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Pedro Herrero - Crónicas Bárbaras
Pedro Herrero - Crónicas Bárbaras
Author: Mopongo EClive
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Podcast de Pedro Herrero del Canal Crónicas Bárbaras
Es lo que pasa cuando Pedro Herrero y algunos invitados especiales deciden tomarse en serio lo que los demás solo fingen entender. Aquí no hay consignas, hay contexto. No hay tertulia, hay disección. Hablamos de lo que ocurre antes del titular, debajo del off the record y detrás del argumentario. Si estás cansado de que te digan lo que pensar, quizá te interese asomarte a cómo se fabrica lo que piensas.
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Es lo que pasa cuando Pedro Herrero y algunos invitados especiales deciden tomarse en serio lo que los demás solo fingen entender. Aquí no hay consignas, hay contexto. No hay tertulia, hay disección. Hablamos de lo que ocurre antes del titular, debajo del off the record y detrás del argumentario. Si estás cansado de que te digan lo que pensar, quizá te interese asomarte a cómo se fabrica lo que piensas.
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¿Qué mejor forma para dar carpetazo al 2025 que con un resumen del año made in Pedro Herrero?
Os dejamos con su último directo del año y os deseamos un 2026 lleno de cosas buenas.
Feliz año Mopongos y Mopongas
Pedro Herrero analiza el agotamiento del discurso antifascista como principal herramienta electoral de la izquierda y el giro comunicativo que empieza a ensayar el PSOE tras varias derrotas y señales de desgaste.
Pedro se detiene en el ejemplo de Pilar Alegría, cuya estrategia pública se apoya en la cercanía, el tono amable y la idea de “caer bien”, alejándose del marco de confrontación permanente contra la derecha. Este cambio, lejos de ser anecdótico, revela que el propio PSOE asume que el miedo ya no moviliza como antes.
El análisis conecta este viraje con un cansancio social evidente: años de polarización, consignas repetidas y discursos morales han terminado por desactivar emocionalmente al votante, especialmente al votante moderado y al socialista clásico. Pedro plantea que cuando el antifascismo deja de ser una alerta real y se convierte en rutina, pierde eficacia política.
La pieza también cuestiona la coherencia del relato: tras años presentando a la derecha como una amenaza estructural, el intento de volver a una política más humana y menos agresiva deja al descubierto las contradicciones del propio discurso gubernamental. Cambiar el tono no es suficiente si no se revisa el fondo.
Una reflexión clara sobre comunicación política, desgaste narrativo y por qué algunas estrategias dejan de funcionar cuando se repiten demasiado.
Pedro Herrero analiza la polémica generada tras el concierto de Hakuna Group Music y la presencia pública de Isabel Díaz Ayuso y Alberto Núñez Feijóo entre el público. Más allá del evento musical, Pedro se detiene en la reacción mediática y cultural que ha provocado ver a dirigentes del PP disfrutando sin pedir perdón.
El análisis no va de música ni de religión, sino de códigos simbólicos. Pedro sostiene que Hakuna representa algo profundamente incómodo para cierta izquierda cultural: gente joven, alegre, con sentido de comunidad, que no vive desde la culpa ni desde la transgresión obligatoria. No hay ironía, no hay cinismo, no hay pose. Y eso, precisamente, descoloca.
Pedro observa cómo la presencia de Ayuso y Feijóo en el concierto se interpreta automáticamente como provocación ideológica, cuando en realidad muestra algo mucho más simple: normalidad social y disfrute compartido. Frente a una política que suele representarse desde la tensión, la solemnidad o el enfado permanente, la imagen de líderes políticos pasándolo bien sin impostura rompe el marco habitual.
El bloque conecta esta reacción con una idea más amplia: hay una parte del discurso progresista que no tolera que el otro disfrute, que tenga éxito cultural o que genere vínculos positivos sin pasar por el filtro de la culpa, la ironía o la deconstrucción. Cuando la derecha aparece asociada a alegría, comunidad y celebración, el marco moral se resiente.
Pedro subraya que el problema no es Hakuna ni Ayuso ni Feijóo, sino la incapacidad de ciertos sectores para aceptar formas de vida que no encajan en su canon cultural. La música, el ocio y la fe se convierten entonces en terreno de disputa política, no porque hagan daño, sino porque funcionan.
La conclusión es clara:
cuando ver a gente joven cantando, líderes políticos disfrutando y un concierto lleno se convierte en escándalo, el problema no es el concierto, sino el marco desde el que se mira.
Una reflexión sobre cultura, política, disfrute y por qué algunas imágenes molestan más que muchos discursos.
Crónicas Bárbaras es un canal de análisis político y cultural presentado por Pedro Herrero. Aquí se examinan símbolos, gestos y reacciones que explican mejor el momento político que muchos titulares.
Pedro Herrero reflexiona con ironía y mala leche sobre Óscar Puente, sus gustos culturales y el tipo de contenido que probablemente consume fuera del foco político. A partir de un recorrido por el algoritmo, Pedro dibuja un retrato reconocible: políticos que en público representan un papel, pero en privado viven como cualquier otro usuario de YouTube.
El bloque no va de cotilleo, sino de hipocresía estructural. Pedro señala cómo muchos dirigentes que legislan desde el moralismo, la normativa infinita o la superioridad cultural, luego se relajan viendo vídeos de coches, trabajos manuales, limpieza de piscinas, historia, antropología o podcasts populares. Contenido pacificador, tangible, ligado al esfuerzo y al orden, justo aquello que no encaja con el discurso oficial que defienden.
La reflexión se amplía al papel del algoritmo como revelador involuntario de la verdad. Lo que calma, lo que entretiene y lo que gusta suele estar mucho más cerca del sentido común que de la ideología. Pedro ironiza con la idea de que Puente —y muchos como él— probablemente se queja en privado del infierno normativo que en público impulsa, y encuentra descanso en contenidos que muestran a alguien haciendo cosas reales.
El bloque también toca el concepto del “gemelo malvado”: la distancia entre la persona pública y la privada, entre el cargo y el individuo. Pedro no acusa, sino que expone una evidencia incómoda: la política actual se construye muchas veces contra los propios gustos y pulsiones de quienes la ejercen.
Una pieza ligera en forma, pero muy reveladora en el fondo, sobre ministros, algoritmo, simulacro y por qué la vida real siempre se cuela por alguna rendija.
Pedro Herrero reflexiona en voz alta sobre un tema incómodo y poco tratado: cómo las redes sociales están moldeando el comportamiento y la sexualidad de las chicas jóvenes a través de la emulación y el algoritmo.
A partir de una idea planteada por Pablo Malo, Pedro analiza cómo plataformas como Instagram o TikTok funcionan como mercados de atención, donde determinados modelos —especialmente los más sexualizados— actúan como núcleos irradiadores de conducta. Por pura imitación, esos patrones bajan en cascada hasta edades cada vez más tempranas, normalizando formas de exposición y relación con el cuerpo que antes no existían.
El bloque introduce una comparación clave: así como en los chicos jóvenes se ha debatido ampliamente el impacto del porno y los videojuegos sobre la dopamina y el deseo, en las chicas el equivalente estaría en la lógica de la cámara, la recompensa algorítmica y la sexualización constante. No como decisión consciente, sino como adaptación progresiva a lo que el sistema premia.
Pedro insiste en una diferencia fundamental: no es lo mismo vestirse o comportarse para gustar a alguien concreto que hacerlo para una cámara que interpela a una masa anónima, amplificada por un algoritmo que refuerza compulsiones, dopamina y pérdida de referencias. Cuando el criterio deja de ser relacional y pasa a ser algorítmico, el comportamiento se distorsiona.
La reflexión no pretende cerrar conclusiones definitivas, sino abrir un debate que casi nadie quiere dar: por pudor, por miedo o por corrección política, el deseo y los trastornos comportamentales de las chicas jóvenes quedan fuera de la conversación pública. Se habla de anorexia o cirugía estética, pero no del proceso cultural que conduce hasta ahí.
Una pieza densa, honesta y exploratoria sobre redes sociales, infancia, sexualidad y por qué ciertos problemas existen precisamente porque no sabemos cómo nombrarlos.
Pedro Herrero desmonta lo que define como uno de los ejemplos más claros de anticomunicación política vistos en los últimos años: un vídeo del PSN-PSOE pensado, supuestamente, para “combatir bulos” en la sobremesa navideña… y que acaba revelando un desprecio profundo por la gente a la que dice representar, además de comentar un vídeo de Kevin Lucero.
El punto de partida es el ya famoso marco del “cuñado de derechas”: un trabajador de fábrica, con un sueldo normal, que se queja de pagar muchos impuestos. En lugar de escuchar, entender o responder desde la experiencia compartida, el vídeo opta por ridiculizarlo, infantilizarlo y humillarlo. Para Pedro, ahí se rompe todo: no hay comunicación, solo provocación.
El análisis entra a fondo en una pregunta clave:
👉 ¿Cuál es el objetivo real de este tipo de mensajes?
¿Convencer? ¿Tender puentes? ¿Ganar votos?
La respuesta de Pedro es demoledora: no. El objetivo es enfadar, ofender y marcar superioridad moral. Es decir, llevarte mal con tu cuñado, no dialogar con él.
Uno de los momentos centrales del bloque es la crítica a cómo se utilizan temas gravísimos —sanidad, enfermedades, agresiones, violencia— como armas retóricas, lanzadas a la cara de alguien que simplemente expresa malestar económico. Pedro subraya lo obsceno de responder a “me cuesta llegar a fin de mes” con “en Holanda una leucemia cuesta 40.000 euros”. Eso no es pedagogía: es cinismo comunicativo.
El vídeo avanza hacia una reflexión más profunda:
muchos cuadros políticos jóvenes han vivido toda su vida dentro del simulacro, rodeados únicamente de activistas, redes sociales, consignas y validación interna. No saben hablar con alguien que no piensa como ellos, porque nunca lo han hecho. Y cuando lo intentan, fracasan estrepitosamente.
Pedro analiza también el uso de la identidad sexual como arma, no como puente. Señala cómo presentarse desde la provocación permanente (“maricón y apóstata”) no construye vínculos, sino rechazo. No porque la gente sea homófoba, sino porque percibe agresión, no humanidad. La identidad se convierte así en herramienta de choque, no de representación.
La tesis central del bloque es clara:
👉 cuando tu comunicación está diseñada para joder al otro, eso se nota.
Y cuando eso se nota, la gente desconecta, te rechaza y deja de escucharte.
La conclusión es demoledora para cualquier proyecto político:
no se puede aspirar a representar a una mayoría social desde el desprecio, la burla y el simulacro. La política que no busca caer bien, entender y escuchar, no comunica: expulsa.
Una de las piezas más duras y reveladoras de Crónicas Bárbaras sobre por qué cierta izquierda ya no conecta con nadie fuera de su burbuja.
Crónicas Bárbaras es un canal de análisis político y cultural presentado por Pedro Herrero. Aquí se examinan discursos, gestos y errores que explican por qué la política falla cuando deja de hablar con personas reales.
Pedro Herrero analiza la presentación del manifiesto político de Podemos Madrid hacia 2027, tomando como ejemplo la intervención de Víctor Valdés Camacho y el tipo de discurso que hoy domina en una parte de la izquierda urbana.
Pedro parte desde el respeto personal —expresado explícitamente—, pero entra de lleno en el problema central: un discurso largo, cargado de consignas, que no tiene en cuenta cómo piensa, siente y escucha la audiencia real. Vivienda, remunicipalización, regularización masiva, planes de movilidad, clima en 2050, LGTBIQ+, memoria, cuidados… todo aparece, pero sin jerarquía, sin imágenes comprensibles y sin conexión emocional.
Uno de los ejes del análisis es la crítica a la política de catálogo: decirlo todo, tocar todos los temas, usar todas las palabras correctas, pero no decir nada que se recuerde. Pedro insiste en que conceptos como “remunicipalización”, “planes racionales de movilidad” o “Madrid 2050” no movilizan a nadie si no se traducen en experiencias cotidianas claras. Nadie vota un PDF.
El bloque se detiene especialmente en el debate migratorio. Pedro señala cómo expresiones bienintencionadas como “nuestros vecinos inmigrantes no son criminales” activan exactamente el marco que dicen combatir, porque obligan al oyente a pensar en criminalidad. La comunicación política —explica— no funciona por negación, sino por construcción de imágenes positivas y universales.
Otro punto clave es la desconexión generacional y cultural. Pedro contrapone a los viejos militantes comunistas —cooperativas, barrio, trabajo, vida compartida— con una nueva izquierda más performativa, más identitaria y más ensimismada, que habla mucho pero escucha poco. El resultado no es persuasión, sino distancia emocional.
El análisis se amplía al ecologismo y al uso de marcos abstractos: hablar del clima de Madrid como el de Marrakech en 2050, sin explicar qué significa eso en términos vitales, provoca desconexión inmediata. Pedro lo resume con crudeza: si el mensaje no interpela hoy, no importa lo que pase en 25 años.
La conclusión es clara y demoledora:
👉 no basta con tener razón moral si no sabes comunicarla.
Cuando la política se convierte en un ejercicio de autoafirmación ideológica, deja de representar y empieza a hablar solo para los convencidos.
Una pieza clave para entender por qué ciertos discursos de izquierdas no solo no ganan elecciones, sino que expulsan a la audiencia antes de terminar la frase.
Crónicas Bárbaras es un canal de análisis político y cultural presentado por Pedro Herrero. Aquí se examinan discursos reales, audiencias reales y por qué muchas propuestas fracasan antes siquiera de ser escuchadas.
Pedro Herrero aborda uno de los debates más delicados y maltratados del presente político español: la memoria moral de la Transición y la relación de la izquierda actual con la generación que hizo posible la democracia.
El punto de partida es una intervención de Irene Montero, en la que cuestiona la imagen simbólica de Manuel Fraga presentando a Santiago Carrillo, una de las fotografías más representativas del espíritu de la Transición, expuesta en el Club Siglo XXI.
Pedro no discute los hechos históricos ni el sufrimiento vivido bajo la dictadura. Al contrario: parte de un reconocimiento explícito del dolor, la represión, la cárcel y la tortura sufridas por miles de militantes de izquierdas. Pero introduce una distinción clave que, según él, la izquierda actual se niega a aceptar: la grandeza histórica de esa generación no reside en haber sido víctima, sino en haber decidido perdonar.
El análisis se vuelve personal cuando Pedro explica que esa generación —la de Carrillo, la de su propio padre y la de muchos militantes comunistas— tenía muchas más razones para odiar que quienes hoy juzgan desde la comodidad democrática. Y, sin embargo, eligieron sentarse, pactar, hacerse fotos y regalar ese gesto a sus hijos y nietos como herencia política y moral.
Pedro critica con dureza la idea de que una dirigente actual pueda “poner nota” a esa generación, evaluándola desde parámetros morales contemporáneos. No porque no se pueda pensar el presente, sino porque sin reconocer ese gesto heroico —el perdón— la izquierda se queda sin mito fundacional, sin lugar desde el que construir su sentido narrativo.
El bloque introduce una tesis central:
una izquierda que reniega del abrazo de la Transición se queda sin pasado legítimo y sin futuro posible. Si ya no hay revolución y tampoco hay reconciliación, ¿desde dónde se habla? ¿qué se defiende? ¿qué tradición se hereda?
El cierre es tan claro como incómodo:
negar la Transición no es ser más radical, es ser más pobre moralmente. Y una izquierda que desprecia la grandeza de sus mayores termina perdiendo no solo elecciones, sino autoridad ética y sentido histórico.
Una de las reflexiones más densas y emocionales de Crónicas Bárbaras sobre memoria, política y el precio de olvidar por qué existe la democracia española.
Crónicas Bárbaras es un canal de análisis político y cultural presentado por Pedro Herrero. Aquí se examinan las ideas, los gestos y los mitos que sostienen —o destruyen— los proyectos políticos.
En este bloque, Pedro Herrero pone el foco en algo cada vez más escaso en la política española: la buena comunicación. No entendida como eslogan, grito o “master of communication”, sino como capacidad real de explicar la realidad sin insultar, sin ruido y sin tratar al espectador como idiota.
Pedro toma como ejemplo una intervención de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, histórico dirigente socialista y expresidente de Extremadura, para explicar por qué el PSOE ha sufrido un bofetón electoral que no puede despacharse culpando únicamente al candidato autonómico.
Ibarra, explica Pedro, hace algo muy poco habitual: contextualiza. En lugar de responder con una consigna fácil contra Pedro Sánchez, construye un razonamiento comprensible para cualquier espectador. Recuerda que en 2023, con Guillermo Fernández Vara —un candidato ampliamente respetado— el PSOE ya perdió seis diputados. Y que ahora, aun cambiando de nombres, la pérdida se amplía hasta once.
La pregunta clave es demoledora:
si un mal candidato puede restar dos o tres puntos como mucho… ¿de dónde salen los otros ocho?
Pedro destaca la honestidad intelectual de Ibarra al señalar que el problema no está solo en la federación extremeña, sino en el Gobierno de Madrid, en políticas que no se entienden, no se explican bien y acaban siendo castigadas en el primer territorio que “pone la cara”. En este caso, el PSOE de Extremadura.
El vídeo se convierte así en una lección de comunicación política: explicar antes que acusar, ofrecer herramientas cognitivas en lugar de consignas, permitir que el espectador llegue solo a la conclusión. No gritar “Sánchez es el culpable”, sino mostrar el camino para entender por qué el castigo electoral es estructural.
La conclusión de Pedro es clara:
el PSOE no está perdiendo elecciones solo por candidatos o campañas, sino porque ha dejado de explicar bien lo que hace. Y cuando la gente no entiende las políticas del Gobierno, vota en contra del primero que tiene delante.
Una pieza clave para entender la derrota socialista, la importancia de la comunicación política y por qué algunos veteranos siguen teniendo razón cuando todos los demás solo repiten consignas.
Crónicas Bárbaras es un canal de análisis político presentado por Pedro Herrero. Aquí se habla de elecciones, poder y comunicación política desde la experiencia, no desde el manual.
Pedro Herrero analiza un fenómeno que va mucho más allá de una anécdota local: lo que está ocurriendo en Langreo, uno de los territorios simbólicos del socialismo asturiano y español, y por qué su transformación cultural y política es una señal de algo más profundo.
Pedro parte de una imagen poderosa y desconcertante: jóvenes de Langreo que se declaran votantes de Vox, chicas con pulseras de la bandera de España, institutos donde aparecen símbolos que hace una década parecían impensables, y una sensación general de desplazamiento ideológico en un lugar históricamente “rojísimo”. La pregunta no es si gusta o no: la pregunta es por qué está pasando.
El análisis huye de explicaciones simplistas como “las redes sociales”, “los bots” o “la provocación adolescente”. Pedro sitúa el foco en la experiencia material y cotidiana: vivienda barata pero sin trabajo, movilidad poblacional, llegada de nuevas familias, políticas de ayudas mal explicadas y una percepción creciente —especialmente entre los jóvenes— de trato desigual y pérdida de control sobre el entorno inmediato.
Uno de los ejes centrales del bloque es la idea de que orden y seguridad son bienes morales primarios, no consignas ideológicas. Pedro explica que para quienes viven en pisos pequeños, con pocos recursos y sin posibilidad de aislarse del conflicto, la previsibilidad en la calle y en el colegio no es un lujo, sino una necesidad básica. Cuando esa necesidad no se nombra o se desprecia desde el discurso político, el voto se desplaza.
El vídeo conecta Langreo con otros casos como Badalona, pero subraya la diferencia clave: aquí no hablamos de periferias “conflictivas”, sino de la cuna espiritual del socialismo minero, el lugar donde se forjó una identidad política colectiva. Por eso, lo que ocurre en Langreo no es una oscilación electoral normal, sino una posible transformación cultural.
Pedro plantea una hipótesis incómoda: ¿y si parte del sistema de ayudas, empadronamientos y vivienda está generando incentivos perversos que nadie quiere mirar de frente? ¿Y si los jóvenes están reaccionando no contra la inmigración en abstracto, sino contra la opacidad, el silencio y el tabú?
La conclusión es clara: cuando territorios simbólicos empiezan a cambiar, no basta con culpar al mensajero. Hay que mirar qué ha dejado de funcionar. Langreo no es el final del mapa: puede ser el principio de una nueva lectura política de España.
Crónicas Bárbaras es un canal de análisis político y cultural presentado por Pedro Herrero. Aquí se interpretan territorios, símbolos y cambios profundos que no siempre aparecen en los titulares.
Pedro Herrero reacciona y dialoga intelectualmente con el análisis del youtuber Anuj sobre las elecciones en Extremadura, donde la derecha ha arrasado mientras la izquierda vuelve a declararse incapaz de entender qué está pasando.
Lejos del insulto fácil o del marco automático de “fascismo”, Pedro valora algo cada vez más escaso en el debate público: alguien que interioriza la pregunta. Anuj no repite consignas, no habla desde la superioridad moral ni desde el desprecio al votante, sino que intenta responder con honestidad a una cuestión clave:
¿por qué un joven, incluso con valores de izquierdas, acaba votando a Vox o marchándose a la abstención?
El análisis gira en torno a un eje central: la vivienda y el proyecto de vida. Pedro coincide con Anuj en que no se puede pedir lealtad política a una generación que no puede alquilar, no puede comprar, no puede formar un hogar y vive atrapada en trabajos precarios mientras escucha que “todo va bien”. Cuando la microeconomía cotidiana empeora, el relato se rompe, por muy épico que sea.
Pedro critica duramente el paternalismo de la izquierda institucional, que responde al malestar real con consignas, miedo a la ultraderecha y desprecio al votante pobre que “vota mal”. Esa actitud —explica— no frena a la derecha: la alimenta. No porque la gente se haya vuelto mala, sino porque se siente ignorada y humillada.
El bloque introduce una idea clave: atreverse a tener razón, aunque incomode a los tuyos. Pedro defiende que la política empieza cuando uno es capaz de reconocer la verdad en el otro, incluso cuando no comparte sus soluciones. Anuj representa, para él, un tipo de izquierda que piensa antes de repetir, que asume el riesgo de equivocarse y que no vive encerrada en el simulacro mediático.
La conclusión es contundente:
si la izquierda no vuelve a mejorar materialmente la vida de la gente, si no es capaz de ofrecer vivienda, arraigo y futuro sin heroísmo, seguirá perdiendo. Y no servirá de nada llamar “facha” a quien simplemente está harto.
Una pieza clave para entender el voto joven, el ascenso de la derecha y el agotamiento del discurso moral que ya no convence a nadie.
Crónicas Bárbaras es un canal de análisis político y cultural presentado por Pedro Herrero. Aquí se examinan elecciones, discursos y cambios sociales desde la realidad material y no desde el eslogan.
Pedro Herrero desarrolla una de sus ideas más características: el concepto de “fractal” aplicado al discurso político y mediático. A partir de una frase pronunciada por Pedro Vallín en Al Rojo Vivo, Pedro muestra cómo una formulación aparentemente articulada contiene capas de contradicción que se repiten a distintas escalas.
La frase —“el electorado no comparte la preocupación del Gobierno por contener a las fuerzas antidemocráticas”— es analizada con lupa. Pedro demuestra que, al hacer zoom out y zoom in, el discurso termina identificando al electorado con una fuerza antidemocrática, mientras el Gobierno se presenta como un sujeto que debe “contener” el voto. El resultado es una paradoja inquietante: la democracia convertida en problema cuando no produce el resultado deseado.
El análisis se amplía al terreno televisivo con un ejemplo concreto: la entrevista de Irene Montero con Javier Ruiz, donde se le pide valorar “los riesgos” de que hombres poderosos atraigan sexualmente a mujeres jóvenes. Pedro identifica ahí otro fractal: parejas sentimentales dentro del mismo ecosistema mediático comentando dinámicas de poder que ellos mismos encarnan.
Pedro conecta este episodio con Sara Pérez Santaolalla, a quien señala como ejemplo de un tipo de comunicación basada no en argumentos, sino en sonidos, consignas y apariencias de sentido. No hay razonamiento articulado, sino frases que “suenan bien”, que parecen remar a favor de una causa, pero que se derrumban en cuanto se detienen y se analizan.
La crítica no es personal, sino estructural: el embrutecimiento del lenguaje público, la pérdida de significado y el desprecio implícito por la audiencia. Pedro insiste en que el problema de vivir dentro del “simulacro” es que se deja de distinguir la verdad del decorado, y se asume que el público no va a notar las contradicciones.
El bloque cierra con una idea central:
cuando el electorado es tratado como un obstáculo, cuando votar “mal” se convierte en amenaza y cuando el lenguaje deja de describir la realidad para fabricarla, el problema ya no es comunicativo. Es democrático.
Una pieza densa, brillante y muy Crónicas Bárbaras sobre medios, poder, lenguaje y el desprecio silencioso al votante.
Crónicas Bárbaras es un canal de análisis político y cultural presentado por Pedro Herrero. Aquí se diseccionan discursos, marcos mediáticos y las paradojas que sostienen el poder contemporáneo.
Pedro Herrero utiliza una imagen potente y muy clara para explicar el momento político actual: el paso de Bizancio a comarca. Una metáfora que describe cómo un poder que aspiraba a grandeza, estrategia y proyección histórica acaba reducido a gestión menor, conflicto local y supervivencia a corto plazo.
Pedro explica que Bizancio no es aquí un lugar, sino una idea: un poder con escala, ambición, diplomacia y conciencia histórica. Frente a eso, la comarca representa lo contrario: política pequeña, endogámica, obsesionada con el día a día, con el enemigo cercano y con la disputa interna. El problema no es gobernar lo local, sino renunciar a pensar en grande.
El análisis señala que esta reducción de escala no ocurre de golpe, sino por decisiones acumuladas: abandonar proyectos de país, sustituir estrategia por relato, diplomacia por gestos, y horizonte histórico por resistencia permanente. El resultado es un poder que ya no ordena, solo administra urgencias.
Pedro conecta esta idea con la política española reciente: ministerios convertidos en chiringuitos, debates públicos cada vez más pobres, instituciones sin prestigio y líderes que confunden ruido con influencia. Cuando el poder se vuelve comarcal, deja de pensar en alianzas internacionales, en industria, en energía o en cultura común, y se encierra en broncas domésticas.
La metáfora culmina con una advertencia clara:
cuando un país pasa de Bizancio a comarca, no pierde solo poder exterior; pierde autoestima política.
No es una crítica nostálgica, sino estratégica: sin ambición, no hay proyecto, y sin proyecto, el poder se convierte en pura gestión del desgaste.
Una reflexión profunda y muy CB sobre escala, ambición, decadencia y el precio de pensar en pequeño.
Crónicas Bárbaras es un canal de análisis político presentado por Pedro Herrero. Aquí se examinan las ideas, metáforas y estructuras que explican por qué la política deja de funcionar cuando pierde escala.
Pedro Herrero analiza la tesis central del artículo publicado en La Razón sobre un fenómeno cada vez más evidente en la política española: el hartazgo social ante la proliferación de politólogos, expertos y opinadores que interpretan la realidad desde una posición de superioridad intelectual y moral.
Durante los últimos años se ha consolidado un ecosistema mediático donde una parte de los analistas no se limita a explicar los resultados electorales, sino que cuestiona directamente al votante cuando estos no encajan con sus previsiones. El voto deja de ser una decisión legítima y pasa a tratarse como un error, una anomalía o una consecuencia de la ignorancia colectiva.
Pedro Herrero subraya que esta actitud ha generado una brecha profunda entre élites mediáticas y ciudadanía, alimentando la desafección política y el rechazo a quienes se presentan como intérpretes exclusivos de la democracia. Cuando el discurso experto se convierte en regañina constante, el análisis pierde credibilidad y la pedagogía democrática se transforma en desprecio.
El vídeo conecta esta dinámica con el uso abusivo del lenguaje tecnocrático, los marcos importados y las explicaciones cerradas que ignoran la experiencia real de millones de ciudadanos: precariedad, inseguridad, pérdida de expectativas y sensación de abandono institucional. En ese contexto, la figura del experto deja de ser un apoyo para la democracia y pasa a percibirse como parte del problema.
La reflexión final es clara: la fatiga no es contra el conocimiento, sino contra la arrogancia. Sin respeto al votante y sin voluntad de escuchar, ningún análisis sofisticado puede sostener un sistema democrático sano.
Una pieza para entender por qué una parte creciente de la sociedad ha dejado de confiar en quienes aseguran saber siempre lo que conviene votar.
La Razón ofrece análisis político y social centrado en la actualidad española, el debate democrático y el contraste de ideas, con una mirada crítica sobre el papel de los medios y las élites.
Pedro Herrero analiza en profundidad el resultado de las elecciones en Extremadura, calificándolo sin rodeos como el primer gran bofetón electoral directo a Pedro Sánchez por parte de su propio electorado.
Pedro parte de un dato clave: el PSOE pierde alrededor de la mitad de sus votantes en un territorio que había ganado 10 de las últimas 11 elecciones autonómicas. No se trata de una derrota convencional ni atribuible únicamente a un mal candidato o a la movilización de la derecha. Es algo más profundo: una ruptura de confianza entre Sánchez y su base electoral, especialmente en un territorio históricamente socialista.
El análisis desmonta las lecturas “secundarias” que intentan desplazar la responsabilidad hacia factores periféricos —el candidato Gallardo, la abstención general, la campaña local— y va al núcleo del problema: Sánchez se ha convertido en un activo lesivo para la marca PSOE. Cuando el líder resta más votos de los que suma, el problema ya no es la organización territorial, sino el proyecto nacional.
Pedro introduce una idea central para entender el resultado: las elecciones funcionan como información, no como relatos complejos. La mayoría social no hace análisis sofisticados ni consume tertulias: recoge sensaciones simples y coherentes. Y la sensación dominante en Extremadura ha sido clara: “bofetón a Sánchez”, tanto de forma activa (voto a la alternativa) como pasiva (abstención del votante socialista tradicional).
Uno de los puntos más relevantes del bloque es la hipótesis sobre el voto femenino. Pedro sugiere que la pérdida de apoyo entre mujeres —tradicional “territorio seguro” del sanchismo— puede estar vinculada a la ruptura del discurso feminista del PSOE, agravada por casos simbólicos como Paco Salazar y la gestión moral del partido. Si el votante mujer abandona la empalizada, el muro electoral se cae.
La conclusión es rotunda: Extremadura no es una anécdota, es un aviso estructural. Por primera vez, Sánchez aparece por debajo de su partido, incapaz de sostener una narración verosímil ante los suyos. El resultado no anuncia automáticamente un cambio de gobierno, pero sí marca un antes y un después: el sanchismo deja de ser un mecanismo electoral eficaz.
Una pieza clave para entender por qué estas elecciones importan mucho más de lo que algunos quieren admitir.
Crónicas Bárbaras es un canal de análisis político presentado por Pedro Herrero. Aquí se interpretan elecciones, discursos y relaciones de poder desde los datos, la psicología electoral y la coherencia narrativa.
, Pedro Herrero analiza la hiperpresencia del contenido 3rótico en redes sociales y cómo su normalización ha transformado la forma en que miramos el cuerpo, el deseo y las relaciones. Lejos de una moralina simplista, Pedro plantea una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando el erotismo deja de ser encuentro y se convierte en producto permanente?
Pedro explica que las redes no solo muestran er0tismo: lo incentivan, lo monetizan y lo empujan algorítmicamente. Cuerpos, gestos, insinuaciones y poses dejan de ser lenguaje íntimo para convertirse en señales de rendimiento: likes, seguidores, suscripciones. El deseo se desacopla del vínculo y se reordena alrededor de la visibilidad.
El análisis entra en un punto clave: la asimetría de incentivos. Quien expone más obtiene más alcance; quien no entra en el juego queda fuera del circuito. Esto produce una cultura donde el er0tismo pierde misterio, se acelera y se vuelve repetitivo, generando saturación, comparación constante y una presión silenciosa sobre la autoestima, especialmente entre los más jóvenes.
Pedro conecta esta dinámica con un efecto colateral poco discutido: la confusión entre libertad y obligación. Lo que se presenta como elección individual acaba funcionando como norma implícita. No es que “todo el mundo quiera”, es que el sistema premia a quien lo hace. El resultado no es emancipación, sino mercantilización del deseo.
El bloque concluye con una idea central: cuando el erotismo se vuelve omnipresente y cuantificable, deja de proteger lo frágil —la intimidad, el tiempo, el consentimiento real— y convierte el cuerpo en escaparate. No es una discusión moral, es una discusión cultural y de salud relacional.
Una reflexión necesaria sobre redes, deseo y los costes invisibles de convertirlo todo en contenido.
Crónicas Bárbaras es un canal de análisis político y cultural presentado por Pedro Herrero. Aquí se examinan el poder, el discurso y las transformaciones profundas de la vida contemporánea.
En este bloque, Pedro Herrero aborda uno de los debates más incómodos —y más necesarios— del feminismo contemporáneo: la negación del riesgo estructural que viven las mujeres y la sustitución de ese hecho material por un relato ideológico que acaba siendo contradictorio y peligroso.
Pedro parte de una idea básica pero incontestable: las mujeres viven en un mundo objetivamente más arriesgado, no por ideología ni por victimismo, sino por una diferencia material evidente —masa corporal, fuerza física, vulnerabilidad en espacios públicos y privados— que afecta a su experiencia cotidiana. Ascensores, portales, coches, calles de noche: el cuerpo femenino responde con alerta incluso cuando la situación es racionalmente segura. No es una elección moral, es biología y experiencia histórica acumulada.
Desde ahí, Pedro reivindica la caballerosidad y la galantería no como restos de una moral patriarcal, sino como una conquista civilizatoria de Occidente: enseñar a los hombres a contenerse, esperar, respetar la distancia y hacerse cargo del impacto que su cuerpo produce. Caballerosidad no como dominación, sino como autocontrol ético frente al dolor evitable.
El bloque entra en conflicto directo con cierto feminismo institucional que, por un lado, niega cualquier diferencia material entre hombres y mujeres, y por otro, exige protección permanente a través del Estado, agentes de igualdad y tutelas ideológicas. Pedro señala la contradicción:
si se niega la diferencia corporal real, ¿por qué se reclama tutela constante?
y si se reconoce el riesgo, ¿por qué se ridiculiza la caballerosidad?
Pedro introduce además una reflexión clave sobre el abuso histórico del poder. Reconoce que existen dinámicas de abuso en política, cultura, universidad y medios, pero advierte del peligro de reconstruir retrospectivamente cualquier relación adulta como delito, borrando la comunicación, el deseo, la ambigüedad y la responsabilidad compartida. Cuando todo se convierte en abuso, la palabra deja de significar algo.
La conclusión es clara y contundente:
proteger a las mujeres no pasa por negar la realidad del deseo, del riesgo o del cuerpo, sino por reforzar una ética masculina de contención, respeto y espera. Eliminar esa ética en nombre de una igualdad ficticia no libera a nadie: deja a todos más expuestos.
Una pieza larga, incómoda y profundamente reflexiva sobre feminismo, moral sexual, poder y los límites de la ideología cuando se enfrenta a la realidad humana.
Crónicas Bárbaras es un canal de análisis político y cultural presentado por Pedro Herrero. Aquí se examinan el poder, el discurso moral y las contradicciones profundas de nuestro tiempo.
En el canal Crónicas Bárbaras, Pedro Herrero analiza la reciente publicación de una denuncia por agresión sexual continuada contra el expresidente del Gobierno español, Adolfo Suárez. La acusación llega décadas después de los supuestos hechos y cuando Suárez lleva años fallecido
En este bloque, Pedro Herrero explica uno de los episodios menos contados —y más decisivos— de la política reciente: cómo la llegada del COVID permitió a Pedro Sánchez sobrevivir políticamente en un momento en el que su legislatura estaba ya agotada. Pedro reconstruye el contexto: un Gobierno sin mayorías, sin proyecto, sin capacidad de acción y con un desgaste acelerado… hasta que la pandemia irrumpió como evento de consolidación del poder.
Pedro detalla cómo el estado de alarma suspendió el control parlamentario, permitiendo al Ejecutivo gobernar sin oposición real durante meses críticos. Pero el punto más importante llega con los fondos europeos, descritos por Pedro como “el mayor motor de compra de voluntades que ha visto la España democrática”. Estos fondos no solo permitieron sostener el aparato gubernamental, sino comprar apoyo mediático, financiar estructuras afines y consolidar la red de propaganda que acompañaría al sanchismo durante toda la legislatura.
La explicación sobre los grupos mediáticos es demoledora: decenas de millones de euros distribuidos arbitrariamente bajo el paraguas de “formación en transparencia”, “divulgación institucional” o “campañas educativas”, configurando un ecosistema comunicativo donde criticar al Gobierno dejó de ser rentable. La pandemia no solo salvó al Ejecutivo: lo rearmó.
Pedro concluye que, sin COVID, el Gobierno habría caído por pura inercia interna. La pandemia fue, en términos políticos, la operación de rescate perfecta: menos control, más fondos, más poder.
Una de las piezas más lúcidas del directo para entender cómo la política española mutó bajo la tormenta del COVID.
Pedro Herrero analiza uno de los giros más oscuros y peligrosos de la política española: el uso del acoso sexual como arma partidista, una dinámica que ha estallado en la cara del propio Gobierno después de años construyendo un marco moralista que ahora se vuelve imposible de sostener. Pedro explica cómo el PSOE convirtió el concepto de “creer a las mujeres” en dogma absoluto para atacar a rivales, construir superioridad moral y blindar su proyecto político… hasta que los casos empezaron a aparecer dentro de su propia estructura.
El análisis alcanza su punto central cuando Pedro describe el verdadero problema de Pedro Sánchez: no solo está rodeado de escándalos de corrupción, sino también de un reguero de casos de acoso —desde Paco Salazar al buzón de denuncias internas manipulado, pasando por denuncias que desaparecían o eran gestionadas por los mismos responsables señalados. El resultado es devastador: un presidente atrapado en el marco que él mismo creó, incapaz de aplicar en su partido las reglas morales que exigía a los demás.
Pedro se detiene en la dimensión ética del problema: Sánchez es un político inmoral, no porque tenga escándalos alrededor —todos los gobiernos los tienen— sino porque utilizó la moral como arma de guerra y ahora la niega cuando le afecta. La hipocresía, explica Pedro, es lo que destruye su credibilidad: años construyendo un discurso feminista absoluto, mientras dentro del partido se protegía, ascendía o recolocaba a acusados de acoso.
El bloque profundiza en el escenario que esto abre: una izquierda sin autoridad moral, unos medios progresistas intentando desviar la atención hacia temas secundarios, y un presidente que ya no puede presentarse como líder ético ni garante de nada. Cada caso nuevo erosiona más al Gobierno porque ya no es un escándalo aislado: es un patrón sistemático.
La conclusión de Pedro es contundente:
El problema no es el acoso. Es usar el acoso como arma y luego hacer lo contrario cuando toca asumir responsabilidades.




