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Los 25 programas más recientes de CIENCIAES.COM en un solo podcast. Aquí tienen reunidos a: Hablando con Científicos, Ciencia y Genios, Ulises y la Ciencia, La Ciencia Nuestra de Cada Día, Zoo de Fósiles, Vanguardia de la Ciencia, Seis patas tiene la vida, Océanos de Ciencia, Quilo de Ciencia, Ciencia Extrema, El Neutrino, Ciencia Fresca y Cierta Ciencia.
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¿Qué animal elegiría picar un mosquito hembra en plena selva tropical? La respuesta, hoy, puede resultarnos inquietantemente familiar. La expansión humana está transformando la selva atlántica brasileña y, con ella, el menú de los mosquitos hembra, que cada vez recurren más a la sangre humana. Un estudio basado en técnicas de biología molecular revela cómo este cambio no es casual, sino una consecuencia directa de nuestra presencia. Y no se trata solo de mosquitos: hablamos de evolución, de virus y de enfermedades emergentes. Porque cuando alteramos los ecosistemas, la ciencia nos recuerda que las consecuencias, tarde o temprano, también nos pican a nosotros.
¿Cómo corrían los dinosaurios? ¿Lo hacían siempre de la misma forma o podían cambiar su manera de correr según la situación? ¿Es posible reconstruir esos comportamientos a partir de huellas fosilizadas de hace más de 120 millones de años? Hoy nos adentramos en una investigación que demuestra que las huellas de dinosaurio aún tienen mucho que contar, incluso cuando creemos que ya las conocemos bien. El estudio, liderado por Ignacio Díaz Martínez, nuestro invitado hoy en Hablando con Científicos, explica cómo unas huellas fósiles extraordinarias, conservadas en un yacimiento de La Rioja, están cambiando nuestra forma de entender la locomoción de los dinosaurios. Las huellas corresponden a terópodos que corrían a velocidades cercanas a los 40 km/h. Pero lo más sorprendente no es lo rápido que iban, sino cómo corrían.
¿Qué pasa cuando el mar sube… pero el suelo bajo tus pies baja aún más rápido? Muchos de los lugares más poblados del planeta viven esta doble amenaza silenciosa. Un estudio publicado en Nature revela que todos los grandes deltas del mundo se están hundiendo, en muchos casos a mayor velocidad que la subida del nivel del mar. Ángel Rodríguez Lozano explica qué está ocurriendo en regiones clave y por qué la actividad humana está acelerando este proceso. Por su parte, Jorge Laborda nos habla de hidrógeno verde y de un avance sorprendente que permite producirlo sin platino, un metal caro y escaso que suele emplearse para separar el hidrógeno del agua utilizando luz solar. En su lugar, una investigación propone el uso de “plásticos” activados por la luz y la vitamina C, una alternativa prometedora que podría abaratar y hacer más sostenible la producción de este combustible limpio.
Cuando pensamos en una erupción volcánica, solemos imaginar ríos de lava avanzando lentamente por la superficie, arrasando todo a su paso. Sin embargo, buena parte de lo que ocurre durante una erupción permanece oculta bajo una costra aparentemente sólida. Eso es precisamente lo que sucedió durante la erupción del volcán Tajogaite, en la isla de La Palma, en 2021. Un complejo entramado de tubos de lava actuó como una red de “cañerías naturales”, transportando magma a gran distancia del cono eruptivo y aumentando notablemente la peligrosidad del fenómeno. David Sanz Mangas (IGME-CSIC) y uno de los autores del estudio que analiza en detalle cómo se formó y creció este campo de coladas alimentado por tubos durante los casi tres meses que duró la erupción.
En este episodio de Quilo de Ciencia “in memoriam”, Francisco Grande Covián nos enseña que las vitaminas fueron uno de los grandes descubrimientos médicos del siglo XX, al permitir identificar y prevenir enfermedades causadas por su carencia. Sin embargo, ese éxito llevó a pensar erróneamente que podían usarse como medicamentos universales. En realidad, su función terapéutica es muy concreta: corregir déficits nutricionales. En personas bien alimentadas, añadir más vitaminas no mejora la salud. Ahora, Jorge Laborda confirma que esta visión sigue siendo válida, aunque introduce matices importantes que os invitamos a escuchar. La conclusión es clara: las vitaminas son esenciales, pero no milagrosas. Una dieta variada y equilibrada sigue siendo la mejor receta para la salud.
Aunque no lo notemos, la Tierra se mueve constantemente bajo nuestros pies. No hablamos solo de terremotos espectaculares, sino de desplazamientos lentísimos —milímetros al año— que deforman la corteza terrestre de manera continua. Uno de los mejores lugares del mundo para investigar estos procesos es la península ibérica y su entorno. Allí confluyen grandes placas tectónicas, pequeños bloques intermedios y una historia geológica extraordinariamente compleja. Precisamente en esta región se centra el trabajo reciente de Asier Madarieta-Txurruka, nuestro invitado en Hablando con Científicos. A partir de su estudio, publicado en Gondwana Research, hablamos de la compleja interacción entre las placas tectónicas de Eurasia y África, del papel del mar de Alborán como laboratorio natural y de cómo la información que proporcionan los terremotos y los satélites nos permite comprender los procesos que suceden en esta zona de colisión.
Hoy, Jorge Laborda explica que el proteasoma, conocido como la “máquina de reciclaje” celular, no solo degrada proteínas y genera los péptidos que permiten al sistema inmunitario reconocer células infectadas, sino que también puede producir péptidos con actividad antimicrobiana. Un mecanismo que conecta de forma elegante la inmunidad innata con la adaptativa y proporciona conocimientos para crear nuevos antibióticos.
Por otro lado, Ángel Rodríguez Lozano analiza por qué esos días de bochorno insoportable suelen terminar en tormentas violentas. A partir de un estudio publicado en Science Advances, explica cómo la acumulación de calor y humedad bajo una inversión térmica actúa como una olla a presión atmosférica que, al romperse, libera la energía en forma de tormentas intensas que pueden provocar grandes daños en lugares aislados.
Cuando pensamos en fósiles humanos, solemos imaginar cráneos, mandíbulas o grandes huesos largos. Pero ¿y si una parte clave de nuestra historia evolutiva estuviera escondida en detalles mucho más pequeños? ¿Y si los huesos conservaran, grabadas en su superficie, las huellas de músculos y ligamentos desaparecidos hace millones de años? Aroa Casado es investigadora en la Universidad de Barcelona y en el Instituto de Arqueología, y acaba de publicar un trabajo que propone algo tan sugerente como revolucionario: reconstruir cómo se movían y utilizaban las manos nuestros antepasados a partir de las marcas que dejaron los ligamentos de la muñeca en los huesos. Aroa nos lo cuenta hoy en Hablando con Científicos.
La fiebre sigue teniendo esa injusta reputación de alerta roja frente a una infección. Como si la fiebre fuese el humo y no el extintor del fuego. Y, sin embargo, la fiebre suele ser, ante todo, una defensa fisiológica, una medida tomada por el organismo en casos de seria amenaza. Una decisión costosa, pero que debe ser ejecutada por el sistema inmunitario con la frialdad de un James Bond: Muere otro día. La fiebre cuesta energía, y no carece de peligros, pero en muchas ocasiones es imprescindible para sobrevivir.
En este nuevo capítulo de Ciencia Fresca se exploran dos investigaciones punteras que muestran cómo la ciencia amplía fronteras tanto en el espacio como en la medicina. Por un lado, Ángel Rodríguez Lozano analiza una nueva perspectiva sobre la minería espacial: el aprovechamiento de asteroides primitivos ricos en carbono. Aunque tradicionalmente se ha priorizado la explotación de asteroides metálicos, un estudio reciente demuestra que estos cuerpos no diferenciados —auténticos fósiles del origen del Sistema Solar— también contienen metales estratégicos y tierras raras con un notable interés científico y potencial aplicación en futuras actividades mineras en el espacio. En la segunda parte, Jorge Laborda aborda una auténtica revolución en oncología: el uso de células T CAR editadas mediante cambio de bases para tratar leucemias T especialmente agresivas. Esta técnica permite reprogramar linfocitos con una precisión genética sin precedentes, evitando el “fratricidio” celular y logrando remisiones profundas en pacientes que hasta ahora carecían de alternativas terapéuticas.
Cuando se habla de aceleradores de partículas, la imaginación suele llevarnos a enormes túneles subterráneos, experimentos abstractos y preguntas lejanas sobre el origen del universo. Sin embargo, están mucho más cerca de nosotros de lo que podemos imaginar, como explican nuestros invitados en Hablando con Científicos, Núria Fuster y Daniel Esperante, autores del libro Aceleradores de partículas. Del laboratorio a la sociedad.
Ambos entrevistados nos enseñan que, aunque estos dispositivos nacieron para responder a grandes preguntas sobre el universo, hoy en día la mayoría se utilizan fuera de los laboratorios. Gracias a los aceleradores se tratan tumores mediante radioterapia y protonterapia, se fabrican los microchips que permiten el funcionamiento de nuestros teléfonos móviles y ordenadores, y se desarrollan nuevas tecnologías médicas e industriales. Incluso estuvieron presentes en las casas de nuestros padres y abuelos hasta hace muy poco, en el interior de antiguos y voluminosos televisores.
Los astrónomos descubrieron la expansión acelerada del universo gracias al estudio de una clase especial de supernovas, conocidas como supernovas de tipo Ia, las cuales se creía que tenían un brillo intrínseco bien determinado. Sin embargo, investigadores del Departamento de Astronomía y del Centro para la Investigación de la Evolución Galáctica de la Universidad Yonsei, en Seúl, Corea del Sur, han puesto de manifiesto que, al analizar nuevos datos obtenidos por el proyecto DESI (siglas en inglés de Dark Energy Spectroscopic Instrument), se observa que las supernovas de tipo Ia no son todas iguales y que su brillo depende de la época en la que se formaron sus estrellas progenitoras. Estos resultados cuestionan seriamente el modelo cosmológico actual y favorecen aquellos modelos en los que la energía oscura varía con el tiempo a medida que el universo evoluciona, lo que conduciría a una conclusión errónea sobre la velocidad de expansión del universo.
Hace más de un siglo, los argentinos comenzaron a explotar las minas de carbón de la región de Ischigualasto, una zona desértica del oeste del país, situada entre las estribaciones de los Andes y las Sierras Pampeanas, en la frontera entre las provincias de San Juan y La Rioja. A partir de una publicación del Automóvil Club Argentino en 1943 el lugar empezó a ser conocido con el nombre de Valle de la Luna, debido a las caprichosas formaciones geológicas que lo jalonan. Hoy en día, los yacimientos paleontológicos de la Cuenca de Ischigualasto-Villa Unión se extienden por dos espacios protegidos contiguos, el Parque Nacional Talampaya, en La Rioja, y el Parque Natural Provincial Ischigualasto en la provincia de San Juan. Ambos parques han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por la importancia científica de sus yacimientos, en los que se puede estudiar el origen de los dinosaurios y de los mamíferos.
Charlamos con Elena Héliz, oncóloga e investigadora, y Patricia Nieto, de la Fundación Científica de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), para hablar claro sobre un tema que nos toca a todos: cómo prevenir el cáncer antes de que aparezca. Descubrimos qué es la biología de la prevención, por qué muchos tumores tardan años en desarrollarse y cómo hasta la mitad de los casos podrían evitarse cambiando hábitos como dejar de fumar, comer mejor o movernos más. También hablamos de cribados, vacunas, microbioma, ejercicio, inmunoterapia y del enorme trabajo que se realiza para acompañar a pacientes y familias cuando más lo necesitan. Además, la AECC pone la mirada en el futuro con una nueva convocatoria de ayudas a la investigación en biología de la prevención, impulsando estudios que buscan adelantarse al cáncer y combatirlo antes de que llegue a aparecer.
Hoy, Jorge Laborda habla de la posibilidad de regenerar el corazón tras un infarto. Explica cómo la activación controlada de un gen concreto permite que las células cardíacas adultas vuelvan a dividirse, algo que hasta ahora se creía imposible. Experimentos con células de donantes de más de 40 años demostraron divisiones completas y funcionales sin activar otros tejidos, abriendo la puerta a terapias capaces de reparar el daño del corazón después de un infarto.
Por su parte, Ángel Rodríguez Lozano aborda la búsqueda de vida en Encélado, una luna de Saturno. Los datos de la misión Cassini y un estudio reciente respaldan la existencia de un océano global activo bajo la capa de hielo que la recubre. La presencia de compuestos orgánicos, hidrógeno y sílice en los géiseres que emergen por las grietas de la superficie sugiere la existencia de procesos hidrotermales similares a los que, en la Tierra, albergan ecosistemas ricos en vida.
Hace entre 420.000 y 240.000 años, en plena sierra de Atapuerca (Burgos), grupos humanos preneandertales protagonizaron una de las formas de caza mejor documentadas del Pleistoceno. Hoy, el investigador de la Universidad Complutense de Madrid, Guillermo Rodríguez Gómez, explica cómo el análisis de los restos hallados en la Gran Dolina revela una actividad humana extraordinaria: en uno de los niveles del yacimiento, más del 90 % de los restos pertenecen a bisontes cazados y procesados con herramientas de piedra. El estudio de al menos 60 animales demuestra que estos pobladores no seleccionaban únicamente presas débiles o enfermas, sino que abatían rebaños completos, probablemente guiándolos hacia zonas peligrosas para capturarlos en grupo. Se trataba de una auténtica estrategia colectiva de supervivencia, que refleja un notable conocimiento del entorno y una organización social capaz de coordinar grandes acciones de caza.
Lo más sorprendente es que estas cacerías no agotaban las poblaciones de bisontes. Los estudios muestran que se trataba de una explotación ecológicamente sostenible, compatible con la recuperación anual de los rebaños.
Una muestra de que, ya en la Prehistoria, aquellos pobladores comprendían su entorno y sabían aprovechar los recursos sin destruirlos.
Jorge Laborda reflexiona hoy sobre la relación entre fondo y forma en la vida y en el universo. Explica que una imagen solo existe si hay una organización que diferencia fondo y figura, y compara este principio con los seres vivos: el agua actúa como fondo y las moléculas hidrófobas como forma, ya que su incapacidad de disolverse permite la estructura celular. A partir de un “momento ¡Ajá!”, propone un paralelismo cosmológico: la materia oscura sería el fondo del universo. “Me atrevo a proponer —dice Jorge— que es la materia oscura la que actúa como un fondo sobre el cual la materia ordinaria se puede organizar y generar una imagen ordenada”. Esa imagen ordenada es la que permite la formación de estrellas y galaxias y, en su interior, la generación de suficientes átomos y moléculas —entre ellas el agua y las moléculas hidrófobas— capaces de dar lugar a los seres vivos.
No sabemos si existe vida más allá de la Tierra, pero, si la hubo o aún persiste en algún rincón del Sistema Solar, uno de los lugares más prometedores para buscarla es Marte. A lo largo de las últimas décadas, numerosas misiones han descendido sobre su superficie y, en la actualidad, dos rovers —Curiosity y Perseverance— exploran regiones donde, en tiempos remotos, abundó el agua líquida, un ingrediente esencial para la vida. Curiosity ha detectado carbono y moléculas orgánicas simples en rocas sedimentarias en el cráter Gale. Sin embargo, estos compuestos no bastan para demostrar un origen biológico. Los análisis indican que esas rocas permanecieron enterradas durante casi toda su historia y solo quedaron expuestas a la radiación cósmica en los últimos 78 millones de años. A partir de esta observación, un equipo de investigadores liderado por María Paz Zorzano (CAB), se planteó una cuestión fundamental: ¿podría el ADN — que es considerado un biomarcador inequívoco de la existencia de vida— resistir las duras condiciones marcianas? Escuchad la respuesta en este nuevo episodio de Hablando con Científicos.
En este episodio de Ciencia Fresca exploramos dos historias fascinantes. La primera nos lleva al Plioceno temprano, hace entre 4,6 y 4,4 millones de años, cuando el nivel del mar era unos 16 metros más alto que hoy. ¿La causa? Un planeta más cálido, con concentraciones de CO₂ en torno a 400 ppm, capaz de derretir casi todo el hielo de Groenlandia, la Antártida Occidental y parte de la Antártida Oriental. Hoy vivimos una situación similar, con niveles que superan las 420 ppm. ¿Podría ocurrir algo parecido en el futuro?
El segundo tema aborda un avance biotecnológico sorprendente: científicos han logrado que bacterias produzcan xantommatina, el pigmento que permite a pulpos y sepias cambiar de color casi al instante. Esta innovación podría revolucionar el desarrollo de materiales inteligentes, tintas fotocrómicas, protectores solares naturales y tecnologías de camuflaje activo.
El Premio Nobel de Medicina de 2025 reconoce el descubrimiento de cómo el sistema inmunitario evita atacarnos a nosotros mismos. En este programa de Hablando con Científicos, Jorge Laborda explica que los linfocitos, las células defensivas del organismo, se generan de modo que cada uno posee un “detector” o receptor único capaz de reconocer moléculas. Esto ofrece una ventaja enorme: entre todos esos receptores siempre habrá alguno capaz de detectar cualquier virus o bacteria. Pero también implica un riesgo: a veces, por puro azar, aparece un linfocito cuyos detectores reconocen moléculas del propio cuerpo, lo que podría desencadenar una enfermedad autoinmune. Para evitarlo existen las células T reguladoras, descubiertas por Shimon Sakaguchi, que actúan como una “policía inmunitaria”. Su funcionamiento depende del gen FOXP3, identificado por Mary Brunkow y Fred Ramsdell. Estos hallazgos revelan el delicado equilibrio que mantiene sana nuestra respuesta inmune.






¡Interesantísimo!
Mala ciencia
Mira q m molaba ste programa pero post como este me desaniman. No creo q la inteligencia sea algo tan facilmente cuantificable. En fin! Una estupidez d post. Masculino, claro.
Eres bueno tío
Hace mucho que no me descargan sus episodios, por favorecer solucionenlo
sigo el programa cada semana desde Colombia, ciudad de Manizales. Muy bueno. Les agradezco todo el conocimiento que nos comparten
Guau! y que será lo que marca la diferencia en la activación de uno de los tipos de neuronas en nosotros los humanos?
me ha encantado el episodio, super bien narrado con aportes musicales que transmiten bien las sensaciones, un saludo.
El fascinante viaje de la ciencia contado de una forma especial.
de lo mejor que hay para escuchar ciencia actual
excelente programa