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Pan del Cielo
Pan del Cielo
Author: Cuerpo de Cristo
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© 2026 Cuerpo de Cristo
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Parte de la vida cristiana no solo es estudiar la Biblia, sino también enseñar lo que ella dice, de modo que los hermanos sean obedientes y estén preparados para toda buena obra.
Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia. (2 Timoteo 3:16)
Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia. (2 Timoteo 3:16)
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Hay cadenas que parecen invisibles, pero atan generaciones enteras: patrones de violencia, pobreza, adicciones, idolatría, rechazo, orgullo o miedo. Se transmiten como herencias familiares, afectando no solo conductas, sino corazones. Pero en Cristo hay poder para romper toda herencia maldita y empezar una nueva historia.
“Así que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” – 2 Corintios 5:17
La Biblia nos muestra que aunque los pecados de los padres pueden afectar a los hijos (Éxodo 20:5), no estamos condenados a repetir la historia. Dios ofrece un nuevo comienzo. Jesús vino a romper toda maldición generacional con su sangre en la cruz.
En esta poderosa predicación desde Pamplona, el pastor Miguel Díez nos recuerda una verdad fundamental: ¡Dios hace todo nuevo! Aunque el mundo vive en repeticiones, rutina, guerras y malas noticias, los hijos de Dios caminan en la novedad constante del Espíritu Santo.
A través de pasajes como Ezequiel 36 y 2 Corintios 5:17, se nos anima a recibir un corazón nuevo, experimentar la transformación por el Espíritu y vivir cada día en la frescura del cielo.
¿Estás cansado de la religión repetitiva y de la vida sin fruto? Este mensaje te desafiará a rendirte completamente a Dios y dejar que Él te haga estrenar vida cada mañana.
El equilibrio es la capacidad de mantener una postura estable, ya sea en movimiento o en reposo, a pesar de las fuerzas externas que intentan desequilibrarnos. Implica la coordinación de varios sistemas corporales, como el sistema visual, vestibular (oído interno) y propioceptivo (sensores en músculos y articulaciones).
En términos más generales, el equilibrio puede referirse a:
Equilibrio físico:
La capacidad de mantener una postura estable y controlar el cuerpo en el espacio. Se divide en equilibrio estático (mantenerse quieto) y equilibrio dinámico (mantenerse en movimiento).
Equilibrio emocional y mental:
Un estado de armonía y bienestar personal, donde se gestionan las emociones y se toman decisiones equilibradas.
Equilibrio en diferentes contextos:
Puede referirse a la armonía entre diferentes aspectos de la vida (trabajo y vida personal, por ejemplo) o a la estabilidad de un sistema físico o químico.
Esperar en Dios no es simplemente sentarse con los brazos cruzados, es un ejercicio profundo de fe, paciencia y confianza en que Su voluntad es buena, agradable y perfecta. En esta poderosa predicación, el pastor Miguel Díez nos enseña que la paciencia no es una debilidad, sino una virtud que el Espíritu Santo quiere cultivar en nosotros.
El Bautismo del Espíritu Santo no es solo una experiencia espiritual extraordinaria, es una promesa divina que transforma vidas y capacita a los creyentes para vivir una vida llena de poder, propósito y comunión con Dios.
“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos…” —Hechos 1:8
Este poder no es terrenal ni se limita a emociones momentáneas. Es el poder del cielo que desciende sobre los hijos de Dios para encender sus corazones con fuego santo, para darles valor en medio de la oposición y sabiduría divina en tiempos de confusión.
El Bautismo del Espíritu Santo no es solo para unos pocos, sino para todos los que creen y se entregan con hambre y sed de Dios. Así como en el día de Pentecostés, cuando los discípulos fueron llenos y hablaron nuevas lenguas, hoy también podemos ser llenos del mismo Espíritu, con manifestaciones de amor, gozo, poder y dones espirituales.
Cuando pensamos en la palabra “bendición”, muchas veces la asociamos con cosas materiales: casa, salud, trabajo, dinero, éxito. Pero en la Palabra de Dios, la bendición verdadera va mucho más allá de lo terrenal.
En Efesios 1:3 leemos: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.”
🔹 Dios ya nos ha bendecido. No es algo que esperamos recibir, es algo que ya nos fue dado a través de Jesucristo.
🔹 Estas bendiciones no dependen de las circunstancias, sino de nuestra posición en Él.
🔹 Somos bendecidos con perdón, gracia, salvación, propósito, identidad, paz y una esperanza eterna.
En la vida enfrentamos muchas batallas: algunas visibles, como enfermedades, problemas económicos o conflictos familiares; otras más profundas, como la ansiedad, la soledad o la duda. Pero en medio de todo, la Palabra de Dios nos recuerda que no estamos solos y que la victoria no depende de nuestra fuerza, sino del poder de Dios.
📖 “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” – 1 Corintios 15:57
Esta promesa nos asegura que la victoria ya fue ganada en la cruz. Jesús venció al pecado, a la muerte y a toda fuerza del mal. Y cuando tú caminas con Él, esa victoria también es tuya.
Dios no te promete que no habrá lucha, pero sí te promete que en Él eres más que vencedor (Romanos 8:37). Cuando tus fuerzas se acaban, Él renueva las tuyas. Cuando todo parece perdido, Él abre caminos donde no los hay.
Crecemos en muchas áreas de la vida: en conocimientos, en edad, en habilidades. Pero el crecimiento más importante es crecer en Dios, porque cuando crecemos en Él, Él también crece en nosotros.
Dios no cambia, pero su presencia en nosotros se expande cuando le damos más espacio en nuestro corazón. Cuanto más buscamos a Dios en oración, en su Palabra, en obediencia, más conscientes somos de su amor, su voz, su dirección.
La relación con Dios no es estática, es viva. Como una semilla que, cuando cae en buena tierra, comienza a germinar, crecer y dar fruto. Así es nuestro espíritu cuando se riega con fe y se alimenta con la Palabra.
Jesús dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto” (Juan 15:5).
En esta predicación, el pastor Miguel Díez profundiza en el verdadero significado del Sabbat a la luz del Evangelio.
¿Es obligatorio para los cristianos guardar el sábado como día de reposo? ¿O encontramos en Jesús un descanso más profundo y duradero?
Todos los seres humanos tenemos una sed profunda: sed de sentido, de amor, de perdón, de paz, de eternidad. Podemos intentar saciarla con placeres, logros, relaciones o cosas materiales… pero esa sed vuelve siempre. Es el alma la que tiene hambre de algo más.
Jesús, al hablar con la mujer samaritana junto al pozo, le ofrece algo que ella no esperaba: agua viva, una fuente que no se agota, una respuesta eterna al vacío interior. Esa agua no es una religión, ni un ritual… es Él mismo. Cristo es la fuente de vida eterna.
¿Qué significa beber de esa fuente?
Significa acercarse a Jesús con sinceridad, tal como somos.
Significa aceptar su perdón y su amor incondicional.
Significa permitir que su Espíritu Santo viva en nosotros y renueve nuestro interior.
El ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, fue llamado a la libertad. Sin embargo, a lo largo de su caminar por el mundo, va recogiendo ataduras: heridas del pasado, pecados no confesados, miedos, rencores, vicios y una constante búsqueda de sentido fuera de Dios.
Estas ataduras no siempre son visibles, pero pesan en el alma. A veces se manifiestan como una tristeza constante, una falta de paz, una vida vacía aunque llena de cosas materiales. Son cadenas que no se ven, pero que impiden avanzar con ligereza hacia el propósito divino.
Jesucristo vino precisamente a romper esas cadenas. Él dijo:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres… para dar libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18).
La verdadera libertad no viene del mundo, ni de acumular logros o placeres. Viene del encuentro con Cristo, quien nos muestra nuestra dignidad de hijos de Dios y nos limpia de todo lo que nos ata. En Él, podemos soltar el pasado, perdonar, dejar el orgullo y permitir que su amor nos sane.
La vida cristiana constantemente nos pone frente a una elección: ¿viviremos para lo eterno o para lo temporal? Jesús mismo dijo:
“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino haceos tesoros en el cielo…” (Mateo 6:19-20)
La tierra representa lo inmediato: el éxito, las posesiones, el placer momentáneo, el reconocimiento humano. Nada de eso es malo en sí mismo, pero se vuelve un problema cuando lo preferimos por encima de Dios.
El cielo, en cambio, representa lo eterno: la comunión con Dios, la obediencia, el amor que no caduca, la paz verdadera.
El propósito de Dios para tu vida es conocerlo, amarlo, ser transformado por Él, servir con tus dones y llevar Su luz al mundo. Este propósito no es solo para el futuro o para los "más espirituales", sino para ti, aquí y ahora.
Vivimos en un mundo donde el cristianismo, para muchos, se ha convertido en una rutina religiosa o una etiqueta cultural. Sin embargo, el verdadero cristianismo no se trata de asistir a una iglesia o cumplir normas, sino de una relación viva y transformadora con Jesucristo.
💡 ¿Qué es el verdadero cristianismo?
Jesús dijo:
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame.” – Lucas 9:23
El verdadero cristianismo implica seguir a Cristo con sinceridad, no solo de palabra, sino con toda nuestra vida. Es permitir que Él reine en nuestro corazón, transforme nuestra mente y dirija nuestros pasos.
En esta poderosa predicación callejera, el pastor Miguel Díez confronta una de las mentiras más peligrosas de nuestro tiempo: la falsa seguridad que ofrece la religión sin una relación viva con Jesucristo.
Grabada en plena calle durante una campaña evangelística, este mensaje directo y sin rodeos revela cómo el enemigo ha usado la religión para desviar a millones del verdadero camino a la salvación.
Con un lenguaje claro y contundente, Miguel Díez llama a reflexionar sobre el verdadero evangelio: no basta con ser religioso, es necesario nacer de nuevo por la fe en Cristo. Si alguna vez pensaste que la religión te aseguraba el cielo, este mensaje es para ti.
Jesús es el único camino, la verdad y la vida. Escucha esta palabra con el corazón abierto y permite que Dios te hable hoy. ¡Comparte esta verdad que transforma vidas!
La mente es uno de los campos de batalla más intensos en la vida del creyente. Pensamientos de temor, duda, culpa o desánimo muchas veces se levantan como fortalezas que intentan alejarnos de la verdad de Dios. Pero la Biblia nos enseña que no estamos indefensos.
“Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.” (2 Corintios 10:4)
Cada pensamiento negativo o contrario a la voluntad de Dios debe ser confrontado con la Palabra. No podemos evitar que los pensamientos lleguen, pero sí podemos decidir cuáles permitimos que se queden. Por eso, Pablo también nos exhorta a llevar “cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5).
Renovar nuestra mente es un proceso diario. Al llenar nuestra mente con lo que es verdadero, puro, justo y digno (Filipenses 4:8), comenzamos a cambiar no solo cómo pensamos, sino también cómo vivimos. La mente transformada es una mente que vive en paz, que confía y que no se deja gobernar por el miedo.
La batalla es real, pero la victoria es posible en Cristo. No estás solo en esta lucha. El Espíritu Santo te fortalece, la Palabra te guía, y Jesús pelea por ti. Vence la batalla de la mente alimentándola con la verdad eterna de Dios.
¿Quieres aprender el verdadero significado de la felicidad? En esta predicación del retiro de adolescentes en Toledo, marzo 2025, Miguel Díez nos enseña que la felicidad no está en lo material ni en lo pasajero, sino en una relación profunda con Cristo.
📌 Lo que aprenderás sobre la felicidad:
✅ La verdadera felicidad está en andar en la verdad (3 Juan 1:2-4).
✅ Las bienaventuranzas nos muestran el carácter de los que son realmente felices (Mateo 5:3-5).
✅ El gozo del Señor nos fortalece, sin importar las circunstancias (Salmo 23:5).
✅ La generosidad trae mayor bendición que recibir (Hechos 20:35).
✅ En la adoración encontramos la fuente de la felicidad eterna (Juan 15:11).
Descubre cómo vivir en plenitud con Cristo y comparte esta enseñanza con otros.
🔨 La Importancia de la Reconstrucción 🙌
Una reflexión cristiana sobre la restauración en Dios
A veces, lo que se rompe parece irremediable. Un corazón herido, una familia fragmentada, un sueño perdido… pero en el Reino de Dios, nada está tan destruido que no pueda ser reconstruido.
📖 Dios es un Dios de Restauración
Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, la Biblia está llena de historias donde Dios reconstruye lo que ha sido quebrado. Él restauró a Job después de su prueba, renovó a Pedro tras su negación y devolvió vida a huesos secos en la visión de Ezequiel (Ezequiel 37).
“Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta…”
— Joel 2:25
🧱 La reconstrucción no siempre es rápida
Reconstruir duele. Requiere paciencia, fe y muchas veces lágrimas. Pero cuando rendimos nuestras ruinas a Dios, Él hace una obra nueva.
Dios no reconstruye para dejar todo igual, sino para hacerlo mejor, más firme y más hermoso.
“Después de que hayáis padecido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia… os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.”
— 1 Pedro 5:10
En Mateo 13:44-46, Jesús nos habla del Reino de los Cielos con dos poderosas parábolas:
«Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla y lo esconde de nuevo, y gozoso por ello, va y vende todo lo que tiene y compra aquel campo. También, el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.»
Evidentemente, el reino del que está hablando no es un sistema, sino que es el mismo Señor. Aquí Jesús menciona dos tipos de personas: el que halla el tesoro y el que busca la perla preciosa. Muchas veces los cristianos somos buscadores, porque sabemos que hay algo más allá, algo mejor. La búsqueda de Dios es la esencia de la fe, pues la Biblia nos dice en Jeremías 29:13:
«Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.»
Jesús mismo dijo en Juan 7:17:
«Si alguien quiere conocer si lo que hablo es de Dios, sabrá.»
Quien busca la verdad, se encuentra con el Señor. Sin embargo, también hay quienes no buscan a Dios, pero aun así son hallados por Él. Como dice Isaías 65:1:
«Fui hallado de los que no me buscaban.»
¿Sigues a Dios por Quién Es o por Sus Beneficios?
En Juan 6:26-27, Jesús reprocha a aquellos que lo seguían solo por los milagros materiales:
«De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece.»
Muchas personas buscan en Dios solo lo que Él puede darles: sanidad, prosperidad, estabilidad. Sin embargo, el propósito principal no debe ser recibir bendiciones, sino conocer al Señor. Como dice Mateo 6:33:
«Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.»
No debemos usar a Dios como un medio para obtener cosas materiales, sino entender que Su presencia es suficiente. Como dijo Moisés en Éxodo 33:15:
«Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.»
¿Has Encontrado a Cristo o Solo Tienes la Religión?
Muchas personas asisten a la iglesia, pero no han tenido un encuentro real con Jesús. Se quedan con las formas y la tradición, pero no han experimentado la presencia de Dios. Como dice 1 Corintios 15:34:
«Para vergüenza vuestra lo digo: algunos no conocen a Dios.»
Es como el hombre que se come la cáscara del plátano y tira lo mejor. Así, algunos se aferran a la religión y no llegan a conocer verdaderamente al Señor.
Permanecer en Cristo
Jesús preguntó a sus discípulos en Juan 6:67-69:
«¿Queréis acaso iros también vosotros?» Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.»
Después de haber probado la bondad de Dios, ¿cómo podríamos alejarnos de Él? La verdadera fe no se basa en las circunstancias, sino en la relación con Dios. Como dice Filipenses 1:21:
«Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.»
La iglesia de Laodicea pensaba que tenía todo, pero Jesús les dijo en Apocalipsis 3:17-20:
«Tú dices: ‘Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad’. Pero no sabes que eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo.»
¿Dónde está Jesús en tu vida? ¿Dentro o fuera de tu corazón?
Una Relación Basada en el Amor
Cuando buscamos a Dios solo para resolver problemas, nos apartamos de Él cuando todo va bien. Pero el llamado de Jesús es a una relación de amor. Moisés entendió esto cuando dijo en Números 14:8:
«Si Jehová se agrada de nosotros, Él nos llevará a esta tierra.»
Pablo también expresó su amor por Cristo en Romanos 8:38-39:
«Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.»
La Biblia describe el pecado como una naturaleza que habita en el ser humano y que lo aleja de Dios. La lucha contra esta naturaleza es continua, pero Dios ofrece ayuda para vencerla.




















