Comienzo del Adviento
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Existen
momentos que nos introducen en la Historia de la Salvación y aunque
se repitan cada año, siempre tienen algo de nuevo. Hoy precisamente,
damos comienzo a un Nuevo Año Litúrgico. Después de la Solemnidad
de Jesucristo, Rey del Universo, con la que cerrábamos un Ciclo
Litúrgico, empieza el Ciclo A con el Adviento.
Este Tiempo es la
preparación para la Navidad, en el que se recuerdan las tres Venidas
de Cristo: Una es la que tuvo lugar en la Historia cuando nace en
Belén; otra es la Venida Al final de los tiempos en Gloria y la
última es cuando le hacemos Presente cada día en el Sacrificio
Eucarístico y en nuestras vidas cotidianas.
Las cuatro semanas del
Adviento tiene la primera parte que se refiere a la Venida Gloriosa
de Cristo el final, y la segunda parte nos adentra en la preparación
para conmemorar su nacimiento en Belén, el 25 de diciembre.
El
origen de este periodo adventual nos lleva a los Primitivos Tiempos en
el que los cristianos celebran el Nacimiento de Jesús, tras el
periodo de persecución, en el 313 retornan las Fiestas centrada en
el Señor. San Jerónimo en La Vulgata asume la espera en la venida
del Mesías.
El año 380 en Hispania, el Concilio de Zaragoza
promueve la Preparación para el Nacimiento del Salvador. San Hilario
también alude a ello y en Las Galias surge este afán preparatorio
en el corazón. San Gregorio de Tours invita a un ayuno especial
antes de la Navidad. En el siglo VI Roma ya vive este tiempo con seis
semanas que San Gregorio Magno reducirá a las cuatro actuales.
La
Virgen, junto a San José, San Juan Bautista y el Profeta Isaías son
los pilares de este Tiempo. La Corona de Adviento con cada vela que
se enciende cada domingo evoca al Pueblo Santo que espera a su Señor
con la lámpara encendida.




