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Un Día Como Hoy
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Un Día Como Hoy

Author: Unknown

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Lunes a viernes 09:00, 13:30 y 18:55 horas. Momentos inolvidables, hechos que marcaron la historia, recuerdos imborrables e hitos heroicos y otros dolorosos son parte del relato que cada día vuelve a nuestros oídos en Un día como hoy. Con Bárbara Pezoa. Textos: Paula Frederick.
195 Episodes
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Primero fue un murmullo subterráneo, casi imperceptible. Luego, un golpe seco. Después, el movimiento total. La madrugada del 27 de febrero de 2010, a las 3:34 am, el suelo comenzó a ondular con una violencia que parecía no tener fondo. La magnitud fue de 8.8. Durante más de tres minutos, la tierra no dio tregua.
En una oficina del CERN, en Ginebra, en un acto sin corte de cintas ni discursos grandilocuentes, se presentó una una idea, escrita con precisión técnica, que empezaba a cambiar el curso de la historia. El mundo, entonces, era otro. Internet existía, sí, pero era un territorio áspero, reservado para científicos y universidades. Había cables, protocolos y terminales negras con letras verdes. Pero no había ventanas abiertas al infinito. No había enlaces que nos llevaran, con un clic, de una página a otra como quien cruza una puerta.
En 2009, cuando los teléfonos inteligentes todavía eran un objeto de curiosidad más que una extensión del cuerpo, comenzó a funcionar una aplicación que parecía discreta, casi modesta. Se llamaba WhatsApp, había sido creado por Jan Koum y Brian Acton y no prometía revolucionar el mundo. Su idea era simple: permitir que los mensajes llegaran sin depender de los costosos SMS y sin fronteras visibles. En ese primer momento, pocos imaginaron hasta dónde llegaría.
El invierno en San Petersburgo no daba tregua. El frío calaba los huesos, pero no lograba silenciar el murmullo que empezaba a crecer en las calles. Las colas frente a las panaderías eran largas, interminables. El pan escaseaba, el cansancio se acumulaba y la guerra —lejana y brutal— pesaba como una sombra constante sobre la ciudad. Ese día, las mujeres salieron primero. Obreras, madres, esposas. No llevaban armas, solo consignas simples y urgentes: pan, trabajo, dignidad.
Era 20 de febrero de 1872. Entre el ruido de los carruajes, el vapor de las fábricas y el pulso acelerado de una Nueva York que crecía hacia arriba y hacia afuera, se abrió un espacio para la contemplación. Ese día, el Museo Metropolitano de Arte inauguró sus puertas, como si alguien hubiera decidido detener el tiempo en medio de la prisa.
Las luces del escenario bañaron el auditorio con un resplandor casi sagrado. Era 19 de febrero de 1996, y en el centro de los Brit Awards, Michael Jackson interpretó Earth Song como si se tratara de una ceremonia de redención: brazos abiertos, mirada elevada, un coro de niños vestidos de blanco y una escenografía que rozó lo mesiánico. El espectáculo avanzó hacia su clímax envuelto en aplausos y reverencia.
Un día como hoy, pero de 1963, Julio Cortázar lanzaba al mundo Rayuela, una novela que no pedía ser leída: exigía ser jugada. Con ella, la literatura latinoamericana dejó de caminar en línea recta y empezó a saltar, a dudar, a volver atrás, a abrir puertas doUn día como hoy, pero de 1963, Julio Cortázar lanzaba al mundo Rayuela, una novela que no pedía ser leída: exigía ser jugada. Con ella, la literatura latinoamericana dejó de caminar en línea recta y empezó a saltar, a dudar, a volver atrás, a abrir puertas donde antes había paredes. nde antes había paredes.
El 17 de febrero de 1904, el majestuoso Teatro la Scala de Milán se preparaba para un nuevo estreno. En el foso, la orquesta afinaba. En los palcos, la expectación era alta. Esa noche debutaba una nueva ópera de Giacomo Puccini, ya reconocido por títulos como La Bohème y Tosca. Su nombre garantizaba emoción. Nadie imaginaba lo que estaba a punto de ocurrir.
Durante siglos, el Valle de los Reyes guardó en silencio uno de sus secretos más deslumbrantes. Hasta que, a comienzos del siglo XX, un arqueólogo británico decidió insistir donde otros ya habían abandonado. Su nombre era Howard Carter.
Aún no amanecía en Santiago, pero algo empezó a moverse entre las sombras. No era el rumor de los mercados ni el trote de los caballos sobre la tierra húmeda, sino una idea recién impresa, que olía a tinta fresca y a papel nuevo. Era 13 de febrero de 1812 y Chile despertaba con una voz que hasta entonces no había tenido nombre: La Aurora de Chile.
Todo comenzó con un tablero. El diseño geométrico y calculado de la ciudad ideal, sentaría las bases de una etapa de prosperidad y daría vida a un nuevo mundo. La urbe se extendería a los pies del cerro Huelén, actual Santa Lucía, bordeando el fértil y desconocido valle del río Mapocho. Ese 12 de febrero de 1541, el conquistador español Pedro de Valdivia puso los pies sobre aquel pedazo de tierra y decretó que era el lugar perfecto para fundar la ciudad prometida. La llamó Santiago del Nuevo Extremo. Con ese gesto, el célebre expedicionista daría inicio a la colonización española en la zona.
Esa mañana, apareció una luz al final del túnel, que se coló en Ciudad del Cabo con intensidad. Tras un portón que durante décadas fue sinónimo de silencio, castigo y olvido, un hombre caminaba hacia la calle, con el paso lento, la espalda erguida y el rostro surcado por los años. Se llamaba Nelson Rolihlahla Mandela y, después de 27 años de cárcel, acababa de recuperar su libertad.
En un principio, se llamaban Jasper y Jinx. Pero la historia los llevaría pronto por otro camino. Un 10 de febrero de 1940 comenzó una de las persecuciones animadas más célebres de todos los tiempos. William Hanna y Joseph Barbera, creadores dentro de uno de los estudios de animación más importantes de la época, vieron el potencial de dos personajes atrapados en una situación tan simple como universal: un gato persiguiendo a un ratón. Así nació el corto Puss Gets the Boot, antesala de The Midnight Snack, donde ambos animales animados adoptarían los nombres que los harían inmortales: Tom y Jerry.
1964. Sin duda, un año que cambió la historia de la música. Ese 9 de febrero, el frío calaba los huesos en el aeropuerto de John F. Kennedy de Nueva York, cuando 4 jóvenes músicos de riguroso terno, peinados simétricos y sonrisa afable, bajaban por la escalera del avión, saludando con aires de victoria anticipada. Venían directo de su Gran Bretaña natal, donde habían dejado una ola avasalladora e incombustible de fans, llantos y gritos desenfrenados. El escenario que los esperaba en Estados Unidos, no era demasiado diferente: cientos de seguidoras se agolpaban en el aeropuerto, con carteles, discos y lágrimas en los ojos. Lo inevitable ya se anticipaba: la Beatlemanía había llegado al otro lado del atlántico, y pensaba quedarse.
El 6 de febrero de 1952, mientras Reino Unido dormía plácidamente, el rey Jorge VI daba su último respiro en la residencia de Sandringham. Había pasado la noche como cualquier otra, pero al amanecer el país despertó sin rey. Y sin saberlo aún, con una reina de apenas 25 años.
Decreto Amunátegui

Decreto Amunátegui

2026-02-0503:01

Se declara que las mujeres deben ser admitidas a rendir exámenes válidos para obtener títulos profesionales con tal que ellas se sometan para ello a las mismas disposiciones a que están sujetos los hombres. Comuníquese y publíquese" Miguel Luis Amunátegui
Nace Facebook

Nace Facebook

2026-02-0403:07

Un día como hoy, 4 de febrero de 2004, en una habitación universitaria de Harvard, nació algo que aún no tenía forma, pero ya prometía cambiarlo todo. Mark Zuckerberg, estudiante de segundo año, programaba en silencio frente a su computador. Afuera, el campus seguía su ritmo invernal, pero adentro, algo empezaba a moverse. Junto a sus compañeros Eduardo Saverin, Dustin Moskovitz y Chris Hughes, acababan de lanzar un sitio web que permitiría a los estudiantes conectarse entre sí, compartir intereses, fotografías, mensajes.
Dicen que fue el día en que la música murió. Era 3 de febrero de 1959, y el frío intenso del invierno surcaba con su cortina blanca los cielo de Iowa. Por aquel entonces, tres jóvenes músicos norteamericanos, Buddy Holly, Ritchie Valens y The Big Bopper, ya volaban alto en sus respectivas carreras. En medio de una gira por Estados Unidos, subieron a una avioneta con dirección a Moorhead, Minnesota, sin saber que ésta sería su última travesía: la nave se estrelló en la localidad rural de Clear Lake, sin dejar sobrevivientes.
Fue un rescate de proporciones épicas, que inspiraría una de las más grandes obras de la literatura universal. Alexander Selkirk, marinero escocés, había sido abandonado en una isla del Pacífico Sur. Cuatro años de soledad, en los que la vida se redujo a lo esencial: respirar, buscar alimento, protegerse del frío, no olvidar el sonido de la propia voz. La isla, entonces llamada Más a Tierra, hoy, Robinson Crusoe, era un territorio indómito, abrupto, bello y feroz, que se convirtió en su único mundo posible.
Berlín despertó envuelto en un invierno áspero, con el ánimo colectivo tan gris como el cielo. Alemania llevaba años atrapada en una sucesión de crisis, promesas rotas y gobiernos frágiles que no lograban devolver la estabilidad perdida tras la Primera Guerra Mundial. Aquel 30 de enero, en ese clima de cansancio y frustración, una decisión tomada en los salones del poder cambiaría para siempre el rumbo del país y del mundo: Adolf Hitler asumía como Canciller del Reich.
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