Él los bautizará en el Espíritu Santo...
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La espera activa del Adviento hoy toma forma: conversión.
La semana pasada Jesús nos dijo: “Estén preparados”.
Hoy la Palabra nos dice qué significa estar preparados: convertirse.
No basta con esperar… hay que dejar que Dios nos transforme.
Isaías describe al Mesías con una belleza que estremece:
“Sobre él se posará el espíritu del Señor,espíritu de sabiduría e inteligencia,espíritu de consejo y fortaleza,espíritu de piedad y temor de Dios.” (Is 11).
Este no es un Mesías débil ni decorativo.
Es el único capaz de transformar lo que los hombres no pueden:– transformar la violencia en mansedumbre,– la enemistad en convivencia,– la creación herida en un mundo reconciliado.
Por eso Isaías anuncia lo “imposible”:el lobo y el cordero juntos,el niño jugando junto a la guarida de la víbora.
No es fantasía poética: es la naturaleza elevada por la gracia.
Lo que Isaías describe en la creación —lobos y corderos reconciliados— Dios quiere realizarlo primero en nuestro interior, allí donde aún conviven el miedo y la violencia, la herida y el deseo de paz. La conversión comienza en ese corazón dividido que solo la gracia puede unificar.




