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Quien guarda mi Palabra
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Quien guarda mi Palabra

Author: Radio María España

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Dedicamos este programa a estudiar y orar la Palabra de Dios. Escucha todos los podcasts de Radio María España en https://radiomaria.es/podcasts
59 Episodes
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Durante una comida en la casa de uno de los principales fariseos que le había invitado, Jesús cura a un enfermo de hidropesía y, a continuación, aprovecha el momento para dar unas enseñanzas a los allí presentes invitándoles a la humildad, pues “todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido”. Una vez más, Jesús exhortará, a través de la imagen de la parábola, a que el hombre responda de manera positiva al don que Dios gratuitamente le ofrece, que es su propia salvación.
A la pregunta que le hace una persona a propósito del número de los que se salvan, Jesús no responde a esta cuestión sino que, aprovecha la ocasión para afirmar que para entrar en el gran don de Dios que es la “salvación” que Él ofrece, se requiere una acogida, una respuesta que exige empeño y un esfuerzo para entrar en ella. Y para ser partícipe de ella no serán suficiente los buenos deseos por sí mismos, pues “muchos intentarán entrar y no podrán”. Para entrar en el banquete del Reino de Dios no basta haber estado con Jesús, ni haberlo escuchado; ni tampoco es suficiente con pertenecer al pueblo elegido; es necesario haber puesto en práctica sus enseñanzas.
Junto a las enseñanzas que Jesús da a todo aquel que quiera seguirle, el evangelista añade el relato de la curación de una mujer, enferma por un espíritu inmundo. Su sanación expresa una vez más el poder del Señor sobre el mal, signo de que el Reino de Dios ya está aquí en la persona de Jesús, en sus palabras y en sus obras. Y aunque el Reino de Dios tenga orígenes modestos e insignificantes (como el grano de mostaza y la levadura) su vitalidad es tal que crecerá superando toda previsión e incluso todo obstáculo que se le ponga.
En la vigilancia y espera del Señor, el discípulo expresa su amor hacia su Maestro y Señor, y este amor se traduce, entre otras cosas, en el cumplimiento de las propias obligaciones, cumpliendo la tarea encomendada. La fidelidad a quien es fiel en todo momento y circunstancia ha de ser la respuesta de todo el que quiera seguirle, una fidelidad que exige perseverancia en medio de las pruebas, y una perseverancia que se obtiene por medio de la conversión.
Después de sus duras palabras a los fariseos y escribas, ahora se dirige Jesús a sus discípulos para que no caigan en los mismos errores, sino que vivan su fe con coherencia y fidelidad. Con la parábola del “rico insensato”, Jesús previene a sus discípulos de la tentación de llevar una vida “equivocada”, preocupada por conseguir y disfrutar sólo de los bienes materiales y no buscar los bienes eternos, los que no pasan. Lo que ha de procurar el discípulo es mantenerse “vigilante” para ser fiel a su Señor, que llega en cada momento y que un día volverá de manera definitiva.
Jesús ha desmontado la acusación que le hacían los fariseos y los escribas de estar guiado y dominado por Belzebú, el príncipe de los demonios. A continuación, el evangelista nos presenta de nuevo la doble respuesta que encontró Jesús ante su persona y ante todo lo que enseñaba y realizaba: por una parte, la oposición firme de los fariseos y los escribas a los que Jesús critica duramente echándoles en cara su hipocresía y su falsedad; y por otra, la acogida y la fe de aquéllos que escuchándole aceptan su palabra y la ponen en práctica.
Con la oración del “Padrenuestro” que Jesús enseñó a sus discípulos, el evangelista realiza una bella catequesis sobre la oración que se inicia con la parábola del amigo “inoportuno”, con la que Jesús nos dice que Dios siempre nos escucha cuando nos dirigimos a Él. Hemos de “orar” siempre con la certeza de que Dios sabe mejor que nadie lo que necesitamos. Lo que el Señor nos pide es nuestra plena confianza en Él. Salgamos confiadamente a su encuentro, respondiendo cuando Él llama a nuestra puerta.
Si la parábola del buen samaritano es el ejemplo claro de quién es capaz de ver: quien se deja llevar de la compasión y actúa con misericordia, lo que se nos cuenta en el episodio de Marta y de María completa lo dicho. Para poder mantener la acción a favor del prójimo, tanto a nivel personal como comunitario, la mejor preparación es sentarse, como María, a escuchar la palabra de Jesús. Y de María escuchando a Jesús, el evangelista pasa a Jesús hablando con Dios, lo que provoca el deseo de los discípulos de imitarlo; momento que aprovecha el Señor para enseñarles el “Padrenuestro”, modelo de toda oración.
Lo mismo que Jesús envió a los Doce a anunciar el Evangelio después de un tiempo de estar con Él, ahora envía a setenta y dos discípulos dándoles las mismas instrucciones. La misión fue realizada con éxito, y Jesús da gracias al Padre porque revela “estas cosas” a la gente sencilla, los cuales son capaces de “ver” y “oír” lo que muchos no vieron ni oyeron. La parábola del buen samaritano es el ejemplo claro de quién es capaz de ver: quien se deja llevar de la compasión y actúa con misericordia.
El evangelista presenta el ministerio de Jesús como un viaje a Jerusalén. En esta sección nos ofrece una serie de materiales donde aparecen dichos y discursos de Jesús, así como parábolas y milagros, donde va presentando el itinerario de Jesús, que sube paso a paso a Jerusalén para cumplir la voluntad del Padre, mediante su Pascua. Jesús sabe que su destino es entregar la vida por amor, que incluye morir y resucitar en Jerusalén. Con firme decisión, con plena libertad, emprende, sin titubear, la subida a la ciudad santa.
Después de lo sucedido en la montaña donde Jesús ha mostrado su “gloria” a sus discípulos predilectos, el evangelista nos presenta a Jesús curando a un muchacho poseído por el maligno, mostrando una vez más su poder sobre el mal y cualquier forma de mal. El proyecto salvador de Dios, que culminará en la pasión, muerte y resurrección de Jesús, será comprendido y aceptado por aquél que se haga como un niño y no busque ni grandezas ni honores, sino que viva desde el servicio y la entrega, a semejanza de Jesús.
Las palabras con que Jesús comunica su destino “sufriente” son la respuesta y, a la vez, la corrección que hace a la confesión mesiánica de Pedro. Él no quiere que se le vea como un Mesías al estilo de las expectativas populares. Pues Él tiene que sufrir mucho, ser rechazado y asesinado. Todo esto entra dentro del plan de Dios. Pero este camino de Jesús no es sólo para él sino para todo el que quiera seguirle. Así lo dice al poner las condiciones para su seguimiento. Aunque pueda parecer “derrotista” este proyecto de vida, la Transfiguración en la montaña anticipa la “gloria” de Jesús y con él, de todo aquél que esté dispuesto a seguirle hasta el final.
El poder de Jesús se ha visto en la resurrección de la hija de Jairo donde muestra que Él es la resurrección y la vida. Quienes han visto lo sucedido han quedado atónitos ante este prodigio. Después de un tiempo de convivencia y de aprendizaje, Jesús hace partícipes a los Doce de su misma autoridad y los envía a realizar su misma obra. El relato de la multiplicación de los panes y peces servirá de pórtico a la vital pregunta que Jesús hará a los Doce sobre quién es Él. La respuesta mesiánica de Pedro servirá para que Jesús anuncie su destino “sufriente”.
Quien acoge la Palabra de Dios que anuncia Jesús y la pone en práctica se convierte en “testigo” de lo que esa Palabra es capaz de realizar incluso en la propia vida. Las curaciones que nos presenta el evangelista son el ejemplo claro de esa vida nueva que brota en el corazón de quien está dispuesto y disponible a acoger la persona de Jesús. El endemoniado de Gerasa y la mujer “hemorroísa” sienten en sus vidas la “novedad” que trae la Buena Nueva de Jesús: una sanación interior que colma toda expectativa humana.
Lo que ocurre en casa de Simón, el fariseo, muestra una vez más la infinita misericordia de Dios que hace presente Jesús con sus palabras y sus acciones. La mujer pecadora ha experimentado la misericordia de Dios con el perdón de sus pecados. Siendo perdonada comienza en ella una vida nueva. Así ocurre en todo aquél que se comporta como terreno fértil, capaz de acoger la “semilla” y dar fruto, como nos recuerda Jesús en la parábola del sembrador, acogiendo la Palabra y poniéndola en práctica.
Después del “sermón de la llanura” promulgado por Jesús, el evangelista nos presenta la curación del criado del centurión y la resurrección del hijo de la viuda de Naín. Estos dos prodigios realizados por Jesús son la prueba de lo que puede realizar su “palabra” cuando ésta se pronuncia y encuentra acogida en quien la escucha. Jesús tiene poder para devolver la salud a un enfermo y la vida a un muerto. Estos y otros prodigios, ya anunciados por Dios a través de sus profetas, son la señal de que Jesús es el Mesías y que no hay que esperar a otro.
Jesús promulga dentro del “sermón de la llanura” cuatro advertencias que van dirigidas a aquéllos que fundamentan su vida en “seguridades” que no son perennes. La actitud propia de quien quiera ser discípulo suyo ha de ser vivir en el amor, imitando al Maestro y Señor, sin juzgar ni condenar a nadie, realizando el bien sin buscar recompensa alguna, perdonando a los enemigos y actuando de manera benévola hacia ellos. Viviendo de este modo, el discípulo de Jesús edifica sólidamente la existencia sin miedo a todo lo que le amenaza. Palabras clave: Sagradas Escrituras / Evangelio de Lucas / Sermón llanura / Discipulado / Firmeza
Jesús apreciaba y respetaba el sábado y lo había incorporado a su espiritualidad, iba a la sinagoga a rezar y cumplía seguramente otras normas relativas a este día. Pero lo que Jesús va a criticar es la interpretación errónea del mismo, tal y como lo hacían los fariseos y otros grupos, como lo indica el relato de las espigas arrancadas en sábado así como la curación del hombre de la mano atrofiada. La elección de los Doce es el preludio del anuncio de Jesús, donde va a pronunciar el programa y el proyecto de vida de quienes lo quieran seguir.
Jesús no sólo tiene el poder de sanar y perdonar los pecados, también es capaz de llamar a los pecadores y atraerlos hacia sí. Su llamada a Leví es buen ejemplo de ello. El publicano responde siguiéndole no sin antes organizar en honor a Jesús un banquete al que invita a sus amigos, lo que va a provocar un escándalo en los escribas y los fariseos, que acusaran a Jesús de ir con pecadores públicos. Jesús contestará diciendo que su presencia y su acción es, a la vez, sanadora y salvadora; se ven privados de ella los que se consideran justos y son agraciados por ella los enfermos y los pecadores. A la cuestión del ayuno que le plantean los maestros de la Ley, Jesús responderá diciendo su verdadero sentido.
Al milagro de la pesca milagrosa realizada por Jesús le va a seguir su llamada a Simón: “desde ahora serás pescador de hombres”. Inmediatamente cuenta el evangelista dos grandes milagros de Jesús: la sanación de un leproso y la curación de un paralítico a quien le perdona sus pecados. Jesús ha liberado de la parálisis corporal, para indicar que tiene autoridad y poder para salvar de la parálisis espiritual. Si esto que es visible se ha realizado, también ha ocurrido lo que es invisible y ocurre sólo en el interior del ser humano. El perdón de los pecados es la cara interna de la restauración y la transformación que Dios ha venido a realizar, elemento importante en el Reino de Dios que está proclamando Jesús.
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