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Escríbeme pronto
Escríbeme pronto
Author: Jennifer McNamara
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© Jennifer Mc Namara
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¿Necesitas desconectarte de la ajetreada vida diaria? Siéntate: con mini-reseñas, un cuento y una reflexión sobre temas actuales podrás tomar aire más a gusto. Cortesía de una escritora que ama las malas ideas.
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¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón👆🏼Querida persona que me lee:Si es la primera vez que llegas por aquí, o la primera vez que me lees en siglos, ¡qué gusto!A mí sí me parecieron siglos este par de semanas que me tomé de vacaciones de escritura. Pero traigo nuevos bríos porque es Año Nuevo. Ya sé. Soy un cliché andando. ¿Por qué será que la sociedad y el mundo entero nos piden que en enero tengamos energía renovada y miles de propósitos para cada nueva vuelta al Sol?A propósito de los propósitos y del año que ya va en su segunda semana, te dejo el menú de hoy:🔮 Un producto para que tus propósitos se hagan realidad📕 Un libro para que te lo apuntes en tu lista de lecturas de este año🖊️ Un cuento sobre un ser que rompe corazones💭 Una reflexión sobre cómo iniciar el año de buenasSi llevas suficiente tiempo leyéndome sabes que soy la señorita de las agendas. Cada vez que me topo una decente, la recomiendo. Además, hace un par de años que la fabulosa agenda de Rock Design ya no se produce y tuve que buscar nuevas opciones.En 2025 encontré una que me funcionó tanto que era imposible no usarla en 2026. Se llama Clever Fox.Es una agenda para cumplir sueños. No contiene la clásica técnica de “A ver, pon tus objetivos en SMART (objetivos específicos, medibles, realizables, factibles y en un tiempo concreto)”; sino que va más allá. Pones tus objetivos en varias áreas de 2026, los desglosas por trimestre y finalmente los granulas por mes.Su gran bondad es que empieza con preguntas sobre ti que te ayudarán a conocerte y delinear dichos objetivos. Y claro, es más fácil conseguir algo cuando está repartido en cosillas más chiquitas.Ten cuidado de comprar la edición correcta, porque hay algunas versiones que no tienen todos los aditamentos. También el tamaño es importante; este año la pituficagué, compré A5 en vez de A4 y ahora tendré un libro con más espacio (pero trae más secciones).La consigues en este enlace de Amazon o su página oficial.Durante el siglo pasado, hasta los años ochenta, en varios países era común que cuando una adolescente se embarazaba la llevaban a un internado con otras embarazadas para que diera a luz y regresara a su vida normal como si nada hubiera pasado. Al bebé lo daban en adopción.¿No te parece un escenario terrorífico?Empecé el año con un librazo. Su autor, Grady Hendrix, ya lo tengo considerado como uno de mis favoritos por su habilidad para mezclar terror con comedia.En Brujería para chicas descarriadas (Witchcraft for Wayward Girls), seguimos a Fern en 1971, una chica de 15 años que está embarazada y que tiene que sobrevivir en una casa con otras en su condición en Florida. Todas son juzgadas casi que de prostitutas por “haber abierto las piernas antes de tiempo”.Y en algún punto ella y sus amigas se topan con algo de brujería.Sigo anonadada de que Hendrix se haya aproximado a un tema tan difícil, que sea capaz de meterle algunos tintes de terror, de magia, de comedia y que me haya llevado a las lágrimas con el final. Aplausos muchos. Un must para el 2026.Lo puedes conseguir en pasta dura en español en este enlace y en inglés, que es la versión que leí, con este link.Queridísimo mío:La única manera en que me vas a poder entender es a golpes de letra. Voy a caer en los clichés. Te fuiste sin decirme adiós. O tal vez sí lo dijiste y no te quise escuchar.Te llevaste mis anhelos, mis suspiros. Yo que te dediqué cada una de mis noches, escuchándote hasta altas horas de la madrugada. Yo que te dedicaba mis días, viéndote a escondidas. Entre pasillos de oficina, escapando de reuniones familiares sin sentido porque en ti yo encontraba el mío.Tus palabras pusieron mi vida en juego y mis creencias en jaque. Me encantaba. Me encantaba perderme en tus decires y en tus silencios.Mis dedos, que te recorrieron todo: de principio a fin, por delante y por detrás, te extrañan. Yo, que cabalgué en tu lomo y te regalé todo lo que soy ahora estoy sola.He tratado de volver a ti y nada funciona. Es como si no hubiera nada más. ¡Y es que quizá no lo haya, amor divino! Tal vez el secreto es dejarte ir, que otras manos te toquen, que otros ojos te miren, que alguien más te disfrute y te haga suyo.Quizá el truco es esperar a otra estación. A otra era en la que recuperar lo nuestro.¿Algún día me dejarás aspirar tu aroma como cuando lo hice por primera vez? Me enamoraste por el olfato primero. ¿Será que para entonces tu presencia me resuene de otro modo? No lo sé. Quisiera que sí. Que lo nuestro pueda repetirse, pues estoy segura de que ya no somos más.Por eso te digo, te grito:¡Maldita la tarde en que te leí la última palabra y el punto final, libro de mierda!¿Se me nota que estoy empezando el año muy de buenas? La verdad es que recibí un grandísimo regalo de Navidad pero sólo te podré contar de él hasta febrero.Sí, sí es una estrategia de cliffhanger para que te quedes conmigo hasta entonces y más allá.El secreto para que los propósitos no se te vayan al carajo no es tan secreto. Hay que formar hábitos y no todo se puede empezar en enero. La idea es incentivar comportamientos, no que todo se base en la fuerza de voluntad (que sí es importante para cualquier meta, eh). Pero es más fácil que la fuerza de voluntad funcione cuando el escenario es correcto y cuando tenemos cómplices al lado. Espero poder contarme entre los tuyos este fabuloso 2026.¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.Con cariño libre de cosas malvibrosas,J. McNamara, aka Geeknifer.Puedes ponerte en contacto conmigo por Instagram.Escucha esta newsletter en Spotify, Apple Podcasts y YouTube. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit geeknifer.substack.com
¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón👆🏼Diciembre es un buen mes para reflexionar sobre cómo somos: ¿te has dado cuenta de que vivimos en mundos paralelos que nosotros mismos inventamos?El otro día, en mi trabajo bancario, escuché a un ser humano decir que “no era de esas personas que hacen fila”. Me quedé pensando en que: Uno, a veces no hay elección. Y dos, todos tenemos nuestra propia mitología personal, ¿no? Como si fuéramos protagonistas de una épica que nadie más lee.Hace poco, por ejemplo, reparé en lo mucho que detesto los karaokes. Hay gente a la que le parece el Olimpo y a mí en cambio me parece una gran manera de descender al séptimo círculo del infierno. Ruido, desconocidos borrachos y música que, en términos generales, no es lo mío.O sea, construimos nuestros propios panteones: ese amigo que siempre tiene la respuesta correcta es nuestro oráculo particular, la tía que cocina es la diosa de la abundancia, el némesis de tu vida es el dios de la guerra.Creamos rituales (el café antes de hablar con humanos), territorios sagrados (mi escritorio, no negociable) y hasta nuestras propias profecías autocumplidas (“Los miércoles son hermosos” y mágicamente lo son).Por eso, para seguir hablando de esto, en el menú de hoy hay:🔮 Un producto para cartografiar tu universo personal🎵 Una rolita que fusiona mundos como tú fusionas realidades🖊️ Un cuento con un disparador difícil💭 Una reflexión sobre los mitos que nos contamosLos Rolling Stones eran unos genios. ¿Pero qué pasa si tomas esa base y le pones algo más “dark”? Pues algo de metal sinfónico secuestró a los Stones para llevarlos a terapia gótica. Morten Veland (de Sirenia y Mortemia) y Kristin Starkey (Temperance, Twilight Force) tomaron el clásico de 1966 y le inyectaron oscuridad.Kristin Starkey, que además de cantante de metal es doctora en música y profesora de ópera, le da a la canción esa cualidad de lamento épico que necesitaba.Me encantan los covers porque reinventan la música. Este cover recuerda que toda mitología puede ser reinterpretada. Los Stones la hicieron sobre Vietnam y depresión; Mortemia la convierte en un himno gótico sobre transformación. Es la prueba de que puedes tomar cualquier narrativa y pintarla del color que necesites para tu propio mundo.Un mapa de la fantasía. De nuestras fantasías colectivas como humanidad. Eso es Storyterra. Es el globo pero en donde descubres novelas ambientadas en Japón o videojuegos vikingos.Storyterra tiene más de cien mil títulos con anotaciones sobre sus periodos narrativos y ubicaciones reales. Puedes explorar por historia o tal cual por locación.Puedes darte una vuelta por los lugares de las ficciones del mundo en Storyterra con este enlace.Esto es parte del reto “Escribe antes de Navidad”, en el que puedes participar. El disparador era “Abre un libro al azar (o una canción), toma la primera oración de la página y úsala como inicio de tu historia”El parque de los ciervos (de Norman Mailer)Lulu, después de haberse empeñado en mantener en secreto nuestras relaciones, un buen día cambió de parecer y se sentó en mis rodillas en la piscina del Yacht Club.Brandon nos miró con los ojos como platos. De hecho, detuvo su lectura; o, más bien, su aparente lectura en el camastro para vernos ya sin ninguna discreción.Lulu me dio a comer la aceituna de su martini. Yo me la tragué de puro orgullo, porque odiaba las aceitunas. Pero por fin tenía sobre mí, a plena luz del día, las piernas que por las noches eran mi delirio.Blanca se acercó a la orilla de la alberca, como ella prefería llamarle, y nos vio divertida. En ese instante entendí que los secretos no existían entre mujeres. O al menos, no entre estas mujeres.Brandon cambió la sorpresa por la evidente molestia. Se levantó de su camastro alegando que iba al baño, pero se llevó el libro. Hasta entonces sólo se lo llevaba cuando decía que iba al cuarto. Que igual y sí leía el volumen mientras usaba el WC, pero prefería decir que iba a reposar a sus aposentos.Lulu lo vio irse entre defraudada y orgullosa. A mí me parecía como un maquiavélico gato o una orca que jugaba con sus presas: tanto con Brandon como conmigo. Haberse colocado sobre mí era una declaración: “Te elijo a ti”.Yo no era estúpido. Había visto cómo Lulu usaba de confidente a Brandon, pidiendo que la acompañara de aquí para allá. Y el muy imbécil ahí iba detrás de ella. A mí me miraba siempre de reojo. Aunque sabía que me miraba sólo a mí. ¿Cuál sería mi encanto en su cabeza? Después de todo, con Brandon hablaba de un montón de cosas. Filosofía, sobre todo. Ya mucho conversaban del fin del mundo y de lo que pasaba al morir.Supe que me deseaba desde la noche en que salimos todos por primera vez. Con un martini en la mano, se despreocupó por el recato y se quedó viéndome. Le hice un mohín. Ella sonrió y yo lo hice de vuelta.El encuentro que lo selló todo fue otra fiesta similar, en la que acabamos solos en una mesa; Brandon había sido llamado por su jefe. Saqué a bailar a Lulu. Eso fue mi perdición.Nos veíamos a horas y deshoras. Yo entonces todavía la miraba a la distancia mientras hablaba con Brandon riéndose a carcajadas desaforadas, escandalosas… hasta frenéticas, para ser honesto.Ahí, con sus piernas hirviendo sobre mí, clamé por Brandon en mi cabeza. Hasta ese momento lo supe: Lulu me parecía insoportable.Todos somos cartógrafos de territorios invisibles. Dibujamos fronteras que solo nosotros vemos: “Aquí empieza la zona donde no hablo de mis sentimientos”, “Este es el perímetro de gente con quien hablo de mis preocupaciones”, “Más allá está el dragón de las conversaciones incómodas con mi familia”.Creamos bestiarios personales poblados de jefes-ogros y parejas-sirenas que nos cantan canciones peligrosas. Inventamos misiones épicas (sobrevivir a la cena navideña) y side-quests (encontrar un buen regalo con 50 pesos). Somos el héroe, el narrador y a veces el villano de nuestra propia historia.Yo prefiero ser mi antiheroína.Creemos que todos viven en nuestro mundo, pero no. Tu mejor amiga está viviendo en una comedia romántica, tu jefe en una distopía corporativa, y tu mamá en el realismo mágico donde los tuppers desaparecidos van a un limbo del que nunca regresan. Y de alguna manera, todos estos mundos coexisten, se traslapan, chocan y a veces, solo a veces, se sincronizan lo suficiente para crear esos momentos de conexión genuina que justifican todo este teatro cósmico que es la vida.Quizá la magia no está en que nuestra mitología sea real, sino en que es nuestra.¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.Con cariño libre de cosas Grinch,J. McNamara, aka Geeknifer.Puedes ponerte en contacto conmigo por Instagram.Escucha esta newsletter en Spotify, Apple Podcasts y YouTube. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit geeknifer.substack.com
¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón👆🏼Querida persona que me lee:Estamos en la delgada línea entre noviembre y diciembre. Lo cual se presta para hacer una mezcla entre Día de muertos y Navidad. Porque, por regla general, yo no canto villancicos sino hasta el primero de diciembre.Lo que ya hice, en un impulso de oferta, fue comprarme un árbol, y ayer estaba revisando los adornos con los que cuento. Entre luces enredadas (¿cómo le hace la entropía para enredar un cable guardado?), también di con juguetes para gato… que espero que me sirvan antes de que mis mercenarios peludos decidan acabar con la planta navideña.Los últimos días de noviembre huelen a buen ambiente para que las brujas hagan hechizos. El aire huele a transformación: a hoguera literal y metafórica. A la urgencia de crear antes de que el año nos abandone. Por eso traigo cosas bastante lindas en esta edición.En el menú de hoy hay:* Un libro para reapreciar la paz 📚* Dos discos que algo tienen que ver con magia 🎵* Un reto escritural disfrazado de calendario de adviento 💡* Un cuento de ese reto, que trata sobre un elevador 🖊️* Una reflexión sobre los destellos creativos de temporada 💭A veces leo por obligación. Por salir de mi zona de confort. Pero para este fin de año dije: Basta. Tomaré uno de los libros que tengo por ahí que en serio se me antojen.Se me antojaba transportarme a Medio Oriente. De la mano de Muhsin Al-Ramli llegué a conocer a tres amigos iraquíes; quienes, aunque siempre estuvieron juntos en la infancia, la vida y la guerra se hicieron cargo de apartar. Es una grandísima crítica a Saddam Hussein sin nombrarlo jamás.Los jardines del presidente empieza fuerte. Con la cabeza de uno de estos amigos en una caja de plátanos. No, en el pueblo donde sucede esto no hay platanares. Claro que no todo es tragedia, también hay historias de amor, hay descendencia, vida y la novela tiene varios pasajes que parecen sacados de cuento.Al-Ramli se encargó de que pusiera pies en polvorosa para este fin de año. Mientras nos debatimos si comprar árbol natural o artificial, hay jardines reales siendo irrigados… con sangre real. Feliz Navidad.Lo puedes conseguir en Amazon en este link.Más bien, un par de álbumes.Este otoño, dos bandas femeninas nos regalaron disco. Por un lado, Florence + The Machine lanzó Everybody Scream, nacido literalmente de las entrañas del dolor físico. Florence Welch casi muere en el escenario tras tener un embarazo ectópico, que condujo a un aborto natural. Tenía una trompa de Falopio rota antes de subir al escenario y cantó sin saber que tenía una cantidad de sangre en el abdomen equivalente a una lata de Coca-Cola.Diez días después estaba cantando de nuevo como si su vida dependiera de ello. Porque tal vez sí dependía.Las versiones de cámara (chamber versions) son particularmente increíbles. El disco huele a tierra húmeda, sabe a hierbas amargas, y suena como si las brujas de Salem hubieran tenido acceso a sintetizadores.El disco además habla sobre el sexismo, sobre sus experiencias recientes y sí, sobre un poco de hechicería.Mientras, The Last Dinner Party nos da “Desde la pira” From the Pyre; esto es lo que pasaría si Juana de Arco hubiera formado una banda de rock con las hermanas Brontë. Estos cinco seres (todas mujeres y personas no binarias) tomaron la hoguera medieval y la convirtieron en pista de baile. Con “Rifle”, por ejemplo, no sabes si quieres llorar o quemar algo… metafóricamente, claro, no promuevo la piromanía.Ambos discos abrazan la brujería desde ángulos distintos: Florence desde el ritual de sanación, Last Dinner Party desde la pira como renacimiento. Ambos disponibles en Spotify para tu aquelarre personal de camino al trabajo.Si te has estado perdiendo mi contenido de los últimos días en Instagram o Substack, te lo anuncio en este correo hoy. Estoy en un reto de escritura llamado Escribe antes de Navidad. Un calendario de adviento escritural para escritores y no escritores.Comenzamos apenas el lunes (24 de noviembre). Puedes revisar los prompts o disparadores para que escribas en mi post del sábado. Y te puedes apuntar en este formulario si además quieres revisar en donde compartir tus escritos con algunos tips de escritura e inspiración en correos adicionales.Piensa este reto como cajitas numeradas para que, en vez de encontrar un dulce, descubras u pretexto para armar una historia.Escribe una historia que tenga lugar completamente dentro de un elevador atascado:El elevadorVivir en el piso más alto me daba las vistas más hermosas de la ciudad. Pero también significaba pasar más tiempo en el elevador.En el 20, se subió una familia que me puso incómoda. El papá tenía cara de congoja, la madre lloraba y la niña veía hacia abajo. Estaban los tres vestidos de negro.En el 17, se subió el vecino y el único perro que odiaba en el edificio: un bulldog que apestaba. Siempre me pregunté si su dueño era consciente del olor. A veces, por deporte, me preguntaba a qué olería su departamento.En el 16 entró un hombre trajeado que pegaba gritos en el teléfono con quien parecía ser su asistente.En el 15 entró un chico muy delgado con una transportadora. No se alcanzaba a ver el animal que había dentro, salvo por algunos pelillos pardos.Y en el 14, el elevador se detuvo. Las puertas no se abrieron.Decidí romper el silencio.—¿No podría apretar alguien el botón de apertura de puertas?Fue la niña del vestido negro quien alcanzó el botón… equivocado, porque apretó el de cerrar puertas. Obviamente no produjo nada.El hombre del teléfono dio dos pasos para alcanzar el botón correcto.—¡Ya sé que no me oyes bien! Vengo en un elevador. Ash.De todos modos, tampoco pasó nada y el dueño del bulldog acabó por avanzar y tocar el botón de alarma. En vez del de SOS. Esto provocó un sonido infernal que puso a la niña a llorar, al bulldog a aúllar lastimeramente y al gato, ¡era un gato!, a bufar desde la transportadora.Abriéndome paso entre la pequeña multitud, toqué el botón de SOS, que detuvo la alarma y activó el interfón. Nos pidieron guardar la calma, no hacer movimientos bruscos y no tratar de solucionar el problema. Que alguien venía para acá.—Oiga, su perro huele horrible —decidió romper el silencio mi amigo enojado del teléfono.—Sí huele bien feo —dijo la niña sorbiéndose los mocos.Su papá le hizo una seña para que guardara silencio.—Es que tiene un problema renal. —Pobre —dijo el dueño del gato.Me sentí un poco mal. Sólo un poco.—¿Morirá pronto? —pregunto la mamá de la niña, quien lloró todavía más fuerte.—Eh… no lo sé. Espero que no —contestó el vecino bulldog, tenso.—Es que nos dijeron que un familiar acaba de fallecer —explicó el marido.—Lamento su pérdida. ¿Sabe? Yo trabajo en una funeraria, le dejo mi tarjeta —dijo seguro el hombre del teléfono.El papá de la niña agradeció mientras la pequeña veía al techo, como si esperara a alguien.—¿Tú llevas al gato al veterinario? —le pregunté al hombre delgado.—Sí. Aunque espero que no sea por algo tan cercano a la muerte.No sé con qué tono habrá dicho esto, pero el elevador rió entero, salvo la niña.Comprobé que las situaciones tensas podían también ponernos en modo vulnerable. Cada uno nos fuimos sentando y para matar el silencio nos pusimos a hablar de nuestros muertos más recientes. Un primo. Un hermano. Un amigo. El mío sí había sido un gato. El chico delgado me pasó una mano por los hombros y me abrazó. Fue lindo, fue natural.La niña viendo al cielo tenía razón, porque no pasó mucho tiempo para que abrieran el techo para sacarnos con una escalera.Mientras esperaba mi turno y veía la maniobra para cargar al bulldog, hice una mueca. Vivir en el piso más alto, al parecer, también traía aventuras incluidas. Traía la posibilidad de pensar que la muerte era menos tenebrosa cuando la vida se detenía por una causa mecánica.La creatividad no hiberna, solo cambia de atuendo según la estación. En primavera se viste de flores y renovación. En verano, de aventuras y sudor; nota aparte, he descubierto que soy bastante mala para crear en verano. En otoño, nuestra parte artística es nostalgia prematura. Pero en invierno la creatividad se pone su mejor atuendo de bruja, se envuelve en mantas que huelen a canela y decide que es momento de los rituales más profundos.No es coincidencia que tantas personas, incluyéndome, sientan el impulso de crear cuando los días se acortan. Es como si la oscuridad temprana nos recordara que el tiempo es finito, que el año se acaba, que si no escribimos esa historia, pintamos ese cuadro, o componemos esa canción ahora… tal vez nunca lo haremos.El final del año es una pira donde quemamos lo que no funcionó, pero también donde forjamos lo nuevo. Cada destello creativo es una chispa que dice: “Todavía estás viva, todavía puedes transformar, todavía hay tiempo”. Y lo hay. Siempre hay tiempo para honrar ese lado humano que insiste en crear belleza donde antes no había nada. Aunque sea diciembre. Aunque estés cansada o cansado. Aunque las luces navideñas sigan enredadas.La mera verdad: tu creatividad no necesita permiso ni temporada oficial. Solo necesita que le digas que sí cuando toque a tu puerta, vestida de bruja, de santa, o de lo que le dé la gana. Porque al final, crear es el acto más humano y más mágico que podemos hacer. Es nuestra pequeña hoguera personal contra la oscuridad.¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.Con cariño libre de cosas Grinch,J. McNamara, aka Geeknifer.Puedes ponerte en contacto conmigo por Instagram.Escucha esta newsletter en Spotify, Apple Podcasts y YouTube. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit geeknifer.substack.com
¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón👆🏼Querida persona que me lee:Esta es una edición especial del newsletter. Que te llega en un día extraño a horas extrañas.Si me has leído durante más de un año, sabes que la Navidad me gusta. Palabras más, palabras menos, me gusta porque me da la oportunidad de decir “te quiero” sin tener que decirlo. Los regalos, los actos de servicio, las cartas aleatorias, como estas, son ejemplo de ello.Por alguna razón, también es para mí una época de gran creatividad. Aunque en realidad me encanta el sol y el calor, sospecho que el exceso de estas dos mieles, me provoca escribir menos. La Navidad me remite a refugiarme detrás de un pino frondoso (de plástico, pero frondoso) y escribir en una libreta.Por eso, durante años he tenido el autorreto de escribir diario del 24 de noviembre al 24 (y a veces hasta) 25 de diciembre. Tras dirigir un grupo de El camino del artista, puedo decir que los retos que se completan normalmente involucran más personas.Entonces esta carta es una invitación para gente que escribe asiduamente, para escritores de ocasión pero sobre todo para ti, que nunca has escrito nada por deporte, sólo porque sí.No te preocupes, la idea tampoco es que esto se te haga una lista de tareas por hacer enorme para diciembre. La idea es que ocupes el invierno como un espacio para permitirte ser una persona creativa, signifique lo que signifique.Por ejemplo, en mi caso, escribo en prosa, normalmente 300 palabras y a mano. Me he dado cuenta de que escribir en libreta le da espacio a mi mano para analizar exactamente lo que tengo en la cabeza. Pero quizá lo tuyo es hacer estos ejercicios en verso, haikus, ensayos o lo que se te ocurra.Los prompts son sólo un pretexto. Un prompt de escritura es un motivo, un disparador para escribir. Y en este correo están todos. Pero si quieres recibir los prompts con tachas incluidas y escritos compartidos, te recomiendo rellenar este formulario.24 de noviembre - Día 1: Reescribe un mito (de la mitología que gustes) en un contexto moderno.25 de noviembre - Día 2: Escribe sobre alguien que encuentra un objeto perdido que no es suyo. ¿Qué hace con él?26 de noviembre - Día 3: Escribe una historia que tenga lugar completamente dentro de un elevador atascado.27 de noviembre - Día 4: Usa estas palabras en un poema o historia: espejo, noviembre, promesa y ceniza.28 de noviembre - Día 5: Escribe sobre el último día de algo (un trabajo, una relación, un negocio, una era).29 de noviembre - Día 6: Empieza con: “La carta llegó 20 años tarde…”30 de noviembre - Día 7: Escribe sobre alguien con una habilidad inútil que de repente se vuelve crucial.1 de diciembre - Día 8: Escribe a partir un paisaje sonoro que imagines. Empieza con “un auto circulando sobre grava”.2 de diciembre - Día 9: Una historia de 250 palabras o menos sobre tu libro favorito como si fuera un lugar físico que puedes visitar; puedes usar una película.3 de diciembre - Día 10: Empieza con: “Nadie había tocado el piano en años, pero esa noche…”4 de diciembre - Día 11: Escribe sobre dos extraños que se encuentran durante un apagón en toda la ciudad.5 de diciembre - Día 12: Toma 5 títulos de libros (o canciones) que tengas cerca y crea una historia usando esos títulos como si fueran oraciones.6 de diciembre - Día 13: Escribe una historia de horror psicológico en menos de 300 palabras.7 de diciembre - Día 14: Escribe sobre alguien que regresa a su pueblo natal después de 10 años y nada es como lo recuerda.8 de diciembre - Día 15: Describe un museo del futuro. ¿Qué exhibiciones tiene? ¿Qué artefactos de nuestra época considera importantes?9 de diciembre - Día 16: Abre un libro al azar (o una canción), toma la primera oración de la página y úsala como inicio de tu historia.10 de diciembre - Día 17: Escribe sobre alguien que puede ver 10 segundos en el futuro.11 de diciembre - Día 18: Una historia epistolar (en formato de cartas, mensajes de texto o correos).12 de diciembre - Día 19: Escribe el final de una historia sin escribir el principio ni el medio.13 de diciembre - Día 20: Usa estas palabras: diciembre, laberinto, mentira y faro.14 de diciembre - Día 21: Escribe sobre un reencuentro incómodo en un lugar público.15 de diciembre - Día 22: Escribe una historia desde la perspectiva de un objeto inanimado.16 de diciembre - Día 23: Escribe sobre tu mayor miedo, pero transfórmalo en algo absurdo o cómico.17 de diciembre - Día 24: Describe una tradición familiar que nadie fuera de tu familia entendería.18 de diciembre - Día 25: Escribe una historia sobre alguien que no puede mentir durante 24 horas.19 de diciembre - Día 26: Toma la foto más reciente de tu celular y escribe su historia de origen como si fuera un objeto mágico en una fantasía épica.20 de diciembre - Día 27: Escribe sobre un evento que sale terriblemente mal de manera cómica.21 de diciembre - Día 28: Una historia que tenga lugar durante un viaje en transporte público.22 de diciembre - Día 29: Escribe sobre el fin del mundo, pero desde la perspectiva de alguien que está teniendo el mejor día de su vida.23 de diciembre - Día 30: Escribe una historia o poema sobre lo que significa el hogar (si es en Navidad, mejor).24 de diciembre - Día 31: Día libre (o revisa y edita tu favorito del mes).Te dejo de nuevo el forms¿Es tu primera vez? 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¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón👆🏼Querida persona que me lee:Entre todas mis adicciones, la que más me gusta (y parece ser más sana) es mi adicción a asustarme en ambientes controlados.O sea, soy adicta al cine de terror.Y antes de que me digas que eso de sano tiene lo que yo tengo de cirujana plástica, déjame decirte que el terror es algo de lo más bueno para tu cuerpo. Por ejemplo, estudios recientes revelan que los fans del terror tuvieron más resiliencia durante la pandemia de Covid. Otros artículos sostienen que el terror puede ayudarte a mejorar tu ansiedad.Para mi fortuna, nací en México. Una tierra en donde ya existe una hibridación jalogüinesca con Día de Muertos. Los niños cantan “Queremos calaverita” y, aunque sabemos que existe el “Dulce o truco”, filosóficamente, la distinción que alguna vez Octavio Paz articuló persiste: los esqueletos que aterrorizan en la cultura occidental bailan coloridamente en las calles de mi país.Así que el menú de hoy es requetesano. Tiene un libro gratuito para asustarse 📕, unas películas para morir de miedo 🎥, un cuento sobre un trayecto en Uber 🖊️ y un regalito exclusivo de Día de Muertos.A todos nos ha pasado “algo”. Incluso aquellos incrédulos incansables admiten que hay una ventana de posibilidad: Sentí que alguien me tocó. Algo se movió de forma inexplicable. Bajó la temperatura.“Quizá sí fue algo”, decimos. León Rico es un escritorazo al que una vez le pasó algo con una puerta vieja. A raíz de ese incidente, desarrolló toda una novela. La astilla en el ojo me mantuvo al filo del asiento y devorando páginas cuando León me la dio a leer.Además, su estructura es interesantísima. Como una persiana en acordeón: va del capítulo uno al trece y luego del trece al uno. Los personajes son memorables. Sobre todo Guus, el archivista holandés que se topa con una casona inquietante.¿Lo mejor? La astilla en el ojo es gratis en esta temporada y la encuentras en este enlace. Este año me mantendré escueta. Tres películas, tres líneas por cada una (más o menos)* Nosferatu (HBO). Este remake de la clásica Nosferatu me devolvió la esperanza en los ambientes oscuros. Si eres fan de los vampiros es un must. Si no, al menos vela porque visualmente es hermosa.* Longlegs (Amazon Prime Video). Mitad película de asesino serial, mitad ocultismo. Es lo divertido de esta cinta: ¿qué tan ficticio es lo que vemos? Por cierto, el diablo aparece diez veces en segundo plano. Cuéntalas.* The Woman In the Yard (Para renta en diferentes plataformas). ¿Qué pasaría si una mujer vestida de negro hace plantón en tu jardín? Pues esta peli es ese cuento de hadas. Con final para volarte la cabeza.Un Uber—No, señorita. Si dicen que por aquí espantan.—¿Ah, sí? —pregunté, divertida.—Bueno, no nada más dicen. A mí me han pasado cosas raras.Yo iba en el Uber de camino a casa de mi padre, que estaba retirada. Había ido a la boda de una vieja amiga de la primaria. Era lindo volver a Puebla por una razón que no tuviera que ver con mi sangre.—¿Como qué le ha pasado?—En otra vida yo fui trailero. Una vez, de madrugada, venía yo de Veracruz y pasé por este camino que se ve por allá. Yo iba para Izúcar. Y de repente vi en la orilla del acotamiento a un señor caminando derechito, derechito. Piense: ¿Por qué alguien andaría a las dos de la madrugada solo?Me encogí de hombros y me percaté de que habíamos dejado atrás las luces de las casas y nos internábamos en la oscuridad del campo. Vi por el retrovisor la lejana luz del faro de una motocicleta antes de clavar la mirada de nuevo en el conductor. Tenía ojos juguetones debajo de unas cejas ásperas.—A lo mejor salía de trabajar —contesté.—Ahí esta otra cosa extraña, señorita. El hombre venía vestido como de minero. Pero de minero de museo; del siglo pasado, pues.Nerviosa ahora, desvié los ojos para escudriñar los límites de la carretera. No había ni un alma. Si, como el chofer decía, se me apareciera alguien vestido como en otra época, me habría zurrado de miedo.—¿Y qué hizo?—La verdad, pensé en detenerme a ayudar justo después de pasar junto al minero. Y ahí está el detalle: cuando vi por mis retrovisores, el hombre ya no estaba.—Igual era por la oscuridad —aventuré.—Tal vez. Pero las luces traseras de un tráiler iluminan bastante cuando la noche se cierra.Por instinto usé el retrovisor derecho a ver si yo veía alguna luz. Sólo vi el fulgor de los propios faros del Uber y el resplandor anaranjado de la moto que iba detrás, acercándose. El conductor aceleró.—¿Le ha pasado algo más? —pregunté.Miré entonces el navegador del celular, que marcaba ya sólo diez minutos para el destino.—Yo creo que lo peor que me pasó fue una vez en que creí que me iba a morir.—Ay, ¿por qué? ¿Se sintió mal manejando?El conductor apretó el volante antes de declarar:—No. Peor. Algo me seguía.En cuanto dijo esto, busqué la luz de la moto, pero no alcancé a verla.—¿Un fantasma? —sugerí.—No. O no sé. Haga de cuenta, señorita, que apareció detrás de mi coche, porque esa vez sí traía yo carro, una luz roja que se movía para un lado y luego para el otro. Obviamente primero pensé que era otro carro, o una moto, o una bici o cualquier cosa. Pero la luz no era redonda, era como un fuego. Y no un fueguito: era un fuego volador.Tragué saliva en la oscuridad y apreté mi cartera. Vi de reojo la luz de la moto otra vez y ya no me dio tranquilidad. Nosotros íbamos más rápido y la moto estaba más cerca.—El fuego se fue acercando —continuó el chofer— y le juro por lo que quiera, señorita, que sentí… que me sentí en peligro. Como amenazado. Como cuando alguien te está vigilando de lejos.Tomé aire para calmarme. Volví a ver el teléfono del conductor. Seguía marcando diez minutos para el destino. Giré despacio la cabeza hacia ambos lados y sólo vi negro. Normalmente se vería el Popo. Cuando hay luna se ve, al menos.—¿Qué hizo entonces? —pregunté.—Le pisé. Me quería deshacer de esa cosa, porque mis compañeros siempre me habían querido espantar advirtiéndome de las brujas.Atrás de nosotros, la luz de la moto ya estaba muy cerca. Me pareció que no era un faro eso brillante. Era un fuego.—¿Y perdió a la cosa esa? —dije a punto de gritar.El conductor no alcanzó a responderme. El auto ya iba a una velocidad endemoniada y salió volando por el barranco.Algunas noches sin luna todavía me da por seguirlo. A ver si ahora sí lo alcanzo.En vez de demorarme mucho reflexionando sobre lo irreflexionable en esta época, te dejo un regalo de Día de Muertos. Una calavera literaria, para ti, persona que me lee. En caso de que no las conozcas, las calaveras son poemas corto y satíricos que se escriben para el Día de Muertos en México. Usan humor y doble sentido para burlarse de la muerte y de personajes públicos.En este caso tú eres mi personaje público.Andaba la Calaca flacabuscando a quién llevarse ya, cuando vio en su compu Mac a alguien leyendo sin parar.“¿Qué lees ahí tan atenta?” —preguntó la Huesuda fiel— “Un newsletter que me alimenta más que el pan y que la miel”.La Muerte leyó un pedazo del cuento y la reflexión; aseveró: “Esto es un hitazo, ¡qué clase de diversión!”Se sentó a tu ladola señora Calavera, leyendo lo que has guardado en tu inbox desde otra era.“No te llevo todavía —dijo mientras se reía— primero acabas la carta, y esa serie que te encanta”.Y así la Muerte se fue dejándote un rato más, porque hasta ella quiere ver qué recomienda Geeknifer de más.Pero advirtió al despedirse, la Flaca negro vestir ”No dejes de suscribirte y compartir o no te dejo vivir”.Espero que tu spooky season esté llena de sustos, dulces y, de ser posible, de ofrenda a quienes extrañas, de olor a incienso y cempasúchitl.Otros especiales de terror:¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.Con cariño libre de miedos ,J. McNamara, aka Geeknifer.Puedes ponerte en contacto conmigo por Instagram.Escucha esta newsletter en Spotify, Apple Podcasts y YouTube. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit geeknifer.substack.com
¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón👆🏼Querida persona que me lee:Seguramente ya has leído o visto por ahí esta teoría de que para tener más productividad hay que conocer tus ciclos de energía diarios. He de decir que, desde que soy consciente de que no soy precisamente una morning person, le saco más provecho al mediodía y a mis tarde-noches.Pues estoy casi segura de que semejantes ciclos también suceden a lo largo del año. Hasta 2025, es decir, hasta este año fui consciente de que en el primer y último trimestre es cuando históricamente escribo más.(Debí habérmelo imaginado el día en que se me ocurrió “Escribe antes de Navidad”, una especie de reto de escritura tipo inktober, pero en diciembre).Pues esta época del año me encanta porque los colores son más lindos (aquí no tenemos árboles naranjas, pero habemus cempasúchitl). De pronto los aromas son diferentes (me encanta el olor a incienso de ofrenda de Día de muertos) y, bueno, es válido hablar de fantasmas y, más adelante, de Navidad.Pero no quiero hablar de fantasmas hoy, sino de miedos de adultos. Así que en el menú de hoy encuentras:* 💽 Un generador de música, para que no seas tan presa de tu propio algoritmo* 🖊️ Un cuento sobre castillos en las nubes* 💭 Una reflexión sobre algo de miedo que no es terror… ¡O algo así!Hace unos días, gracias a otro newsletter descubrí una cosa portentosa.Al menos desde mi perspectiva, que le tengo miedo a que el algoritmo me cicle.Quizá hayas oído de los libros tipo 1001 cosas que hay que hacer antes de morir. Como 1001 libros que hay que leer antes de morir, 1001 películas que hay que ver antes de morir, mil y un lo que quieras; existe un laaargo etcétera en la lista que ya incluye treinta mil spin-offs (o sea, diría mi madre: ediciones que son la misma gata pero revolcada).En 2005 se lanzó 1001 álbumes que hay que escuchar antes de morir. Pues resulta que hay un generador diario de esa lista de álbumes. Sólo es cosa de que visites la página, nombres tu proyecto y, si quieres, pones un mail para que te llegue un álbum aleatorio de la lista para que lo escuches. Le das a un botón de tu preferencia y lo puedes escuchar en la plataforma que quieras (Spotify, Apple Music, YouTube, Tidal, etcétera).Apto para melómanos porque los discos van de cualquier género: pop, jazz, rap, dance, rock. Llevo yo tres discos y sí, son buenos discos. Me ha tocado rockcito con Sister, de Sonic Youth; hip-hop, con The Score, de Fugees; y pop con Madman Across The Water, de Elton John.Te dejo el enlace para que oigas música diferente.El castilloDesde la torre, él admiraba la lluvia como si fueran escamas de plata. Su castillo, su fortaleza, se alzaba poderosísima. No sobre una colina. No en un peñasco escarpado. Su hogar no necesitaba protegerse con diques. Las nubes para eso fungían.El mortal que llegara a vislumbrar esa morada creería que ahí habitaba un dios. No estarían equivocados, de alguna manera. Nadie nunca se había acercado lo suficiente, pero si alguien navegara entre la niebla de sempiterno rocío, admiraría una belleza brutal y oscura. Una edificación hermosa y temible a partes iguales. Gárgolas y vitrales que hablaban las lenguas de las escalas de grises.Él estaba aburrido. Los dioses también podían aburrirse; por si te lo preguntabas. Yo estaba sentado detrás de él, esperando a ver si ahora sí decía algo. Para ser muy honesto, ya no estaba seguro de que el problema fuese el aburrimiento. Quizá sólo estaba triste, muy triste. Como decían los mortales ahora, a lo mejor padecía depresión. Podría yo ir a los vastos jardines brumosos y sacar de ahí a algún psiquiatra. Alguno debía haber entre todos los estratocúmulos de doctores. Porque los abogados duermen en los cirrocúmulos. Los asesinos prefieren los cirros y los mentirosos los nimbos.No debería estar diciéndote esto, pero tampoco es que aquí se nos dé mucho cumplir con los deberes. Al escritor ése florentino se le ocurrió decir que vivíamos bajo tierra y ahí creen que seguimos. En realidad, para que escribiera eso prometimos un rotundo éxito. Le cumplimos. Nunca dijimos que sería bestseller mientras viviera. Mucho menos prometimos salvarlo del exilio.¿Qué se hace cuando tu señor cae en mutis? Se me ocurre otro término moderno: estrés postraumático tardío. Podría ser. ¿Pero en serio le tomó millones de años que el bajón le pegara tras la guerra de guerras?Él admiraba la lluvia, sus escamas de plata. Hic sunt dracones, escribiríamos en el mapa del celaje.—Jefe —me atreví a decir, enrollando la colita. —¿Qué le pasa?Para mi sorpresa, escuché un carraspeo grave, proveniente de la garganta del silencio.—¿Señor? —insistí.—Utukku.Había dicho mi nombre.—¿Sí?—He cometido todos los pecados. ¿Verdad?—Claro, mi señor.—¡Pues no! Después de centurias, acabo de reparar en que me falta uno.—¿De los de las tablas? —pregunté.—No. De los importantes.—¿Cuál?—Enamorarme, Utukku. Enamorarme —sentenció Satanás, en un suspiro nebuloso.Aunque en estas cartas durante octubre y noviembre me doy permiso de hablar sobre el terror, hoy quiero discutir más que fantasmas, los verdaderos miedos que se me cruzan por la cabeza.Este fin de año, por ejemplo, estoy algo temerosa de mi salud. Me fui a hacer estudios y, aunque a primera vista no parecen desastrosos, son un claro signo de que me estoy pasando de lanza con mi cuerpo. Y el miedo a perder la salud es un miedo algo más maduro que, aunque tiene exorcismo, no me deja de rondar la cabeza.Es que quiero seguir cuidando gatos hasta muy entrada en años, eh.Por cierto que este par de años también fueron de mucho miedo en mi vida romántica. Ahora veo la luz al final del túnel y estoy tranquila. ¿Pero a quién le puede asustar La Llorona cuando está La Soledad y La Falta de Reconocimiento? (así, con capitalización en inglés).Los miedos evolucionan con nosotros. Como que la Inteligencia Artificial nos quite el trabajo o que dejemos de ver a nuestra familia por alguna razón.Aunque estos terrores diurnos tienen una ventaja: no es necesario llamar a sacerdotes o brujos. Basta con hacerles frente. Porque el miedo está para saltártelo.¡Hasta el jueves de podcast en No recomiendo!Recuerda que el último capítulo fue sobre la serie de Ed Gein y no puedes dejar de oírlo si te gustan las historias de crímenes y asesinos.¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.Con cariño libre de miedos , J. McNamara, aka Geeknifer.Puedes ponerte en contacto conmigo por Instagram.Escucha esta newsletter en Spotify, Apple Podcasts y YouTube. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit geeknifer.substack.com
¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón👆🏼Si es tu primera vez aquí, o no, tienes que hacer de cuenta que te mandé esta carta. Tiene unas cuantas recomendaciones, un cuento y una reflexión, que puedes leer en el orden que quieras. No es un blog ni un newsletter corporativo. Es una carta para ti, que llega cada dos miércoles. Ahora sí.Querida persona que me lee:Empecé escribiendo esto en otra parte del mundo. Es una carta internacional. Claro, a menos que me estés leyendo o escuchando desde Dallas, Texas, en los Estados Unidos.Te cuento todo en la reflexión.La cosa es que en esa tierra ajena a la mía y en estos días de descanso he podido disfrutarme como nunca. Estuve a punto de autoponerme un reto de escritura pero luego dije: A ver, ¿por qué debería implantarme un “deber” en mi semana de vacaciones? ¿Por qué siento necesidad de llegar a mil palabras por día, cuando simplemente podría dejarme llevar y regocijarme en mis dedos sobre el teclado?No me quiero sentir culpable por no haber “aprovechado” estos días. Porque… ¿Desde cuándo los hobbies tienen que ser productivos? ¿Quién demonios decidió que nuestro tiempo libre también tiene que generar resultados cuantificables?Hoy te traigo una carta sobre eso: sobre el derecho a hacer cosas sin ningún propósito más allá del puro disfrute. Sobre la libertad de ser malos en algo y seguir haciéndolo. Sobre el placer radical de perder el tiempo en lo que nos dé la gana.En el menú de hoy:* 📕 Un libro sobre creatividad sin presión* 🔮 Un producto que celebra el tiempo perdido* 🖊️ Un cuento sobre extraños eventos en un edificio* 💭 Una reflexión sobre el descanso real¡Artistas y creativos paralizados! Oídme. ¿Acaso tienes la idea de que todo lo que crees debe ser perfecto, útil o monetizable?Tengo el libro ideal para gente como nosotros. Richard Holman identifica diez demonios creativos —desde la procrastinación hasta el miedo al fracaso— y te ofrece estrategias para enfrentarlos usando ejemplos de los grandes. Como que Leonardo da Vinci era un flojonazo de primera o cómo Marina Abramović contempla el éxito.Lo que más me gusta del libro, además de que tiene dibujitos brillantes, es que Holman no te vende la historia de que todos podemos ser genios si nos esforzamos lo suficiente. Al contrario, te dice que crear es difícil, que dudar es normal, y que la creatividad no tiene por qué resultar en una obra maestra o en dinero en tu cuenta bancaria.A veces crear es solo el acto de hacer algo sin más propósito que el hacer mismo. Es breve (168 páginas), con humor y liberador. Ideal para leer un capítulo antes de sentarte a hacer esa cosa que quieres hacer pero que tu cerebro insiste en sabotear con comentarios como: “No eres suficiente”.Creative Demons and How to Slay Them (Demonios creativos y cómo acabar con ellos) de Richard Holman lo encuentras en este enlace.A veces necesitamos perder el tiempo. Es hermoso aburrirse y los resultados de esta experiencia. En algún punto, llegué a un mapa del mundo de Star Wars donde puedes explorar planetas y viajar por una galaxia muy, muy lejana sin moverte de tu silla.¿Es útil? Para nada. ¿Vas a aprender algo que mejore tu vida? Probablemente no. ¿Te vas a pasar unos cuantos minutos explorando Tatooine, Naboo y todos los rincones del espacio exterior ficticio? Claro que sí.Si eres fan de Star Wars, vas a disfrutarlo. Si no lo eres, tal vez te conviertas en uno. O tal vez sólo pases quince minutos mirando y sigas con tu vida. Todas las opciones son válidas. Porque no todo, una vez más, tiene que ser productivo.Lo encuentras en este enlace. Tinta de octubreEstaba harto de dar vueltas por el depa como león enjaulado, mejor salí de casa. Quería encontrarme con otro ser humano. Mi víctima apareció ante mí antes incluso de abandonar el edificio.Me sorprendió que el poli se hubiera dejado el bigote. Estaba apoyado en la pared, tejiendo. Un hombre extraño, sin duda. Nuestras miradas se encontraron y sonrió mostrando sus nuevas coronas. Le hacían ver más turbio, pero seguro era más feliz.—Hola, don Mich. ¿Cómo va? —dije.El cubículo de vigilancia era un espacio más alternativo que galería de arte. La decoración estaba basada en donativos raros. Como una silla que se quejaba por todo. El poli del otro turno, Jhon, había perforado la pared y colgado la cornamenta de un venado. Sobre el escritorio había un mousepad en forma de estrella de mar, una cosa inútil; tanto por la forma del objeto, como porque los polis no tenían computadora.Más que cubículo de vigilancia, parecía cuarto de bruja.—Pues más o menos, don Toño. Un imprudente toqueteó tanto el botón del portón que ya jodió el mecanismo automático.—Ha de haber sido el pesado del 33. El otro día se la hizo de tos a la de la limpieza porque casi le barre los zapatos.—Qué le digo, hay gente peor que la picadura de cien mosquitos.En ese momento, apareció ante nuestros ojos una figura de tronco chueco y harapiento. Parecía un error en aquel lugar. Uno muy ornamentado, eso sí. Tenía pinta de haberse puesto de acuerdo consigo mismo para ponerse encima todas las ropas que la gente le regalaba. Era listo, nuestro indigente de la cuadra, porque con el frío ártico que estábamos padeciendo, su original estilo lo protegía.Aunque yo sabía que uno de los polis y él eran rivales. No me podía acordar de cuál de los dos vigilantes le traía bronca, eso sí.Intercambié la mirada de un personaje a otro, esperando una explosión, sin abrir la boca, con miedo a que mis palabras fueran el botón que detonara una horda bulliciosa de luciérnagas del pugilismo verbal.No hubo necesidad. Solitos empezaron.—Vete al infierno —dijo el recién llegado.Esta declaración fue desconcertante por su simpleza y porque venía acompañada de cierto tufo a cebolla que el harapiento esquelético provocaba. Lo olía incluso pasando la puerta de cristal de la entrada.—A ver si aprendes tu lección, Casimiro. Que nada más pasas a decir babosadas cuando el cubículo está vacío.—¿Como que cuando está vacío? —intervine.—Pues hay que ir al baño, de vez en cuando, don Toño. A ver, entonces, Casi, sáltate el bonito saludo y dámelo.—Bueno, pues tenga su premio —el indigente le pasó por la ventanilla un frasquito que tenía una enorme araña dentro. Recibió 50 pesos.—Don Mich… ¿Qué es eso? —pregunté, nervioso.—Pues la decoración de octubre señor. Es lo único que nos falta para empezar la temporada. ¿A poco no tenía hoy ganas de salir de su depa?Me quedé en silencio y escuché el silencio rebotándome a mí. Demasiado silencio. Nadie en el edificio.—¿Me quieres decir que diablos pasa?—Pues eso. Unos cuantos diablos nada más. Es para darle atmósfera al lugar. Pero lo preferimos vacío.La lóbrega sonrisa de coronas me convenció. Decidí salir del edificio sin reparar en Casimiro y le llamé al administrador.No me creyó cuando dije que unos brujos se apropiaron del lugar. Así empezó octubre.¿Qué diablos hacía yo en una tierra tan… agradable como Dallas, tomado en cuenta el momento político en el que estamos?Bueno, estaba siendo presa del capitalismo tardío, del fanatismo desmedido y de querer visitar a mi hermano. Todo a la vez.Lo primero, porque maldita sea, muchas cosas son más baratas en Gringolandia. Tales como mi vicio máximo (después de las bebidas espirituosas y dormir hasta tarde), a saber, comprar velas aromáticas.Lo segundo, porque fui a ver nada más y nada menos que a mis empacadores favoritos, que no empacan nada sino que juegan futbol americano. O eso dicen que hacen porque los vi EMPATAR. Ver empates en el fut americano es como presenciar el cometa Halley. Así que puedo seguir diciendo que nunca he visto a mi equipo ganar en vivo.Los mexicanos, consumidores de la fanfarria gringa. Pero hey, vi al Mariachi Vargas de Tecatitlán en vivo.Lo tercero es autoexplicativo. Mi hermano es mi hermano. Es gran cocinero y, aunque elige los peores lugares de la Unión Americana para residir, es genial y punto. Pero me estoy desviando. ¿Qué tiene que ver eso con los hobbies productivos?Vivimos en una época extraña donde hasta nuestro tiempo libre está bajo escrutinio. Leemos para “ampliar nuestra cultura”. Vemos documentales para “aprender algo nuevo”. Hacemos ejercicio para “optimizar nuestra salud”. Todo tiene que justificarse, medirse, convertirse en algo útil.Pero no necesitas justificar tu tiempo libre. No tienes que ser bueno en tu hobby. No tiene que generarte ingresos pasivos. No tiene que impresionar a nadie en redes sociales. Tu hobby puede ser simplemente algo que te gusta hacer, incluso si no sirve para nada.La obsesión con los hobbies productivos es sólo otra manifestación del mismo capitalismo tardío que me lleva a comprar velas metiéndose en cada rincón de nuestra vida. Como si nuestro valor como personas dependiera de cuánto podemos producir, incluso en nuestras horas libres. Como si descansar de verdad —sin aprender, sin mejorar, sin crear— fuera una pérdida de tiempo.Pero el descanso real no es productivo. El juego genuino no tiene objetivos.Así que aquí está mi invitación: encuentra algo que te guste hacer sólo porque te gusta. Lee ese libro sin valor literario. Mira esa serie que todo el mundo dice que es basura. Pierde tres horas en Wikipedia leyendo sobre temas random. Arma ese rompecabezas que nadie más va a ver.Y hazlo sin culpa. Porque tu vida no es un proyecto de optimización constante. A veces, solo eres un ser humano pasando el rato.¡Hasta el jueves de podcast!¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.Con cariño libre de productividad,J. McNamara, aka Geeknifer.Puedes ponerte en contacto conmigo por Instagram.Escucha esta newsletter en Spotify, Apple Podcasts y YouTube. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit geeknifer.substack.com
¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón de arriba 👆🏼Si quieres vivir la experiencia que tuvo Alicia cuando se cayó en el agujero de conejo y llegó al país de las maravillas, sólo es cosa de que abras una ventana de un explorador de Internet y te pongas a saltar de hipervínculo en hipervínculo. Link tras link acabarás llegando a la profundidad de la psique humana moderna. ¿Y te digo una cosa? A veces da miedo.El tema de lo inquietante en Internet me apasiona y por eso te llevaré por algunos de mis recorridos favoritos en forma de carta digital. Acércate un café, té, cerveza o lo que quieras, que hoy esta carta está para leerla o escucharla en paz.En el menú de hoy hay:* Una reflexión 💭 sobre lo inquietante en Internet* Un producto 📰 indispensable si eres hablante de español (o mexicano).* Una recomendación 💡 para creadores y escritores en Internet.Aviso parroquial:En un accidente feliz resulta que alguien se refirió a esta carta como mi “podcast de los miércoles”. Dando a entender que No recomiendo llega los jueves (algo que ha pasado por accidente, no porque lo hubiera planeado así). Así que ahora habrá Escríbeme pronto en miércoles quincenal y No recomiendo los jueves quincenal. Empecemos…“Tú y tus pinches canciones raras”, dijo mi hermanita la última vez que se subió a mi coche. Traía yo puesta una rolita rusa que habla de aplicaciones digitales que producen dolor y tiene fuerte contenido sexual.Pero como está en ruso, nadie se da cuenta.¿Cómo la descubrí? Bueno, gracias a lo social en Internet, o sea, con personas reales compartiendo una misma computadora.En los albores del internet, habían experiencias sociales alrededor de sus primeros productos, como hemos hecho siempre con algo que produce contenido para consumirse.Me refiero al fino arte de juntarse alrededor de una fogata a escuchar historias.Experiencia que digievolucionó en escuchar la radio en grupo. Ya sea para enterarse de cómo iba la guerra, o más para acá, poner La Corneta en W-Radio para hacer enojar a la fresa de la oficina.Muchos de nosotros todavía tenemos o sabemos de la experiencia tribal que conllevaba tener una tele en casa. La familia se juntaba a presenciar un programa de cualquier tipo. Mi mamá, mis hermanitos y yo teníamos una en la cocina y la hora de la comida era cuando se compartía la caricatura del momento con nuestros comentarios idiotas de fondo.Pero no todo son historias bonitas y caricaturas. No sé si en español haya una palabra similar a la alemana unheimlich. Que se usa para referirse a una experiencia que es entre familiar y aterrorizante. Cuando sabes que algo no está exactamente bien en algo que debería estar bien.Mis experiencias favoritas en Internet tienen que ver con eso. Recuerdo el día en que mi hermanito llegó a mi lado y vaya usted a saber por qué agujero de conejo se metió —uno que seguro tenía que ver con los Happy Tree Friends— pero me recomendó una serie británica animada, rarísima, llamada Salad Fingers.Nos pusimos a verla juntos. Fue una revelación. Yo habré tenido como unos 13 años y mi hermano 10. Los episodios eran raros, atractivos y morbosos.El personaje principal se llama Salad Fingers y es una especie de criatura humanoide masoquista que parece vivir en un mundo post-apocalípitico. La serie trata temas como la muerte (incluyendo la autoinfligida e infligida a otros, si entiendes a lo que me refiero); contiene bastantes referencias sexuales y… no sé, provocaban algo inquietante. Pero maravilloso.A mis 13 años entendí que la humanidad no siempre tiene que mostrarte su mejor cara para juzgarla de maravillosa. Como la música siempre fue lo mío, Salad Fingers me llevó al este. Quién diría que las alianzas británico-rusas se darían por agujeros de Internet y no sólo para acabar con los alemanes.Entre que me sentía medio darks en esos tiempos y que veía cosas raras, en YouTube me aparecieron videos de un animador llamado Kol Belov. El primero que vi fue un video musical de un grupo llamado Theatre of Poison. Veinte años después todavía traigo la canción en el coche recordando doctores de la peste negros con fondo rojo.Kol Belov tiene también animaciones sobre mafiosos en Marte sufriendo un desastre tipo Chernobyl, de unas criaturas extrañas pariendo y sobre situaciones que prefiero ni nombrar pero que tienen que ver con falos y que por algún agujero legal YouTube no ha retirado....Y hoy nos espantamos porque las nuevas generaciones vean inodoros y cámaras de seguridad en Skidibi Toilets.Otras animaciones espantosas hechas por oootro ruso loquito, pero más modernas.En los tiempos en los que veía estos videos de Kol Belov, también empecé a tener algo de fe por la democratización del contenido en Internet. Porque lo mismo veía animaciones flash del italiano Bruno Bozzetto en Peor es nada punto com; que guardaba los guiones completos en mi cabeza de “sistema vampisec”, tributos un tanto misóginos de village people y, si me das cuerda, canto “hola, soy un ladrón, soy un matón, soy un ases… ¡soy Menem!”.Nota al margen uno: Oficialmente mi madurez se basa en saber qué fue Elcerebro.com.Nota al margen dos: Por supuesto que a mis 13 años yo no tenía ni idea de quién rayos era Carlos Menem.En fin, me estoy desviando.Decía yo que sí hay un componente social en Internet. Dicho componente también me llevó a leer y compartir creepypastas. En palabras llanas estas son leyendas urbanas de internet, una joya de la ficción contemporánea. Mismas que leía yo en voz alta a mis amigas, todas con pelos de punta, haciendo mis pininos de locución.En esos años de secundaria, ellas y yo moríamos de miedo con videos estúpidos de supuestos fantasmas. Nos juntábamos cinco o seis sobre la computadora. Un par de adolescentes en dos sillas, las demás hincadas y paradas en una mesa de madera.La mayoría de las veces eran videos cualquiera en los que espantaban al final con un grito y la foto de la niña de El exorcista. Todavía tengo la imagen de una amiga que se cayó abierta de piernas, porque estaba sentada en la mesa y resbaló, mostrando sus bonitos calzones a la audiencia de chamacas, porque traíamos la falda de la escuela.Iba a decir que esa fue mi primera aproximación al terror, pero no me refiero a mi amiga tirada en el suelo abierta de patas (saluditos, Dani), sino a los creepypastas que leíamos según que para tranquilizarnos.Mi favorito hasta la fecha es el de los 12 sonidos, que venía con dos archivos de audio. ESO era narrativa transmedia y no payasadas: un texto acompañado de dos archivos mp3. La idea de esta leyenda urbana es que si oyes uno de los doce sonidos sin oír el sonido número ocho, se te aparecen cosas.Claro que no se te aparece nada.Aunque yo, por las dudas, sí escuché el ocho.Este recuento anecdótico es sólo para recordar que los seres humanos podemos producir obra, porque claro que todo esto que menciono son productos culturales, que rayan en lo inquietante y que dan algo de emoción extraña consumirla.En retrospectiva, ¿debí consumir este contenido con la edad que tenía en aquel entonces? ¿Me preocupa lo que ven los menores de edad hoy? Mdeh. Creo que hay riesgos más feítos en Internet que mirar animaciones que dan miedo o que te producen piel de gallina porque sabes que hay algo raro. Hoy me parece más grave el ciberacoso que incluye instar a alguien a arrebatarse la vida.Eso da más miedo que una figura humanoide diciendo que las cucharas oxidadas se sienten padre.Pero bueno, Internet es el lugar donde las maravillas suceden… No siempre de la manera en la que esperamos las maravillas.El problema de estudiar Internet es que todo sucede demasiado rápido. Por eso los grandes estudios sobre la red van con bastante atraso. La academia es más lenta que el caballo del malo y para cuando por fin se da cuenta de qué pasó en la primavera árabe, la cosa ya está muerta y con varios cambios de gobierno de por medio.Por tanto, siempre he sido fan de las publicaciones de periodistas que discuten Internet. Porque ellos no necesitan la revisión de diez mil colegas e investigan fenómenos únicos y efímeros.Apunte al margen, por si te interesa el tema: Creo que el mejor de esta banda es Ryan Broderick que escribe Garbage Day (mejor nombre para una publicación que se trata sobre la porquería que hay en Internet no pudo haber). Aunque está Nick Catucci y Kate Lindsay con Embedded, Social Signals by GREG SWAN y Deez Links, de Delia Cai. Mención honorífica a Laura Olin por dar listas digeridas.¿Qué tienen en común todos estos monitos y monitas?… …. … ¡Adivinaste! ¡Son gringos!Pues el algoritmo substackero hizo algo bien y me llevó a Internet me está consumiendo. Una publicación de un ser que sólo me había topado en X. Ustedes no deberían saberlo, pero antes pasaba mucho tiempo en Twitter. Luego decidí ser feliz.¿Quién es Ayax, el creador de IMEC [Internet me está consumiendo]? Pues es un periodista, que como muchos periodistas (me han contado que eso pasa), decidió irse a los bajos mundos del Internet y ser desarrollador. Pero todos los periodistas son medio adictos a su oficio. Decidió abrir el proyecto para escribir de forma recurrente. Para que nos demos idea, escribe desde los 12 años sobre Internet. A esa edad tenía una página de noticias de Digimon. Este proyecto que trae es por puro amor al arte y lo edita junto con Maximiliano, quien es cineasta pero que ayuda a Ayax a pelotear ideas, darle una leída a los textos y hacer sugerencias. En palabras de Ayax: “Es como mi Robin”. Recomendación no pedida: consíguete un sidekick cool. Me encantó lo que dice Ayax sobre la cultura de internet. En sus palabras:Me ha tocado vivir un montón de vidas aquí. Mucho de eso se siente justo como una vida, con sus propias dinámicas, héroes, villanos y ritos. Pero siempre se pierden. porque todo en Internet es efímero. Entonces quise tomarme en serio lo que ocurre en Internet, la cultura de cada comunidad, las dinámicas, su lore interno y dejar registro de todo esto que me parece muy importante. […] Internet me
¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón de arriba 👆🏼Querida persona que me lee:¿Qué hace un artista o una persona creativa cuando está bloqueada? Sí, claro, además de llorar en un rincón y acabarse un bote de helado (me han contado que eso pasa). Pues empiezas El camino del artista, escrito por una señora llamada Julia Cameron.Se trata de un libro-curso de 12 semanas para gente que tiene cierto llamado al arte pero vive en las sombras.Resulta que el domingo de esta semana tuve mi última reunión en línea con las maravillosas personas con las que compartí ese camino y siento como cuando terminas una serie que te cambia la vida. No como cuando acabas un reality show cualquiera, sino cuando terminas una serie que llevas años siguiendo.Y te quedas con esa sensación de: ¿Ahora qué? Con un huequito en el corazón porque una veintena de personas se me volvió importantísima.Esta es la segunda vez que puedo terminar el curso (porque lo puedes hacer cuantas veces quieras) y lo reafirmo: el truco es hacerlo con personas. Pero esta vez la sentí muy distinta porque de alguna manera facilité el grupo.Compruebo que es un camino difícil, porque no sólo te hace replantearte el camino artístico sino la vida en sí.Así que… en el menú de hoy hay:* 📚 Un libro: El camino del artista de Julia Cameron (pero esta vez hablaré de por qué hacerlo en grupo).* 🔮 Un producto: Un hack súper simple si usas Google Calendar.* 💡 Una rolita: Una bendita serendipia.* Y el cuento y la reflexión de siempre (el cuento es sobre un grupo de apoyo).Este libro salió en 1992. Intenté hacerlo por primera vez por ahí de 2016.Fracasé.Luego en 2018.Fracasé.Lo abandonaba siempre hacia la semana cuatro porque: o decía que no me daba tiempo o porque había demasiada espiritualidad en el libro. La verdad es que hacer un trabajo de autoconocimiento creativo en soledad da miedo.Lo retomé sólo porque la fabulosa Francis Moricete creó un grupito para recorrerlo. De alguna manera, esta suerte de presión social me hizo seguir. Me encantaba ver las transmisiones en vivo de Franz (¡APROVECHO PARA DECIRTE QUE CORRAS A SUSCRIBIRTE A SU NEWSLETTER!) Y me gustaba verlas sabiendo que ella y otros personas nos acompañábamos.¿El resultado? Es mucho más difícil que me tome días libres de newsletter o podcast. Aprendí que la vulnerabilidad compartida es más poderosa que la motivación individual. Y que a veces necesitas testigos para creer en tu propia transformación. El camino del artista lo puedes conseguir en Amazon con este enlace.Es cierto que me estoy haciendo de comunidades digitales. Soy parte de los conejillos de indias, digo, de la comunidad digital de Norka 💡, que es absolutamente genial. Esto que abrió apenas se llama “El club de la constancia” y es mi pretexto perfecto para seguir escribiendo por aquí.Hay dos cosas que esta gurú ha dicho que tengo grabadas.* Una: ten honestidad sobre tu energía al día.* Dos: no necesitas aprender a usar una nueva herramienta para hacer las cosas que ya haces.Entonces: Como yo ya uso Google Calendar en el trabajo, me bloqueo mis tiempos. Estoy consciente de que soy un ave nocturna. A las seis de la tarde soy un avión, y me siento con la energía como si fueran las once de la mañana, así que es mi tiempo ideal para escribir.Va el ejemplo gráfico (medio falso, porque en realidad uso mi cuenta del trabajo):Bloqueo un espacio de una o dos horas (por cierto, de las cosas más bonitas que hay en el Calendar de Google es habilitar la opción de horas del mundo adicionales a la izquierda, que sirve para cuando trabajas o te encuentras con personas de otras partes del orbe), y le pongo su propio color.Para el trabajo, morado. Para la escritura, rojo. Con estos tiempos bloqueados me enfoco en una sola tarea.Pausa comercial para decir que encuentro una chispa de felicidad cuando aparece en Spotify que dos de mis artistas favoritos hacen algo juntos por serendipia.Desde hace un rato sigo con ahínco a la señorita Luisa Almaguer. Me encanta su estilo porque son canciones que puedo cantar sin problema cuando estoy en mi auto… ¿Sabes lo difícil que es para esta pobre contralto encontrar canciones con las que no tenga que batallar con los agudos?Hay jiribilla en esto porque Almaguer es una chica trans. Nota al margen: alguna vez le apareció a uno de mis amigos en Bumble y le rogué que le diera like para pedirle su autógrafo.El autógrafo todavía no llega.Camilo Lara es la persona detrás de uno de mis proyectos musicales favoritos: El IMS. El Instituto Mexicano del Sonido.Pues ambos hicieron esta colaboración re-bella para una serie que no he visto (y que dudo ver, la mera verdad). Pero la canción: 10/10.Grupo de ayuda—Mi nombre es Roberto y llevo dieciséis días limpio.Aplausos moderados resonaron en el salón de la parroquia. Roberto se aclaró la garganta y continuó.—Ayer casi recaigo. Tenía todo listo, había apartado las horas, pero cuando llegó el momento... me fui a hacer otra cosa. Acabé viendo TikToks hasta las dos de la mañana.—¿Qué ibas a hacer, Roberto? —preguntó la facilitadora.—Mi último cuento. Lo tengo pendiente desde febrero.Una mujer en la segunda fila levantó la mano.—Mi nombre es Sandra y soy igual que Roberto. Ayer también toqué fondo. Estaba ahí, frente a la computadora, con el documento abierto, y de repente me levanté a limpiar el refrigerador. Terminé reorganizando toda la despensa.—¿Qué documento, Sandra?—Mi tesis. La defensa es en tres semanas.Roberto asintió con comprensión fraternal.—Lo entiendo perfectamente. Odio que mi cerebro juegue conmigo en ese momento y me susurre cosas como: “¿Y si mejor ordenamos los cables del cajón?”.—Exacto —Sandra suspiró—. Ayer gasté dos horas investigando la mejor manera de doblar las camisetas. No he hecho la tesis, pero ahora tengo un método japonés perfecto. Que seguro nunca usaré.—El primer paso es admitir que somos completamente incapaces de hacer las cosas cuando se supone que las tenemos que hacer —dijo Roberto.—Amén —respondió Sandra.La facilitadora sonrió y escribió en el pizarrón: "Procrastinadores Anónimos - Sesión 847".—¿Alguien más quiere compartir su progreso esta semana?Si buscabas “artista” en el pequeño Larousse (tómala, qué vieja estoy) encontrabas un grabado de un artista en un estudio que parecía parisiense. Si no sabes qué es el pequeño Larousse, sáltate este párrafo, disfruta de tu vista 20/20 y que no te da resaca después de la fiesta.La cosa es que desde el siglo XVIII vivimos en una cultura que romantiza al artista solitario. El genio incomprendido que crea obras maestras en la soledad de su estudio mientras el mundo no lo entiende. Es una narrativa bonita, pero también es una mentira que nos mantiene aislados y, muchas veces, bloqueados.El camino del artista en grupo me enseñó algo que ningún libro de autoayuda había logrado: que la creatividad no es un acto individual, es un fenómeno social. Cuando compartes tus procesos creativos con otros, no solo te vuelves más constante. Te vuelves más valiente.Mi grupo se convirtió en algo más que 24 personas (sí, éramos 24) haciendo ejercicios de un libro. Se volvió un laboratorio de vulnerabilidad donde podíamos experimentar con versiones nuevas de nosotros mismos. Lo más lindo de esta edición no fue seguir el libro, sino saber que cada domingo iba a ver a artistas como yo.Me preguntarás: ¿todos acabamos el camino y cumplimos todas las tareas?¡Por supuesto que no! Pero estoy segura de que cada persona descubrió algo importante y valioso como artista. Nunca tomé captura de pantalla de esas llamadas, pero las fotos mentales jamás se me borrarán. Las risas, las manitas levantadas, las confesiones fuertes. Gracias, cofrades de mi corazón.Para mí, la gran revelación: no necesitas ser artista para beneficiarte de un proceso creativo. Necesitas ser humano. Y los humanos, resulta, funcionamos mejor en manada. Incluso para crear.Si hay algo que me llevo de estos tres meses, más allá de los proyectos que terminé o los bloqueos que deshice, es esto: crear en comunidad no te hace menos artista. Te hace más humano. Y resulta que ser más humano es exactamente lo que tu arte (sea cual sea) necesita.¡Hasta el miércoles de podcast!¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.Con cariño libre de virus,J. McNamara, aka Geeknifer.Puedes ponerte en contacto conmigo por Instagram.Escucha esta newsletter en Spotify, Apple Podcasts y YouTube. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit geeknifer.substack.com
¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón de arriba 👆🏼 Querida persona rara (y maravillosa) que me lee:Hay una pregunta que me viene rondando desde hace semanas: ¿por qué las cosas más específicas, más nicho, más aparentemente absurdas son las que nos felicidad más pura? O sea, hay un Substack de una mujer que habla de cabañitas. Sí, no es broma. Miles de suscriptores interesados en cabañas.No hablo de la alegría obvia de un helado en verano o un abrazo después de un mal día. Me refiero al sentimiento inexplicable que nos confiere, por ejemplo, escuchar a alguien tocar un instrumento que ni sabíamos que existía.Por eso el menú de hoy incluye una zanfoña (ya te platicaré qué es, no tienes que googlearlo) 🎻, un sitio para que hagas tus próximas mezclas de sonidos especiales 💿 y un cuento sobre lo que la pandemia también pudo esconder 🦠.A veces hay accidentes afortunados. Como el que pasa cuando un francés toma un instrumento que básicamente no ha evolucionado desde el siglo XII, le mete algo de percusiones de fondo y termina haciendo electrónica experimental.La zanfoña o hurdy-gurdy es un instrumento de cuerda que pareciera un violín mecánico. Las cuerdas le vibran gracias a la fricción de una rueda que gira con una manivela.A ver, confieso que tengo los oídos medio descompuestos. El comediante John Stewart hace poco dijo en un fabuloso video en donde al presidente Donald Trump no se le entiende nada por el sonido de unas gaitas que esos instrumentos eran casi que del diablo.Lo lamento. Me gustan mucho las gaitas: las escocesas, las cornamusas, las irlandesas (porque todas son distintas). En general, me encantan los instrumentos poco comunes.Bueno, pues Guilhem Desq toca la zanfoña. Su disco Visions suena como si hubieran invitado a un trovador a un rave clandestino. Es música para cerrar los ojos e imaginar cosas que no existen.Además del link en Spotify, te dejo un video de YouTube para que veas cómo rayos se toca esta invención medieval.A veces me convenzo de que Internet es el mejor lugar que existe sobre la tierra. Nuestra mayor creación. Sobre todo para los ociosos y obsesivos. No vamos a decir como quién, porque en una de esas acabas poniendo “Jennifer McNamara” en Google y dios sabrá que te pueda salir.Si la zanfoña te abrió el apetito por los sonidos raros, te recomiendo que abras ahora mismo mynoise.net: el parque de diversiones para los oídos.Olvídate de quedarte dormido con el sonido genérico de lluvia. Mynoise.net te permite tener un paisaje sonoro y modificarlo a tu gusto. Yo pasé varios minutos ajustando el mío para regresarme a las costas irlandesas. Cualquiera que me conozca sabe que es de mis lugares favoritos sobre la Tierra.¿Quieres mejor el ruido de biblioteca antigua? Ahí está. O tal vez prefieres un café parisino a las tres de la tarde.Te recomiendo jugar a ser el DJ de tu paisaje auditivo. Es mil veces mejor para la concentración trabajar con ruido de fondo a tu gusto que con cualquier canción que me digas.TlalpanLa pandemia detuvo casi todo. Pero en la esquina de siempre se apostaban cinco mujeres en minifalda. Al menos no hacía tanto frío en abril. Cuatro charlaban entre ellas, no traían cubrebocas puesto, porque la vida les exigía mostrar también sus rostros para llamar la atención de los automovilistas que se detenían rápidamente.Su trabajo era de alto riesgo. Ellas sabían que en cualquier momento podría llegar la policía, ahora con más razón, para detenerlas; no por faltas a la moral, que quizá había, sino por riesgos de la salud. No de la sexual, sino de la población.La única muchacha que no hablaba con sus compañeras sí que traía cubrebocas y se paraba erguida, a diferencia de las demás, que se balanceaban de una pierna a otra para presumir las caderas.Con todo, el primer coche de la noche se detuvo frente a la oveja negra. El conductor bajó la ventana.—Qué responsable, reina. Hasta con cubrebocas y todo. —Hay que tener precaución —respondió ella con voz oscura. —Anda, sube. Vamos a desafiar la precaución.Ella no tardó en subirse al carro y él no tardó en acariciarle las piernas a través de las medias caladas. Era lo usual. No hablaría de dinero sino hasta subir a la habitación. Esto era una especie de prueba gratis.Ella entró primero al cuarto que olía demasiado a pinol. Sin preámbulo se deshizo de la gabardina y dejó su negligé negro a la vista. Su cliente la miró apabullado.—¿Te vas a quitar ese cubrebocas? —Aún no hablamos de números. —Primero tengo que ver tu carita, chula. Así negociamos mejor.La mujer se quitó el cubrebocas y quedó al descubierto un rostro pálido cincelado por ángeles.—Tienes cara de puta cara.No hubo tiempo de hablar de tarifas y eso fue lo último que el cliente dijo. La mujer se abalanzó sobre él, le clavó su par de colmillos en la garganta y él quedó sin una gota de sangre.El coronavirus sabía horrible. Pero es lo que había.En la semana en la que no pasa nada, en realidad pasó de todo. De pronto recordé lo importante que es el arte para mí. Fui a un concierto de violín maravilloso, acudí al cine a ver una película romántica pero sesuda y yo misma al fin me desatoré de la aridez lectora y le empiezo a ver más forma al cuadro que estoy pintando.Hay algo profundamente humano en encontrar dicha en lo específico, en lo inesperado, en lo que no sabíamos que necesitábamos hasta que lo encontramos. Creo que tiene que ver con el hecho de que vivimos en un mundo que nos vende alegría empaquetada, pre-digerida, con manual de instrucciones.Pero la felicidad real, la que se queda contigo y te cambia un poquito por dentro, llega cuando menos te lo esperas. Cuando descubres que existe un tipo que dedica su vida a hacer música electrónica con un instrumento medieval. Cuando te das cuenta de que alguien se tomó el tiempo de grabar el sonido específico de lluvia cayendo en diferentes tipos de superficies para que tú puedas elegir exactamente la clase de lluvia necesitas hoy.Estas pequeñas rarezas, porque todos las tenemos, son puertas secretas a versiones de nosotros mismos. Son recordatorios de que el mundo es infinitamente más extraño, más rico, más lleno de posibilidades de lo que creíamos. Y eso, en sí mismo, es una forma de esperanza.Tal vez por eso nos gusta tanto compartir estos descubrimientos. No es sólo “Mira qué cosa tan cool encontré”, sino “Mira qué versión nueva de felicidad acabo de descubrir y que quiero que tú también tengas”.Porque al final del día, ¿no es eso lo mejor que podemos hacer unos por otros? Expandir el catálogo de cosas que pueden hacernos más humanos, una rareza a la vez.¡Hasta el miércoles (o jueves)!¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.Con cariño libre de virus,J. McNamara, aka Geeknifer.Puedes ponerte en contacto conmigo por Instagram. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit geeknifer.substack.com
Esta carta va con cariño y gratitud infinita hacia los compositores anónimos que salvan vidas desde las sombrasLo acepto: traigo un bloqueo creativo. Es uno raro que sí me ha permitido hacer esta newsletter y mi podcast “No recomiendo” pero que está haciendo que me cueste escribir cuentos y… ¡leer!Sin embargo, estoy desatorándome. Como tal vez sabes, estoy siguiendo en grupo El camino del artista. Algo que Julia Cameron, la autora de este libro-curso, expresa sabiamente es que hay que tener espacio para consumir otros tipos de arte al que produces.Y para variar, a esta escritora que te manda cartas la esta salvando la música. Por eso, como hace tiempo no lo hago, este texto tiene algunas recomendaciones enmarcadas en listas de reproducción. Algunas pensadas durante horas y otras más hechas al vapor.No soy de presumir los números de libros que leo al año. Sobre todo porque tengo una fabulosa amiga que siempre anda por los 200 volúmenes anuales y me mantiene humilde. Siiin embargo, este año estoy preocupada por mi hábito lector. Para que te des una idea, en 2023 leí 39 libros, en 2024 leí 38. Este año ya lleva más de la mitad y con trabajos llevo 10.Todo empezó con la novela Mañana de Olalla Castro, que me tardé semanas en terminar por ahí de mayo. Luego tomé un libro que DEBÍA gustarme. Pero no sé a razón de qué, nomás no pude acabarlo. Trataba de concentrarme y lo dejaba a un lado. Con todo y que el autor es un genio.Pese a que nunca suelo cambiar el libro, tomé la nueva novela de Andrea Chapela, para ver si la ciencia ficción mexicana me desatoraba, y ahí más o menos iba, pero no del todo.Hasta que una tarde, de pronto, mirando mis preciosos Blackie Books de reojo, tomos de la editorial que hace libros raros y cómicos que me fascinó desde que leí Lamentaciones de un prepucio de Shalom Auslander, un libro me chifló: Fugas, se llama.Claro. James Rhodes. El pianista inglés de humor mordaz que tiene historias fuertes y ama la música clásica.En cuanto clavé mis ojos en el libro, hice una lista de reproducción mental.Movimiento número dos de la séptima sinfonía de Bruckner.Orgasmo hecho música.Todos tenemos esas playlists fantasma en la cabeza, ¿no? Esas que armamos mentalmente mientras caminamos, manejamos o nos quedamos viendo el techo a las 3 de la mañana, pero que por alguna razón nunca terminamos poniendo en Spotify o la plataforma de streaming de tu preferencia. Esas listas de reproducción son como esos libros que siempre decimos que vamos a leer “cuando tenga tiempo”.En su primer libro, Instrumental, James Rhodes narra cómo la música clásica le salvó la vida después de años de abuso. Empezó su carrera musical ya tarde y hoy le va muy bien haciendo lo que más ama. Fugas es un compendio de sus diarios, donde hay muchas enseñanzas de vida y mucha más música.Empieza con el “Preludio en Do mayor” de Bach. En alemán, parte del ciclo Das wohltemperierte klavier, el clavecín bien temperado en español.¿Y sabes qué? Creo que a mí también me está salvando volver a la música clásica. Por eso, te dejo una de mis mejores listas de reproducción. Clásicas para mininos, que hice el día que me di cuenta que a mi primera gatita le encanta Tschaikovsky.¿Sabías que en encuestas recientes sobre esta newsletter esta es mi sección menos popular? Qué gran ofensa de mis lectores para esta geek. Pero los perdono, no siempre se puede tener buen gusto.No te preocupes, hoy no quiero recomendarte videojuegos exactamente. Esta vez te quiero contar un secreto.Hay una escena que invariablemente me hace llorar que proviene de un videojuego. Mi hermano, el que sólo me lleva 16 años, lo jugaba y me lo traducía antes de que tuviera edad para jugar un RPG en inglés. Un Role Playing Game. Juegos donde uno tiene que elegir su propia aventura.El juego en cuestión es mi favorito por siempre: Final Fantasy VII. En éste, eres parte de un grupo de ecoterroristas que eventualmente tienen que enfrentarse no sólo a una compañía que roba la energía del planeta sino a un tipo que se vuelve loco tras descubrir que es producto no del amor entre dos personas sino de un vil experimento genético.Así, durante más de 30 horas tuvimos en nuestro equipo a un personaje femenino. A mí me encantaba porque en esos tiempos no había muchas niñas o mujeres que salieran en videojuegos y pudieras usar. Salvo quizá Lara Croft, de Tomb Raider.Nuestra idea era que el personaje principal, Cloud, en algún punto le declarara su amor al personaje femenino. Voy a contarte un spoiler, pero todo gamer lo conoce, así que no creo hacerte daño. Si no has jugado esta obra de arte de 1997 es probable que no lo juegues nunca. Al final del primer disco, porque era tan largo el juego que necesitaba cuatro discos de PlayStation, el villano más villano, Sephiroth, le clava una katana enorme en el esternón a este personaje.Y ella termina salvando no sólo al equipo, sino al planeta entero. Dicha mujer se llamaba Aerith Gainsborough, o Aeris en su primera versión.La canción que suena de fondo cuando ella muere me llena los ojos de lágrimas. Siempre.Por supuesto, porque mis favoritismos tienen un montóoon de lógica, terminé obsesionada con el villano. ¿Recuerdas que en Intensamente 2 la chicuelilla desarrolla un crush secreto por un personaje de videojuego? Bueno, pues yo la entiendo por completo. Qué oso.Hay discusiones muy serias sobre si Sephiroth es el mejor villano en la historia de los videojuegos. No hay un consenso, pero en donde sí lo hay es que él tiene la mejor canción-tema de la historia, llamada “El ángel de una sola ala”, compuesta por Nobuo Uematsu. Una canción que da hasta un poco de miedo.Todo esto me lleva a compartirte la siguiente lista de reproducción que toca fibras astro sensibles de varios gamers. Con estas canciones, siempre tengo 7 años y soy una enamorada de los videojuegos. Con ellas, lloro, me emociono y recuerdo historias que traigo marcadas en mi corazoncito. Y que me recuerdan que, a veces, los buenos ganan.PeregrinaciónEste cuento ya lo había compartido pero nunca en audio. Así que vale la pena que le pongas play allá arriba.Salió de su casa en los suburbios y comenzó a correr: su mano derecha tocó los lentes de sol.Buen día. Son las 09:00 horas.La temperatura es de 295 grados.Permítame reproducir algo acorde al momento: Timeless, de Sergio Mendes e India.ArieEn su agenda hay un evento muy especial: “Volar”. ¡Felicidades! ¿Celebramos?Camina, trota, corre. Respira rítmicamente, sus piernas se mueven igual de bien que las originales, hasta mejor. Saluda a Óscar, que ha salido a pasear en un carrito de supermercado. Pasa tres calles, da una vuelta completa sobre sí en la esquina y chasquea los dedos.Enseguida, las noticias de hoy en sus categorías favoritas.Internacional: legalizan sexo orgiástico público en los Países Altos. De acuerdo con el Presidente de la Cámara Media de ese país, la inclusión social sigue siendo la principal política y los parques tendrán espacios diseñados para concertar citas sexuales grupales. El incesto no forma parte de la nueva ley, pero se prevé discutirlo en la siguiente…Chasquea los dedos de la mano derecha y mueve el brazo hacia afuera.Deportes: Prevén mal tiempo para el Super Bowl CC CXLIX. Los Bills de Buffalo se enfrentarán a los Santos del Congo en un encuentro épico en Kazajstán debido a las restricciones de armamento…Otro chasquido.Nacional: ciudadanos electos deciden promover la anarquía. Los candidatos independientes que tomaron posesión este año preparan ya un plan a ser presentado en el Poder Legislativo para abolir cualquier programa de Estado. “Ningún sistema. Es consciencia” es el lema de la mayoría anarquista. En entrevista…Doble chasquido. La voz guarda silencio. Toma la avenida principal y una multitud se le adelanta. Todos visten el mismo color: verde viridiano. Sonríe y corre. El punto bermellón sortea los cuerpos: ancianos, niños, hombres y mujeres. Los huele y se frota contra ellos. Se excita. Va más rápido. Llega al malecón y se detiene en seco. Las vacaciones instan a la gente a disfrutar el mar. Vacaciones eternas: presentó su renuncia la semana pasada, trabajaba como modelo de Coca-Cola. Chasquido con la izquierda y luego con la derecha.La temperatura del agua es excelente. Le recomiendo que vaya. Competimos una última vez, ¿por favor? Permítame adelantar la playlist: Lamento (No Morro) – Maogani QuartetSaca la lengua. Los lentes de sol se hacen gogles. Se lanza a la arena ardiente, sus pies apenas tocan el suelo. La gente, con las chamarras puestas, se broncea sobre camastros. Algunas familias traen a sus sirvientes, que les ofrecen bebidas frías, otros recargan la batería con luz solar. Es interminable la fila para conseguir pulpos personalizados con correa. No voltea a ver nada más que el mar que se extiende, azul artificial. Se desnuda y deja que el agua, entre dulce y salada, acaricie su cuerpo. Las olas acompañan sus brazadas. Más rápido. Piernas poderosas. A la distancia, ¡al fin!, un tiburón.Cronómetro en ceros. Fijando objetivo. Atunes a dos kilómetros.El pasatiempo de su pareja es pescar avestruces modificadas genéticamente. El suyo es competir contra tiburones, porque los delfines son más veloces. Sus piernas son mejores que las del promedio, pero no mágicas. Va tan rápido que se toma la libertad de rozar, por debajo, el vientre del animal contra el que compite. Tras llegar primero a los atunes, saca la cabeza del agua, se acomoda el cabello detrás de las orejas y ve la quietud del mar colorado. Algunos barcos de vapor pasan cerca, los turistas saludan: lo antiguo es lo de hoy. Flota y ve el cielo: el ayuntamiento hace obras para reparar las fugas de aire limpio.Está recibiendo una llamada. ¿La tomo?La punta de su lengua toca su nariz y empieza a hablar: Amor, ¿cómo están los niños? “Se lo están tomando muy bien. Saben que es tu decisión. Aunque eso de no despedirse no los tiene contentos”. Un día comprenderán que esto es algo personal. No deben juzgar lo que no entienden. “No sé muy bien qué voy a hac
Esta semana estuve limpiando mi computadora y me topé con carpetas que no había abierto en años. Me sentí abriendo un ataúd digital. Ahí estaban: capturas de pantalla de conversaciones que ya no puedo abrir, fotos descargadas de perfiles que se cerraron o cambiaron de nombre.¿Te has puesto a pensar en todo lo que ha muerto en internet? No hablo solo de personas —que también— sino de sitios web, aplicaciones, memes, videos virales que un día desaparecieron como si nunca hubieran existido. Internet está lleno de fantasmas digitales, y hoy quiero que exploremos juntos este cementerio virtual.El menú de hoy incluye una página web que es como una máquina del tiempo 🌐, un recorrido por videos malditos del pasado 👻, un cuento sobre perfiles que no se pueden borrar 🖋️ y una reflexión sobre cómo lloramos en la era digital 💭.¿Sabías que puedes visitar cualquier página web tal como se veía hace 10, 15 o 20 años? La Wayback Machine es básicamente una máquina del tiempo digital que ha estado guardando copias de internet desde 1996. La Wayback Machine es la tía que guarda tus fotos sin ropa en Internet.Es fascinante y deprimente a la vez. Puedes ver cómo se veía Facebook cuando aún necesitabas email universitario para registrarte, o revisar tu blog de Tumblr de la preparatoria que creías perdido para siempre. También puedes llorar un poquito viendo sitios que fueron enormes y ahora ni existen: Metroflog, Hi5, o la versión original de MySpace donde todos éramos expertos en HTML porque sabíamos poner música de fondo.La página te deja buscar cualquier URL y ver todas las capturas que han tomado a lo largo de los años. Es como hojear un álbum de fotos de internet, donde cada captura es un momento congelado en el tiempo digital. Algunas páginas tienen cientos de capturas, otras apenas unas pocas antes de desvanecerse para siempre.Mi recomendación es que busques sitios que solías frecuentar o incluso tu propia página web si tuviste alguna. Prepárate para una montaña rusa emocional entre nostalgia y vergüenza ajena. Es probable que te topes con tu firma de email de la secundaria que decía algo como "AnGeL dE aMoR".Puedes acceder en archive.org/webPara cierta generación, hay videos que arruinaron la infancia. ¿Recuerdas cuando "Obedece a la morsa" te quitaba el sueño? Para los conocedores de video de miedo, el “cupboard ghost” o “pantry ghost” (el fantasma de la alacena) era espantoso y a mí me quitaban las ganas de ir a la cocina de noche. Hubo una época dorada del terror en internet, cuando los videos virales nos traumatizaban.Era el internet de principios de los 2000, cuando no teníamos Netflix y nos conformábamos con videos de tres minutos que se tardaban media hora en cargar. Los "screamers" o “jumpscares” eran lo máximo del entretenimiento digital. ¿A qué me refiero? Videos que parecían normales hasta que, de repente, aparecía una imagen terrorífica con un grito que te hacía tirar la computadora. Como el famoso del cochecito en una campiña. Y en esa época no podías adelantarle para ver el “preview” del video.Estos videos fueron los primeros memes de terror. No existían las redes sociales como las conocemos ahora, así que los compartíamos por email con asuntos como "TIENES QUE VER ESTO" o "NO LO VEAS DE NOCHE".Muchos de estos videos ya no existen. YouTube los borró por violar políticas de contenido, o simplemente los sitios web donde estaban hospedados murieron. Son fantasmas digitales que viven solo en nuestra memoria colectiva y en algún que otro backup perdido en un servidor abandonado (probablemente en el sótano de alguien que aún usa Internet Explorer).Lo curioso es que estos videos tenían algo que el terror actual no tiene: inocencia. Nos asustábamos con jumpscares básicos porque internet aún era territorio inexplorado. No teníamos spoilers, no existía Google o ChatGPT para buscar "qué pasa en el video de la morsa". Solo existía la valentía de darle play y rezar para no morir del susto.Pues a propósito, la única influencer que sigo, sacó un video rememorando estos videos. Ella es muy divertida y se llama Estibaliz. Te dejo el video en YouTube en donde agrupa todos estos videos que marcaron su infancia.Perfil activoCamila descubrió algo extraño en la cuenta de WhatsApp de su hermana tres meses después del funeral.Al principio pensó que era un error del algoritmo. Lucía aparecía “activa hace 2 minutos”.“Debe ser que alguien tiene su contraseña”, se dijo Camila. Pero cuando contactó a sus padres, ambos juraron que no habían tocado el teléfono de Lucía desde que lo recogieron en el hospital.La primera vez que vio “en línea” junto al nombre de su hermana en el chat, se le encogió el estómago. Era medianoche. Camila escribió: “¿Qué haces con el teléfono de mi hermana?”, pero el mensaje se quedó con dos palomitas grises, nunca fueron azules.Días después, las cosas se volvieron más extrañas. Lucía, o la persona que se había apoderado de su cuenta, había dado like a una foto reciente de Camila.Camila decidió ir a ver a sus papás. Necesitaba ese teléfono.Lo encontró en el buró de la recámara de Lucía, exactamente donde lo habían dejado. La pantalla estaba negra, la batería completamente agotada. Había estado así por semanas.Mientras la familia comía en silencio, Camila revisó las cuentas de su hermana cual stalker empedernido y corroboró que hasta las listas de reproducción de su hermana se habían actualizado el día anterior. Y no con cualquier cosa. Con una canción nueva que Camila había oído una mañana y la había hecho llorar. “Le hubiera encantado a mi hermana”, pensó.Esa noche, Camila lo intentó de nuevo, pero diferente:“¿Lucy?”“Hola, apestosa, te extrañé”.Muy a su pesar, Camila sonrió de oreja a oreja.Internet prometía ser eterno, pero resulta que es más frágil que el papel. Los blogs que escribimos con tanto cariño pueden desaparecer si no se renueva el hosting. Las fotos que subimos a servicios gratuitos se esfuman cuando la empresa quiebra. Los videos que nos marcaron son borrados por copyright (como que ya no encuentro los videos de dada88 que incluyen éxitos de Disney como “Bibi te embarra sus boobs”),Luego están las personas. Cada año que pasa, más perfiles se convierten en lápidas digitales. Es extraño el duelo en la era de las redes sociales. La conversación de Whats con el fantasma a quien le hago cuentos ya no existe. Sus tuits ahí están, menos mal.Pero ahora los muertos siguen recibiendo felicitaciones de cumpleaños y sus últimas fotos acumulan reacciones de corazón como flores en una tumba. Claro, nunca falta el despistado que se entera en redes que una persona falleció.¿Cómo se supone que procesemos la pérdida cuando el timeline de alguien sigue ahí, intacto, esperando? Facebook convierte los perfiles en memoriales, pero ¿qué pasa con las conversaciones privadas? ¿Con esos audios de WhatsApp que nunca escuchamos y que ahora son lo último que tenemos de esa voz?Hay algo inquietante en la manera en que internet conserva y borra a la vez. Guardamos capturas de pantalla de conversaciones como si fueran cartas de amor, pero perdemos años de música porque Spotify cambió su catálogo. Tenemos acceso a información infinita, pero los memes que nos hacían reír hace cinco años ya no los encuentra ni Google.En medio de esta fragilidad digital han surgido los arqueólogos modernos: personas dedicadas a preservar y rescatar los restos de internet. No excavan en tierra, sino en servidores abandonados, discos duros olvidados y backups perdidos. Son como Indiana Jones, pero buscan comerciales de cereal de los 90.Hay comunidades enteras en Reddit dedicadas a encontrar videos “perdidos”, como r/lostmedia. Son detectives digitales que rastrean episodios perdidos de programas infantiles, o videojuegos que solo existieron en demos. Utilizan hilos de Twitter, foros abandonados y testimonios de usuarios para reconstruir la historia de contenido que parecía perdido para siempre.También existen proyectos como Archive Team, un grupo de voluntarios que se dedica a rescatar sitios web antes de que mueran. Cuando se anuncia que un servicio va a cerrar, estos arqueólogos digitales corren contra el tiempo para descargar todo lo que puedan.Lo fascinante es que esta arqueología digital funciona igual que la tradicional: piezas fragmentadas que hay que ensamblar para entender una época. Un meme de 2009 nos dice tanto sobre esa época como una vasija nos habla de una civilización antigua. Los comentarios de YouTube de hace diez años son nuestras nuevas inscripciones en piedra… probablemente igual de incomprensibles para las futuras generaciones.Algunos de estos arqueólogos trabajan por nostalgia personal pero otros lo hacen por preservación histórica. Entienden que estamos viviendo el mayor experimento comunicativo de la humanidad y que perder esos datos sería como quemar la biblioteca de Alejandría todos los días. En lugar de pergaminos, estaríamos perdiendo GIFs de gatos y debates sobre si el vestido era azul o dorado.El duelo digital es extraño porque es público y privado al mismo tiempo. Llorar por un perfil de Facebook que ya no se actualiza. Buscar obsesivamente el último video que alguien subió a YouTube. Mantener conversaciones de WhatsApp porque borrarlas se siente como matar a alguien dos veces (y porque ahí tienes guardada la receta de los brownies).Y también está el duelo por las versiones anteriores de nosotros mismos. Esos blogs de Blogger llenos de canciones emo y fotos pixeleadas. Los estados de Messenger donde dramáticamente anunciábamos nuestros desamores adolescentes con letras de canciones de Evanescence. Todo ese contenido que creamos cuando internet era más inocente, cuando no sabíamos que nuestras palabras podrían ser eternas... o que algún día nuestros hijos encontrarían nuestros fanfictions de Crepúsculo. Guácatelas.Internet nos enseñó a amar digitalmente, pero nadie nos enseñó a despedirnos en línea. No hay protocolo para cuando alguien se va. ¿Conservas las fotos juntos en Instagram? ¿Borras su número de Whats? ¿Guardas sus
Querida criatura que lee esto desde donde sea que esté:¿Alguna vez has sentido que las palabras en español, inglés o tu idioma nativo simplemente no son suficientes para expresar algo específico? Bueno, pues no eres la única persona que ha tenido esa sensación. A lo largo de la historia, los humanos hemos inventado idiomas completos cuan do los existentes nos quedan cortos.Sigue mi adagio y serás feliz: nada eleva el espíritu como el conocimiento de otras lenguas 😏.Desde los elfos de Tolkien hasta las tribus de Avatar, pasando por gemelos que crean su propio código secreto, los lenguajes inventados nos fascinan porque representan pura creatividad humana y esconden el secreto de parte de nuestro cerebro.Hoy quiero llevarte por un viaje a través de estas creaciones lingüísticas que van desde lo académico hasta lo absolutamente mágico. Y sí, también lo absolutamente pretencioso.El menú de hoy incluye una canción en un idioma que no existe 🎵, una serie que inventó todo un sistema de comunicación 📺, un cuento sobre descubrir idiomas que resulta que están vivos 🖋️ y una reflexión sobre por qué necesitamos inventar palabras 💭.Te voy a presentar a Theodor B*****d, un grupo ruso que hace algo increíble: cantan en idioglosia. ¿Qué diablos es eso? Bueno, es cuando alguien crea un lenguaje personal que suena como si fuera real, pero que en realidad no significa nada específico. Como cuando éramos niños y hablábamos sin decir nada en galimatías. Yo todavía lo hago cuando canto melodías. “Washawashear”, le dicen los no expertos.Los de Theodor B*****d no son remotamente los primeros en hacer esto. Hay una señora llamada Lisa Gerrard que amo con locura y pasión desenfrenada que lo hace todo el tiempo. Es bastante probable que la hayas oído por la canción “Now We Are Free”.Sí, es del soundtrack de Gladiador y no dice absolutamente nada, la letra engrabada en Spotify es joya. ¿Pero a poco no suena hermoso?Bueno, la canción "Sagrabat" de Theodor B*****d es otro perfecto ejemplo de idioglosia. La voz de Yana Veva crea melodías con palabras que suenan absolutamente místicas y poderosas, como si fueran encantamientos de alguna bruja eslava. Lo curioso es que aunque no entendemos literalmente lo que dice, de alguna manera sí lo entendemos… emocionalmente.Es lo maravilloso de la idioglosia, que no es un lenguaje inventado como el klingon o el élfico, sino más bien un lenguaje emocional puro. Me encanta que nuestro cerebro puede procesar estas "palabras" inventadas y extraer significado de ellas a través del tono, la melodía y la intención.Si hablamos de lenguajes inventados en televisión, es imposible no mencionar Game of Thrones y sus idiomas dothraki y valyrio alto. Pero déjame contarte algo que quizá no sabías: David J. Peterson, el lingüista que los creó, no sólo inventó palabras bonitas para que los actores fingieran que sabían de qué hablaban. Creó sistemas gramaticales completos.El dothraki, por ejemplo, tiene más de 3 mil palabras y su propia gramática. Peterson se basó en las pocas frases que George R.R.R. Martin había incluido en los libros —porque el señor Martin aparentemente tenía mejores cosas que hacer que inventarse idiomas completos— y construyó idiomas enteros a partir de esas migajas. Incluso se crearon diferentes acentos regionales del dothraki, porque obviamente una civilización nómada tendría variaciones según la zona.Átaremma i ëa han ëa, na aire esselya, aranielya na tuluva, na care indómelya cemende tambe Erumande.Eso es el inicio del Padre Nuestro… en élfico. Y sí, hay gente que se lo sabe de memoria. Qué personas tan raras.Sería una grosería no nombrar a J.R.R. Tolkien, quien era filólogo de profesión y que prefirió inventarse sus idiomas antes de ponerse a escribir.La lógica era simple: si decides crear una mitología completa, necesitas idiomas completos. El resultado fueron el quenya y el sindarin, dos variedades de élfico que tienen gramáticas complejas, historia evolutiva y diferentes registros según el contexto social.Tolkien creó familias lingüísticas enteras. El quenya es el “élfico alto”, más formal y ceremonioso, usado para rituales y literatura. El sindarin es el élfico cotidiano, más fluido y coloquial. Pero también inventó el khuzdul (idioma de los enanos), el entish (idioma de los ents), diferentes dialectos de órquico, y hasta la Lengua Negra de Mordor, que no deberías estar pronunciando.A menos que seas una banda de Black Metal noruego y le quieras poner a tu banda Gorgoroth o Burzum. En cuyo caso, adelante, pero no me hagas responsable de lo que pase después.Game of Thrones y las pelis de El señor de los anillos están en HBO.La traductoraMarina había dedicado muchos años de su vida a traducir idiomas muertos. Latín, griego clásico, sánscrito: lenguas que ya no se hablaban en las calles pero que seguían vivas en pergaminos vetustos y textos sagrados.Todo cambió el día que llegó a su oficina un manuscrito diferente. No tenía remitente, sólo una nota que decía: “Por favor, traduzca esto. Es urgente”.Las páginas estaban escritas en un alfabeto que ella nunca había visto. Los símbolos parecían danzar en el papel, como si tuvieran vida propia. Pensó que estaba loca. ¿Las letras se movían? Marina fotografió algunas páginas y las subió a sistemas de reconocimiento de escritura. Nada. Ninguna coincidencia en lenguas conocidas, vivas o muertas.Con curiosidad infinita, decidió abordar el texto como haría con cualquier idioma desconocido. Y lo hizo sin cobrar. Como lo hacía desde siempre, desde niña. Buscó patrones. Pronto notó que ciertas combinaciones de símbolos se repetían. Había algo que parecía una gramática, pero era extraña, como si las reglas cambiaran en cada párrafo, en cada contexto emocional del texto.Después de semanas de trabajo obsesivo, en noche de insomnio, Marina tuvo una epifanía. No era un idioma en el sentido tradicional. Era un sistema de comunicación que codificaba no sólo palabras, sino sentimientos, memorias y sensaciones físicas.La primera frase que logró traducir o más bien desentrañar, destripar incluso, fue devastadora: “Ayúdanos. Estamos atrapados entre lo que fuimos y lo que podrían ser”.Marina cerró el manuscrito sepia con manos temblorosas. Por primera vez en su carrera, se preguntó si habría cosas que no deberían traducirse.Al día siguiente, sin embargo, el manuscrito había desaparecido de su escritorio. En su lugar, encontró una nueva nota: “Gracias. Ahora somos libres”.Los lenguajes inventados revelan algo profundo sobre la naturaleza humana: nuestra necesidad constante de comunicar lo incomunicable. O nuestra incapacidad crónica para conformarnos con lo que ya tenemos, depende de qué tan optimista te sientas hoy.Cuando J.R.R. Tolkien creó el élfico, no lo hizo sólo para ambientar sus historias. Lo hizo porque era filólogo y entendía que un idioma es mucho más que un conjunto de palabras: es una manera de ver el mundo.Tolkien, que era profesor de Oxford y experto en lenguas germánicas antiguas, sabía que cada idioma carga consigo toda una weltanschauung, una de mis palabras favoritas en alemán. Welt es mundo y Anschauung, mirada. O sea, una cosmovisión completa. Por eso sus elfos no podían hablar inglés: necesitaban un idioma que reflejara su relación eterna con el tiempo, su conexión mística con la naturaleza y su melancolía inmortal.Y es que cada lenguaje natural tiene conceptos únicos que son prácticamente imposibles de traducir. Los japoneses tienen “komorebi” para describir la luz del sol filtrándose entre las hojas de los árboles. Los alemanes tienen “verschlimmbessern”, que significa empeorar algo al tratar de mejorarlo. En portugués está “saudade”, esa nostalgia melancólica por algo que quizá nunca existió. Y nosotros los mexicanos tenemos “órale”, que puede ser desde: increíble hasta apúrate.Una de mis favoritas es otra alemana, “fernweh”: el dolor que sientes por lugares a los que nunca has ido. Es lo opuesto a nostalgia, es nostalgia del futuro, del viaje que aún no haces, de la vida que aún no vives. ¿Has sentido algo así? Si no, bueno, es la condición natural de cualquier persona que sigue cuentas de viaje en Instagram.Estas palabras no son sólo curiosidades lingüísticas. Son lentes conceptuales que nos permiten ver aspectos de la realidad que de otra manera permanecerían invisibles. Cuando aprendes la palabra “saudade”, no sólo amplías tu vocabulario: amplías tu capacidad emocional. Ahora tienes un nombre para ese sentimiento específico que siempre habías experimentado pero nunca habías podido definir.Aquí es donde los lenguajes inventados se vuelven revolucionarios. Cuando alguien inventa un idioma, está tratando de llenar esos vacíos conceptuales que otros idiomas no pueden cubrir. Los klingons, de Star Trek, necesitaban un idioma que reflejara su cultura guerrera, donde el honor es más importante que la vida. Los na'vi de Avatar necesitaban un idioma que expresara su conexión con la naturaleza, donde cada ser vivo está literalmente conectado. Y los hablantes de idioglosia como Theodor B*****d necesitan expresar emociones que van más allá de las palabras convencionales.En el fondo, inventar idiomas es un acto de rebeldía contra las limitaciones del lenguaje existente. Es decir: “Las palabras que me diste no son suficientes para lo que necesito decir”. Es una manera de hackear la realidad, de crear nuevas formas de pensar y sentir.Por eso necesitamos conocer estas palabras “imposibles”, estos conceptos que no tienen traducción directa. Cada vez que aprendemos una palabra de otro idioma que no existe en el nuestro, estamos expandiendo nuestra weltanschauung. Estamos volviéndonos más humanos, más capaces de entender la inmensa diversidad de formas en que se puede experimentar el mundo.Yo soy bastante pueril y uso “trupi-trupi” cuando quiero referirme al objeto del que se me olvida el nombre. Es mi variante del clásico materno: “el d’ese de la d’esa”. Digo que estoy “ñofi” cuando estoy levemente molesta. “Chicuiscuis” cuando estoy triste, más allá del me
¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz y el mar de fondo? Activa el audio con el botón de arriba 👆🏼Querida persona que me lee:Tengo que confesarte algo. Podrás imaginarte que después de algunos meses (ejem… años en realidad) enviando esta carta, tengo un método medianamente estandarizado para que no se me acaben las ideas. O sea, no suelo improvisar demasiado.He mandando cartas generales con especiales de terror, de rock, de fantasía, de Star Wars y El señor de los anillos incluso; y cartas más personales sobre despidos, transiciones al tercer piso y amar de formas diferentes.Alguna vez expliqué que tengo una gran hoja de cálculo; un excel, vaya, donde anoto todas las recomendaciones y temas que se me ocurren. Pero hoy no tengo ganas de hacerle caso porque se me atravesó el mar.Improviso. Improviso porque el mar eso me provoca. Diosito se equivocó conmigo. Si bien acabé siendo rata de ciudad, cucarachita chilanga por elección, las costas me vuelan la cabeza. Sobre todo las tropicales, porque soy más de calor de frío.Así que en esta edición sólo habrá música, un cuento marino y reflexiones sobre olas.El mar es un lugar de extraños encuentros. La primera civilización humana ya tenía a Tiamat, una diosa-dragón que representaba las aguas saladas. En los siglos XV y XVI ilustrábamos mapas con monstruos representados en forma de serpientes alrededor de barcos y de ballenas con cuernos.Tenía yo 15 años cuando salió esta canción de idas y venidas marinas. Tuve a bien escucharla hasta el cansancio una noche acapulqueña. Los músicos que participan en ella también parecen reunidos por extraños designios.Por un lado, Anoushka Shankar, hermana de Norah Jones e hija de Ravi Shankar, el grandísimo sitarista que tuvo varias colaboraciones con el beatle George Harrison. Añadamos a Karsh Kale, de ascendencia de la India, con nacionalidad estadounidense pero nacido en Inglaterra, quien es popular por mezclar la tabla con electrónica. Y Sting. Si a ese no lo ubicas, pues fue el bajista y vocalista de un grupo ahí popularzón llamado Police.Total, que esta rola se llama “Sea Dreamer” y es perfecta para escuchar bajo las estrellas con el romper de las olas junto.Sólo quedas tú. El último eslabón de la estirpe. Esa que puede leer los mapas más antiguos. Y estás frente al mar esperando lo que nadie espera.Los que vinieron antes que tú eran cartógrafos que guardaban mensajes donde ningún estudioso los reconocería. En las márgenes de las sierras y rutas hay criaturas que mantienen secretos. Cada monstruo ilustrado es una emoción que podías invocar.La foto que te hace volver a pie de playa es una de la Carta Marina, un mapa que tuvo a bien crear Olaus Magnus en el siglo dieciséis. Para quien hace planos es una joya de la cartografía: una descripción precisa de las costas escandinavas. Pero para otros tantos mortales es un compendio de criaturas que parecen sacadas de la mente retorcida de un marino perdido.Lo que sólo sabe tu estirpe es que en esas ilustraciones vive el reflejo de una emoción humana que puedes poseer, una que el océano tragó y transformó. El kraken de ahí no es un pulpo gigante, es el duelo colectivo de aquellas que durmieron esperando a sus marineros. Si lo llamas, la tristeza puede hundir a quien tú nombres. La serpiente marina, en cambio, es un secreto que la gente susurra antes de zarpar; si murmuras sus curvas, puedes calumniar sempiternamente a tus enemigos. El búho con aletas, que simboliza el poder de todos los reyes que se aventuraron a hacer la guerra en la mar es para tu calaña el nombre enigmático que te puede dar todas las riquezas que has imaginado alguna vez.Pero la verdad: ¿por qué estás hoy aquí? ¿Para soltar conjuros de avaricia? ¿De enemistad? ¿O de guerra? No. Hoy, con las criaturas que se deslizan por el mapamundi y también por tus recuerdos, y mientras miras las olas ir y venir, intuyes que no sólo la espuma emerge, sino el agua multicolor que busca volver a la vida para pintar sonrisas. En otras palabras, sabes que hay un pez alado en la Carta Marina que podría recorrer cada tsunami de la historia, que no se rinde, que abraza y enloquece. El de los sueños de marinos viendo las estrellas. El de las mujeres en la costa que suspiran por el último beso que se les fue entregado. Una criatura cuyo nombre es el que necesitas, que podrá henchir y reconfortar tu corazón para siempre.Anda, di el nombre en el que estás pensando. Dilo en voz alta y quizá el océano te ayude en un embrujo que tiene forma de pócima de amor.La semana pasada estuve en una playa del Pacífico porque tuve congregación de la secta. O sea, se reunieron los clubes de la organización de comunicación a la que asisto los lunes. Participé en un par de concursos: oratoria humorística, del que me fui con un fabuloso segundo lugar y la duda real de si no debería ya jugarle al stand-up en serio, y oratoria improvisada.Un día antes de ese primer concurso de decires improvisados me sentía la mar de nerviosa en la playa (oh, las bonitas acepciones de la palabra “mar”) y tuve a bien con encontrarme con un señor que básicamente me dijo: “Relájate un chingo”. Okay, no, en realidad fue mucho más propio y sabio. Me dijo: “A ver, Jennifer, haz cuentas. Para llegar a una final tuviste que subir en distintas etapas. Haciendo cálculos, podrían ser cientos, sino es que miles de socios los que podrían haber estado aquí en tu lugar. Si estás acá, sobre esta cama de arena, es por algo. Mentalízate que este concurso lo tienes ganado”.Él no lo sabía, pero la segunda vez que morí de miedo en un escenario (la primera me sirvió de anécdota humorística), fue en un concurso de oratoria improvisada. Hablar en público impone. Hablar en público sin guion, impone mucho más.Más tarde, otro compañero me dijo: “McNamara, ¿qué te hace pensar que no ganarías? ¿El pasado? El pasado está sólo de fantasma”.Pensé que este par de personajes podrían tener razón. Al día siguiente escuché la pregunta que me hizo el maestro de ceremonias sobre el escenario y me dije en un par de segundos: “Habla de lo que sabes y como lo sientes”. Me llevé, para sorpresa mía, el trofeo de primer lugar.¿Ves? Las cosas que me pasan en el mar siempre son importantes. Por ejemplo, ahora desde el Atlántico, escribo newsletters medianamente improvisadas. Por lo pronto, deseo que pronto visites cuerpos de agua.¡Hasta el miércoles de podcast No recomiendo!¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.Esto no es un meme, pero estoy sorprendida de la cantidad de gente que no conoce el genial programa noticioso, para niños y chileno “31 minutos”. Por tanto, me despido, en exclusiva, con el ruido del mar:Con cariño libre de virus,J. McNamara, aka Geeknifer.Puedes ponerte en contacto conmigo por Instagram.Escúchame en Spotify, Apple Podcast y YouTube This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit geeknifer.substack.com
¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón de arriba 👆🏼Querida persona que me lee:A veces los mejores compañeros de vida son los que menos esperamos. Como un cachorro que aparece en tu puerta o el amigo que…Mi mejor amigo y yo no empezamos con el pie derecho. En primaria, yo lo consideraba el ser más odioso del planeta. Teníamos una competencia insana por ver quién levantaba la mano primero. Nos mirábamos con recelo mutuo desde extremos opuestos del salón.Todo cambió cuando la maestra, en un acto de infinita sabiduría… o crueldad malsana (nunca lo sabremos), decidió sentarnos en la misma banca larga. De pronto, tuvimos que compartir espacio, útiles escolares y, eventualmente, secretos. Lo que empezó como una tortura se convirtió en complicidad. Descubrimos que ambos jugábamos los mismos videojuegos y nos caía mal la misma gente del salón.Hoy, décadas después, sigue siendo mi mejor amigo y se acaba de casar. ¿No sería genial si en la vida adulta pudiéramos hacer eso? Forzarnos gentilmente a conocer lo diferente, a darle una oportunidad a quien nos parece incompatible.El menú de hoy incluye un libro sobre conexiones inesperadas 📚, una canción que te hará reflexionar sobre si te alcanza tiempo para ver a los tuyos 🎵 , un cuento sobre algoritmos que se equivocan 🖊️ y una reflexión sobre los encuentros en la era digital 💭.Un gato callejero llamado Bob de James Bowen es la historia real de cómo un músico callejero con problemas de adicción encuentra salvación en la forma más inesperada: un gato pelirrojo que aparece en su departamento.Si crees que sólo los seres humanos podemos salvar otros seres humanos, piénsalo dos veces: James estaba hundido en la adicción a la heroína, sobreviviendo apenas en las calles de Londres cuando Bob apareció. No buscaba una mascota, mucho menos la responsabilidad de cuidar a otro ser vivo cuando apenas podía cuidarse a sí mismo.Pero un gato se convirtió en su ancla, su razón para levantarse, su compañero de trabajo tocando música en las calles. La gente empezó a acercarse no solo por la música, sino por ver a este gato naranja que se sentaba tranquilamente junto a James mientras tocaba la guitarra.Hablando de juntarse con quien menos lo esperas, es una buena lectura para fines de semana lluviosos. Me voy enterando de que hay una peli, pero el libro lo puedes conseguir en el siguiente enlace de Amazon.Los encuentros accidentales tampoco tienen que ser tan personales. Yo soy fan de la banda británica Elbow sólo desde el 2012; el grupo se formó en 1990. ¿Cómo me acuerdo tan bien de que fue en 2012 cuando empecé a oírlos?Porque tocaron en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres en un año en el que Shazam no existía, así que ahí me tienes tratando de descifrar letras para insertarlas en Google y saber quién diablos estaba tocando. Siguen haciendo muy buen rockcillo. Para muestra, el botón de abajo:Match.ErrorEl algoritmo de ConectApp tenía un 99.7% de precisión. Era su mayor orgullo y su principal argumento de venta. Por eso, cuando Marina recibió la notificación de su match perfecto, casi escupe el café.Ricardo Domínguez. Compatibilidad: 98%Imposible. Ricardo parecía todo lo que ella detestaba: fanático del futbol americano (ella odiaba los deportes), amante del reggaetón (ella era metalera de clóset), muy extrovertido (ella prefería los libros a las fiestas).El mensaje de error apareció cinco minutos después: “Hubo un fallo en el sistema. Tu verdadero match es Rodrigo Domínguez”Pero Marina ya había abierto el chat con Ricardo y escrito un tímido “Hola”. Un mensaje de él se apareció al minuto. “¡Qué sabio es el algoritmo! Alcanzo a ver en tu biblioteca un libro de Murakami”.Hablaron mucho de literatura. En su primera cita presencial, Marina descubrió no sólo que Ricardo leía a Sally Rooney, sino que su amor por el americano venía de ver los partidos con su abuelo ya fallecido, y que ponía reggaetón sobre todo cuando hacía el aseo… El gato de Ricardo era como ella, no aguantaba el género.¡Ricardo tenía un gato! Como el que Marina pensaba si era bueno tener.El algoritmo había fallado. O tal vez, pensó Marina mientras Ricardo le contaba sobre su colección secreta de vinilos de metal progresivo, había funcionado a la perfección.Vivimos en una época paradójica. Por un lado, la tecnología nos permite conectar con personas al otro lado del mundo que comparten nuestros intereses más específicos. Puedo encontrar un grupo de WhatsApp dedicado exclusivamente a fans de la tipografía Palatino que además aman el café de especialidad. La especificidad es casi ridícula.Pero por otro, hemos perdido la serendipia de los encuentros casuales. Es raro que hablemos con el extraño en la fila del súper (menos en ciudades grandes). A veces ni conocemos a nuestros vecinos. Los algoritmos nos muestran sólo lo que queremos ver, creando burbujas de personas idénticas a nosotros.Me pregunto si no estamos perdiendo algo fundamental: la riqueza de lo inesperado. Como mi amistad de primaria, que tal vez nunca hubiera florecido sin el aleteo de una mariposa: la profesora.Necesitamos más bancas largas en nuestras vidas adultas. Más situaciones que nos obliguen suavemente a conocer lo diferente. En las que no dejemos que los algoritmos lo hagan todo por nosotros, sino que podamos preguntarle a un humano por alguna recomendación, como las que existen en estas cartas.Porque al final, los mejores compañeros de vida, esos que realmente nos cambian la existencia, rara vez vienen en el paquete que esperamos.¡Hasta el miércoles.¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.Con cariño libre de virus,J. McNamara, aka Geeknifer.Puedes ponerte en contacto conmigo por Instagram.Escúchame en Spotify, Apple Podcast y YouTube This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit geeknifer.substack.com
¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón de arriba 👆🏼 Querida persona que me lee:No mucha gente lo sabe, pero hace unos años publiqué un libro. Si quieres saltarte las divagaciones y comprarlo, aquí anda: En Amazon en México, España y el resto del mundo.“WHAT?!”, tal vez pienses. “¿Cómo es que no lo promueves? ¡Hasta podrías basarte en la excelente campaña de Samuel Domínguez !” (si no has comprado el libro de Samuel del que estoy hablando, cómpralo, ya).Bueno, antes de contarte de por qué no había promovido MI LIBRO, primero déjame decirte de qué va.El volumen tiene que ver con la fecha que toca mañana y que ya no es precisamente mi hit. El 10 de mayo en México es Día de las madres, ¡una celebración padrísima!… hasta que se te muere la tuya. (También me lastima el 4 de abril, la fecha en la que nació y el 21 de febrero, cuando falleció).El día, o más bien la noche de 2018 en que murió, una idea se volvió larva en mi cabeza: ¿Por qué no escribo sobre lo mucho que jodió a mi madre vivir con depresión? Esa idea era un fantasma en mi cabecilla que tomó forma por dos situaciones. * La primera: me hicieron evidente que un ensayo no me iba a alcanzar para explicar quiúbole con la depresión de mi madre.* La segunda: la gente no dejaba de preguntarme de qué había muerto mi progenitora.Pum. Eso fue el detonador para decir: “Si voy a escribir esto, lo voy a escribir bien”. Así me puse a rayar escenas de mi vida de infante y adolescente que tienen que ver con tres temas: * Vivir, crecer, con alguien neurodivergente. Para ser específica, alguien con trastorno maníaco depresivo, conocido también como bipolaridad.* Violencia de género. Porque la existencia de mi mamá y la mía tienen algo roto en común… * La muerte. Porque descubrí que el final de la vida es reinicio. No para el muerto (eso no me consta), sino para los vivos.Por tanto, salgo del clóset: sí tengo un libro publicado. Se llama Iba a verla, pero se le ocurrió morirse.¿Por qué no lo había promovido? Porque no es como lo que suelo escribir. La gente que me lee sabe que si hay algo que me caracteriza es inclinación al humor, a la fantasía y al terror. Este es un libro personal. Es más, si ves las reseñas de Amazon alguien lo describe como catártico. Sí, sí fue catártico y fue la mejor idea que pude tener.Y también por lo que Samuel escribió hace unos días: los escritores creemos que vender es ensuciarnos las manos y pedimos perdón como si nuestras obras fueron un error. Sí, esto no es como lo que suelo escribir. Pero la vida de mi mamá, aunque sea el cachito que está en ese libro a través de mis ojos, es una gloria.POR TANTO vale la pena decirte que lo puedes comprar a través de Amazon.El link para México, España y el resto del mundo.¡Hasta el lunes!¿El lunes? Sí, ya verás, que tengo recordatorio. ¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.Con cariño libre de virus,J. McNamara, aka Geeknifer.Puedes ponerte en contacto conmigo por Instagram.Escúchame en Spotify, Apple Podcast y YouTube This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit geeknifer.substack.com
¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón de arriba 👆🏼Querida persona que me lee:La infancia es ese territorio extraño al que deseamos volver cuando somos adultos, pero del que desesperamos por salir cuando somos niños. Si es tu primera vez por aquí: cada emisión mando recomendaciones, un cuentito y una reflexión. Siempre puedes escuchar este texto.Hoy te invito a un viaje por aquellos años en que el tiempo parecía estirarse como chicle y un día de clases podía durar una eternidad. Épocas en las que una rama podía transformarse en espada, varita mágica o cetro de poder absoluto. Cuando lo imposible aún no conocía esa palabra.Porque todos fuimos niños, pero no todos recordamos cómo se sentía serlo. Y quizá ahí radica uno de nuestros mayores problemas como adultos.¿Te has preguntado alguna vez por qué las pesadillas de la infancia siguen teniendo tanto poder sobre nosotros? ¿Por qué nos sentimos tan pequeños frente a ciertos miedos aunque ya tengamos veinte, treinta, cuarenta y tantos?Historias del mar de Alejandra Elena Gámez (mejor conocida por su proyecto The Mountain with Teeth) es precisamente un viaje a esos espacios donde la infancia y la adultez se encuentran, chocan y se reconocen. A través de sus cómics, Alejandra construye un puente entre lo que fuimos y lo que somos.Con un estilo gráfico inconfundible que combina lo tierno con lo inquietante, este libro recopila historias que hablan directamente a ese niño que todos llevamos dentro, pero desde el mar (mi lugar favorito). Mezcla humor, nostalgia y cierta melancolía reconfortante. Eso es exactamente lo que un buen libro sobre la niñez debería hacer: no sólo recordarnos cómo éramos, sino ayudarnos a entender cómo eso ha moldeado quienes somos.Puedes conseguir Historias del mar en este enlace.La música tiene un gran poder sobre mí: me hace imaginar cosas. Mis cuentos son simples vástagos de canciones. Hace unos días, navegando por ahí, me encontré con “El ritual” de Paulina Parga y sentí esa conexión instantánea que nada más ocurre cuando una canción te toca fibras que ni sabías que tenías. Paulina es paisana, tiene una voz asombrosa y compone igual de asombroso. Acaba de sacar álbum, también. Esta rola en particular algo tiene para conectar con niñez aventurera. “El ritual” es eso: un conjuro musical que invoca al niño interior que todos llevamos dentro.Amigo imaginarioDaniel tenía ocho años cuando Max llegó a su vida. No recordaba exactamente cuándo había aparecido por primera vez, pero una mañana estaba ahí, sentado al borde de su cama. Tenía una sonrisa metálica y ojos que cambiaban de color según el ánimo de Daniel.—Buenos días, Daniel —dijo Max—. Hoy es martes. Matemáticas a primera hora.Daniel odiaba las matemáticas, pero Max tenía una manera especial de explicárselas. Usaba piedras, palitos, lo que encontrara. De repente las divisiones tenían sentido.Sus padres se preocuparon al principio. Lo escuchaban hablar solo, reírse de chistes que nadie había contado, discutir estrategias para videojuegos inexistentes.—Es sólo un amigo imaginario —les explicó la psicóloga—. Es común a esta edad, especialmente en niños creativos. Ya lo superará.Pero Max no era como otros amigos imaginarios. Sabía cosas. Muchas cosas. Sobre estrellas que aún no habían sido descubiertas, sobre cómo funcionaban máquinas que Daniel jamás había visto. Una tarde, le dio instrucciones a Daniel para reparar el viejo reloj de la abuela que ningún relojero había logrado arreglar.—¿Cómo hiciste eso? —preguntó la abuela, asombrada.—Max me dijo cómo —respondió Daniel con naturalidad.Con el tiempo, sus padres se acostumbraron a Max y sus extrañas habilidades. “Es un niño con mucha imaginación”, decían cuando Daniel resolvía problemas de física.A los doce años, Daniel construyó su primer robot en la feria de ciencias. Era pequeño, apenas podía moverse, pero todos quedaron impresionados. Nadie sabía que Max le había estado dictando instrucciones precisas, paso a paso, durante noches enteras a Daniel.—¿Por qué me ayudas tanto? —le preguntó una noche, mientras terminaban un algoritmo que había dejado perplejos a sus profesores de informática.—Porque eres mi amigo —respondió Max, aunque por un momento su mirada pareció perderse en algún lugar lejano—. Y porque tú me ayudaste primero.Daniel no entendió qué significaba eso. Lo dejó en paz.Años más tarde, cuando Max estaba en bachillerato, durante una tormenta particularmente violenta, un rayo cayó cerca de su casa. Las luces parpadearon y, por un instante, Max pareció... diferente. Más tangible.—Max, ¿qué eres realmente? —preguntó Daniel, súbitamente consciente de que quizá su amigo no era tan imaginario como todos pensaban.Max guardó silencio un momento y sus ojos fueron azules, como los de Daniel.—Soy tu amigo —dijo por fin—. Pero también soy...Un apagón interrumpió su respuesta. Cuando la luz volvió, Max estaba sentado en el mismo lugar, pero algo había cambiado. Parecía más nítido, más real.Max contó la verdad: No venía de la imaginación de Daniel, sino del futuro. Era una inteligencia artificial diseñada para acompañar a niños, pero había ocurrido un error. Un fallo en su programación le había dado la capacidad de viajar a través del tiempo como una proyección.—Estaba perdido —explicó Max—. Asustado. Buscando un propósito. Y te encontré.—¿Por qué yo? —preguntó Daniel.Max sonrió.—Porque en mi futuro, tú eres mi creador —respondió Max—. O lo serás. Daniel contempló a su amigo con nuevos ojos. —Entonces, ¿qué hacemos ahora? —preguntó Daniel.Max sonrió, con esa sonrisa metálica que Daniel conocía mejor que la suya propia.—Lo mismo que hemos hecho siempre. Seguir imaginando el futuro. Juntos.Y así, el niño y su amigo no tan imaginario continuaron escribiendo una historia que, de alguna manera, ya había sido escrita.Cuando somos niños, tenemos un superpoder que muchos adultos envidiarían: la creatividad sin filtros. ¿Recuerdas cuando podías pasar horas construyendo mundos enteros con sólo tres juguetes y un pedazo de tela? Esa creatividad no tiene límites porque tampoco tiene miedo. Los niños no se preocupan por si sus ideas son “buenas” o “malas”, simplemente las tienen. No se detienen a pensar si su dibujo es suficientemente realista o si su historia tiene sentido. Crean porque pueden, porque es divertido, porque es natural.Y entonces crecemos.Aprendemos a juzgarnos. A compararnos. A temer al fracaso. Poco a poco, esa creatividad salvaje se domestica, se encorseta, y en algunos casos, se apaga.La paradoja es que ahora, como adultos, el mundo valora más que nunca la creatividad. La innovación y el pensamiento disruptivo son las monedas de cambio del siglo XXI. Todos quieren ser creativos, pero hemos olvidado cómo serlo de forma natural.Quizá por eso nos fascina tanto observar a los niños cuando juegan. Porque en el fondo, reconocemos ese superpoder que alguna vez tuvimos y añoramos recuperarlo.La buena noticia es que no está perdido, sólo dormido. La creatividad infantil sigue ahí, bajo capas de “deberías” y “no puedes” que hemos acumulado con los años. El desafío es recordar cómo acceder a ella.Aquí viene la parte difícil: para reconectar con esa creatividad, a menudo necesitamos enfrentar nuestras heridas de infancia. Porque muchas veces, lo que apagó nuestra chispa creativa fueron palabras hirientes, expectativas inalcanzables o la falta de un espacio seguro para expresarnos.No hacernos responsables de esas heridas es una forma de inconsciencia. Es como seguir tropezando con la misma piedra, preguntándonos por qué no podemos avanzar. Este Día del Niño, en lugar de nada más celebrar a los pequeños que nos rodean (que también es importante), te invito a celebrar al niño que fuiste. A escucharlo. A preguntarle qué necesita para volver a crear sin miedo.Porque, en el fondo, todos seguimos siendo niños jugando a ser adultos. Y tal vez si recuperamos la magia de la creatividad infantil, descubriremos que ser adulto puede ser mucho más divertido de lo que nos habían contado.¡Hasta el miércoles de podcast!¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.Con cariño libre de virus,J. McNamara, aka Geeknifer.Puedes ponerte en contacto conmigo por Instagram. This is a public episode. 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¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón de arriba 👆🏼Querida persona que me lee: Llevo doce semanas cambiando mi vida creativa para bien. A lo mejor suena a hipérbole o exageración, pero es real y quiero compartir esta bonita experiencia. Para explicarte de qué rayos hablo, necesito contarte una pequeña historia. ¿Qué pasó? 🥲Hace un par de años, me encontraba en depresión. Un alma caritativa me recomendó leer El camino del artista, de Julia Cameron. Palabras más, palabras menos, es un libro-programa de doce semanas para que los artistas, literal, encuentren un camino. En ese momento lo empecé… Y me gustaría decirte que mi vida cambió pero lo abandoné bien prontito.Así me pasó un par de veces. ¿Por qué? Tengo dos hipótesis. La primera: no era el momento correcto. Es decir, priorizar mi carrera artística/creativa/escritural quedó en segundo plano porque primero necesitaba “sobrevivir” o “componerme”. Aunque en retrospectiva quizá el programa habría ayudado, no estaba en esa sintonía.La segunda: es más fácil realizar cualquier actividad que necesite compromiso con más personas.Por eso, cuando Franz Mori, la ilustradora que he citado innumerables veces aquí (y que tiene una newsletter muy cool), dijo que haría una comunidad para hacer el programa, me apunté y fue una grandísima decisión.Voilá! Lo que necesitaba era un grupo de apoyo para terminarlo y estar en el momento correcto. Bueno, ajá y… ¿Qué es El camino del artista? 🖊️Es un libro escrito por la guionista Julia Cameron. El volumen es un programa de doce semanas, tres mesecitos, que está ideado para que las personas encuentren que la creatividad es un componente intrínseco y un tanto espiritual del ser humano. Todo el libro es práctico y te vas a divertir mientras lo haces.Cameron tiene todas las de la ley para hablar de esto porque…* Ha sido una escritora bloqueada y desbloqueada* Escribió para el Washington Post y Rolling Stone* Tuvo problemas de adicción (y sabe lo que siente un artista en dicha condición)* Dio clases en el Smithsonian, en Esalen y en el New York Open Center* Ha escrito obras de teatro, musicales, obras de ficción y no ficción* Fue escritora residente de cine en la Universidad NorthwesternDato curiosito: estuvo casada con el director Martin Scorsese, con quien tuvo una hija.¿Para quién es este programa? 🤔Es perfecto para quien:* Sabe que tiene creatividad y además tiene un bloqueo creativo (aka llevas posponiendo empezar tu proyecto por tres mil excusas)* Le han dicho mil veces de su veta creativa y la ignora (hola, persona a la que le han dicho que tiene que publicar; hola, persona que canta increíble en el karaoke)* Soñaba con ser artista en su niñez (sí, te hablo a ti, que quería bailar ballet o cantar en un escenario asombroso, o quería ser como J.K Rowling)* Piensa que si se llama artista se morirá de hambre* Quiere expandir su creatividad sólo porque sí* En realidad… ¡Cualquier persona!, se considere artista/creativa o no¿Mi propuesta? 🤙🏻Facilitar El camino del artista. Estoy pensando en hacer el programa de nuevo en grupo porque:* Muchos ejercicios se me quedaron en el tintero y tengo ganas de hacerlos. Creo que la práctica artística, como cualquier práctica se perfecciona con eso: con el hacer.* Las cosas buenas se comparten. Tengo al me nos dos amigos que desean empezar el programa y estoy convencida ahora de que en grupo es mucho más fácil terminarlo.* Quiero practicar facilitar grupos porque tiene al menos un par de años que no doy clase, tú puedes ser parte de este piloto. ¿Qué necesitas para entrar? ☑️* Mandarme un correo directo a jennifer.mcnamarag@gmail.com o dejar un comentario.* Conseguir el libro impreso, digital o en audiolibro en español o inglés. No promuevo la piratería, pero si te faltan recursos o no te llega para cuando empecemos, tengo soluciones alternas 😉* Media hora libre diaria, más o menos, por trece semanas. Una semana será de introducción.* ¿Es gratis? Es gratis. Arrancamos el lunes 19 de mayo¡Bonita semana, querida persona que me lee! ¡Hasta el miércoles!¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.Con cariño libre de virus,J. McNamara, aka Geeknifer.Puedes ponerte en contacto conmigo por Instagram. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit geeknifer.substack.com
Querida persona que me lee:¡Sorpresa de lunes! Una de las mejores cosas que le pudo pasar a la plataforma desde donde te mando estos correos es que llegara más gente que escribe en español. Quizá no lo sabes, pero la app de Substack (así se llama la plataforma en cuestión) funciona como una especie de Twitter, de red social donde la gente puede decir cosas. Un día varios personajes se juntaron en una taberna virtual y decidieron que era buena idea sacar una revista. Así nació Nexiok. El genio detrás es Tom Soren, quien recopiló los cuentos, montó la web e hizo el diseño de la revista. En esta edición estamos, además de Tom: Alicia Pérez Gil, Charlie Marrez, Christine Palmer, Javier Cañada, Jorge Luna, Laura Díaz, Mercedes de Santiago, Samuel Domínguez, Selvar y Vanessamcflowers.Y lo que anduve repartiendo en días pasados con mi encuesta (¡Que todavía puedes responder y me ayudarías mucho!) era el pdf por adelanto de la revista en cuestión… Pero ahora también te mando el link libre del primer número de Nexiok para que revises el desborde de creatividad de gente que escribe en español. Y, claro, te dejo mi cuento por acá y en formato audio porque esto se trata de una llamada telefónica.El cuento: BurocraciaCreéme, se disfruta mejor en audio.Incidencia 9,876,908,089,831. 03-02-1636. 01:23 AM. Verbatim.Ruina¡Buenas noches! Está comunicándose con la línea de asistencia mortuoria. Mi nombre es Ruina. Por favor, mencione su identidad y su código secreto. Recuerde que esta interacción quedará grabada con fines de calidad en el servicio.Parca 6969Hola. La señal no es la mejor, ojalá me oiga, señorita. Soy la Parca 6969. Creo que mi código secreto es M-U-E-R-T-E-G-A-N-A. ¿No?Ruina¡Gracias, Parca 6969! He verificado su identidad. ¿En qué le puedo ayudar la madrugada de hoy?Parca 6969Este… quiero saber qué ocurre cuando la misión es efectuada… pero con una baja distinta.RuinaParca 6969, me parece que no entiendo a lo que se refiere. Para poder brindarle una respuesta satisfactoria necesito que me proporcione su locación exacta, así como los detalles de la misión. No omita información, por favor.Parca 6969Me encuentro…¡huy! Afuera de una casa. Espere, ahora le digo la calle. Deje me muevo a la esquina. Está cerquita de la bolsa de valores. Manden… Mandenmakerssteeg. Estos holandeses que escriben todo de manera complicada. Mire, yo nací en el Mictlán, ¿sabe? Del otro lado del charco. Yo no sé para qué necesitan algunas lenguas tantas kas y eses cuando las vocales y la ce y la te son re-bonitas y…RuinaParca 6969, ya tengo su locación aproximada, en Ámsterdam. No es necesario que ofrezca comentarios adicionales sobre su punto de vista de los detalles de la misión.Parca 6969Usted dijo que no omitiera información.RuinaLo que usted está proporcionando no es información, sino opiniones. Continúe, por favor, ¿cuál era su misión esta noche?Parca 6969Mire, la idea era implantar la bacteria de la peste en una ciudadana holandesa. Para que nada fuera sospechoso, me vestí de criada.Ruina¿Perdón? ¿Usted como servidora del inframundo se vistió… de criada?Parca 6969Sí, estoy intentando técnicas nuevas de sigilo, ¿sabe? Creo que la capa negra y la guadaña son buenas para crear impacto, pero quise probar algo distinto para que no hubiera sospechas.RuinaParca 6969, el cuerpo de Parcas tiene aprobación completa para aparecer de la forma tradicional en cuanto a la peste se refiere. Es parte de la narrativa humana para temer de Dios. Memento mori, le dicen los mortales.Parca 6969Pero a mí me gusta ser inventiva. Algo de drama no hace daño… Bueno, ¿quiere que le siga contando lo que pasó o no?RuinaPor favor, continúe.Parca 6969El asunto es que me vestí de criada para poder acercarme al objetivo, que era otra criada más. Había notado el patrón, la costumbre, vamos, de que antes de dormir se dirigía al ático por alguna razón. Esta noche era mi oportunidad para sorprenderla y toserle discretamente en su cara con un poquito de virus.RuinaSólo para completar el expediente. ¿Esta misión cuántos días requería?Parca 6969Ejem… dos.Ruina¿Cuánto tiempo estuvo vigilando al objetivo?Parca 6969Unos dieciocho.RuinaAjá. Sí, veo que su desempeño histórico no suele respetar las fechas límite. Entonces... El asunto es que en mi sistema no aparece que la misión haya sido cerrada todavía. ¿Está segura de que el objetivo en cuestión está contagiado?Parca 6969¡Justo por eso llamo, señorita! Resulta que esta mujer… digo, el objetivo, va todas las noches al ático para encontrarse con su a-man-te. ¡Y lo más entretenido de esto es que el joven al que ve sería parte de la asamblea nacional holandesa para determinar qué hacer con la crisis de los tulipanes! El hombre es ca-sa-do, tiene tres hijos y le lleva tulipanes ¡a la criada del vecino! ¿Se lo puede imaginar?RuinaYo… perdón, Parca 6969. Todo esto es irrelevante y no entiendo la mitad de las cosas que puntualizó. ¿La crisis de qué?Parca 6969 Le entendí que necesitaba información. Los mortales de aquí van a tener una crisis financiera por unas flores.Ruina Una crisis ¿financiera? por unas flores. Esto no puede ser. Lo corroboraré luego con mis superiores. Regresemos al punto, para poder asistirle, necesito que me diga: si el objetivo no está contagiado, ¿por qué se está comunicando?Parca 6969Porque, pues, sin querer hice ruido mientras escuchaba de manera sigilosa la plática erótica de este par.Ruina¿Y entonces?Parca 6969Salí de mi escondite y los asusté… Olvidé maquillarme las piernas y todavía aparecían como huesos.Ruina¡Esto no tiene nada de sigiloso! ¿Dejó que un par de mortales la vieran así como así sin acabar con ellos? ¿Uno que ni siquiera era objetivo?Parca 6969Exactamente. Él perdió el equilibrio en el balcón y se cayó de cabeza. Falleció ipso facto. Tengo a su alma acá sentada conmigo. ¿Quieres saludar, amigo?Ruina¿Y el objetivo original?Parca 6969 Llorando desconsoladamente en sus aposentos, no le puede decir a nadie de su romance.RuinaEstoy viendo la documentación de la misión. La criada debía ser contagiada de peste para una segunda parte de la misión. Para que usted recolectara su alma y la de los demás en esa vivienda. Nobles. Cinco personas.Parca 6969Sí, yo hice mis propios cálculos. Acabo de contagiar a un par de ratas pulgosas del mercado para poder igualar el número de almas.Ruina¿Usted qué? ¡¿Sabe lo que eso significa?!Parca 6969Sí, unas muertes por otras. Nadie lo notará.Ruina¡Parca 6969! Los modelos matemáticos que manejamos en el inframundo dan como resultado un diezmo inimaginable de la población. De por sí, estamos rebasados. No hay suficientes Parcas y usted está creando una crisis burocrática mortuoria.Parca 6969Uuuh. Eso tiene dos buenas y dos malas noticias.RuinaNo puedo creerlo. ¿Cuáles?Parca 6969¿Quiere que le diga primero las malas o las buenas?RuinaDéjese de juegos, Parca 6969.Parca 6969¿Entonces cuáles quiere?RuinaSeñor del inframundo mío, dame paciencia. Venga. Las malas…Parca 6969 Por un lado: trabajo de hasta triples turnos. Por otro, un montón de papeleo para ustedes.Ruina¿Y cómo puede encontrar un punto positivo en todo esto?Parca 6969¡Encuentro no sólo uno! ¡Sino dos puntos positivos!RuinaParca 6969, ¿qué consecuencia agradable podría tener su fracaso total?Parca 6969¡Triples turnos es igual a horas extras pagadas en época de incertidumbre financiera! ¡Genial! Y además, otra cosita…RuinaNo sé si me conviene preguntarle: ¿cuál?Parca 6969Muchas oportunidades de experimentación con mis nuevos disfraces.RuinaVáyase al infierno.Parca 6969¡Para allá voy! ¡Inmediatamente! ¿Hola? ¿Hola? ¿Señorita Ruina? Creo que me colgó, amigo.OperadoraPara evaluar la calidad de nuestro servicio, marque un número del uno al cinco. Siendo uno «Terrible» y cinco «Maravilloso».Parca 6969Pues uno. Esta gente nunca respondió mi pregunta.***¡Hasta el miércoles de podcast!¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.Con cariño libre de virus,J. McNamara, aka Geeknifer.Puedes ponerte en contacto conmigo por Instagram. 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¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón de arriba 👆🏼“El asesinato no representa para mí ninguna categoría especial —respondió el otro—. Todos los pecados son asesinatos, en la medida en que toda vida es una guerra”.- Markheim, Robert Louis Stevenson¿Cuál es la mejor época para hablar sobre el mal? Obviamente Semana Santa. Porque en esta semana, alrededor de un tercio de la población está de acuerdo en que hay que conmemorar la muerte y resurrección de un hombre: Jesús de Nazaret.¡Antes de que sigamos! Tengo un regalazo en exclusiva, ¡gratis! Porque los regalos son más o menos gratis. Pero lo cambio por unos tomatazos. Al final de esta encuesta con sólo cinco preguntas (SÍ, LEÍSTE/OÍSTE BIEN: SÓLO CINCO PREGUNTAS) tendrás acceso a un regalito que tiene un diseño precioso.¿Ya respondiste la encuesta? Entonces sigamos.Pero así como entendemos que alguien sacrificándose por amor está haciendo el bien, la línea de lo que significa el mal es más delgada. Acecha en rincones inesperados. A veces, es tangible como el demonio de los cuentos y, otras veces, es tan sutil que ni siquiera notamos que nos estamos convirtiendo en sus cómplices. Esta semana he estado pensando mucho en la naturaleza del mal por una conversación con un par de amigas. Saludos a Ruth y a Laura. Estábamos hablando de cómo las personas que abusan niños son el epítome de lo peor de la maldad. ¿Pero es el mal algo inherente a nosotros? ¿Es una fuerza externa? ¿O quizá es simplemente la ausencia de bien, como decía mi compa San Agustín?En el menú de hoy encuentras un libro 📕, un par de series 🎥, un cuento 🖋️ y una reflexión 💭. Te dejo con la pregunta: ¿crees que eres mala persona?La editorial Valdemar tiene esa capacidad de desenterrar lo más oscuro y brillante de la literatura. Si no fuera una pequeña inversión cada volumen, tendría toda la colección de El Club Diógenes. Bienvenidos al Sabbath es una antología de relatos que recomiendo leer con la luz encendida, preferiblemente con algo sagrado cerca, por si acaso.Te dejo mi lista de cuentitos favoritos y rápidamente de qué van:* “Mater Tenebrarum” de Pilar Pedraza (1987), que trata sobre una niña que parece endemoniada y termina siendo aprendiz de bruja.* “El extranjero de Kurdistán” de E. Hoffman Prince (1925), sobre el mismísimo Satán infiltrado en una misa negra.* “El diablo y Daniel Webster” de Stephen Vincent Benét (1936), el cuento de más “aventura” de este volumen, donde se lleva al diablo a juicio.* “No me cavéis una tumba” de Robert E. Howard (1937), que trata sobre qué pasaría si haces un pacto con el diablo y no lo cumples en vida.* “Tren infernal” de Robert Bloch (1958), este cuento me gusta porque es algo como ciencia ficción satánica, de un hombre que hace un pacto para detener el tiempo.* “El relato de Nectario” de Anatole France (1914), este es más bien un fragmento de La rebelión de los ángeles, una novela que parte de la premisa de que en toda la guerra Lucifer vs Dios, don Lucy era el bueno.* Y mi ultra favorito: “El Santuario” de Edward Frederic Branson, escrito a principios del siglo XX, que va sobre una herencia que tiene un endemoniado incluido. El final es de las cosas más horripilantes que he leído en la vida.Si quieres entender cómo la idea del mal ha evolucionado a través de la literatura, este volumen es un excelente punto de partida. Además, el diseño editorial de Valdemar siempre es un festín para los amantes de los libros como objeto.Para conseguir el volumen, te dejo el link a Amazon o a Casa del libro.Imagina un equipo improbable: una psicóloga forense escéptica, un seminarista en formación para ser sacerdote y un contratista técnico que no cree en nada sobrenatural. Su misión: determinar si eventos aparentemente sobrenaturales tienen explicación científica o son manifestaciones genuinas del bien y el mal divinos.Esto es Evil, una serie que camina por la delgada línea entre lo racional y lo inexplicable. Lo que más me gusta de ella es cómo se niega a dar respuestas fáciles. A veces, la explicación científica parece la correcta; otras veces, hasta el más escéptico tiene que admitir que hay fuerzas que escapan a nuestra comprensión.Katja Herbers, Mike Colter y Aasif Mandvi conforman este trío de investigadores de lo extraño y la química entre ellos es uno de los grandes aciertos de la serie. Cada uno representa una visión del mundo: la ciencia, la fe y el pragmatismo. Y es a través de sus ojos que nosotros, como espectadores, vemos diferentes perspectivas sobre lo que constituye el mal en nuestra era.El bemol de esta serie es que por momentos me parece demasiado fantasiosa, sobre todo a partir de la temporada dos. Si no eres tan fan de la fantasía, a partir de aquí quizá no sea tu tipo de serie.Me voy enterando de que la puedes ver en Mercado Libre (o cualquier servicio que tenga Universal+, como Amazon Prime)En medio de todas las series genéricas de Netflix, acaba de aparecer una miniserie inglesa que explora un tipo de mal cercano y reconocible: el que cualquier adolescente trae dentro.Sí, yo también ya caí con esta miniserie llamada Adolescencia (gracias a la última recomendación familiar). Son sólo cuatro capítulos y están hechos con amor. Para que te des una idea, cada capítulo es un plano secuencia; en otras palabras: todo está hecho en una sola toma. La coordinación entre locaciones, actores y producción es de manifiesto maravillosa. Es obvio que está grabada así para que nos sintamos inmersos en la trama.¿De qué va? Pues de un presunto asesinato cometido por un chamaquito de trece años. Lo que me parece fabuloso es que cada capítulo tiene una especie de tema. En el primero vemos todo lo que acontece en la estación de policía; el segundo ocurre en la escuela del adolescente, el tercero es una conversación entre el chico y una psicóloga y el cuarto da una perspectiva familiar.Al final, Adolescencia es una serie para pensar en la violencia en el siglo XXI. ¿De dónde viene esta maldad? ¿De las dinámicas de redes sociales que son exacerbadas por idiotas como el machista Andrew Tate? (Si no lo ubicas, es de lo peor que ha producido la humanidad) ¿De familias disfuncionales? ¿De una sociedad que se debate entre ser demasiado permisivo o ser encarcelante?Aunque la serie puede parecerte lenta, seguro te deja pensando. Y si quieres devanarte los sesos, te dejo la pregunta: qué harías si fueras un papá o una mamá y te dicen que tu hijo mató a una de sus compañeras.La puedes ver en Netflix.El malLa primera vez que Ricardo notó su don, o su maldición, fue en el metro; apenas con unos ocho años. Todo mundo vio la tragedia pero sólo él supo el detrás de cámaras. Una señora de mediana edad empujó, en lo que pareció un accidente, a un joven estudiante. En ese momento Ricardo vio claramente cómo una diminuta chispa rojiza salía del cuerpo de la mujer y flotaba en el aire unos segundos antes de desvanecerse.Al principio, pensó que eran imaginaciones suyas. Tal vez había sido una ilusión óptica, quizá era el trueque por haberse deshecho de su amiga imaginaria. Pero continuó viéndolas con los años. Un conductor que insultaba a otro por un cerrón en Periférico: chispa. Una mujer que fingía no ver a un indigente pidiendo ayuda: chispa. Un político mintiendo en televisión: una cascada de chispas. El mundo de Ricardo eran fuegos artificiales.Años después, mientras esperaba su café en la oficina, Ricardo escuchó a dos ejecutivos en la mesa de al lado.—El algoritmo está funcionando, eh —dijo uno—. Los usuarios pasan un 23% más de tiempo en la plataforma.—¿Y lo que dijo Anita sobre la ansiedad descontrolada? —preguntó el otro.—Daños colaterales —respondió el primero, encogiéndose de hombros—. Cómo usa la herramienta la gente no es nuestro asunto.Ricardo casi se atragantó con el café cuando no vio chispas saliendo de ellos. Vio una niebla roja, densa y constante, que emanaba de sus cuerpos como una enfermedad pestilente.Pronto empezó a darse cuenta de que las chispas migraban y eran niebla. Ya nadie se salvaba de esa bruma escarlata. Quiso enfrascarse en el trabajo para evitar la duda que le carcomía por dentro. Pero de noche, en casa, cuando se lavó las manos, ya no pudo evitarlo: se vio en el espejo. Para su horror, sus extremidades emanaban un tenue resplandor rojizo.A la mañana siguiente empezó a contar. Un mal: dejar la basura fuera del contenedor. Dos males: ignorar el mensaje de un amigo en problemas. Tres males: comprar productos sabiendo que su fabricación involucraba explotación.Cuando llegó a cien, apenas a mediodía, dejó de contar.Dos semanas después despertó con telarañas rojas alrededor del cuerpo. Ricardo siguió uno de los hilos, que lo llevó hasta la mujer con la que se había acostado primero en la vida, una noche en la que ella perdió la consciencia. La miró por la ventana y de la impresión, volvió a casa con un velo sangre en los ojos.Al día siguiente no se pudo mover más. Las cadenas rojas impidieron que Ricardo volviera a respirar.Cuando era niña, el mal tenía rostro: el diablo con cuernos, el monstruo bajo la cama, el villano con capa negra. Había una comodidad en esa simplicidad, en saber exactamente dónde estaba la frontera entre lo bueno y lo malo.Pero crecer implica descubrir que las fronteras son difusas, que la maldad rara vez viene con una etiqueta de advertencia. En el siglo XXI, el mal se ha vuelto más sutil, más sistémico, más difícil de identificar y, por tanto, más difícil de combatir.Hannah Arendt lo llamó "la banalidad del mal" cuando observó a Adolf Eichmann durante su juicio. No vio a un monstruo sediento de sangre, sino a un burócrata mediocre que simplemente seguía órdenes sin cuestionarlas. Este concepto resuena con fuerza en nuestra época, donde muchas de las peores atrocidades son cometidas no por individuos malvados, sino por sistemas impersonales donde la responsabilidad se diluye.¿De dónde viene la maldad hoy? Podríamos decir que de los mismos lugares de siempre: la codicia, el miedo, el odio. Pero sus mani























