Discover
Plot Twist
11 Episodes
Reverse
Cómo España se sacudió la caspa. See omnystudio.com/listener for privacy information.
La abuela de Martín, Simona, acaba de fallecer. Y su nieto se acaba de dar cuenta de que en realidad no sabía casi nada de ella. ¿Cómo fue su juventud? ¿Cómo era la España en la que creció y en la que formó su familia? ¿Cuánto de lo que pasó en aquella época la convirtió en la persona que él conoció? Esta investigación personal de Martín es también un viaje por la historia de España y por realidades que condicionaron la vida cotidiana de millones de personas, pero de las que se sabe poco (y en ocasiones, nada).See omnystudio.com/listener for privacy information.
Hubo una España, no tan lejana, en el que los hombres iban a trabajar y las mujeres se quedaban en casa. Las madres limpiaban y cuidaban a los hijos, pero los padres tenían la autoridad sobre toda la familia. Y si les querían meter dos hostias a sus hijos, se las metían. Los hombres tenían el derecho a descansar, a salir por ahí… y las mujeres ni se lo planteaban. “La mujer volvió a un estado de sumisión al marido y de obediencia muy similar al que se vivió en la Edad Moderna en España: sumisión, recato, obediencia y sacrificio”, explica la escritora Ana Santos. Más información: Una placa en mi pueblo (De eso no habla), sobre las 11 de Basauri. Consuelo y Dolores (De eso no se habla), sobre el Patronato de Protección a la Mujer. See omnystudio.com/listener for privacy information.
Hubo una España, no tan lejana, en la que el Estado y la Iglesia eran uno: “La religión del Estado era el catolicismo, pero no era sólo la religión de Estado, el catolicismo lo permeaba todo”, asegura Paloma Simón. Algunos historiadores llaman a esto Nacionalcatolicismo, donde, como cuenta Martirio Tesoro, “el pecado era delito”. En aquella época, si la policía te pillaba diciendo que eras de otra religión, te podía perseguir por “desorden público” o por “falta de respeto a la religión del Estado”. El catolicismo, aunque era una religión que se basaba mucho en la paz, el amor y la generosidad, en la práctica no te dejaba hacer muchas cosas: “La dictadura de Franco fue una dictadura católica y el pecado estaba presente en absolutamente todos los ámbitos. El placer era un pecado. Y pesaba más el concepto de pecado que el concepto de prohibición, porque las prohibiciones podías imaginar en saltártelas, pero el pecado era una condena eterna, es que ibas directo al infierno”, explica la guionista de la serie Cuéntame cómo pasó Azucena Rodríguez. See omnystudio.com/listener for privacy information.
Hubo una España, no tan lejana, en la que no se podía ver Con faldas y a lo loco. Esta película estuvo censurada hasta 1973 porque como tenía a dos hombres vestidos de mujeres, decían que fomentaba la homosexualidad. En esa España ni se veía Con faldas y a lo loco ni se escuchaba Imagine de John Lennon porque, claro, una canción que hablaba sobre una paz sin banderas ni fronteras no estaba muy bien vista. Por lo que sea. En el franquismo había censura y las noticias parecían anuncios. Tenían periódicos que publicaban propaganda y en los informativos del NO-DO que echaban en los cines había un señor con la nariz tapada que contaba sólo cosas de Franco. “Yo estudié Historia moderna y había muchos libros de historia a los que no teníamos acceso porque no existían. La mayoría de las películas más interesantes de las que podríamos tener noticia no se podían ver porque estaban censuradas. No podía ver lo que quisiese, no podría leer lo que me diese la gana. Eso te daba además una sensación de una gran tristeza, porque eras consciente de que en el mundo estaba pasando otra cosa. Europa era otra cosa. Y aquí lo que había era un cosa como súper rancia. Lo que vendían en las librerías era limitadísimo y siempre con un sesgo católico y muy tradicional y muy tremendo y muy aburrido”, cuenta la directora de cine Azucena Rodríguez.See omnystudio.com/listener for privacy information.
Hubo una España, no tan lejana, en la que al salir de un concierto te podían detener porque alguien había gritado “¡Abajo el fascismo!”. Eran los 70 y si te detenían, te llevaban a la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol, que era el paso previo a ir a la cárcel. Y eso que a esa España ya habían llegado los bikinis y las vespas y Massiel ganó Eurovisión vistiendo una minifalda, pero todavía se escuchaban frases como “camisa a cuadros, pantalón vaquero, maricón entero”. No es coña.See omnystudio.com/listener for privacy information.
Hubo una España, no tan lejana, en la que el 80% de las mujeres eran analfabetas. Y eso que se entendía que eras analfabeto solamente si no sabías firmar o escribir tu nombre. Lo explica bien la abogada Paca Sauquillo: “En el momento en que tú podías poner tu firma ya dejabas de ser analfabeto”. En aquella época, apenas había colegios mixtos, y a las niñas que iban al colegio se les enseñaba a coser y a cocinar. “Te preparaban para ser una buena esposa”, recuerda la terapeuta Paloma Simón, a quien se le daba fatal la costura. Además, la religión estaba en el centro de la educación para todos. “Era una propaganda muy subliminal, incluso en los cuentos que leíamos, que eran fundamentalmente vidas de santos, vidas heróicas, de personas sacrificadas, de personas convertidas a una causa en nombre de Dios”, cuenta la historiadora Ana Santos.See omnystudio.com/listener for privacy information.
Hubo una España, no tan lejana, en la que apenas existía una sanidad pública, no había sindicatos para defender los derechos de los trabajadores y la escasez de vivienda era uno de los principales problemas de la sociedad. Paca Sauquillo señala el motivo: “En el año 39, terminada la guerra, en España había mucha necesidad de vivienda porque se había destruido”. En aquella época, en las grandes ciudades, había barrios enteros de chabolas construidas en una sola noche para que la policía no pudiera derribarlas. Los derechos de los trabajadores estaban en manos de un sindicato único que servía al régimen franquista y quienes incitaban a la huelga se iban directos al calabozo. Además, las mujeres no podían trabajar sin el permiso de sus maridos. Y si necesitabas una vacuna o una operación quirúrgica, tenías que pasar por caja.See omnystudio.com/listener for privacy information.
Hubo una España, no tan lejana, en la que las universidades se convirtieron en el mayor espacio de lucha por la democracia del país. Cada vez más jóvenes leían libros y veían películas prohibidas por la censura, se afiliaban a distintos partidos políticos ilegales y hacían propaganda contra el régimen. Pero en las mismas aulas había estudiantes que pertenecían a la llamada Brigada Político Social, que trabajan de topos para la policía (los grises). Y si te pillaban en una reunión de más de 10 personas… ibas directo al calabozo por ‘asociación ilícita’. Además, en el calabozo eran frecuentes las torturas para conseguir confesiones. “Las celdas eran horribles, veías churretones de sangre…”, recuerda Azucena Rodríguez, que estuvo dos veces en la cárcel. La segunda, durante un año, por lanzar unos panfletos en la calle. “Te zarandeaban, te maltrataban… Era una situación humillante y, por supuesto, me pegaron”, recuerda Paloma Simón. “Yo tenía 19 años y lo único que quería era que hubiera democracia”. Pero incluso cuando Franco murió, la democracia se hizo esperar y la verdadera libertad tardó unos años en llegar. Lo recuerda bien Carlos Santos: “Quienes gobernaban no tenían prisa por que hubiera una democracia completa”.See omnystudio.com/listener for privacy information.
Hubo una España, no tan lejana, en la que las fronteras estaban totalmente cerradas y el mundo exterior era un completo desconocido. “Yo no he tenido pasaporte hasta la democracia, con lo cual no podía salir”, recuerda la directora de cine Azucena Rodríguez. Durante el franquismo, sólo unos pocos podían viajar… y muy de vez en cuando. “Yo la primera vez que me subí en avión fue en el viaje de novios”, cuenta la escritora Ana Santos. Cuando algunos españoles en los 60 y 70 empiezan a viajar a Londres o a París alucinan con cosas como que las parejas se den besos por la calle. Algo prohibido en España. Además, en esos años España también se abre al turismo por cuestiones económicas. Las suecas en bikini copan las playas y protagonizan las películas de la época. Traen un aire de libertad que va calando poco a poco en la sociedad y el país empieza a trabajar para pedir la entrada en la Unión Europea hasta que, años después, lo consigue. “Lo que queríamos era evolucionar”, resume Carmen Ortiz, que asegura que ese pedazo de cambio de los 80 solo fue posible porque izquierda, derecha y centro negociaron para ponerse de acuerdo. “Todos tuvimos que ceder”.See omnystudio.com/listener for privacy information.
Hubo una España, no tan lejana, en la que los jóvenes se jugaban la vida por la libertad. Eran vigilados, perseguidos y encarcelados. Algunos fueron incluso torturados y hasta fusilados. Pero la mayoría no hablaron de todo aquello hasta bien entrada la democracia. ¿Por qué muchos abuelos no nos han contado esas historias de lucha en los años de la dictadura? Lo resume bien el periodista Carlos Santos: “La gente se mantuvo en silencio por miedo”. Un miedo con fundamento y que aún hoy persigue a quiénes lo vivieron, como es el caso de Azucena Rodríguez, detenida durante el franquismo y torturada psicológicamente en los calabozos de Madrid. “Ahora hago una elipsis y vengo al siglo XXI, a mi yo de 40 años, de 50, de 60… que tiene un miedo muy grande a sentarse en un restaurante de espaldas a la puerta, un miedo muy grande a la oscuridad… Tenía un trauma del que no había sido consciente”. Esos traumas y silencios han hecho que una parte de nuestra historia sea desconocida para las generaciones nacidas en este siglo. En palabras de Carmen Ortiz, experta de derechos humanos: “Cometimos un error. Y fue que conseguimos un gran avance, pero se nos olvidó explicarles a los jóvenes lo que había costado”.See omnystudio.com/listener for privacy information.




