Discover
Poesía Humorística

15 Episodes
Reverse
EL TÍO DEL TAMBOR
Tengo en mi casa un tambor
que, aunque un poco destemplado,
comparto con mucho gusto
con todo mi vecindario,
tocándolo los domingos
a mi vuelta del mercado.
Con él me salgo al balcón
y golpeando en su parche
deleito a toda la gente
que pasea por la calle
y a los que se asoman prestos,
a sus propios ventanales.
Ayer, sin irme más lejos,
que tocaba con afán,
vi que algunos transeúntes,
con un brioso ademán,
agitando el dedo medio
me exaltaban sin parar.
Hubo uno que, educado,
me preguntó por mi madre.
Por saludarla, sería.
Mas, sin querer molestarle,
yo seguí con mi tarea,
pues se iba haciendo tarde.
Son muchos los parroquianos,
vecinos y peatones,
que a mi semanal festejo,
desde la calle o balcones,
se unen con aspavientos,
desgañitándose a voces.
De alguno yo no comprendo
sus alusivas palabras.
Quizás porque esté tan lejos
que me llegan apagadas.
Mas supongo que serán,
por su rostro, apasionadas.
A mi vecino de al lado,
un hombre de gran fervor,
le escuché decir un día
que subía en ascensor,
con una voz exaltada:
¡Ahí viene el tío del tambor!
Por eso y por tantas cosas,
ya que la gente me aclama,
no renuncio a esta costumbre
de resonar la membrana
de mi tambor, el domingo,
cuando toco en la mañana.
Si se ha quedado con ganas,
usted, querido lector,
de disfrutar de la fiesta
y compartir su clamor,
venga el domingo a mi casa
entre las doce y las dos.
La juerga está asegurada.
Se lo garantizo yo.
* * *
Fernando Cravioto
10/11/2020
EL FACTOR EH
Permítanme que les cuente,
que les resuma, si acaso,
ya que quisiera explicarles
este factor heredado.
Desde hace muchos años
vengo estudiando este caso
que me confunde y me anima
a pesar de los fracasos.
Parece ser que se hereda,
de tal astilla tal palo,
a lo largo de los siglos,
pues ya se viene observando.
¿Que en qué consiste la historia?
Se la cuento paso a paso.
Yo, que soy un erudito,
y lo he estudiado despacio,
he llegado a concluir,
después de darle un repaso,
que esta teoría mía
es digna de un aplicado.
Verán ustedes, señores,
una pregunta les hago:
¿Hay un ser en este mundo
con el cerebro agrandado
que piensa y razona al pronto
con avidez y entusiasmo,
que se hace el rey de la tierra
subyugando al más pintado
pero que es tonto del culo
sin que pueda remediarlo?
Ya sé, ya sé que es difícil
contestar a mi enunciado.
Pero hagan un esfuerzo
e intenten solucionarlo.
Si se miran al espejo,
una pìsta les he dado.
Claro que a mí no me extraña
que se sientan enfadados
por estas y más palabras
que les dejan alelados.
En fin, qué puedo añadir
y que les sirva de agrado.
Es Estupidez Humana
el factor de que les hablo.
Factor EH se llama.
Y, sí, pueden comprobarlo
con un poco de atención
que presten en este encargo.
Y verán que sin esfuerzo
la pata meten de cuajo
en cualquiera situación,
aunque les parezca extraño.
* * *
Fernando Cravioto
12/09/2020
QUÉ ES POESÍA.
(Humor grosero)
¿Que qué es la poesía?
¿Y ustedes me lo preguntan?
¡Qué narices sabré yo!
A saber qué leche dice
la benemérita RAE.
de esta gastada cuestión.
Ya miro en el diccionario
y leo su definición.
Poesía, dicen estos,
es la manifestación
de la belleza en la forma,
por medio de la palabra,
sea en prosa o en verso.
¿Y esto es la poesía?
¡Y una leñe!, digo yo.
¿Qué leches querrán decir
con aquesta explicación?
Vaya gente malandrina.
Sentados en su sillón
dicen cuidar las palabras
mientras juegan a ser dios.
Venga, Venga, no joroben.
Que creen saberlo "to".
Y quieren dictar las reglas
en toda conversación.
"Pa" empezar. ¿Qué es la belleza?
Y en la forma, qué melón.
Estaría el tío borracho
el día en que lo escribió.
Yo no sé qué es poesía
ni Cristo que lo fundó.
Pero si no la respiro
se me para el corazón.
Perdonen la mala leche,
se lo pido por favor,
que llevan estas palabras,
groseras como el copón.
Y perdonen las licencias
tomadas por este autor.
Por supuesto es una broma.
Una burda inspiración.
Una sátira indolente
que carece de valor.
Hacer algo divertido
ha sido mi pretensión.
Mas si les he molestado,
no era esa mi intención.
Por lo que pido disculpas
si esta fuera la ocasión.
Pero por si no lo fuera,
gracias, y bajo el telón.
* * *
Fernando Cravioto
10/07/2020
MICCIÓN IMPOSIBLE
(Poema humorístico)
A cierta edad, caballeros
y señoras que me escuchan,
es ciertamente indignante
y también muy preocupante,
cuando en la calle me encuentro,
no disponer de un lugar,
adecuado a tal efecto,
para poder desaguar
sin morir en el intento.
¿No sería justo poner,
entre una y otra esquina,
un lugar donde mi orina
pueda al instante verter?
A mi edad ya no perdona
la vejiga protestona
ni la próstata mamona,
que no para de joder.
Así que, mira por dónde,
cuando yo salgo a la calle
paso un suplicio constante
en busca de un urinario,
que aunque parezca aberrante,
sería lo más elegante
para saciar mis ahogos
descargándome al instante,
y así salvar mi decoro.
Yo no lo pido, lo imploro.
Por favor, y por su madre,
no sea usted miserable
y póngame un inodoro.
¿No se dan cuenta, señores,
que es menester acuciante
socorrer al viandante
para atender sus micciones?
Ciertamente no le dan
el valor que el caso tiene,
pues lo que sale del pene
se tiene que liberar.
Pero no detrás de un árbol,
no vale cualquier lugar,
sino más bien en un sitio
oculto de las miradas,
aseado y singular.
No me olvidaré jamás,
de aquel día horripilante,
cicatero y agobiante
en que iba haciendo ziszás.
No por estar yo mamado,
sino por cerrar las piernas
y de una manera tierna,
evitar quedar mojado.
De manera que ya saben:
A una micción imposible
me enfrento cada mañana
cuando salto de la cama
para ir a dar mi paseo,
y resulta que no veo
en toda mi caminata,
ninguna letrina al uso
donde soltar mi meada.
Le ruega de corazón
un servidor, impaciente,
que si no es inconveniente,
atienda mi petición:
¡Urinarios en las calles!
¡Micción imposible, no!
* * *
Fernando Cravioto
29/05/2019
A MI GATITO ASUSTADO
Voy a contarles la historia,
tan loca como veraz,
que me ocurrió con mi gato
descansando en el sofá.
Mi gato estaba dormido
acurrucado a mi lado,
y yo escribiendo un poema,
abstraído de tal grado,
que hasta olvidado me había,
que dormía a mi costado.
Por eso, cuando el minino
de pronto, sin previo aviso,
dio un salto como un poseso
moviéndose de improviso
a tanta velocidad
que apenas ni lo diviso,
tirando todo a su paso,
haciéndole caso omiso
a la ley de gravedad
y huyendo de lo remiso,
me quedé petrificado,
tan quieto como un narciso.
¿Qué habrá pasado?, pensé,
¿para escapar de tal modo,
rompiendo a su paso, todo,
y empujando el djembé?
Los cojines por el suelo,
el cable desconectado,
del teléfono, tumbado,
tiritando del canguelo.
Como una súbita sombra,
que huyera del vil diablo,
cual un furioso venablo
en busca de alguna alondra,
perdiose tras de la alfombra,
bajo el sofá, cual retablo.
Mas cuando pasó el momento
de esa vorágine acción,
me incliné a la conclusión,
recuperado el aliento,
de que este calenturiento
estado de exitación,
fue causa de ensoñación
de un onírico violento.
Pobre felino infeliz
que debajo del sofá
escondidamente está
oponiéndose a salir.
"Miso, miso", le articulo,
al felino abigotado
invitándole a que venga
a mis brazos, de buen grado.
Al rato sale el ladino,
pues se le ha pasado el susto.
De manera que en mis brazos
lo acojo con mucho gusto.
Ya solo queda el recuerdo
de haber pasado el mal trago,
de haber perdido los nervios
en este momento aciago.
Y aquí se acaba la historia
de mi gatito asustado.
Les aseguro que es cierto
lo que aquí les he narrado.
* * *
Fernando Cravioto
05/07/2018
AL PRÓLOGO
(Poema humorístico)
Cualquier libro que se precie
de poderse así llamar,
lleva un prólogo al comienzo,
un texto preliminar,
que sirve de introducción
a lo que se ha de contar.
Más yo sostengo que éste
no suele ser amigable,
más bien suele ser ambiguo
y hasta un poquito irritante.
¿Que por qué le cuento esto?
Es posible que hasta ahora
usted no se diera cuenta
porque suele ser mezquino,
cicatero y sinvergüenza.
Y paso a explicar la cosa
que me ronda en la cabeza.
Te pone miel en los labios,
te incita a seguir la historia,
te seduce y te envenena
llegando a una moratoria,
en la que usted, sin saberlo,
ya no tiene escapatoria.
¡Señores, qué vil afrenta
que para saber qué pasa,
tenga que leerse el libro
hasta la última página!
¿No sería mejor saber
cómo acabará la cosa
al principio y no al final,
de tan incesante prosa?
Es por esto que detesto
que el prólogo, justamente,
hable sólo por encima;
Así, me siento impotente.
No hay derecho, no señor,
a que tenga que leerme
cuatrocientas veinte hojas
escritas por el autor,
pasándolas de una en una
con el índice mojado
y la lengua estropajosa,
dejándome así agotado.
¡Prólogo, yo te maldigo!
Te vanaglorias por nada.
Siempre al principio del libro
dándote gran importancia,
como si tú fueras alguien
por soltar cuatro palabras.
Que para escuchar tal cosa
ya tengo yo a mi cuñada.
El día que cambies de idea
y por fin cuentes qué sabes
sin dejarte nada afuera,
házmelo saber, por Dios,
que merecerá la pena.
Mientras tanto, no te leo...
¡Esa será tu condena!
* * *
Fernando Cravioto
21/11/2017
LAS BRAGUITAS OLVIDADAS
(Poesía humorística)
Ayer subí a mi azotea
para colgar mi colada,
y al entrar quedé asombrada
ante una imagen pigmea.
Todas las cuerdas vacías,
sólo unas bragas colgadas
ciertamente asexuadas,
que en el alambre yacían.
De tristeza y compasión
se cubrió mi alma al instante,
y en un ritmo trepidante
sucumbió mi corazón.
Las braguitas olvidadas...
¿A quién pertenecerían?
¿Quizás su dueño, algún día,
las dejó por desgarbadas?
Tal pena me dio aquel hecho
tan cruel como despiadado,
de dejar abandonado
a este ser tan indefenso,
que lo publico y condeno
por si alguien que lo lea
me puede dar una idea
para encontrar al obsceno.
Esta mañana he subido
por ver si seguían colgadas
las braguitas olvidadas...
que por ellas, no he dormido.
Y es que como son tan bellas,
y han quedado huerfanitas,
aunque no sean pequeñitas,
me quedaría con ellas.
Allí siguen, sin consuelo.
Gimoteándome al verme
me han dejado tan inerme,
que abandonarlas no puedo.
Ya no puedo aguantar más,
pues más no quiero sufrir.
Esto es un sinvivir,
así que las voy a adoptar.
Esperaré hasta mañana
por si apareciera el dueño
que abandonó en su desdeño,
a esta prenda puritana.
* * *
Fernando Cravioto
16/09/2017
LAS BRAGUITAS OLVIDADAS
(Continuación)
Necesitaba olvidarme, y con razón,
de las braguitas olvidadas con tibieza,
pues desde que las viera allí colgadas,
no podía quitármelas de la cabeza.
Tres días pensando en ellas me pasé,
a penas sin poder coger el sueño,
imaginándolas solitas y afligidas...
¡Dios, Cómo debían de estar sufriendo!
Su dueño las había abandonado,
y de ellas no quiso saber más.
Pregunto... y que alguien me conteste:
¿Cómo es posible tamaña iniquidad?
Juro que intenté subir a la azotea
a ver si seguían colgadas por allí,
mas me dio miedo de hacerlo, lo confieso,
y me contuve, pues no quería sufrir...
Pero esta noche no pude aguantar más.
y en un combate conmigo mismo, que perdí,
subí a ver si aún seguían en el alambre,
aprisionadas por una pinza carmesí.
Al verlas me dio un vuelco el corazón.
Sí, allí estaban colgadas todavía...
con sólo el cielo raso como techo
y las estrellas por toda compañía.
Entonces las miré con mucho afecto,
como cuando se mira a una gatita.
E hice lo peor que pude hacer,
les puse nombre, ¡sí..! "Rosita".
Ya sé que es lo peor que pude hacer,
ponerles nombre, como si fueran mías...
Pero es que no me pude contener,
al observarlas cómo me sonreían.
Pensé por un momento en descolgarlas
y en su lugar dejar escrito en un letrero:
"Las tengo yo, si aún las quiere recobrar,
baje a pedirlas, que vivo en el tercero".
Pero no pude, y con ternura dije esto:
"Rosita, tú no estarás solita más...
Si mañana nadie viene a rescatarte,
en mi casa podrás tener siempre tu hogar".
* * *
Fernando Cravioto
17/10/2017
LAS BRAGUITAS OLVIDADAS
(Conclusión)
Desesperado he subido
esta mañana a buscarla.
Había soñado con ella,
con Rosita, la olvidada.
Resulta que abrí la puerta
de aquella azotea malvada
en donde ayer por la noche,
en el tendal la dejara.
Pero cuál fue mi sorpresa,
cuando miré y ya no estaba.
¿Qué pasó, a dónde fue?,
le pregunté a aquella pinza
que, muda, no contestaba.
Angustiado y deprimido,
me bajé para mi casa.
Y cuando entré al dormitorio
con mi cabeza embotada,
me encontré con mi mujer
que descansaba en la cama.
¡No lo podía creer!
Allí estaba mi Rosita,
la braguita abandonada,
que abrazada a mi señora
el culito le tapaba.
Qué alegría me llevé
al ver que tenían morada,
que ya no estaban solitas
aunque fueran adoptadas.
Y aquí concluye la historia
de la braguita olvidada.
Y que resulta que era
de mi mujer despistada.
* * *
Fernando Cravioto
22/09/2017
PERO QUÉ GUAPA QUE SOY
(Poesía humorística)
Pero que yo no soy guapa...
Que soy, más bien, del montón.
Total, ¿por mi pelo rubio,
por mis ojazos morenos,
por estos labios carnosos
y mi faz de terciopelo?
Que no soy guapa, ¡por Dios!
¿Por qué os empeñáis en eso?
Si la que es guapa, lo es,
mismamente sin saberlo.
No me vengáis con milongas.
Que si esto, que si aquello...
¿No veis que me hacéis más daño
si yo agarro y me lo creo?
Ea, ea, ya está bien
de subirme los colores
con tanto piropearme
cubriéndome de favores.
Que no soy guapa, y ya está.
Que soy más bien resultona,
con un poquito de gracia,
pero más bien, poca cosa.
Así que ya lo sabéis:
Si decís que yo soy guapa,
es porque así lo queréis.
Miradme bien, por favor.
¿Es que no me conocéis?
* * *
Fernando Cravioto
11/07/2017
LA MALDICIÓN DE LAS RIMAS
(Poema humorístico de Fernando Cravioto)
"De casta le viene al galgo",
dice un refrán popular,
y yo heredé de mis padres
esta afición de rimar.
Desde mi más tierna infancia
la comencé a practicar;
balbuceando decía:
"papá, mamá, papá, mamá..."
Según pasaban los años
y crecía en conocimiento,
en la escuela me decían
que era todo un portento.
Me puse a leerlo todo,
de los clásicos bebí:
Lope, Góngora, Quevedo...
hasta leí de Azorín.
Qué divertido resulta
advertir que unas palabras
puestas al final de un verso,
con otras palabras casan.
Y aunque el ritmo de lo escrito
es crucial en este asunto,
lo que más me entusiasmaba
era rimar, a lo bruto.
Era tan grande el empeño
que ponía en conseguirlo
que sin darme cuenta, apenas,
me vi envuelto en el hechizo.
Ya no podía evitarlo,
al hablar de cualquier cosa
no paraba de rimar...
ni siquiera si era en prosa.
¡Válgame Dios, qué desastre!
No había visto nada igual.
Toda mi vida era un ripio
que no podía barajar.
Todos de mí se alejaban
cual si tuviera la peste.
Decían que no soportaban
mi forma de hablar demente.
Ni mis padres me aguantaban.
Hasta me echaron de casa
porque decían que era un monstruo,
caníbal de las palabras.
En el trabajo, mi jefe,
que me estimaba al principio,
se llegó a colerizar
y me echó sin finiquito.
Como el asunto era serio
pues no menguaba, iba a más,
fui a que me reconociera
mi médico, don Tomás.
Me auscultó y me pidió
que dijera treinta y tres.
Luego me reconoció
de la cabeza a los pies.
Se calló por un momento
y dijo con voz serena
que no tenía solución,
mientras movía la cabeza.
"La ciencia no llega a tanto,
no sabe de estas cuestiones".
Y añadió solemnemente:
"Lo tuyo son maldiciones".
Me acompaña, desde entonces,
la maldición de la rima,
que si Dios no lo remedia
acabará con mi vida.
* * *
Fernando Cravioto
24/08/2017
RECICLANDO ROPA
(Poema humorístico)
Después de un tiempo pensando
en tener que reciclar,
nos decidimos, por fin,
a remover nuestro hogar.
Sacamos ropa de aquí,
sacamos ropa de allá,
y llenamos varias bolsas,
hasta casi reventar.
- He visto un contenedor
muy cerca de aquí, me dijo.
Y sin pensarlo dos veces,
hacia allí nos dirigimos.
Al poco tiempo de andar,
llegamos al recipiente,
pensando en soltar las bolsas
sin ningún inconveniente.
Pero cuál fue la sorpresa
cuando... ¡joder!, ¡cómo llueve!
-Pero si no está lloviendo...
¿Que no? Pues esto no es leve.
-Son aspersores de riego
que ahora están activados.
¡Canastos, qué mala suerte!
Me cogeré un resfriado.
-¿Qué hacemos? dice mi chica.
Pues no lo sé... le contesto.
Pues como ya me he mojado,
tendremos que echar el resto.
Total, quién ha dicho miedo...
Y sin pensarlo, me expongo.
Yo ya no me vuelvo atrás
aunque me moje el mondongo.
Y mientras meto una bolsa,
en aquel contenedor
siento una fría corriente
que me llena de estupor.
Me siento los pies mojados,
las piernas y hasta las nalgas.
Como un valiente, me aguanto,
mientras el agua me cala.
Paro un poco a descansar
de la envestida del agua;
que si las llego a llevar,
me empapa hasta las enaguas.
¿Qué bruto será el que ha puesto
el contenedor así?
Lo ha puesto mirando al césped.
¿Y por qué lo ha puesto aquí?
¿A qué ilustre personaje
se le ha ocurrido la idea?
Vaya usted a saber, quién fue,
pero seguro, a una bestia.
Me encuentro todo empapado,
mojado hasta las narices:
el pantalón, la camisa,
los zapatos, las varices...
Hasta el teléfono móvil,
esto sí que tiene guasa…
Mi chica y yo nos miramos
sin creernos lo que pasa...
Espera un poco, paciencia,
le digo mientras pensaba.
Y ella me dice de pronto,
por ayudar, más que nada:
-¿No crees que sería mejor
hacerlo por la otra parte?
Y yo, ya desesperado,
la escucho para calmarme.
Me asomo por aquel lado,
¡Zas!, el embate es más fuerte.
Con qué mala leche riegan.
Es que no quieren ni verme.
Y para que ella salga
de esa duda que le aqueja,
yo le digo: "Mira tú",
mientras la empujo con fuerza.
Ya se mojó la señora.
No soy el único, yo.
Habrá que meter el resto
y tener resignación.
De pronto digo a mi chica:
Espera, tengo una idea.
Te cubro con esta bolsa
y tú metes la que queda.
Dicho y hecho, nos metemos
bajo los chorros malvados
que no tienen compasión
con estos "viejos soldados".
Pero, ¡qué va! no hay manera.
En esta arriesgada acción,
no sólo se moja ella,
pues me vuelvo a mojar yo.
Salen solas de mi boca,
mil palabras malsonantes;
y se escapan, como locas,
buscando a cualquier culpable.
Por fin la ropa metida
en ese contenedor.
Casi nos cuesta la vida.
Os lo juro. ¡Vive Dios!
Y justo, justo, justito,
cuando hemos acabado,
los aspersores se cierran
dejándonos alelados.
¡Pero, hombre, esto se avisa!
De haberlo sabido antes,
hubiéramos esperado…
¡Esto es desesperante!
Nos miramos sorprendidos...
con los ojos entornados.
La sangre hervía en nuestras venas,
poniéndonos colorados.
Y nos volvimos a casa
cabizbajos y empapados,
para secarnos la ropa
y evitar un resfriado.
Que tenga en cuenta el que escucha,
que esto no es una invención.
Es una triste verdad
que en realidad nos pasó,
por querer reciclar ropa,
en ese contenedor.
Parece cosa graciosa,
pero a nosotros, señores,
¡no nos hizo gracia... No!
* * *
Fernando Cravioto
29/06/2017
TEORÍA DE LA CAÍDA
(Poesía Humorística)
Ante un caso de tan vital importancia,
como es el que nos aqueja en estos días,
no he tenido más remedio que pensar,
hasta llegar a madurar esta teoría:
"LA CAÍDA DE LA CAMA.
POR QUÉ, CÓMO,
SINTOMATOLOGÍA".
Pues bien, comencemos explicando
el porqué de la cuestión.
Como la cama es tan grande,
y también desconocida,
juega un papel importante
de esta notable cuestión,
además de estar dormida,
para perder la noción.
Otra cosa es que el calor
que sufrimos estos días,
hace mella por las noches.
Así que buscando el fresco,
te colocaste a los pies
de la cama consabida.
Ahora veamos el cómo
de esta teoría sin par.
Como duermo a tu derecha,
según es la cabecera,
a lo largo de la noche,
buscando la contención,
tú me buscas, y me encuentras,
con los ojitos cerrados,
durmiendo a "la pata suelta".
Pues bien, en esta ocasión,
cómo estabas a los pies,
buscando esa contención
te giraste a tu derecha,
pero ahí no estaba yo.
Te encontraste con el suelo
en un terrible morrón.
Tal fue el acontecimiento
y el ruido que formó,
que me desperté al momento,
sin ninguna dilación.
Creí que había sido el gato,
luego vi que tú no estabas,
pensé "se habrá levantado
y ahora volverá a la cama".
Y mientras me incorporaba
una sombra vi en el suelo
que gemía y se quejaba.
Dios sabe cuánto sufrí
al verte allí, desplomada,
oyendo que te quejabas,
sin saber qué había pasado.
Estaba desconcertado
con la penita que dabas.
Y para acabar diremos,
la sintomatología.
La cama, nueva y extensa,
el calor y su agonía,
estar echada a los pies,
el sopor que te dormía...
Todo esto fue el cultivo
que dio a luz tal impericia.
Buscar en mí, contención,
te ha llevado a la experiencia
de un golpe morrocotudo
al caerte de la cama.
No nos pongamos nerviosos,
no perdamos la paciencia,
después de todo, no es nada.
No volverá a suceder.
Esto, lo dice la ciencia.
* * *
Fernando Cravioto
22/06/2017
UN GATO HA ROTO EL JARRÓN
(Poesía humorísitca)
Y cuando llego a mi casa...
¡Un gato ha roto el jarrón!,
el jarrón que descansaba
sobre el mueble del salón.
¡Por Dios, ¿qué ha pasado aquí?!
Todo está manga por hombro,
y el suelo lleno de escombros
como nunca yo lo vi.
Esparcido por el suelo,
con su cuerpo destrozado,
el jarrón yace sin vida,
y una flor, a su costado.
Pero, bueno... ¡¿Qué ha pasado?!
Pregunto con voz bien alta,
y me responde un silencio
que hasta me congela el alma.
¡A ver!, grito, ¡¿Quién ha sido?!
Y no responde ni el gato...
porque entre gatos y yo,
entre todos, somos cuatro.
¡Ay, Señor! Un tiesto menos,
y el suelo todo ensuciado
con los trozos y la flores...
todo bien desparramado.
Nadie aparece a la vista,
y eso que tengo tres gatos.
Señor, dame a mí paciencia,
para aguantar este rato.
Por el pasillo me adentro,
y al fondo, un gato se asoma,
pero a penas veo su cola,
como si se la llevara el viento.
Acojonados perdidos,
nadie quiere dar la cara.
Huyen como del diablo
en una noche cerrada.
En fin, qué le voy a hacer,
éstas son cosas que pasan
cuando con gatos convives,
que a veces, no tienen gracia.
Ahora me toca limpiar
y descombrar todo el suelo.
Me he quedado sin jarrón,
como quedé sin abuelo.
* * *
Fernando Cravioto
13/05/2017
Música: Alfred Hitchcock Theme
¡VAYA NOCHECITA!
Vaya con la nochecita
que me ha dado mi señora,
que entre fríos y calores
hemos llegado a la aurora.
Resulta que hace calor,
pero, no tanto, ¡carajo!,
para dormir en la noche
con aire acondicionado.
Mi señora es calurosa,
yo soy un tanto... apagado.
Es decir, que bien me tapo
huyendo de un resfriado.
Esta noche, al acostarnos,
después de un rato encendido
para refrescar el cuarto,
apagué yo el aparato.
Pero en mitad de la noche,
mientras estaba soñando,
despierto a la realidad
de un frío desmesurado.
Yo, apagando el aparato
del aire acondicionado,
ella, lo enciende de nuevo,
yo, con frío en el costado...
Ni con sábanas ni colcha
consigo entrar en calor,
y al verla "despelotada"
me cierno en el estupor.
Vuelvo a apagar al “maldito”,
y al rato, ella lo enciende...
Así no puedo dormir,
a ver si tú... me comprendes.
“Cienes” de veces despierto,
ateridito de frío,
y ella... toda destapada
sudando como un pollito.
¡Vaya nochecita, ésta
eludiendo las corrientes...!
otra noche así, no paso.
A ver si tú... me comprendes,
* * *
Fernando Cravioto
Reformada: 28/03/2017
















