DiscoverPoesía Humorística
Poesía Humorística

Poesía Humorística

Author: Poesía Violeta

Subscribed: 3Played: 41
Share

Description

Audio poemas de corte humorístico para la página Poesía Violeta
15 Episodes
Reverse
EL TÍO DEL TAMBOR Tengo en mi casa un tambor que, aunque un poco destemplado, comparto con mucho gusto con todo mi vecindario, tocándolo los domingos a mi vuelta del mercado. Con él me salgo al balcón y golpeando en su parche deleito a toda la gente que pasea por la calle y a los que se asoman prestos, a sus propios ventanales. Ayer, sin irme más lejos, que tocaba con afán, vi que algunos transeúntes, con un brioso ademán, agitando el dedo medio me exaltaban sin parar. Hubo uno que, educado, me preguntó por mi madre. Por saludarla, sería. Mas, sin querer molestarle, yo seguí con mi tarea, pues se iba haciendo tarde. Son muchos los parroquianos, vecinos y peatones, que a mi semanal festejo, desde la calle o balcones, se unen con aspavientos, desgañitándose a voces. De alguno yo no comprendo sus alusivas palabras. Quizás porque esté tan lejos que me llegan apagadas. Mas supongo que serán, por su rostro, apasionadas. A mi vecino de al lado, un hombre de gran fervor, le escuché decir un día que subía en ascensor, con una voz exaltada: ¡Ahí viene el tío del tambor! Por eso y por tantas cosas, ya que la gente me aclama, no renuncio a esta costumbre de resonar la membrana de mi tambor, el domingo, cuando toco en la mañana. Si se ha quedado con ganas, usted, querido lector, de disfrutar de la fiesta y compartir su clamor, venga el domingo a mi casa entre las doce y las dos. La juerga está asegurada. Se lo garantizo yo. * * * Fernando Cravioto 10/11/2020
EL FACTOR EH Permítanme que les cuente, que les resuma, si acaso, ya que quisiera explicarles este factor heredado. Desde hace muchos años vengo estudiando este caso que me confunde y me anima a pesar de los fracasos. Parece ser que se hereda, de tal astilla tal palo, a lo largo de los siglos, pues ya se viene observando. ¿Que en qué consiste la historia? Se la cuento paso a paso. Yo, que soy un erudito, y lo he estudiado despacio, he llegado a concluir, después de darle un repaso, que esta teoría mía es digna de un aplicado. Verán ustedes, señores, una pregunta les hago: ¿Hay un ser en este mundo con el cerebro agrandado que piensa y razona al pronto con avidez y entusiasmo, que se hace el rey de la tierra subyugando al más pintado pero que es tonto del culo sin que pueda remediarlo? Ya sé, ya sé que es difícil contestar a mi enunciado. Pero hagan un esfuerzo e intenten solucionarlo. Si se miran al espejo, una pìsta les he dado. Claro que a mí no me extraña que se sientan enfadados por estas y más palabras que les dejan alelados. En fin, qué puedo añadir y que les sirva de agrado. Es Estupidez Humana el factor de que les hablo. Factor EH se llama. Y, sí, pueden comprobarlo con un poco de atención que presten en este encargo. Y verán que sin esfuerzo la pata meten de cuajo en cualquiera situación, aunque les parezca extraño. * * * Fernando Cravioto 12/09/2020
QUÉ ES POESÍA. (Humor grosero) ¿Que qué es la poesía? ¿Y ustedes me lo preguntan? ¡Qué narices sabré yo! A saber qué leche dice la benemérita RAE. de esta gastada cuestión. Ya miro en el diccionario y leo su definición. Poesía, dicen estos, es la manifestación de la belleza en la forma, por medio de la palabra, sea en prosa o en verso. ¿Y esto es la poesía? ¡Y una leñe!, digo yo. ¿Qué leches querrán decir con aquesta explicación? Vaya gente malandrina. Sentados en su sillón dicen cuidar las palabras mientras juegan a ser dios. Venga, Venga, no joroben. Que creen saberlo "to". Y quieren dictar las reglas en toda conversación. "Pa" empezar. ¿Qué es la belleza? Y en la forma, qué melón. Estaría el tío borracho el día en que lo escribió. Yo no sé qué es poesía ni Cristo que lo fundó. Pero si no la respiro se me para el corazón. Perdonen la mala leche, se lo pido por favor, que llevan estas palabras, groseras como el copón. Y perdonen las licencias tomadas por este autor. Por supuesto es una broma. Una burda inspiración. Una sátira indolente que carece de valor. Hacer algo divertido ha sido mi pretensión. Mas si les he molestado, no era esa mi intención. Por lo que pido disculpas si esta fuera la ocasión. Pero por si no lo fuera, gracias, y bajo el telón. * * * Fernando Cravioto 10/07/2020
MICCIÓN IMPOSIBLE (Poema humorístico) A cierta edad, caballeros y señoras que me escuchan, es ciertamente indignante y también muy preocupante, cuando en la calle me encuentro, no disponer de un lugar, adecuado a tal efecto, para poder desaguar sin morir en el intento. ¿No sería justo poner, entre una y otra esquina, un lugar donde mi orina pueda al instante verter? A mi edad ya no perdona la vejiga protestona ni la próstata mamona, que no para de joder. Así que, mira por dónde, cuando yo salgo a la calle paso un suplicio constante en busca de un urinario, que aunque parezca aberrante, sería lo más elegante para saciar mis ahogos descargándome al instante, y así salvar mi decoro. Yo no lo pido, lo imploro. Por favor, y por su madre, no sea usted miserable y póngame un inodoro. ¿No se dan cuenta, señores, que es menester acuciante socorrer al viandante para atender sus micciones? Ciertamente no le dan el valor que el caso tiene, pues lo que sale del pene se tiene que liberar. Pero no detrás de un árbol, no vale cualquier lugar, sino más bien en un sitio oculto de las miradas, aseado y singular. No me olvidaré jamás, de aquel día horripilante, cicatero y agobiante en que iba haciendo ziszás. No por estar yo mamado, sino por cerrar las piernas y de una manera tierna, evitar quedar mojado. De manera que ya saben: A una micción imposible me enfrento cada mañana cuando salto de la cama para ir a dar mi paseo, y resulta que no veo en toda mi caminata, ninguna letrina al uso donde soltar mi meada. Le ruega de corazón un servidor, impaciente, que si no es inconveniente, atienda mi petición: ¡Urinarios en las calles! ¡Micción imposible, no! * * * Fernando Cravioto 29/05/2019
A MI GATITO ASUSTADO Voy a contarles la historia, tan loca como veraz, que me ocurrió con mi gato descansando en el sofá. Mi gato estaba dormido acurrucado a mi lado, y yo escribiendo un poema, abstraído de tal grado, que hasta olvidado me había, que dormía a mi costado. Por eso, cuando el minino de pronto, sin previo aviso, dio un salto como un poseso moviéndose de improviso a tanta velocidad que apenas ni lo diviso, tirando todo a su paso, haciéndole caso omiso a la ley de gravedad y huyendo de lo remiso, me quedé petrificado, tan quieto como un narciso. ¿Qué habrá pasado?, pensé, ¿para escapar de tal modo, rompiendo a su paso, todo, y empujando el djembé? Los cojines por el suelo, el cable desconectado, del teléfono, tumbado, tiritando del canguelo. Como una súbita sombra, que huyera del vil diablo, cual un furioso venablo en busca de alguna alondra, perdiose tras de la alfombra, bajo el sofá, cual retablo. Mas cuando pasó el momento de esa vorágine acción, me incliné a la conclusión, recuperado el aliento, de que este calenturiento estado de exitación, fue causa de ensoñación de un onírico violento. Pobre felino infeliz que debajo del sofá escondidamente está oponiéndose a salir. "Miso, miso", le articulo, al felino abigotado invitándole a que venga a mis brazos, de buen grado. Al rato sale el ladino, pues se le ha pasado el susto. De manera que en mis brazos lo acojo con mucho gusto. Ya solo queda el recuerdo de haber pasado el mal trago, de haber perdido los nervios en este momento aciago. Y aquí se acaba la historia de mi gatito asustado. Les aseguro que es cierto lo que aquí les he narrado. * * * Fernando Cravioto 05/07/2018
AL PRÓLOGO (Poema humorístico) Cualquier libro que se precie de poderse así llamar, lleva un prólogo al comienzo, un texto preliminar, que sirve de introducción a lo que se ha de contar. Más yo sostengo que éste no suele ser amigable, más bien suele ser ambiguo y hasta un poquito irritante. ¿Que por qué le cuento esto? Es posible que hasta ahora usted no se diera cuenta porque suele ser mezquino, cicatero y sinvergüenza. Y paso a explicar la cosa que me ronda en la cabeza. Te pone miel en los labios, te incita a seguir la historia, te seduce y te envenena llegando a una moratoria, en la que usted, sin saberlo, ya no tiene escapatoria. ¡Señores, qué vil afrenta que para saber qué pasa, tenga que leerse el libro hasta la última página! ¿No sería mejor saber cómo acabará la cosa al principio y no al final, de tan incesante prosa? Es por esto que detesto que el prólogo, justamente, hable sólo por encima; Así, me siento impotente. No hay derecho, no señor, a que tenga que leerme cuatrocientas veinte hojas escritas por el autor, pasándolas de una en una con el índice mojado y la lengua estropajosa, dejándome así agotado. ¡Prólogo, yo te maldigo! Te vanaglorias por nada. Siempre al principio del libro dándote gran importancia, como si tú fueras alguien por soltar cuatro palabras. Que para escuchar tal cosa ya tengo yo a mi cuñada. El día que cambies de idea y por fin cuentes qué sabes sin dejarte nada afuera, házmelo saber, por Dios, que merecerá la pena. Mientras tanto, no te leo... ¡Esa será tu condena! * * * Fernando Cravioto 21/11/2017
LAS BRAGUITAS OLVIDADAS (Poesía humorística) Ayer subí a mi azotea para colgar mi colada, y al entrar quedé asombrada ante una imagen pigmea. Todas las cuerdas vacías, sólo unas bragas colgadas ciertamente asexuadas, que en el alambre yacían. De tristeza y compasión se cubrió mi alma al instante, y en un ritmo trepidante sucumbió mi corazón. Las braguitas olvidadas... ¿A quién pertenecerían? ¿Quizás su dueño, algún día, las dejó por desgarbadas? Tal pena me dio aquel hecho tan cruel como despiadado, de dejar abandonado a este ser tan indefenso, que lo publico y condeno por si alguien que lo lea me puede dar una idea para encontrar al obsceno. Esta mañana he subido por ver si seguían colgadas las braguitas olvidadas... que por ellas, no he dormido. Y es que como son tan bellas, y han quedado huerfanitas, aunque no sean pequeñitas, me quedaría con ellas. Allí siguen, sin consuelo. Gimoteándome al verme me han dejado tan inerme, que abandonarlas no puedo. Ya no puedo aguantar más, pues más no quiero sufrir. Esto es un sinvivir, así que las voy a adoptar. Esperaré hasta mañana por si apareciera el dueño que abandonó en su desdeño, a esta prenda puritana. * * * Fernando Cravioto 16/09/2017
LAS BRAGUITAS OLVIDADAS (Continuación) Necesitaba olvidarme, y con razón, de las braguitas olvidadas con tibieza, pues desde que las viera allí colgadas, no podía quitármelas de la cabeza. Tres días pensando en ellas me pasé, a penas sin poder coger el sueño, imaginándolas solitas y afligidas... ¡Dios, Cómo debían de estar sufriendo! Su dueño las había abandonado, y de ellas no quiso saber más. Pregunto... y que alguien me conteste: ¿Cómo es posible tamaña iniquidad? Juro que intenté subir a la azotea a ver si seguían colgadas por allí, mas me dio miedo de hacerlo, lo confieso, y me contuve, pues no quería sufrir... Pero esta noche no pude aguantar más. y en un combate conmigo mismo, que perdí, subí a ver si aún seguían en el alambre, aprisionadas por una pinza carmesí. Al verlas me dio un vuelco el corazón. Sí, allí estaban colgadas todavía... con sólo el cielo raso como techo y las estrellas por toda compañía. Entonces las miré con mucho afecto, como cuando se mira a una gatita. E hice lo peor que pude hacer, les puse nombre, ¡sí..! "Rosita". Ya sé que es lo peor que pude hacer, ponerles nombre, como si fueran mías... Pero es que no me pude contener, al observarlas cómo me sonreían. Pensé por un momento en descolgarlas y en su lugar dejar escrito en un letrero: "Las tengo yo, si aún las quiere recobrar, baje a pedirlas, que vivo en el tercero". Pero no pude, y con ternura dije esto: "Rosita, tú no estarás solita más... Si mañana nadie viene a rescatarte, en mi casa podrás tener siempre tu hogar". * * * Fernando Cravioto 17/10/2017
LAS BRAGUITAS OLVIDADAS (Conclusión) Desesperado he subido esta mañana a buscarla. Había soñado con ella, con Rosita, la olvidada. Resulta que abrí la puerta de aquella azotea malvada en donde ayer por la noche, en el tendal la dejara. Pero cuál fue mi sorpresa, cuando miré y ya no estaba. ¿Qué pasó, a dónde fue?, le pregunté a aquella pinza que, muda, no contestaba. Angustiado y deprimido, me bajé para mi casa. Y cuando entré al dormitorio con mi cabeza embotada, me encontré con mi mujer que descansaba en la cama. ¡No lo podía creer! Allí estaba mi Rosita, la braguita abandonada, que abrazada a mi señora el culito le tapaba. Qué alegría me llevé al ver que tenían morada, que ya no estaban solitas aunque fueran adoptadas. Y aquí concluye la historia de la braguita olvidada. Y que resulta que era de mi mujer despistada. * * * Fernando Cravioto 22/09/2017
PERO QUÉ GUAPA QUE SOY (Poesía humorística) Pero que yo no soy guapa... Que soy, más bien, del montón. Total, ¿por mi pelo rubio, por mis ojazos morenos, por estos labios carnosos y mi faz de terciopelo? Que no soy guapa, ¡por Dios! ¿Por qué os empeñáis en eso? Si la que es guapa, lo es, mismamente sin saberlo. No me vengáis con milongas. Que si esto, que si aquello... ¿No veis que me hacéis más daño si yo agarro y me lo creo? Ea, ea, ya está bien de subirme los colores con tanto piropearme cubriéndome de favores. Que no soy guapa, y ya está. Que soy más bien resultona, con un poquito de gracia, pero más bien, poca cosa. Así que ya lo sabéis: Si decís que yo soy guapa, es porque así lo queréis. Miradme bien, por favor. ¿Es que no me conocéis? * * * Fernando Cravioto 11/07/2017
LA MALDICIÓN DE LAS RIMAS (Poema humorístico de Fernando Cravioto) "De casta le viene al galgo", dice un refrán popular, y yo heredé de mis padres esta afición de rimar. Desde mi más tierna infancia la comencé a practicar; balbuceando decía: "papá, mamá, papá, mamá..." Según pasaban los años y crecía en conocimiento, en la escuela me decían que era todo un portento. Me puse a leerlo todo, de los clásicos bebí: Lope, Góngora, Quevedo... hasta leí de Azorín. Qué divertido resulta advertir que unas palabras puestas al final de un verso, con otras palabras casan. Y aunque el ritmo de lo escrito es crucial en este asunto, lo que más me entusiasmaba era rimar, a lo bruto. Era tan grande el empeño que ponía en conseguirlo que sin darme cuenta, apenas, me vi envuelto en el hechizo. Ya no podía evitarlo, al hablar de cualquier cosa no paraba de rimar... ni siquiera si era en prosa. ¡Válgame Dios, qué desastre! No había visto nada igual. Toda mi vida era un ripio que no podía barajar. Todos de mí se alejaban cual si tuviera la peste. Decían que no soportaban mi forma de hablar demente. Ni mis padres me aguantaban. Hasta me echaron de casa porque decían que era un monstruo, caníbal de las palabras. En el trabajo, mi jefe, que me estimaba al principio, se llegó a colerizar y me echó sin finiquito. Como el asunto era serio pues no menguaba, iba a más, fui a que me reconociera mi médico, don Tomás. Me auscultó y me pidió que dijera treinta y tres. Luego me reconoció de la cabeza a los pies. Se calló por un momento y dijo con voz serena que no tenía solución, mientras movía la cabeza. "La ciencia no llega a tanto, no sabe de estas cuestiones". Y añadió solemnemente: "Lo tuyo son maldiciones". Me acompaña, desde entonces, la maldición de la rima, que si Dios no lo remedia acabará con mi vida. * * * Fernando Cravioto 24/08/2017
RECICLANDO ROPA (Poema humorístico) Después de un tiempo pensando en tener que reciclar, nos decidimos, por fin, a remover nuestro hogar. Sacamos ropa de aquí, sacamos ropa de allá, y llenamos varias bolsas, hasta casi reventar. - He visto un contenedor muy cerca de aquí, me dijo. Y sin pensarlo dos veces, hacia allí nos dirigimos. Al poco tiempo de andar, llegamos al recipiente, pensando en soltar las bolsas sin ningún inconveniente. Pero cuál fue la sorpresa cuando... ¡joder!, ¡cómo llueve! -Pero si no está lloviendo... ¿Que no? Pues esto no es leve. -Son aspersores de riego que ahora están activados. ¡Canastos, qué mala suerte! Me cogeré un resfriado. -¿Qué hacemos? dice mi chica. Pues no lo sé... le contesto. Pues como ya me he mojado, tendremos que echar el resto. Total, quién ha dicho miedo... Y sin pensarlo, me expongo. Yo ya no me vuelvo atrás aunque me moje el mondongo. Y mientras meto una bolsa, en aquel contenedor siento una fría corriente que me llena de estupor. Me siento los pies mojados, las piernas y hasta las nalgas. Como un valiente, me aguanto, mientras el agua me cala. Paro un poco a descansar de la envestida del agua; que si las llego a llevar, me empapa hasta las enaguas. ¿Qué bruto será el que ha puesto el contenedor así? Lo ha puesto mirando al césped. ¿Y por qué lo ha puesto aquí? ¿A qué ilustre personaje se le ha ocurrido la idea? Vaya usted a saber, quién fue, pero seguro, a una bestia. Me encuentro todo empapado, mojado hasta las narices: el pantalón, la camisa, los zapatos, las varices... Hasta el teléfono móvil, esto sí que tiene guasa… Mi chica y yo nos miramos sin creernos lo que pasa... Espera un poco, paciencia, le digo mientras pensaba. Y ella me dice de pronto, por ayudar, más que nada: -¿No crees que sería mejor hacerlo por la otra parte? Y yo, ya desesperado, la escucho para calmarme. Me asomo por aquel lado, ¡Zas!, el embate es más fuerte. Con qué mala leche riegan. Es que no quieren ni verme. Y para que ella salga de esa duda que le aqueja, yo le digo: "Mira tú", mientras la empujo con fuerza. Ya se mojó la señora. No soy el único, yo. Habrá que meter el resto y tener resignación. De pronto digo a mi chica: Espera, tengo una idea. Te cubro con esta bolsa y tú metes la que queda. Dicho y hecho, nos metemos bajo los chorros malvados que no tienen compasión con estos "viejos soldados". Pero, ¡qué va! no hay manera. En esta arriesgada acción, no sólo se moja ella, pues me vuelvo a mojar yo. Salen solas de mi boca, mil palabras malsonantes; y se escapan, como locas, buscando a cualquier culpable. Por fin la ropa metida en ese contenedor. Casi nos cuesta la vida. Os lo juro. ¡Vive Dios! Y justo, justo, justito, cuando hemos acabado, los aspersores se cierran dejándonos alelados. ¡Pero, hombre, esto se avisa! De haberlo sabido antes, hubiéramos esperado… ¡Esto es desesperante! Nos miramos sorprendidos... con los ojos entornados. La sangre hervía en nuestras venas, poniéndonos colorados. Y nos volvimos a casa cabizbajos y empapados, para secarnos la ropa y evitar un resfriado. Que tenga en cuenta el que escucha, que esto no es una invención. Es una triste verdad que en realidad nos pasó, por querer reciclar ropa, en ese contenedor. Parece cosa graciosa, pero a nosotros, señores, ¡no nos hizo gracia... No! * * * Fernando Cravioto 29/06/2017
TEORÍA DE LA CAÍDA (Poesía Humorística) Ante un caso de tan vital importancia, como es el que nos aqueja en estos días, no he tenido más remedio que pensar, hasta llegar a madurar esta teoría: "LA CAÍDA DE LA CAMA. POR QUÉ, CÓMO, SINTOMATOLOGÍA". Pues bien, comencemos explicando el porqué de la cuestión. Como la cama es tan grande, y también desconocida, juega un papel importante de esta notable cuestión, además de estar dormida, para perder la noción. Otra cosa es que el calor que sufrimos estos días, hace mella por las noches. Así que buscando el fresco, te colocaste a los pies de la cama consabida. Ahora veamos el cómo de esta teoría sin par. Como duermo a tu derecha, según es la cabecera, a lo largo de la noche, buscando la contención, tú me buscas, y me encuentras, con los ojitos cerrados, durmiendo a "la pata suelta". Pues bien, en esta ocasión, cómo estabas a los pies, buscando esa contención te giraste a tu derecha, pero ahí no estaba yo. Te encontraste con el suelo en un terrible morrón. Tal fue el acontecimiento y el ruido que formó, que me desperté al momento, sin ninguna dilación. Creí que había sido el gato, luego vi que tú no estabas, pensé "se habrá levantado y ahora volverá a la cama". Y mientras me incorporaba una sombra vi en el suelo que gemía y se quejaba. Dios sabe cuánto sufrí al verte allí, desplomada, oyendo que te quejabas, sin saber qué había pasado. Estaba desconcertado con la penita que dabas. Y para acabar diremos, la sintomatología. La cama, nueva y extensa, el calor y su agonía, estar echada a los pies, el sopor que te dormía... Todo esto fue el cultivo que dio a luz tal impericia. Buscar en mí, contención, te ha llevado a la experiencia de un golpe morrocotudo al caerte de la cama. No nos pongamos nerviosos, no perdamos la paciencia, después de todo, no es nada. No volverá a suceder. Esto, lo dice la ciencia. * * * Fernando Cravioto 22/06/2017
UN GATO HA ROTO EL JARRÓN (Poesía humorísitca) Y cuando llego a mi casa... ¡Un gato ha roto el jarrón!, el jarrón que descansaba sobre el mueble del salón. ¡Por Dios, ¿qué ha pasado aquí?! Todo está manga por hombro, y el suelo lleno de escombros como nunca yo lo vi. Esparcido por el suelo, con su cuerpo destrozado, el jarrón yace sin vida, y una flor, a su costado. Pero, bueno... ¡¿Qué ha pasado?! Pregunto con voz bien alta, y me responde un silencio que hasta me congela el alma. ¡A ver!, grito, ¡¿Quién ha sido?! Y no responde ni el gato... porque entre gatos y yo, entre todos, somos cuatro. ¡Ay, Señor! Un tiesto menos, y el suelo todo ensuciado con los trozos y la flores... todo bien desparramado. Nadie aparece a la vista, y eso que tengo tres gatos. Señor, dame a mí paciencia, para aguantar este rato. Por el pasillo me adentro, y al fondo, un gato se asoma, pero a penas veo su cola, como si se la llevara el viento. Acojonados perdidos, nadie quiere dar la cara. Huyen como del diablo en una noche cerrada. En fin, qué le voy a hacer, éstas son cosas que pasan cuando con gatos convives, que a veces, no tienen gracia. Ahora me toca limpiar y descombrar todo el suelo. Me he quedado sin jarrón, como quedé sin abuelo. * * * Fernando Cravioto 13/05/2017 Música: Alfred Hitchcock Theme
¡VAYA NOCHECITA! Vaya con la nochecita que me ha dado mi señora, que entre fríos y calores hemos llegado a la aurora. Resulta que hace calor, pero, no tanto, ¡carajo!, para dormir en la noche con aire acondicionado. Mi señora es calurosa, yo soy un tanto... apagado. Es decir, que bien me tapo huyendo de un resfriado. Esta noche, al acostarnos, después de un rato encendido para refrescar el cuarto, apagué yo el aparato. Pero en mitad de la noche, mientras estaba soñando, despierto a la realidad de un frío desmesurado. Yo, apagando el aparato del aire acondicionado, ella, lo enciende de nuevo, yo, con frío en el costado... Ni con sábanas ni colcha consigo entrar en calor, y al verla "despelotada" me cierno en el estupor. Vuelvo a apagar al “maldito”, y al rato, ella lo enciende... Así no puedo dormir, a ver si tú... me comprendes. “Cienes” de veces despierto, ateridito de frío, y ella... toda destapada sudando como un pollito. ¡Vaya nochecita, ésta eludiendo las corrientes...! otra noche así, no paso. A ver si tú... me comprendes, * * * Fernando Cravioto Reformada: 28/03/2017
Comments