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El podcast de Juan Gómez Bada

Author: Juan Gómez Bada

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Un lugar para aprender sobre inversiones y encontrar las diferencias entre los distintos caminos a seguir. Todo con la finalidad de lograr la mejor rentabilidad para nuestros activos.

42 Episodes
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Hace 12 años, antes de nacer Avantage Fund en julio de 2014, era responsable de la gestión de la cartera propia de Banco Popular. En aquel momento, la deuda pública española venía de recuperar desde los mínimos de la crisis del euro y, como consecuencia, en la cartera se acumulaban plusvalías significativas. La decisión del banco fue vender esos bonos con ganancias para materializar beneficios y, en su lugar, comprar otros de vencimientos similares. Una rotación para asegurar resultados sin alterar en exceso el perfil de riesgo.
La OTAN ha sido durante más de 75 años la arquitectura de seguridad más relevante del mundo contemporáneo. Durante décadas, ha funcionado como un marco de coordinación militar y política entre aliados que, con tensiones internas inevitables, ha contribuido a evitar grandes guerras y a estabilizar el entorno estratégico en el que operan economías, empresas e inversores.
El interés compuesto se ha convertido en un recurso comercial recurrente. En presentaciones y discursos comerciales se describe como una «bola de nieve» que, con solo invertir a largo plazo, acaba generando grandes ganancias «sin hacer nada». La imagen es útil para fijar una idea, pero suele omitir la parte incómoda: el interés compuesto no es magia, es una consecuencia matemática que solo aparece con claridad cuando se cumplen varias condiciones simultáneamente. Si falta alguna, la bola de nieve se queda en una canica.
En los mercados financieros, la distancia suele distorsionar la percepción del riesgo. Cuando un inversor observa su cartera “desde lejos”, sin entrar en el análisis del modelo de negocio de cada compañía, surge la tentación natural de agrupar los valores por elementos comunes: país, sector, tamaño o etiquetas que sugieren similitudes superficiales. Este enfoque simplificador conduce a una conclusión errónea: creer que todas las empresas que comparten un mismo grupo se comportarán de manera similar en bolsa.
Donde los medios ven peligro, los empresarios ven contexto.
Este lunes 13 de octubre, en la conferencia anual de inversores, expuse tres ideas que, a mi juicio, la mayoría de los inversores entiende mal. Son conceptos muy extendidos en la práctica financiera, pero que no se sostienen cuando se analizan desde la realidad de las empresas, de los mercados y del sentido común.
Desde hace décadas, tres agencias dominan la calificación del riesgo crediticio mundial: Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch. Su peso es tal que han configurado la arquitectura del mercado de renta fija pública y privada. Gobiernos, bancos, aseguradoras, fondos de pensiones o gestoras de inversión ajustan sus decisiones a los dictámenes de estas firmas, cuyas metodologías son tan semejantes entre sí que, en la práctica, el veredicto es único.
Comprar una vivienda mediante una hipoteca parece razonable. Endeudarse para poner en marcha un proyecto profesional también. Incluso hay quien financia estudios de posgrado con un préstamo y no levanta sospechas. Pero mencionar que uno ha pedido dinero prestado para invertir en activos financieros —acciones, fondos, ETFs— suele generar un juicio inmediato: «una locura».
El inversor financiero frente al empresario: dos formas de leer un negocio.
Lo que ves, lo que no… y lo que deberías apuntar.
Europa quiere capital… pero sin empresas que ganen dinero
Bajistas, os queremos

Bajistas, os queremos

2025-08-0607:47

No es habitual agradecer a quienes apuestan contra las empresas en las que has invertido. Pero los inversores bajistas juegan un papel tan necesario como infravalorado en el buen funcionamiento de los mercados financieros. Ayudan a equilibrar el exceso de optimismo, a destapar malas prácticas antes de que se vuelvan sistémicas y, sobre todo, a proteger a los inversores que miramos más allá del corto plazo.
En el corazón de Europa, donde las fronteras regulatorias deberían ser cada vez más permeables gracias al pasaporte europeo UCITS, sorprende descubrir que los fondos de inversión españoles siguen siendo, en su gran mayoría, productos de consumo exclusivamente doméstico.
Cuando algo altera la vida normal en el mundo —una guerra; una pandemia; un atentado; un resultado inesperado en un referéndum — los ojos de los ciudadanos y los titulares de los medios se vuelcan de inmediato hacia las bolsas. Los gráficos en rojo, las caídas abruptas y el lenguaje de urgencia toman el protagonismo, como si los mercados fueran un termómetro de la estabilidad global. Y, en parte, lo son.
Europa ha decidido aumentar drásticamente su gasto en defensa, y la forma de financiarlo es, en gran medida, a través del endeudamiento. Ese incremento de gasto público se pagará, tarde o temprano, con mayores impuestos. Algunos serán visibles —los tradicionales—, pero otros permanecerán ocultos a simple vista.
Inocsa, la sociedad que controla el 62% de Catalana Occidente ha lanzado una OPA sobre el 38% que no posee al precio de 50 euros por acción. Ha condicionado la OPA a la compra de al menos el 13% del capital social para acabar controlando un 75% como mínimo del capital.
El mercado financiero suele reaccionar con entusiasmo ante medidas que impulsan el gasto público. En el contexto actual, el aumento del gasto militar en Europa ha sido recibido con euforia en las bolsas, ya que los inversores anticipan un incremento significativo en el crecimiento económico de los próximos años. Sin embargo, este optimismo es engañoso si se observa la situación con una perspectiva de más largo plazo.
Las aplicaciones de la inteligencia artificial generativa están acelerando el declive de muchos modelos de negocio. Para los primeros ejecutivos de las compañías, esta tecnología puede presentarse como una amenaza y como una oportunidad.
La semana pasada, la Comisión Europea propuso flexibilizar nuevamente las reglas fiscales autoimpuestas para contener la inflación. Es decir, al igual que ocurrió durante la pandemia, el objetivo de estabilidad de precios pasaría a un segundo plano con tal de preservar el tejido productivo y el orden social. En esta ocasión, la prioridad es la seguridad y la defensa.
Los fondos de inversión operan en los mercados financieros y ofrecen a sus partícipes liquidez diaria. Sin embargo, este beneficio conlleva un riesgo inherente: la posibilidad de una crisis de liquidez que afecte a todos los inversores.
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