Sharenting: ¿conocemos realmente los riesgos de exponer a los hijos en redes sociales?
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Hasta ahora no había existido una generación más expuesta y adicta a las redes sociales como la generación actual de niños. Está claro que estas plataformas facilitan que se pueda documentar con nuestros conocidos -y no tan conocidos- determinada información de nuestros hijos e hijas. Pero esta práctica tan normalizada conlleva distintos riesgos y consecuencias psicológicas que algunos padres y madres no conocen.
En este contexto surge el término 'sharenting', un anglicismo que, como la propia palabra expone, consiste en compartir imágenes e información de los hijos. En el programa Julia en la onda de Onda Cero, presentado por Julia Otero, han abordado esta cuestión y se ha subrayado de los peligros que conlleva poner en práctica este término. Todo ello dado que el Ministerio de Juventud e Infancia tiene abierta una consulta para promover la legislación sobre el 'sharing'. Una consulta que se está abriendo para que las imágenes o la información de sus hijos no puedan ser usadas para otros asuntos.
Salud mental: adicciones de los niños
Detrás de cada notificación y de cada vídeo reproducido hay numerosos factores dañinos para los niños. En la mayoría de redes sociales se crean mecanismos diseñados para activar los circuitos de recompensa del cerebro, liberando dopamina y generando sensación de placer inmediato. Por ejemplo, el Parlamento francés ha descrito el algoritmo de TikTok como "extremadamente adictivo". Investigan además algunas plataformas por sospechas de que puedan promover contenido perjudicial para menores. En este caso, las más afectadas son las niñas, ya que se reproducen estereotipos de género y violencia machista, así como trastornos alimentarios y dismorfia corporal.
Y es que los riesgos están ahí desde la infancia ya que, simplemente publicando contenido en redes sociales, se recopilan datos personales que conforman la huella digital de los niños. El Consejo de Europa advierte que el 'sharenting' pone en riesgo el derecho a la privacidad infantil porque no solo publican imágenes, sino también información.
Por otro lado, la Fiscalía de Menores ha aportado distintos datos como que casi el 10% de los menores dedica más de cinco horas diarias a las redes sociales entre semana, mientras que es casi el 20% los que lo dedican durante el fin de semana. Es por ello que algunas organizaciones han expresado la necesidad de dotar a los más jóvenes de herramientas para evitar las consecuencias más dañinas de generar una adicción ya que afecta a su rendimiento escolar, a las relaciones personales y aumenta la violencia física y verbal.
Por esta parte, estas adicciones también están afectando al bienestar emocional de niños y adolescentes, según Amnistía Internacional, ya que desde que son pequeños se normaliza que hagan uso de un dispositivo electrónico. Las plataformas no solo captan la mirada, sino que moldean también la salud mental de toda una generación, llegando a provocar ansiedad, depresión y baja autoestima. La intención de exponerse menos a plataformas sociales es complicado para los más jóvenes, ya que toda interacción social así como su personalidad actualmente la construyen a partir de las propias pantallas. Además, hay organizaciones que advierten que la exposición repetida de los niños reduce la empatía y, como se ha comentado, normaliza la violencia.
Los derechos digitales de los menores
Las redes de pedofilia también se pueden sumar a los riesgos del 'sharenting' que ya se han comentado. Según un estudio de la Universidad Oberta de Catalunya más del 70% del material incautado a pederastas son imágenes cotidianas de menores no sexualizados. Ejemplos que ponen en el programa de Julia Otero son algunos como la foto de un niño o una niña en un parque, en un cumpleaños o en la playa. Fotos que mucha gente sube de sus hijos a redes sin pensar que pueden tener un ápice negativo en su publicación. Las autoridades han asegurado además que este tipo de fotos provienen de perfiles sociales y álbumes familiares. Afirman también que la llegada de internet ha facilitado el trabajo a los depredadores sexuales.
Cabe destacar que el 'sharenting' se ha convertido en un negocio millonario para algunos influencers, puesto que estos niños que están continuamente expuestos protagonizan vídeos monetizados y campañas publicitarias. No obstante, al contrario que sucede con los niños actores, en redes sociales no existe ninguna regulación que vele por los derechos de los menores que trabajan en ellas. Los únicos beneficiarios son las marcas y los padres. Según la Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor 1/1996, los menores tienen derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen pero, actualmente, no existe una ley aplicada a las redes sociales para este asunto.
¿Qué se puede hacer ante el sharenting?
Los informes sobre estas causas son claros: no son los niños los que se tienen que adaptar a las redes, sino las redes las que se tienen que adaptar a los niños. Las plataformas deben garantizar entornos seguros y regular los algoritmos y la publicidad. Como padres y madres, la responsabilidad recae en defender el tiempo, la atención y la imaginación de los niños.
La infancia es un asunto de toda la sociedad y es obligación de todos velar por el bienestar de los menores. Se debe proteger de los peligros de internet, así como procurar que sus derechos fundamentales sean respetados.




