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HORIZONTES PERDIDOS de Leo Vicent
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Siempre volvemos al mismo lugar. La piedra, el centro místico, la montaña, la caverna, el antro de la Tarasca, la cueva de Alí Baba, la ciudad escondida, Shangri La, el Polo, la osa y las estrellas de una bandera, la Ciudad.
El centro imanta. El caminante cree que está buscando una ciudad. Después descubre que la ciudad lo estaba buscando a él.
Conócete a ti mismo...
Después del fallecimiento de su madre, en 1922, Jung adquirió una parcela de tierra entre las montañas y las tranquilas aguas del Obersee, una cuenca del lago Zurich, distante 40 kilómetros de su casa de Küsnacht (cantón de Zurich).
En ese bellísimo lugar, Jung edificó una rústica pero sólida vivienda que no tenía electricidad, ni calefacción central, ni teléfono, ni agua corriente; y que sólo contaba con agua de pozo y con una cocina a leña.
En ese refugio austero y en comunión con la naturaleza, Jung escribió gran parte de su obra, que incluye además pinturas murales y esculturas. Y trabajó la piedra...
Zósimo de Alejandría soñaba con el hombre de oro y María la Judía calentaba sus alambiques en un baño de agua hace dos mil años. Di Sangro calentaba los suyos en el sótano de su palacio napolitano hace dos siglos y medio. El gesto es el mismo. El fuego, distinto en cada época, pero dirigido siempre hacia el mismo objetivo: que lo que es denso aprenda.
La Vía del héroe que se conquista a sí mismo es la del ser humano que se empeña en su propia autorrealización acoplándose a la situación, batallando contra el Dragón, procediendo sagazmente como la circunstancias lo requieran, tal cual es, con intrepidez, sin escapismos, subterfugios ni autoengaños. No te equivoques, no te invito a que vayas a un cursillo de fin de semana a abrirte los chacras y a brindar con ayahuasca. Esto es bosta. Esto que vas a oír, está en las antípodas de la modernidad y la New Age.
En un momento cayó la oscuridad. El dragón lunar engulló el disco solar. Frente a la terraza, siete u ocho vencejos se detuvieron en el aire sin caer. El jeque se levantó gritando "! Por la pezuña del adversario y el anillo de Suleimán !" Llevaba un viejo colt 45 en la mano y los ojos inyectados en el vino de Jayám. Tras él corrieron todos los hombres de la fragua armados hasta los dientes con las más destartaladas armas jamás vistas. Allí estaban el mosquete de El Rasuli, el trabuco de Attaturk y la gumía de Barbarroja. Todos aullaron y dispararon al cielo.








