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MicroClinUy podcast
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Author: Veronica Seija
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© Veronica Seija
Description
MicroClinUy es un podcast de microbiología clínica pensado para quienes toman decisiones con datos reales: profesionales del laboratorio, especialistas en infectología y clínicos que no se conforman con el “resultado” sin contexto.
Arrancamos por lo esencial: muestras, cultivos, tiempos de incubación, informes, errores frecuentes y límites del diagnóstico.
Avanzamos hacia lo complejo: interpretación clínico-microbiológica, guías y evidencia, sesgos diagnósticos, microbiología en guardia, uso racional de antimicrobianos y el diálogo —a veces tenso— entre laboratorio y médicos clínicos.
Arrancamos por lo esencial: muestras, cultivos, tiempos de incubación, informes, errores frecuentes y límites del diagnóstico.
Avanzamos hacia lo complejo: interpretación clínico-microbiológica, guías y evidencia, sesgos diagnósticos, microbiología en guardia, uso racional de antimicrobianos y el diálogo —a veces tenso— entre laboratorio y médicos clínicos.
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En este episodio quise detenerme en un concepto que cada vez pesa más en microbiología: Una Salud. Y no, no es una frase linda para un congreso y nada más. Es una manera muy concreta de entender que la salud humana, la salud animal y el ambiente están profundamente conectados. A partir de trabajos presentados en ECCMID Global, reviso ejemplos que muestran esa conexión de forma muy clara. Por un lado, comento datos del sector porcino en España, donde la reducción del uso de colistina se acompañó de una caída marcada de mecanismos de resistencia asociados, aunque persisten otros problemas, como la multirresistencia y la falta de estándares para algunos antimicrobianos veterinarios. Por otro lado, me meto en un terreno muy cercano a la vida cotidiana: las mascotas. Analizo estudios que exploran la portación de bacterias resistentes en perros alimentados con dieta cruda y también trabajos que muestran la posible circulación compartida de enterobacterales resistentes entre animales de compañía y sus dueños. Sí, el asunto viene con patas, pelo y bastante material para pensar. Lo que más me interesa en este episodio no es solo contar resultados, sino invitarles a mirar la resistencia antimicrobiana con una cabeza más amplia. Porque cuando hablamos de bacterias resistentes, no alcanza con mirar únicamente al hospital o al paciente. Hay que ampliar el foco y aceptar que el problema se mueve entre especies, entornos y prácticas que a veces parecen lejanas, pero no lo son tanto. Este episodio es, en el fondo, una invitación a pensar mejor. A entender que la microbiología no termina en la mesada del laboratorio y que el enfoque de Una Salud puede ayudarnos a interpretar mejor lo que está pasando y lo que viene.
En este episodio les comparto un caso real de esos que no esperan, de esos en los que suena el teléfono y uno sabe que algo viene complicado. Es un episodio RAW, grabado sin edición ninguna: Verónica al desnudo, reflexionando mientras intenta ordenar un escenario clínico que venía bastante = enredado. La historia gira alrededor de varias botellas positivas, un Gram con hallazgos mezclados y una pregunta que pesa mucho más de lo que parece: qué significa realmente lo que estamos viendo en esos hemocultivos.A medida que avanzo en el caso, voy mostrando algo que en microbiología pasa más de lo que nos gustaría: la contaminación puede empujar decisiones terapéuticas que después no eran las ideales. En esta historia, la interpretación de muestras de hemocultivos no fue un detalle técnico, sino una pieza clave para entender qué era señal verdadera y qué podía ser ruido.También reflexiono sobre el valor de nuestra mirada como microbiólogos.Porque no se trata solo de informar un resultado: se trata de acompañar, orientar y darle más seguridad al equipo clínico cuando el caso aprieta. Y ahí está, para mí, una de las grandes fortalezas de nuestra especialidad.Si les interesa asomarse a cómo pienso estos casos, con dudas, desvíos y conclusiones en voz alta, este episodio les va a gustar.
Usamos el celular para todo. Lo apoyamos en la mesa, lo llevamos al trabajo, lo tocamos entre tarea y tarea, y muchas veces ni siquiera pensamos en limpiarlo. Pero ahí está el problema: el teléfono no solo guarda fotos, chats y recordatorios. También puede acumular microorganismos. En este episodio me detengo en una idea simple, pero incómoda: si el celular es una prolongación de la mano, también puede ser una prolongación de todo lo que la mano toca. Y eso, en microbiología, no es un detalle decorativo. En una investigación realizada en Uruguay se encontró contaminación en teléfonos celulares del personal sanitario, con cifras especialmente altas en ciertas áreas asistenciales. El mensaje es claro: no se trata de un hallazgo exótico ni aislado. La contaminación de celulares no depende solo del aparato en sí. También influye cuánto lo manipulamos, dónde lo apoyamos, si lo llevamos a ambientes asistenciales y, por supuesto, si hacemos higiene de manos antes y después de usarlo. La combinación de calor, uso frecuente y pequeñas grietas o irregularidades en la superficie favorece la persistencia de microorganismos. Lo interesante es que no todo queda en la alarma. También hay una salida práctica. La limpieza periódica del dispositivo junto con la higiene de manos, reduce de forma significativa la cargabacteriana. No hace falta convertir el tema en una tragedia griega: hace falta incorporar una rutina razonable y sostenida. En el episodio desarrollo por qué este asunto importa más de lo que parece, especialmente cuando pensamos en entornos deatención en salud, en superficies de alto contacto y en hábitos cotidianos que solemos pasar por alto. No se trata de demonizar el celular, sino de usarlo con un poco más de cabeza… y un poco menos de inocencia microbiológica.A veces el objeto más “personal” que llevamos con nosotros también puede ser uno de los más contaminados.
Cuando hablamos de resistencia antibiótica en Stenotrophomonas, hablamos de uno de esos microorganismos que obligan a frenar, repasar conceptos y revisar qué estamos haciendo en el laboratorio. En este episodio quise ordenar el panorama actual del estudio de susceptibilidad de Stenotrophomonas maltophilia, porque no es un tema sencillo y tampoco admite respuestas automáticas.Arranco por lo básico. Stenotrophomonas maltophilia es un bacilo gramnegativo no fermentador, de hábitat acuático y comportamiento oportunista. Durante años se la consideró de baja patogenicidad, pero hoy sabemos que puede producir infecciones relevantes, sobre todo en pacientes críticos, inmunocomprometidos o con patología pulmonar previa.El primer nivel de complejidad aparece con su resistencia antibiótica intrínseca. Este microorganismo es naturalmente resistente a múltiples familias: betalactámicos, carbapenémicos, aminoglucósidos. Esto no es un detalle técnico: condiciona de entrada qué antibióticos tienen sentido ensayar y cuáles no.El siguiente escalón es todavía más incómodo: las guías no siempre coinciden. IDSA, CLSI y EUCAST plantean recomendaciones distintas, con antibióticos sugeridos, advertencias sobre monoterapia y ausencias llamativas de puntos de corte para fármacos que sí se recomiendan clínicamente. Esto rompe el paradigma clásico que muchos seguimos usando casi por inercia.Después viene la pregunta que todos nos hacemos en la mesada: ¿qué método uso y cuán confiable es? Los datos publicados muestran que no todos los métodos de susceptibilidad funcionan igual de bien para Stenotrophomonas. Hay antibióticos con buena concordancia y otros con tasas de error que obligan a extremar la cautela, sobre todo cuando usamos sistemas automatizados.El mensaje central es claro: la resistencia antibiótica en Stenotrophomonas no se resuelve leyendo una tabla. Requiereconocer los mecanismos, entender las limitaciones metodológicas y asumir que informar también es decidir. Y decidir mal, en este contexto, tiene consecuencias clínicas reales.
En este episodio comparto con ustedes una de esas noticias en microbiología clínica que obligan a frenar, leer y repensar la práctica diaria. En 2024 se presentaron y publicaron los nuevos criterios para identificar sepsis y shock séptico en pacientes pediátricos: los criterios de Phoenix. No aplican a recién nacidos, pero sí a niños y adolescentes hasta los 18 años, y representan la primera actualización relevante en casi dos décadas.Lo central del cambio es conceptual. Se abandona la respuesta inflamatoria sistémica como eje diagnóstico y se pone el foco, como ya ocurre en adultos, en la disfunción orgánica potencialmente mortal asociada a infección. Esto no es un matiz académico: cambia cómo se identifica al paciente grave y cuándo se activa la respuesta clínica.Estos criterios fueron desarrollados por el Task Force de sepsis pediátrica de la Sociedad Internacional de Medicina de Cuidados Críticos, tras analizar millones de registros y validar herramientas que permiten estimar riesgo de mortalidad hospitalaria. El resultado es un puntaje más robusto y clínicamente útil.¿Y dónde entra el laboratorio clínico? En el centro de la escena. Lactato, plaquetas, coagulación, dímero D, gases en sangre y otros parámetros son piezas clave para construir el puntaje de Phoenix. La oportunidad y confiabilidad del resultado ya no son deseables: son críticas.Desde la microbiología clínica, el impacto es aún más directo. Diagnóstico etiológico rápido, informe precoz del Gram en hemocultivos positivos, apoyo con técnicas moleculares y pruebas rápidas de susceptibilidad o resistencia pasan a ser aliados estratégicos del equipo clínico. No se trata solo de detectar sepsis, sino de orientar mejor el tratamiento desde el inicio.Este episodio no busca agotarlo todo, sino ordenar el mapa. El primer paso para implementar un cambio es conocerlo. Por eso comparto la infografía con los criterios en el grupo de Telegram, para que la tengan a mano y la discutan en equipo. Porque en sepsis, llegar temprano marca la diferencia.
Durante años hablamos de flora vaginal normal casi de forma automática, como si el concepto fuese simple, estable y definitivo. En este episodio quise detenerme justamente ahí: en revisar qué significa hoy eso que durante tanto tiempo dimos por sentado.Arranco por lo básico. La vagina no es estéril ni debería serlo. Tiene una comunidad microbiana propia que cumple funciones clave en la salud genital. El problema es que el término “flora” quedó viejo.Hoy hablamos de microbiota, es decir, el conjunto de microorganismos que habitan un nicho específico. Y cuando sumamos sus genes, metabolitos y el ambiente donde viven, entramos en el concepto de microbioma.Este cambio no es solo semántico. Cambia la forma en que interpretamos los resultados de laboratorio y, sobre todo, cómo entendemos los llamados “disbalances” vaginales. Muchas veces no estamos frente a una infección clásica, sino ante una alteración del equilibrio de esa microbiota que solemos llamar, de forma imprecisa, flora vaginal normal.La microbiota vaginal no es estática. Varía con la edad, el estado hormonal y múltiples factores externos. En la edad reproductiva, los lactobacilos suelen ser predominantes y cumplen un rol central: mantienen el pH ácido, compiten con otros microorganismos y dificultan la colonización por patógenos. Pero —y esto es clave— su ausencia no implica automáticamente enfermedad. El ecosistema vaginal es más diverso y complejo de lo que aprendimos en los libros clásicos.También abordo un tema frecuente en la consulta y en el laboratorio: las secreciones vaginales. No todo lo que las pacientes llaman “flujo” es patológico. Existen secreciones vaginales normales, con características bien definidas, que forman parte de una microbiota saludable y que no deberían medicalizarse sin criterio.La idea de este episodio es sentar bases sólidas: lenguaje correcto, conceptos claros y una mirada microbiológica actualizada que nos permita interpretar mejor lo que vemos en el microscopio… y lo que no.Porque antes de diagnosticar infecciones vaginales, primero hay que entender qué significa realmente flora vaginalnormal hoy.
En este episodio quiero compartir con ustedes un caso tan real como desconcertante: un hombre que recibió 217 dosis de vacunas contra COVID-19 en apenas 29 meses. Sí, leyeron bien. No es una exageración ni un rumor de redes, es un caso publicado y analizado científicamente.Desde lo más básico, repasamos qué ocurrió y cómo se detectó. El protagonista, un ciudadano alemán de 62 años —al que llamo cariñosamente el señor vacuna— presentó voluntariamente su historial. Al principio, la incredulidad fue total. Luego, los registros oficiales confirmaron lo impensado: múltiples dosis de distintas plataformas vacunales, administradas en diferentes centros.A partir de ahí, el foco se traslada a lo que más nos interpela como profesionales: qué pasó con su salud y con su sistema inmune. Durante todo ese período no se documentaron efectos adversos relevantes, ni alteraciones en estudios de rutina, ni evidencia de infección por SARS-CoV-2. Esto abrió la puerta a estudios inmunológicos profundos, cuyos resultados fueron publicados en The Lancet Infectious Diseases.Los hallazgos muestran aumento de anticuerpos y células T específicas, pero sin cambios extremos en la calidad de la respuesta inmune. Importante aclaración: los autores no respaldan la hipervacunación como estrategia, ni mucho menos. Este es un caso excepcional, no un modelo a seguir.Y aquí viene lo más complejo: este episodio no trata solo de inmunología, sino de fallas en los sistemas de control, trazabilidad y registro, y de la necesidad de comunicar mejor qué significa vacunarse de forma segura y responsable. También invita a reflexionar sobre la confianza pública y el rol de los sistemas de salud.Cierro con una pregunta abierta: en tu país, ¿esto podría pasar? En Uruguay, sinceramente, lo veo muy poco probable. Pero vale la pena pensarlo y discutirlo entre colegas.
Cuando hablamos de trabajo en laboratoriode microbiología clínica, muchas veces se piensa solo en placas, estufas y equipos. Pero la realidad de la mesada es bastante más compleja y, sobre todo, profundamente intelectual. En este episodio quise contarles cómo organizo eltrabajo cotidiano en la mesada de microbiología clínica y por qué esa organización no es un detalle menor.Todo empieza de forma bastante básica: abrir la estufa, retirar las placas del día anterior y ordenarlas. Parece simple, pero ese primer orden condiciona todo lo que sigue. A partir de ahí, junto solicitudes, cultivos y exámenes directos, porque el diagnóstico no se construye con una pieza aislada, sino con el conjunto.Luego aparece uno de los puntos clave del trabajo en laboratorio de microbiología clínica: la priorización. No todo se informa en cualquier orden. Primero los cultivos positivos que ya tienen identificación y susceptibilidad listas, después los hemocultivos positivos y más adelante el resto de las muestras, siempre evaluando impacto clínico y urgencia.A medida que el proceso avanza, la organización del puesto de trabajo se vuelve central. Microscopio, computadora y pruebas rápidas deben estar al alcance de la mano. Cada movimiento innecesario es tiempo perdido, y el tiempo en microbiología importa. Informar un directo en el mismo momento en que se observa no es solo eficiencia: es calidad diagnóstica.El nivel siguiente, más complejo, es la toma de decisiones. La mayoría de los cultivos son negativos, pero los positivos exigen criterio. Cultivos puros, polimicrobianos, correlación con el directo, con el cuadro clínico y, cuando es necesario, diálogo con el equipo asistencial. Ahí el trabajo en laboratorio de microbiología clínica deja de ser técnico y se transforma en un verdadero acto clínico.Este episodio no busca enseñar un protocolo, sino mostrar cómo se piensa la mesada, cómo se ordena el trabajo y cómo cada decisión impacta directamente en el tratamiento del paciente. Porque en microbiología, como en la vida, no se trata solo de hacer, sino de saber por qué y para qué.
En microbiología clínica solemos concentrarnos en el diagnóstico de las infecciones. Identificamos bacterias, interpretamos cultivos y ayudamos a iniciar tratamientos. Pero a veces las infecciones no terminan cuando el paciente se cura. Algunas dejan consecuencias que aparecen años después.En este episodio comento un estudio reciente que explora justamente una de esas posibles consecuencias: la relación entre tuberculosis y cáncer.El trabajo fue presentado en el Congreso Europeo de Microbiología Clínica e Infecciosa y analizó datos poblacionales de Corea del Sur. Los investigadores evaluaron a más de 72.000 pacientes con tuberculosis y los compararon con una cohorte similar de la población general. El seguimiento promedio fue de más de cinco años.Los resultados mostraron algo que llama la atención. Las personas con tuberculosis actual o previa tuvieron mayor riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer. Esto plantea una pregunta interesante: ¿por qué podría existir esta asociación?Una de las hipótesis es que la tuberculosis produce daño estructural en los tejidos y genera procesos inflamatorios persistentes. Esa inflamación crónica, junto con alteraciones en los mecanismos de reparación celular, podría favorecer cambios biológicos que con el tiempo aumenten el riesgo de transformación tumoral.El estudio también identificó otros factores que aumentan ese riesgo en pacientes con tuberculosis: el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, la enfermedad hepática crónica y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica.Por supuesto, esto no significa que toda persona con tuberculosis vaya a desarrollar cáncer. Pero sí abre una línea de investigación interesante sobre cómo las infecciones pueden influir en la salud a largo plazo.Y también nos recuerda algo importante: las bacterias no solo causan infecciones agudas. En algunos casos pueden modificar el entorno biológico del organismo durante años.Como siempre digo en este podcast, el mundo microscópico es pequeño… pero sus efectos pueden ser enormes.
En este episodio de MicroClinUy comparto con ustedes una situación que muchas veces se nos presenta en el laboratorio: tenemos un microorganismo clínicamente relevante, pero no encontramos punto de corte para su estudio de susceptibilidad. Entonces, ¿qué hacemos?Les cuento cómo abordar este tipo de casos desde una perspectiva práctica, estructurada y alineada con las guías actuales, haciendo foco tanto en los documentos de CLSI como en los recursos de EUCAST.Porque sí, cuando falta el punto de corte, no todo está perdido: hayalternativas, pero también hay limitaciones que debemos comunicar claramente.Desde cómo buscar ECOFFs o consultar tablas guía de EUCAST, hasta cómo redactar comentarios técnicos que acompañen la interpretación tentativa de una CIM, repasamos paso a paso qué herramientas están disponibles, cuándo usarlas y cómo informar con responsabilidad. También hablamos de la importancia de tener métodos validados para determinar la concentración inhibitoria mínima, y de cuándo es preferible abstenerse de informar antes que emitir resultados que puedan inducir a error clínico.Además, hago hincapié en un punto que meparece clave: el diálogo con el médico tratante. Porque cuando no hay uncamino directo, la decisión terapéutica va a depender mucho del contexto clínico, y es fundamental que se comprenda la incertidumbre del dato microbiológico en estos escenarios.Este episodio está inspirado en una charla reciente del Prof. Christian Giske (Karolinska/ESCMID) y adaptado a nuestrarealidad con la mirada de CLSI. Como siempre, espero que les resulte útil, les 1aclare dudas y sobre todo, les dé herramientas concretas para aplicar en ellaboratorio.Y recuerden: cuando no hay punto de corte, loque sí tiene que haber es criterio, respaldo y claridad en la comunicación.Nos escuchamos en el próximo episodio.
En este episodio quise traerles dos novedades que, aunque diferentes, comparten algo clave: nos obligan a revisar ideas que dábamos por sentadas.Primero, el vínculo entre VIH y cáncer. Durante años asociamos el riesgo oncológico en personas con VIH casi exclusivamente a tumores definitorios de sida o a infecciones oportunistas. Sin embargo, estudios recientes muestran otra realidad. Hoy sabemos que las personas que viven con VIH tienen un mayor riesgo de morir por cánceres no definitorios de sida, como el cáncer de pulmón, próstata o colon, especialmente en hombres mayores de 60 años. Los tratamientos antirretrovirales controlan muy bien el virus, pero no parecen revertir completamente este riesgo. Esto nos interpela como sistema de salud: necesitamos ampliar la vigilancia oncológica y pensar estrategias de prevención y detección precoz más ambiciosas.La segunda novedad va directo al corazón del laboratorio clínico y del trabajo en equipo: la desescalada antibiótica. No es un concepto nuevo, pero sigue siendo incómodo. Reducir o ajustar antibióticos de amplio espectro una vez que conocemos el patógeno y su sensibilidad no solo es posible, sino beneficioso. Los datos recientes muestran que esta estrategia mejora la seguridad del paciente, reduce efectos adversos y disminuye la presión selectiva que favorece la resistencia antimicrobiana. Pero —y acá no hay vuelta— esto solo funciona si hay diagnóstico microbiológico oportuno y de calidad.Ambas noticias apuntan a lo mismo: menos automatismo y más pensamiento crítico. Más datos, más diagnóstico y más decisiones basadas en evidencia.Desde el laboratorio tenemos un rol central, no decorativo. Y asumirlo implica incomodar un poco… pero también mejorar mucho.Hasta el próximo episodio.
Para qué sirve el tiempo de positivización en hemocultivos: pistas desde el laboratorioComo cada semana en MicroClinUy, te invito a sacudir tu neurona microbiológica. En este episodio, nos metemos con un tema que a veces pasa desapercibido, pero que puede ofrecer datos clave para el clínico: el tiempo de positivización en hemocultivos.¿Para qué sirve ese dato? ¿Deberíamos informarlo siempre desde el laboratorio? ¿Puede ayudar realmente a distinguirentre un contaminante y una infección verdadera? En este episodio, no te doy una única respuesta, pero sí una mirada crítica basada en evidencia, experiencia práctica… ¡y sentido común microbiológico!Repasamos cómo los sistemas automatizados modernos permiten registrar el tiempo exacto entre la incubación de una botella de hemocultivo y su positivización. Este intervalo —que muchas veces ya está disponible automáticamente en nuestros sistemas— puede relacionarse con la carga bacteriana inicial, el tipo de microorganismo, la presencia deantibióticos en sangre, y varios factores más.También conversamos sobre cómo interpretareste tiempo sin caer en errores, y cuándo puede ser útil para tomar decisiones clínicas, por ejemplo en el seguimiento de bacteriemias por Staphylococcus aureus o en casos complejos donde el diagnóstico se vuelve más difuso.Este episodio está pensado para quienes trabajamos en microbiología clínica, infectología o medicina interna, yqueremos afinar cada día más la interpretación de nuestros datos.Porque, como siempre digo, el laboratorio no está solo para entregar datos: está para resolver pacientes con datos. Y el tiempo de positivización puede ser una pieza más de ese rompecabezas.Si querés seguir conversando, sabés que podés escribirme a microclinuy@gmail.com Si te gusto este contenido dejame un comentario o unas estrellitas
En este episodio quise recorrer con ustedestres noticias que llegan desde Europa y que, juntas, dibujan un mapa bastante claro del momento que vive la microbiología clínica: más compleja, más desafiante y, al mismo tiempo, más potente que nunca.Arranco con Pseudomonas aeruginosa, unode los grandes paradigmas de la resistencia antimicrobiana. La iniciativa europea ISARPAE propone algo clave: dejar de mirar la resistencia solo desde el antibiograma aislado y empezar a pensar en vigilancia coordinada, integrandodatos fenotípicos y genómicos. Esto no es solo teoría. Es la base para tomar mejores decisiones clínicas, epidemiológicas y de política sanitaria. Y sí, la inteligencia artificial en microbiología es parte de ese engranaje, aunquemuchas veces opere en segundo plano.La segunda noticia nos lleva al terreno de lo desconocido. Un equipo europeo logró identificar decenas de bacterias que los métodos convencionales no podían clasificar. ¿Cómo? Usando secuenciación genómica completa y herramientas bioinformáticas avanzadas. Algunas de estas bacterias resultaron clínicamente relevantes. Esto nos obliga a replantearnos algo incómodo: cuántas veces damos por “contaminante” o “flora” a lo que simplemente no sabemos identificar bien.La tercera noticia es un golpe de realidad. Las infecciones por bacterias multirresistentes ya causan más muertes que los accidentes de tránsito en algunos países europeos. Y, sin embargo, seguimos subestimando el problema. Los programas PROA aparecen como una de las herramientas más sólidas para enfrentar esta crisis, pero su implementación es desigual. Sin profesionales bien formados —microbiólogos incluidos— no hay inteligencia artificial que nos salve. Este episodio no busca dar respuestas cerradas. Busca algo más importante: ayudarnos a pensar. Porque la inteligencia artificial en microbiología no reemplaza el criterio experto; Hasta el próximo episodio.
Interpretaciónde urocultivos en niños: una mirada actual desde el laboratorio clínicoHola, soy Verónica Seija, médica, profesora demicrobiología clínica y fan declarada de todo lo que tenga que ver con eldiagnóstico microbiológico. En este episodio de MicroClinUy, me meto delleno en un tema que nos acompaña desde los comienzos de la microbiologíaclínica: la interpretación de urocultivos en niños. Más específicamente,en esos pacientes pediátricos tan desafiantes como lo son los menores de tresaños con fiebre sin foco.¿Cuántas veces escuchamos que el urocultivosolo es diagnóstico cuando tiene más de 100.000 unidades formadoras de coloniapor mililitro? Bueno, la ciencia se mueve (¡y por suerte!). Hoy traigo unarevisión y análisis de evidencia reciente que pone este viejo criterio endiscusión, particularmente en los más chiquitos.Vamos a repasar cómo ha evolucionado elconcepto de “recuento significativo” desde los estudios clásicos hasta nuevasinvestigaciones que usan técnicas de secuenciación del 16S rRNA como estándarde referencia. Pero no te preocupes: todo lo converso en lenguaje claro, sinperder el rigor científico.Además, comparto una experiencia personal dehace unos cuantos años cuando propusimos bajar el umbral diagnóstico y… no fuemuy bien recibido. Hoy, parece que el tiempo nos dio una mano.En definitiva, este episodio está pensado paraque profesionales de laboratorio clínico, infectólogos y pediatras puedanafinar su criterio frente a un urocultivo en niños. Porque cada dato queinformamos puede cambiar una conducta clínica. Y eso, ya lo saben, es nuestraresponsabilidad compartida.Nos seguimos escuchando, y si te quedó algunaduda o querés sumar tu experiencia, escribime. ¡Hasta el próximo episodio!

















