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El Camino Podcast

Author: Iglesia El Camino

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El propósito de este podcast es acercar a la gente a Dios por medio del contenido que se compartirá en este canal.
46 Episodes
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Una de las mayores dudas e incertidumbres del ser humano es para que vino a este mundo. En la escuela nos adiestraron que somos causa del azar, del big bang, de la evolución; pero todo en el universo tiene un propósito. Todo lo que sucede en nuestra vida no es por qué, sino para qué. La mayoría de las personas buscan su propósito, pero muchos lamentablemente no logran encontrarlo. Aun cuando abrazamos la fe y decidimos caminar con Dios, todavía no encontramos nuestro propósito por nuestros deseos equivocados. Hubo un hombre que desde antes que viniera a la Tierra ya tenía una misión: Jesus sabía perfectamente para que vino a este mundo, sabía cuándo y cómo iba a morir. Gracias a su muerte todos somos salvos y perdonados, y es su Espíritu el que nos revela el plan que sueña para nosotros. Nuestra misión es reinar con Cristo por la eternidad, pero para lograrlo debemos vivir como Cristo vivió: ser humildes, ayudar, servir con bondad y compasión, dar la vida por los demás, y cargar nuestra propia cruz a pesar del sufrimiento y las dificultades.
Hoy en día, las familias se están debilitando cada vez más. Son más las personas que deciden no tener hijos por la situación de la sociedad y la incertidumbre. Actualmente se ve a la familia como una ideología, pero la familia no es una idea o una cultura, ni un intento social, la familia es un diseño divino que se originó en el corazón de Dios. Cuando decidimos formar familias, lo hacemos basado en nuestras concepciones y en lo que hemos experimentado, a prueba y error, porque nadie nos enseñó a construir familias, nadie nos eseñó a ser padres. Si Cristo no es el fundamento de nuestra familia, tenderá a derrumbarse. La palabra de Dios no solo es para personas individuales, sino también para familias enteras. Por eso, como padres debemos esforzarnos por escuchar la palabra de Dios y obedecerla, porque una vida de obediencia tiene el potencial de cambiar el destino de todo un linaje familiar. Mediante nuestra comunión y conexión con Dios no solo dejamos una herencia, sino también un legado que trascienderá generaciones.
La gloria de Dios se va a levantar a consecuencia de lo que hagamos y solo será la respuesta de nuestras acciones. Necesitamos dejar de buscar pretextos en los problemas cotidianos y en su lugar, levantarnos para que nuestra luz brille y sea vista. Cuando hemos pasado por procesos de fracaso y derrota, es justo el momento de levantarnos pero ahora confiando en Dios. La luz no va a brillar si permanecemos pasivos. Este mover conlleva a una acción de sólo quienes quieren experimentar a Dios. Jesús vino a este mundo para dar luz a los que vivían en las tinieblas, necesitaba encontrar lo que estaba perdido en la oscuridad. No necesitamos levantamos para demostrarle algo a alguien, sino para ayudar a los demás, porque Jesús nos dio la capacidad de brillar y alumbrar el camino a todas las personas en el mundo. La luz no se trata de quienes somos, sino de quien es Jesús. Cuando hablemos de Dios a otras personas, se desatará en nosotros un poder que nunca imaginamos.
La sociedad nos ha catalogado por mucho tiempo como el género débil. Desde la infancia los estereotipos nos han dicho que necesitamos que nos rescate un hombre; siempre esperando que algo suceda, que sea el hombre el que tome la iniciativa. Y nos mantenemos con una actitud pasiva pero a la vez reactiva, permitiendo que nuestra parte emocional nos juegue en contra. Por lo tanto, el Espíritu Santo quiere que cambiemos la perspectiva que tenemos de nosotras mismas. Dios hizo al hombre y a la mujer para formar un equipo y que se complementaran entre sí. La naturaleza de la mujer es amar y cuidar pero Satanás ha trabajado tanto en nosotras para hacernos creer que sólo debemos reaccionar sin detenernos a pensar. Ha manipulado nuestras mentes para hacernos creer que somos débiles y que no tenemos valor. Por eso, Jesús vino a replantear la posición de las mujeres para que recobraran su valor. Cuando Jesús resucitó, les dio el privilegio a las mujeres de verlo antes que nadie. Jesús se le apareció a la Samaritana no para condenarla, sino para que volviera al camino correcto. Dios quiere hacer todo lo necesario en nosotras para que podamos vivir vidas prósperas y abundantes, para que lleguemos a ser mujeres sabias que edifican, construyen y engrandecen.
En la actualidad, vivimos tiempos donde la rapidez y la velocidad son las constantes y se han vuelto la norma. Vivimos a toda marcha con el acelerador a fondo, pero sin detenernos a pensar y reflexionar un solo minuto acerca de lo que verdaderamente importa en la vida. Hay un peligro en tanta fugacidad e inmediatez. Vivimos en un mundo donde las redes sociales han dictado nuestro comportamiento y la palabra de Dios se ha vuelto contrapuesta a la dirección en que se mueve la sociedad. A diferencia de lo que el mundo nos dice, la vida se trata de permanecer y ser perseverantes. Nos han adoctrinado de que todo tiene que ser rápido e inmediato; pero, de manera contraria, la biblia nos habla de permanencia hasta el final, para poder conseguir la vida eterna. Estamos aquí para establecer fundamentos y raíces profundas, no tendencias que se desvanecen rápidamente, porque lleva toda una vida formar el corazón y el carácter de un ser humano. No hay nada que valga más que el alma de una persona. Ser cristiano no es una moda, es una convicción que se rige sólidamente por la palabra de Dios y no por lo que dice el hombre. Conocer a Dios puede cambiar no solo nuestra vida, sino también nuestra eternidad. Nuestro testimonio y nuestros frutos tienen que ser la prueba definitiva de que el poder de Dios y su gloria pudieron transformar por completo nuestras vidas.
Gran parte de lo que hemos vivido y hecho nos lleva a una profunda necesidad de encontrarnos con Dios. Pero muchas veces le damos más atención y nos preparamos en otros aspectos de nuestra vida que buscar su presencia. No hay manera de asegurarnos que nuestra vida esté protegida si no buscamos el reino de Dios primero. Muchos vivimos confiados en que tenemos el tiempo suficiente para encontrarnos con Jesús, y algunos a pesar de las señales que recibieron, no se encontraron con él porque fue demasiado tarde. No podemos darnos el lujo de dejar pasar dicha oportunidad. Muchas veces encontrar a Jesús una vez no será suficiente.La mayoría de nosotros necesitamos más de un encuentro para poder sanar y arreglar por completo nuestras vidas. De nuestra parte, tenemos que prepararnos para afrontar aquello que aún no hemos culminado, porque Dios obra en la vida de aquellos que están dispuestos a salir de la comodidad y seguir avanzando a pesar de las crisis y las dificultades.
Cuando llegamos al conocimiento de Dios, todos tenemos la necesidad, la oportunidad de comenzar y nacer de nuevo. A veces será necesario atrevernos a hacer cosas que nos aterran y nos parecen ilógicas, teniendo miedo a fracasar. Pero el fracaso no existe si lo volvemos a intentar una vez más. El fracaso es simplemente la oportunidad de comenzar de nuevo. Las personas que experimentan la bendición de Dios no son aquellas que no hayan errado o fallado, son aquellas que no se han rendido a pesar de sus errores y circunstancias. No perdemos cuando nos equivocamos, perdemos cuando ya no lo intentamos. No necesitamos ser perfectos, sino asumir nuestra responsabilidad y simplemente volverlo a intentar.
Es en este momento nuestra oportunidad de hacer las cosas mejor que antes, porque si queremos poder, tenemos que entender qué es y cómo funciona la riqueza.Dios impuso algunas ordenes y mandamientos en su palabra para que pudiéramos ser bendecidos. Pero existen algunos candados en nuestra área financiera que solamente son desbloqueados por aquellos que entienden como funciona y opera esta área en la vida. Cuando seguimos lo que el mundo nos enseña, nunca llegaremos a ser prósperos y tener abundancia. Riqueza no es lo mismo que hacer dinero; hay personas que tienen mucho dinero pero no tienen riqueza, porque llevan vidas insatisfechas, miserables, llenas de angustia y tristeza. La riqueza se refiere a abundancia de bienes, cualidades y características que hay en nosotros; así, será necesario replantear el verdadero significado que tenemos de las riquezas. Si esperamos obtenerlas, necesitaremos cambiar nuestra mentalidad, cambiar hábitos y aumentar nuestra fe, porque es Dios quien nos da el poder para llegar a alcanzarlas.
La mayoría de nosotros abandonamos nuestra relación con Dios porque creemos que hay prioridades más importantes que Él. Cuando tenemos una necesidad personal, el peor error es suplirla con nuestras propias fuerzas y sustituirla por nuestra relación con Él. El enemigo nos hace creer que las matemáticas siempre predicen la cantidad exacta de recursos que se producirán; nos hace creer que lo que Dios nos puede dar no es suficiente. No entendemos que el verdadero vacío no está en el plano terrenal, sino en la eternidad, buscando cada vez más pero sin llenarnos ni un poco, siempre intentando conseguir más y más. Cuando pongamos como prioridad escuchar la voz de Dios, nuestras necesidades van a ser suplidas y Él nos dará absolutamente todo para lograr lo que queremos alcanzar.
Las primicias necesitan que tomemos desiciones, porque las primicias no están en que esperamos dar, sino en quien confiamos. No se trata en lo mucho que podemos dar, sino en la actitud con la que damos. Con ellas podemos propiciar el destino de nuestro futuro. Es fácil dar cuando tenemos, pero no lo es cuando no tenemos. Y es en el desierto y en la crisis donde nuestra fe es probada. No importa donde estemos o por lo que estamos pasando, porque las primicias tiene el poder de sacarnos de lo más profundo del abismo. Dios no solamente quiere sacarnos del pozo, sino llevarnos a reinar junto con Él por la eternidad.
La Biblia, el mundo y nuestra vidas funcionan con leyes y principios. Una de las leyes más importantes en la palabra de Dios son las primicias. Las primicias hablan de la confianza y fe que tenemos en Él. En la Biblia se mencionan tres fiestas que el pueblo judío festejaba; una de ellas es la fiesta de las primicias, que se entregaban como forma de agradecimiento por lo que Dios había hecho. Primicias habla de honra y de la sinceridad de nuestro corazón. Cuando honramos, desarrollamos una actitud de gratitud y fomentamos un sentido de pertenencia, inspiramos e influenciamos a otros. Cuando entregamos primicias, lo hacemos por lo que Dios nos ha dado. No son algo que dar, sino algo que devolver, porque todo lo que hay en el universo y en nuestras propias manos le pertenece a Dios.
Es Dios quien hace un proceso de preparar la tierra con el fin de que recibamos cosecha. Pero para eso tenemos que dejar listo el campo, ser cuidadosos con nuestra tierra y con nuestro corazón. Muchas veces no dejamos que las semillas de Dios penetren en nuestras vidas para que den la cosecha divina, y en su lugar, cosechamos cosas que no esperamos ni queremos, provocando frustración, amargura y tristeza; y eso no depende de las semillas, sino de que tan nutrida es nuestra tierra. Los únicos responsables de preparar la tierra somos nosotros mismos, porque todo lo que hacemos en nuestras vidas es nuestra responsabilidad. Cuando entendamos eso, Dios podrá obrar en nuestras vidas como nunca lo habíamos imaginado.
Llega el año a su fin y muchas de las cosas que nos propusimos no las cumplimos. Nuestras vidas han tenido altas y bajas. Para muchos esta etapa no ha sido fácil, y sentimos que estamos en lo más profundo de los valles. Pero lo difícil no es llegar abajo, sino salir de ahí; y aún en medio de la oscuridad Dios es bueno, fiel y está con nosotros en lo más profundo de esos valles, porque Él está por encima de absolutamente todo.
Nuestros miedos, desánimos y dudas comienzan a tornarse más fuertes a eso de la media noche, cuando el ruido, el bullicio y el estruendo se acaban.Al enemigo le gusta trabajar justo en esos mimos instantes. Y esas dudas rondando en nuestra mente comienzan a provocarnos crisis existenciales. Pero a pesar de que por la noche durará el llanto, por la mañana vendrá la alegría, porque nuestras vidas están en las manos de Dios. Nunca renunciemos a nuestro llamado con Dios por un momento de soledad, tristeza y oscuridad, porque Él nos concederá la victoria y vida eterna.
El diablo trabaja para que nosotros no olvidemos nuestro pasado y constantemente nos recuerda todo lo que hicimos y cometimos en nuestra vidas. Mientras abrazamos nuestro pasado perdemos nuestras expectativas en Dios en el futuro. Y el enemigo tratará de distraernos para que no lleguemos a recibir la promesas que Dios tiene para nosotros. No podemos quedarnos viviendo en el pasado ni seguirlo abrazando con obsesión, sino superarlo aunque nos duela. Porque cuando nos acercamos a la presencia de Dios, el puede restaurar absolutamente todo de nosotros y nuestro alrededor.
Nuestra vida es como la vara que poseía Moisés cuando la encontró, seca, sin hojas y sin vida, pareciendo insignificantes y no aptos para la misión que nos ha sido encomendada. Pero cuando nos acercamos a la presencia de Dios, nuestra vida empieza a reverdecer, no solamente dando hojas, sino frutos en abundancia como evidencia y testimonio de su poder y gloria actuando en nosotros y en nuestro alrededor.
El impedimento para que Dios actúe en nuestras vidas es por nuestras expectativas equivocadas, cortas y que a Él le estorban. Pensamos que Dios va a actuar de determinada manera, y cuando vemos que no es así, creemos que Él no está con nosotros. Así que, nuestro gran reto y deber como cristianos es romper todos nuestros pensamientos, expectativas y paradigmas erróneos para que Dios pueda bendecirnos con su propósito divino y su gloria.
Muchas personas conforme pasan los años tienden a dejar de soñar, sin aspiraciones y sin metas, dejando que esos sueños se desvanezcan y, por consecuencia, sus vidas no se parecen a como la soñaron y visualizaron alguna vez. Pero cuando Dios llega a nuestra vida, tiene la capacidad y el poder de transformarnos y renovarnos por completo. Él pone en nosotros sueños que sobrepasan todo entendimiento y que, muchas veces, nos van a llevar a procesos de dolor. Pero una vez los superemos, veremos las bendiciones de Dios, su favor y gloria en su máximo esplendor.
Necesitamos comenzar en pequeño, sin esperar que las cosas esten listas para caminar con Dios, porque antes de que Él trabaje en lo visible, trabajará en lo invisible. Lo que necesitamos en realidad es tener fe en Dios y en su Espíritu para poder ver su gloria y comenzar de nuevo.
Dios comienza algo pequeño en nuestra vida, pero la semilla que pone en nuestros corazones se llama eternidad. Él tiene un gran propósito para nosotros, pero primero tendremos que atravesar por comienzos difíciles, de retos y dificultades, porque es cuando Dios nos prepara y nos forma para recibir sus bendiciones y todo lo que él tiene para nosotros.
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