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¡Cuánto sufrimos, Martín!
¡Cuánto sufrimos, Martín!
Author: CuántoSufrimosMartín
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Un podcast deportivista desde la grada de Riazor. De aficionados y para aficionados del Dépor. Del Deportivo de A Coruña, ¡qué duda cabe!
Para no sufrir tu deportivismo en soledad: padecemos como tú, verbalizamos tu desesperación y, si podemos, nos reímos.
Arsenio ya explicó todo esto mejor que nadie: "Mucho que decir, poco que contar".
:-)
Para no sufrir tu deportivismo en soledad: padecemos como tú, verbalizamos tu desesperación y, si podemos, nos reímos.
Arsenio ya explicó todo esto mejor que nadie: "Mucho que decir, poco que contar".
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Habiéndole encargado el himno del club a un coruñés como Xoel López, el Deportivo podría haberle solicitado la canción del verano al vigués Iván Ferreiro que hizo fama y fortuna cantando aquello de que “el equilibrio es imposible”. Desde las oficinas de Abegondo o de la rúa Nova (lejos queda aquello de ubicar el centro del poder blanquiazul en la plaza de Pontevedra) continúan afanándose en encontrarle la cuadratura al círculo a base de hacer las cosas muy bien y las cosas muy mal. Ojalá el resultado de su fórmula fuese la suma cero, que nos quedáramos como estábamos, esto es, felices y unidos en el recuerdo de aquella tarde tormentosa de Valladolid cuando el Deportivo confirmaba su regreso a Primera División con un sentimiento de plenitud y unidad de acción que para sí quisiera Fuenteovejuna. Pero la realidad es que la suma del verano que emocionó a Mitroglou (si incluso El Verano de Angeliño ha resultado ser, efectivamente, El Verano de Angeliño, lo nunca escuchado en una edición estival de ¡Cuánto sufrimos, Martín! Podcast) y la resta de la campaña de abonos y las cláusulas de Marathón Inferior no proporcionan el equilibrio que, reiteramos, es imposible porque las cuentas salen diferentes en función de las circunstancias particulares de cada cual. La operación diseñada por el club permite que un joven no abonado y enamorado de los mercados de fichajes y los sobres FUT sienta que está viviendo el punto álgido de su vida deportivista y que, al mismo tiempo, un veterano con décadas de abonos en la grada de General se sienta más triste que nunca con la institución. Al cabo, el Deportivo está abriendo brechas que pueden ser generacionales, ideológicas, o de clase, cada cual que elija la suya, entre su propia masa social a cuenta de un asunto que, acaso por cobardía, no se atreve a señalar con el dedo de forma inequívoca para que toda su afición se pueda al menos sentir informada. A la vez, se abre a una pantomima negociadora con unos interlocutores que, a la vista de las trincheras que se vuelven a cavar, tampoco satisfacen a la diversidad del deportivismo porque a unos les duelen los precios, a otros les duelen los controles, a otros la libertad de expresión, y hay algunos en las redes sociales a los que, por lo visto, lo que les duele es España. Y, con la competición a la vuelta de la esquina y la posibilidad cierta de que Follando Soriano reclute a otra figura internacional más, pues Benjamín y Manuel, abonados resignados, quisieran quitarse la cara de culo que llevan con todo y aplaudir a los suyos pero, Arsenio que estás en los cielos, trabajo nos cuesta.
Ni en aquel descenso, ni tampoco en aquel otro, ni siquiera con un taconazo frívolo de Miku o un cruce de cables de Mackay, o cuando nos violentaron los intereses espúreos arremolinados alrededor de Fuenlabrada, o tantos otros episodios desdichados que llevamos a la espalda y que superamos con la resignación de que en el Deportivo confluyen lo patético mas también lo glorioso y por eso sabíamos que, aunque no las necesitásemos, nuevas alegrías aparecerían para sanarnos. Nunca la tristeza se nos quedó atragantada porque, a fin de cuentas, nuestro deportivismo era necesario y lo demás era contingente. Hasta ahora. Ahora, en la cúspide de la ilusión tras un regreso que, a base de dispendios en el feirón, sí grita “élite”, el Deportivo, o al menos quien lo gestiona, nos da la patada de Leónidas y nos empuja al vacío mientras grita “This is Abanca!”. Como el adolescente que se avergüenza de sus orígenes y los disimula para encajar en una nueva pandilla de amigos, la propiedad del Deportivo pretende que quienes lo soportamos hasta ahora seamos más ricos y nos comportemos en público para que la alta sociedad no cuchichee y no nos señale con disgusto desde los palcos. Los cálculos del club determinan que es sencillo reemplazar a la masa social harapienta que aún tiene barro pegado en la ropa y huele a Primera Comemierda para que la sustituya otra fascinada por el brillo y la exclusividad de los nuevos tiempos en Riazor. Gente a la que le seduce ver al Real Madrid pero no al Tudelano, dispuesta a sustituir a gente que durante todo este tiempo lo único que ha querido ver ha sido al Deportivo independientemente del rival y de las circunstancias. ¡Cuánto sufrimos, Martín! Podcast, Benjamín y Manuel, convertidos a su pesar en cronistas de guerra, abandonados en territorio comanche, pensando en que sin haberse movido de su sitio en décadas, el Deportivo sí parece dispuesto a hacer todas las contorsiones posibles para desplazarlos y que un día, sin que ellos sepan todavía muy bien el porqué, el portón de Riazor se les cierre en las narices. “Quien bien te quiere te hará llorar”, decían. El problema es que nos dan ganas de llorar porque el Deportivo no nos quiere.
Habiéndose limpiado los chakras en el barro y llegado a la paz consigo mismo tras incontables desencuentros entre la obligación de su historia, el recuerdo de sus éxitos y el peso de sus deudas, el Deportivo amanece de regreso en Primera División decidido a escribir, ahora sí, una nueva página con la mirada situada en el porvenir. Quizás por eso el club, bien asesorado, haya entendido que era necesario un gesto cargado de simbolismo que lo acerca a su gente y lo trae más cerca del presente y, ojalá, del futuro. El Real Club Deportivo, nombre inmutable, normaliza su apellido y lo asimila al de la ciudad que lo acoge coincidiendo con su 120 cumpleaños. ¡Cuánto sufrimos, Martín! inicia su temporada estival saludando ese acierto y el resto de planes ilusionantes de la propiedad, pero también señalando cada una de aquellas ocasiones en las que Escotet les mira a los ojos y ve en Benjamín y Manuel un cliente y no un hincha. Para rebajar la cota de bolcheviquismo y para justificar el desembolso que tocará hacer en un nuevo carné y una nueva camiseta con escudo actualizado, se dan un paseo por el feirón: lo arrancan con entusiasmo y lo terminan con depresión al percatarse de la complejidad del mercado que viene. No saben quién es nadie (tanto tiempo lejos del fútbol profesional) y, percibiendo la precariedad económica del fútbol español, reparan en que quizás no quede otro remedio que entregarse a los sobres sorpresa. Bueno, y a la fortuna de ser deportivista, una condición que permite soñar con el retorno a casa del lateral izquierdo de la Roma. Con Angeliño Tasende bautizamos un verano en el que deseamos grabar tantos episodios como fichajes acometa Fernando Soriano.
La dimensión enorme del Deportivo es autootorgada. Se la conferimos quienes nos obcecamos en seguirlo hasta donde cayó para levantarlo de nuevo. Los que hayan podido creerse más que el club coruñés durante esta travesía fuera del foco porque le faltaba categoría deportiva, saben de sobra que el deportivismo jamás se ha sentido menos que nadie. Y ahora que esa categoría deportiva también la ha recuperado, ¿qué le falta al Deportivo? ¿Qué se le puede menospreciar, pues? Que lo digan los ajenos. Los propios siempre nos sentimos colmados. El Deportivo tiene de todo. Nos tiene a nosotros, incluso más y mejor ahora, embarrados, que antes.
Al Dépor, al puto Dépor, lo mantuvimos con vida y nos la regala de vuelta.
¡Cuánto sufrimos, Martín! Podcast os quiere.
Impossible is nothing :-)
En el lapso transcurrido entre que se grabó este episodio y se publicó, el Deportivo da Coruña y/o de A Coruña (hay que ver lo que se mueven las cosas en unas semanas sin grabar) no dependía de sí mismo y volvió a ser dueño de su destino, porque así suceden las cosas en el más chalado campeonato de fútbol que en el mundo existe desde que a Celta y Sevilla hubo que sacarles las castañas del fuego y a un grupo de monos con silbato se les encomendó transformar el juego en una película stop-motion dirigida no a la competición deportiva y el entretenimiento de sus aficionados, sino a los sueños legisladores de un colectivo de señores que se excitan más por la perpendicularidad de un hombro que por un gol y que cuentan con la facultad de decirte que aquello que ven tus ojos no es real y que si un delantero remata con su cabeza el brazo inofensivo de un lateral, y si ese lateral, que ya es fatalidad, resulta ser futbolista del Dépor, pues en ese preciso momento se sienta jurisprudencia para explicar que son dos puntos menos para los coruñeses porque sí, y que si a la semana siguiente aquello se interpreta de forma diferente, pues no haber nacido deportivista y a otro con ese cuento. Uf. Lo que nos queda por vivir, Arsenio que estás en los cielos. Otro año más rozando la cardiopatía porque esa es la condena para los afortunados que elegimos torcer por El Mejor Club del Mundo©. Tres partidos restan (el de Cádiz nos lo tuvimos que imaginar erróneamente) en una competición que a estas alturas parece que gobiernan las Loterías del Estado. Al ritmo que Benjamín y Manuel gestionan sus agendas, quién sabe si el próximo ¡Cuánto sufrimos, Martín! Podcast que se publique lo grabaremos a) beodos; b) llorando; c) a y b son correctas. Pero mientras tanto, aquí dejamos este analgésico mientras preparamos el pecho para lo que venga, y hacemos retumbar los tambores de guerra al ritmo que marca la mosca de Granollers: “Bum, bum”.




