DIA 346 - Hierro se Afila con Hierro
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Hoy estaremos leyendo Miqueas 1-3, Apocalipsis 9 y Proverbios 27:11-20. En Miqueas 1 al 3, Dios levanta Su voz contra la injusticia y el abuso de poder dentro de Su propio pueblo. En el capítulo 1, el Señor se presenta como testigo contra Samaria y Jerusalén. La idolatría y el pecado no son solo fallas privadas; tienen consecuencias públicas. Dios desciende para confrontar lo que se ha normalizado. En el capítulo 2, Miqueas denuncia a quienes planean maldad desde sus camas y al amanecer la ejecutan, quitando tierras y oprimiendo a familias enteras. Son líderes que usan su poder para beneficiarse a costa de otros. Aun así, Dios promete que un día reunirá a Su remanente y lo guiará como un pastor a su rebaño. En el capítulo 3, la confrontación es directa contra líderes, jueces y profetas corruptos. Aborrecían la justicia y amaban el soborno; predicaban paz cuando les pagaban y juicio cuando no. El resultado es grave: Sion será arada como campo. Dios deja claro que el liderazgo sin integridad destruye a todo el pueblo.Reflexiona: ¿Estás permitiendo que la justicia de Dios gobierne tus decisiones, incluso cuando nadie te ve? ¿Tu influencia está edificando o dañando a otros?
En Apocalipsis 9, suenan la quinta y sexta trompeta, revelando un juicio intenso sobre la humanidad rebelde. La quinta trompeta libera una plaga aterradora que atormenta, pero no destruye, mostrando que el juicio de Dios aún busca llevar al arrepentimiento. La sexta trompeta desata una gran mortandad, y aun así la palabra dice que: “No se arrepintieron.”A pesar de las señales, muchos se aferran a la idolatría, la violencia y la inmoralidad. El pasaje nos recuerda que el problema más profundo del ser humano no es la falta de advertencias, sino la dureza del corazón. Reflexiona: ¿Tu corazón permanece sensible a la voz de Dios? ¿O has permitido que la rutina, el pecado o el orgullo te vuelvan indiferente a Su llamado?
En Proverbios 27:11 –20, se nos invita a vivir con carácter, dominio propio y relaciones sanas. “Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón.” Nuestra manera de vivir honra o entristece a Dios. El pasaje advierte al prudente que ve el peligro y se esconde, mientras el ingenuo sigue adelante y sufre las consecuencias. También dice que “el hierro se afila con hierro,” recordándonos que las relaciones correctas nos hacen mejores. Pero advierte sobre deseos insaciables: así como el Seol nunca se sacia, el corazón humano puede volverse codicioso si no es gobernado por Dios. Finalmente, enseña que el carácter se revela bajo presión, como la plata y el oro en el crisol.




