La inverosímil legislatura de Sánchez: la amnistía, sin presupuestos, un fiscal condenado y el primer diputado que acaba en prisión
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Que la legislatura no iba a ser fácil para Pedro Sánchez es algo que se supo desde el momento en el que conformó la mayoría para gobernar. Lo cierto es que ha encadenado en apenas dos años una secuencia de episodios que, hace no tanto, habrían parecido imposibles.
Un recorrido político cuyo último episodio hasta la fecha es la entrada en prisión de José Luis Ábalos, exministro, exsecretario de Organización del PSOE y diputado en activo, que ya duerme en Soto del Real. Es el primer diputado en ejercicio que entra en prisión en democracia.
Sánchez no habría llegado a la Secretaría General ni a La Moncloa sin Ábalos, hombre clave en la moción de censura a Mariano Rajoy. Del mismo modo que la vigente legislatura no se entiende sin las negociaciones de Santos Cerdán, ahora en libertad, pero que ha pasado cuatro meses en Soto del Real. Sus dos secretarios de Organización, han pasado por la prisión provisional.
Este episodio solo es la culminación de una legislatura marcada por decisiones y pactos inéditos. El PSOE firmó un acuerdo de investidura con Oriol Junqueras y otro con Carles Puigdemont, que incluía una ley de amnistía que Sánchez había prometido en repetidas ocasiones que jamás impulsaría. Esa ley se aprobó finalmente en 2024.
La geometría parlamentaria llevó también al presidente a reunirse con Mertxe Aizpurua, condenada por enaltecimiento del terrorismo, para asegurar los votos de EH Bildu en la investidura. Una escena que la oposición ha usado como símbolo de la deriva de los pactos del Gobierno.
El entorno personal de Sánchez tampoco ha quedado al margen de la presión judicial. En esta legislatura han avanzado investigaciones sobre la esposa del presidente y sobre su hermano, que han añadido tensión política y alimentado el clima de sospecha que rodea al Ejecutivo.
A todo ello se suma otro hecho sin precedentes: por primera vez en la historia democrática, un fiscal general del Estado ha sido condenado por la justicia. Un golpe institucional que ahonda la sensación de deterioro en la cúspide del Ministerio Fiscal.
Y mientras tanto, el Gobierno sigue en minoría y encadena su tercer año sin presentar unos Presupuestos Generales del Estado. Tres ejercicios prorrogados que reflejan la fragilidad parlamentaria y la incapacidad del Ejecutivo para construir mayorías estables, aunque Sánchez mantiene el control del poder pieza a pieza, pacto a pacto.




