo que admitimos. Pero incluso ahí, en ese aparente silencio interior, Dios sigue presente. Él no se aleja cuando nos sentimos secos; al contrario, se acerca con una ternura que no siempre percibimos. Estos momentos pueden convertirse en un terreno fértil para la transformación, porque nos obligan a detenernos, a reevaluar, a soltar lo que ya no nutre y a abrir espacio para lo que sí.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.























