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El Perseguidor
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¿Puede uno sorprenderse o solazarse de placer mirando el pueblo donde vive?Mi amigo, el Lui, no tiene redes sociales, es un tipo ordenado, sencillo pero atento. Algunas noches se demora, logra esa proeza de salir de la vida maquinal para otra proeza: quedarse a mirar lugares del pueblo, caminar por sitios secretos o apenas conocidos. Entonces funda otro pueblo, y lo mira como un niño.
La poeta rosarina Sonia Scarabelli se siente afortunada porque un amigo la llama para preguntarle si logró ver la noche estrellada. Recuerdo ese verso y me siento afortunado, también, porque un amigo me invita a presenciar un partido de fútbol en una cancha auxiliar de un club de pueblo, después vamos a un lugar mágico a tomar cerveza, yo escucho sus conversaciones, fascinado por ese fuera de tiempo que construyen esos hombres vueltos niños, practicando una alegría sin plan. Pero ayer, además, la poeta radicada en Teodelina María Rosa Montes, me manda un poema en un audio de Whatsapp. Y lo comparto aquí.
Volver para refugiarse. Para inventar una zona fértil, para la palabra, para el silencio, para ver crecer frutos extraños. Elegí, además, para leer en este episodio, el texto Canción de la derrota del libro que lleva el mismo título, de la poeta rosarina Beatriz Vignoli: "Siempre es más reconfortante hablar de la derrota que hablar del fracaso. Viene bien que por unos días dejemos de pensar en lo fracasados que somos para concentrarnos en lo derrotados que estamos. Viene bien que descansemos un poco de la soledad implícita en el fracaso (que siempre es de uno solo y definitivo, como la muerte) para pasar a la dimensión social y solidaria de la derrota.En cualquier caso, la derrota implica por lo menos a dos. Hay, sin duda, un "otro": otro que nos ganó. Ha habido, sin duda, una lucha. Ante el fracaso podemos dudar de si hemos luchado; ante la derrota, no. Puede que hayamos sido demasiado humanos, puede que no hayamos sido lo suficientemente eficaces, lo suficientemente crueles; pero hemos luchado, hasta el final. La humanidad es la jactancia de los derrotados.A diferencia del fracaso, la derrota solo es definitiva en un sentido histórico; el triunfo como posibilidad futura aún no está perdido. No podemos ganar la guerra que ya perdimos, pero podemos ganar la próxima.Eso, suponiendo que el objetivo de nuestra vida sea ganar, que es un objetivo bastante mezquino. La derrota es abnegada y generosa."
En la vida moderna a las afueras de las ciudades, la gente ha acuñado el bello ideal de llevarse bien con los vecinos y construir una red humana, solidaria y amorosa. A veces no funciona y a veces está bien que no funcione. Mi vecina al sur pone música fuerte mientras ceno con mi hija un día de semana a las 9 de la noche, mi vecina al norte tiene 3 perros en la terraza que no paran de ladrar en la madrugada. Pero.... el loco soy yo. Para terminar, un micro relato de Luis Chaves: El perro de los vecinos.
En muchos pueblos (en ciudades también) mucha gente vive sólo para asegurarse, para que "nunca le falte nada", sin otro anhelo más que tener "por las dudas". Sin apetitos, sin curiosidades. El psicoanalista Ángel Fernández y una reflexión sobre la alegría; y un fragmento de un ensayo del último libro de Manuel Quaranta acerca de la felicidad.








