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Alberto Israel Padilla Zavala
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Quizá esta sea una señal de auxilio... Pero no estoy seguro. Aunque, pensándolo bien, tampoco sé exactamente qué significa una señal de auxilio. A lo mejor es esto.
Me siento miserable…
Y creo que decirlo en voz alta ya es un comienzo. No porque quiera dar lástima. Ni porque mi vida sea la peor del mundo. De hecho... ese es precisamente el problema.
Y mientras repites eso... te lo vas creyendo. Hasta que un día ya no sabes dónde termina la realidad y dónde empieza el resentimiento…
¿Cuántas veces nosotros también vivimos en extremos? Un día sentimos que podemos con todo. Y al siguiente sentimos que no podemos con nada.
Y entonces un día... algo pasa. Bueno… No sucede nada extraordinario. No ganas la lotería. No aparece mágicamente el trabajo perfecto. No desaparecen las deudas. No se arreglan todos tus problemas.
Simplemente... algo pequeño te recuerda que todavía estás vivo.
Siempre he creído que los grandes viajes comienzan con una buena planeación.
Por eso el mío comenzó exactamente al revés…
Uno cree que aterrizar en Europa es una experiencia cinematográfica. Que vas a bajar del avión, sonará música épica y automáticamente te convertirás en una persona sofisticada.
Las calles eran hermosas. Los edificios impresionantes. La arquitectura parecía sacada de una postal. Y yo caminaba observándolo todo con la misma elegancia de una gallina perdida en un museo.
Hay algo que pocas veces hacemos en la vida: intentar pensar cómo se siente la persona que vive la vida a nuestro lado.
Y creo que muchas veces como hombres vemos nuestra responsabilidad, nuestro cansancio, nuestras preocupaciones, pero pocas veces nos detenemos a pensar que la mujer que está con nosotros también carga cosas que no siempre vemos.
Porque cuando una mujer se siente sola, se pone fuerte.
Pero cuando una mujer se siente acompañada, se pone feliz.
Y una mujer feliz no te ayuda a cargar la vida…
La carga contigo.
No estamos en la vida para ver quién puede solo, sino para ver quién se queda cuando la vida pesa.
Desde la exploración del espacio profundo, pasando por un viaje algo accidentado a la luna y terminando perdidos en un bosque muy oscuro, estos tres relatos muestran una basta imaginación que lo unico que pretende es sacar al oyente de la comodidad de su pensamiento cotidiano.
tres relatos de ficción que hacen volar tu imaginación.
Hay algo profundamente humano en la experiencia masculina que pocas veces se nombra: el deseo de ser suficiente. Suficiente en el trabajo, suficiente en la familia, suficiente en el amor, suficiente incluso para uno mismo.
Ser hombre no es cumplir un molde.
Es construir, día a día, una forma honesta de estar en el mundo.
En el trabajo.
En la familia.
En el amor.
Pero sobre todo… en la propia piel.








