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El podcast de J.D.Sánchez
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El podcast de J.D.Sánchez

Author: Juan Díaz Sánchez

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Un espacio abierto para hablar de música, podcast y mucho más. Gracias por perder tu tiempo conmigo! ;)

Conóceme más en www.jdsanchez.es
8 Episodes
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Me encanta la música. Puede decirse que he heredado esto de cantar, pues una vez decidí seguir los pasos de mi madre, quien está en una agrupación musical desde hace más de veinte años. Canto para vivir y vivo para cantarlo. Cada vez tengo más claro que es lo que mejor que sé hacer - aunque me quede mucho por aprender - y estoy empezando a creer en la música; habrá quien diga aquello de "esto es pan para hoy y hambre para mañana", pero uno ha de ser consecuente con sus actos y disfrutar el momento, en la medida de lo posible. Es un oficio sacrificado, ya que no ofrece grandes libertades, y lo cierto es que te obliga a guardar para mañana el dinero que has ganado hoy, pues las actuaciones varían según la temporada estival. Quien lo ha probado, sabe qué ventajas e inconvenientes tiene la vida del artista. Realmente, no sé si puedo llamarme artista. Sin embargo, tengo claro que me encanta hacer feliz al público cuando interpreto una canción y que, a pesar de haber sido tímido toda mi vida, procuro dar lo máximo de mí en el escenario, un aspecto que no es especialmente fácil. En mi caso, los músculos de los hombros se me engarrotan con la tensión, hasta el punto de dejarme con poca movilidad, y los primeros minutos de actuación suelen parecerme, por lo general, algo complicados. Tras un rato sobre las tablas, todo fluye positivamente y se apodera de mí una ilusión que es fruto de la complicidad que se establece con el público. También se debe a la satisfacción de estar desempeñando una labor que hace que me sienta realizado. No os miento, si os digo que me emociono con facilidad cuando veo algún programa musical en la televisión, pues conozco de primera mano qué se siente cuando tienes que pasar algunas pruebas para cumplir el sueño de tu vida; como muchas personas, me he presentado a casting de Operación Triunfo y he tenido que volver a casa con una gran desilusión. No siempre se tiene lo que se quiere. Con el tiempo he comprendido que hay vida más allá de los realities y uno no está obligado a pasar por ellos para solucionar su existencia. Que sí, que todos tenemos cantantes a los que nos gustaría parecernos en algo, pero hay que poner los pies en la tierra y ser consciente de cuál es la finalidad real que buscamos. Lo demás vendrá, si es que es tiene que ocurrir. Actuar tiene procesos previos. Para ello, hay que viajar a sitios que quizás no conozcas y dejar a tu familia lejos; convivir con personas que tienen sus propias maneras de entender las cosas; colocar el equipo - si no eres cantante de orquesta -; tener la garganta y la mente al máximo rendimiento; aceptar las condiciones de quien te contrata y cruzar los dedos para que no falle nada. Además, ¿por qué no decirlo? En el camino das con personas solidarias, que no dudan en aportarte todo lo que necesites, y también con otras que te envidian o te ningunean. Por desgracia, en el mundo de la música existen estas sorpresas, como ocurre en otros ámbitos. A pesar de lo malo, al siguiente día sale el sol de nuevo y los aspectos negativos quedan atrás. Como bien se dice, no hay mal que cien años dure y está más que claro que lo importante es hacer aquello que te gusta, si las circunstancias son propicias para tal fin.
¡Por fin ha llegado la noticia! ¡Ya es oficial! Me van a publicar la investigación que versa sobre la Fábrica de Mosaicos y Piedra Artificial La Cartagenera, la empresa que mi bisabuelo Asensio Díaz Solano, su hermano José y Esteban Ros, cuñado de estos, instalaron en Almería en 1917; sin duda, es una historia que merece ser contada, ya que mi tío bisabuelo José Díaz Solano se fue de Cartagena con muy poco dinero en sus bolsillos y consiguió montar un pequeño imperio, con esfuerzo y amor a su trabajo, en la ciudad andaluza. Inicié Almería Costumbrista en 2014. Mi idea era contar por la red, con mayor o menor acierto, algunas historias curiosas de las calles y personas representativas de mi ciudad, por lo que, en un arranque de ego absoluto, me dio por buscar datos referidos a familiares míos. Aquel espacio digital nació porque acababa de finalizar mis colaboraciones en Cadena Ser y Canal Sur, emisoras a las que iba todas las semanas para contar leyendas, chascarrillos y un largo etcétera de un centro de patrimonio, de cuyo nombre prefiero no acordarme. No quería dejar pasar la oportunidad de seguir escribiendo sobre aquellos temas y seguí indagando por mi cuenta, sin cobrar ni un céntimo por dicho trabajo. Un par de años más tarde ya tenía contacto con Ginés Valera, un almeriense que ama su tierra y lo manifiesta por medio de los diversos materiales que comparte en sus redes y en los diarios locales. Gracias a Valera, mi padre supo que el Instituto de Estudios Almerienses estaba a punto de iniciar una beca de investigación, por lo que él, mi hermana y yo presentamos nuestras respectivas ideas y finalmente el organismo eligió la mía. Era la primera vez que me iban a pagar por un trabajo de tales características y me hallaba un poco verde. Habría sido lógico que hubiese presentado un texto que ya tuviera medio planificado, pero mi impulsividad y mis ganas hicieron que me lanzase a la piscina con muy poco material recopilado, sin saber muy bien si iba a poder presentar una obra al nivel que se me exigía. Desde aquel momento me puse manos a la obra - nunca mejor dicho -. Visité los archivos de mi ciudad; viajé con mi padre a Linares, pues La Cartagenera tuvo sede en dicho enclave y en Sevilla; hablé con familiares que conservaban recuerdos de la fábrica; organicé el material fotográfico del que disponía para la investigación y rastreé el espacio digital de la Diputación de Almería en busca de datos interesantes para el trabajo. Ha sido una experiencia inolvidable, pero ha habido luces y sombras en ellas. En el proyecto colaboraron personas de manera incondicional, mas tuve la mala suerte de conocer a una que sólo me daba permiso para usar su material en la futura publicación del Instituto de Estudios Almerienses y, para colmo, otorgaba tanto valor a sus datos aportados que parecía que sólo los suyos fueran los más relevantes y los determinantes en el desarrollo de la investigación, lo cual era completamente falso. También debo añadir que no siempre he contado con el apoyo de personas cercanas, pues algunas han preferido dar prioridad a otros asuntos. Sin ánimo de parecer pretencioso, quizás no han sabido ver que esta investigación nos sucederá cuando no estemos y será un bonito legado por el que se recordará a aquellas personas que tanto lucharon por sus vidas. Recuerdo un dicho que encaja fantásticamente con este anuncio que hoy os hago: en la vida hay que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Bueno, amigos, pues estoy a punto de cumplir dos de esos objetivos. Respecto al que falta, os dejo, tengo que hablarlo detenidamente con mi pareja.
Buenos días, buenas tardes o buenas noches. ¿Cómo estáis? En 2009 - ¿O 2010? No lo sé muy bien - fui entrevistado por los chicos de Círculo Mediático, un podcast que pertenecía al diario Tinta Digital. Aquel programa estaba dirigido - entre otros - por David Gómez, quien por entonces realizaba sus prácticas de periodismo en los informativos de fin de semana de la Cadena Ser. Recuerdo que me hallaba en la estación de autobuses de Murcia cuando me llamó, pues estaba dispuesto a marchar a Almería para pasar el fin de semana con la familia; me sentía nervioso, pero muy ilusionado, dado que pensaba que esto del podcasting servía para algo. Con el tiempo supe que valía más llamar a una puerta que publicar episodios en numerosas páginas desconocidas de Internet. O sea, que el ser humano es social por naturaleza y, si quiere currar, tiene que ponerse las pilas, salir a la calle y gastar suelas de los zapatos. Pero bueno, esa es otra historia, escuchemos un fragmento de la entrevista, la cual fue publicada en Café y noche. (FRAGMENTO 1) Os voy a contar un secreto, pues han pasado muchos años y además está relacionado con aquello que le expliqué a David Gómez: tenía que hacer un fin de carrera con mis compañeros, sobre el tratamiento de la crisis económica en los periódicos El País y El Mundo, pero estaba más perdido que un pulpo en un garaje y aquello supuso que abordase una temática que me encantaba. Por ello saqué un notable alto. Estaba empezando a cambiar la manera de entender la radio en España. Mientras que en países como México o Estados Unidos era habitual que existieran productoras y plataformas dedicadas al podcasting, en el mío quedaba mucho camino que recorrer y todavía sucede que no todo el mundo sabe qué es un podcast, aunque cada vez es más frecuente que famosos y equipos de diferentes empresas busquen nuevas formas de llegar a su público objetivo. Así lo explicaba en 2009. (FRAGMENTO 2) No os puedo decir ton total exactitud cuándo nació la radio a la carta en las plataformas digitales españolas, pero sí mi experiencia personal. Acudí al Evento Blog España en 2008 y había una azafata en la puerta de dicha concentración de amantes de las redes, la cual repartía tarjetitas de un nuevo portal de Internet que se llamaba Ivoox. A partir de ese ciclo de conferencias di un giro a mi podcast Café y noche, que estuvo bien reflejado en el episodio número 18. Traté de contar las historias de otra forma, ideé secciones para el programa y empecé a subirlo a aquel portal tan novedoso, en el que hallabas podcast de emisoras conocidas, sin necesidad de tener que entrar en sus respectivas páginas, además de otros que estaban grabados en espacios que nada tenían que ver con las famosas peceras de radio. ¿Sabéis? Ya lleva un tiempo pasando que los medios de comunicación tradicionales están viendo oportunidades de llegar con más facilidad a su público a través de Internet y por ello existen plataformas como Play Z - de Radio Televisión Española - y Podium Podcast - de Cadena Ser -, en las que localizas contenidos hechos sólo y exclusivamente para la Red. Algo parecido ya está ocurriendo con Operación Triunfo, un aspecto que fue comentado hace poco por el yotuber Rush Smith. Supe verlo, con una claridad pasmosa, en 2009. He aquí mis palabras. (FRAGMENTO 3) Yo estaba alucinando con el proyecto de Juan Ignacio Solera, con quien tuve el gusto de conversar para la elaboración de 10 programas sonoros de la página Marketing Directo. Ivoox era una plataforma muy adelantada a su tiempo y hoy no es extraño que el espectacular periodista Iker Jiménez se refiera a ella en los programas de misterio que dirige junto a Carmen Porter. Es alucinante cómo ha evolucionado la tecnología y es un gustazo saber que hay podcaster que están grabando sus programa para emisoras conocidas - aunque esto del intrusismo lo llevo muy mal, si os soy honesto -; me fascina cómo unos medios de comunicación son engullidos por otros, o bien, se complementan extraordinariamente para dar una formidable proyección a los contenidos. Quiero mandar un caluroso abrazo a los compañeros que hacíais posible Círculo Mediático y también a aquellos que alguna vez confiasteis en mí para que colaborara en vuestros proyectos, ya que me hacíais sentir vivo y con inmensas ganas de grabar podcast. Hoy me despido con un poema que leyó David Gómez en la entrevista que me hizo para el programa del que hemos hablado. Se despide vuestro amigo Juan Díaz.
He recibido varias fotografías de Juan Picón, quien trabaja en la empresa Restauración de Patrimonio Monumental, y en ellas observo varios suelos hidráulicos maravillosos, que probablemente fueron elaborados en el taller de Pedro Alemán. La fábrica en cuestión estuvo en funcionamiento antes que La Cartagenera, en los primeros años del siglo XX. El pavimento que muestra Picón en sus instantáneas se halla en una vivienda del Paseo de Almería, donde creo que estuvo el bar Parisien de Manuel Sánchez Clemente - mi bisabuelo -, dueño del conocido Restaurant La Campana. Desgraciadamente, no he encontrado numerosas referencias en la prensa antigua, ni he conocido más datos en el Archivo Municipal, pero está claro que mi familiar era un trabajador excelente. Este ha sido el segundo audio que le he mandado a Picón, tras observar las imágenes: Amigos, este programa trata temática muy almeriense - entre otros aspectos -, pero en él me voy a referir a diversas ciudades. He tenido la suerte de viajar con mi familia y mi pareja a Granada, Málaga, Cádiz, Jaén y Cartagena en estos últimos años, lo que me hecho apreciar que en dichos lugares ha sido cuidado el patrimonio por la clase política y los propietarios con mucho más cariño que en Almería. Seguro que tendré detractores, pero pienso que cada vez hay más personas que opinan como yo. No podéis imaginar la tristeza que me invade cada vez que regreso a mi tierra y constato las inmensas pérdidas que se han producido en él. Tenemos una ciudad con pocos museos y con un patrimonio histórico que está por descubrir. Además, para colmo, se han empeñado en destruir las viviendas obreras y burguesas de los siglos XIX y XX, dado que la ley de protección no vela por todos los barrios significativos de la ciudad. Hace falta una ciudad que enamore, a la que siempre quieras volver. Se despide vuestro amigo Juan Díaz, no sin antes dejaros por aquí un fragmento rescatado de Café y noche, mi antiguo podcast.
Buenos días, tardes o noches. ¿Cómo estáis? ¡Por fin me coloco delante del micrófono para grabar algo diferente que una canción! De vez en cuando, como sabréis ya, realizo algún que otro cover, o bien, compongo mis propias canciones, pero creo que, a tales alturas, esto no es un secreto. ¿No os parece? Bien, entremos en materia, estuve ojeando un disco duro viejo hace pocos días y localicé muchos episodios de Café y noche, reflexiones varias, piezas sonoras de algunos podcast, documentos relacionados con temáticas diversas... En definitiva, todo lo que se suele hallar en un cajón digital de semejantes características. Por tanto, he decidido recuperar, poco a poco, algunos fragmentos de aquellos programas de mis años de Universidad. ¿Os gusta la idea? Creo que no os dejarán indiferentes. Como dice la canción, os cuento cómo me ha ido... Pues, a ver, la vida no está siendo especialmente fácil y tampoco es cuestión de entrar en profundidades, pero sí que os digo que he estado realizando un proyecto muy interesante para el Instituto de Estudios Almerienses, que versa sobre la historia de la Fábrica de Mosaicos La Cartagenera, la empresa que dirigió mi abuelo hasta los años setenta. Parece ser que verá la luz en forma de libro en 2019, pero no hay nada oficial. "¿Y qué te llevó a meterte en esas cosas?", preguntaréis. Tras un par de colaboraciones en Canal Sur de Almería y Cadena Ser, me dio por investigar sobre Almería y así fue cómo empecé a buscar datos sobre la empresa de mi familia. Rastree todos los archivos digitales que conocía y me cité con tres personas para que recodaran antiguas anécdotas que vivieron. Fue una experiencia única, entrañable y motivadora, sin lugar a dudas. Tengo muchas historias que están relacionadas con la investigación, por lo que hoy os hablaré de mi tío José Murillo. Es nieto de José Díaz Solano, hermano de mi bisabuelo Asensio, y puede decirse que tiene una memoria de elefante. Conoce todo sobre la empresa porque fue educado por mi tío bisabuelo y estuvo al lado de él hasta el final de su vida. Jamás nos habíamos visto, si os soy sincero. Por medio de José Ibáñez González, ex gerente de La Cartagenera, supe que había formado parte de la directiva que tuvo la empresa en los últimos años y así fue cómo conocí a una persona que se desvive por su familia y que, además, tiene un corazón que no le entra en el pecho; gracias a Murillo obtuve las fotografías de La Cartagenera y su abuelo José Díaz Solano, por lo que pude completar el puzzle que había comenzado para el IEA. Me hallaba en un pueblo almeriense llamado Cobdar cuando aquello sucedió y no os podéis imaginar qué bonito fue recibir las fotografías en dicho lugar, tras varios días de actuaciones con un grupo musical. Me dio fuerzas para seguir apostando por "Memorias de una baldosa. Fábrica La Cartagenera", que es el nombre que tiene mi investigación, por lo que siempre le estaré agradecido. Además, lo mejor de todo es que José Murillo es un hombre que no busca intereses, pues se mueve por el impulso de ese buen sentimiento que sus amigos y familiares vemos en él. Para finalizar, como señalé al principio de este... ¿programa...?, ¿micropodcast..? ¿espacio sonoro..?, aquí os dejo el audio de un viejo programa de Café y noche. ¡Un saludo de vuestro amigo Juan Díaz Sánchez! ¡Hasta la próxima!
Bienvenidos al nuevo programa de El Podcast de JDSánchez. En esta ocasión respondo a un comentario que me hizo Sunne en un post, quien es un reputado podcaster que habla sobre este medio alternativo que cada vez está más extendido. La música que escucharás en el programa ha sido descargada de la página: http://dig.ccmixter.org/
¿Qué pasa con la privacidad? ¿Qué manía tiene la gente de decir que esto o lo otro no debería publicarse? Todos reímos, lloramos, cantamos, amamos, gritamos o sentimos en la vida, en la “real”, y no es tan diferente cuando dichas cosas ocurren en la Red. Hay quien comete errores en la vida sin pantallas, como también pasa que es vanagloriado por una cosa u otra, por lo que es absurdo estar encorsetados aquí y allá, no poder expresarnos libremente, elegir escrupulosamente cada imagen que subimos al Facebook, cuidar cada palabrita que escribamos en Twitter, Google + o donde sea. Me parece ridículo y me molesta cada vez que alguien entra en el mismo debate conmigo, cuando quizás esta persona ha compartido o dicho cosas peores cara a cara. ¿Qué pasa con la privacidad, señores? Que yo no voy a vender mi vida a nadie, no hablo de nada extremadamente privado a través de las redes (aunque me he dado esta licencia alguna vez), todo lo más que hago es compartir mi felicidad o mandar a la mierda a alguien que me puede estar molestando por algo – dependiendo del grado de confianza, del contexto u otros aspectos -. ¿Qué pasa si, por ejemplo, tengo un día de perros y comento algo, o bien, no estoy cómodo con un tema concreto? ¿Es tan terrible decirlo, aunque sea con cortapisas? ¿Qué pasa si, también por ejemplo, estoy enamorado y quiero que el mundo entero lo sepa? ¿Estoy cometiendo un delito que me impida pisar un sitio dado, o bien, puede pensar alguien que soy el peor ser humano del mundo? Por Dios, ¿qué tiene de malo? Hemos entrado en la dinámica tonta del miedo, en la de estar continuamente controlando cualquier acción y, la verdad, desde varios frentes vienen las balas, cuando deberíamos entender que la Red es la mejor oportunidad que tenemos para conocer al ser humano, en vez de ser un arma con la que arrojar desconfianza sobre nuestra persona. Alguien pedía que no subiera ninguna foto de ella a Internet hace no mucho tiempo. Su motivo, el cual me pareció muy respetable y pienso que no me lo tenía que haber dado, era que no quería verse con el tiempo en una imagen u otra, que su vida iba más por otros derroteros; he de reconocer que de primeras me chocó esa actitud, dado que no entiendo que en la vida debamos ir con tantísimo cuidado, pero sí comprendería que, por una cosa u otra, no se le pueda ver en un sitio concreto y en un momento determinado. Todo el mundo ha tenido malos trabajos, desamores varios y amistades fallidas, como también pasa que habrán vivido experiencias que no les ha llenado por completo y no es tan disparatado decir esto o lo otro por aquí o por allá, aunque diferente es hacer uso de calificativos, o bien, hacer un menosprecio de algo o alguien. Eso, obviamente, da muy mala imagen y nos deja en tela de juicio – seguro que a más de uno/a le ha pasado -; durante muchos años he estado haciendo podcast y también he escuchado muchos programas de este tipo, por lo que conozco el caso de un podcaster que, en pleno uso de sus facultades, a través de un episodio, dijo algo que no tenía que haber comentado y perdió un trabajo, ya que uno de sus oyentes habló sobre él a un jefe. Desde luego, hay muchas maneras de hablar de las cosas, sin que nadie se vea perjudicado, ¿no? Pero pienso que estas, detrás del micrófono, también se pueden controlar, ya que, por lo general, todos deberíamos tener una base moral que dictamine bien hasta dónde sí y hasta dónde no podemos llegar. Incontables veces he escuchado aquello de “esa persona se encuentra muy sola y por eso hace o publica esas cosas en Internet”. No, no siempre es por eso, ni se necesita la aprobación de nadie, si no que a veces nace de ella un deseo irrefrenable de comunicarse con el mundo, de dejar su impronta, ya sea por medio de un tweet, una imagen o un podcast, y eso es algo que algunas personas no pueden comprender, simplemente porque no lo han sentido, o bien, porque entienden Internet de una manera muy diferente a otras. De hecho, he de confesar que, personalmente, me da lo mismo tener muchos likes, retweets o descargas en esta información que comparto y no me siento en la obligación de responder todos los comentarios que se puedan hacer al respecto (eso tampoco me convierte en una mala persona, ¿verdad?). Si comparto o digo algo, lo hago porque me apetece y no espero que estés de acuerdo o te guste todo, puesto que cada persona es un mundo. Bueno, pues así son las cosas y así se las hemos contado, como dijo aquel. Y tú, ¿qué opinas al respecto?
Hola, hola, hola… Bienvenidos a un nuevo programa, a una aventura sonora que, espero, sea inolvidable para ti. Te saluda J.D.Sánchez, el loco de las ondas podcasteras que, no harto de haber grabado y editado cientos de programas, se decide a empezar este nuevo proyecto. ¿Qué vas a encontrar aquí? Pues música, poesía, relatos, divagaciones varias… Vamos, un cajón de sastre, pero esperemos que no sea muy desastroso. Ya en su momento me animé a crear un programa del estilo a este, pero no le vi continuidad. Ahora que tengo algo abandonado otros proyectos sonoros, pues es el momento de empezar este otro e ir compartiendo contigo algunas visiones sobre diversos aspectos que me interesan, por ejemplo, se me ocurre sobre la marcha, la radio y el podcast. Tenemos souncloud, tenemos Spreaker, tenemos tantas herramientas a nuestro alcance, pero desde luego ivoox sigue siendo un espacio ideal, a través del cual nos conozcan y se queden con nosotros. Además, nadie nos quita – por ahora - esta comodidad que es hacer uso de música comercial, algo que se pasa más por alto en países como México (o al menos yo lo tengo entendido así). Durante un tiempecillo me he sentido muy guarecido por Spreaker, un espacio fabuloso en el que se puede grabar en directo, o bien, subir el programa que se haya editado previamente. En mi caso, poco he editado en estos últimos meses, ya que he estado centrado en otro tipo de proyectos, pero ahora me vuelvo a ver con ganas de grabar, dada la facilidad que tengo al hacer uso de un ordenador más grande que el que usaba hasta hace sólo unos días. Revisando esos audios que he ido colgando, he caído en la cuenta de cómo la tecnología nos absorbe a veces el tiempo, en vez de hacer más cómoda nuestra vida. ¿Quién no tiene Whatsapp hoy en día? Casi todo el mundo, ¿verdad? En diciembre de 2013 llegaba a los 400 millones de usuarios esta famosísima App… Imagina cuánta gente pone su vista sobre ella, pero también quiero que pienses en la cantidad de minutos que podríamos estar empleando en, por ejemplo, pasear con nuestras parejas, disfrutar del aroma de un rico café, hacer ejercicio…y todo ello sin mirarla. A ver, que tampoco digo que se deje de usar, pero que no perdamos de vista que en la vida tenemos otros aspectos a los que dedicar gran parte de nuestra atención. Yo no sé tú, pero a mí me resulta muy molesto estar continuamente recibiendo notificaciones en el teléfono con mensajes a los que, en la vida 1.0 no dedicaría gran atención y me refiero a los de esos grupitos en los que te ves casi obligado a participar, en los que realmente no se cuenta nada trascendental y se terminan convirtiendo en el gallinero del autobús con el que hacíamos los viajes del colegio. Yo no sé tú, amigo o amiga, pero no lo soporto, aunque también he de reconocer que tengo una relación de amor odio con el Whatsapp, un “te necesito, pero desaparece pronto”. ¿Qué está pasando? Hay mucha gente conectada a Twitter, ahora cada vez más, y aquella red social, que parecía llena de intelectuales, se ha convertido en un patio de recreo, en el que las etiquetas ya no son muy originales (antes les prestaba atención). Que sí, que es buena la variedad de público que hay en esta plataforma en la actualidad, si yo eso no lo discuto, pero os puedo asegurar que en 2007 éramos muy poquitos los que la usábamos y las conversaciones eran muy ricas entre unas personas y otras. Y lo sabes, como diría Julio Iglesias en una de esas imágenes que continuamente están pasando en Whatsapp. No sé, amigo, yo creo que no hay nada como mirar a los ojos a una persona, en vez de ponerle la mierdecita sonriente de whatsapp o un icono ridículo de cualquier otra aplicación; no es comparable el hacer uso de esa herramienta o similar con el dar una palmadita en la espalda alguien a alguien, el tocar las mejillas de la persona que nos gusta, invitar a un café o a una cervecita o simplemente dar un paseo por las calles de la ciudad o pueblo en el que vivimos. Todo esto lo dice un podcaster, es decir, una persona que está familiarizada con las redes sociales, con plataformas y demás, el mismo tío que hace unos años no habría salido de su habitación para dedicarse de lleno a tener pronto un nuevo número de su podcast.
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