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Orar con GPS
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El misterio de nuestra fe; Dios nos entrega su fuerza, nos entrega su divinidad, se nos entrega Él.
Orar para prepararse al Paso del Señor, para un encuentro cercano con Cristo.
Leemos en el Evangelio cómo san José recibió la voluntad de Dios mediante un sueño. Y sabemos por la Biblia que, al primero que llevó el nombre de José, sus hermanos le decían al verle: -¡Ahí viene el soñador!
Quizá todo los que os llamáis así, de alguna forma, participáis de esa característica: sois personas valientes, audaces, soñadores.
El deseo de éxito, la concupiscencia de los ojos o todo lo que se puede comprar con el dinero: el poner nuestra esperanza en las cosas de la tierra.
El corazón humano en esta tierra tiene unas ganas enormes de triunfar. San Juan que llama a este deseo «concupiscencia de los ojos» (1 Jn 2, 16). Como si el hombre se deslumbrase por los focos del éxito.
La Providencia de Dios actúa a través de nosotros.
José no se dejó de llevar de esos pensamientos negativos. No se recreó en su mala suerte. Lo que hace un hombre de fe es aceptar la realidad, no intentar enfadarse con ella.
Para los que aman a Dios todas las cosas les resultan para bien. Y esto es así porque la
Providencia de Dios sabe sacar bienes de todos los males; y de los grandes males, grandes
bienes.
Es muy humano ser tentado. Nuestro paso por esta tierra tiene mucho de
tiempo de prueba. Todos los hombres han pasado por esta experiencia, así que no tiene nada de extraño que el mismo Jesús sufriese tentaciones, porque es un hombre auténtico, semejante a nosotros, incluso más humano.
Además el comportamiento de Jesús frente a las tentaciones nos enseña cómo debemos superarlas.
El Señor no quiere agobiarnos ¿Por qué nos agobiamos?
Los sentimientos de Jesús eran muy fuertes. El alma humana del Señor estaba sometida a una presión tremenda. Su corazón tan sensible notaba como si dos planchas de acero quisieran prensarlo. Y así estrujado como una oliva le sucedió que su sangre salió fuera, y su cuerpo sudó sangre. Getsemani significa «almazara» molino donde se prensa la aceituna.
Todas las prisas no son tóxicas, hay momentos en los que la rapidez es fruto de la alegría.
Los pastores se apresuraron, fueron los primeros en ver. Indudablemente, si algo merece nuestra ilusión y nuestra prisa son las cosas de Dios.
«¿Qué quieres que te dé?».
Al principio de su misión como rey de Israel, Salomón pidió al Señor lo que consideraba el don más importante: «Concede a tus siervo un corazón dócil»
(1 R 3, 9).
Así suele traducirse. Pero una versión más fiel al texto original debería decir: «Dame, Señor, un corazón que escuche».
Nos cuenta el Evangelio que, después de su Resurrección, cierto día Jesús le preguntó a Pedro que si de verdad era su amigo. Pedro, había negado que no conocía al Señor.
Unos magos se presentaron en Jerusalén preguntando por el Rey de los judíos, que según pensaban acababa de nacer, porque habían visto su estrella.
Dice su Evangelio: el mundo fue hecho por Él, y el mundo no lo conoció. Vino a los suyos y los suyos no le recibieron.
Sin embargo el menor de los Apóstoles, recibió al Señor cuando Jesús le llamó.
Ayer celebramos el nacimiento temporal de nuestro Rey eterno; hoy celebramos el triunfal martirio de su soldado.
Hoy el soldado, saliendo del tabernáculo de su cuerpo, triunfador, ha emigrado al cielo.
Allí estaba yo mirando al Niño hasta que se despertó, y de vez en cuando le guiñaba un ojo. Hasta que él miró mis grandísimas orejas, y me sonrió. Fue la primera sonrisa del mejor hombre que ha existido.
Y mientras estaban allí [en Belén] le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada (Lc 2,6s).
En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David: la virgen se llamaba María» (Lc 1, 26s).
Uno de los personajes del tiempo de Adviento es Juan el Bautista. Fue el precursor de Jesús y también es el que con su ejemplo nos prepara para la Navidad. Su padre, que se llamaba Zacarías, era sacerdote




