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La espiral del gozo: La vida en Cristo
La espiral del gozo: La vida en Cristo
Author: Soul College
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© Soul College - Fundación Hakuna 2025
Description
Un viaje hacia el corazón de la fe, donde la teología se convierte en una experiencia viva. En este podcast, exploramos la Sagrada Escritura, la pedagogía de Jesús y la riqueza de la tradición cristiana para descubrir cómo la verdad y el amor de Dios transforman nuestra existencia. A través de conversaciones profundas y cercanas, nos adentramos en el misterio de la vida en Cristo, dejándonos guiar por la belleza del Evangelio y la alegría de conocerle más.
Este podcast no es sólo para escuchar. Es una invitación para detenernos activamente en la escucha: frenar, retroceder, tomar nota. ¡Y disfrutar de adentrarnos en el misterio!
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Jesús conoce la condición humana. No en general, sino de cada uno de los hombres. Tomando la figura del fariseo y del publicano, en este episodio nos adentramos en el conocimiento que Cristo tiene sobre nuestro corazón, y en la importancia de la memoria, de guardar las palabras en el corazón para dar sentido a nuestra vida.
En la Navidad celebramos la encarnación del Señor, su venida en la humildad de la carne, que no es solo un acontecimiento del pasado, sino una realidad que se actualiza y anticipa su venida en la gloria. Jesús tiene tres venidas: en la carne, en la Eucaristía y en la gloria final; y tres nacimientos: eterno en el seno del Padre, en nuestra carne y en nosotros, cuando nacemos en Él. La Navidad no se limita al nacimiento histórico, sino que anuncia la plenitud de la humanidad de Cristo, que muere y resucita para incorporarnos a su cuerpo, la Iglesia, cuerpo de la resurrección. Así, cada Navidad celebramos que estamos más cerca de la gloria de Dios, acogiendo la gracia para que Cristo nazca en nuestro corazón, nos transfigure y nos impulse a mirar más allá, hacia la promesa de la vida plena en Él.
Jesús, en esta parábola del evangelio de San Lucas, utiliza los símbolos del huevo y el escorpión para revelar el sentido profundo de la relación paterno-filial entre Dios y sus hijos. El huevo representa la vida que crece desde dentro, el deseo de nacer y de salir de la comodidad para alcanzar la plenitud; mientras que el escorpión expresa un nuevo nacimiento transformado por el amor divino. Jesús nos invita a pedir, buscar y llamar a la puerta de la vida recibida, confiando en un Padre que no engaña, sino que da el don más grande: el Espíritu Santo, camino de vida nueva y de verdadera filiación.
En este episodio se sigue profundizando en el simbolismo de las parábolas, mostrando que cada palabra es más que una metáfora y conduce a un proceso de transformación interior. “Pedir” y “buscar” significan abrirse al deseo de Dios y emprender una búsqueda constante de su sentido en la vida. La Palabra debe “manducarse”: escucharse, rumiase y vivirse lentamente para descubrir su profundidad. Dios responde a su manera. A veces con preguntas, invitando a aprender a sorprenderse y a confiar en su voluntad. La verdad se revela como un encuentro personal que enamora y al que vale la pena dedicar toda la vida.
En este capítulo nos adentramos en la simbología de la palabra de Dios para entender el significado de símbolos como la levadura, la saliva, el pan, la piedra. Como el hombre ha olvidado esta interpretación simbólica, la Escritura viene a restaurar en el hombre el conocimiento primero, que es el conocimiento de las cosas invisibles a partir de las visibles. De esta manera se nos hace ver que vivimos en un mundo de belleza y misterio en el que cada uno de los objetos de la creación indica una realidad espiritual. Cada cosa, en el fondo, es una palabra.
Resucitar a Lázaro supone para Jesús entrar en el sepulcro, acoger su Pasión. Jesús prefigura así con su amigo Lázaro lo que le dirá a sus discípulos en la Última Cena: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15, 13). Jesús demuestra así, llamando a Lázaro por su nombre, que su voz es más fuerte que la muerte.
En la parábola del mendigo Lázaro y el rico (Lc 16, 19-31), Abrahán le dice al rico que hay un abismo inmenso que no pueden cruzar. Pero Jesús desciende, pone la cruz en medio, y ya todo lo que suceda en la muerte pasará por la cruz. Desde entonces, quien muere se encuentra allí con otro rostro de Cristo y cada Eucaristía pone en comunión a los vivos y a los muertos.
El buen samaritano lleva al herido a una posada para cuidarle y pasar allí con él la noche, hasta el amanecer de un día nuevo. Lo que hace Jesús con este gesto es atraer al herido hacia una amistad que supere las barreras de la muerte. Es decir, construir una casa en lugar de los muertos para que ellos dejen de estar solos. Primero les muestra que el Resucitado está con ellos y, luego, les confía al cuidado de los santos, hasta que Él vuelva.
Solamente el que es auténticamente libre puede hacerse esclavo. Solo el que tiene puede entregar. El buen samaritano seguía un camino y unos objetivos, pero el enfermo cambió su ruta. Encuentra así su vocación escuchando la voluntad de Dios en las circunstancias de su vida. Al acercarse al enfermo y curarle las heridas con aceite y vino, le entregará su propia sangre para devolverle la vida.
Ante la pregunta por la vida eterna, la afirmación del amor a Dios y al prójimo, un maestro de la ley preguntará a Jesús quién es su prójimo. La respuesta de Jesús vendrá acompañada de una parábola: la del buen samaritano (Lc 10, 30-37). El inicio de este relato nos muestra cómo el hombre es despojado de sus vestiduras, de su dignidad, y el samaritano cambia su rumbo para encontrarse con él. La compasión que siente por el herido llevará al samaritano a manchar sus manos de sangre, sin temor a volverse impuro para curarle.
Tras sembrar en los discípulos de Emaús una experiencia de belleza profunda que se manifestará en su corazón ardiente, Jesús hará ademán de irse, desprendiéndose así del regalo que ha hecho. Esta es la virginidad profunda del Verbo de Dios, que no quiere tocar nada de lo que ha creado para dejar todo en manos de la libertad del hombre. Jesús quiere que sea el hombre quien le invoque: «Desde lo hondo a ti grito, Señor».
La desesperanza es un grito, una oración que clama un por qué. Y ante el desgarro solo hay uno que puede dar respuesta: el cordero degollado. Él enseña a leer el sufrimiento propio a la luz de la Resurrección y a descubrir que el sufrimiento y la inocencia se invocan mutuamente. Por eso, después de pasar la tarde con él, los discípulos de Emaús ya no dejarán la cruz a sus espaldas, sino que la llevarán en un corazón que arde.
En este episodio recorremos el camino hacia Emaús, donde descubrimos cómo un camino que empieza en tristeza, dudas y desánimo puede transformarse en esperanza y vida. Los discípulos, derrotados tras la muerte de Jesús, sienten que todo está perdido, hasta que un “desconocido” se une a ellos en el camino. Sin que lleguen a reconocerle, Jesús les escucha con paciencia y les permite vaciar su corazón lleno de amargura. La Palabra de Dios se convierte en la llave que libera sus heridas más profundas y abre los ojos a una nueva fe. Este relato nos recuerda que, incluso en el sufrimiento, la presencia de Jesús camina a nuestro lado para encender de nuevo la esperanza.
El misterio del hombre solo se entiende a la luz de la cruz: allí descubrimos nuestras raíces, nuestra identidad y el sentido profundo de la vida. En este episodio descubrirás, junto a los discípulos de Emaús, cómo la cruz deja de ser un simple símbolo para convertirse en la clave que descifra quiénes somos y hacia dónde vamos. Una mirada que se enfrenta a la cruz da palabras nuevas para comprender la existencia.
La última transformación de las bodas de Caná es la del agua en vino. Pero después del vino hay más, porque el vino encierra la coherencia de todo el Evangelio y apunta a la sangre derramada en la pasión y muerte de Jesús, sacrificio que se renueva en cada Eucaristía. En este episodio descubriremos cómo Cristo nos comunica así lo más íntimo de su intimidad.
¿Por qué en el pasaje de las bodas de Caná hay solo seis tinajas? ¿Y qué significa que estén vacías y que haya que llenarlas de agua? En este episodio nos adentramos en estos detalles que hacen que el primer milagro de Jesús ocurra. Descubrimos así el sentido del vacío de nuestras vidas, que es necesario para la purificación interior. Jesús hace necesaria esa agua purificada para transformar el agua en vino inagotable.
Para que Jesús hiciera su primer milagro hicieron falta treinta años de silencio y seis tinajas. ¿Por qué seis? En este episodio nos introducimos en el comienzo de la vida pública de Jesús con las bodas de Caná. Fue allí donde sus discípulos empezaron a creer en él no solo como un maestro de palabras, sino como alguien que irradiaba una gloria desconocida. Además, con este pasaje comprenderemos cuatro sentidos distintos de la escritura. Así descubriremos cómo la palabra de Dios es capaz de penetrar en zonas de nuestro corazón que son inaccesibles para nosotros mismos
En este primer episodio exploramos la espiral del gozo: un camino que nos lleva del gozo pequeño y superficial al gozo grande y profundo, pasando por momentos de dolor y purificación. Se nos invita a descubrir que la vida no es circular, sino un diálogo con Dios; un descenso en espiral que profundiza nuestros deseos y nuestro corazón. Entre gozo y gozo aprendemos a caminar, dejando atrás lo superficial para llegar a una alegría más plena y verdadera.



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