No existe la familia perfecta, pero si la perfecta para lo que cada uno vino a aprender.
La espiritualidad nos sostiene y permite que enfrentemos mejor los desafíos de la vida.
Literalmente el mundo funciona al revés de como nuestra mente racional cree.
El sufrimiento es parte natural de la vida y no se puede evitar. Sentirlo es la forma en que debe ser procesado.
Muchas veces nos hacemos zancadilla con excusas para no hacernos cargo de lo que nos corresponde.
No debemos evitar el aprendizaje de otros, podemos acompañarlos durante su proceso.
Los juicios que hacemos sobre otros, provienen de nuestros marcos mentales.
No todos recorremos el camino de la vida a la misma velocidad.
La humildad es la capacidad de reconocer nuestros dones naturales y ponerlos al servicio de otros de manera sencilla y generosa.
Lo que me llevo cuando me vaya de esta vida, no va en una maleta. Son las experiencias que he vivido.
Nuestras acciones tienes consecuencias. Anticiparnos a estos posibles resultados y preguntarnos por las consecuencias que estamos o no dispuestos a asumir, nos ayuda a evitar dificultades.
Cuando no estamos avanzando en los resultados que queremos lograr, es importante hacer un alto y preguntarnos ¿Qué no estoy haciendo, que tendría mérito para mí hacer?