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Sofá Sonoro

Author: SER Podcast

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Fernando Navarro, Sheila Blanco, Guille Mostaza, David Moreu, Fernando Neira, Arturo Lezcano, Manuel Recio o Toni Castarnado. Lucía Taboada repasa los acontecimientos más destacables de esos años musicales. Escúchalo en directo los domingos a las 04:30 y a cualquier hora si te suscribes
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El orgasmo morado de Prince

El orgasmo morado de Prince

2021-07-3001:00:21

En 1984 Prince se comió el mundo con la edición de un disco y una película que cambieron su vida para siempre. Aquel año comenzó con el impacto del Thriller que Michael Jackson había editado a finales del 83, también del Born in the USA de Springsteen, de Wham, de Tina Turner, del debut de The Smiths, pero sobre todo fue el año de Prince que con su sexto disco de estudio dio un golpe de estado en la cima de la música.Tras 1999, su anterior disco, Prince comenzó a dar forma Purple Rain, su revolución sonora, una visión que transformó la música y que se adelantó a cosas que sucederían años después.Aquel verano, Prince presentó en directo algunas de las canciones de Purple Rain y la idea comenzó a tomar forma. El músico subió la apuesta, al margen de su disco, Prince trazó la idea de grabar una película. Un proyecto ambicioso que pudo ser un fracaso enorme, pero que acabó siendo un paso definitorio de su carrera.El 25 de junio de 1984 llegó a las tiendas Purple Rain. La suerte estaba echada. Un mes después se presentó la película. El órdago fue total y la respuesta del público respaldó la apuesta.A pesar del éxito incuestionable del proyecto, también hubo críticas. Hubo quien acusó a Prince de venderse al público blanco abrazando el pop. El músico se defendió con firmeza. “Yo crecí en un mundo de negros y blancos y escuchaba todo tipo de música cuando era niño y cuando era joven decía que algún día haría todo tipo de música y que no sería juzgado por el color de mi piel sino por la calidad de mi trabajo y espero que eso siga así”, aseguró en una entrevista de aquellos años.Críticas al margen, el éxito de ambos proyectos aupó a Prince como una estrella de primer nivel. Esta semana dedicamos el Sofá Sonoro a recordar aquella aventura, sus canciones, contexto, historias y anécdotas de la mano de Fernando Neira, Yahvé de la Cavada y Jimena Marcos.
Hay artistas que se han hecho famosos por sus letras, otros por su actitud, algunos lo tuvieron todos y luego está Nina Simone, cuyos temas propios removieron conciencias, pero que también, como Aretha Franklin, tuvieron la capacidad de hacer suya, y de nadie más, cualquier canción que tocaron.La vida de Nina Simone la hemos contado en algún que otro programa, también hemos dedicado algún Sofá Sonoro a alguno de sus trabajos. En este episodio queremos centrar el programa en sus versiones.A lo largo de su carrera, Simone tocó muchos palos, distintos estilos y versionó a artistas que van desde Bob Dylan o los Beatles pasando por Leonard Cohen o Bob Marley. Muchas de esas grabaciones se concentraron en un periodo muy interesante de la historia y de la carrera de la pianista, esta semana vamos a recorrer algunas canciones editadas entre 1969 y 1971, un periodo que comienza en realidad un año antes, un agitado 1968 marcado por el asesinato de Martin Luther King.En esta etapa Simone se radicalizó en su lucha contra el racismo. "Si me hubieran dejado sería una asesina. ¿Entiendes? Esa es la verdad. Si tuviera pistolas iría al sur y les daría violencia, balas contra las balas... si me dejaran. Pero mi marido me dijo que no sabía nada de armas y que no debía aprender, que lo que único que tenía era la música y que la usase, pero si me dejasen no estaría aquí hoy. Probablemente estaría muerta porque habría que usado las armas en esos años. Nunca fui una persona no violenta", aseguraba la pianista en una entrevista de los años ochenta.Pero Simone no usó las armas, usó las canciones. De esta etapa datan algunos de sus temas más recordados, pero también se apoyó en las canciones de otros como Bob Dylan para sus reclamaciones.En este episodio ponemos el foco en la lucha de Simone y en las versiones que grabó alejándose del jazz, principalmente en dos discos: To Love Somebody y Here Comes the Sun.Un viaje trepidante por la agitada etapa de Nina Simo
Entre 1970 y 1975 Neil Young vivió una etapa fascinante de su larga e intensa carrera, una época en la que dejó atrás Buffalo Springfield, alcanzó el éxito junto a Crosby, Still y Nash y se lanzó en solitario creando algunos de los mejores discos de su vida. Mirando a esos años se destapa la personalidad del músico, pero también sus valores y lo que realmente es importante para alguien que adora la música.En apenas un lustro Young firmó álbumes fascinantes. Encontró la fórmula del éxito con Harvest y la ignoró en sus siguientes trabajos. Discos menos accesibles pero clásicos del rock como On the beach o Zuma.Aquellos fueron años complicados para el músico. La muerte de amigos y colaboradores por las drogas pasaron factura. El verse rico de pronto descolocó también a aquel joven hippie que tardó en entender su nuevo estatus y que ignoró lo que se esperaba de él tanto como artista de éxito como de estrella de la música.Esta semana dedicamos el Sofá Sonoro a recordar aquella etapa de la carrera de Neil Young, sus discos, sus giras, las canciones, su contexto y la época en la que todo se gestó. Un repaso que hacemos en la compañía de Yahvé de la Cavada, Fernando Navarro y Lucía Taboada.
Bobby Charles era apenas un crío cuando descolgó el teléfono y llamó a las oficinas de Chess Records en Chicago. El chaval cantó los primeros versos de su primera canción y consiguió un trabajo. Cuando llegó a Chicago desde su Luisiana natal nada era poco esperaban. Para empezar Charles era blanco, y además era un adolescente. Pero su primera canción, See You Later Alligator, se convirtió en un gran éxito para Bill Haley.La historia de Bobby Charles era repleta de grandes canciones, temas que han cantado Neil Young, Ray Charles, Fats Domino o Willie Nelson, pero su nombre apenas es recordado.Charles tuvo unos buenos años en Chicago antes de firmar por Imperial Records y componer para Fats Domino, pero a finales de los sesenta Charles se cansó de todo y huyó. Se cobijó en Woodstock y allí se hizo amigo de los chicos de The Band, que le grabaron su primer disco de estudio.Desde principios de los setenta hasta su muerte, la vida de Bobby Charles está llena de lagunas. Se le quemó una casa y la siguiente se la llevó un huracán. Tras años desaparecido volvió a grabar algunos discos y siguió siendo una figura respetada por los grandes compositores, incluso participó en El Último Vals de The Band.Esta semana dedicamos un Sofá Sonoro especial a contar la vida y carrera de Bobby Charles y a escuchar sus canciones, las que cantó él y las que escribió para otros. Un viaje necesario para recuperar el legado de uno de los grandes nombres olvidados de la música.
En los años noventa pasaron muchas cosas en la música. La explosión del grounge, la respuesta del britpop, el nacimiento del indie en España y la explosión de las boy bands y las girl bands, al margen de todo eso transcurrió la carrera de Radiohead, una banda que golpeó fuerte con su primer disco y que tuvo que pelear contra sus propios demonios y contra las etiquetas de la época para seguir su propio camino.Entre 1993 y el año 2000 Radiohead publicó cuatro discos, en esos cuatro trabajos está lo más destacado de la banda inglesa, una colección de canciones que los consagró como una banda diferente, compleja y tremendamente influyente.El éxito de Creep marcó de una manera determinante a Radiohead que terminó detestando su primer disco. “Nos pilló totalmente por sorpresa. No teníamos ni idea. Cuando grabamos el primer disco pensábamos en vender 10.000 o 20.000 copias girando por Reino Unido con los discos en el maletero del coche y luego a los 3 o 5 meses grabar otro disco”, explicaba Ed OBrien unos años después.El éxito de Pablo Honey provocó a la banda más dudas que certezas, pero en esas llegó a sus vidas un tipo clave: el productor John Leckie, que dio a la banda seguridad a la hora de encarar The Bends, su siguiente trabajo. “John es un hombre maravilloso y nos enseñó a usar el estudio. Cuando empezamos a grabar estábamos mal anímicamente y él fue capaz hacer que el estudio fuese un lugar agradable de trabajo. Una de las cosas por las que le estaré eternamente agradecido es que hiciese que el estudio no fuese un silencioso laboratorio de ciencia. John le quitó todo el misterio a la grabación e hizo que fuese algo que disfrutamos tanto como tocar”, explicaba Thom Yorke en un documental sobre el grupo.La segunda entrega reafirmó al grupo y les dio algo de confianza para seguir su propio camino, a buscar ese sonido que los separaba de sus coetáneos británicos. Toda esa búsqueda eclosionó con su tercera entrega, el eterno OK Computer,
Cuando en la primavera de 1977 salieron los dos primeros singles de Elvis Costello el chico todavía tenía un trabajo regular, una vida normal y un sueño musical que parecía solo eso, un sueño. En verano de aquel año salió su primer disco y aquella colección de canciones convirtieron a Declan Patrick en una estrella y a su My Aim is True en uno de los discos de debut más recordados de la música.Aquel álbum llegó a una escena que vivía su enésima revolución a mediados de los años 70 con el nacimiento del punk, la llegada de la new wave y el despertar de bandas generacionales como The Clash.El debut de Costello abrió una nueva vía. Tras siete años haciendo canciones y buscándose la vida, el músico encontró cobijo en un sitio ideal para él, Stiff Records. “Yo firmé por un sello independiente que casi se arruina por firmar a tipos que no encajaban en ningún otro sello. Me contrataron porque era diferente, aunque me ficharon como compositor no como cantante, pero cuando se dieron cuenta de la cantidad canciones que estaba escribiendo y del hecho de que nadie más podía cantar mis temas todo cambió”, recordaba el músico en una entrevista reciente.Con 23 años, Costello estaba dispuesto a comerse el mundo y a no desaprovechar su oportunidad. Dejó de lado la idea de ser letrista y asumió con naturalidad que lo suyo era la primera línea del escenario. Formó pareja con Nick Lowe, que ejerció de productor de sus primeros discos, y se lanzó a por todas. Unos meses después, en pleno verano, el chico de las gafas de pasta y aspecto de empollón estaba en la portada de la principal revista musical inglesa.Una de las cosas más fascinantes de la historia musical son los discos de debut, la capacidad que tienen esas primeras canciones de cambiar la vida de sus autores, de sacarles de sus trabajos y arrojarlos a la carretera, al estrellato, a la mala vida del rock and roll. El debut de Elvis Costello implicó todo eso, 
Esta semana dedicamos el programa a recordar Birth of The Cool, un disco clave en su carrera que llegó tras un viaje a París clave en la historia del músico. Esta etapa de Davis resulta fascinante, llegó a París con un sonido en la cabeza y volvió de Francia casi sin futuro. Las sesiones que registró antes y después de aquel viaje tardaron en llegar a las tiendas, cuando lo hicieron se convirtieron en un éxito, pero Davis estaba hundido, enganchado a la heroína y en plena depresión.Esta semana dedicamos el Sofá Sonoro a recordar esta tremenda etapa de la carrera de Miles Davis y lo hacemos en la compañía de Salva Rubio, autor del cómic Miles en París, y con los reportajes de Lucía Taboada. 
En plena era del grounge unos tipos de Minnesota se propusieron obviar las normas y apostar por la música de raíces americanas y darle una vuelta, cambiar ciertas reglas y rejuvenecer el género. En lugar de acabar siendo estrellas terminaron enfadados y distanciados, pero 30 años después se los recuerda como unos pioneros de una enorme influencia.En 1992 la banda liderada por Mark Olson y Gary Louris vivió muchos cambios. Cambió de sello, de ciudad y subieron la apuesta editando Hollywood Town Hall de la mano de American Recordings, el sello de Rick Rubin.Aquel disco fue un punto de inflexión en el nacimiento de ese género llamado Americana, un disco fresco que alejado de los focos sentó las bases de ese movimiento que apostaba por renovar los estilos tradicionales.The Jayhawks no se convirtieron en estrellas, pero sí en referentes de una nueva oleada de bandas que abrazarían el country renovándolo y alejándolo de las directrices del Nashville más académico. La banda llegó a American Recordings como una apuesta personal del productor George Drakoulias que fue quien fichó a la banda o a The Black Crowes, una historia curiosa la de cómo acabaron los Jayhawks en el sello de Rick Rubin como lo recordaba el propio grupo en un documental sobre este disco. “George tenía un amigo que era Dave Ayers, se conocían del negocio musical. George le llamó para pedirle algo y cuando fue a por ello dejó nuestra demo sonando al lado del teléfono. Cuando Dave volvió, George estaba fascinando y le dijo: “No dejes que nadie fiche a estos tipos, voy a Minneapolis a conocerlos”. Esa llamada fue el punto de inflexión en la historia de la banda con este disco que recordamos junto a la cantante Nat Simons, que trabajó con Louris hace unos años cuando el músico accedió a producir su disco Lights. 
En los años noventa pasaron muchas cosas y pasaron muy rápido. Del grounge pasamos al britpop en un suspiro, pero entre medias sucedieron cosas que marcaron a los jóvenes de entonces. Discos que llegaron sin grandes etiquetas ni géneros y que eran sencillamente buenos álbumes de rock and roll. Uno de los más recordados de aquella época fue Bringing Down the Horse, el segundo trabajo de Wallflowers.La banda liderada por Jakob Dylan, hijo del eterno Bob, comenzó su andadura musical a comienzos de los noventa, pero en sus primeros pasos apenas tuvieron suerte. La gran oportunidad para el grupo llegó en 1996 tras años cocinando su segunda entrega. Con Bringing Down the Horse la banda asaltó la banca a base de grandes canciones, un guiño retro con la huella del productor T-Bone Burnett y una puesta escena más que convicente.Con aquella segunda entrega Wallflowers vendió millones de discos y devolvió el rock alternativo a la primera línea. Rock sin etiquetas ni sellos, simplemente rock. Con eso bastó. En cuestión de meses la banda se convirtió en una de las revelaciones del momento y Jakob se pudo quitar la etiqueta de "hijo de" para firmar con su propio nombre.El viaje de Wallflowers fue interesante, aunque no consiguieron nunca más alcanzar un impacto tan grande como el que alcanzaron con este disco, un álbum que vamos a recorrer de la mano de David Moreu y Lucía Taboada.
A finales de los años 50 Ella Fitzgerald y Louis Armstrong grabaron tres discos juntos, tres joyas del jazz que juntaron a las más grandes estrellas de la época. En un momento en el que el jazz vivía una revolución constante en busca de nuevos sonidos, los dos grandes representantes del estilo clásico elevaron sus leyendas a una nueva dimensión creando unos discos con pocas pretensiones, pero llenos de una belleza hipnótica que tantos años después sigue vigente.Tras el éxito de Ella and Louis, de 1956, el dúo volvió al estudio poco después para una segunda entrega y unos años después cerró la trilogía con la adaptación de la ópera Porgy and Bess. Eso tres discos, diferentes entre ellos, muestran el enorme talento de ambas estrellas y una cosa más especial: lo bien que casaban sus voces juntas. Aquellos fueron años intensos para ambos. Entre 1956 y 1957, Ella Fitzgerald grabó ocho discos. Diez editó Armstrong a lo que añadió algunas películas. También hubo giras, conciertos por doquier. Un ritmo trepidante que en cierta medida fue eclipsado por los tres discos que hicieron juntos.Pocas veces se ha juntado tanto talento y ha combinado tan bien. Ella, que creció admirando a Louis, estaba nerviosa en las grabaciones, pero el buen ambiente y la sonrisa eterna de Armstrong crearon las condiciones perfectas para que la magia fluyese. A pesar de que las canciones eran ya de sobra conocidas por el público, muchas de estas grabaciones han acabado pasando a la historia como las versiones definitivas de temas cantados por todos los grandes nombres de la música.Esta semana dedicamos el Sofá Sonoro a estos tresdiscos, a su historia, contexto y canciones y lo hacemos de la mano de Toni Castarnado, Manuel Recio, Lucía Taboada y Sheila Blanco. 
Los grandes discos de la historia han hablado de amor, de rebeldía, de sexo, de rupturas. Ninguno hizo jamás una elegía tan acertada y poderosa de los perdedores como el London Calling de The Clash. La banda inglesa editó su obra maestra en 1979 con los últimos estertores del punk. El grupo liderado por Joe Strummer quiso mirar más allá del género, recuperar las raíces y crear algo diferente. El resultado de aquel viaje provocó una revolución en la música encumbrando a The Clash como una banda única, como “la única banda que importa”, tal y como se la conoció entonces.The Clash consiguió en su tercera entrega aunar un sonido revolucionario con ideas revolucionarias en un disco doble que es un microcosmos. En sus 19 canciones hay rock, ska, reggae, punk y una buena dosis de pop. Todo ello para vestir canciones que hablan de la guerra civil española, de la derrota, del consumismo y de la vida. El mundo entero cabe en este álbum doble de portada eterna que es una de las obras maestras de la historia de la música.A pesar de su duración y variedad, London Calling sigue, 40 años después, siendo un disco que se escucha del tirón y en el que todo tiene sentido, armonía, importancia. Un disco así necesitaba un programa propio de una hora y esta semana reunimos a Mario Tornero, Lucía Taboada y Guille Mostaza para recorrer la historia, contexto, canciones, sonido y anécdotas de London Calling, un tributo a uno de esos discos que deben figurar en cualquier colección de discos.
Bob Dylan cumple 80 años y en Sofá Sonoro lo celebramos con un programa especial y distinto. Un recorrido por distintos momentos de la carrera del músico a través de las vivencias del presentador. 
En 1993 llegó a las tiendas ‘Get a Grip’, el décimo disco de estudio de Aerosmith y uno de los grandes fenómenos musicales de aquella década marcada por el grounge estadounidense y el britpop de Blur y Oasis. En ese contexto llegó esta joya del rock, un álbum que supuso un éxito enorme para los estadounidenses que supieron ver el poder de la MTV. ‘Get a Grip’ trascendió como fenómeno gracias a los vídeos protagonizados por Alicia Silverstone y Liv Tyler. Aquellos vídeos elevaron a la banda que venía enlazando grandes discos con ‘Permanent Vacation’ y ‘Pump’, álbumes que los conectaron con un nuevo público y una nueva generación. En ‘Get a Grip’ todo ese trabajo cristalizó y a pesar de desilusionar a los fans más fieles, el disco reforzó al grupo tras más de veinte años de carrera. El rock salvaje unido a unas baladas atemporales y ese espíritu de rebeldía que siempre defendieron fueron la fórmula que catapultó este disco a la categoría de clásico. Esta semana dedicamos el Sofá Sonoro a recordar el décimo disco de los Toxic Twins, su historia, contexto y canciones. Un viaje que hacemos en la compañía de Toni Castarnado y Lucía Taboada. 
A comienzos de los años setenta el grito de los oprimidos llegó a la música. Bob Marley en Jamaica, Fela Kuti en Nigeria y decenas de afroamericanos en EEUU convirtieron las canciones en un arma, en una forma de denuncia y de retrato del injusto mundo en el que vivían los negros. Uno de los mejores retratos lo hizo Gil Scott-Heron con ‘Pieces of a Man’, una obra clave recordada por ese himno de ‘Television wont be televised’Tras un debut grabado en directo y orientado al ‘spoken word’, el poeta Scott-Heron dio el salto a la música de la mano de Bob Thiele, productor del álbum y dueño del sello que lo sacó y uno de esos visionarios del jazz que había trabajado con John Coltrane o Louis Armstrong.Junto a su socio el arreglista y músico Brian Jackson, Scott-Heron definió el mundo negro en este disco conciso y hermoso que provocó que su música fuese considerada la CNN de los barrios negros. “Teníamos que entregar un mensaje, ser los portavoces de lo que estaba pasando en ese momento, eran los años setenta y fueron tiempos marcados por la confusión”, explicaba Jackson en una entrevista reciente.La pareja se puso manos a la obra y realizaron uno de los discos más influyentes de la música negra de la época. Además de erigirse como los portavoces musicales de un movimiento, Jackson y Scott -Heron crearon una colección de canciones que mezclaban estilos, ideas e influencias que marcó a toda una generación de creadores.Esta semana recordamos ‘Pieces of a Man’, su contexto, historia y canciones de la mano de Mario Tornero y Lucía Taboada.
Muchos de los grandes discos de la historia fueron creados por bandas al borde del abismo, de la ruptura, por tipos que ya no se aguantaban. Machine Head de Deep Purple es uno de esos discos.“Era un grupo único e impactante, la banda era la más innovadora del momento. Nadie podía hacerles sombra sobre un escenario”. Así definía Bruce Payne, manager de Deep Purple, el momento que vivía el grupo en 1972, momento en el que llegó a las tiendas el sexto álbum de la banda inglesa, un disco que los consagró definitivamente pero que también marcó el final de la formación más recordada del grupo.Para Machine Head, el grupo viajó a Suiza, para grabar en el Casino de Montreux. Lo que allí sucedió marcó el destino del grupo. Un incendio durante un concierto de Frank Zappa derivó en la creación de Smoke on the Water, el tema emblema de la banda inglesa.Esta semana recordamos Machine Head, su historia, contexto, canciones y sonido de la mano de Manuel Recio y Lucía Taboada.
En 1974, tras una gira terrible como telonero de Frank Zappa y el escaso éxito de su primer disco un Tom Waits de 24 años volvió al estudio con una nueva idea, otro sonido y una imperiosa necesidad de consolidar su personaje y su carrera. A mediados de año salió de los Wally Heider Studios con el fascinante The Heart of Saturday Night,Tres este álbum, Waits respiró tranquilo. Salvó la papeleta. Pocos artistas han experimentado un cambio tan profundo entre su primer y su segundo disco como el que protagonizó el pianista con Closing Time y este corazón de la noche del sábado, un álbum que no figura entre los favoritos del propio Waits, pero que sí está entre los más queridos por muchos de sus seguidores.En este disco Waits muta su sonido, define su personaje y consolida su carrera tras el tibio éxito de su debut. Aquí el músico se aleja del folk y abraza un jazz sombrío que marcará parte de su etapa en Asylum Records.La obra de Tom Waits ha pasado por muchas fases y etapas, algunas marcadas por sus sellos, otras por sus colaboradores o por su mujer, una de las más impactantes es la de sus inicios, cuando el mito y el personaje fueron tomando forma canción a canción. En esta entrega de Sofá Sonoro hemos querido recordar su segundo disco por ser un paso importante en todo ello y lo hacemos de la mano de Arturo Lezcano y Lucía Taboada.
En el año 2000, Ryan Adams cortó con su novia y decidió dejar Nueva York y volver a Jacksonville, a una calle de distancia de donde había nacido. Adams pensó que antes de dejar la música, tras el final de su anterior banda, debía darse una última oportunidad. Hacer un disco en solitario. Se fue a Nashville y de allí salió con Heartbreaker, un álbum que salvó su carrera tras el final de Whiskytown.Este disco, grabado en una situación desesperada, capta el momento que vivía el músico. Gracias a estas canciones, Adams se consagró como el niño prodigio de la música americana. En los años siguientes mostraría también una capacidad única de componer de una manera salvaje que auténticas exhibiciones.Con este disco Ryan Adams, que emocionó a una leyenda como Elton John, reflotó su carrera cuando estaba en la cuerda floja con apenas 25 años. Heartbreaker lo puso debajo del foco adecuado. Fue también el punto de partida de una carrera trepidante y compulsiva en un tipo tan extraño como genial, tan borde en las entrevistas y los conciertos como extremadamente sensible en sus composiciones. Ahora la carrera de Adams está en apuros tras las acusaciones de varias mujeres por su conducta, una noticia que derribó lo que el músico había ido construyendo durante tantos años. Esta semana hemos querido dejar aparcado el personaje y centrarnos en la obra, en este primer paso de su carrera.
En 1963, Sam Cooke perdió a su hijo de año y medio, un año después fue asesinado en un hotel de Los Ángeles. Entre medias Cooke tuvo tiempo para grabar Night Beat, el tremendo A Change is gonna come y a lanzar la carrera de Bobby Womack a través de su propio sello.Los años finales de Sam Cooke son fascinantes, la muestra de uno de los más grandes artistas de su tiempo en su mejor momento. El triste y oscuro asesinato de Cooke nos privó del enorme talento de este músico visionario que pasó de la música religiosa al soul y que estando en la cima tuvo la visión suficiente para montar su propio sello discográfico y para usar su posición para luchar por la conquista de los derechos civiles de los afroamericanos. Night Beat es una muestra de ese momento que vivía Cooke. Grabado en tres sesiones nocturnas, el disco capta toda la fuerza del cantante y toda la magia de una de las grandes voces de la música. Mezclando temas religiosos con baladas, blues y canciones de rock, Cooke vuela por encima de una banda que lo envuelve con delicadeza.Quizá este no sea el disco más recordado de Cooke, pero sí es uno de los que mejor resumen la carrera de este pionero visionario. Esta semana recorremos ese momento de la vida de Cooke junto al periodista Fernando Neira y junto a los reportajes de Lucía Taboada, Jimena Marcos y Sheila Blanco.
Algunos discos ganan con el tiempo el crédito que no tuvieron en su día. A finales de los años sesenta la cantante inglesa Dusty Springfield cruzó el charco y firmó con el sello de Aretha Franklin para grabar Dusty In Memphis, un álbum que no consiguió su propósito de establecerla como una estrella en EEUU pero que con los años ha terminado siendo un clásico de la música soul. La carrera de Dusty Springfield resulta de lo más curiosa y fascinante pero su cumbre, sin duda, es este Dusty in Memphis, un álbum poderoso, sugerente, cálido y una apuesta arriesgada en su día para una estrella inglesa que salió de su zona de confort para jugar con otras reglas y con otros músicos. Con su quinto álbum de estudio, la cantante se encontró en un momento de duda, de buscar retos. Esos retos los encontró en el sello de Aretha y junto a los productores de la gran dama del soul.A pesar de las dudas iniciales, Springfield se acabó adaptando a la forma de trabajar de Atlantic y firmó un disco mayúsculo y atemporal que figura entre lo mejor de su repertorio y entre los grandes discos de la historia del soul.La carrera de Dusty Sprinfield tocó todos los palos, Dusty presentó programas de televisión, se convirtió en una de las más grandes cantantes inglesas, incluso en un icono de la cultura gay. Traspasó barreras, rompió techos de cristal y por el camino dejó algunas canciones eternas, grandes discos y esta joya, este Dusty In Memphis al que dedicado el programa de esta semana junto a Igor Paskual y Lucía Taboada. 
Hay amigos que te cambian la vida. La de Paul Simon cambió gracias a la cantante Heidi Berg que le dejó una cinta de un grupo sudafricano llamado The Boyoyo Boys, esa cinta obsesionó de tal modo al compositor que hizo las maletas, cogió a un vuelo a Sudáfrica y grabó Graceland, el disco de nuestro episodio de esta semana.En 1986 llegó a las tiendas Graceland, séptimo álbum de estudio de Paul Simon tras sus días junto a Art Garfunkel. Un álbum con el que Simon no tenía nada que perder y mucho que descubrir. En Sudáfrica se enfrentó al veto de la ONU y la rebelión de quienes lo señalaron por saltarse el boicot cultural a la Sudáfrica del apartheid, pero Simon también encontró apoyos en el mundo de la cultura que valoraron lo que el músico quería hacer.Simon llegó a Sudáfrica sin ninguna idea en la cabeza y con ganas de dejarse llevar. Allí descubrió un nuevo mundo musical lleno de riqueza que captó de maravilla en unas pistas de sonido que fueron completadas a su regreso a EEUU con letras occidentales. “Estaba haciendo letras absurdas, muy neoyorquinas, que pensé que no encajarían con esos ritmos africanos pero finalmente encontraron su camino”, explicó el músico en una entrevista.Con Graceland, Paul Simon reflotó su carrera y dio un golpe encima de la mesa. Tras la separación de The Clash, Joe Strummer dio una entrevista, allí aseguró que solo debían hacer discos los adolescentes, que eran los jóvenes los que hacían los mejores álbumes. “Salvo Paul Simon, salvo Graceland”, dijo Strummer. Por ello hemos querido dedicarle este Sofá Sonoro que compartimos con Javier Márquez, Lucía Taboada e Igor Paskual.
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